martes, 31 de octubre de 2017

a bordo del tacatá





Los políticos españoles, hagan lo que hagan y roben lo que roben, jamás dimiten de su cargo. El cargo es algo que va adosado a un sillón de despacho oficial, coche con conductor y escolta. Fuera de ese ámbito, el político es un ciudadano de a pie al que le puede caer la del pulpo. El sillón del ministro, digo, es como el tacatá de los niños, que sólo se mueve por los pasillos de la casa rozando todas las esquinas y no dejando a su paso títere con cabeza. Ahora me entero que Puigdemont anda por Bruselas pidiendo “asilo político”. Ya verán ustedes cómo aquí, en Carpetovetonia, volveremos a ver un Gobierno en el exilio, en este caso un Gobierno de la República Catalana en el exilio. Hasta es posible que Puigdemont se mimetice con Álvaro de Albornoz (tío de Severo Ochoa por parte de madre), que fue dos veces jefe de Gobierno republicano en el exilio, y que dijo aquello de que “no puede haber Gobierno sin territorio ni población, porque el Gobierno actúa sobre cosas y sobre personas”. A Puigdemont le ha cesado el BOE, que hace las funciones de motorista de Franco. Antes, cuando en el domicilio de un ministro aparecía un motorista vestido de gris con una carta en la mano, todos los de aquella casa donde sonaba el timbre daban por hecho de que no se trataba de un trabajador de Telepizza portando una “bacon crispy”. Al ministro cesante lo que más le molestaba era que no le hubiesen invitado a dimitir cinco minutos antes. Porque cese y dimisión no es lo mismo. La dimisión es a iniciativa propia mientras que el cese es a iniciativa de otro. El verbo “cesar” es intransitivo, es decir, que no admite complemento directo, oficio que desempeña el pronombre personal “lo”. “Cesar” procede del latín “cessare”, que equivale a “descansar”. Sin embargo, hay ejemplos en los que se usa como transitivo: “Llegó el caso de hacer cesar la batalla porque cesó la resistencia”. Tiene, además, dos construcciones fundamentales: “cesar de” y “cesar en”, que son intransitivos y tienen el valor semántico de “acabar”, “terminar”. Verbigracia: “Cesar en el empeño”. En fin, me voy de All Hallows' Eve, o Halloween, que para el caso, de Tauste.

lunes, 30 de octubre de 2017

Nunca lo supo Franco



Hoy voy a escribir de algo que en su día pasó inadvertido. El 26 de agosto de 1956, con motivo de su centenario, eran trasladados los restos mortales de Marcelino Menéndez Pelayo junto a los de su padre desde el Cementerio de Ciriego, donde había sido enterrado en 1912, hasta la Catedral de Santander. Un acto lleno de pompa que estuvo presidido por Franco y Carmen Polo. Todo ello quedó perfectamente reflejado en toda la prensa nacional. Por tomar una referencia, acudo al diario ABC del martes, 28 de agosto en su página 16. Además de Franco se encontraban presentes el nuncio apostólico Antoniutti y los embajadores de  Venezuela, Nicaragua y El Salvador. Decía ese diario que “el armón de Artillería se puso en marcha, precedido por las cruces parroquiales, Banda Municipal, cruz de la Catedral, Cleros regular y secular, numerosas autoridades eclesiásticas y Cabildo, escoltados por una compañía del Regimiento de Infantería de Valencia. Guardaban la carrera soldados de Infantería, mientras en el espacio evolucionaba una escuadrilla de aviones del Ejército del Aire. Los crespones negros del féretro eran llevados, los de un lado, por los señores Ibáñez Martín, Marañón, Lequerica, Sánchez Reyes y Pérez Bustamante, y los del otro, por el general gobernador militar, señor Ximénez Sandoval, capitán general accidental de la Región, don Luis Troncoso; general jefe de la Región Aérea, don Félix Sedano, y el general jefe de Estado Mayor de la Región, don Tomás Iglesias. Sobre el féretro habían sido colocados la bandera nacional y el birrete de licenciado en Filosofía y Letras...,” etcétera. Me choca lo de “birrete de licenciado”. En la foto de ese día (primero por la izquierda en el sentido de la marcha) puede verse a mi abuelo materno junto al escultor Victorio Macho. Como bien informaba Irma Cuesta Cifuentes a los lectores (El diario Montañés, 21/11/16) “en la Catedral de Santander, reconstruida tras el incendio que en 1941 redujo a cenizas buena parte de la ciudad, reposan los restos de Marcelino Menéndez Pelayo. Sobre la tumba, una escultura yacente firmada por Victorio Macho en 1956 representa al escritor con hábito de fraile, la cabeza reposando sobre dos grandes infolios, el brazo derecho desfallecido, y el otro sobre el pecho sosteniendo un libro y una cruz”. Lo que nunca supo Franco es que el rostro de Marcelino Menéndez Pelayo era, en realidad, el de Pablo Iglesias, fundador del PSOE. Victorio Macho se aprovechó de una máscara mortuoria de ese político porque, según dijo, “su parecido era enorme”. Y se quedó tan ancho.

