sábado, 11 de abril de 2026

"Matar al Judas"

 Biografía de Judas Iscariote (Su vida, historia, bio resumida)

 

‘Matar al Judas’ es un acto lúdico que se practica en multitud de pueblos de España y de América Latina. Se trata de quemar a un pelele que representa a Judas Iscariote cada Domingo de Resurrección, por la supuesta traición que ese discípulo cometió cobrando treinta denarios de plata por entregar al Mesías a los sacerdotes en el huerto de Getsemaní cuando ese zelote le identificó con un beso en la mejilla, precipitando de ese modo el cumplimiento de la profecía bíblica. En realidad, lo que Judas Iscariote buscaba, como buen zelote, era  liberar al pueblo judío de la dominación romana y, al entregar al Mesías, su pretensión era que la gente se levantara ante su figura de líder dando comienzo a una revolución. Ya el Domingo de Ramos al Mesías no se le recibió con ramas de olivo, sino que un  grupo de zelotes permaneció atento a su recorrido en borriquilla armados con los nervios centrales de ramas de palmera por si necesitaban utilizarlos como defensa. El "hosanna al Hijo de David" fue una aclamación bíblica de júbilo y reconocimiento mesiánico. "Hosanna" que proviene del hebreo “hoshi'a-na, significa "sálvanos ahora”, e“Hijo de David” identifica al Mesías como “el rey prometido”. Pues bien,  de todos esos actos multitudinarios donde se trata de vengar la figura del presunto traidor, en el pasado se incluían prácticas de una gran crueldad. En algunos lugares se construían dominguillos gigantes con un hueco en la parte central, donde se introducían gatos, petardos y buscapiés,  en la creencia popular de que esos felinos representaban el ‘alma de Judas’. Al prender fuego a los monigotes, los petardos explotaban con gran estruendo, los buscapiés se dispersaban en todas las direcciones y algunos gatos, los pocos que conseguían escapar, salían huyendo de aquel sindiós medio chamuscados y maullando de forma desgarradora, cosa que los presentes interpretaban como que Satanás salía de las entrañas de Judas Iscariote. Por suerte, esos actos de crueldad manifiesta están hoy prohibidos. Todo cambia, salvo la cerrazón en el cerebro en barbecho de los necios. Al final va a resultar que Judas Iscariote no fue tan malo como algunos lo pintan.

 

viernes, 10 de abril de 2026

Un tonto como Dios manda

 

 

En el capítulo primero de “El gallego y su cuadrilla”, C.J.Cela, hace referencia a un pueblo pequeño, un pueblo pequeño donde no cabía un tonto más. Y el tonto de aquel pueblo se llamaba Blas Herrero Martínez, que sustituyó al anterior por derecho propio, un tal Perejilondo, que llegó a olvidarse de que se llamaba Hermenegildo. Dice Cela: “El pueblo no admitía más que un tonto, no daba de sí más que para un tonto porque era un pueblo pequeño”. Esa frase celiana me ha hecho reflexionar. Porque, claro, si echo cuentas, descubro que en una ciudad grande, pongamos por caso Collado-Villalba o Alcalá de Henares, el número de tontos puede aumentar de forma exponencial. Y en Madrid, ni te cuento. Pero todos ellos cumplen alguna función. Unos van delante de las procesiones, al estilo de Barandales, pero sin túnica ni esquilones que penden de sus muñecas, o delante de las bandas de música; otros tiran piedras a las gallinas o levantan con la ayuda de un palitroque las faldas a las mozas y las sotanas a los curas. Una de las leyes de Murphy señala que ‘es inútil hacer un  aparato a prueba de tontos, siempre existe un  tonto capaz de saltarse cualquier protección’. Pero Douglas Adams contemplaba otra variante: ‘Un error común que la gente comete cuando intenta diseñar algo completamente a prueba de fallos es subestimar el ingenio de los tontos completos’. No olvidemos que en algunos villorrios casi ocultos en los mapas ‘hasta el más tonto hace relojes’. También existen los ‘tontos que hacen tontear’, o sea, esos tontos peligrosos que, por su conducta, consiguen que personas tenidas por sensatas actúen de igual manera. De ahí el refrán: ‘un  bobo emboba a ciento si le das lugar y tiempo’. Es decir, que nunca se debe discutir con un tonto. Si lo haces, te bajará a su nivel y allí te ganará por experiencia. Blas Herrero Martínez, según afirmaba Cela, “era un tonto en su papel, un tonto como Dios manda y no un tonto cualquiera de esos que hace falta un médico para saber que son tontos”. Cada uno cumple su rol. Da igual que lleve boina, bonete o capirote.

