Me alegra que se estén
reconstruyendo tramos de la anciana muralla de Zamora, que a partir de 1868
perdió su condición de muralla defensiva de la ciudad y cuya construcción se inició
en el año 893 durante el reinado de Alfonso
III de Asturias. Con ese rey se inició, como digo, la repoblación del valle
del Duero con gente procedente de León, con mozárabes de Toledo y foramontanos
que desde Unquera y Santander partieron hacia Astorga y Toro, respectivamente,
como bien señaló Víctor de la Serna
en su libro “Nuevo viaje de España. La ruta
de los foramontanos” (Ed. Prensa Española.- 1959). De entonces a acá los
avatares se sucedieron de forma casi ininterrumpida. Se sabe, por ejemplo, que
en el año 980 las tropas de Almanzor
lograron entrar Zamora invadiendo la ciudad hasta el año 1002 tras la batalla de Calatañazor (Soria), donde ‘Almanzor perdió el tambor’, según dejó plasmado
el cronista Lucas de Tuy. En esa histórica muralla todavía se encuentra
la ‘Puerta de la traición’, que el
Ayuntamiento de Zamora denomina ahora como el ‘Portillo de la Lealtad’. En 1072 Sancho II de Castilla sitió la ciudad para arrebatársela a su
hermana Urraca. Mientras permanecía
su ejército en la campa extramuros Bellido
Dolfos pilló desprevenido al rey (mientras éste exoneraba el vientre) y le
apuñaló con su propia daga. En su rápida huida fue perseguido por el Cid Campeador, provisto de lanza. Pero
el regicida (ya no sé si traidor o leal) logró escabullirse como un galgo y penetrar por
aquel portillo ileso. Al
no poder alcanzar el Cid con su caballo a Dolfos por la falta de velocidad al
ir sin espuelas, le arrojó su lanza alcanzando solo al caballo y fue cuando
dicen que pronunció con rabia la famosa maldición: “¡Malhaya sea el caballero que sin espuelas cabalga!”. Sobre aquel episodio
se construyó el anónimo “Romance del rey don
Sancho”: “Guarte, guarte, rey don
Sancho/ no digas que no te aviso/ que de dentro de Zamora/ un alevoso ha
salido: / Llámase Bellido Dolfos/ hijo de Dolfos Bellido…”. Aclaro que “guarte” es una voz en desuso que
funciona como interjección para avisar a alguien que se aparte de un peligro.Es una contracción popular de la expresión "guárdate". Paradójicamente Bellido Dolfos pasó de ser un traidor a ser un héroe, de pacotilla, pero un héroe. En 2009 hasta hubo una propuesta para que el Ayuntamiento de León denominase a una de sus calles como "Héroe Bellido Dolfos". No sé si prosperó aquella iniciativa. Ya lo dijo Ramón de Campoamor en "Las dos linternas" (1846): "En este mundo traidor, nada es verdad o mentira: todo es según el color del cristal con qué se mira".