jueves, 25 de junio de 2026

La fábula del sinvergüenza soplón

PENSAR POR PENSAR, PEROZO RUIZ, XOSE ANTONIO, ISBN: 9788412179514

 

La para mí excesiva condena dictada contra Ábalos y Koldo, y la rara maniobra para que Aldama no entre en la cárcel pese a tener pendientes cuatro años de condena por el hecho de ser soplón y 'garganta profunda', me recuerda la no sé si fábula que acabo de leer en El Progreso de Xosé A. Perozo, “El cuento de pan y pimiento”, que le va de perlas al caso que nos ocupa. Perozo, extremeño aunque afincado en Galicia desde los años 70, es un periodista que escribe en castellano y en gallego, y entre otros trabajos fue el de adjunto al director de Faro de Vigo, donde creó los suplementos dominicales ‘Don Domingo’. Y Perozo recuerda en su artículo de hoy que  allá por 1485 en mi ciudad de nacimiento [Llerena] ya estaba instaurado el Santo Oficio de la Inquisición. Se dice que en aquellos primeros años su tribunal actuaba con una dedicación feroz y eficaz contra los presuntos delitos de fe y la dignidad de las personas”. A continuación, Perozo describe un caso para ayudar a la reflexión del lector. Dice: “En aquel tiempo tres súbditos con más picardía que talento, para remediar sus situaciones económicas, algo de hambre y mucho de ambición, se confabularon para robar tres cerdos de una piara que engordaba sus días al pie de la sierra de San Miguel. Era primavera y aprovechando las sombras del lubricán [crepúsculo] cumplieron tal propósito con la certeza de que, al ser comedores de carne de puerco, jamás serían acusados ni de mahometanos ni de judaizar. Y por su notoriedad cristiana, tampoco de ladrones. Sin embargo en los días siguientes la noticia del robo corrió por las calles como un perro rabioso dado que el propietario de los animales era el inquisidor mayor. Ni que decir tiene que alguaciles, alcalde, notario del secreto y otros familiares del Santo Oficio se lanzaron con presteza a dar con los culpables. El primero en caer fue un tal Fiktur al-Daama de quien existían sospechas de ser falso cambista y de traficar con carbón vegetal y otros combustibles. No le requisaron el cerdo y una vez ante el escribano general y los calificadores, no tardó un soplo en denunciar a sus cómplices gracias a la promesa del notario de secuestros de no recibir martirio y ser tratado con benevolencia. Los otros dos artesanos, Hutafat y Ku Gharsa, cuyos cerdos habían desaparecido, fueron detenidos, torturados, despojados de todos sus bienes, condenados a la hoguera y sus hijos a pagar lo robado, sin que los cuerpos del delito fueran encontrados jamás. Para escándalo del pueblo, Fiktur fue absuelto sin obligación de devolver el cerdo ni pagar multa. Tiempo después se conoció que este delator mantenía negocios ocultos con el inquisidor mayor y en sucesivas fechorías, protegido por los famosos edictos de gracia de 1480, dictados en beneficio de los delatores, y siguiendo la premisa de que "el Santo oficio nunca se equivoca", amasó una histórica fortuna de la que aún se guarda recuerdo en el lugar”. El Tribunal Supremo es hoy en día el ‘Alto Tribunal’ ¿que nunca se equivoca? No me hagan reír, que se me despeina el bigote.

 

miércoles, 24 de junio de 2026

El talismán

Un vecino de Rueda de Jalón encuentra en el campo un amuleto sexual andalusí del siglo XI

 

