lunes, 12 de enero de 2026

Cagalentejas

 

Los que no sean zamoranos desconocen la figura del conquero, uno de los principales símbolos de la Semana Santa toresana, perteneciente a la Cofradía de Jesús Nazareno y Ánimas de la Campanilla y que cada Jueves Santo, en el atrio de la sede de la cofradía, la iglesia de Santa María de Roncesvalles y Santa Catalina, tiene lugar su bendición. Una vez finalizado el ritual, los cuatro conqueros recorren las calles de Toro con el rostro tapado con un capirote, en riguroso silencio y golpeando sus varas contra el suelo para llamar la atención, exigiendo más que implorando donativos para la cofradía. Conquero viene de conca, un recipiente manual que se utilizaba antiguamente para catar el recio vino tinto de esa tierra. A los conqueros también se les denominaba de forma despectiva como ‘cagalentejas’. El trabajo de esos cofrades comienza al mediodía del Jueves Santo, cuando tañen las campanas del Arco de reloj. Desde 2018, tras el cabildo del Domingo de Lázaro, se ha implementado un cambio significativo en la composición de la hermandad. Ese cambio se debe a la promulgación de un estatuto marco por parte del Obispado, el cual establece que las cofradías deben estar integradas por fieles bautizados, tanto hombres como mujeres. Parece evidente que haber sido bautizado sea la premisa necesaria para ser cofrade, de la misma manera que a los soldados (en tiempos de paz) el valor se les supone. Pues bien, los cuatro conqueros representan a las cuatro parroquias que había hasta hace unos años en Toro: San Julián de los Caballeros, la Santísima Trinidad, Santa María la Mayor y Santo Tomás Cantuariense. Se cuenta que los fondos recaudados sirvieron antaño para el enterramiento de los hermanos que no podían hacer frente al funeral y las correspondientes misas. Esos nazarenos de Ánimas visten túnica negra, se conjuran ante los abades (de túnica morada) y juran guardar silencio. Seguidamente les es entregada la conca y una insignia tipo chuzo. La explicación más aceptada del  estrambótico nombre de ‘cagalentejas’ alude a esas legumbres a las que los abades solían invitar a  a cenar el Jueves Santo a los postulantes para que cobraran fuerzas. En tiempos pasados, cualquier niño que anduviera por las calles durante el ocaso solar temía encontrar a un siniestro hombre que tañía una esquila mientras decía "ánimas benditas" con voz quejumbrosa. No era para menos. Sigue siendo costumbre que pasadas las dos de la madrugada, se busque al cura, que dará el Sermón del Mandato a las seis de la mañana en Santa Catalina; a los celadores y a los integrantes de la Corporación municipal, y que desde el Ayuntamiento, todos en unión se acerquen  hasta la Colegiata (sobre las 10 horas).  Allí descansan hora y media, momento en el que cofrades y abades aprovechan para degustar bacalao al ajo arriero. Más tarde continúa la procesión, que suele concluir sobre las dos de la tarde en la iglesia de Santa Catalina, donde se lleva a cabo  el tradicional baile de los pasos alrededor de la imagen de la Soledad, ante Nuestro Padre Jesús, titular de la Cofradía, con el acompañamiento musical de la canción legionaria 'El novio de la muerte'. Por cierto, acabo de leer que el próximo sábado 24 de enero  se bendecirá una obra en bronce dedicada al 'cagalentejas' en la plazuela de Jesús Nazareno y la Soledad, creada por el artista local José Antonio Samaniego de Tiedra.

 

domingo, 11 de enero de 2026

Soldaditos de plomo

 

Estos días se ha escrito mucho en la prensa sobre la ausencia de Pedro Sánchez en los actos de la Pascua Militar. El motivo es que estaba en París asistiendo a la cumbre de la Coalición de Voluntarios por Ucrania convocada por Emmanuel Macron. La representación del Gobierno a los actos celebrados en el Palacio Real estuvo encarnada en la persona de Margarita Robles, ministra de Defensa.  El “plantón” a Felipe VI de Sánchez, al que hace referencia la prensa, no fue tal. La razón de esa ausencia estuvo justificada por el hecho de carecer el presidente del Gobierno del don de la ubicuidad. Nunca supe muy bien qué era eso de la Pascua Militar y tuve que informarme sobre su origen. Con el Tratado de Utrecht (1713) quedó Menorca en manos de los ingleses y 65 años más tarde de esa cesión, Carlos III firmó con Francia la ampliación del Tercer Pacto de Familia con el Tratado de Aranjuez, donde España se comprometía a ayudar los franceses en la Guerra de la Independencia de Estados Unidos, apoyando a las tropas francesas y secesionistas. En contrapartida, los franceses ayudarían a España con la ‘reconquista’ de Gibraltar y Menorca. Y lo cierto es que cumplieron su promesa, aunque los resultados no fueron los esperados. España, finalmente, consiguió recuperar la isla de Menorca pero no el Peñón de Gibraltar.  Pese a ese revés, Carlos III instauró la Pascua Militar en el 6 de enero 1782, fecha en la se liberó la isla de la ocupación británica. Unos antecedentes que se remontan a 1704 con la Guerra de Sucesión  y el establecimiento de la dinastía borbónica en el trono español que inició un período de declive político y económico considerable.  La Pascual Militar, hoy, cuando tres tipos duros se reparten el mundo a su antojo, no ayuda. Carece de sentido en España llorar por la leche derramada o por lo que pudo haber sido y no fue. No queda tiempo para hacer fastos por lo que recuperamos ni sirve para nada lamentarnos por lo que perdimos.  El que quiera distraerse que se meta en un karaoke, que saque del armario la caja de zapatos con los soldaditos de plomo, o que vaya a su cine de barrio a ver "Lo que el viento se llevó". Lo que sea, menos hacer el chorras.


sábado, 10 de enero de 2026

¿Una transición sosegada, dice usted?

