martes, 18 de diciembre de 2012

El fin del mundo



Como viene a resultar que el próximo viernes se acabará el mundo, si hacemos caso a los mayas, ya no parece necesario que el Rey grabe su anodino discurso de Navidad; que los españoles nos demos mal rato por el espinoso asunto de las hipotecas y de las amenazas de desahucio; que Soria se “justifique” ante los pensionistas por la pérdida de su poder adquisitivo, a los  que se les va a volver a subir un  7% el recibo de la luz en enero; que Rajoy cuente lo que dice que le aconsejó  Merkel y que más tarde ésta lo desmintió; que Rubalcaba diga a Chacón que “hay que plantear un plan distinto para una sociedad distinta”; que Montoro asegure que la Administración pagará a 30 días a los proveedores cuando llegue el verano; que Wert entienda que haya que hacerse un pacto de Estado sobre Educación; y que Draghi pida a Rajoy más reformas. El próximo viernes se acabará el mundo y a tomar por el saco las pompas y vanidades, los capelos cardenalicios, los “dolorosos progresos”, los ERE colectivos, las recomendaciones de la OCDE, de la Conferencia Episcopal, de los padres de la Constitución, de la OMS, del Génesis, que mantenía que el trabajo era una maldición divina,  y de la madre que  parió a tanto falso profeta de la Economía. Hay demasiados jóvenes licenciados sin padrino y excesivos asesores para unos sansirolés políticos que intentan salvar el país jodiendo todo lo que tocan. Aquí ya no caben más tontos. Nos han cercenado las piernas a la altura de la rodilla y nos exigen que caminemos solidariamente hacia un precipicio donde, en su fondo, ya se adivinan brotes verdes. Pero damos vueltas en una puerta giratoria sin salida posible y siempre estamos en el mismo punto de partida. Nos acercamos a la Pascua de Navidad: “gloria in excelsis Deo”. ¡Váyanse a la mierda! Ayer me quedé despierto hasta la madrugada por ver en Televisión Española algo que resultó ser una recreación infumable sobre la Operación Ogro. Resulta que Carrero Blanco, después de asistir a  misa y comulgar, subió al cielo de una azotea dentro de un “Dodge Dart”. Franco dijo, una vez conocido el atentado, aquello de que “no hay mal que por bien no venga”. Como escribió años más tarde Antonio Gala en su “Cuaderno de la Dama de Otoño”, “Franco, para llegar a providencial trepó sobre un millón de muertos, y nuestros obispos garantizaron su providencialidad hasta cuando inauguraba un polideportivo”. El próximo viernes puede ahorrarse Rajoy el Consejo de Ministros. Los decretos-leyes de ese día nunca llegarán a plasmarse en el BOE del día siguiente. Te lo prometo por Rigoberta Menchú.

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