lunes, 14 de septiembre de 2026

Por las trochas de la Valduerna


La “alubiada” de  La Bañeza, que ya cumple su vigésima tercera edición, ha repartido miles de raciones de alubias. Lo que más me ha llamado la atención ha sido la exquisita limpieza tanto de las marmitas como de la indumentaria que llevaban los repartidores y cocineros. El menú se completó con chicharro en escabeche “La Pureza” y un bollo de san Lázaro, el dulce más antiguo de León, elaborados con una exquisita mezcla de manteca, azúcar, harina, huevos y un toque de anís dulce. En La Bañeza se producen cuatro variedades de alubias: Canela, Pinta, Plancheta y Riñón, todas de excelente calidad y sabor. Pero, curiosamente, el plato más emblemático de esa ciudad es el de las ancas de rana, preparadas en cazuela de barro con un característico sofrito de verduras, pimentón y unto. Su origen es humilde. Hace ya tiempo existía en La Bañeza la figura popular de los raneros, que se dedicaban a capturar ranas en los humedales y arroyos cercanos e iban por las casas y por las tabernas vendiéndolas. Era un alimento económico para las familias más humildes. Al tener una carne suave se terminó elaborando una salsa a base de verduras de la huerta y un toque de pimentón picante, ideal para mojar con pan de hogaza. Pero la clave de “ancas de rana a la bañezana” tuvo su origen en la forma de prepararlas por Anselma Seco, cocinera y propietaria del ya desaparecido ‘Hostal Oriental’  (ubicado en la antigua carretera N-VI) y en el mesón ‘Casa Boño’. Hoy, la receta tradicional de Anselma se sigue practicando en el restaurante de carretera ‘La Hacienda’, situado en la salida 303 de la Autovía A-6, dirigido por Luis Miguel Seco, hijo de Anselma.  La receta de ese plato se basa en un sofrito elaborado con cebolla, pimiento, tomate y ajo. Posteriormente se incorporan las ancas para su cocción y se añade un pequeño trozo de unto, harina para aportar consistencia a la salsa y guindilla al gusto, responsable del característico toque picante. Por cierto, el pasado mes de julio se le homenajeó como merece a Anselma Seco durante las ‘Terceras Jornadas Gastronómicas de las Ancas de Rana”. Por otro lado, Roberto Núñez, hijo de una de las familias que regentaban la desaparecida ‘Casa Boño’, decidió hace cinco años integrarse en la hostelería. Con los recuerdos familiares y mucha ilusión abrió en la céntrica calle bañezana del Reloj un moderno restaurante, ‘Las Torres’. Allí puede degustarse, además de las ancas de rana al estilo de cómo se guisaba su madre en ‘Casa Boño’, alubias,  merluza a la cazuela, bacalao a la bañezana, mollejas guisadas, rabo estofado de ternera con patatas, pollo de corral con bogavante, cecinas y diferentes guisos de puchero. La antigua ‘Casa Boño’ comenzó su andadura en los años veinte de la mano Antonio Núñez y Catalina Alba, madre del actual propietario de ‘Las Torres’ y alma de la desaparecida casa de comidas. La Bañeza es una ciudad alegre y bulliciosa que sigue conservando la autoestima y la alegría de vivir, pese a la herida profunda que significó el cierre definitivo de la histórica azucarera (“La Fábrica”, como la llamaban los bañezanos) instalada en 1931. Aquel bajonazo hundió toda la comarca de la Valduerna en un profundo desánimo del que costará reponerse.

 

domingo, 13 de septiembre de 2026

Trapillo con flecos

 