sábado, 28 de octubre de 2017

Viajar con dos billetes





Este es un país donde hay individuos que siempre van de gorra: en el teatro, en el tren... Otros viven a la gorra, es decir, mostrando su talento en la calle y pasando el platillo a los presentes para poder sobrellevar los azares de la existente crisis. Por estos pagos de Carpetovetonia  se sueña con un Gobierno, el que sea, que nos rebaje el recibo de la luz mediante acuerdos con las compañías eléctricas; el del teléfono, con convenios con las compañías operadoras;  la compra de  coches utilitarios o electrodomésticos mediante un oportuno plan  “Renove”, etcétera. Recuerdo que siendo niño, cuando montaba con mis padres en el tren y echábamos el día entero para recorrer apenas doscientos kilómetros, me recalcaban que dijese al revisor, si éste me lo preguntaba, que todavía tenía seis años. A los siete era necesario pagar el importe de medio billete. Y cuando aparecía el revisor por nuestro compartimento, mi padre le enseñaba los billetes y una cartilla con tapas de cartoné, que no era cosa distinta a un documento donde se certificaba que formábamos “familia numerosa”, por el que quedaba justificado un veinte por ciento de descuento. Cuando el revisor me preguntaba la edad, yo le respondía que tenía seis años y que todavía no había hecho la primera comunión. El revisor fruncía el ceño y ahí quedaba la cosa. Otros pasajeros le enseñaban un “kilométrico” por tratarse de empleados de Renfe. En definitiva, el billete completo no lo pagaba casi ningún viajero. Algo parecido a lo que aquí describo exponía en un artículo Julio Camba: “Consideren ustedes que, si un cincuenta por ciento de los viajeros circulan gratis por nuestras líneas ferroviarias, no lo hacen jamás a expensas de las compañías –una compañía de ferrocarriles no es una institución filantrópica--, sino a expensas del otro cincuenta por ciento. Es decir, que al tomar mañana un billete, pongamos por caso, de Madrid a Irún, más que un billete yo vendré, realmente, a tomar dos: uno para mí y el otro para un señor indeterminado cuyos gastos de transporte correrán ese día por mi cuenta. El español no viaja nunca solo, y por eso le cuesta tan caro viajar”.

Niño Ricardo





Leo hoy en El correo de Andalucía que “la Federación Provincial de Entidades Flamencas de Sevilla organizará un ciclo para llevar de peña en peña la memoria y la obra de uno de los guitarristas más importantes que ha dado Sevilla, el Niño Ricardo, creador de una de las escuelas más importantes de la guitarra flamenca”. Manuel Serrapí Sánchez nació el 11 de julio de 1904 en Sevilla, en la calle Almudena de la plaza de Argüelles, conocida hoy como plaza del Cristo de Burgos. Murió en esa misma ciudad en 1972.  Humberto J. Wilkes le hizo una biografía al guitarrista y dejó escrito lo siguiente: “De Javier Molina aprendió mucho para el acompañamiento. De Ramón Montoya sus armonías, arpegios y dulzura, pero luego dio más relieve a sus falsetas. De Manolo de Huelva tomó el ritmo, la gracia y ese aire tan especial, sobre todo, por bulerías”. Grabó con los mejores cantaores de la época: Niña de los Peines, Porrina de Badajoz, Pepe Pinto, Antonio Chacón, Antonio Mairena... Con su segundo apellido, Serrapí, compuso coplas que llegaron a alcanzar gran difusión, como “El emigrante”, “El rey de la carretera”, “Su primera comunión” y otras, que tanta fama dieron a Juanito Valderrama; o “La madrugá”, que cantaba Antonio Molina. Contaba Manuel Román (Libertad Digital, 20/01/13) que “El emigrante” se le ocurrió a Valderrama mientras representaba un espectáculo en un teatro de Ponferrada. Escuchó unas notas de guitarra, totalmente improvisadas, de Niño Ricardo , que era quien lo acompañaba entonces en el escenario. Ya en su camarín, le pidió que no las olvidara. Y en la factura de un hotel, no teniendo mejor papel a mano, Juanito Valderrama comenzó a escribir: "Me voy a hacer un rosario, con tus dientes de marfil...". Esa primera frase la cambiaría algunas veces con el transcurso del tiempo y en vez de “me voy”, diría “tengo que”. Según Manuel Román, “pasados unos días, remató aquella letra, hallándose de gira en Tánger. Fue allí donde ensayó la copla entera, con la composición musical de su guitarrista. Dado que Valderrama no sabía música y componía de oído, tuvieron que recurrir al maestro Manuel Pitto, quien dirigía la orquesta del espectáculo, y el que puso en papel pautado aquellas notas. Por entonces, la Sociedad General de Autores exigía ese procedimiento. Lo que obligó a Valderrama y a Niño Ricardo a compartir sus derechos de autor con tal maestro. En principio, ‘El emigrante’ lo estrenó Juanito Valderrama a ritmo de bolero flamenco, aunque como lo grabó varias veces llegaría a conocerse también como pasodoble, incluso por bulerías. No gustó las primeras veces que lo interpretó cara al público pero tras registrarlo por vez primera en disco, año 1947, fue tal el éxito que sonaba a diario en todas las emisoras de radio. A Franco le gustaba mucho y Valderrama lo complació (sic) más de una vez. Pero el artista me confió esto: ‘Decía que era una canción muy patriótica. No debía darse cuenta de que iba en contra de su política, pues su argumento no es otro que el de tantos exiliados españoles que vivían fuera de España en la postguerra’”. En la  tumba de Manuel Serrapí, en el cementerio de  Sevilla hay un monumento que representa a un ángel, con una guitarra entre sus manos alzándola al cielo. Existe otro monumento desde 2004 en la plaza donde nació. En la parte frontal del pedestal aparece una placa con la siguiente leyenda:”NO8DO/ Monumento erigido al genial guitarrista/ Manuel Serrapí Sánchez/ “Niño Ricardo”/ a iniciativa de la peña que lleva su nombre/ y del Excmo. Ayuntamiento de Sevilla/ Sevilla 2004 en el Centenario de su nacimiento/ Escultor: Jesús Gavira Alba”.

