lunes, 27 de abril de 2026

El error de ir a medias

 

Hay dos cosas que detesto: una, pagar a medias; y dos,  esa moda de los platos para compartir en restaurantes. Lo normal es que cada uno pague lo que consume y que cada comida esté en su correspondiente plato. Con el tiempo uno se da cuenta de que el tipo  más gorrón siempre sale ganando. Otra cosa que detesto es el jeta que echa humo a cuenta de otro justificándose con la coletilla “es que estoy dejando de fumar”. No, lo que esta es dejando de comprar. Por ahí no paso. Que cada uno se pague sus vicios. Y no digamos nada del que te pide que le dejes ‘algo suelto’, que mañana te lo devuelve. Nunca te lo devolverá, de la misma manera que nadie devuelve un libro prestado, y en el raro caso de ser devuelto lo recibes tras muchos requerimientos subrayado o desencuadernado.  Por eso digo que no debe compartirse nada ni ayudar a aquel que no los merece, como cuentan que hacía la Dolores de la copla, tan amiga de hacer favores. No debe confundirse ser solidario con ser gilipollas. Comprendo que no hay cosa que fastidie más a un camarero que tener que separar la cuenta de cada comensal, pero cada día que pasa va siendo parte del guión eso de pagar a escote. Cosa distinta es pagar por rondas pero siempre que se aplique el “equilibrio de Nash”,  donde si todos cooperan, todos ganan, aunque si alguien se aprovecha, ¡qué le vamos a hacer!, también sale ganando. Siempre termina perdiendo el que ‘suelta la gallina’. El que no está dispuesto a correr con los gastos sabe en qué momento debe ir al baño y cuánto tiempo debe permanecer en su interior atrincherado. También existen falsos amigos que se acercan a la puerta de una taberna y solo entran en el caso de que en su interior esté apoyado en la barra un conocido “pagafantas” al que ya te tienen tomado el pulso;  los que se arriman a fiestas sin estar invitados dispuestos a agotar la bandeja de canapés, los que invitas un fin de semana a tu apartamento de Peñíscola y se quedan quince días; los que van a mesa puesta y pretenden ser los anfitriones; los que paran el coche en una carretera secundaria para tomar la fruta de un árbol y aprovechar para llenar un cesto, etcétera. La lista de ‘frescos’ es inagotable. En fin, sobre todo ello recomiendo la lectura del libro, “Tacaños, generosos y gorrones”,  de Pancracio Celdrán Gomariz (La Esfera de los Libros, 2014).

 

sábado, 25 de abril de 2026

La rueda de afilar


AFILADOR Y PARAGÜERO! Su historia, su leyenda. Ya instalado en nuestra  barriada de Fuente Santa, los niños creamos pandas con los de la misma  edad. Hubo varias discusiones y se decidió respetarse

 

