Los políticos ha entrado en pánico. Núñez Feijóo mira con un ojo a Díaz Ayuso, con el otro a Abascal.
Y Sánchez se encomienda a san Cojoncio para que no aparezcan más defraudadores
al Fisco en su partido. Y mientras, Aitor
Esteban se muere de risa, como si viese a un burro comiendo higos. Al fondo
se escucha en los muros de la Moncloa el salmo 50, el “miserere”,
y la recomendación del alma para los seres afligidos. Creo que ambos, tanto
Sánchez como Feijóo, deberían hacer ejercicios espirituales en Loyola en un intento de
sosegarse y poder aclarar sus respectivas ideas. Ya lo dijo san Ignacio: “En
tiempos de tribulación no hacer mudanza”. Sánchez mira los números, la economía
va bien y el paro disminuye. Y Feijóo, mientras tanto, pone sus ojos sobre la
luna de Valencia esperando que alguno de los que apoyaron a Sánchez en su
investidura cambie ahora de rumbo y le conceda los apoyos necesarios para
proceder a llevar a cabo una moción de censura
y alzarse con el santo y con la peana. Pero esos socios de gobierno no
parece que estén por la labor de
desenterrar a Franco y regresar a un
país en blanco y negro que todos queremos olvidar definitivamente. Y en esas
estamos. Afilar los cuchillos no asusta ya ni a los sietemesinos. El fracaso
político está servido y aquí, con este pirocúmulo de fracasos encadenados a
diestra y siniestra solo sirve el lema del marqués
de Iria Flavia: “El que resiste,
gana”. A todos ellos le huele el culo a pólvora en un país donde hasta las
bacterias fecales claman por sus derechos. Confiemos que este sindiós nos pille
a todos confesados con el 'penitencial'. Más vale una tremenda penitencia impuesta por los pecados cometidos que contar cada anochecida los barrotes de la celda.
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