viernes, 27 de octubre de 2017

Sequía





El Gobierno está convencido de la necesidad de aplicar el artículo 155 de la Constitución contra el intento de secesionismo catalán. Bueno, pues adelante con los faroles. Pero, digo yo, ¿qué artículo constitucional habrá que aplicar para que cese la pertinaz sequía?  Los pantanos casi no disponen de agua, de llover no está y eso de sacar a los santos en procesión sólo resulta positivo cuando baja el barómetro de forma considerable y, también, cuando las avionetas dejan de lanzan a las nubes yoduro de plata, aunque no exista constancia oficial. Lo cierto es que los campos están resecos y agostados y que san Isidro, el santo más procesionado dada su fama de zahorí, pocero y taumatúrgico, no escucha las súplicas de los agricultores y ganaderos desde hace mucho tiempo. El desierto es como una mancha de aceite que avanza por Almería y ya no hay quien lo detenga. Señala el mapa de seguimiento de la sequía de Ministerio de Agricultura, Pesca, Alimentación y Medio Ambiente que el cuadrante noroeste de la península se encuentra en estado de emergencia. Pero nada es nuevo. Este país ha estado en situación de sequía el 54% del tiempo desde hace 36 años. Es un componente normal de climas mediterráneos y las sequías no se pueden gestionar como algo excepcional y que no está previsto. La solución sólo pasa por el ahorro de agua. Por lo tanto, para recuperar un cierto reequilibrio, además de frenar totalmente el crecimiento del consumo de agua, resulta necesario reducir progresivamente la superficie regada. No hay que olvidar que el problema no es el agua de boca, cifra insignificante si se compara con el riego de campos de cultivo  (más de 4 millones de hectáreas) que consumen más del 80% de los recursos hídricos. Aprovecho para decir que en Aragón, región en la que resido, nunca sobró agua. Hubo un proyecto de trasvase del Ebro que iba a costar 4.000 millones de euros y que finalmente no se llevó a cabo. Era una locura más del Gobierno que presidió Aznar, como lo fue aquella liberación del suelo, que terminó con la burbuja del ladrillo y el empobrecimiento de los españoles. El PP aprobó el trasvase del Ebro en el año 2001 y en febrero de 2004 Aznar colocó la primera piedra del pretendido trasvase en su extremo sur, en Almería. Pero ese mismo año Rodríguez Zapatero llegó a La Moncloa y el PSOE se apresuró a derogar dicho proyecto, que hasta entonces aparecía incluido en la ley del Plan Hidrológico Nacional. En junio de 2004, cuatro meses después de que el PP hubiera colocado la primera piedra del trasvase del Ebro, el PSOE daba carpetazo al proyecto. A mi entender, fue una acertada decisión.

jueves, 26 de octubre de 2017

Dos exposiciones interesantes





Los recuerdos se van borrando de la mente, o se quedan  varados en el hipotálamo, o en la amígdala, o en no sé dónde como una plomada en el fondo del río. Acabo de visitar la exposición en el zaragozano Palacio de Sástago, “Dicen que hay tierras al Este”, donde se hace continua referencia a los vínculos de Aragón con Cataluña durante los siglos XVIII-XX desde la perspectiva económica, artística y cultural. Me ha impresionado una carta manuscrita de  Santiago Ramón y Cajal y un gorro militar del general Prim igual que el que porta  en la batalla de Tetuán al mando de 446 voluntarios catalanes en el cuadro de Francisco Sans i Cabot (1865), o en el retrato extraído de El Museo Universal (número 40, pág. 316, Madrid, 4 octubre 1868).  Aprovecho para recomendar a todo aquel que sepa catalán el libro Guerra d’Àfrica (1859-1860) de Alfredo Redondo Penas (Cossetània Edicions)  Muy interesante. La exposición estará abierta al público hasta el 8 de enero. Y hace pocos días pude ver otra gran exposición, “Mirada y relato”, en La Lonja, sobre la obra de Ignacio Fortún, pintor y amigo. De entre todos los cuadros expuestos, me llamó la atención uno óleo sobre lienzo de 100x 80 pintado en 1985 y en propiedad del Ayuntamiento de Tauste. Se titula “Los calamares están duros”, algo parecido. A propósito de esa obra, recuerdo que en octubre de 1986 pude ver una exposición de Fortún que me impresionó. Era la primera que veía de ese pintor. Le escribí un artículo en Heraldo de Aragón y a los pocos días recibí un regalo suyo, consistente en el boceto a lapicero de aquella obra. Ahora, después de tantos años he logrado ver el resultado final, es decir, el óleo que no conocía. Reconozco que en el boceto que conservo en casa hay diferencias en las caras del camarero, la señora y la niña. El marido es igual, pero sin bigote. La niña lleva puestas unas gafas de buceo, en el regazo sostiene la misma cacerola, y come ese algodón de azúcar. La madre se está llevando a la boca una sardina en salmuera. Con la otra mano también porta el báculo lleno de caramelos. Todos ellos tienen aire de cansancio y parece que hubiesen hecho una pausa en el camino, derrotados de callejear y de visitar tómbolas de feria. Pero en el cuadro de Fortún no deja de llamarme la atención las miradas de todos ellos. Tanto la niña, vestida de baturra, como su madre, que pareciese no tener fuerza para hincarle el diente al bocadillo de duros calamares, permanecen silentes mirando hacia la supuesta calle; el marido y el camarero, en cambio, dan la sensación de que tuviesen la mirada perdida hacia el supuesto televisor donde se emite un programa tedioso. Ninguno de los cuatro tiene nada de qué hablar en lo que se me antoja como una tarde interminable. La exposición estará abierta hasta finales de año. Llaman la atención las pinturas de naves industriales y paisajes de tejados sobre chapas de zinc y aluminio que toman vida con el reflejo de lámparas. Son amaneceres y atardeceres de paisajes sórdidos, salpimentados con un cierto aire inquietante. Los recuerdos se terminan borrando, pero el arte permanece. Menos mal.