El hecho de pretender cambiar el nombre del “Club Deportivo de La Coruña” y oficializarlo como “Deportivo da Coruña” parece que moleta a un  sector de los aficionados y al exalcalde de La Coruña Francisco Vázquez (coruñés de nación), que considera ese proyecto como “un error histórico, una deslealtad hacia las señas de identidad de la institución y una maniobra dictada por intereses políticos”. A mí me da que eso es hablar por no callar. No recuerdo esas polémicas con el cambio de nombre del Girona F.C., (fundado en 1930 en el modernista ‘Café Norat’ de la Rambla de la Libertad, muy cerca del Puente de Piedra);  ni con el cambio de nombre  del “Club Deportivo Español”, fundado en 1900,  por el de “Reial Club Deportiu Espanyol de Barcelona, S.A.D”, adoptado  en febrero de 1995.  Lo del añadido de “real” fue tras una concesión de Alfonso XIII en 1912.  Por cierto, Casa Norat fue diseñada por el arquitecto Joan Roca i Pinet en 1912. La planta baja de ese edificio fue donde estuvo instalado el ‘Café Norat’.  Ese café es el escenario de la novela “La nena del Café Norat”, de Carmina Roura Dalmau, ambientada en la vida en Gerona durante la primera mitad del siglo XX. Pero a aquellos que solo conciben el castellano como manejo del idioma en nuestro país no les recomiendo la compra del libro si solo conocen el castellano, al estar escrito en lengua catalana. Todavía recuerdo cuando durante el franquismo las lenguas cooficiales (catalán, gallego, euskera) fueron prohibidas en actos públicos, rótulos comerciales, prensa y libros, y se obligó a traducir los nombres de lugares o personas al castellano. Por una Orden del Ministerio de Justicia de 18 de mayo de 1938 se prohibían los nombres que no figurasen en el santoral y no estuviesen en español, con la excepción de los extranjeros y los no bautizados, que podrían usar su propio santoral o nombres castellanizados de personajes históricos reconocidos. Se llegó al absurdo, prohibiendo al  Instituto de Estudios Gallegos realizar publicaciones en gallego. Fue necesario esperar hasta el 30 de mayo de 1975,  cuando el Ministerio de Educación y Ciencia publicó el Decreto 1433/1975 que regulaba la incorporación de las lenguas nativas en los programas de los Centros de Educación Preescolar y General Básica. Pues bien, como decía al principio,  Francisco Vázquez, que además de ser socio del club ostenta la insignia de oro y brillantes del “Depor” desde hace algo más de 41 años, se ha dirigido ahora por carta a Juan Carlos Escotet, presidente del club, para expresar su opinión sobre el posible cambio que, según Vázquez, “afectaría no sólo al nombre del club sino al escudo”, e incide en lo que considera que supondría esa variación. En fin, con la que está cayendo, que todas las preocupaciones vengan por ahí. Dando por hecho que Francisco Vázquez, doctor en Derecho, es conocedor de la Ley 3/1983, de 15 de junio sobre normalización lingüística, no acierto a comprender qué pretende. En gallego se expresaban Rosalía de Castro, Álvaro Cunqueiro, Castelao y otros muchos autores que han contribuido a la riqueza cultural de Galicia, también cuna de afiladores, todos ellos provistos de tarazanas y chiflos, que hasta crearon una jerga propia: el barallete. De esa manera de comunicarse  podían mantener largas conversaciones entre ellos sin que nadie los entendiese. En la orensana  Nogueira de Ramuín, en la Ribeira Sacra, todavía pueden encontrarse vecinos que conocen esa jerigonza de afiladores, paragüeros y estañadores que hasta hace poco tiempo también acudían a León, Castilla y Extremadura a segar en los veranos.

 

Ritos y parafernalias

Muere a los 85 años en Vigo el inventor del conxuro de la queimada, Mariano  Marcos Abalo

 

Existen tradiciones que solo necesitan tiempo para alcanzan jerarquía de realidad. Una de ellas es la queimada, que cuenta hasta con un conjuro atribuido a Mariano Marcos de Abalo, personaje singular, nacido en A Pobla do Caramiñal, fallecido en 2022. En una entrevista que le hizo la periodista Sandra Penelas en 2007 para el periódico El Faro de Vigo éste le aseguró que el conjuro (‘conxuro’) nació en los guateques de los sesenta. Le contó (leo textual parte de aquella entrevista) que “ideó el conjuro en 1967 en una pensión al lado del puerto de Vigo y en el año 1974, cuando ya actuaba en la discoteca ‘Fausto’, añadió las dos últimas estrofas, en las que se apela al recuerdo de los emigrantes que están fuera. Después, durante nueve años, hizo queimadas en el  barco nocturno de la Ría, sobre todo para japoneses. Se convirtió en un clásico de la Fiesta del Turista y del Parador de Bayona, en donde su número era la gran atracción de la noche. En 1988 le nombraron caballero de la Orden Serenísima de la Alquitara de Portomarín y fue al programa ‘Luar’ de la TVG, el decano de los programas de entretenimiento de toda Europa, pero allí, según él, las queimadas no las disfrutas igual porque no ves a la gente y Gayoso [el presentador] me trató con un poco de desprecio. Su éxito setentero llevó a una imprenta viguesa a editar el conjuro. Un acuerdo entre autor y empresa  le permitió cobrar una peseta por conjuro vendido. Sin embargo, la demanda era tal que fue imposible controlar las copias, los sucedáneos y las versiones. Una de las más famosas, impresa en una tela marrón era la que colgaba de la pared del comedor de casa de mi abuelo. Tan típica como las figuritas de meigas que se venden en el monte de Santa Trega o los collares de conchas de La Lanzada y La Toja. Finalmente en 2001, Mariano registró el conjuro en la SGAE”. Y relató su puesta en escena:

