miércoles, 16 de enero de 2019

Iglesia pesetera



Me llena de estupor conocer que la basílica menor de Santa Engracia, situada en lo más céntrico de Zaragoza, haya introducido el primer cepillo de pago con tarjeta. Mi asombro no es la causa de que las limosnas puedan entregarse del modo que el feligrés lo considere oportuno, faltaría más, sino en la “modernidad”  y rapidez con la que se adapta la Archidiócesis a los tiempos modernos en lo referente a la captación de dinero. En este caso, el clásico cepillo parroquial continua, pero muy cerca de donde éste se encuentra se ha colocado un datáfono. Y parece ser que tal novedad ya ha sido contemplada por otros  párrocos. En el caso de Santa Engracia, parece que con esas ayudas se podrá arreglar la fachada que da a la calle Hernando de Aragón, cuyo coste se aproxima a los 100.000 euros.  El funcionamiento del datáfono es muy sencillo,  según cuenta el párroco Santiago Aparicio y que hoy refleja Heraldo de Aragón entre sus páginas: “la pantalla permite elegir entre cuatro cantidades (de 2 a 15 euros) y, una vez se ha seleccionado la aportación, basta con pasar la tarjeta por el lector. La propia pantalla avisa de que el pago se ha completado sin problemas. Como son cantidades inferiores a 20 euros, no solicita el código el PIN”. La curia, cuando quiere, sabe adaptarse con maestría a los tiempos modernos. Jamás da puntada sin hilo. Basta recordar lo acontecido con la catedral de La Seo. El entonces arzobispo de Zaragoza, Elías Yanes, instó la inscripción del templo en el Registro de la Propiedad a favor del Arzobispado en 1987 (entonces tasado en 9’5 millones) poco antes de que se diese inicio a unas obras que parecieron interminables y que tuvieron un coste de cuatro millones de euros. Por cierto, la catedral fue inscrita en el Registro como monumento cuando la ley prohibía taxativamente a la Iglesia Católica anotarse el dominio de edificios dedicados al culto. Esa finca urbana tiene, según el Registro de la Propiedad, una superficie de 9.486 metros cuadrados (8.247 de ellos cubiertos) e incluye dos viviendas, situadas en la calle Deán y en la propia plaza, de 112 y 192 metros  que suman seis plantas.  El Catastro, no obstante, le asigna otras dimensiones: 14.905 metros cuadrados de los que 709 son habitables, aunque exentas de IBI. Pues bien, una vez que el templo fue arreglado con dinero público, poderlo visitar cuesta cuatro euros a cada ciudadano.

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