martes, 24 de octubre de 2017

Isaac Gormedino, carnes y menuceles





A partir de ahora, cada vez que me acerque a la tienda de Isaac Gormedino, mi carnicero de toda la vida, para pedirle un kilo de ternasco de Aragón, deberé preguntarle si en el peso ha tenido en cuenta el “equilibrio de Watt”, que permite comparar la energía mecánica con la electromagnética a través de una corriente y una masa, valiéndose de un láser. Y si se pusiera chulito y se cagase en el kilopondio hasta le podría amenazar con acudir a la Oficina Internacional de Pesas y Medidas situada en Sèvres. Hoy los tiempos adelantan que es una barbaridad, que no lo digo yo sino que lo cantaba Miguel Ligero en la película “La verbena de la Paloma”, y de poco sirve lo que de niño me enseñaron en la escuela. En Sèvres está guardado bajo siete llaves un cilindro hecho de una aleación de platino, al 90%, y de iridio, al 10%, y de una altura de 39 milímetros. Pero resulta que ese cilindro puede cambiar de masa con el tiempo. Dicho en plata: para definir el kilogramo habrá que tenerse en cuenta la constante de Planck. Seguro que Isaac Gormedino, carnicero y amigo, me preguntará si hoy me he tomado la pastilla. Y casi seguro, también, que dejará la tienda en manos de su ayudante y me invitará a tomar una copita de anís Las Cadenas, de finísimo paladar, en el pequeño ambigú del andén de la Estación. Isaac es hombre de buen carácter y de fácil conformar, pero ello no quita que le recuerde que a los tenderos que sisan en la balanza habría que lanzarles al otro lado del mostrador una bomba de palenque, o tirarlos barranco abajo, donde los alacranes y las zarandillas rabicortas toman el sol de mediodía y las culebras se enroscan.
--Bueno, ¡allá cada cual! Anda, Isaac, invítame a otra copita de anís.
--Eso está hecho.
Ambos guardamos silencio.

lunes, 23 de octubre de 2017

Territorio "guiri"





Ya se sabe que los barrios típicos de las ciudades se terminan degradando por la propia inercia de las cosas. Se llenan sus calles de tiendas de trajes típicos, recuerdos, oropeles, restaurantes con camareros vestidos de época, etcétera. Cuando una zona ciudadana se convierte en “territorio guiri”, en las terrazas de los bares aparecen acordeonistas rumanos, la gitana que te ofrece un ramito de romero, el vendedor ambulante de lotería al que le faltan los dedos de una mano y los descuideros, que ya son legión. Mucha gente sin oficio conocido, aprovechando la coyuntura turística española, ha hecho su particular pequeña industria sin pagar impuestos estatales ni tasas municipales, portando un puñado de globos, ofreciéndose de guía a cambio de unas monedas, pretendiendo realizar in situ una caricatura al minuto, o tratando de “vender” a un matrimonio de ancianos latas de escabeche y trozos de queso envasado al vacío que se acaban de sustraer en un supermercado. De la misma manera, los establecimientos hosteleros de ese “territorio guiri” colocan de anzuelo en la puerta a una señora vestida con faralaes y ofrecen en sus menús de las fachadas paellas y sangrías a grupos de turistas que todavía confunden un tricornio de la Benemérita con una montera de torero, una charlotada con una corrida de toros y un estoque de madera con la contundente espada del Cid Campeador. Hoy, en ABC de Sevilla, Antonio Burgos se queja de la degradación que ha sufrido el Barrio de Santa Cruz. Cuenta: “Antes, el Barrio de Santa Cruz era uno más de Sevilla, vivido, habitado, simpático, hasta catetito, con sus lecherías, sus despachos de pan y tortas, sus dulcerías, sus ultramarinos, sus estancos. Con todos sus avíos”. (...) “Un barrio vivido y verdadero. Sin un solo velador. Si un solo negocio turístico. Sin manadas de japoneses detrás de una guía con una banderita. Una parte verdadera de Sevilla. De la mejor Sevilla que nos dejó la Exposición Iberoamericana de 1929”. (...) “Ahora, a nadie se le ocurre hacer ese trayecto, sorteando trajes de flamenca churris fabricados por los chinos colgados en las fachadas, expositores de cerámica, de sombreros, cartelones de los restaurantes de las paellas prefabricadas que huelen a perros muertos cuando las sirven en los cientos de veladores que no nos dejan andar”. Pues eso no es nada para lo que acontecen en el incómodo Benidorm, o en Toledo, con tantos escaparates de armaduras y espadas dispuestas para ser vendidas a unos turistas a los que, más tarde, cuando se largan, no se les permite subir al avión...

domingo, 22 de octubre de 2017

Elogio de las "gildas"





Los dos botes que tengo en mi cuarto de escribir y que contienen bolígrafos y lapiceros son de aceitunas rellenas de anchoa. Uno de ellos lo tengo recubierto con esas pegatinas pequeñas que vienen adheridas a los plátanos de Canarias. Los domingos, antes de la comida de mediodía, suelo prepararme un vermú con hielo y una rodaja de limón, de Bodegas Valdepablo, que actualmente fabrican en las naves de una antigua azucarera de La Compañía de Alcoholes, en Terrer, próximo a Calatayud. Y como con un pie no se anda, preparo unas “gildas” al estilo de cómo se ofrecían en las viejas tabernas. Ensarto en un palillo una aceituna sin hueso, una anchoa en salazón, una guindilla no muy grande y sin rabillo y un trozo de pepinillo. Ya está. No hay nada más sencillo de hacer.  Blas Vallés, bodeguero de Olite (Navarra) se trasladó a San Sebastián para abrir un despacho de venta de vinos y alquiló en 1942 un local en la calle Isabel la Católica. Su vino navarro se abrió paso junto al vino rioja. A su despacho acudían los “mozos del exterior” (maleteros) de la Estación del Norte a tomarse el bocadillo que traían de casa y lo acompañaban con un vaso de vino.  En 1946, Vallés sacó en el Ayuntamiento la licencia de taberna a la vez que seguía despachando vino a granel.  Popularizó el porrón y para acompañar el vino, Blas Vallés solía sacar unas veces guindillas, otras aceitunas e incluso anchoas. Uno de los clientes, Joaquín Aramburu, alias Txepetxa empezó a ensartar la guindilla,  la aceituna y la anchoa en un palillo. Corría el año 1946 y comenzó a llamar a aquella banderilla “gilda”, en honor a la película de Charles Vidor que se había estrenado en España ese mismo año; porque, según Aramburu, “era verde, salada y un poco picante”. Lo de “verde” y un poco “picante” sería discutible. En realidad, todo el striptease de Rita  Hayworth consistía en quitarse un guante, aunque por ello recibiese un sopapo de Glenn Ford. Y como en el cine nada es lo que parece, la canción “Amado mío” era un  payback con la voz de Anita Ellis. En Zaragoza pueden degustarse unas magníficas “gildas” en el bar Gilda (San Pablo, 38) donde Sara Ruiz y Pablo Chueca ofrecen en su barra los típicos vinagrillos de siempre, además de otras especialidades, como jamón batido o paté de pimiento asado con nueces y boquerones y mermeladas de calabacín y naranja con arenque y la aceituna. Como decimos en Aragón: de lo que tenemos, no nos falta de nada.

