viernes, 17 de abril de 2026

Vivir bajo chantaje

 Ignacio Garriga (Secretario General y Presidente de VOX en el Grupo  Parlamentario de Cataluña) - VOX


El secretario general de Vox a nivel nacional, Ignacio Garriga, apuntó este viernes que "la música del pacto sellado ayer entre su formación política y el Partido Popular para conformar el gobierno de la Junta de Extremadura será la que va a acompañar al acuerdo de Aragón y, también, al de Castilla y León". No cuenta nada Garriga que no sepamos. Queda claro que  Guardiola en Extremadura, Fernández Mañueco en Castilla y León y Azcón en Aragón se han metido en fregados de difícil manejo y que deberán bailar con la más fea la pieza más larga, da igual que sea fox-trot, merengue o pachanga. Todo es extrapolable. De entre las muchas exigencias de Vox aparecen como prioritarias eliminar subvenciones a sindicatos y patronal, la oposición al reparto de inmigrantes ilegales y  a Mercosur, las exigencias en los repartos de consejeros y procuradores, la denunciar al Pacto Verde europeo, la bajada de impuestos, la derogación inmediata de la Ley de Memoria Democrática (en Aragón ya contemplada), la persecución del comercio callejero, la supresión del Impuesto sobre Patrimonio, Sucesiones y Donaciones, la liberalización del suelo, las ayudas a la fiesta de los toros, la derogación de la Ley de Violencia de Género…, uf, para el carro, que me apeo. Necesito tomarme una biodramina y echarme un trago de orujo "El afilador".. Falta saber qué ocurrirá en Andalucía, donde Moreno Bonilla, que tiene apellidos de árbitro de futbol, y si su partido obtendrá la mayoría absoluta. Ya te lo miraré, pero no creo. Como decía aquel maestro de escuela que confundía la sangre con las letras: “Todo se andará si la vara no se rompe”. Es peliagudo vivir bajo chantaje y cuando no queda otra que obedecer y cumplir la voluntad de otros, aunque piense parecidos por ser primos, no pronuncies sus nombres, para no quedarse in púribus, como cuentan que se quedó el gallo de Morón, sin plumas y cacareando. En este carrusel de atrocidades, el tiovivo resulta mareante y la música insufrible. De nada servirá que Azcón se ponga farruco ante tanta exigencia de los cogobernantes ultras, sus primos, no pronuncies sus nombres, que han llegado para quedarse. El burro aragonés se ata donde quiere el amo, o sea, un tal Alejandro Nolasco; el burro  extremeño, donde diga Óscar Fernández; y el de los castellanos y leoneses donde ordene Pollán, que para eso es de La Bañeza. Toma, Jeroma, pastillas de goma que son pa’la tos. Y A Jorge Azcón que le vayan dando nasti de plasti.

 

Querer y poder

 

Por Luis María Anson me entero de que Leopoldo Calvo-Sotelo, del que ahora se han cumplido cien años de su nacimiento, pretendió ser académico de la RAE. No lo consiguió. Así lo cuenta Anson: “Almorzó un día conmigo y me pidió que pilotara la operación. Lo hice con mucho gusto. A los diez o doce días le dije que no tenía ambiente en la Academia y que si se presentaba le ocurriría lo que a Romanones. No se lo creyó y buscó otra vía, creo que con Víctor García de la Concha. Recibió la misma respuesta. Irritado por el rechazo, y entristecido, esa frustración le acompañó el resto de su vida”. Lo intentó también Francisco Umbral, sin éxito,  y otros muchos.  Incluso a algunos se les negó la entrada por su condición de mujer. Tal fue el caso de Emilia Pardo Bazán (rechazada en tres ocasiones), Gertrudis Gómez de Avellaneda, María Moliner y Blanca de los Ríos. La primera mujer en ser admitida, aunque solo como académica honoraria, fue Isidra Quintina de Guzmán  (propuesta por sugerencia de Carlos IV en 1784), pero no se le permitió ser miembro de número. Es decir, si pero no. Fue necesario esperar a 1979 para que la poetisa Carmen Conde tomara posesión de su silla ‘K’. Había sustituido la vacante que dejó tras su fallecimiento el dramaturgo Miguel Mihura. El caso de Álvaro Figueroa y Torres, conde de Romanones, fue sonado por su espantada "¡Joder, qué tropa!". Fue académico multidisciplinar  pero no consiguió ingresar en la RAE porque no obtuvo ni un solo voto de los electores, que con anterioridad le habían prometido unánimemente su aprobación. En efecto, fue académico de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando y miembro de la Sección de Escultura, elegido en 1905 e ingresado en 1907. Además, ocupó el cargo de director de esa institución desde 1910 hasta su fallecimiento en 1950; de la Real Academia de la Historia; de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas; y presidente del Ateneo de Madrid. Hubo otros escritores que encontraron grandes dificultades para su admisión, entre ellos Benito Pérez Galdós y José Martínez Ruiz, ‘Azorín’ En enero de 1889 se votó por primera vez la  candidatura de Galdós  compitiendo con Francisco Commelerán, saliendo elegido ese catedrático de latín de instituto. En febrero de aquel año se produjo otra vacante, pero Galdós no lo quiso intentar, quizás aconsejado por su amante, Emilia Pardo Bazán. Finalmente, en junio de aquel año los académicos convencieron a Galdós para que se volviera a presentar, y entró sin problemas. Azorín intentó entrar en la Academia en 1908 sin conseguirlo. En 1913, apadrinado por Antonio Maura, lo intentó de nuevo tras la muerte de Miguel Mir Noguera, pero la plaza se la dieron a un político de dudosa carrera literaria, Juan Navarro Reverter. La indignación de la prensa fue grande. Finalmente ingresó en 1924. Está claro que para ingresar en la RAE, además de ser tener gran prestigio literario, se necesita disponer de amigos dentro de la Institución que avalen la candidatura. Si no fuese por ser tachado de racista diría que es una "presunta merienda de negros", donde la simpatía de ciertos académicos hacia el candidato propuesto, independientemente de sus méritos literarios, que se le suponen, forma parte esencial de la admisión o del rechazo en esa Institución. Los casos de Galdós (por celos profesionales), de Romanones (por su poderío político), de Umbral (por su aparente endiosamiento), o de Calvo-Sotelo (por su ramalazo antipático) podrían servir de muestra de lo que afirmo.

