Hoy me pedía el cuerpo comentar algo sobre los jabones “Lagarto”, fundada en San Sebastián en 1914, y que desde hace 55 años estaba situada en un polígono industrial de Zaragoza, pero que por causas que desconozco desaparecerá para ser por traslada su producción a Illescas, en la Provincia de Toledo. Sobre aquel ‘jabón de tajo’ había escrito hoy, pero sin saber por qué razón no he podido editarlo como hubiese sido mi deseo. A veces, el ordenador arcaico que poseo me hace esas faenas. ¡Qué le vamos a hacer! No pasa nada, y si pasa, ¿qué pasa? Chueca, la alcaldesa de Zaragoza que había amenazado con poner multas de hasta de 3.000 euros a aquellos pobres que durmiesen en los parques públicos, por ejemplo en el Parque Bruil, como parece que se ha dado cuenta de que quienes pernoctan al sereno lo hacen por no tener posibles y, en consecuencia, ni otro sitio donde dormir, ha decidido rebajar esas abultadas sanciones a 50 euros, cantidad que presumo que tampoco poseen los desheredados de la fortuna. Lo que debería hacer esa alcaldesa que administra la urbe con la ayuda de Vox sería aumentar las plazas del albergue municipal y dejarse de decir sandeces un día sí y otro también. Y si no queda dinero público para esos menesteres, que lo pinte, que para hacer un nuevo y flamante estadio de fútbol para un equipo de Primera Federación (tercera categoría de sistemas de liga donde suelen participar los equipos filiales con jugadores no profesionales) al que está abocado el Real Zaragoza, si parece que haya fondos. También hay dinero para ayuda de la fiestas de los toros, por imposición de sus socios de ultraderecha. El Ayuntamiento, con un presupuesto de 1.039.813.747 millones de euros, además de otros 34 millones de las sociedades municipales (‘Zaragoza Vivienda’ y‘Ecociudad’), otros 50 millones de financiación afectada, es decir, créditos vinculados a proyectos concretos, más las guindaleras de sanciones, multas de tráfico, etc., no tiene excusa para dedicar más dinero a asuntos sociales Esa señora, que maneja el dinero público como si de una empresa se tratase, debería ser más solidaria y tener más empatía con los”sintecho” y dejarse de derrochar dinero público en folclorismos trasnochados a mayor gloria suya. Zaragoza es una de las ciudades más ruidosas y sucias de España, donde las ratas campan a sus anchas en parques y calles cuando desaparece el sol, donde huele mal por razones que desconozco, y donde no se ejerce un exhaustivo control de terrazas de bares por parte de la Policía Local, que no pisa las calles de los barrios. Pasan, pero de largo y sin apearse de los coches-patrulla, salvo para multar a algún pobre hombre que marcha en patinete con una bolsa de 'Glovo' a la espalda por el carril-bici o a algún conductor despistado. Los alcaldes, que lo sepa esa señora, no gobiernan, administran. Sentí vergüenza ajena hace pocos días viendo a la alcaldesa (durante las fiestas del barrio de Arrabal), repartir churros a dos euros la docena en la barraca de “La bola de plata”, instalada en la calle Sobrarbe. Eso se define como populismo de baja intensidad en un intento de ganar adeptos mediante la manipulación emocional de cuatro idiotas que le siguen el juego.