Caer la del pulpo





Lo cuenta Jesús Cacho, aunque lo pone en boca de Enric Juliana comentándolo en La Sexta: “La responsabilidad de Puigdemont es inmensa: en sus manos está salvar a la Generalitat de Cataluña”. ¿Por qué esa alarma? Por una razón fundamental: los herederos de Jordi Pujol no pueden exponerse, en mi opinión, a que el Gobierno entre a saco en la Generalidad dispuesto a levantar las alfombras y sacar a relucir los trapos sucios de un sistema clientelar que durante décadas ha vivido del robo sistemático de recursos públicos. Esa es precisamente la gran baza de una utilización inteligente del 155: desenmascarar un sistema corrupto de la cruz a la raya del que viven no menos de 100.000 personas”. Joer, pues es verdad. Ahora vendrán las auditorías internas y a algunos catalanes les va a caer la del pulpo, expresión que se atribuye al duque de Medina Sidonia, jefe de la flota de la Armada Invencible, el día en que consultó a un marinero, Xosé Luis Pazos de Ortigueira, alias El Pulpo, sobre el estado de la mar. Éste le contestó al duque que se avecinaba una gran tormenta. El duque hizo caso omiso a su advertencia, puso rumbo al Golfo de Vizcaya dispuesto a enfrascarse en la Batalla de las Gravelinas contra los ingleses y pasó lo que pasó, que les “cayó la del pulpo”, es decir, decenas de barcos dispersos y una flota diezmada por las inclemencias del tiempo. En el tomo XIV de la Historia General de España, de Modesto Lafuente, podemos leer el comentario Felipe II al recibir la noticia de la derrota: “Yo envié mis naves a luchar contra los hombres, no contra las tempestades...”, etcétera. Aquí ha quedado claro que Mariano Rajoy no es Alejandro Lerroux, que no estamos en 1934 y que no se encuentra el vapor “Uruguay” atracado en el puerto de Barcelona a la espera de acontecimientos. Menos mal.

viernes, 20 de octubre de 2017

La ruleta, la bola y el imán





Leo en El Español que el dueño del licor de orujo Hijoputa, el asturiano Rubén Lavandera Morís, ha puesto a la venta la crema catalana Artículo 155. Es también el fabricante de las galletas Dulces orgías , el licor de hierbas Cojonudo, licor de ron escarchado, licor de hierbas escarchado, licor de crema de arroz con leche, licor de sidra, licor de crema, licor de miel, pacharán, licor de café, licor de naranja, licor de crema de chocolate blanco, licor de miel y licor de caramelo. De la misma manera, me consta que los españoles buscan afanosamente el número 00155 de la Lotería de Navidad. Lo mejor será que se lo pidan directamente al dueño de La Buixa d’Or, Xavier Gabriel, de Sort (Lérida), que ya ha afirmado que sus ventas de lotería han crecido el 275% tras salir de Cataluña. La razón social de todos sus negocios se ha ido a  Navarra y su sede fiscal a Madrid. Manuel Jabois, en El País, entiende que “o se hace la revolución, o se hace el ridículo. Cuando esto termine -sea con victoria o derrota, signifique eso ya lo que quiera que signifique-, y lleguen las consecuencias del destrozo, unos se quedarán pagando la factura y otros se irán corriendo a refugiarse en su desconsideración y su fortuna. Gente que está ahí por razones aventureras, para vivir emociones fuertes y jugar con las de los demás; un ay you can eat ideológico con el que sentirse protagonistas de la historia mientras levantan con una mano la bandera y con la otra se llevan la sede de su empresa. Tienen la mitad del dinero en el rojo y la otra mitad en el negro, y cuando vean que la bola va a caer se llevan la ruleta, me dice un empresario en Barcelona, un gallego que lleva poniendo toda la vida la ruleta, la bola y el imán. No va a ser diferente ahora. Nunca han pagado nada y siempre ha sido mejor así; cuando se les ocurre pagar algo es porque piensan cobrar el doble. A quien sea y como sea, en concepto de lo que sea”.

