
Esta noche de Jueves Santo se volverá a celebrar en
León la procesión del“Entierro de
Genarín” que, para mí, debería ser considerada de Interés Turístico Nacional. Congrega a más de 20.000 ciudadanos en
torno a la figura de Genaro Blanco
Blanco, que fue santo a su manera. Su procesión fue prohibida por el
franquismo entre 1957 y 1978 por ser
considerada escandalosa para los meapilas de aquel régimen autoritario. La figura de Genarín no cabe duda de que forma una parte
importante de nuestra cultura popular. Nació en 1861 y fue
abandonado en la inclusa. De mayor tuvo el oficio de pellejero de pieles
de conejo y de liebre, se casó con María
García Pérez (fallecida el 18 de abril de 1917) y tuvo seis hijos, de los
que dos de ellos ya habían muerto antes del atropello de su progenitor, que falleció el 29 de marzo de 1929 (Viernes
Santo) después de haber sido arrollado mientras exoneraba el vientre por el primer camión de la limpieza pública
en la leonesa carrera de los Cubos. El mito
de san Genarín nació de la mano de un grupo de bohemios borrachines del Barrio Húmedo,
los cuatro “evangelistas”, llamados Francisco Pérez Herrero, Luis Rico, Nicolás Pérez ‘Porreto’ y Eulogio
‘El Gafas’, que se dedicaron a elogiar su figura por las diversas tabernas leonesas
hasta el punto que al año siguiente, en 1930, decidieron montar una procesión
en su honor coincidiendo con la noche del Jueves
Santo, donde se ensalzó la personalidad de aquel hombre amante de empinar el codo,
el juego y los lupanares mediante una especie de ‘evangelio apócrifo’.
Cualquier persona interesada en la vida de este ‘santo’ puede informarse con la
lectura, que recomiendo, de “El entierro de Genarín”, novela de Julio Llamazares (Alfaguara, 2015, 200
páginas). La procesión, como digo, está organizada cada año por la Cofradía de Nuestro Padre Genarín. Y
antes de cada procesión, los hermanos cofrades celebran una ‘última cena’. Más
tarde se da comienzo a la procesión, que se compone de tres pasos, y los
fervorosos fieles entonan el cántico “Genaro es cojonudo”. En el primero de
ellos se representa a san Genarín como un
pellejero abrazado a una farola con una botella de orujo en la mano. El segundo, se corresponde con La Mocha, la meretriz piadosa que acudió a socorrerle nada más suceder el
atropello. El tercero,
representa a la Dama de la Guadaña, fría y sin carnes. También forman parte de la
comitiva cuatro cabezudos, uno por cada evangelista. La procesión arranca en
la plaza del Grano y su
final está situado en la carrera de los Cubos, donde Genarín perdió la vida de forma infame.
Entre medias se realiza una serie de rituales. Entre ellos, la lectura de
textos satíricos sobre su vida y milagros: "Y antes de ser declamadas
para gloria de este mundo,/ siguiéndote en
tus costumbres,/ pues nunca ganasteis lujos./ Bebamos a tu memoria una copina de
orujo,/ que fue lo que más chupaste antes de ser difunto...". Al llegar al tercer cubo de la muralla
romana se procede a la ofrenda del orujo, una rosca de pan, queso y unas
naranjas. He visto una fotocopia de su ‘acta de defunción’ y de otro
documento donde el entonces juez municipal suplente, Francisco del Río Alonso, recoge en acta que se llama Jenaro, con 'jota', que no Genaro, y que
se apellidaba Blanco, sin segundo
apellido, ya que era hijo de “padres desconocidos”, Blanco (como Expósito)
era el apellido común para identificar a los huérfanos. La reseña de su muerte
apareció al día siguiente en Diario de
León (que entonces era propiedad del Obispado) y en El Dia de Palencia el 1 de abril. En otro diario de la época, La Democracia (que se imprimía en la
calle Gutierre, 1) se aclaraba que “a esa hora [sobre las doce de la noche] Genaro
caminaba por la orilla de la carretera de los Cubos cuando enfilando desde la
plaza del Espolón en dirección a la Catedral, a la altura del tercer cubo de la
muralla, la camioneta de limpieza municipal (no de recogida de basura),
bautizada como “La Bonifacia“ (en honor al concejal Bonifacio
Rodríguez) perdió el control a manos de su conductor, José María Sáez (Sáenz, según ese diario), vecino de Puerta Moneda
y de 19 años, que ingresó en la cárcel”. Por otro lado, el cura párroco de Santa
Marina, Anastasio Fernández, y el
coadjutor, Ramiro Carniago,
aparecieron enseguida en el lugar de los
hechos, “administrándole la extremaunción sub conditione” (sic). En su memoria se
aplicaron diversas misas en la iglesia de Nuestra Señora del Mercado,
ubicada en la plaza del Grano, junto a la calle El Barranco, también conocida
como 'Apalpacoños', en cuyas burdeles dice una leyenda posterior que Genarín
reinaba entre sorbo y sorbo de orujo, algunos de ellos en la tasca del tío 'Perrito', haciendo esquina junto a
los soportales empedrados. La inscripción de sus sepultura señalaba: “Cuartel F, Fila 2, número 26”. Pero esa
referencia no se corresponde con el actual cementerio, ubicado en la avenida de
san Froilán, entre los ríos Bernesga y Torío e inaugurado en 1932, sino con el anterior, el camposanto de la
calle maestro Uriarte, en el barrio de san Esteban, ya desaparecido. Por
cierto, las lápidas de aquel cementerio fueron troceadas y reutilizadas para
formar marmolillos de aceras. En consecuencia, ¿dónde se encuentran los restos
de Genarín? Nadie lo sabe.