martes, 7 de abril de 2026

Algo que nunca sabremos

 

Hoy en la prensa se sigue hablando sobre la corrida del Domingo de Pascua en La Maestranza de Sevilla. En El Debate leo un  artículo de Ramón Pérez-Maura, “Una gran tarde de gloria en  la Maestranza”.  Ni una palabra sobre las faenas de los diestros Morante de la Puebla, Roca Rey y David de Miranda. Para Pérez-Maura la “gran tarde de gloria” no fue la actuación de los diestros en la arena sino la presencia de Juan Carlos de Borbón en el palco de los Maestrantes. Ese periodista, refiriéndose al anterior jefe del Estado, señala lo siguiente: “Qué valor demostró queriendo venir a una plaza de toros donde no había ninguna certeza de cuál iba a ser la reacción popular”. Es decir, que Pérez-Maura es consciente de que Juan Carlos de Borbón tenía “rabo de paja”. ¿Qué sucede? ¿Acaso el anterior monarca tiene un  historial poco limpio? ¿Alguien le impide venir a España? Entiendo que los ciudadanos que acudieron a la plaza de toros de Sevilla  por ver cómo se desenvolvían los toros de Garcigrande eran aficionados fetén que deseaban  asistir a un buen espectáculo y salir satisfechos de la lidia in situ, aún sabedores que la corrida iba a ser televisada por Canal Sur. Al verdadero aficionado lo que le gusta es participar en directo cerca del albero, sin importarle el precio abultado de la entrada, sentarse sobre una almohadilla y poder  ver el desarrollo de la corrida y poder escuchar a la ‘Banda de Música Maestro Tejera’ a la orden de la batuta del actual director, Sergio Jiménez, sustituto de José Manuel Tristán Becerra en 2024, que a su vez tomó  la batuta de su padre, José Tristán Martín hasta 2006, y que éste había heredado la batuta de su tío, Manuel Pérez Tejera tras su fallecimiento en 1971. Toda una saga de músicos que comenzó en 1918, cuando la banda fundada en 1010 por el maestro Tejera recibió el encargo por parte del torero Joselito 'el Gallo' de realizar el acompañamiento musical a los festejos taurinos que se celebraban en la ‘Plaza de Toros Monumental’ de Sevilla, labor que realizó hasta que esta plaza de toros fue demolida. Se cuenta que de entre el repertorio de pasodobles que se ejecutan en La Maestranza solo falta ‘Nerva’ porque en una ocasión a Francisco RiveraPaquirri’ le sentó mal. Cuentan que ese torero estaba matando un toro de Pablo Romero. Y en un momento dado, sonó el solo de trompeta y los aficionados se volvieron para aplaudir ignorando lo que había en el ruedo. Paquirri se sentó en el estribo y dijo que no toreaba hasta que aquello callase. ¿Hubiese hecho lo mismo Morante de la Puebla el pasado domingo si se hubiesen producido  abucheos contra el rey emérito? Eso es algo que nunca sabremos.

 

lunes, 6 de abril de 2026

Entre jazmines y albahacas

 

