viernes, 31 de julio de 2026

Agarrado a la cachimba

 Miquel Giménez: «Las élites catalanas son despreciables, miserables y  carroñeras»

 

Termina julio (entre tierra quemada y el performance marroquí de la "toma de la Bastilla", en Ceuta)  y leo el artículo de despedida en Vozpópuli (“Cuando uno se baja del tren”) de Miquel Jiménez, al que leía a diario. Él y yo diferíamos en la manera de pensar, pero eso no quita que Jiménez tuviera ingenio y manejase la pluma con la habilidad de un  espadachín con el florete. Señala en su último trabajo que “llega el momento de bajarse del tren, señores, colgar espada, vizcaína, pistolón y casaca, dejar colgado en el perchero el gastado chambergo y retirarse a la serena vida del veterano que tantas cosas ha visto y tantas quisiera olvidar”.  Se tiene ganado el descanso alguien como él, que comenzó a trabajar a los 14 años, llevado por necesidades económicas de su familia. Lo cuenta en otro artículo (“El señor Miguel, mi padre”), del que señaló: “Aun creo oler esa mezcla de picadura 'Genere', loción para el afeitado, agua de colonia y el apresto de sus camisas blancas inmaculadas”. Y en aquel artículo se confesaba a tumba abierta: “Yo soy hijo del señor Miguel y la señora Pepita, de La Unión él, ella de Hospitalet, ambos de clase humildísima y enamorados toda la vida como el primer día. Mi padre era camarero y trabajó cuarenta años en dos sitios, un merendero de la Barceloneta, de día,  el ‘Costa Azul’, y en un cabaré por la noche, ‘Barcelona de Noche’. Dormía solo cuatro horas diarias. Le llegué a ver dormirse de pie, apoyado en la pared”. (…) “Nunca se quejó, nunca faltó al trabajo, nunca perdió su elegancia natural ni esa alegría de quien sabe cumplir. Quiso a mi madre con locura hasta que Dios se lo llevó, momento en el que precisamente yo lo tenía entre mis brazos porque lo acababa de afeitar. El maldito cáncer”. (…) “Su entierro fue multitudinario y la gente que pasaba frente a la iglesia preguntaba quién era el difunto, dada la aglomeración de personas que habían ido a dar su último adiós al señor Miguel. Desde El Portugués, limpiabotas algo raterillo que circulaba por los cafés de la plaza de Cataluña y aledaños hasta uno de los máximos directivos de banca de Barcelona; falangistas, libreros anarquistas, artistas de revista, travestis, repartidores de refrescos, viejas prostitutas que habían encontrado en casa siempre un plato de sopa y alguien a quien explicar las penas; también  expresidiarios, carteristas jubilados, policías de la secreta, taxistas, camareros, dueños de restaurantes de postín, vendedores de diarios, conductores de autobús, médicos de fuste, serenos y vigilantes, todo un abigarrado mundo de tipos y personas se arremolinaba alrededor del féretro de aquel hombre con lágrimas los ojos…”. Para quien no lo sepa, el ‘Costa Azul’ fue un histórico y popular merendero (a los restaurantes de entonces les llamaban merenderos)  abierto en 1930 por la familia Ferrer-Espí en el barrio de la Barceloneta. Más tarde se llamó ‘La Gavina’. Tomaron el relevo su hija María Luisa Espí y su marido Agustín Ferrer hasta 1989, cuando todos los restaurantes de la zona fueron derribados por la Ley de Costas, causando una gran conmoción en el barrio y en todo Barcelona. Buscaron una nueva ubicación en el propio barrio, y la encontraron en los antiguos ‘Almacenes Generales de Comercio’, actualmente ‘Palau de Mar’, construidos en 1881. Y en 1992, Espí, Ferrer, su hija María Ferrer y el marido de ésta, Ramón Seoane, inauguraron el nuevo ‘Restaurante La Gavina’. Por otro lado, ‘Barcelona de noche’ fue un cabaré fundado en marzo de 1936 por José Márquez Soria (más conocido como "Pepe el de la Criolla" porque antes había sido encargado y vigilante en el cabaret ‘La Criolla’) y su amigo Saborit en el número 5 de la calle de las Tapias, en el corazón del Barrio Chino de Barcelona, y se mantuvo activo hasta 1990. Por su pista pasaron grandes figuras del transformismo y la música como Christa Leem, Pierrot, Bibi Andersen, Ángel Pavlovski y Mimí Pompón. Lo cierto es que la apertura del nuevo cabaret  ('Barcelona de noche') supuso la revitalización del entorno, de modo que una parte del ocio nocturno se trasladó desde la calle del Arco del Teatro hasta ese nuevo local. Sin embargo, el ‘Barcelona de Noche’, cuando todavía no hacía ni dos meses de su apertura, ya se hizo desgraciadamente famoso por el asesinato en extrañas circunstancias de su dueño y fundador, José Márquez Soria, el 29 de abril de 1936. A las 5 de la madrugada, tras efectuar la liquidación de los camareros, dirigiéndose a su domicilio situado en el número 6 de la calle de Santa Madrona, una vez había entrado dentro de la portería, le dispararon siete veces. La víctima llevaba encima unas joyas y 3.625 pesetas. Probablemente el crimen fue una venganza. Márquez tenía entonces 64 años de edad, dejando inacabado su ambicioso proyecto de transformar el barrio en un gran centro de ocio y diversión. Su mujer, Cayetana Hibraind, continuó como propietaria del negocio. En fin, se marcha Miquel Jiménez de ese diario digital de derechas aferrado a su cachimba como el que se agarra al trapecio circense, consciente de que la prensa escrita está condenada a la extinción.


