viernes, 2 de enero de 2026

Un país de viejos

 

 

Ahora resulta que la U.E. quiere cargase la festividad de la Epifanía, tan celebrada en España, y que los chavales vuelvan a las aulas el 4 de enero. De ser así, se acabarán definitivamente las cabalgatas de Reyes, la entrega de regalos a los niños y el típico roscón con el que se pone fin a las navidades. Se perderá una vieja tradición española, la llegada de los Magos de Oriente al portal del belén casero, con el oro, el incienso y la mirra traducidos en juguetes (para los que han sido traviesos, carbón) y se pondrá fin a los sueños infantiles a la hora de escribir las cartas y de colocar los zapatos cerca de la ventana con alguna cotufa para los camellos conducidos por los pajes cansados de su largo peregrinar. En nuestro país, como señalan las estadísticas, cada año se producen menos nacimientos y ya existen muchas aldeas donde no corretean los niños y donde, en consecuencia, también han desaparecido las escuelas públicas. España es un  país envejecido, como digo. La pirámide demográfica se ha invertido: la mitad de la población pasa de los 45 años y más del 20% son mayores de 65 años. Pero sucede que  este país no está preparado para ser un cementerio de elefantes. Las residencias son carísimas, el trato  en ellas suele ser deficiente y preocupa el alto índice de ancianos que viven en la más penosa e ingrata soledad. Vivimos en una sociedad deshumanizada donde muchos hijos solo se acuerdan de sus progenitores para ir al notario. La solución a la falta de mano de obra y de nacimientos que tomen el testigo en las empresas solo podrá solucionarse, si acaso, con la llegada de migrantes, algo que detesta una crecida ultraderecha que está escalando posiciones en la esfera política europea por razones que no acierto a comprender. Si alguien lo entiende, que me lo explique.

 

lunes, 29 de diciembre de 2025

Entre muertos y bohemios

 

 

De entre los casos de la vida insólita que conozco me quedo con algo leído en Diario de León: “Citan en el Hospital de León a un muerto, se disculpan y vuelven a citarlo otra vez al día siguiente. El finado había fallecido hacía 19 años y se le reclamó para pasar una consulta de Urología”. ¡Chupa del frasco! Es como si mañana llamaran a filas para hacer el Servicio Militar  a don Adolfito Carballo García, perteneciente a familia de excelente reputación y que murió en un asilo de ancianos, no recuerdo en qué población de Galicia en 1904, según  relató don Félix Estrada Catoyra, cronista oficial de La Coruña. Y ya que hago referencia a don Adolfito, diré que era hijo de un médico y comenzó a estudiar Farmacia en Santiago de Compostela. Quedó huérfano de padre y madre y las malas artes de su tutor le privaron de la herencia. Se incorporó al ejército como músico del Real Cuerpo de Guardias Alabarderos en la guerra de Marruecos y una vez  licenciado se enteró de la muerte de su novia. Entonces empezó a recorrer  Galicia, Asturias y Cantabria cantando y tocando el violín.  En Santander, delante de un hotel, tocó una mazurca y Pablo Sarasate allí alojado salió a la ventana y lanzó una moneda de cinco pesetas a su sombrero. El muerto en León llamado a consulta médica  con 19 años de retraso y la triste figura del bohemio don Adolfito constituyen dos muestras que ponen de manifiesto cómo anda de aceite el candil patrio. No sé. Hasta podría acontecer que mañana me llamaran para poner mi foto en una orla por confundirme con el inventor del abrelatas. Anda, niño, déjame pasar.

 

domingo, 28 de diciembre de 2025

Lo otros santos inocentes

 

