lunes, 19 de enero de 2026

Sánchez está donde toca


Ana Martín, redactora de El Debate, vomita su mala baba pocas horas después de la catástrofe ferroviaria en la provincia de Córdoba, señalando que el presidente [Sánchez] ha suspendido toda su agenda y se ha desplazado este lunes por la mañana a Adamuz, a diferencia de los cinco días que tardó en visitar la zona devastada de Valencia el 22 de octubre de 2024 con los reyes. En esta ocasión, el presidente no ha esperado a Felipe VI, al que la catástrofe ha pillado en Grecia, para asistir al funeral y al entierro de Irene,  hermana de su madre. A mi entender, Sánchez ha hecho lo que procedía en estas circunstancias por ser el presidente del Gobierno de España. ¿Qué diría ese diario de ultraderecha si Sánchez hubiese retrasado el viaje? Le hubiese puesto de chupa de dómine y tachado de insensato por dejación de sus funciones. No es lo mismo que el jefe del Estado se solidarice con las víctimas de la tragedia, sea desde Madrid o desde Atenas, y que mañana martes tenga pensado hacer una visita de cortesía al lugar del suceso, que desplazarse sin pérdida de tiempo a ese lugar, como ha hecho el presidente del Gobierno, para tratar de dar soluciones a los problemas sobrevenidos derivados de tal desventura. Cierto que Núñez Feijóo apareció -como señala la redactora- por las zonas afectadas por la dana el jueves día 31 de octubre. Pero también es cierto que no resolvió nada positivo con esa visita. Eso no vale. También es cierto que el presidente del Gobierno  se vio empujado a acompañar a los monarcas en Paiporta, en una visita que acabó con el presidente abandonando el lugar escoltado tras haber recibido un golpe con un palo en la espalda lanzado por un energúmeno, mientras los reyes permanecían impasibles ante esa falta de respeto y consideración al jefe del Ejecutivo. Eso tampoco vale. En su artículo de hoy añade la redactora de ese periódico digital de la ultraderecha que  la dana pilló a Sánchez volviendo de un viaje oficial a India. Este domingo, sin embargo, el presidente se encontraba en la Moncloa, después de haber pasado el sábado de ruta en bicicleta de montaña por Castilla y León, cerca de la linde con la Comunidad de Madrid”. Bueno, ¿y qué? ¿Acaso Pedro Sánchez no puede hacer en su tiempo de asueto lo que le venga en gana? A Ana Martín la reconocerán muchos españoles por sus debates en el programa “La Roca” de Atresmedia, siempre discrepante con Tania Sánchez con tono de verdulera de mercadillo de barrio y, también, de aquellos otros contertulios que no piensan como ella, utilizando su habitual descortesía verbal y sin respetar los diversos turnos de palabra. Todo muy propio de una derechona vetusta y caciquil que por aquello de ‘por el Imperio hacia Dios’ siempre cree estar en poder de la cuerda de trenzado. No cabe duda de que una de las funciones de la descortesía es la persuasión del otro.



domingo, 18 de enero de 2026

Sorprendente Zamora

 

 