A propósito de los golpes de Estado





Estos días escucho y leo con demasiada frecuencia en los medios que el Gobierno catalán ha dado un golpe de Estado a la democracia. Algunos periodistas lerdos hasta lo comparan con el 23-F. En este sentido, Vicenç Navarro, catedrático de Ciencias Políticas y Políticas Públicas de la  Universidad Pompeu Fabra, ha dejado escrito (Público, octubre 18, 2017) algo que deberíamos considerar: “Una persona, no sospechosa de simpatías secesionistas, como Josep Borrell, que fue presidente del Parlamento Europeo y Ministro en el gobierno PSOE presidido por Felipe González, ha hecho una breve lista de los agravios y ofensas a Catalunya. En 2005, el gobierno de izquierdas del tripartito, liderado por el socialista Pasqual Maragall, propuso un Estatut que redefiniera la relación del gobierno de la Generalitat con el Estado español, proponiendo, entre otros elementos, el reconocimiento de Cataluña como una nación dentro de un Estado plurinacional. Tal Estatut fue aprobado por el Parlament de Catalunya, más tarde (modificado) aprobado por las Cortes Españolas, y por último, aprobado por el pueblo catalán en un referéndum. Ahora bien, todo este proceso acumulativo de decisiones tomadas por distintas soberanías fue completamente ignorado. Borrell señala que elementos importantes de tal Estatut fueron vetados por el Tribunal Constitucional, controlado por el PP, en un hecho que el catedrático Javier Pérez Royo ha definido como un golpe de Estado, saltándose todo tipo de soberanías debido a intereses partidistas. Y para mayor ofensa, se eliminaron elementos, como señala también Borrell, que ya habían sido aprobados en otras Comunidades Autonómicas, como es Andalucía”. Este es un país donde el artículo 155 que ahora se desea aplicar en Cataluña forma parte de la Constitución Española aprobada en 1978 por los ciudadanos, donde también se incluyó la Monarquía Parlamentaria como forma de Estado sin haberse hecho una consulta previa sobre la forma de Estado que deseaban los españoles. Se “incrustó” la Monarquía en el texto general como un trozo de salami dentro del bocadillo. Existen unas declaraciones de Adolfo Suárez donde ese político afirmaba que, de haberse hecho una consulta popular previa sobre la forma de Estado, la elección de Juan Carlos de Borbón se hubiese desechado de forma mayoritaria por la ciudadanía y que, por esa razón, se incluyó la Monarquía  dentro del conjunto del texto constitucional motivo de la consulta aquel 6 de diciembre de 1978. En ese sentido, Vicenç Navarro también detalla lo siguiente: “En cuanto al argumento de que la aprobación de la Constitución por parte de la población española legitimó que se considerara como el punto de referencia de todos los demócratas hay que señalar que tal argumento ignora que las dos alternativas posibles que se presentaron a la población fueron o bien inaugurar la democracia (reflejada en la Constitución) o continuar en la dictadura. Entre tales opciones era claro que la población eligiera la primera alternativa sobre la segunda. En realidad, el hecho de que Cataluña fuera la Comunidad donde la aprobación de la Constitución fue mayor se debió, no tanto al entusiasmo por la Constitución, sino por el gran rechazo a la dictadura. Aprobar tal referéndum fue la única salida a tal situación intolerable”. Lo primero que debería hacer el actual Gobierno sustentado por el PP serían dos cosas: una, dotar la Ley de la Memoria Histórica con dinero público, cosa que no sucede. Y dos, que el PP y el Gobierno que preside Rajoy hiciesen un rechazo solemne al golpe de Estado que provocó la Guerra Civil y al franquismo, que tampoco se lo plantean.

jueves, 19 de octubre de 2017

Al alba y con tiempo duro de levante...





Ante la penosa situación creada, cuenta hoy El País en un editorial: “La desconcertada y desconcertante reacción del Gobierno de Mariano Rajoy, mal asesorado en su alianza con el igualmente desconcertado y desconcertante Pedro Sánchez, ha acabado de redondear el entuerto. La sociedad española en su conjunto, no solo la catalana, antes irritada, está cayendo ahora en el abatimiento y la frustración. La larga crisis política en Cataluña, que está ya minando seriamente la reputación de nuestra democracia y todas las instituciones de nuestro sistema, amenaza con prolongarse aún más”. A mi entender, si Mariano Rajoy no sabe cómo solucionar este entuerto debería dimitir y dejar paso a unos nuevos comicios que cambiasen los culos de las bancadas de las dos Cámaras. A los españoles, que en su conjunto formamos el Estado, les perdieron hace mucho tiempo el respeto determinados políticos corruptos que, pese a todo, se permiten la osadía de dar lecciones de democracia. En España ningún político enfrascado en el merengue putrefacto dimite por vergüenza torera, por decencia y por respeto al paisanaje. Pero lo peor de todo, como bien señala El País, es que “la inseguridad jurídica campa a sus anchas en el vértice de la jerarquía normativa, aunque de facto rija el ordenamiento constitucional. El sistema democrático cojea”. Hay que evitar males mayores. La encarcelación de Jordi Sánchez y Jordi Cuixart ha sido el estopín que ha vuelto a encender los ánimos de muchos catalanes separatistas. Joseph Ramoneda entiende que “parece llegada la hora de la aplicación del artículo 155. Una auténtica caja de Pandora que hasta ahora nadie había abierto. Una vez se ponga en marcha, es imprevisible cómo se ejecuta y cómo y cuándo acaba. Sin duda puede servir para bloquear el proceso independentista. El Estado tiene fuerza y recursos sobrados para ello. Pero no es una salida. Cuando se restablezca la normalidad autonómica el soberanismo seguirá allí y el desapego y el resentimiento serán mucho mayores todavía”. La aplicación del 155, de producirse el próximo sábado, no será, a mi entender, como la recuperación del islote Perejil. No veo a Rajoy pasado mañana diciendo aquello de “Al alba y con tiempo duro de levante...”, como dijo Trillo el 17 de julio de 2002 en su particular y españolísimo "desembarco de Normandía".