Todavía recuerdo cuando un  turista preguntó a una funcionaria municipal de Zaragoza que  ocupaba un chiscón de Turismo que dónde se encontraba el cisterciense monasterio de Rueda, por tener gran deseo en visitarlo. Y la incompetente funcionaria, sin cortarse un pelo, le indicó: "¡Dónde va a estar, en Rueda de Jalón!", y se quedó tan fresca. El turista, agradeciendo la información, se acercó a ese pueblo de la comarca de Valdejalón, y los ruedenses, a los que motejan como anieblados, le indicaron al turista que allí no había tal monasterio, que para visitarlo debía dirigirse a Sástago, que en Rueda de Jalón solo podía visitar los restos de un castillo medieval, del castillo de Dos Hermanas y los Ojos de Pontil, un manantial de agua termal con un gran valor hidrológico. El origen del monasterio de Rueda tiene su núcleo en el año en 1152 con la fundación de la abadía de Nuestra Señora de Saltz, creada por los monjes de Gimont, que a su vez procedían de la casa madre Morimond. En 1162, a partir de la cesión de tierras en Burjazud (Villanueva de Gállego), se fundó la abadía de Juncería, precedente inmediato de Rueda. Treinta años más tarde, en 1182, Alfonso II de Aragón, hijo de Ramón Berenguer IV, cedió a los monjes el castillo y villa de Escatrón, y los cistercienses llegaron en 1202 para fundar otro monasterio en Sástago. Con la Desamortización de Mendizábal, entre 1836 y 1837, los bienes de aquel monasterio fueron utilizados para labores agrícolas, el patrimonio artístico se dispersó y buena parte del mismo desapareció o fue destruido. Algo similar a lo acontecido en el monasterio de Veruela, en el monasterio de Piedra y en otros lugares, donde hubo expertos compradores de gangas y amigos de la rapiña. Su último propietario fue la Diputación General de Aragón en 1990 por cesión del Estado, con el compromiso de impulsar su restauración, cuyas obras culminaron en 2003,  abriéndose posteriormente al público un recorrido con visitas guiadas. Pero no es del monasterio de Rueda sobre lo que yo quería hacer un comentario, sino de algo encontrado en el término de Rueda de Jalón, donde un  vecino acaba de encontrar en los restos del castillo de Dos Hermanas un amuleto sexual andalusí del siglo XI. Se trata de un talismán de plomo que representa a un hombre y una mujer con los órganos sexuales muy destacados. La pieza mide 4,43 cen­tí­me­tros de lon­gi­tud por 2,23 de anchura y tiene un gro­sor de entre dos y tres milí­me­tros. En la parte supe­rior de las cabe­zas de las figu­ras queda la marca de lo que fue la argo­lla que sir­vió seguramente para col­gar el talismán al cuello. Varios arqueólogos, tras analizarlo, han descartado que tal amu­leto pueda ser ibé­rico, pese a que en la zona supe­rior del cerro donde fue descubierto hay ves­ti­gios de aquella primitiva cul­tura. Un talismán, en fin, que de haber aparecido años antes bien podría haberse incluido en el “Diccionario del Erotismo” de Cela.

 

martes, 23 de junio de 2026

España a la brasa

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De alguna manera, las hogueras de san Juan se han adelantado en Zaragoza al calcinarse en cinco minutos por una fuga de gas el ‘Restaurante La Junquera’ (Camino de la Fuente de la Junquera, 120) en funcionamiento desde 1948,  dedicado a eventos y con capacidad para 600 comensales. En el momento del suceso estaban comiendo 30 comensales  que han tenido que salir tarifando precipitadamente. Disponía de cinco comedores, dos terrazas, un asador, una zona de barbacoa y otra infantil. Pero no ha sido el único incendio. A lo largo de la mañana de este martes los bomberos han tenido que intervenir en unas instalaciones en construcción del grupo ‘Inditex’ en el polígono de Malpica y en Burgo de Ebro, donde se declaró otro incendio en un campo próximo a las vías del ferrocarril. Hoy Zaragoza ha rebasado los 40 grados de temperatura por la ola de calor, lo que no ha ayudado en sofocar esos fuegos sobrevenidos.  Pero hoy, también, para sorpresa de muchos, la policía judicial de la Guardia Civil ha registrado el Ayuntamiento de Soria por actuaciones relacionadas con la Concejalía de Comercio, en el marco de unas diligencias abiertas por la Sección Civil y de Instrucción del Tribunal de Instancia de Soria número 3. Se han incautado de varias carpetas con documentación del Consistorio y ha habido 6 detenidos (4 en Soria y 2 en Madrid). Se da la circunstancia de que el socialista Carlos Martínez Mínguez fue alcalde de esa ciudad  desde 2007 hasta hace dos meses, cuando asumió su escaño en las Cortes de Castilla y León y poder liderar la oposición del PSOE, pasando la Alcaldía a manos  del concejal socialista Javier Antón Cacho.  Las actuaciones llevadas a cabo hoy  presuntamente están relacionadas con Yolanda Sánchez Grandes, responsable, como decía, del PSOE en el Área de Comercio de ese Ayuntamiento. No cabe duda de que estamos en periodo de “caza de meigas”. Alguien ha hecho una excelente queimada. Se dice que el fuego purifica el alma, y que, al recitar el famoso ‘conjuro’ mientras se remueve el alcohol en llamas del orujo gallego, se crea un potente hechizo de protección y atrae la baraka. No sé, no sé…

 

lunes, 22 de junio de 2026

Más sobre las "Alfonsadas" (II)