Según nos recuerda Jorge Fernández Díaz  en su “homilía” de hoy en La Razón, los Santos Inocentes fueron las criaturas a las que Herodes mandó matar cuando tuvo conocimiento de que un personaje profetizado había nacido por aquellas fechas en la localidad de Belén de Judá, y temía que pudiera ser una amenaza para su autoridad regia”, como introito a que, según refiere: “hoy también son muchos los niños inocentes que son exterminados cuando todavía no han nacido y están en gestación en el seno materno, y cuando son recién nacidos o poco después”. Pero el exministro del Interior y miembro numerario del Opus Dei no aclara al lector si esos recién nacidos exterminados de los que nos habla son por culpa del Sacamantecas que los degüella  para sacarles los untos o por otras causas que desconocemos. Podría haber puesto el ejemplo de lo que está sucediendo en Gaza, donde ahí sí mueren muchos niños inocentes por culpa de los bombardeos de los judíos. Porque lo que sucede en Gaza no es una guerra de palestinos contra israelíes, sino un intento de Benjamín Netanyahu de apoderarse por las armas de un territorio que no le pertenece. Lo que sí parece cierto es que Herodes I el Grande vivió desde el 37 a. C hasta el 4 a. C. La inverosímil leyenda de la matanza de inocentes de Belén narrada en el capítulo 2 del evangelio de Mateo, por tanto, no se sostiene. El 28 de diciembre siempre fue un día de bromas, de colocar monigotes en la espalda del compañero de oficina despistado, o de leer cosas insólitas en la prensa de papel. Pero el sentido del humor de los españoles está cambiando y las ‘inocentadas’ han caído en declive. Ahora hay una melancolía colectiva que lo invade todo. Hemos perdido el sentido del humor, la capacidad de sorpresa, se nos ha quedado cara de acelga y no hay forma de relajar el ambiente. Hoy también leo en la prensa que ha muerto Brigitte Bardot, más conocida como BB, que pasó de ser un icono de mi época juvenil a dejar el cine, las pompas y consagrar su vida a la defensa de los animales y a apoyar a la ultraderecha francesa. En 1967, con Serge Gainsbourg compuso a dúo  'Je t'aime... moi non plus' ,  grabada en 1968 y editada en 1986 por aquel músico junto a Jane Birkin, donde se escuchaban gemidos eróticos de la cantante que fueron tachados como obscenos por una parte de la calenturienta curia vaticana; donde, curiosamente, se tapaban y se siguen tapando numerosos delitos de pederastia cometidos por purpurados desvergonzados. Por eso digo que los santos inocentes, si acaso, fueron otros.

 

viernes, 26 de diciembre de 2025

Tirar del carro

 

La estampa, o la foto, de Felipe VI en el centro del Salón de Columnas del Palacio Real de Madrid semejaba la de un cicerone enseñando a un puñado de turistas el lugar que fuese comedor de gala y lugar de exposición del cadáver de Mercedes de Orleans, consorte de Alfonso XII hasta el 26 de junio de 1878 y de Francisco Franco en noviembre de 1975.  Pero el hombre de pie y bien trajeado no era un cicerone sino el jefe del Estado, que aprovechaba en su discurso de felicitación de Navidad para poner el acento en el deterioro de la convivencia nacida de la Transición, de la inquietante crisis de la confianza en la democracia y de la forma en la que deberemos afrontar el futuro. Era, como digo, un aviso a navegantes que había perdido la aguja de marear. Un discurso lacónico que debería hacer reflexionar a los políticos. Ya se sabe lo que dijo Gracián en su Oráculo manual y arte de la prudencia’ (Huesca, 1647): “Lo bueno, si breve, dos veces bueno”. La brevedad es lisonjera y gana por lo cortés lo que pierde por lo menguado. Aquel ‘Oráculo’ se lo dedicó Gracián al Conde-duque de Olivares, segundo valido de Felipe IV, pintado por Velázquez y al que Gregorio Marañón le hizo un ‘traje a medida’ con su destierro a Toro, en su magnífico ensayo de 1936  dedicado a Azorín. No cabe duda de que hay un cambio de ciclo, no sabemos si para bien o para mal. El resentimiento aflora como la mala hierba y las dos mitades de ciudadanos que conforman el conjunto del Estado se repelen como los polos invertidos de dos imanes. Y el Hemiciclo es el espejo donde los representantes de unos y de otros se miran y se insultan como leones enjaulados. Esas dos mitades, como digo, están simbolizadas en los otros leones, Daoiz y Velarde, con cañones de la batalla de Wad-Ras fundidos en la Real Fábrica de Artillería de Sevilla en el año 1865,  transformados por  Ponciano Ponzano e inaugurados en 1851. Para otros, las dos efigies serían Hipómenes y Atalanta, personajes de la mitología griega que tiran del carro de Cibeles, condenados a no poder volver a mirarse.