domingo, 11 de enero de 2026

Soldaditos de plomo

 

Estos días se ha escrito mucho en la prensa sobre la ausencia de Pedro Sánchez en los actos de la Pascua Militar. El motivo es que estaba en París asistiendo a la cumbre de la Coalición de Voluntarios por Ucrania convocada por Emmanuel Macron. La representación del Gobierno a los actos celebrados en el Palacio Real estuvo encarnada en la persona de Margarita Robles, ministra de Defensa.  El “plantón” a Felipe VI de Sánchez, al que hace referencia la prensa, no fue tal. La razón de esa ausencia estuvo justificada por el hecho de carecer el presidente del Gobierno del don de la ubicuidad. Nunca supe muy bien qué era eso de la Pascua Militar y tuve que informarme sobre su origen. Con el Tratado de Utrecht (1713) quedó Menorca en manos de los ingleses y 65 años más tarde de esa cesión, Carlos III firmó con Francia la ampliación del Tercer Pacto de Familia con el Tratado de Aranjuez, donde España se comprometía a ayudar los franceses en la Guerra de la Independencia de Estados Unidos, apoyando a las tropas francesas y secesionistas. En contrapartida, los franceses ayudarían a España con la ‘reconquista’ de Gibraltar y Menorca. Y lo cierto es que cumplieron su promesa, aunque los resultados no fueron los esperados. España, finalmente, consiguió recuperar la isla de Menorca pero no el Peñón de Gibraltar.  Pese a ese revés, Carlos III instauró la Pascua Militar en el 6 de enero 1782, fecha en la se liberó la isla de la ocupación británica. Unos antecedentes que se remontan a 1704 con la Guerra de Sucesión  y el establecimiento de la dinastía borbónica en el trono español que inició un período de declive político y económico considerable.  La Pascual Militar, hoy, cuando tres tipos duros se reparten el mundo a su antojo, no ayuda. Carece de sentido en España llorar por la leche derramada o por lo que pudo haber sido y no fue. No queda tiempo para hacer fastos por lo que recuperamos ni sirve para nada lamentarnos por lo que perdimos.  El que quiera distraerse que se meta en un karaoke, que saque del armario la caja de zapatos con los soldaditos de plomo, o que vaya a su cine de barrio a ver "Lo que el viento se llevó". Lo que sea, menos hacer el chorras.


sábado, 10 de enero de 2026

¿Una transición sosegada, dice usted?

 

El presidente de la Comunidad Valenciana, que representa en la actualidad al Estado en esa región, un tal Juan Francisco Pérez Llorca, manifestó ayer en Alcira que “trabajamos para tener un  presidente de España que no nos castigue como hace Sánchez”. Me gustaría saber desde cuándo  es Pedro Sánchez  presidente de España. En todo caso, de serlo, lo sería con una forma de Estado distinta, por ejemplo, con una República. Por cierto, hoy (10 de enero) hubiese cumplido 146 años don Manuel Azaña Díaz, el último presidente de la Segunda República. No sé qué opinaría don Manuel de haberse topado de frente con un individuo del pelaje del actual presidente de la Comunidad Valenciana, que confunde la figura de presidente del Gobierno con presidente de España. ¿Y el rey, en el supuesto de que así fuese, qué papel jugaría en el engranaje del Estado? Añadía Pérez Llorca que “hemos sabido hacer una transición sosegada” al referirse al cese de su antecesor, el descerebrado Mazón, como consecuencia  de aquella dana y su demostrada carencia de empatía y de cordura frente a un desastre que ocasionó la muerte de 230 ciudadanos. Y Pérez Llorca puso la guinda a su pringoso merengue cuando afirmó que “hay dos formas de hacer las cosas: confrontación o solución. Yo me inclino por la segunda, la primera se la dejo a Diana Morant. Nosotros tenemos claro que los ciudadanos no quieren ese camino, sino que quieren soluciones y el PP está en la parte de las soluciones”, en referencia a la valenciana señora de Gandía, ingeniera de Telecomunicación y actual ministra de Ciencia, Innovación y Universidades del Gobierno de España desde noviembre de 2023 y actual secretaria general del PSPV-PSOE desde marzo de 2024. Dice el refrán que “cuando el diablo no tiene nada que hacer, con el rabo mata moscas”. El PP, responsable de esa Comunidad, en vez de poner todo su interés en la reconstrucción de las zonas devastadas por las lluvias torrenciales del pasado 29 de octubre de 2024,  se dedica a señalar al partido del Gobierno como responsable de no sabemos qué. Mazón, que no tuvo la hombría de dimitir (otros por menos están en la cárcel), se limitó a crear una Vicepresidencia para la Recuperación, poniendo al frente a un militar retirado, Francisco Gran Pampols (o Gran Pamplinas) con más estrellas que recursos y una nueva consejera de Emergencias cuyo nombre no recuerdo, tras destituir a la anterior por “falta de empatía”, al tiempo que culpaba a AEMET, a la Confederación Hidrográfica del Júcar y a alguno que pasaba por la calle, del desastre desatado, mientras Núñez Feijóo, ese tábano cojonero, aprovechaba para arremeter contra Sánchez por “no haber ejercido sus competencias y no haber declarado la emergencia nacional”,  pese a ser sabedor de que tales competencias estaban transferidas a esa Comunidad.  El PP afirmó y mantuvo durante mucho tiempo que Núñez Feijóo recibió información en tiempo real desde el primer momento, haciendo suya la “ilusión de la verdad”, tan utilizada por el nazi Goebbels, convencido de que “una mentira repetida mil veces se convertía en verdad”. Pero como la mentira tiene las patas cortas, ayer viernes, Núñez Feijóo tuvo que retractarse y confesar a la jueza de Catarroja por videoconferencia  “que no tuvo conocimiento de la riada hasta alrededor de las 20.00 horas y que ese día el expresidente de la Generalidad  no le trasladó datos en ‘tiempo real’, pese a que anteriormente lo había afirmado por ‘error’. Sí, sí, ya, ya... Además, tuvo que explicar a la jueza que "también contactó con los otros dos presidentes autonómicos que ‘podían sufrir las consecuencias de la riada’, el de Castilla-La Mancha y el de Andalucía, García-Page y Moreno, respectivamente", no sabemos si tras haber consultado previamente a la alquimista Díaz Ayuso y de recibir su placet. En resumidas cuentas, como dice uno de mi pueblo: “Entre todos la mataron y ella sola se murió”.  Si levantase la cabeza don Manuel Azaña se volvería a morir de un patatús. Tal vez, como buen presidente del Ateneo de Madrid (conseguido  en 1930 frente al otro aspirante, Gregorio Marañón) y mejor escritor, se alegraría de que el acrónimo “dana” (Depresión Aislada en Niveles Altos) se haya incorporado recientemente al Diccionario de la RAE. Aquí lo dejo. Que tengan un soportable fin de semana.

