El sintagma “chao pescao” expresado por la
presidenta de la Comunidad de Madrid intentando dar carpetazo con adorno de revolera al
espinoso asunto del ático de Chamberí es una ventolera chulapona propia de las
zarzuelas de Federico Chueca, como a
algo dicho por ese personaje secundario, don
Aquilino, en“Agua, azucarillos y
Aguardiente”. Ayuso cualquier día nos hace un pareado con parpusa, safo, parné, chipén, gabrieles, gallumbos… y
todas aquellas palabrejas que se usaban y se usan para moverse con desparpajo por la
Pradera de san Isidro. Lo malo es que algunos la imitarán como monos de
repetición y soltarán el “chao, pescao”
a la primera de cambio. Lo vimos con la desatinada frase de “me gusta la fruta”, que se hizo viral entre militantes del PP y pijos
de la Villa y Corte en un intento de ofender a Sánchez. Señaló Corominas
en el“Diccionario de Autoridades” (1726) que“chulo
es aquel que se comporta graciosa pero desvergonzadamente". Pero con el
paso del tiempo, ese comportamiento reprobable del ‘chulo’ viró exclusivamente
a desvergonzado, esto es, a falto de vergüenza. La palabra ‘chulapo’ apareció por primea vez en una obra fechada en 1885 y titulada “Páginas
íntimas”, del
zaragozano Eusebio Blasco Soler (1844), nacido en el Teatro Principal donde tiene una placa de
mármol. Falleció en Madrid (1903)
sin haber podido cumplir su deseo de ser
enterrado en el cementerio de Torrero, pese a tener el epitafio ya escrito: “Aquí yace un caballero que jamás tuvo caballo, y que se murió de risa
viendo a sus conciudadanos”. Pues bien, el ‘chulapo’ y la ‘chulapa’
fueron tipos del siglo XIX que vivieron o
frecuentaron los barrios madrileños de Lavapiés, Malasaña, La Latina y sus
alrededores y se caracterizaron por un empleo de la lengua, un ademán y un
comportamiento que desbordaba descaro. Solían vestir con una indumentaria
característica:
la parpusa, el pañuelo al cuello, el chaleco y la chaqueta corta y entallada
con clavel en la solapa, en el caso de los hombres; el vestido de flores o de
lunares ceñido y con volantes, el mantón de Manila, el pañuelo y dos claveles
en la cabeza, en el caso de las mujeres. Aquel tipo de personajes protagonizó
célebres
zarzuelas. Pero en ninguna de ellas, y he visto muchas obras del ‘género chico’, se decía la frase “chao, pescao”. Eso sólo lo ha dicho la
estrafalaria Díaz Ayuso en un intento
vano de pasar página al, por ahora, su último disparate. Debería dimitir si
tuviese, además de vergüenza, sentido de la responsabilidad.
