Hoy, Anson, en La Razón, hace un examen de conciencia y se confiesa ante el lector de un modo a mi entender sensato y comprensible. Lo que sucede es que el lector no está capacitado para absolverle de sus pecados, si es que los tuvo, mediante el sacramento de la reconciliación. Absolver significa, también, declarar libre de responsabilidad penal al acusado de un delito. Dice Anson: “Me cuesta mucho ser objetivo al juzgar a Franco que me persiguió como a una rata y terminó enviándome al exilio”. Cierto. Anson fue forzado al exilio por el régimen de Franco tras la publicación de su artículo "La Monarquía de todos" a tres columnas, el 21 de julio de 1966 (hace ya casi sesenta años), en defensa del entonces príncipe de España, que provocó que el régimen secuestrase el ejemplar de ABC de aquel día y que él tuviera que marcharse a Hong Kong temporalmente, después de haber pasado por Estoril para informar a Juan de Borbón de su situación. Manuel Fraga, ministro de Información y Turismo, había suprimido la censura previa tres meses antes. Tras una llamada destemplada de Franco al ministro, éste decidió el secuestro del periódico en todos los quioscos e incluso la Policía se los arrebató a aquellos ciudadanos que lo leían en metros y autobuses. Además, Fraga amenazó a Juan Ignacio Luca de Tena con suprimir el cupo de papel a ese diario. En un repaso a la historia reciente, Anson dice hoy en su artículo dónde pudo situarse meollo de la cuestión: “En febrero de 1945, los aliados encabezados por Roosevelt decidieron la eliminación de Franco en favor de la Monarquía de Don Juan al que exigieron un manifiesto condenando el régimen totalitario del dictador. El 14 de marzo de 1945, el hijo de Alfonso XIII publicó el manifiesto que le habían pedido. Muerto Roosevelt el 12 de abril, Truman se plegó al criterio de Churchill que temía una Monarquía débil en España, incapaz de contener a Stalin. Los aliados prefirieron una España franquista al riesgo de una España estalinista. Franco se consolidó en la Guerra Fría y se permitió recibir en Madrid vestido de militar al presidente Eisenhower que llevaba traje civil”. Como lector empedernido de diarios, solo puedo decirle a Anson: “Ego te absolvo a peccatis tuis…”. Aquel régimen de pesadilla fue finalmente desmontado, que es lo que de verdad importa. Los huesos de Franco están depositados en Mingorrubio (si es que no ha resucitado, que todo pudiera ser), su sucesor a título de rey se encuentra autoexiliado en Abu Dabi lamentándose de haber perdido un lugar preponderante en la historia de España (como Boabdil cuando entregó las llaves del reino nazarí de Granada) y los ciudadanos, curados de espantos, observamos lo que ocurre en los cuatro puntos de la rosa de los vientos con algo muy cercano al desdén.