lunes, 9 de marzo de 2026

Los 'soníos negros'

 

 

Me entero por los medios de que el rey  Juan Carlos  quería venir a Sangenjo para participar en unas  regatas y no ha podido ser, no porque se lo impida el Gobierno sino por el fregado de  Oriente Próximo, donde los misiles vuelan bajos, como el grajo cuando hace un frío del carajo, produciendo estragos a trote y moche entre una mascletá valenciana de luces de colores y lentejuelas de ascuas en los lugares de ‘Las mil y una noches’ en el antiguo Imperio Sasánida y su alfoz  entre sirenas de terror y ‘soníos negros’, como le dijo Manuel Torre a García Lorca a propósito de la‘Teoría del duende’. Pero ahora  Sherezade, hija de un visir, ya no cuenta relatos al sultán Shahriar en su serrallo en Khiva donde daba muerte a diferentes mujeres cada noche de bodas. El rey emérito, como digo, permanece en Abu Dhabi acompañado de su nieto Froilán; que, aunque no porta las alforjas de su augusto abuelo, posee un nombre muy de Lugo relacionado con el santo ermitaño fundador de cenobios que llegó a ser obispo de León y sobre el que se cuenta que consiguió quitarle el miedo al lobo, que hasta entonces temía al hombre y al fuego. A san Froilán se le atribuyen muchos milagros de enjundia. El último ha ocurrido en Lalín, la única ciudad que tiene una escultura dedicada al cerdo, obra del escultor gallego Manolo Rial, donde desde hacía horas se buscaba a una octogenaria desaparecida desde la tarde del sábado. Por fin, tras muchas rogativas al santo y vuelos de drones de la autoridad, militar por supuesto,  fue localizada en perfecto estado de salud pasadas la nueve de la noche de ayer domingo. La anciana, por confusión, había accedido a una casa próxima a la suya donde, según se pudo comprobar, se encontraba como pez en el agua; es decir,  sin sentir preocupación alguna por la escalada del Euribor, despreocupada del pelo que les puede a correr a las exmonjas de Belorado tras su inminente desahucio, o por el eterno debate sobre la tortilla de patata ante el dilema de tomarla con cebolla o sin  cebolla. Los gallegos son gente sencilla y de fácil conformar.

domingo, 8 de marzo de 2026

Vulnerar las normas

 

Un gallego de Betanzos puede que no sepa dónde se encuentra Solanillos del Extremo si no ha recorrido La Alcarria, de la misma manera que a un bilbilitano se le puede perdonar que desconozca en qué lugar del mapa puede situar Fresno de Caracena si no ha ido a pescar truchas al río Adante (hoy Caracena) o cangrejos al río Grande (hoy Tiermes) que allí confluyen, en la ruta que unía San Esteban de Gormaz con las tierras de Atienza, en la Serranía de Guadalajara, y que pertenece al Obispado de Osma. A veces los ríos cambian de nombre para darse más importancia, como sucedió con esa señora aldeana que tras casarse con un ingeniero naval se hizo llamar señora de Aguirregomezkorta (que en Euskera Batúa se debe pronunciar ah-gee-rreh-goh-mehz-kohr-tah), de soltera Piluca García. A nadie se pide en esta vida que lo sepa todo salvo a doña María Moliner, que llevaba el Diccionario en la cabeza. Pero no parece de recibo que alguien que aspire a presidir el Gobierno de España entienda que Badajoz se encuentra en Andalucía y Huelva, en el Mediterráneo, como le sucede al orensano Alberto Núñez Feijóo, que durante el gobierno de Aznar fue director de Insalud y de presidente de Correos. La última perla cultivada de ese aspirante al Gobierno ha sido sostener que “los derechos humanos están por encima del derecho internacional”, cuando por todos es sabido que los derechos humanos se encuentran protegidos bajo el derecho internacional. O dicho de otra manera, no se puede vulnerar una norma del derecho internacional (la no agresión) para hacer cumplir otra (la protección de los derechos humanos). Eso es lo que están haciendo Trump y Netanyahu en Irán y que la prensa de la derechona, inexplicablemente, justifica.

