
Leo con una mezcla de estupor y sorpresa que El Dioni desea presentarse por Vox para la alcaldía de El Molar (el pueblo madrileño nativo de su madre) una vez transcurridos cuarenta años desde el robo del furgón blindado. Salió de la cárcel en libertad provisional tres años y cuatro meses después de haberse apoderado de 298 millones de pesetas (equivalentes a 4,58 millones de euros actuales) de dinero ajeno en 1989 (apropiación indebida) y llevar una posterior vida lujosa en Río de Janeiro antes de ser detenido y devuelto a España. Dionisio Rodríguez Martínez, que tal es su nombre, es un ciudadano libre y puede militar en el partido político que desee y presentarse en los comicios municipales donde le venga en gana. Para su huida de España compró un peluquín, se hizo con un pasaporte falso y se puso unas gafas oscuras para disimular su estrabismo. Incluso se sometió a una operación de cirugía estética para cambiarse las facciones y despistar a la policía. Pero sus actos pasados han prescrito. Dice un sabio refrán que ‘quien roba a un ladrón tiene cien años de perdón’. y los bancos no son hermanitas de la caridad precisamente. Digo más, la banca no han devuelto la totalidad de las ayudas públicas inyectadas por el FROB desde la crisis financiera iniciada en 2009. De los más de 54.000 millones de euros inyectados inicialmente en capital y productos híbridos a las entidades rescatadas, una parte muy importante del dinero de todos los ciudadanos se da por irrecuperable y no se ha retornado en su totalidad al Estado. Pero ya se sabe, en este país lo absurdo adquiere carta de naturaleza. Vamos, que El Dioni al lado de esos granujas de cuello blanco y alma de hiena es san Tarsicio, el único santo presente en los altares con minifalda. Bueno será recordar, por otro lado, que la prescripción solo se aplica a los delitos antes de que sean juzgados. Una vez cumplida la condena o saldada la responsabilidad penal con la justicia, el concepto legal cambia y la causa está cerrada y juzgada, por lo que no prescribe de nuevo. El caso es que la popularidad de El Dioni aumentó y era saludado en la calle como un héroe. Y como de algo tenía que vivir, abrió tres bares en el transcurso de dos años. El primero en El Molar, "La cueva del Dioni"; el segundo en Barajas, "El Caco Dioni" y el tercero, "El Rincón del Dioni", en su barrio de su infancia, El Retiro. Este último negocio lo publicitó con fotocopias de billetes de diez mil pesetas que llevaban impreso su rostro. De vez en cuando le hacían entrevistas al hombre poliédrico, que pasó de ser delincuente en la España carpetovetónica de entonces a empresario hostelero más tarde. Ahora, a sus 77 años, desea abrir una nueva etapa en su azarosa vida. A fin de cuentas, Vox para muchos ciudadanos, donde no me incluyo ni borracho, no es protervo sino lo más parecido al Opus Dei. Que la suerte le acompañe.