Un diez para el alumno





De niños, recuerdo, nos preguntaba el maestro si considerábamos los educandos  igual, o no, medio metro cuadrado que la mitad de un metro cuadrado; o cuál era la cima más alta de España; o cuál era el río más largo de la Península; o a cuánto equivalía la mitad de medio duro (moneda de 5 pesetas), etcétera. Eran preguntas con trampa. No era igual responder Teide que Mulhacén, ni Ebro que Tajo, etcétera. Pues bien, leo en Heraldo de Aragón la acertada respuesta que un alumno de 7 años que no entendió a su profesor. El trabajo consistía en dar respuesta por escrito a la pregunta siguiente: “Escribe con cifra los siguientes números: diez, noventa y ocho, ochenta y uno, sesenta y seis; treinta”. Respuesta del alumno: 11, 99, 82, 67 y 31. El profesor entendió que el alumno no había dado una en el clavo y le puso dos rayas rojas cruzadas sobre su trabajo. Su padre, Ignacio Bárcena, lo puso en Twitter señalando: “Yo creo que quien no lo ha entendido bien es el profe”. Y, a mi entender, el padre tenía razón. El niño había seguido literalmente las instrucciones de su maestro. Y escribió “los siguientes números”. No conozco al muchacho, pero entiendo que merece la máxima nota en ese examen. Cosa diferente es que el maestro hubiese dicho: “Escribe con cifras estos cardinales...”. Y aquí aprovecho para decir, y así lo he comprobado en demasiadas ocasiones, que  muchos redactores de prensa no saben escribir determinados ordinales. Y que otros confunden los ordinales con los partitivos; no mantienen bien la concordancia de “un”, “una” en los cardinales compuestos, verbigracia: veintiún países, veintiuna naciones; ni manejan acertadamente el numeral distributivo “sendos”; etcétera. Ello se soluciona consultando el léxico cuando se desee conocer la grafía. Para eso se crearon los “manuales de estilo”.

miércoles, 18 de octubre de 2017

Estado y Derecho





Mañana jueves termina el segundo ultimátum de Rajoy a Puigdemont. Pero no pasa nada. Ahora resulta que el presidente del Gobierno le da otra semana de prórroga a condición de que el presidente de Cataluña  “vuelva a la legalidad” y convoque elecciones. ¿Alguien entiende algo? Juan Carlos Bermejo, en Vozpópuli, hace referencia a la tesis de García Trevijano: “Rajoy todo lo fía a la aplicación del Artículo 155, que es una tomadura de pelo, porque lo único que permite es ordenar a Puigdemont que acabe con la sedición. La política defensiva de cualquier Estado de derecho no está encomendada al código penal, puesto que la jurisdicción penal no tiene la fuerza, los conocimientos, ni la determinación de acabar con un problema tan grave como la sedición, la rebelión e incluso la traición. Por eso en todos los Estados de derecho existen medidas excepcionales para ello, y en el caso de España es el Artículo 116 de la Constitución en su apartado cuatro: el estado de sitio, que no dura mucho tiempo pero que permite que la jurisdicción militar procese a los traidores y se restituya de inmediato la normalidad, como exigió el rey Felipe VI a Rajoy, y éste último ha ignorado la Ley y el orden constitucional en Cataluña”. (Me viene a la cabeza el pobre Domingo Batet). El Estado de derecho está formado por dos componentes: el Estado (como forma de organización política) y el Derecho  (como conjunto de las normas que rigen el funcionamiento de una sociedad). En consecuencia, el poder del Estado se encuentra limitado por el Derecho. Partiendo de esa premisa, entiende Bermejo que “pase lo que pase es inútil esperar que Rajoy arregle una situación de la que es principal responsable. Le invade el vértigo ante la posibilidad de acción, no es solo un inútil, es claramente un impotente político, ha arrastrado por el fango la dignidad, la Constitución y la Ley mirando para otro lado cuando tenía que actuar, algo que en la historia política es siempre preludio de la destrucción de una nación”. (...) “Rajoy es el responsable principal del desastre que ha enfrentado para generaciones a las familias y ciudadanos de Cataluña. Desde 2012, este cobarde patológico ha mirado para otro lado cuando los sediciosos incumplían sistemáticamente la Constitución y la Ley y tampoco ha movido un solo dedo ante la implantación obligatoria en la enseñanza pública del adoctrinamiento sistemático en el odio a España y la más grosera y delirante falsificación de la historia, algo inimaginable en un Estado soberano”. Ahora lo que hace falta saber es cómo se arreglará ese desaguisado.

martes, 17 de octubre de 2017

Un falso sentido patrio





Se comenta lo grotesco del bolso de  Cristina Cifuentes el día de la Fiesta Nacional. Alejandro Inurrieta, en Vozpópuli, señala en este sentido lo siguiente: “Un país [refiriéndose a España] que desprecia su lengua, se escribe y se habla cada vez peor, y apenas se dotan recursos para su defensa fuera de nuestras fronteras. Un país que vomita bilis contra su cine, sus cineastas y sus productores, achacándoles sus veleidades izquierdistas. Un país que ha abandonado a su suerte a millones de investigadores, a la ciencia en general, y que prefiere primar a folclóricas o futbolistas como ídolos nacionales. Un país que ha dejado desamparados a maestros y profesores que tienen que luchar día a día contra la desidia de familias y poderes públicos a la hora de dignificar la educación. Y por supuesto un país que no cuida a sus mayores, ni a los sufridos inmigrantes que vienen a trabajar y a aportar su ilusión por levantar la nación que les ha acogido, en general, con indiferencia, cuando no con desprecio”. (...) “A España solo le sale la vena patriota cuando saca la bandera para confrontar un falso sentido patrio contra un supuesto enemigo exterior, se llame Cataluña o cualquier selección de futbol en un mundial o Eurocopa.  Qué triste y qué lejos de nuestros vecinos franceses”. Jesús Cacho, en el mismo diario, señalaba que “es el espíritu que sobrevoló la recepción ofrecida por los Reyes en el Palacio Real tras el desfile del jueves 12 de octubre, día de la Hispanidad, un copetín que, por cierto, y con el cadáver del piloto del Eurofighter siniestrado aún caliente, tenía que haberse suspendido de forma automática, señores, todos a tomar el canapé a casa que aquí estamos de luto, un piloto de nuestro Ejército ha fallecido en acto de servicio en momentos tan dramáticos como los actuales, y es obligado el luto”. Rajoy y Cospedal abandonaron la recepción en el Palacio Real y se fueron a la Base Aérea de Albacete para salir en la foto y, de paso, dar el pésame a la viuda del capitán Borja Aybar García.  Pero hoy, 5 días más tarde, la tragedia aérea se ha vuelto a cebar en Torrejón de Ardoz. Un teniente de sólo 26 años, Fernando Pérez Serrano, se ha dejado la vida al tratar de despegar un F-18. ¿Rajoy y Cospedal volverán a repetir el paripé político del pasado día 12? No lo sé, permitan que lo dude.

