sábado, 4 de febrero de 2017

Saludo a febrero





El mes de febrero, llamado así en honor a las februa en las Lupercales, en la Antigua Roma, está plagado de sentencias populares. Es mes corto donde ya busca la sombra el perro El primero, santa Alicia; el segundo, la Candelaria; el tercero, san Blas y santa Águeda detrás. Sobre el día 4, san Gilberto, no se dice nada. Será porque fue un sacerdote inglés, no sé. Sobre la Candelaria se cuenta que ya está el invierno fuera; por san Blas, que los ajos sembrarás; por santa Águeda, el sol entra en el agua. Y ya nos vamos al día 12, santa Eulalia, donde siempre el tiempo cambia; y el 14, san Valentín, cuando el invierno anuncia su fin; el 18, san Simeón, donde el invierno se da algún alegrón; el 23, santa Marta, donde entra el sol por las sombrías, pero no en las más frías; el 24, san Matías: si hace viento, lo hará cuarenta días; y el 25, san Donato, que mató a un dragón que había envenenado el pozo local, devolvió la vista a  Siriana y exorcizó a Asterio, se dice que mata marzo en tres días y, si es bisiesto, al cuarto. Haría falta saber qué dice sobre febrero en su boletín Mariano Castillo y Ocsiero, natural de Villamayor. Su Calendario zaragozano, libro de cabecera de los agricultores, se edita desde 1840. Lo de “zaragozano” fue en honor a Victoriano Zaragozano Zapater, médico y astrónomo, nacido en La Puebla de Albortón en 1545. Entremezclar juicios meteorológicos con el santoral y los calendarios de las ferias y mercados (salvo casi todos los de la provincia de Zaragoza) basándose en el influjo de la luna, la situación de los astros, las cabañuelas y las témporas se me antoja como un trabajo harto dificultoso y de discutible acierto. Las cabañuelas era una técnica de origen judío donde, en función del tiempo que hace cada uno de los primeros veinticuatro días de agosto, se predice lo que hará en los doce meses siguientes. Las cuatro témporas, una por cada estación, predecía el tiempo que iba a hacer en los siguientes tres meses en función de la observación que se hiciese del cielo durante tres días seguidos, sobre la medianoche, correspondiendo cada día con un mes de la témpora que se trataba de predecir. Para la Iglesia Católica, aunque ya no se incluyen en su calendario litúrgico, las témporas se correspondían con los tres días (miércoles, viernes y sábado) de ayuno que era necesario guardar antes del comienzo de cada estación. Así, las témporas de primavera se corresponden con el miércoles, viernes y sábado de la segunda semana de Cuaresma; las témporas de verano, esos mismos días de la primera semana después de Pentecostés; las témporas de otoño, esos tres días semanales siguientes a la Exaltación de la Santa Cruz; y las témporas de invierno, miércoles, viernes y sábado siguientes a santa Lucía. Ah, y el 23, jueves lardero, longaniza en el puchero.

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