 

jueves, 16 de abril de 2026

Trabajar para el inglés


No existe mejor placer que trabajar en lo que a uno le gusta. El pasado fin de semana se celebró en Alcañiz (Teruel) el ‘Campeonato Nacional de Arada’, que ganó por noveno año consecutivo  David Rodríguez, leonés de Mansilla de las Mulas. Hubo, como digo, dos días de pruebas. Lo normal es que se realice un día sobre pradera y otro sobre paja o cereal, pero en este caso se practicaron las dos pruebas sobre paja y cereal a falta de pradera. Se trató de arar una superficie determinada, durante un tiempo cronometrado, de la manera más recta y sin tecnología de guiado. En septiembre de este año le espera a David Rodríguez  el campeonato mundial en Croacia, que es el paso posterior al nacional del año pasado. Cada participante se debe hacer cargo de todos los gastos de estancias y desplazamientos,  ya que desde la pandemia de coronavirus los participantes  carecen dotación económica  y la ayuda de algún patrocinador resulta difícil de encontrar. En una entrevista en Diario de León, David Rodríguez señaló que “estaría dispuesto a enseñar a otros lo que él sabe sin ningún problema y que lo que hace falta es echarle tiempo y disponer de un arado específico para competición, de un coste parecido al de un pequeño coche utilitario”.  En ese campeonato existen dos modalidades de arada: fijo y reversible. Este año David Rodríguez ganó en la modalidad de fijo y Felipe Sevillano consiguió la de reversible. Tras los dos días de campeonato, los concursantes y otras 80 personas se reunieron en una amistosa comida. El arado se inventó hace ya más de 5.000 años en Mesopotamia y fue evolucionando con el romano, que introdujo  la reja de hierro para profundizar en la tierra y la vertedera para voltear mejor el suelo; en 1730 se inventó el llamado ‘arado Rotherham’, un apero más triangular que aprovechaba mucho mejor la fuerza de tiro que se utilizaba por aquel entonces en Europa con la ayuda de semovientes; en 1808 Robert Ransome patentó el primer arado totalmente de cero; en 1837 un humilde herrero, John Deere, sustituyó las cuchillas de hierro fundido por otras de acero y cambió la forma de su diseño; en 1840 se incluyó el asiento para el conductor; diez años más tarde apareció el primer arado de discos para arrancar maleza y pulverizar la tierra; y fue a comienzos del siglo XX cuando aparecieron los primeros tractores enganchados a un apero que más tarde se transformaría en arado de vertedera reversible: y, finalmente, aparecieron las llamadas moto-azadas (mulas mecánicas) provistas de manillar y equipadas con motores de gasolina para laboreo de pequeñas  huertas. Es triste que la agricultura española atraviese una profunda crisis estructural caracterizada por la desaparición de miles de explotaciones, el envejecimiento poblacional y la falta de rentabilidad. El problema fundamental de España viene dado por la sequía, los altos costes de producción, los intermediarios, la burocracia, la competencia desleal, la falta de relevo generacional, la dureza del trabajo y la consiguiente despoblación de nuestros pueblos. Al sector primario hace tiempo que no le salen las cuentas. Algo parecido sucede con la ganadería. La gente del campo se cansa de trabajar mucho para que la ganancia se la lleven otros, es decir, están hartos de ‘trabajar para el inglés’, (frase que para el que no lo sepa se debe a William Van Horne, se escuchaba mucho en Cuba y hasta se cantaba en algunas guajiras).

 

martes, 14 de abril de 2026

Lo chocante de dos escudos

 Las navegaciones del "Corto Maltés" : La Horadada sigue horadada.