Me pongo un hábito negro, colgantes y un gorro de punta y sobre la mesa coloco una calavera, que me regaló en 1956 un amigo que estudiaba Medicina en Santiago, y un cuerno de cabra, ambos con velas encima. Primero cuento la historia de la queimadao mellor remedio para producir felicidade, las diferentes acepciones de la palabra carallo y varios chistes. Enciendo el aguardiente sobre una concha de vieira y después del pote. A continuación echo el azúcar mientras remuevo la mezcla y pronuncio el conjuro. Cuando el color de la llama es medio azulado lo apago con un paño que tiene un anxo de vento dibujado”.

Aquel empleado del Banco Pastor se limitó a su manera a seguir los pasos de un alfarero de Mondoñedo llamado Tito Freire que inventó en 1955 el recipiente ideal para quemar aguardiente de orujo en reuniones familiares, dando con el rito más importante de Galicia. Doce años más tarde, en 1967, a bordo de un barco decomisado del puerto de Vigo, Mariano Marcos de Abalo recitaría por primera vez unos versos que empezaban así: "Mouchos, coruxas, sapos e bruxas...". Fue en 1974 cuando Mariano le añadió a los versos referencias a Satán y Belcebú y comenzó a representar ese ritual, nada ancestral por cierto, en la discoteca ‘Fausto’ de Vigo. Pero durante décadas, se extendió la creencia de que la queimada era un ritual celta milenario, que desmontó en 1972 el catedrático de la Universidad de Santiago, Carlos Alonso del Real, autor del ensayo“Superstición y supersticiones”, además de hombre de poco fiarse. Falangista e íntimo amigo de Julián Marías, en su juventud delató con una denuncia falsa a su amigo tras la Guerra Civil, lo que provocó el encarcelamiento de Marías en Yeserías, que a punto de causarle la muerte. Alonso del Real abrazó el franquismo y actuó (junto a Darío Fernández- Flórez y el arqueólogo Julio Martínez Santa-Olalla, germanófilo y guía de Himmler en el Museo del Prado) marcando la represión intelectual de posguerra.

 

miércoles, 22 de abril de 2026

Emulsión imposible

ARAGÓN Y CASTILLA Y LEÓN CELEBRAN EL 23 DE ABRIL SU FESTIVIDAD REGIONAL: DE SAN  JORGE A LA BATALLA DE VILLALAR

 

