jueves, 8 de octubre de 2026

Sí, pero...

 

Si vas a Calatayud pregunta por la Dolores, dice una vieja coplilla. Yo preferiría decir que, si vas a Calatayud deberías visitar la Plaza de España, rodeada de casas de ‘balcón corrido’  de origen medieval y la Fuente de Ocho Caños de 1598, desmontada en 1969 y reubicada junto a la Puerta de Terrer, antiguamente llamada Plaza de los Matadores, en la vieja carretera N-2, de finales del siglo XVI y que formó parte del antiguo recinto amurallado de una ciudad que contaba con tres puertas, la señalada, la Puerta de Soria y la Puerta de Zaragoza. Las puertas de casi todas las ciudades amuralladas, cuando perdieron su función defensiva se reconvirtieron en puntos estratégicos de control fiscal y aduanero. Tras un proceso de restauración en 2001, la Puerta de Terrer pasó a ser el ‘Centro de Estudios Bilbilitanos’, dependiente de la Diputación Provincial. Se trata de dos torreones con arco y balcón que une ambas torres y que antaño albergaba una imagen  del ángel custodio, desaparecida en la segunda mitad del siglo XX. Su lugar lo ocupa un nuevo ángel, grabado sobre cristal, A ambos lados existe un blasón con las armas de la ciudad, y otro con las armas  de la Casa de Austria, incluyendo los cinco escudos azules que tomó como emblema el primer rey de Portugal, Alfonso Henríquez, tras la batalla de Ourique en 1139. Alrededor de esas ‘cinco quinas’ hay una bordura roja con siete castillos de oro, añadidos por el rey portugués Alfonso III (segundo hijo del rey Alfonso II el Gordo y de  Urraca de Castilla, que sucedió en el trono a su hermano Sancho II, de la dinastía de Borgoña, en 1248) en conmemoración de la reconquista de fortalezas en el Algarve y que fijó los límites con Castilla mediante el Tratado de Badajoz en 1267, estableciendo el río Guadiana como la frontera sur. La plaza de España, como decía al principio, fue el núcleo comercial y social desde tiempos medievales. En una de sus esquinas se encuentra el antiguo Ayuntamiento, antigua lonja, (hoy trasladado al edificio que albergase la sucursal del Banco de España). Consta de una planta baja del siglo XVI (construida con columnas ‘robadas’ de las ruinas romanas de Bílbilis) y una primera planta del siglo XVIII modificada en 1842. Bajo un reloj de sol de madera destaca una pieza de cerámica de loza sobre cobre que representa a san Vicente Ferrer. El resto de las casas que constituyen la plaza cuadrada contemplan soportales y están bastante inclinadas, aunque sujetas casi de milagro por estar apoyadas unas contra  otras por la inestabilidad de un suelo formado por yesos lacustres y la permeabilidad del río Jalón. La otra joya bilbilitana, como decía, es la fuente de ocho caños (que en tiempos pasados tuvo once) de estilo manierista construida con piedra sillar, que consta de un cuerpo alargado entre dos potentes apilastrados en sus extremos y bajo un arquitrabe sostenido por dos ménsulas. En el centro aparecen cobijados los ocho caños, que en tiempos fueron once. Tiene un cuerpo superior adintelado donde resalta entre pilastras un blasón con el escudo de la Ciudad, donde aparece un guerrero ecuestre portando en la mano diestra una lanza con banderola y con la siniestra empuñando las riendas del caballo. Me dejo en el tintero la obra cumbre bilbilitana: la Colegiata de Santa María la Mayor (o Santa María de Mediavilla) que por su gran belleza merece capítulo aparte. Edificada en 1129 sobre una antigua mezquita, cuyo ábside, claustro y torre son puro arte mudéjar, fueron testigos mudos de las primeras Cortes de Calatayud en tiempo del rey Pedro IV el Ceremonioso, hijo segundo de los condes de Urgel que ante el pueblo zaragozano rasgó con un puñal el “Privilegio de la Unión” de 1347 (posterior al firmado por Alfonso III de Aragón en 1287).  La colegiata fue declarada Monumento Nacional en 1884. Pero como por desgracia sucede en este país con harta frecuencia, dado su lamentable estado de conservación necesitó ser restaurada en profundidad. Y así se hizo. Los trabajos concluyeron en 2022 tras casi doce años de haber permanecido cerrada por alto riesgo de derrumbe. El Ayuntamiento impulsó el proyecto, el Ministerio de Transportes financió casi el 80% de las obras y el Gobierno de Aragón puso el resto; y miembros del Obispado de Tarazona, (propietaria del edificio por una dudosa inmatriculación, dada la costumbre de utilizar un certificado firmado por el obispo de la diócesis sin necesidad de  presentar escrituras previas), se limitó a inaugurar el templo con un rociado de hisopo y el rezo entre dientes de unos gorigoris ininteligibles. Vamos, lo de siempre, ir a mesa puesta, algo que ya forma parte de su “particular manera de entender el derecho consuetudinario”.