 

jueves, 9 de abril de 2026

Un caso de mala suerte

 

No recuerdo ahora si fue ayer o antes de ayer cuando escuché por la noche a un tertuliano de televisión asegurar que una teja acabó con la dinastía de de los Trastámara. De inmediato di un bote en el asiento como si tuviese un resorte en el trasero. Tenía entendido que los Trastámara terminaron con la muerte de Juana I de Castilla, puesto que su hijo, Carlos I comenzó la dinastía la Casa de Austria. Prefiero pasar por alto la Concordia de Villafáfila (1506) con el retiro de Fernando II a Aragón y la proclamación de Felipe (un Habsburgo) por las Cortes de Valladolid con el nombre de Felipe I (de la Casa de Borgoña) al incapacitar a su esposa y anular el acuerdo de la Concordia de Salamanca de un año antes. Felipe fue un consorte aprovechado.Tras su repentina muerte en Burgos, Cisneros, entonces arzobispo de Toledo,  asumió la regencia de la Corona de Castilla hasta el retorno de Fernando II a Castilla. Pero no hay que olvidar que Juana I  fue reina de Castilla desde 1504, cuando murió su madre Isabel, y de Aragón a partir de 1516, cuando falleció su padre. Juana, tenida por loca sin serlo, fue encerrada en el castillo de Tordesillas en 1509 por orden de su padre, que deseaba evitar que se formase un partido nobiliario en torno de su hija, y también, impedir los deseos del rey de Inglaterra Enrique VII sobre el gobierno de Castilla.  Permaneció cuarenta y seis años en un palacio-cárcel de Tordesillas, vestida siempre de negro y con la única compañía de su última hija, Catalina, hasta que ésta salió en 1525 para casarse con Juan III de Portugal. Hasta su muerte, el 12 de abril de 1555, tanto la madre como la hija fueron ninguneadas y maltratadas física y psicológicamente por sus carceleros. Pero volviendo al principio, a lo de la teja. El tertuliano hacía referencia a Enrique I de Castilla, fallecido a los 13 años. Cierto es que otros reyes (Enrique II, Enrique III y otros monarcas del mismo nombre) sí pertenecieron a la Casa de Trastámara. Enrique I, hijo de Alfonso VIII y Leonor de Plantagenet, había nacido en Valladolid el 14 de abril de 1204 y murió en Palencia el 6 de junio de 1217 cuando, jugando con otros niños en el claustro del Palacio Episcopal de Palencia, uno de sus amigos lanzó una piedra sobre el tejado y una teja cayó sobre la cabeza del joven príncipe. Once días más tarde, el heredero al trono de Castilla murió. Este hecho fue la causa de que Alfonso VIII se quedara sin descendencia de hijos varones. Antes de fallecer, la reina había confiado la guarda y custodia del joven a la hija y hermana mayor de Enrique, la reina Berenguela, que residía en la corte castellana desde que su matrimonio con Alfonso IX de León, que había sido anulado en 1204 por el papa Inocencio III por cuestiones de afinidad sanguínea. Tras su muerte, el cadáver fue conducido por el conde Álvaro Núñez de Lara a Tariego de Cerrato, entre Burgos y Dueñas, a fin de ocultar su muerte. Su hermana Berenguela, que sucedió en el trono castellano a su padre, envió a los obispos de Palencia y de Burgos a hacerse cargo de los restos mortales de su hermano y posteriormente los acompañó hasta el monasterio de las Huelgas de Burgos donde recibieron sepultura.

 

miércoles, 8 de abril de 2026

Sopa de nido

 

 

Las  paredes de las cuevas de Gomantong, en la isla de Borneo, esconden millones de murciélagos, que conviven con unas aves llamadas salanganas, o vencejos de cuevas, que hacen unos nidos blancos en forma de tazón transparente con su propia saliva en paredes verticales difíciles de trepar y que los nativos  suben por ellas en unas escaleras hechas con lías jugándose la vida. Con esos nidos, cuyo precio en el mercado equivale al de la plata, se hace la famosa ‘sopa de nido de golondrinas’. También en esas grutas abundan las serpientes, las cucarachas y una especie de grillos carnívoros que depredan en las crías de salanganas y murciélagos. Existe la creencia, tanto en Brunéi, como en Malasia  e Indonesia (recuerden que esa isla está repartida políticamente entre esos tres países) que  comer la materia del nido de salanganas ayuda a mantener el tono de la piel, el equilibrio del qi ("energía vital") y refuerza el sistema inmunológico. Esos nidos son hervidos en fuego lento en caldo de pollo. La preparación tradicional de la 'sopa de nido de golondrinas'  es bastante larga. Se empieza remojando los nidos en agua tibia después de haber eliminado todas las  impurezas presentes. Luego se cuecen durante al menos tres horas en agua hirviendo hasta que los nidos se descompongan en miles de fibras blancas de una sustancia mucilaginosa que se recupera para componer diversos platos, principalmente sopas, pero también guarniciones de carnes blancas, acompañadas de judías, nueces o flores de loto. Es un plato muy apreciado por su gelatinosidad, debido a la proteína (mucina) de la saliva, muy parecida a las de la clara de huevo. De un libro chino se pudo extraer la siguiente receta: “Vacíese el interior de una pera blanca e introdúzcase en la oquedad practicada unos 10 gramos de nido de salangana seco. Se sumerge después la pera rellena completamente en agua, añadiendo unos 10 gramos de azúcar de caña, dejando calentar largo rato al baño maría”. No hay que olvidar que en ocasiones se ofrece sopa de nido que no es de nido sino de corteza de cerdo que se remoja días antes de iniciar la receta. Pero eso es otra cosa, es un  fraude para incautos que te puede ofrecer cualquier garito playero a precio asequible. Existe multitud de fraudes comunes, entre ellos nidos falsos, mezclas con karaya, (goma vegetal natural que se hincha en agua) piel de pez e incluso nidos blanqueados artificialmente. Algo que, como diría en 'panocho' un amigo de Rojales, en la Vega Baja del Segura, al referirse al infame aguachirle puesto en la mesa: “No tiene melis ni enjundia”.