Me entero de que Juan Carlos  de Borbón recibirá un segundo premio en Francia, el ‘Saint- Simon’, por su libro “Reconciliación”, cinco meses después de haber recibido el ‘Premio Especial del Jurado del Libro Político’ en la Asamblea Nacional. A mi entender, de merecer ese premio alguien debería ser para Laurence Debray, su verdadera autora. El rey emérito se limitó a facilitare a esa escritora los datos que estimó oportunos para su confección. Ese premio que ahora le van a conceder al rey emérito, como digo, fue creado en 1975 con motivo del tricentenario del nacimiento de Louis de Rouvroy (París, 1675-1755) y se le entregará en la granja Richardière, finca agrícola situada en La Ferté-Vidame, una aldea de 500 habitantes situada en el departamento de Eure-et-Loir, al suroeste de París. En 1739, Rouvroy se volcó en la redacción de sus “Memorias”, que cubrían los años de 1691-1723, referidos al reinado de Luis XIV desde su punto particular de vista, ya que era enemigo declarado de ese monarca francés y de su reinado, si bien es cierto que su espíritu novelesco, preocupado siempre en escudriñar detrás de los bastidores de la escena histórica y dispuesto a creer el menor chisme ligado casi siempre a los testimonios orales le llevó a aceptar como verdad, a lo largo de sus treinta volúmenes sobre la Corte de Versalles, una cantidad de noticias y de rumores que la historia ha reconocido como infundados. La obra, publicada en 1830, permaneció inédita durante todo el siglo XVIII y está considerada como carente de rigor y de muy poco interés literario. En resumidas cuentas, el premio que ahora se le concede al anterior jefe del Estado español tiene menos valor literario que un euro de madera. Es, por decirlo de alguna manera, un evento ideado por un grupúsculo de ‘culturetas’ locales para promocionar turísticamente esa bella zona de Francia. El premio, dotado con 5.000 euros, le fue concedido por primera vez a Pierre de Cossé Brissac (1900-1993) por su libro de memorias “En d'autres temps”. Esas memorias, publicadas en 1970 por la editorial Grasset, abarcan el periodo comprendido entre 1900 y1939, y contiene anécdotas, descripciones de costumbres y retratos grotescos de la alta sociedad  de aquel tiempo. Continuó aquellas memorias, aquel tostón diría yo, con libros posteriores del mismo tenor. Vamos, un ‘ladrillo’ de tomo y lomo que  solo interesa, si acaso, a Josemi Rodríguez-Sieiro y a un escaso ramillete de burguesas de poco jamón y mucho visón. Pues con las memorias del rey emérito, ídem del lienzo. El premio ‘Duque de Saint-Simon’ se me antoja de pacotilla, fútil y de escaso valor. Hoy a cualquier trapillo con flecos y flores estampadas le llaman mantón de Manila.

 

sábado, 12 de septiembre de 2026

Las otras "automoribundias"

 

 

Cuenta la prensa regional que tres pueblos en Aragón se quedan sin escuela. Sería mejor decir, a mi entender, que esos tres pueblos aragoneses se libran del desastre educativo que señala un informe de PISA.  Pues ya sabemos lo que pasa, que los pueblos pequeños envejecen, que las ciudades crecen y que el hambre cunde por la inflación galopante, ese virus económico que nos empobrece cada día un poco más. Dice Sánchez (que afirmó en Congreso ser un “perro sin amo”) que la economía española va bien (para él, claro) pero ello eso no se traduce en la ciudadanía, en los que no pernoctamos en la caseta del perro del jardín de La Mareta. Iba a decir que nos engañan como a chinos pero resulta que es al revés, que son ellos los que nos engañan a nosotros.  A los escolares nos engañaron hasta en la Geografía. Ahora resulta que durante generaciones los alumnos estuvimos estudiando con mapas que presentaban una realidad distorsionada. África comenzaba en los Pirineos por nuestro aislamiento político con el resto de Europa, y ese continente, África, el segundo más grande del planeta, aparecía sistemáticamente reducido en comparación con regiones del hemisferio norte en aquellas fotos en blanco y negro que nos hacían a los colegiales sentados en un pupitre con un mapa físico de fondo. Aquel día, el día en el que nos robaron la propia imagen como si se tratase de un paisaje pintoresco, nos habían puesto la ropa de los domingos y echado fijador en el pelo para quedar bonitos ante la cámara de un fotógrafo con cara de cartón y fino bigote. Aquella foto de educando en la inopia y con sonrisa de saberse el catecismo de la doctrina cristiana siempre terminaba en el interior de la caja de las estampas olvidadas, una caja de hojalata que antes había contenido dulce de membrillo de Puente-Genil,  y que ahora servía como depósito de reliquias trasnochadas: un detente con el Corazón de Jesús de un soldado, pariente de no sé sabe quién, caído en la batalla del Ebro por Dios y por España, varios recordatorios de personas fallecidas, unas horquillas para el pelo, una estampa del beato Valentín de Berrio-Ochoa, varios carretes de hilo, un pequeño  silbato de madera de boj que un día apareció de regalo dentro de un paquete de maicena, una estilográfica ‘Parker 21’ con  la plumilla desgastada, cromos de ‘El Coyote’, un cenicero de aluminio donde estaba estampado el “Patio de los leones” granadino , un franquito vacío de“Hipofosfitos Salud” , una cajita de hojalata de Sedobrol“Roche”, y un pequeño tubo vacío de “Megral”, contra las migrañas. El“Sedobrol” recuerdo que lo tomaba mi abuela materna cada noche después de cenar escuchando el parte por la radio. Venía en cubitos parecidos a una pastilla de caldo concentrado, pero a tamaño reducido, se disolvía en agua caliente y contenía bromuro de sodio combinado con extractos vegetales. Ramón Gómez de la Serna, que en una de sus "Greguerías" plasmó que“ningún veneno se deba guardar para otra vez”, fue un gran aficionado a la famacopea y desde pequeño le gustaba visitar la Botica Militar que estaba cerca de su domicilio madrileño. En cierta ocasión celebró en la cripta de 'Pombo' un“banquete farmacoterápico” y los platos fueron sustituidos por sopas de“Sedobrol”,  peptonas, fitinas y recresales (todos ellos tónicos reconstituyentes)  y los postres se cambiaron por pastillas de goma. Gómez de la Serna consumió durante su vida de todo y de manera entusiasta: Biltron, Nicotil, Glicerofosfato, Piperazine, quinina, bromoquinina, éter, calomelanos, urotropina, sulfanilamida, penicilina, barbitúricos, efedrina, esparteína, piperacina, coramina, hepatina, Aspirina, pastillas de clorato, sulfoterapias e inyecciones de agua con azúcar… En las páginas finales de su“Automoribundia”, dice: “Tan peligroso es intoxicarse más de la cuenta como creer que se puede vivir en estado de perfecta desintoxicación”. En eso estamos de acuerdo.