 La momia de doña Urraca goza de buena salud | Cultura | EL PAÍS

 

Como ya dejé constancia ayer, Urraca I de León murió de parto el 8 de marzo de 1126 en el castillo de Saldaña, a los 46 años, en el parto de su quinto hijo, concebido con su amante, Pedro González de Lara, entregando a su heredero, Alfonso VII, un Reino de León unido, cuyo territorio había logrado mantenerlo intacto. Aquella relación sentimental se inició tras la desaparición del conde Gómez González en la batalla librada en Candespina contra Alfonso I el Batallador. Y fruto de aquella relación fueron, por lo menos, dos hijos, Fernando y Elvira. Aquel castillo sería más tarde escenario de las bodas de Alfonso VII y Berenguela, la hija del conde de Barcelona.  En la Historia Compostelana  puede decirse que hay, por lo menos, tres Urracas diferentes: la Urraca de los primeros capítulos, la de Munio Alfonso, es la esposa de Raimundo de Borgoña o la hija del rey Alfonso VI; la Urraca de la última parte de la crónica es una Urraca recordada, descrita por alguien que conoce ya el final de su reinado y puede tomar alguna distancia en su caracterización. En medio, la reina Urraca que presenta Giraldo de Beauvais, es la mujer de los tiempos difíciles, de los desencuentros repetidos que, finalmente, conducen al choque frontal con Diego Ramírez. Para Giraldo, Urraca es Jezabel ejerciendo injustamente el poder contra Gelmírez, el justo y pacífico Nabot, que se niega a desprenderse del señorío de Santiago, su legítima posesión. Nunca fue exhumado el cuerpo de Urraca I de León desde que sus restos reposan en el Panteón Real de la basílica de San Isidoro, en León. Pero sí se abrió la sepultura de otra reina, Urraca Alfonso (conocida como "la Asturiana"), nieta de Urraca I de León, cuyos restos se conservan en la Catedral de Palencia. Había nacido en Aller (Asturias) en 1133 y falleció (se cree que en 1179) en Palencia. Era hija bastarda de Alfonso VII y de Gontroda Pérez, noble asturiana. Fue reina consorte de Pamplona por su matrimonio con el rey García Ramírez. Después de enviudar, volvió a su tierra donde gobernó hasta 1165 y con su segundo esposo, Álvaro Rodríguez de Castro, se sublevó contra su medio hermano el rey Fernando II y protagonizó un intento de independencia de Asturias. Tras seis años de matrimonio, el rey García Ramírez falleció en 1150 y la reina viuda regresó  a su tierra natal. Su padre le concedió el gobierno de Asturias, con título de reina, título que Alfonso VII había concedido a su hermana, la infanta Sancha Raimúndez y a sus hijos Sancho y Fernando. Fruto de su matrimonio con el rey de Pamplona nació una hija, Sancha Garcés (1148-1176), esposa de Gastón de Bearne, fallecido en 1170 sin dejar sucesión. Se desconoce la fecha exacta de la muerte de Urraca Alfonso, como ya conté, aunque se cree que fue en 1179, según aparece en los Anales Toledanos Su enterramiento en Palencia pudo ser por el hecho de que miembros de la Casa de Castro, a la que pertenecía su segundo esposo, gobernaban varias plazas, entre ellas, Palencia. Durante las renovaciones de la Capilla de Santa María Magdalena  se descubrió en el siglo xvi su cuerpo  momificado, siendo depositado en un ataúd de madera policromado que fue colocado suspendido en lo alto de una de las paredes de esa capilla. Un reciente estudio antropomórfico realizado en 2023 ha hecho muchas revelaciones. Se dice en un informe: La Asturiana fue una mujer alta para su época (un metro sesenta y dos centímetros) y obesa, con una corpulencia que contrasta con sus delicadas manos y pies, como confirma la momia que se conserva en la catedral de Palencia”. (...) “La restauración reciente ha permitido documentar fotográficamente el estado de la momia de la reina Urraca de Navarra, ya que la única fotografía existente hasta ahora era la realizada el 11 de diciembre de 1896, durante una sesión científica que se celebró a instancias de la Real Academia de la Historia”. En dicha sesión, el médico, Francisco Simón Nieto, que desempeñaba el cargo de secretario de la Comisión de Monumentos, procedió al examen de los restos, y elaboró un dictamen en el que señalaba que “la momia de doña Urraca medía un metro y seiscientos veintidós milímetros, tenía los brazos cruzados sobre la cintura, las manos eran pequeñas y finas y las piernas rectas y fuertes, su cara ovalada, con ojos no muy grandes y la barbilla redonda y pequeña”. (…) “Lo que más llamaba la atención eran los extensos perímetros torácico y abdominal, especialmente el último, con relieves tan acentuados, que permiten asegurar la corpulencia y obesidad de esta señora. La obesidad, aunque grande, no era deforme sino simétrica y ordenada y encaja bien en la aventajada estatura, en la esbelta rigidez de una dama cuyo espinazo tuvo muy pronunciada la curvatura lumbar”. Y concluía el informe que “el volumen de todo el tronco y de los miembros, especialmente el inferior, contrasta con el desarrollo fisiológico de la actividad cefálica y la finura y delicadeza de las manos y los pies.” (...) "En 1532 se decidió que el sarcófago con la momia de la reina se ubicara en la cornisa elevada en la capilla del Sagrario de la Catedral, y se puso en lo alto de la pared en una tumba de madera pintada y dorada como ahora aparece con su letrero”. Tras la celebración de la exposición “Renacer”, que se celebró en ese templo palentino en 2023, como ya quedó dicho, el féretro fue restaurado por  Celia Rosa García "por observarse signos de deterioro". También se desinfectó y protegió  contra xilófagos. Para ello, se extrajo el ataúd interior con tapa de cristal que acoge los restos de Urraca Alfonso, cubiertos con un sudario blanco y un manto de seda azul, que le regaló Isabel II cuando contempló la momia el 4 de febrero de 1865.