 

jueves, 30 de julio de 2026

El poliédrico 'Dioni'

El Dioni (@ElDioniOficial) / Posts / X

 

Leo con una mezcla de estupor y sorpresa que El Dioni desea presentarse por Vox para la alcaldía de El Molar (el pueblo madrileño nativo de su madre) una vez transcurridos cuarenta años desde el robo del furgón blindado. Salió de la cárcel en libertad provisional tres años y cuatro meses después de haberse apoderado de 298 millones de pesetas (equivalentes a 4,58 millones de euros actuales) de dinero ajeno en 1989 (apropiación indebida) y llevar una posterior vida lujosa en Río de Janeiro antes de ser detenido y devuelto a España. Dionisio Rodríguez Martínez, que tal es su nombre, es un ciudadano libre y puede militar en el partido político que desee y presentarse en los comicios municipales donde le venga en gana. Para su huida de España compró un peluquín, se hizo con un pasaporte falso y se puso unas gafas oscuras para disimular su estrabismo. Incluso se sometió a una operación de cirugía estética para cambiarse las facciones y despistar a la policía. Pero sus actos pasados han prescrito. Dice un sabio refrán que ‘quien roba a un ladrón tiene cien años de perdón’. y los bancos no son hermanitas de la caridad precisamente. Digo más, la banca no han devuelto la totalidad de las ayudas públicas inyectadas por el FROB  desde la crisis financiera iniciada en 2009. De los más de 54.000 millones de euros inyectados inicialmente en capital y productos híbridos a las entidades rescatadas, una parte muy importante del dinero de todos los ciudadanos se da por irrecuperable y no se ha retornado en su totalidad al Estado. Pero ya se sabe, en este país lo absurdo adquiere carta de naturaleza. Vamos, que El Dioni al lado de esos granujas de cuello blanco y alma de hiena es san Tarsicio, el único santo presente en los altares con minifalda. Bueno será recordar, por otro lado, que la prescripción solo se aplica a los delitos antes de que sean juzgados. Una vez cumplida la condena o saldada la responsabilidad penal con la justicia, el concepto legal cambia y la causa está cerrada y juzgada, por lo que no prescribe de nuevo. El caso es que la popularidad de El Dioni aumentó y era saludado en la calle como un héroe. Y como de algo tenía que vivir, abrió tres bares en el transcurso de dos años. El primero en  El Molar, "La cueva del Dioni"; el segundo en Barajas, "El Caco Dioni" y el tercero, "El Rincón del Dioni", en su barrio de su infancia, El Retiro. Este último negocio lo publicitó con fotocopias de billetes de diez mil pesetas que llevaban impreso su rostro. De vez en cuando  le hacían entrevistas al hombre poliédrico, que pasó de ser delincuente en la España carpetovetónica de entonces a empresario hostelero más tarde. Ahora, a sus 77 años, desea abrir una nueva etapa en su azarosa vida. A fin de cuentas, Vox para muchos ciudadanos, donde no me incluyo ni borracho, no es protervo sino lo más parecido al Opus Dei. Que la suerte le acompañe.