 

miércoles, 7 de octubre de 2026

Al arañar el terruño

 

La noticia de que unos albañiles hayan encontrado durante las obras de un sótano de Flandes Oriental (Bélgica) 40 lingotes de oro y 4.000 monedas de diverso valor me ha dejado turulato. No cabe duda de que alguien los escondió por razones que desconozco. Quizás por la invasión de los nazis. Parece ser que el edificio a comienzos del siglo XX estuvo relacionado con la familia Van Assche, dedicada a la fabricación de cerveza. Nunca se sabe lo que esconde el subsuelo. Menos aún en esos países tan grises. El día menos pensado irá un aldeano con una azadilla a su huerto dispuesto a plantar cebollinos y arañando el terruño se encontrará el Arca de la Alianza con las tablas de Moisés, la vasija de maná y el bastón de almendro de Aarón, robada por los filisteos, y sobre la que nadie conoce su paradero. Lo más probable sería que el campesino creyese haber encontrado el genuino baúl de la Piquer, como aquel otro baúl depositado en Calatayud desde 2005 en el antiguo palacio del marqués de Ayerbe, más tarde convertido en ‘Posada de San Antón’, también conocida como ‘Mesón de la Gaspara’ (en servicio desde 1800), y posteriormente transformado en ‘Mesón de La Dolores’, que pasaría a ser para los desconfiados bilbilitanos una falsificación que terminaría con el tirón turístico. Aquel baúl, el de la Piquer, es uno de los muchos cofres de madera encontrados, en ese caso, en una propiedad de la familia de la coplista en Segovia. Llegó a Calatayud como donación de la hija de la coplista Concha Márquez, que el año siguiente, en 2006, fue pregonera de las fiestas de septiembre,  y restaurado por una asociación de no sé qué. La copla de “La Dolores” dio pie a que José Feliú Codina hiciera un libreto que más tarde, con la ayuda de Tomás Bretón, se convertiría en zarzuela. Algunos aseguran que la copla referida a Dolores Peinador procede de un ciego que la tarareaba, al que motejaban como Pascualón, del que cuentan que tenía por costumbre apostarse en la estación de ferrocarril de La Zaida (Zaragoza) e improvisar tonadillas en el andén a la llegada y salida de viajeros. La copla de doble sentido que canturreaba Pascualón molestaba a los bilbilitanos y nombrar a la Dolores podía acarrear hasta algún soplamocos. Pero esos arrebatos iracundos no evitaron que durante mucho tiempo se fabricase un anís con ese nombre de mujer  (“Anís la Dolores”, anteriormente llamado ‘Anís Ibérico’) en la destilería que Ramón Esteve Dalmases fundó en 1886 y que acumuló durante un siglo importantes galardones. Curiosamente, la frase que encerraba doble intención (“amiga de hacer favores”) de aquella letrilla fue causa de que se convocase un certamen en 1924 promovido por Darío Pérez, siendo alcalde Pedro Colás Cristóbal,  para enaltecer en el Coliseo Imperial la honra de la mujer bilbilitana. Presidió el acto Concha Espina, que actuó como mantenedora de los juegos florales. También asistieron la actriz María Palou y la tiple Lucrecia Arana. Se recibieron un total de 11.000 trabajos compitiendo por el importante premio económico de 1.000 pesetas (en aquel tiempo un importe superior al que ganaba mensualmente un diputado a Cortes), en parte patrocinado por la familia Luca de Tena. Entre aquellas coplas había una de Sixto Celorrio: “Por el mundo caminaban / la belleza y la virtud / y el ángel que las guiaba / las dejó en Calatayud”. La copla ganadora incluía el conocido verso: “Si vas a Calatayud no pidas ciertos favores...”, y Pascual Marquina estrenó  su pasodoble “¡Viva Calatayud!” al frente de la banda del arma de Ingenieros. El 12 de septiembre de aquel año se declararon desiertos tanto el primer premio como el accésit del concurso de coplas. Ante este desastroso resultado, el diario ABC convocó un nuevo certamen con las mismas características que se falló el 6 de enero de 1925, resultando ganador Vicente Ramírez, maestro nacional de Castalla (Alicante).