 

domingo, 21 de junio de 2026

Más sobre las "Alfonsadas" (I)

URRACA, LA REINA PRISIONERA

 

Hoy domingo, primer día del solsticio de verano se han puesto fin a Las Alfonsadas” bilbilitanas donde, como ya decía ayer, se escenificaba la reconquista de Calatayud por Alfonso I El Batallador en 1120, tras la batalla de Cutanda y la posterior leyenda del socorro de san Jorge. Pero, curiosamente, no se hace mucha mención a Urraca I de León, nacida en León el 24 de junio de 1081 y fallecida en Saldaña el 8 de marzo de 1126. Fue soberana de ese Reino desde 1109 (tras la muerte de su hermano Sancho en la batalla de Uclés hasta su fallecimiento a los 44 años. Su cadáver fue trasladado a León, al Panteón de Reyes de San Isidoro. Era hija y sucesora de Alfonso VI y de Constanza de Borgoña. A su muerte le sucedió Alfonso VII. Se casó en primeras nupcias con Raimundo de Borgoña, fallecido en 1107. Urraca tenía entonces veintisiete años y dos hijos vivos, Alfonso, que sería más tarde Alfonso VII y Sancha Raimúndez. Llegó a ser reina de León a raíz y como consecuencia de la muerte de su único hermano varón, Sancho Alfónsez en 1108, que habría sido el sucesor de Alfonso VI de no haber muerto el 1 de julio de 1109. Siendo viuda de Raimundo de Borgoña, se casó en segundas nupcias con el rey aragonés Alfonso I el Batallador en 1109 en el castillo de Monzón de Campos por un matrimonio obligado y aquello no podía salir bien con el choque entre un violento y machista marido y una mujer de carácter inteligente y firme. En las capitulaciones matrimoniales quedó plasmado (entre otras cosas) que Alfonso I El Batallador cedía amplias tierras a su esposa y se comprometía a no abandonarla por excomunión o por consanguinidad. Pero el entonces arzobispo de Toledo, Bernardo de Sédirac, como el papa Pascual II, pusieron en duda la autenticidad de aquel matrimonio, alegaron consanguinidad y declararon el matrimonio nulo. Tras el enlace matrimonial, ambos viajaron a Aragón. En 1110, el rey aragonés dio muerte al emir zaragozano Al-Musta'in II  en la batalla de Valtierra. No quiero pasar por alto algo importante: Urraca I de León nunca puso un pie en Calatayud.  Y el día que Urraca decidió alejarse de Alfonso I el Batallador se refugió en el monasterio de Sahagún, pero fue atrapada por el rey aragonés, celoso de los rumores  de que Urraca mantenía una relación amorosa con el conde Gómez González, la hizo encarcelar en la fortaleza de El Castellar y dirigió su ejército contra todas aquellas plazas leonesas, gallegas y castellanas que se habían puesto a favor de Urraca. Más tarde, el conde Gómez González, junto con el conde Pedro González de Lara, lograron liberar a Urraca, que buscó refugio en una fortaleza ubicada en Fresno de Cantespino (Segovia).