sábado, 9 de junio de 2018

Ramírez de la Piscina



Hoy da cuenta el diario ABC de los mejores vinos blancos de la Rioja de este año. Entre ellos, el “Ramírez de la Piscina” que, según se afirma, mezcla aromas que recuerdan en boca la manzana, el limón y el plátano en una técnica de coupage a base de uva viura (85%) y, el resto, de una cantidad casi simbólica de uva malvasía, supongo que para evitar romper las estrictas exigencias de esa Denominación de Origen Calificada. No hay que olvidar que éste es un país donde siempre se produjo de alguna manera una forma de “coupage” en mesones, tabernas y ventas de postas a base de aguachinar el vino peleón, generalmente manchego y elaborado partiendo de uva garnacha o tempranillo. Pues bien, sobre el apellido Ramírez de la Piscina bueno será saber que tal designación dispone de casa señorial en los números 1 y 3 de la calle del Barco, en la localidad de Elciego (Álava). Se trata de dos edificios sobrios de los siglos XVII y XVIII en buen estado de conservación. Sus frontales lucen dos escudos de armas, uno de ellos de los Ramírez de la Piscina. Cuentan con bodegas en sus sótanos. Curiosamente, el vino seleccionado en ABC se embotella en San Vicente de de la Sonsierra (La Rioja), donde se encuentran la románica iglesia de Santa María de la Piscina y la  de Nuestra Señora de los Remedios, de estilo barroco. La bodega aquí referida parte del año 1945, cuando Julio Ramírez de la Piscina, siguiendo la tradición de su padre en Ábalos,  cultiva viñedos en San Vicente de la Sonsierra, crea las “Bodegas Ramírez” y comercializa sus caldos con ese nombre. Es en 1980 cuando los hijos de Julio y Ángela, Cecilio, Julio y Pilar, se hicieron cargo del negocio. El origen de ese apellido de rancio abolengo parte de cuando el infante Sancho Ramírez, hijo segundo del infante Ramiro de Navarra, unió a su apellido la mención “de la Piscina”  a mediados del siglo XII; pero su uso continuado data de  Juan Ramírez de la Piscina, en la segunda mitad del siglo XV. Y a propósito de ese ilustre apellido, recuerdo cuando hace ya muchos años, tras el periodo de instrucción y la jura de bandera fui destinado como soldado de leva al Tercer Grupo de un Regimiento de Artillería Antiaérea. Y entre los artilleros de mi batería había un milico de aspecto aldeano  de la misma promoción. Al poco de llegar y después de haber formado, pasó lista un sargento tripudo y con aspecto bonachón. Los allí presentes debíamos contestar, al ser nominados, por nuestro segundo apellido. Y al llegar el turno de ser nombrado  aquel soldado alavés, el sargento gruñó: “Ramírez”, y el compañero contestó: “De la Piscina”. Hubo un silencio que se podía cortar. El sargento, elevando sus ojos por encima de las gafas le pronosticó: “Las vas a pasar canutas”.  Pero la predicción de aquel sargento nunca se cumplió.

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