Zamora es una ciudad leonesa que siempre me sorprende. Lo último, la llegada de un  ancla desde Ferrol para que, junto a un monolito llegado desde Pereruela, en la comarca de Sayago, sea parte integrante del Parque de la Marina Española, cuyo origen se remonta al paseo arbolado que embellecía la carretera de Valladolid a mediados del siglo XIX. Más tarde el paseo se peatonalizó y amplió, para convertirse en un incentivo de la construcción del primer ensanche de la ciudad. No sería hasta la década de los 70 cuando se urbanizaría el parque de forma unitaria, aunque segregado por la calzada que lo atravesaba, subsanado en la década de los 90, cuando un nuevo proyecto modificó este espacio dotándole de la imagen actual. En 1999 se colocó una locomotora “Fives Lille 030” de 1878, de las que solo quedan otras dos: una en Alcázar de San Juan y otra en una chatarrería de Zaragoza procedente de la desmantelada azucarera de Terrer. La actual, la situada en “Las Tres Cruces”, tuvo una larga historia. Su número de fábrica es el 2237 y fue originalmente encargada por la Compañía del Ferrocarril de Ciudad Real a Badajoz.  Tras la absorción de esta compañía, la locomotora pasó a formar parte de la Compañía M.Z.A. Más tarde RENFE la renumeró en 1941 y comenzó a operar bajo la matrícula 030-2214. Estuvo asignada a depósitos en Monforte de Lemos, Ciudad Real y Zaragoza-Sepulcro, y finalmente terminó su servicio en Zamora.  La locomotora fue sometida más tarde a una reparación general en los Talleres de Tracción de Zamora antes de ser transferida a la Azucarera del Duero (Toro), donde RENFE la ofreció para maniobras, pero el Grupo Ebro, propietario de la azucarera, la rechazó –según se dijo- “por  no ser apta para el movimiento de tolvas de gran tonelaje debido a su bajo peso y escasa adherencia", excusa que nunca entendí, porque en Terrer "su hermana gemela" sí cumplió su misión a la perfección durante las campañas remolacheras. De ello puedo dar fe. La vi funcionar y monté en ella. La fuerza de 634 HP no era moco de pavo. Pues bien, como decía, ignoro los vínculos navales de Zamora, salvo que un paisano, Cesáreo Fernández Duro (1830-1908) llegó a conseguir al empleo de capitán de navío. También fue escritor, destacando en cuatro tomos “Memoria histórica de la ciudad de Zamora”; y autor de “El romancero de Zamora” y “El lago de Sanabria o San Martín de Castañeda”, obra esta última que posiblemente ‘iluminó’ a Miguel de Unamuno para escribir su relato corto “San Manuel Bueno, mártir” en 1930, que publicó tres años más tarde junto a “Don Sandalio, jugador de ajedrez”. En “San Manuel…”, el lector se topa de frente con un texto simbólico donde asoma la aldea de Valverde de Lucerna hundida en el lago de Sanabria, donde a veces se escuchaban sus campanadas. El Parque de la Marina Española  es un espacio romboidal en el entorno de “Las Tres Cruces”, como digo, junto a la Estación de ferrocarril, en cuya fonda pernocté en varias ocasiones.  El ilustre marino falleció en Madrid el 3 de junio de 1908 en el  número 3 de la calle de Conde de Xiquena,  a los setenta y ocho años de edad;  y su esposa, María de los Dolores Espelius (con la que se había casado en La Habana en 1861) falleció de repente víctima de la impresión causada por la muerte de su marido,  siendo enterrados ambos a la vez.

 

sábado, 17 de enero de 2026

Cuestión de altura

 

 

Ayer por la noche estuve viendo una entrevista a Rafael Ansón en “Plano general”, un programa de Televisión Española que dirige y presenta Genaro Castro. Ansón es un hombre que lo tuvo casi todo durante el franquismo y la Transición, y que, ahora, en plena lucidez y a sus 90 años manifestó que solo sentía de este mundo no haber sido más alto, como si tal cosa hubiera influido negativamente en su currículum vitae; como si ser alto en esta vida sirviese para algo útil fuera del baloncesto o de poder ejercer de ‘gastador’ en los desfiles militares. Yo, que también soy bajito, no tengo en mi haber complejo de inferioridad alguno ni trato de compensarlo con un comportamiento agresivo o de peor genio, tratando de superar lo que algunos perciben como una desventaja, una disfunción, y no estoy pensando en Napoleón. Tampoco en los reyes tiene importancia la altura. En España siempre hubo personajes variopintos de diversos tamaños. En los de la Dinastía de Trastámara (1366-1555) hubo de todo. Se sabe, por ejemplo, que  los de la Casa de Austria fueron mayormente bajitos (como puede comprobarse en las armaduras que se conservan en los museos) y casi todos ellos heredaron el prognatismo mandibular. Y en los de la Casa de Borbón no digamos: Felipe VI mide dos metros y Alfonso XII no llegaba a 1,60. Lo cierto es que, por regla general las cosas casi nunca fueron como las cuentan, como señaló Gregorio Marañón en el prólogo de la segunda edición se su “Ensayo biológico sobre Enrique IV y su tiempo” (1934), donde aclaraba: “Cada día me parece más claro que Don Enrique IV fue menos impotente de lo que dicen; que su mujer Doña Juana fue mucho más buena de lo que nos cuentan los libros; que la Beltraneja no fue hija del necio  Don Beltrán, sino, quizá, del Rey, que, como todos los cojos, no dejaba de andar, cuando podía, aunque tropezando…”. En resumidas cuentas, entiendo que a Rafael Ansón no debería preocuparle no haber sido más alto. Lo que sí queda claro es que su estatura no es consecuencia de una mala alimentación, si tenemos en cuenta que es en la actualidad presidente de honor de la ‘Academia Internacional de Gastronomía​’. Con eso lo digo todo. Para gigante ya tuvo la Historia a Goliat, y todos sabemos como quedó el filisteo de perjudicado después de la pedrada que le lanzó por David con una honda.