Ayer, Domingo de Pascua, hubo corrida de toros en el sevillano coso del Baratillo que hoy se llama Real Maestranza de Caballería, donde en el palco de los Maestrantes estuvo presente Juan Carlos de Borbón acompañado de su hija mayor. Los tres toreros, Morante de la Puebla (de azul noche, bordado con cristales y medias blancas), Roca Rey (de berenjena y oro) y David de Miranda (de purísma y oro) lidiaron toros de Garcigrande, y todos ellos brindaron su primer toro al anterior jefe del Estado. La corrida fue televisada por Canal Sur. Hoy he podido leer la crónica de la corrida, donde Andrés Amorós muestra unos capotazos periodísticos con temple y trapío en una tarde de sol donde, como señala en su crónica “la ciudad entera huele a lilas, a naranjos, a jazmines, a albahacas”. La Plaza estaba abarrotada, como en las mejores tardes de Curro Romero. Fue devuelto a los corrales el sexto y el sobrero resultó ser otro manso. Señala Amorós: “David de Miranda lo llama desde lejos, en el centro del ruedo, y recibe un fuerte porrazo. Citando de cerca, se la juega, impávido. Metido entre los pitones, se ha justificado con valor, al borde de un nuevo percance. Acierta con la espada: oreja”. Amorós, que sabe de toros más que Antonio Díaz Cabañete, que ya es decir, cuenta la siguiente anécdota: “En el séptimo aniversario de la muerte de Joselito, Ignacio Sánchez Mejías, esa figura tan admirada por el ministro Urtasun, hizo ir a Sevilla a su amigo Alberti y le encerró en un hotel, hasta que escribiera un poema. Esa misma noche, Rafael leyó su poema Joselito en su gloria’, que incluye los famosos versos: ‘Mira cómo sube al cielo / la gracia toreadora…”.  Amorós hace referencia a finales de 2025, cuando surgieron críticas por parte de sectores culturales, académicos y políticos (PP, Vox), que acusaron al ministro de Cultura de excluir deliberadamente a Ignacio Sánchez Mejías de las celebraciones oficiales del centenario de la Generación del 27. No quisiera terminar sin aclarar lo de “coso del Baratillo”. Viene su nombre del monte del Baratillo o Malbaratillo, en el barrio del Arenal. En la zona, hubo un cementerio donde enterraban a mediados del siglo XVII a las víctimas de la epidemia de la peste y donde más tarde hubo una capilla. En sus alrededores se instalaban los mercadillos de feria o baratillos. De ahí tomó el nombre la capilla y una cofradía con ese nombre. Y cerca de allí se construyó una plaza de toros de madera, donde los toreros iban a rezar antes de entrar a la plaza. La actual ‘cofradía de El Baratillo’ tiene, en realidad un nombre muy largo: “Antigua y Fervorosa de la Santa Cruz y Cofradía de Nazarenos del Santísimo Cristo de la Misericordia y Nuestra Señora de La Piedad, Patriarca Bendito San José y María Santísima de la Caridad en su Soledad”. El torero que más relación tuvo con esa cofradía fue José Delgado Guerra, en los carteles conocido como ‘Pepe-Hillo’, que donó una imagen de san José, incorporando el nombre de ese patriarca a la denominación oficial de esa hermandad. Aquel torero, nacido en Sevilla en 1754, fue a rezar a esa capilla por última vez antes de su último viaje a Madrid, donde el 11 de mayo de 1801 le ganó la partida el toro “Barbudo”. Aquella tarde murió de  trágica manera el discípulo de Costillares y que rivalizó con Pedro Romero. Fue el propio torero el que eligió el toro que habría de matarle, ya que la víspera de la corrida fue a caballo al Arroyo Abroñigal y pidió que le reservaran ese toro negro zaino de la ganadería de José Gabriel Rodríguez, de Peñaranda de Bracamonte, que sería lidiado en séptimo lugar.

 

sábado, 4 de abril de 2026

Ruido y devoción

 Conoces el origen de los capirotes de los nazarenos?

 

Los españoles somos ruidosos. Nos encanta gritar en las tabernas, hacer espectáculos con cohetes voladores atronando, mascletás rompiendo tímpanos e inundados de fervorín en las procesiones con mucho tambor y mucha murga, donde vengo observando que las vírgenes roban escena a los redentores, los verdaderos protagonistas de la Semana Santa. No existe una jerarquía litúrgica lógica desde la Contrarreforma. En eso nos diferenciamos de los protestantes. Las vírgenes dolorosas  permiten a los católicos identificarse con el sufrimiento, la angustia y la pérdida, ofreciendo una figura más cercana y reconfortante que la figura divina de Cristo en la cruz. De hecho, las vírgenes suelen procesionar bajo palio, los cristos, no. Se confunde la liturgia, como digo, con la piedad popular. Y en medio de la tragedia aparecen los nazarenos con capirotes, aquel artefacto medieval que servía para avergonzar a los reos por mandato de la Santa Inquisición. El capirote era una hopalanda amarilla que formaba parte del atuendo de aquellos reos destinados a morir aspados o en la hoguera, que, además, estaban obligados vestir el sambito con tela de saco. Fue a partir del siglo XVII cuando las cofradías sevillanas decidieron usar esos atuendos en los actos procesionales, donde algunos se flagelaban, iban descalzos o arrastraban cadenas, dejando regueros de sangre en las calles hasta el punto que Carlos III se vio en la necesidad de suprimir ese tipo de espectáculos cruentos.. Las procesiones comenzaron en Sevilla  en el siglo XVI, cuando Fadrique Enríquez de Ribera, marqués de Tarifa, instauró la costumbre al poco de regresar de Jerusalén, donde había quedado impresionado con el Vía Crucis de ‘las doce estaciones’ que allí se celebraban. Desde entonces, en Sevilla siempre se ha procesionado con gran devoción, excepto en el Jueves Santo de 1932, cuando procesionaban a la Virgen de la Estrella y fue apedreada y tiroteada. Ya en el puente de Triana un grupo de jóvenes comenzó a empujar el paso y a generar intranquilidad, lo que dio lugar a que muchos de los presentes echaran a correr. Algo más tarde, en la calle Sierpes, alguien tiró una piedra al cristo, pero sería en la puerta de la catedral cuando la virgen recibiría el ataque de dos cohetes y se empezarían a escuchar varios disparos. Esto desató el caos y dio lugar a que todo el mundo huyera en todas las direcciones. Al capirote también se la llamaba capuz o coroza. Según el Diccionario de Autoridades (Tomo II, 1729) “coroza es un cucurucho que se hace de papel engrudado, y se pone en la cabeza por castígo, y sube en disminución, poco más o menos de una vara, pintadas en ella diferentes figuras conforme el delito del delincuente; que ordinariamente son judíos, herejes, hechiceros, embusteros y casados dos veces, consentidores y alcahuetes”. Por otro lado, el uso de cadenas a los pies viene de los liberados esclavos cristianos del norte de África cautivos de los turcos, Las órdenes mendicantes recogían dinero para comprar la libertad de aquellos sometidos en el tiempo que iba desde la Edad Media hasta el siglo XIX. Los cristianos libertos acompañaban a los monjes explicando sus penalidades sufridas. Por ir resumiendo, a los españoles les ocurre que están repartidos en dos bandos. Uno prefiere la Navidad; otros, la Semana Santa; es decir, cuando nace el Redentor o cuando le crucifican, de la misma manera que entre los sevillanos unos son forofos del Betis y otros del Sevilla; o unos, devotos de la Macarena, y otros, de la Esperanza de Triana. En medio quedan los que ya no creen ni en los que creen en ellos. Andalucía es una tierra muy peculiar, extensa casi como Portugal aunque puesta en horizontal, como echando la siesta.