 

Torerías

 

 

Hay locuras que pueden llevar al desastre. Lo malo es que, cuando ocurre algo imprevisible, nadie se hace responsable del suceso ni dimite por incompetente. Ello viene a cuento con una noticia que acabo de leer en la prensa por la que la Confederación Hidrográfica del Duero ha autorizado al Ayuntamiento de Castrogonzalo  la instalación de una plaza portátil de toros en esa aldea, la antigua “Castrum Gundisalvo ben Muza”, con carácter permanente junto al río Esla (tras recibir las aguas del río Cea), a unos 25 metros del cauce principal y en la margen derecha. Las desgracias nunca suceden hasta que llegan sin avisar. La descerebrada petición municipal fue registrada el 16 de enero pasado junto al proyecto de legalización de la plaza de toros redactado en abril de 2025 por un arquitecto técnico cuyo nombre desconozco. El documento define la implantación de la infraestructura taurina en una zona sometida a regulación específica por su proximidad al cauce. Para más inri, La Comisaría de Aguas no ha realizado visita técnica al emplazamiento, al considerar de “escasa entidad” las obras a ejecutar. Por lo que se desprende, hace falta tener poca memoria para no acordarse de de la rotura del embalse de Vega de Tera tres años más tarde de haberse construido, la liberación de 8 millones de metros cúbicos de agua y la correspondiente catástrofe en la madrugada del 9 de enero de 1959, donde 144 de los 532 habitantes de Ribadelago fallecieron y donde todavía quedan muchos vecinos desaparecidos en el fondo del lago de Sanabria. Sin ir más lejos, en los primeros días del pasado mes de febrero hubo una preocupante crecida del río Esla a su paso por el puente Mayor de Castrogonzalo y el viaducto de la A-6, en Benavente. Terminado de construir en el siglo XVII, durante mucho tiempo aquel fue el único puente de piedra existente entre Mansilla de las Mulas y la desembocadura del Esla. Ya en 2020 la Policía Local de Benavente descubrió la situación de una de las pilastras. Pronto se comprobó que al menos otras tres también presentan daños. Las crecidas de diciembre anterior y el cambio del curso del río, que en este punto encara el puente con un ángulo de casi 45 grados, depositó troncos y ramas de árboles entre los ojos del puente. En una de las pilastras era visible un boquete. Por la parte posterior, los refuerzos de hormigón de la reparación de tres años antes quedaron en el aire y agrietados en cuatro apoyos. Por tos es sabida la afición taurina en Castrogonzalo como se demuestra durante las fiestas de san Roque, sus encierros multitudinarios y la degustación de madrugada de sopas de ajo al estilo castreño. En fin, que les vaya bonito a los torerillos que pretendan lucirse en plaza portátil sin enfermería, que esa es otra. Es jodido manejar a un morlaco corniveleto y sin trapío a la vista del respetable, con traje de luces alquilado y sin poner cara de susto.