 

viernes, 16 de enero de 2026

El fuego de san Antón

 

 

Todavía existen viejas tradiciones relacionadas con el día de san Antón, entre ellas las hogueras, la bendición de las mascotas en las puertas de las parroquias y el dicho “por san Antón, el que no mata cochino no come morcillón”. Todo proviene de los siglos XI y XV cuando Europa sufrió epidemias de argotismo gangrenoso, también conocido como el “fuego de san Antón” por la continuada ingesta de pan de centeno contaminado de un hongo llamado cornezuelo (Claviceps Purpúrea ) de efectos alucinógenos. A aquellas personas enfermas se les acusó de brujería y el único remedio a sus males, según se mantenía entonces, consistía en peregrinar a Santiago de Compostela, o  ser tratadas en el convento de san Antón, en Castrojeriz  (Burgos). En aquel cenobio, los frailes antonianos les curaban y antes de su marcha les ponían un escapulario con la Tau. Ya en nuestros días un químico suizo, Albert Hoffman, estudiando el cornezuelo descubrió en 1943 el LSD de tan terribles efectos.  Pero antes de ello, en 1936, el médico Ramón Obella Vidal y el farmacéutico Francisco Rovira fundaron en Vigo el ‘Instituto Bioquímico Miguel Servet’, en el que también trabajó el político galleguista Alexandre Bóveda (ejecutado por los franquistas) y el químico Fernando Calvet. Idearon el ‘Pan Ergot’, producido a partir del cornezuelo, como remedio contra las jaquecas y el glaucoma. Más tarde, Zeltia’  empezó a experimentar con sus alcaloides en Obstetricia, dando lugar a unos inyectables de  aquel invento que evitaban hemorragias a las parturientas. Algunos gallegos llegaron a denominar al cornezuelo como el  volframio vegetal’, por la importancia económica de las exportaciones de ese fármaco, relacionada con los beneficios que en los años 40 tuvo la extracción de ese mineral de brillo metálico gris que se exportó a Alemania para endurecer las chapas de sus equipos acorazados durante la Segunda Guerra  Mundial. No hay que olvidar que durante los años 50 el kilo de cornezuelo llegó a tener un valor de 1.000 pesetas, que era una suma importante en aquel momento.   En muchos partos de aldeas gallegas solía ser frecuente que entrara en acción la ‘curandeira’, que recogía el ‘garuncho’ (cornezuelo), lo cocía y después se lo daba a beber a la recién paridas porque le ayudaba a las contracciones del útero. En aquellos años oscuros de la dictadura franquista, donde la Iglesia Católica tuvo un papel fundamental en la represión de todo lo que se movía, existieron ‘curandeiras’ que recorrían aldeas olvidadas  y que lo mismo ayudaban  a parir que a provocar abortos. Sobre ello existe un silencio sepulcral.