
Por todos son
conocidos los garbanzos con congrio desde
que los gallegos de Mugía (La Coruña) decidieron hace más de cinco siglos
llevar a cabo un trueque de ese pescado angulado por esparto del valle del
Jalón para hacer amarras de buques. Aquellos pescados se secaban durante el
trayecto en carros tirados por acémilas que duraba sobre quince días desde
Galicia hasta Calatayud. Con el paso del
tiempo, la demanda fue creciendo y en ese pueblo gallego se instalaron varios
secaderos al aire libre. Al congrio se le practicaban entonces, también ahora,
cortes simétricos para evitar que encogiese
al deshidratarse. Todavía en muchos pueblos de Aragón pueden verse congrios
secos colgados en tiendas de comestibles y notar su olor característico. El
congrio, junto con el bacalao salado, las anchoas enlatadas, las sardinas
arenques en tabal, los chicharros en escabeche y la mojama de atún cubrían la
Cuaresma y los días de abstinencia en las clases menos acomodadas. El pescado
fresco era casi inexistente, salvo que hubiese ríos trucheros en la proximidad
de los pueblos. Se estropeaba en el transporte de largos trayectos. Calatayud
llegó a ser zona de alpargateros, cordeleros y sogueros. Algunos sostienen
que las maromas de las primeras carabelas que cruzaron el Atlántico fueron
manufacturadas por obradores de sogas de Calatayud. Por “Informaciones históricas del suministro y consumo de congrio en la
ciudad de Calatayud” (Presentación Quílez
y Francisco Zaragoza, marzo de 2014) se sabe que “el congrio de
procedencia gallega fue más estimado y su precio superior al denominado de Bretaña.
Los mareantes vigueses pescaban el congrio desde Pascua hasta septiembre, la
campaña finalizaba para San Miguel. La ría de Vigo, especialmente el puerto de
Cangas, era el punto don tenían lugar las mayores capturas. Las artes de pesca
utilizadas eran los espineles (cuerdas de las que pendían reinales con
anzuelos), manejadas desde embarcaciones tipo pinaza y dorna. Los sábados de cada
semana, en el caso de faenar frente a las costas portuguesas, la pesca era
descargada en los puertos y entregada a las mujeres, que eran las encargadas de
las labores de preparación y secado del pescado. Por “Informaciones
históricas del suministro…” se sabe que “a los puertos gallegos también
concurrían comerciantes del interior para comprar congrio, muchos de ellos
vinculados con el mercado de la ciudad castellana de Medina de Rioseco, punto
de distribución de pescado de gran importancia. El 27 de septiembre de 1624 el
justicia y los jurados de Calatayud autorizaron a Agustín Uribe para que entregara a Miguel de Tarazona 16.000 sueldos, destinados a la compra de
congrio en Medina de Rioseco para la
provisión de la ciudad de Calatayud”. En 1886 las tiendas de ultramarinos
existentes en Calatayud ascendían a 16, que se ubicaban principalmente en la
plaza del Mercado y en las calles Rúa y Trancas. Por el volumen de ventas de
congrio el comercio más importante fue el de Ricardo Sánchez, seguido por la tienda de ultramarinos de “Hijo de Manuel Ostáriz” y la de Francisco Lafuente Zabalo. Ruperto
de Nola, cocinero del rey de Nápoles Federico
I, recogió la tradición en la preparación de algunas recetas de congrio en
su obra “Libro de cozina”, editado en
Logroño en 1529. Señala que debía elaborarse después de haber
permanecido en remojo incorporando un
sofrito de pimientos verdes, ajos, cebolla y tomate, añadiendo además harina
con una yema de huevo cocido, perejil, pimentón, azafrán, pimiento seco, laurel
y agua. Las últimas noticias de que dispongo hacen referencia a que el secado tradicional de congrio en Mugía
está desapareciendo debido
a razones sanitarias que han forzado el cierre de las últimas cabrías
(secaderos al aire libre) de Os Cascóns y el de
A Pedriña. La imposibilidad de
adaptar este secado al viento a las normativas higiénicas actuales está
acabando con una tradición con siglos de historia. Finalizaré
con una anécdota: pocos días antes del asesinato en Madrid del coruñés Eduardo Dato, (marzo de 1921) sus
amigos más íntimos y los compañeros de partido más allegados le organizaron un
homenaje en ‘Fornos’, en Alcalá esquina con Peligros. En el tarjetón
de la convocatoria figuraba como plato principal ‘faisán al modo de Alcántara’ -relleno de foie de pato y trufa-,
pero, en razón de la vigilia de Semana Santa, los organizadores lo sustituyeron
por un ‘congrio a la manteca negra’.
En tal circunstancia, don Eduardo, que era de buen conformar, dijo a los
presentes: “Tampoco el congrio es mal ave”. Dicho sea de paso, Eduardo Dato
dispone de calle en Calatayud, donde todos
la conocen como “la Rúa”, culebreante
y trazada sobre una rambla, “que comenzaba con la tienda de la señora Gregoria, donde se vendían: confites,
pilongas, avellanas y regaliz, entre otras mercancías”. (Centro de Estudios Bilbilitanos.- Francisco Tobajas Gallego, 13/01/2026. "Cuando la calle de Dato se llamaba La Rúa". Revista 'Cuarta Provincia', núm.7).