 

El presidente de la Comunidad Valenciana, que representa en la actualidad al Estado en esa región, un tal Juan Francisco Pérez Llorca, manifestó ayer en Alcira que “trabajamos para tener un  presidente de España que no nos castigue como hace Sánchez”. Me gustaría saber desde cuándo  es Pedro Sánchez  presidente de España. En todo caso, de serlo, lo sería con una forma de Estado distinta, por ejemplo, con una República. Por cierto, hoy (10 de enero) hubiese cumplido 146 años don Manuel Azaña Díaz, el último presidente de la Segunda República. No sé qué opinaría don Manuel de haberse topado de frente con un individuo del pelaje del actual presidente de la Comunidad Valenciana, que confunde la figura de presidente del Gobierno con presidente de España. ¿Y el rey, en el supuesto de que así fuese, qué papel jugaría en el engranaje del Estado? Añadía Pérez Llorca que “hemos sabido hacer una transición sosegada” al referirse al cese de su antecesor, el descerebrado Mazón, como consecuencia  de aquella dana y su demostrada carencia de empatía y de cordura frente a un desastre que ocasionó la muerte de 230 ciudadanos. Y Pérez Llorca puso la guinda a su pringoso merengue cuando afirmó que “hay dos formas de hacer las cosas: confrontación o solución. Yo me inclino por la segunda, la primera se la dejo a Diana Morant. Nosotros tenemos claro que los ciudadanos no quieren ese camino, sino que quieren soluciones y el PP está en la parte de las soluciones”, en referencia a la valenciana señora de Gandía, ingeniera de Telecomunicación y actual ministra de Ciencia, Innovación y Universidades del Gobierno de España desde noviembre de 2023 y actual secretaria general del PSPV-PSOE desde marzo de 2024. Dice el refrán que “cuando el diablo no tiene nada que hacer, con el rabo mata moscas”. El PP, responsable de esa Comunidad, en vez de poner todo su interés en la reconstrucción de las zonas devastadas por las lluvias torrenciales del pasado 29 de octubre de 2024,  se dedica a señalar al partido del Gobierno como responsable de no sabemos qué. Mazón, que no tuvo la hombría de dimitir (otros por menos están en la cárcel), se limitó a crear una Vicepresidencia para la Recuperación, poniendo al frente a un militar retirado, Francisco Gran Pampols (o Gran Pamplinas) con más estrellas que recursos y una nueva consejera de Emergencias cuyo nombre no recuerdo, tras destituir a la anterior por “falta de empatía”, al tiempo que culpaba a AEMET, a la Confederación Hidrográfica del Júcar y a alguno que pasaba por la calle, del desastre desatado, mientras Núñez Feijóo, ese tábano cojonero, aprovechaba para arremeter contra Sánchez por “no haber ejercido sus competencias y no haber declarado la emergencia nacional”,  pese a ser sabedor de que tales competencias estaban transferidas a esa Comunidad.  El PP afirmó y mantuvo durante mucho tiempo que Núñez Feijóo recibió información en tiempo real desde el primer momento, haciendo suya la “ilusión de la verdad”, tan utilizada por el nazi Goebbels, convencido de que “una mentira repetida mil veces se convertía en verdad”. Pero como la mentira tiene las patas cortas, ayer viernes, Núñez Feijóo tuvo que retractarse y confesar a la jueza de Catarroja por videoconferencia  “que no tuvo conocimiento de la riada hasta alrededor de las 20.00 horas y que ese día el expresidente de la Generalidad  no le trasladó datos en ‘tiempo real’, pese a que anteriormente lo había afirmado por ‘error’. Sí, sí, ya, ya... Además, tuvo que explicar a la jueza que "también contactó con los otros dos presidentes autonómicos que ‘podían sufrir las consecuencias de la riada’, el de Castilla-La Mancha y el de Andalucía, García-Page y Moreno, respectivamente", no sabemos si tras haber consultado previamente a la alquimista Díaz Ayuso y de recibir su placet. En resumidas cuentas, como dice uno de mi pueblo: “Entre todos la mataron y ella sola se murió”.  Si levantase la cabeza don Manuel Azaña se volvería a morir de un patatús. Tal vez, como buen presidente del Ateneo de Madrid (conseguido  en 1930 frente al otro aspirante, Gregorio Marañón) y mejor escritor, se alegraría de que el acrónimo “dana” (Depresión Aislada en Niveles Altos) se haya incorporado recientemente al Diccionario de la RAE. Aquí lo dejo. Que tengan un soportable fin de semana.