Conviene evitar confusiones respecto al hiyab, que suele cubrir la cabeza, dejando el rostro visible; el niqab, que oculta el rostro, pero deja los ojos al descubierto; y el burka, que cubre todo el cuerpo incluido el rostro. Cada uno tiene un significado cultural, regional y religioso en el mundo musulmán. Ello viene a cuento con algo que he leído en Vozpópuli hoy, donde se cuenta (leo textualmente) que “el partido de Santiago Abascal impulsa una propuesta de ley con el objetivo de proteger la dignidad de las mujeres y la seguridad ciudadana. A la iniciativa se suman los de Feijóo después de que el pasado julio anunciaran avanzar en esta dirección en su Congreso Nacional”. Una propuesta de ley auspiciada por Vox que se debatirá el Congreso mañana. Ese partido de ultraderecha entiende que “la utilización de estas prendas tiene una clarísima implicación de erradicación de la identidad personal de la mujer de la vida colectiva de la comunidad en la que se encuentra y de sometimiento al varón”. Y eso lo señala el partido que sigue demostrando su negación sistemática de la violencia de género, desde su oposición al Pacto de Estado sobre la violencia de género hasta la banalización de los asesinatos de mujeres y que entiende que tal pacto, que menos mal que salió adelante, entienden que “es injusto con los hombres”. ¡Pero qué sinvergüenzas! Eso, que Vox se lo cuente a los familiares y a los huérfanos de las 46 mujeres asesinadas en 2025: a Karilena, asesinada el 31 de enero por su pareja en Suma de Langreo, y a las 45 mujeres que vivieron después: Lina, Doreen, Eva, Andrea, Juana, Josefa, Diana, Marta, Rocío, Miriam, María, Pilar, Maritza, Zunilda, Marisa, Alejandra, Ramy Virginia, María del Carmen, Josefina, Dolores, Mercedes, Ilham, Rosalía, Mercedes, Ginesa, Katherine Yuliet, Eva, Verónica, Yoanna, Martha, Ainhoa, Zahra, Cristina, Eugenia, Silvia, María Pilar, María Victoria, Concepción, María Ángeles, Oriana, Rossmery, Jennifer, Sayuri, Natividad y Bouchra. Aquí lo dejo, que me estoy poniendo malo.