martes, 22 de enero de 2019

Hoy los tiempos adelantan...



Hoy los tiempos adelantan que es una barbaridad, cantaba don Hilarión en “La verbena de la Paloma”,  aquella zarzuela subtitulada “El boticario y las chulapas y los celos mal reprimidos”.  A mi mente acude el recuerdo de aquellas gaseosas de sobre El tigre, que llevaban incorporadas instrucciones de uso: “En un vaso de agua fresca viértase el contenido del sobrecito blanco, después, el sobrecito de color, dé vueltas con una cucharilla y bébase el contenido cuando suba la espuma”. Aquellas gaseosas  de sobre y de pobre tenían dos misiones: refrescar y servir de digestivo tras comidas pesadas. Su fórmula era sencilla: el contenido blanco contenía un gasificante, bicarbonato sódico, y el de color, un aciculante, que generalmente era ácido cítrico, que también se utilizaba como impulsor que esponjaba masas batidas para hornear magdalenas o bizcochos. Existían otras marcas en el mercado: “La bandera nacional con la Cruz de Santiago”, “Armisén”, “La perdiz”…Todas esas bebidas de uso casero partían de la idea de un norteamericano, John Matthews, que en 1832 ideó un aparato para mezclar agua con  dióxido de carbono y un saborizante. En 1915, el valenciano Alejandro Martínez trajo aquella idea a España y fundó la empresa “Sodas y gaseosas Alejandro Martínez, S.L.” en  Cheste. Y en su pequeña tienda de comestibles vendía “Sodas El Tigre” y “Pepita Samper”. Con el tiempo les añadió sacarina y, a partir de ahí, se podían adquirir gaseosas endulzadas y sin endulzar, a gusto del consumidor. En la década de los 50 la empresa llegó a ocupar a 70 empleados, que realizaban el trabajo de forma artesanal. En la actualidad, al digitalizar los procesos de fabricación, la plantilla, hoy en manos del bisnieto del fundador, no pasa de 10 trabajadores pero sus ventas alcanzan los veinte millones de sobrecitos al año, que  mayormente se utilizan en recetas de repostería. Por asociación de ideas, leo hoy en la prensa los motivos por los que habría que abandonar el uso de sopas de sobre, por el hecho de que contienen mucha sal y glucamato monosódico como potenciador de sabor. Por cierto, los sobres de sopas, como los sobres de aquellas gaseosas que permanecen en el recuerdo de nuestra infancia, también llevan plasmadas sus instrucciones: "Vierta el contenido de este sobre en un litro de agua caliente (sin que llegue a hervir) y lleve a ebullición removiendo al mismo tiempo. Deje cocer a fuego lento durante cinco minutos removiendo de vez en cuando". Y como si se tratase de un prodigio, de inmediato tiene el consumidor su sopa de ave con fideos, aunque de ave contengan esos sobrecitos lo que yo tengo de saltador de pértiga.

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