miércoles, 13 de febrero de 2013

Una fiesta entre la crisis




La ubicación de la “Cincomarzada” es lo más parecido a la posesión de una moneda falsa, que nadie quiere quedarse con ella, en este caso por los destrozos en el ecosistema que lleva aparejada esa celebración popular. El Ayuntamiento de Zaragoza ha puesto como solución el uso del ventilador para que la basura se reparta y ha decidido que cada año se celebre en un espacio distinto. En esta ocasión le la tocado “bailar con la más fea” a la Arboleda de Macanaz y al vergonzoso  descampado trasero existente junto a la antigua Estación del Norte. Y el próximo año, de nuevo al Parque del Tío Jorge. Eso es  echarle imaginación, sí señor. El alcalde Belloch es como el espectro de una pesadilla. La “Cincomarzada” equivale a una fiesta campestre recuperada con la llegada de la democracia. Se da la circunstancia de que la céntrica calle “5 de Marzo” pasó a denominarse después de la Guerra Civil como “Requeté aragonés” y no volvió a recobrar su nombre primitivo hasta la muerte de Franco. El festejo popular comenzó a celebrarse después de un ataque fallido de la toma de la ciudad, el 5 de marzo de 1838, durante la Primera Guerra Carlista. Cabrera envió a Juan Cabañero con 1800 soldados en un intento de ocupar la ciudad, pero sus tropas se toparon con la resistencia de la guarnición isabelina y de los vecinos, que lucharon con uñas y dientes. Tras el fracaso carlista, se añadió al escudo de Zaragoza lo de "Siempre Heroica" y  se dedicó esa fecha del calendario a la  calle antes señalada. Lo que ya no termino de entender es que Franco, que conocía bien Zaragoza al haber sido director de la AGM, permitiera cambiar el rótulo. A nadie se le escapa que “requeté” era el mote de uno de los cuatro batallones que se formaron en la Primera Guerra Carlista, o sea, “Salada”, “Morena”, “Requeté” y “Hierbabuena”.   También, a los 60.000 hombres que formaron las fuerzas navarras paramilitares que participaron en el bando franquista durante la Guerra Civil. En total se constituyeron 41 tercios, 10 compuestos por navarros, 8 por vascos, 8 por castellanos, 7 por andaluces, 6 por aragoneses, 2 por asturianos y 1 por catalanes. Los nombres de todos ellos se encuentran grabados en las estaciones del viacrucis de Montejurra. La “Cincomarzada” se ha convertido en una fiesta popular con fogatas y comidas campestres, que es utilizada por los sindicatos para poner tenderetes; y por los políticos regionales, que ese día se dejan ver y hasta tocar entre el sonido de viejas canciones de Labordeta, cuya voz sale por los altavoces instalados para la ocasión, en un vano intento de vendernos miseria con un baño de oropel.

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