 

Hace tiempo ya escribí sobre el escudo de Santander. Como ya conté en su día, en la parte superior del escudo están las cabezas de san Emeterio y san Celedonio, los santos patronos de la ciudad, decapitados en Calahorra en el siglo III. Las cabezas de ambos, según se cuenta, fueron depositadas en una barca de piedra en el Ebro, siguió el curso del río hasta desembocar en el Mediterráneo, rodeó la Península Ibérica y llegó a Santander, atravesando una roca que la horadó (la 'roca de la Horadada', en la foto que acompaño y que hoy tiene rota la parte superior de su arco) quedando varada en la playa, donde las dos cabezas fueron recogidas por los santanderinos y escondidas. En la actualidad se conservan dentro de unos relicarios de plata en la cripta del Cristo, en la Catedral. Fueron declarados patronos de la diócesis de Santander por Pío VI el 30 de septiembre de 1791 a petición del entonces obispo Menéndez de Luarca, un obispo que, dicho sea de paso, fue objeto de destierro por negarse a cumplir durante su permanencia en Santander el decreto de las Cortes de Cádiz que obligaba a comunicar en las misas la abolición del Santo Oficio, aunque más tarde fue repuesto en esa sede con el mismo cargo. En ese escudo también aparecen la Torre del Oro de Sevilla, el río Guadalquivir, una carabela y una cadena rota, en recuerdo de la reconquista de Sevilla en 1248. Por la historia sabemos que un año antes, en 1247, Fernando III (hijo de Berenguela, reina de Castilla y de Alfonso IX, rey de León), encargó a Ramón Bonifaz la construcción de una flota para reconquistar Sevilla. Una vez construidos y armados los barcos en los puertos en Castro Urdiales, Laredo, Santander y San Vicente de la Barquera, la flota se puso rumbo al Sur. A su paso por Galicia se le unieron más barcos. Uno de esos barcos, “Carceña”, estaba capitaneado por Bonifaz, otro, “Rosa de Castro”, gobernado por Ruy González. Aquella flota se componía de13 naves a vela y 5 galeras movidas a remos. Llegados a la desembocadura del Guadalquivir la flota remontó aguas arriba apoyada por la caballería desde la margen izquierda, hasta conseguir romper las cadenas que unían Sevilla con Triana. Al verse cercado y sin poder recibir suministros el moro Axataf rindió la ciudad  el 23 de noviembre de 1248. Suya es la imagen derrotada con la que idealiza Francisco Pacheco la entrega de las llaves de la ciudad a Fernando III, en el cuadro historicista de 1634 para el trascoro de la Catedral de Sevilla. En Laredo, en la iglesia de la Asunción, todavía se conserva un trozo de aquella pesada cadena. Ahora voy a referirme al escudo de Zamora, donde aparece el puente romano de Mérida pese a que la Ciudad de Doña Urraca también dispone de un soberbio puente romano. Se trata de un  escudo partido. En la primera partición, en campo de plata, un brazo armado (el de Viriato) sostiene una bandera fajada con ocho fajas de gules y una, la superior, de sinople. Estas fajas rememoran las batallas ganadas a los cónsules romanos. La segunda partición también es de plata y está terrazada de sinople. Contiene un puente de plata de tres ojos, almenado, mamposteado de sable y rodeado de dos torres sobre ondas de azur y plata. Es, como decía, el puente romano de Mérida. Ello es debido a la batalla de Alange, librada en 1229, en la que participó una milicia zamorana durante la toma de Mérida. Fue durante la toma de Mérida, quebrando las defensas del puente romano construido sobre el  Guadiana.  Alfonso IX de León (ya citado antes) premió a Zamora permitiendo incluir en su escudo el puente romano emeritense como símbolo de valentía. La heráldica municipal española está plagada de curiosidades y elementos surrealistas. Fue durante la toma de Mérida y los zamoranos ocuparon la vanguardia y demostraron su valentía al quebrar las defensas del puente romano construido sobre el río Guadiana. Posteriormente, se tomó la ciudad y, por eso, Alfonso IX premió a Zamora como reconocimiento a su heroísmo dejando incluir en su escudo el puente romano emeritense como símbolo del éxito y la valentía de su labor en la batalla. Pero hay escudos que habría que revisar, por ejemplo macabras cabezas chorreando sangre, o moros encadenados, o indios esclavizados, o las cuatro cabezas de moros que aparecen en el tercer cuartel del escudo de Aragón relacionados con la legendaria batalla de Alcoraz (1096) en la que Pedro I de Aragón tomó Huesca gracias a la aparición de san Jorge y de un caballero alemán (cuyo nombre se desconoce) rescatado en Antioquía por ese santo y que ambos ayudaron a matar a 40.000 infieles, según una leyenda recogida en las “Crónicas de San Juan de la Peña” y mencionada por Jerónimo Zurita en sus “Anales de la Corona de Aragón”. Curiosamente, en 1969, la Iglesia católica degradó la fiesta litúrgica de san Jorge a memoria facultativa sin tocar el culto que se le dedica. De hecho es el patrón de Aragón, cuya fiesta se celebra en esa Comunidad cada 23 de abril.