 

martes, 6 de octubre de 2026

Feijóo, imperator

 

No sé, pero mirándole de cerca, con ese pelo teñido, sin gafas de seminarista y con una nariz de conejo que cualquier día se le juntará con la barbilla, Núñez Feijóo ya ha manifestado que “Sánchez merece el mayor castigo”. Pero no dice cuál ni por qué. Yo creo que el prior de Cuelgamuros, Alfredo Maroto Herranz, sucesor de Santiago Cantera, debería practicar al todavía presidente del Gobierno, aunque ya lo sea en funciones, un exorcismo mayor para que expulsase el demonio que lleva dentro (de conformidad con el libro recientemente aprobado para esos fines: “De exorcismis et supplicationibus quibusdam”), por el exorcista más famoso de España, el oscense José Antonio Fortea. Los altos funcionarios purpurados de la Iglesia católica sostienen que "el influjo nefasto de Satanás y de sus secuaces es habitualmente ejercitado a través del engaño, la mentira y la confusión. Detrás de las mentiras, que llevan el sello del gran mentiroso, se desarrollan las incertidumbres, las dudas, un mundo donde ya no existe ninguna seguridad ni verdad, y en el cual reina, en cambio, el relativismo y la convicción de que la libertad consiste en hacer lo que da la gana”. Por eso digo que Núñez Feijóo acierta cuando señala que Sánchez merece el mayor castigo. Pero como Tomás de Torquemada o Pedro Arbués ya no están entre nosotros para poder juzgar delitos contra la fe, la herejía o la lealtad a un sistema de poder, lo mejor será acudir al Tribunal Supremo para que un magistrado de su cuerda le imponga al fementido traidor ("que contra su rey combate / y que a su patria vendió") el severo castigo que merece. El hecho de haber sido yerno de Sabiniano Gómez Serrano, que regentó negocios de saunas de ocio nocturno en Madrid, le imprimió a Sánchez un 'pecado original' difícil de perdonar por el aspirante a ser el nuevo ‘César imperator’ en esta moderna Hispania que significa (según  Catulo) ‘tierra de conejos’. De hecho, durante el mandato del emperador Adriano, se acuñaron monedas donde la personificación de Hispania aparecía representada como una mujer con un conejo a sus pies. Queda en el recuerdo de todos los españoles las duras palabras que Feijóo le lanzó a Sánchez en un pleno de control al Gobierno el miércoles 9 de julio de 2025: “¿Pero con quién está viviendo usted, pero de qué prostíbulos ha vivido usted?”. Pues nada, Pedro Sánchez merece ser anatema ante los ángeles del Cielo e ir de punta cabeza a las calderas de su tocayo Pedro Botero, ese personaje diabólico que se recogía en los pliegos de cordel, aquellos que se leían por un ciego en una letanía monocorde y con puntero en mano en las plazas de los lugares de escaso vecindario, y que están presentes en el tímpano de la fachada principal de la catedral de León.