Las comunidades autónomas inventan relatos y esperan que nos los creamos. Sucede en  Aragón con san Jorge y en Castilla y León con la Fiesta de los Comuneros. La leyenda de san Jorge cuenta que ese santo apareció en 1096 para ayudar a las huestes cristianas a recuperar Huesca gracias a su intervención sobre un caballo en la Batalla del Alcoraz. Más tarde se añadió lo del dragón en Beirut, que hizo un nido en la fuente que proveía de agua a la ciudad. Es una variante del antiguo mito griego de la princesa etíope Andrómeda y su salvador y posterior esposo Perseo, vencedor de la gorgona Medusa y del monstruo marino Ceto. Lo cierto es que la Batalla de Alcoraz quedó reflejada (con la cruz de Alcoraz) en uno de los cuatro cuarteles que adornan el escudo  de Aragón. Con el regreso de la democracia se ideó un postre, el lanzón, creado en 1982,  que se compone de bizcocho genovés calado con  ‘licor 43’, relleno de nata montada y turrón de Jijona, cubierto con yema tostada y almendra o huevo hilado. Se le atribuye tal ocurrencia al repostero Amadeo Babot y a su socio, Ángel San José. Ese pastel se suele decorar con la bandera de Aragón, la cruz de San Jorge y un pequeño cachirulo. Pero el gremio de pastelería fue más lejos dos años más tarde, en 1984, creando el Premio Lanzón,  “destinado a premiar a toda aquella persona o entidad que a lo largo del año se hubiese distinguido por sus servicios a la Asociación, a la pastelería en general o al ámbito territorial de Aragón”. Y ese mismo año se le entregó el premio a la Asociación de Prensa y a José Luis Martínez Candial, presidente de Ibercaja. Pero vamos ahora con Castilla y León. Como bien señala hoy Alicia Gallego en un artículo publicado en Diario de León:Se nos pide que asumamos con naturalidad un relato que no sentimos y que no forma parte de nuestra memoria colectiva. Y una no puede evitar pensar, viendo el empeño que ponen algunos en convencernos, que están ‘escandalizados’ de que los leoneses sigamos siendo leoneses. Nos hablan de Villalar como la fiesta ‘de nuestra tierra’. Pero nuestra tierra, la de León, Zamora y Salamanca, tiene una historia, una identidad y una trayectoria propias. No necesita disfraces, ni apellidos prestados, ni relatos construidos desde un despacho para parecerse a otra cosa. Porque el problema no es Villalar. Nadie discute que los castellanos puedan celebrar lo que consideren suyo. Tienen perfecto derecho a hacerlo, igual que nosotros tenemos derecho a sentir propias nuestras tradiciones, símbolos e historia. El problema llega cuando se pretende que los leoneses participemos de una fiesta que nunca fue nuestra. Nuestra memoria está en los concejos abiertos, donde los vecinos decidían juntos mucho antes de que otros descubrieran la palabra democracia. Está en el Reino de León, en las Cortes de 1188, reconocidas como el origen del parlamentarismo. Está en las montañas, en las comarcas, en las plazas de nuestros pueblos, en esa forma nuestra de entender la lealtad, la dignidad y la palabra dada. Por eso resulta tan difícil aceptar que desde la Junta se siga insistiendo en construir una identidad artificial, una especie de traje de talla única en el que a León siempre le sobra por los hombros o por las mangas. No se puede pedir respeto para Castilla mientras niegas la existencia de León. No se puede obligar a los leoneses a celebrar lo que no sienten”. Cierto. Castilla nunca debió ir ligada a León a la hora de vertebrar España en 17 autonomías. Fue como pretender ligar el agua con el aceite mediante una emulsión absurda. ¿Qué tiene que ver un leonés con un  soriano? ¿Y un sanabrés con un segoviano? Lo mismo que un peine con un garbanzo por mucho que éste sea de Fuentesaúco. San Jorge posiblemente nunca pasó de ser un personaje de leyenda y en Villalar se decapitó en el patíbulo el 24 de abril de 1521 a los comuneros Padilla, Bravo y Maldonado, como puede contemplarse en el óleo sobre lienzo de Antonio Gisbert Pérez, de 1860,  adquirido en su día por el Estado por 80.000 reales a instancias de Salustiano Olózaga y que se conserva en el Congreso de los Diputados. Santander y Logroño formaron  comunidades propias y a León, Zamora y Salamanca se les obligó a permanecer en un lugar equivocado. No hay que olvidar que el 4 de mayo de 1984, más de 90.000 personas abarrotaron las calles de  León para pedir que la provincia se constituyese en autonomía. De poco sirvió, porque finalmente una sentencia del Tribunal Constitucional dio por bueno el proceso por el que se había aprobado el Estatuto de Autonomía más tardío de España, sin tener en cuenta que durante la II República el Tribunal de Garantías Constitucionales reconoció la suma de estas tres provincias como una región independiente. En 1979, antes de que se iniciase el proceso autonómico, la Diputación Provincial de León llevó a cabo una encuesta sobre el futuro político del territorio y la mayoría de los ayuntamientos leoneses se posicionaron a favor de constituirse como comunidad uniprovincial. Pero no fueron escuchados. Por eso decía que cántabros y riojanos corrieron mejor suerte; y por eso, también, comprendo que Alicia Gallego vea normal que la fiesta de mañana en Villalar no vaya con los leoneses, que no la sientan como propia. A veces se corta la mayonesa. Pero la culpa siempre será del cocinero.