No es lo normal, pero debo darle la razón a Bieito Rubido, director de El Debate, cuando la tiene. Hoy entiendo que la tiene y se la doy. En su artículo “La amenaza del panettone” hace referencia a “la batalla que se está dando en España entre el roscón de Reyes y el panettone italiano”. Yo, que no como ni lo uno ni lo otro, acostumbro a desayunar un café con leche acompañado de una magdalena. Solo una. Aunque señalan los nutricionistas que el desayuno debe ser la comida más nutriente del día, tengo por costumbre hacerlo frugal y de forma rápida. También la cena si deseo dormir como mandan los cánones, o sea, sin pesadillas, sin flatos y de un tirón. Lo importante es la comida del mediodía. Rubido señala como “invasión de fauna autóctona” todo aquello que de un tiempo a esta parte nos invade imponiéndose sobre nuestras propias costumbres, como es la visita a los cementerios en las festividades de Todos los Santos y el Día de los fieles difuntos los días 1 y 2 de noviembre. Y pone como ejemplo el Halloween; que, como señala el cura de su pueblo, Cedeira, Antonio Rua, al que tiene por buen teólogo y experto en historia del arte, “es negro y trae la oscuridad, mientras que Dios es luz, es blancura, luminosidad. Él tiene razón, pero lo cierto es que la iglesia está vacía esos días y las calles se llenan de niños, y no tan niños, disfrazados de horribles personajes”. Yo añadiría que de igual manera se está perdiendo la costumbre de llevar a los escenarios teatrales “Don Juan Tenorio”, de José Zorrilla, quien se dio a conocer en el entierro de Larra una fría tarde de febrero de 1837 en el cementerio de la puerta de Fuencarral, donde las manos sus amigos le habían preparado un nicho. Todo ello lo dejó bien patente don Natalio Rivas en la ‘primera parte’ de su “Anecdotario Histórico Contemporáneo” (Editora Nacional. Madrid , 1944, pp. 201-206). No conozco a Antonio Rua, al que Rubido tiene por gran teólogo. Tampoco sé si levantando una carcajada se apagan los gemidos. No sé, no sé…