 

jueves, 10 de septiembre de 2026

Godojos necesita tabernero

 


Leo en un diario regional  que “un pueblo de Zaragoza busca personas para hacerse cargo de su bar. Una oportunidad especialmente interesante”. Se trata del bar de Godojos,  pueblo a tiro de piedra Alhama de Aragón que cuenta en la actualidad con una población de 55 habitantes (Madoz, 1847. p 431).  El comunicado señala que el bar, “que cuenta con una clientela habitual”,  está vacante por jubilación de su actual responsable, el madrileño, Juan Mijarra, que asumió su gestión  hace unos años tras presentarse y ganar la subasta pública. Antes había trabajado 10 años en el balneario” Termas Pallarés”, en Alhama de Aragón. El posible adjudicatario deberá abonar al Ayuntamiento de Godojos un canon mínimo de 800 euros al año por el contrato es de un  año prorrogable, con posibilidad de ocupar vivienda mediante contrato de alquiler independiente. Godojos  presume de hacer buen vino. En su término municipal llegó a haber más de 2 millones de cepas. Ya lo dice el refrán: “El pan con ojos, / el queso sin ojos/ y el vino de Godojos". Pero llevar un bar en un lugar con tan poca densidad de población no parece rentable. Se me antoja curioso que en el anuncio ponga eso de que “el bar cuenta con una clientela habitual”.  Hombre, claro. Si el pueblo cuenta con una cincuentena de vecinos, la mayoría ancianos, ya me dirá el lector cómo se puede vivir de la hostelería. La mitad de ellos posiblemente no salga de casa por los achaques propios de la vejez, y la otra mitad, si entra en el establecimiento se tomará un café o una cerveza y se pasará la tarde jugando al guiñote o dormitando frente a un televisor cansino. Con  esos bueyes, mal se puede labrar un huerto. Cosa diferente sería si se ofreciese casa gratis a cambio de hacer algunos trabajos retribuidos para el municipio. Pero me da la sensación de que el socialista Santiago Cebolla Yagüe, actual alcalde, no dispone de los fondos necesarios para llevar a cabo un contrato que contribuya a mejorar los ingresos del supuesto adjudicatario del bar, ese cuarto de estar tan necesario en aldeas que se mueren lentamente y sin hacer ruido, como un  ramillete de alhelíes en un florero. Godojos necesita “aventureros” al estilo del falso barón de Montesegratí (digo lo de falso barón, ya que  los títulos nobiliarios italianos dejaron de tener reconocimiento legal en 1947 por la disposición transitoria XIV de la Constitución de la República italiana).  Pero, como digo, ese italiano compró en 2001 la llamada Torre-castillo de los Señores de Godojos, imponente fortaleza gótica del siglo XIII, cuando Pedro III de Aragón encargó en 1278 su defensa a Lorenzo Martínez de Artieda, que en el año 1396 Juan I de Aragón (al poco tiempo muerto en un accidente de caza sin dejar descendencia) lo cedió a Rodrigo Lorenzo de Heredia junto con la villa de Sisamón. Después, al marqués de Camarasa, señor de Muel, Ricla y Villafeliche (siglo XVI), y finalmente a la familia aragonesa de los Gayán. Montesegrati terminó comprándolo, junto al terreno que lo rodea, a un particular para su restauración. Una buena idea sería poder habilitarlo para residencia turística dada su proximidad a Alhama de Aragón, ciudad conocida por sus magníficas aguas termales (en la actualidad se explotan dos importantes complejos, San Roque y Cantarero) donde acuden desde hace más de un siglo muchos madrileños y donde todavía queda el recuerdo de Benito Pérez Galdós, que vinculó gran parte de su novela “La familia de León Roch”, publicada en 1878. Tampoco debemos olvidar la relación de profundo amor y fidelidad durante toda su vida entre el balneario “Termas Pallarés” y José Luis Sampedro, desde que acudió por primera vez en 1925, con tan solo ocho años, acompañado por su padre. Y allí se instaló a finales de los años 50 para escribir su novela “El río que nos lleva”. Godojos necesita tabernero y, por qué no, disponer de un selecto servicio de ambigú.