 

jueves, 8 de enero de 2026

Subido a la noria

 

Pues nada,  me entero de que ahora resulta que nos llega la borrasca ‘Goretti’ y de que Javier Milei recibirá hoy jueves a  Díaz Ayuso en la Casa Rosada durante su  “viaje institucional”, no sabemos si para hablar sobre la situación de Venezuela o para bailar el tango mientras los incendios arrasan los bosques de la Patagonia. Una cosa no tiene que ver nada con la otra, pero todo suma. Mientras, Trump pone los ojos en Groenlandia; la fábrica de Figueruelas ensambla coches chinos; la Conferencia Episcopal Española señala que asumirá el pago de las indemnizaciones por abusos sexuales; y siendo sabedor de que han talado el árbol de Moguer donde, según Juan Ramón, está enterrado Platero. Empezamos 2026 como si nos hubiese mirado el tuerto. La Iglesia católica lleva muchos años en el epicentro del cogollo del meollo del bollo. Son tantos los pederastas (reconocidos y sin reconocer) que hoy se les habría quedado pequeña la cárcel concordataria de Zamora de los tiempos de Franco y que contaba con el beneplácito del Vaticano. Entonces se les internaba a los curas por pronunciar  homilías subversivas, como fue el caso de Alberto Gabikagogeaskoetxea, o de los franciscanos Felipe Izagirre y Juan Mari Zulaika, por haber asistido al Aberri Eguna. Aquella fue una de las prisiones más frías de España y no estaba preparada para estancias largas. Algunos reclusos fueron torturados y otros, como Jon Etxabe, pasaron uno de sus siete años en celdas de castigo. La mayor parte de los presos que padecieron aquella triste experiencia terminarían colgando los hábitos. Llevamos demasiado tiempo mirando para otro lado cuando se cometen injusticias y nuestro silencio se vuelve cómplice. Nos pasamos la vida acumulando ingentes saberes inútiles sin darnos cuenta de que existen distintos niveles de lectura: elemental, de inspección, analítica y sintópica. Uf, creo que me voy a tomar un vermú con un par de gildas. Después, hasta puede que me acerque a Ranillas por ver la noria gigante que ha colocado la folclórica alcaldesa Chueca. Y por aquello de que “el valor se le supone”, como así consta en mi vieja‘Cartilla militar de tropa’, hasta es posible que monte en ese artefacto que siempre me revuelve la oficina de las tripas con una ‘baliza V-16’ sobre el colodrillo para poder disfrutar desde su cima del esplendor de los extensos dominios chuequenses e intuir por dónde sopla el viento para poder lanzar la cometa. Que la borrasca ‘Goretti’ nos pille confesados.