Son ya varios los columnistas de la prensa de la derecha que están convencidos de que “van a por el rey”. ¿Quiénes? Según ellos consideran, el gobierno de Sánchez y el resto de las fuerzas de izquierda. A mi entender, Felipe VI se equivocó cuando afirmó que iba a ir a Ceuta tras la tromba de migrantes que invadieron esa ciudad autónoma española ante la pasividad cínica del rey marroquí. Pero el rey español no tuvo presente al hacer tales afirmaciones, sabedor de que necesita el permiso del Ejecutivo para poder dar ese paso. Y no lo tiene. Hoy un periodista de El Debate señala en ese diario digital que “desde Paiporta cada vez es más evidente que el rey es recibido con los brazos abiertos allá donde va mientras que Sánchez no puede ir a ninguna parte sin una escolta que haga muros humanos de separación con la ciudadanía”. Pero hay un motivo que no cuenta. A Sánchez, un energúmeno le dio con un palo en la espalda. Al rey, no. A mi entender, en ese mismo instante, al marcharse Sánchez también lo debería haber hecho el rey, y no lo hizo. Prefirió hacerse fotos con barro en la camisa y ser vitoreado por la calle. Hoy, al leer el artículo de ese periodista pariente de Antonio Maura, también he leído los posteriores comentarios. Uno de ellos recuerda que “la monarquía de Alfonso XIII cayó por el empuje de los partidos del Pacto de San Sebastián, pero también, y fundamentalmente, por la deserción de los monárquicos”. Este es un país donde los franquistas pasaron a ser juancarlistas, de dar culto de latría a un sátrapa a simpatizar con un “campechano” que había perdido todos los derechos históricos antes de su nacimiento en Roma, o sea, en abril de 1931, cuando se marchó cobardemente su abuelo. La historia nos dice que dar la cara por los Borbones (los ‘mejor preparados’ no sabemos para qué) no trae cuenta. Y lo que afirmo no son bravuconadas de taberna. Dice ese periodista que “van a por él”. A mi entender, el monarca va solo, sin necesidad de ayuda. En 1808, los españoles se batieron el cobre con una lealtad extrema en defensa de Fernando VII, el peor rey en la historia de España. Pero antes de ello, lo estuvieron a favor de Felipe V, que llevó al país a la Guerra de Sucesión frente a las tropas del otro aspirante al Trono, el archiduque Carlos de Austria. En ambos casos, un soberano de origen galo pasaría a reinar sin que España dependiera formalmente de Francia. Sin embargo, para las clases acomodadas madrileñas, la insurrección del populacho en 1808 fue una pesadilla que amenazaba el orden social y que les traía malos recuerdos, como el motín de Esquilache en 1766 o las sublevaciones de la Revolución Francesa que habían acabado con el Antiguo Régimen en Francia. Para el pueblo llano, en cambio, lo importante en aquel momento era evitar el traslado de los hijos de Carlos IV a Bayona para forzar su renuncia a la corona española tras su invasión sigilosa por el Tratado de Fontainebleau. Finalmente, los españoles consiguieron lo que querían. El regreso del rey felón a España, tras el descalabro de la Guerra de la Independencia ocurrió en la primavera de 1814. Conocido como "El Deseado", Fernando VII regresó desde su cautiverio en Francia con la intención de restaurar el absolutismo, lo que logró mediante el Real Decreto del 4 de mayo de 1814, derogando la Constitución de 1812 y disolviendo las Cortes de Cádiz. Con el “¡vivan las cadenas!” llegó nuestro calvario. Dicen que sarna con gusto no pica. Ya lo creo que sí.