 

martes, 8 de septiembre de 2026

A própósito del "jersey"

Military pullover - Etsy España

 

Aunque parezca simple, yo siempre tuve dudas sobre la palabra “jersey”. No supe si llevaba o no tilde hasta que tuve que consultarlo para salir de dudas. Y descubrí que se escribe sin tilde, ya que la ‘y’ final funciona como consonante a efectos de acentuación, y que el plural era “jerséis”, con tilde y cambiada la ‘y’ por ‘is’. Se llama se esa guisa por haber nacido  en el siglo XV en la isla de Jersey, situada en el canal de la Mancha, como una prenda de lana merina resistente al agua y al viento que tejían las mujeres de los pescadores y campesinos para protegerlos del frío y de la humedad del mar. Cuando esa moda se trasladó a América al “jersey” se dio el nombre de “sweater”. En 1857,  por recomendación de Horatio Nelson (héroe de la batalla de Trafalgar), al Ministerio de Marina pasó a formar parte del equipamiento invernal de los soldados de Nueva Escocia. Su cuello era redondo y ligeramente alzado para proteger del frío, e incorporaba detalles que recordaban a elementos cotidianos de la vida de los pescadores, como el canalé en los puños replicando la forma de las escaleras del barco. Más tarde, el“jersey” adoptó el cuello de pico. El posterior invento de las tricotosas hizo que fuese más sencilla y rápida su confección. Más tarde se puso de moda el chaleco, es decir, el “jersey” sin mangas para llevar debajo de la chaqueta. Hoy, leyendo en Diario de León un reportaje elaborado por Cristina Fanjul (“Mujeres y poder más allá de la Corona”) en referencia a que desde hoy el Palacio de Conde Luna acoge unas jornadas sobre el papel de las mujeres en la historia, hace referencia a una vieja información aparecida en ese diario, donde se daba cuenta de cómo las mujeres fueron utilizadas durante la Guerra Civil para confeccionar ropa de abrigo para los soldados del bando rebelde:         

    Nuestros soldados, institutos armados y milicias que luchan por la liberación de  España ya presienten el invierno, así que yo os invito valientes y abnegadas mujeres  leonesas a que inauguréis seguidamente la quincena del jersey, bajo las siguientes  condiciones: Cada mujer de la provincia de León, de catorce años en adelante, deberá  hacer un jersey por sí misma, en color blanco, marrón claro o gris a ser posible, y sin  mangas. Las que no tengan lana o no puedan comprarla, la recabarán entre sus  amistades o la   solicitarán del Alcalde respectivo, el cual, puesto de acuerdo con el de la  cabeza de partido, verán la manera de solucionarlo y en último término  manifestaran a  este Gobierno Civil las dificultades que encuentren para procurar prestarles los auxilios que necesiten”.

Lo que más me choca de esa información es el color indicado para las prendas (blanco, marrón claro o gris) que los soldados deberían llevar, cuando se suponía que tales prendas serían invisibles por estar ocultas tras la guerrera. ¿A quién se le pediría consejo? No lo sé. Supongo que a alguna de las mujeres más influyentes de entonces en el bando sublevado, y estoy pensando en Mercedes Sanz Bachiller (viuda de Onésimo Redondo y fundadora del Auxilio de Invierno, más tarde llamado Auxilio Social); en Pilar Primo de Rivera, hermana del Ausente; en María Rosa Urraca Pastor  (destacada política tradicionalista y una de las principales organizadoras de las Margaritas del movimiento carlista); o en Priscilla Scott-Ellis (aristócrata británica que, impulsada por su simpatía hacia la causa de los rebeldes llegó a España con enfermera voluntaria de la Cruz Roja para servir en los hospitales de sangre del frente sublevado). Aunque tal vez no se le pidiese consejo a ninguna de ellas y fuese Carmen Polo, o alguna monja-alférez (provisional, claro) de la Santa Cruzada de Liberación de rojos infernales, la“autora intelectual” de aquella obra de misericordia. Vaya usted a saber… Pero aquella sencilla prenda de abrigo no debió dar mucho resultado. Prueba de ello fue que, a partir de 1945, hubo que sembrar este país de sanatorios antituberculosos por falta de calor corporal y de algo que poder llevarse a la boca por matar el hambre. Quedó claro que dar un "jersey" en forma de chaleco a las tropas rebeldes destacadas, sobre todo en el frente de Teruel, fue a todas luces insuficiente. Fue más efectivo invitar a las tropas a tomar tragos de un coñac infame con sabor a aguarrás antes de entrar en singular combate. ¡Qué más daba! Eran carne de cañón.