 

lunes, 5 de octubre de 2026

Nada mejor que el agua de Arnedillo

 

El paisaje del viñedo español está salpicado de viñas en vaso y en espaldera, los dos principales sistemas de disposición o conducción de las viñas. La conducción en vaso es la forma tradicional, el sistema más antiguo: la vid no cuenta con ningún tipo de sujeción ni apoyo para conducir la vegetación y, en consecuencia, las viñas son más bajas. Este sistema en vaso es típico de regiones como Rioja, La Mancha y zonas mediterráneas. En otras zonas se aplica el viñedo en espaldera, como en la D.O. Rueda, donde el 97% del viñedo sigue el sistema de conducción. En la conducción en espaldera, predominante en los viñedos nuevos, se emplean cordones y alambres de sujeción que guían los brazos de la planta. Generalmente, sobre el tronco de la cepa salen dos ramas que crecen en el sentido del alambre, perpendicular al crecimiento de la cepa. No cabe duda de que, aunque la inversión en espaldera es más costosa, resulta amortizable al permitir vendimiar con máquinas y su coste se reduce considerablemente. Pero todos los negocios, también los agrarios, tienen sus pros y sus contras. En las viñas en vaso, al ser más bajas, la savia llega antes a la uva y se adaptan mejor a los suelos pobres. Ello viene a cuento con un artículo leído hoy en El Correo de Zamora referido a la vendimia de Toro, donde la mecanización de la vendimia ha ganado terreno a la que tradicionalmente  se realizaba a mano, con el objetivo de reducir costes y para hacer frente al problema de la escasez de mano de obra. No estoy de acuerdo en la escasez de mano de obra, como afirman los toresanos. Hay mucha gente inmigrante deseosa de trabajar en las labores que les ofrezcan. Pero ese trabajo hay que pagarlo de acuerdo con la legislación vigente, como ocurre en Francia con los temporeros españoles. La realidad es que en España hay un marcado descenso del consumo del vino en beneficio de la cerveza. Como bien se señala en ese diario, “lejos quedan aquellas vendimias tradicionales en las que estudiantes y parados, esperaban la llegada de la campaña para obtener recursos económicos, aunque en la actualidad tampoco los familiares y amigos pueden ayudar a los viticultores a recolectar las uvas a cambio de un sabroso almuerzo regado con el primer mosto o vinos de otras añadas”. En España, sobre todo en La Mancha, hay excedente de viñedos y esa descomedida producción de uva se destina inevitablemente a producir alcohol, vinagre o brandis jerezanos infames, como aquellos que infundían coraje al soldadito valiente antes de entrar en combate. No olvidemos que a partir del siglo XX, el ‘Brandy de Jerez ‘ (con D.O. desde 1989) vivió una etapa de expansión y reconocimiento en todo el mundo, convirtiéndose en la principal bebida espirituosa de cuantas se fabricaban en España. Tal fue su fama que Azorín (1927) escribió un sainete en tres actos, “Brandy, mucho brandy”, donde ese potente brebaje se convertía en un catalizador que permitía a los personajes despojarse de sus máscaras sociales y revelar sus verdaderos pensamientos y emociones. Pero a aquellos infames brandis no llegaron nunca a superar en bravura a las aguas medicinales de Arnedillo, villa situada en un valle a la izquierda del río Cidacos, que entre otras propiedades, dada su elevada temperatura de surgencia y su riqueza en sales minerales, “hacen lanzar con facilidad asombrosa las esquirlas de los huesos, y los proyectiles si son producidos por armas de fuego, robustecen la demacración de un miembro, las fracturas mal consolidadas, y lanzan los cálculos ordinarios”. (Tomo II, p. 342 del “Diccionario geográfico-estadístico-histórico de España y sus posesiones de ultramar”.- Madrid.- 1845). En el agua reside toda la melancolía. Gaston Bachelard, en su obra "El agua y los sueños" acuñó el concepto del "complejo de Ofelia", explicando cómo el agua, sobre todo el agua de los balnearios, se asocia culturalmente con una muerte melancólica, el abandono y el viaje sin retorno. Se pudo comprobar leyendo la novela corta "Muerte en Venecia", de Thomas Mann, donde la salud física y moral de Gustav von Aschenbach, hospedado en el balneario "Grand Hotel des Bains" en la isla de Lido (donde pasó unos días Mann en 1911 y le inspiró el relato), se derrumban en paralelo por el cólera morbo en una silla de playa mientras escucha el manso rumor de las olas y un sudor de desesperanza le cae por las sienes.