 

viernes, 3 de abril de 2026

Vivir mata

 

 

Hoy, Viernes Santo, me he pasado la mañana haciendo limpieza de papeles. Siempre encuentro algo curioso de lo que ya ni me acordaba. He podido rescatar del olvido un suelto de Heraldo de Aragón de 2004 donde Juan Domínguez Lasierra, en “El ‘limpia’ del Tubo” hacía referencia a Luis Pastor Cruz, el último limpiabotas  con salón propio que heredó de su abuelo, que lo había inaugurado en 1953. Domínguez Lasierra, al referirse a Luis Pastor, fallecido el 1 de julio de 2004, se deshace en elogios. Señala: “Fue un  personaje muy querido por todos. Muchos recuerdan su antiguo ‘Chévrolet’, de color blanco y capó granate. Era muy apuesto, en su juventud tuvo mucho éxito con las mujeres”. Y Domínguez Lasierra le enseña a su acompañante melillense, Vicente Moga, una foto “en la que  Luis Pastor aparece en su ‘salsa’ junto a ‘El Plata’ cantándole a una de las históricas tabaqueras del Tubo”. Aunque no he visto esa foto, presumo que se referirá a Serafina. Para quien lo desconozca, Vicente Moga Romero es historiador, fue director del Archivo General de Melilla y autor de libros muy interesantes, entre ellos, “Las heridas de la historia. Testimonios de la Guerra Civil española en Melilla” (Ed. Bellaterra, Barcelona, 2004) y “La cuestión marroquí en la escritura africanista” (Ed. Bellaterra, Barcelona, 2008). Serafina, por otro lado, fue una cigarrera de nombre Herminia Martínez Lines, que estuvo sentada junto a ‘El Plata’ durante más de 65 años ofreciendo a los peatones cajetillas de cigarrillos de estraperlo.  Falleció el 19 de febrero de 2011. Desde 2015 forma parte de la comparsa de Gigantes y Cabezudos después de haberle quitado el cigarrillo de la boca de cartón-piedra. Fue como haberle suprimido el cigarro habano a Churchill o la pipa a Popeye. A todas luces una censura lerda donde se enfrentó la salud pública con la libertad de expresión artística. Ya sabemos que vivir mata, como así lo entienden los galenos; y, también, que los siete sacerdotes que quitaron de la boca de cartón-piedra el pitillo de Serafina tocaron incesantemente los shofares hasta conseguir que cayesen las murallas de Jericó. Bueno, eso dice el libro de Josué. Creo que la expresión artística hubiese disminuido considerablemente de haber dejado de fumar Picasso y de beber ‘Pernod Fils’, o sea,  absenta.