 

martes, 28 de julio de 2026

Solo de clarinete


 

Recuerdo de niño, cuando en alguna ocasión hice el itinerario desde Calatayud hasta Santander para pasar el verano en casa de mis abuelos maternos en dos interminables etapas. Una, desde Calatayud hasta Burgos por Soria, en un tren correo que seguía hasta Cidad-Dosante en la vía nunca terminada del 'Santander-Mediterráneo'. Operaba diariamente recorriendo las 37 estaciones del trayecto hasta Burgos en casi seis horas. Todavía había algún anciano viajero que había sido ferroviario y que recordaba la inauguración del ferrocarril entre Calatayud y Soria el 21 de octubre de 1929. Aquel ya lejano día partieron dos trenes inaugurales en dirección contraria que se juntaron en la estación de Torrelapaja. De la ‘Estación de Mediodía’, como se conocía a la ‘Estación de Calatayud-Jalón’, propiedad de la Compañía MZA, partió a las 15 horas el convoy formado por una locomotora SM-107 y tres coches de primera clase. Al mando de la máquina  iba Víctor Vallejo y como fogonero, Manuel López. En el interior del convoy viajaba un numeroso grupo políticos, militares, curas, empresarios, reporteros  y miembros de las más acrisolada sociedad bilbilitana y zaragozana. La expectación a su paso por las diversas estaciones fue tremenda, sobre todo en Cervera de la Cañada. El día del servicio inaugural prestaron servicio los siguientes jefes de estación en el tramo aragonés: Calatayud, Fortunato García; Cervera de la Cañada,  Julio Mínguez; Villarroya de la Sierra,  Alejo Urbano; Clarés de Ribota, Octavio Hernández;  Malanquilla, Ángel Gállego; y Torrelapaja, Rafael Gutiérrez. El tren procedente de Soria había llegado poco antes. Estaba formado por la locomotora SM-105 que conducía Lorenzo San José y el fogonero era Ricardo Muñoz. En aquel convoy viajaron personalidades sorianas y burgalesas. El andén de la estación de Torrelapaja se llenó de convidados y numerosos curiosos que acudieron al acto. Se obsequió a los presentes con un magnífico almuerzo que elaboró el Hotel Muro de Calatayud. Después hubo un baile amenizado con la Banda de Soria. El acto se completó con la visita a la fábrica de harinas “La Esperanza” que acababa de instalarse en ese pueblo. Tras el brindis de los gobernadores civiles de Soria y Zaragoza, y de los alcaldes de Soria y Calatayud volvieron a sus lugares de partida en el mismo tren y en sentido opuesto al que habían utilizado para llegar. Aquella línea férrea se cerró definitivamente el 1 de enero de 1985. Pero mi intención inicial no era la de comentar aquella inauguración sino de hacer referencia a una pirámide de los italianos situada en un monte muy cerca del pantano del Ebro, todavía en la provincia de Burgos. Aquella pirámide escalonada la podía ver en la segunda etapa de mi viaje, por una infame carretera que hacía el recorrido desde Burgos hasta Santander por el puerto del Escudo en pésimo estado de conservación. Aquella tétrica pirámide (que todavía sigue en pie pese a las polémicas) había sido inaugurada el 26 de agosto de 1939 por el ministro italiano de Asuntos Exteriores Galeazzo Ciano, yerno de Mussolini, más tarde fusilado por orden de su suegro, el Duce, por traidor.  Intentó huir con su familia a España, donde esperaba ser recibido con gratitud por Franco, y consiguió que lo sacara de Italia un avión alemán, pero a mitad de vuelo el avión cambió de rumbo y lo llevó a Alemania. Al amanecer del 11 de enero de 1944,  Ciano y otros cuatro miembros del Consejo Nacional Fascista fueron llevados al campo de tiro del Fuerte de San Prócolo y atados a unas sillas de espaldas al pelotón de fusilamiento. En un último gesto de gallardía, Ciano volvió la cabeza para mirar de cara a sus verdugos como un héroe de ópera trágica. Fue como en el aria "E lucevan le stelle", de “Tosca”, que comienza con un melancólico sólo de clarinete: “E lucevan le stelle…/ Ed olezzava la terra…/ Stridea l’uscio dell’orto…/ E un passo sfiorava la rena…”. Siempre nos quedará Puccini.