 

sábado, 7 de marzo de 2026

Un palacio abandonado

PALACIO DE BUSTAMANTE DE TORO | Una ruina denigrante

 

Leo en El Correo de Zamora que “el Ayuntamiento de Toro ha publicado la imposición de multas coercitivas a los propietarios del palacio Bustamente, el Banco Santander y la empresa Landcompany S. L., por no haber atendido un decreto previo en el que se dictaba orden de ejecución tras la visita de inspección realizada por los servicios técnicos municipales y la emisión de informe por parte del arquitecto municipal”. Pero, ¿a qué palacio se hace referencia? Como dijo el torero bejarano Rafael Guerra, “lo que no puede ser, no puede ser, y además es imposible”. Ello equivale a que cuando un palacio se ha convertido en ruinas es imposible levantarlo; y, menos aún, que siga teniendo el esplendor que otrora tuvo.  Se trata de un viejo caserón situado junto a la iglesia de San Sebastián de los Caballeros (restaurada por el Estado en la década de los 70 del siglo pasado para conservar las pinturas murales del monasterio de Santa Clara, fundado en el siglo XIII por Berenguela, primogénita de Alfonso X el Sabio) y junto al primer recinto amurallado,  construido por mandato del Pedro I de Castilla, y que en la actualidad  se encuentra en un estado de demolición por la vejez, la desidia de sus propietarios y la despreocupación en su necesario mantenimiento. Parece normal que, dado su lamentable estado, tanto al banco como a la inmobiliaria lo único que les interese sea el solar. En los archivos de ese municipio consta que en primera mitad del siglo XV Inés Gómez, vecina de Villapando, vendió en 1460 en la antigua calle de la Reina un  edificio (el palacio) a García Alonso de Ulloa un mayorazgo heredado por Guiomar de Ulloa y que, ante la ausencia de herederos, el palacio y otros bienes pasaron a  depender del monasterio del Sancti Spíritus; que, a su vez, en 1672, lo vendió a Félix de Ribera Velázquez, quien ordenó adecuar un oratorio en una dependencia que habitó Teresa de Ávila, amiga de Guiomar, en una de sus esquinas.  Diego de Bustamante, enajenó el edificio en 1690, decidiendo mantener el aposento tal y como estaba cuando se alojó la fundadora de las Carmelitas Descalzas. Con posterioridad, el edificio perteneció a Jesús Valdés, barón de Covadonga hasta 2007, quien en 1944 ya había vendido a un precio simbólico un amplio terreno anexo al palacio de Bustamante, para su uso exclusivo como zona de esparcimiento.

 

viernes, 6 de marzo de 2026

Tauromaquia y sacerdocio

 

Creo recordar que fue en octubre de 2024 cuando se celebró un encuentro de trabajo en Zamora donde se propuso la creación de un reglamento para el nombramiento de capellanes taurinos y cátedras de Tauromaquia en las Universidades. Se trataba de que se reconociera la labor de los ungidos en lo referente a la fe y la fiesta. Se comentó entonces la necesidad de tener en consideración  la labor sacerdotal en función del tipo de festejo y de poder disponer de capilla por la misma razón que existen las enfermerías. Y se proponía también la existencia de capillas en entornos cercanos a las plazas, incluso en las portátiles, considerando que el capellán debe estar presente tanto en corridas de postín como en encierros, festivales, becerradas y demás espectáculos populares. Lo primero que me viene a la cabeza es el conocido dicho de “¡fíate de la virgen y no corras!”. Entre las conclusiones de aquel encuentro se entendió como primordial que  el capellán  que se alzase con ese cargo de responsabilidad, no sé si vitalicio, fuese aficionado a la fiesta de los toros y mostrase interés en su labor pastoral encomendada, dejando claro que no debería en ningún caso confundirse la labor del mayoral de la torada con el pastoreo de las almas de los aficionados. En aquel primer encuentro de la Asociación Internacional de Tauromaquia  y la Delegación de Patrimonio del Obispado de Zamora, como digo, se puso de manifiesto la "fusión" entre la tauromaquia y el sacerdocio en un ritual artístico de alto grado emocional, en el que la muerte está presente desde el inicio del arte del toreo con los primeros capotazos, para el que se necesitan las correspondientes atenciones espirituales". Sobre los toreros de salón no se dice nada, pese a que para ello necesite quien lo ejerce ser un gran actor dramático. Los espectáculos taurinos, en la arena o de salón, siempre son una metáfora de la vida, donde hay que ‘templar y mandar’, como supo hacer Solana con su pincel sobre el lienzo, o Poncio Trullenque, más conocido como Niño de Gibalbín,  jugándose el tipo en infames plazas sin enfermería; y que hoy, retirado de los ruedos, con el cuerpo lleno de costurones y con un palo de avellano que hace de pierna, dirige un salón de limpiabotas en la calle Matahacas, en Sevilla. Y en una de sus paredes hay una cabeza de toro disecada y unos frasquitos con romero, romero solo.