Tragedia shakesperiana






Yo entendía que las novelas epistolares en España eran cosa de otros tiempos. Y estoy pensando en “Pepita Jiménez”, de Juan Valera, y en otras más recientes, como “Cartas de amor de un sexagenario voluptuoso”, de Miguel Delibes, o “Nubosidad variable”, de Carmen Martín Gaite. Pero me equivocaba. Aunque todavía no constituye una novela por entregas al uso, las cartas entre Mariano Rajoy y Carles Puigdemont llevan camino de convertirse en una obra literaria digna de merecer tesis doctorales. Ambos, Rajoy y Puigdemont  se mueven entre el “sí” y el “no”, como si deshojasen la margarita en un prado de ababoles. Rajoy exige a Puigdemont que éste le haga ciertas aclaraciones y le da un breve plazo de días para contestarle y poder cambiar su actual angustia por un  plácido sosiego. Y encima de sus cabezas aparece no la espada de Damocles, sino el Deus ex machina del 155, esa cifra que ya se está haciendo esotérica. Puigdemont, atentamente contesta en tiempo y forma a las exigencias de Rajoy. Pero esa contestación de Puigdemont, en este caso de pretender dialogar, no convence a Rajoy, que entiende que no da respuesta a su pregunta. Y Rajoy le da otro plazo a Puigdemont, ahora hasta el próximo jueves, para que se defina con un “sí” o un “no” que le saque de dudas. Llegados a este punto, parece como si los ciudadanos de Carpetovetonia estuviésemos en la sala de butacas de un teatro viendo una representación shakespeariana de Hamlet, o la eterna duda. Yo estaba convencido, al menos hasta ahora, de que “ser o no ser” era la duda metafísica más repetida en la cultura occidental. Ya sólo falta que el próximo jueves nos deje Puigdemont boquiabiertos a los espectadores de este espectáculo lleno de bucles, donde la tragedia se trastoca en género ínfimo y le conteste Puigdemont a Rajoy algo que nadie espera: “Mi reino por un caballo” (de Ricardo III). Pero uno y otro, Rajoy y Puigdemont, deben entender de una puñetera vez que este país no es Dinamarca. En las tragedias de Shakespeare muere hasta el apuntador, es decir, Hamlet, Claudio, el Rey, Gertrudis, la Reina, Laertes, Polonio, Ofelia, Rosencrantz, Guildenstern... Pero por estos pagos carpetovetónicos donde sólo nos supera en número de asesinados en las cunetas Camboya, sólo podemos, si acaso, morirnos de un hartazón de risa.

domingo, 15 de octubre de 2017

Otra vez la rutina





Sobre la mesa de la cocina queda el pan correoso con relleno de calamares de la amanecida, la herida sin cerrar, las cuartillas volanderas, la foto oxidada por el tiempo, la lámpara sin arreglar, el dislocado recuerdo de otras albas camino de andenes de estación, de hospitales robados, de brillos de oropel con la lasitud casi total en las pupilas de los ojos. No queda tiempo para pensar en las musarañas; ni en el delantal de los hotentotes; ni en Dora la Cordobesita, modelo de Romero de Torres y mujer de Chicuelo; ni en el Libro de los Siete Sabios vertidos al castellano por orden del infante don Fadrique; ni en El Chiripa, que murió a tiros de la Guardia Civil entre Tierga y Trasobares; ni en Pigmalión, que se enamoró de una estatua salida de sus manos. Hay que lamerse las heridas sin curar y  escuchar la Glenn Miller en una mierda de radio repleta de válvulas empolvadas y el  mueble revestido con paño de ganchillo. En la calle se monta jabardillo por un perro atropellado. Los forasteros vuelven a tomar el tren, pero ningún viajero se acuerde ya, maldita sea, de Maristany, director que fuese de los Ferrocarriles de Madrid, Zaragoza y Alicante. Nadie, entre los peatones que con morbosidad endiablada ven agonizar al perro herido, ha oído hablar de la Bella Monterde, cupletista del género ínfimo; ni de Paul Ehrlich, inventor del Salvarsán; ni del gobernáculum de Hunter, inserto en el extremo inferior de epidídimo. Tampoco importa demasiado en este trance. En Zaragoza se terminan las Fiestas del Pilar con cohetería en la noche morada. Los gigantes y cabezudos de cartón-piedra se guardarán hasta otro año en la nave de un polígono industrial de los tiempos del Desarrollismo. Pero las banderas de España confeccionadas en China, que algunos ciudadanos pusieron en los barrotes de los balcones de sus viviendas como antídoto patriótico al trasunto catalán, siguen a la intemperie como si se tratasen de longanizas de Graus. No sabría decirles por cuánto tiempo. Habría que leer  con atención el papelito con la posología contra el acendrado patriotismo crónico y purulento, como sucede con los fármacos en los tratamientos contra el tabardillo, las tercianas, o esas purgaciones de garabatillo que se suelen enganchar en las sórdidas despedidas de soltero, cuando el protagonista de la juerga, en un arranque de valentía,  saca la minga de su estuche como si se tratase de una aguja de ramplonete en manos de un artillero.