domingo, 3 de mayo de 2026

El baratero de la visera

Las vergüenzas de Trump, al descubierto

 

Bueno será recordar que, como consecuencia de la victoria española en la Guerra de África (1859-1860) en defensa de ambos territorios, se firmó entre Isabel II y Mohammed IV el Tratado de Wad-Ras en 1860, donde el sultán admite la ampliación de los territorios de Ceuta y Melilla a perpetuidad. Y digo que bueno será recordarlo en estos tiempos de tribulación en los que Trump, ese baratero de la visera colorada, no perdona a España el rechazo de Sánchez la intervención militar de los Estados Unidos en Irán y la negativa española de dedicar el 5% del PIB a gasto en defensa.  Conociendo a ese personaje excéntrico que un día dice una cosa y al siguiente la contraria, que un día quiere Groenlandia; otro, hacer un resort en los territorios conquistados por el cruel  Netanyahu en Palestina y, su última ocurrencia, su deseo de ocupar Cuba, no me extrañaría que achuchara a Mohamed VI como si fuese un dogo con otra “Marcha Verde” sobre Ceuta y Melilla como hizo en su día con el Sáhara, creciéndose frente a la cobardía del desnortado y moribundo franquismo, con el señuelo de estudiar el traslado de la base de Rota a territorio marroquí, al no estar ambas ciudades autónomas explícitamente protegidas por el Tratado del Atlántico Norte, pese a que el Tratado de Lisboa (Art. 42.7) de la Unión Europea sí obliga a la defensa mutua de los territorios de sus Estados miembros. De un tipo excéntrico como Trump, responsable del asalto al Capitolio, solo se pueden esperar chifladuras. Recordemos que Ceuta es española de forma ininterrumpida desde 1668, cuando Portugal reconoció formalmente su soberanía a la Corona española mediante el Tratado de Lisboa. Y Melilla, la antigua Rusaddir, desde el 17 de septiembre de 1497, cuando fue incorporada a la Corona de Castilla por Pedro de Estopiñán, al servicio de los Reyes Católicos. El Estado español les otorgó en 1995 el estatus de ciudades autónomas, con más competencias que los municipios aunque menos que las comunidades autónomas. Pero dada la actual distopía indeseada y entronizada por el tipo de la gorravisera, primo de Zumosol que, como Midas todo el sufrimiento ajeno convierte en oro, nunca digas “de este agua no beberé” ni “este cura no es mi padre”.

 

sábado, 2 de mayo de 2026

Las virtudes de la lata azul

 

Pues nada, que ahora me sorprende que tras de más de un siglo desde su invención por la compañía ‘Beiersdorf’, la OCU ha analizado la crema “Nivea” determinando que es de gran utilidad para el cuidado de la piel. La fórmula de esa típica lata azul se basa principalmente en ingredientes con propiedades hidratantes y emolientes. Entre ellos destacan la parafina líquida, la cera micro cristalina y la lanolina. Se completa la formulación con la glicerina, de efecto humectante, y el pantenol, un agente protector cutáneo.  Me parece excelente el deseo que demuestra la OCU de analizarlo todo en los  diversos ámbitos y en beneficio de los usuarios. Ya es sabido que los productos considerados deletéreos, peligrosos o con irregularidades graves se concentran principalmente en complementos alimenticios y cosméticos con componentes no autorizados. Me alegra conocer, por lo tanto, que existe una asociación privada, la OCU, independiente y sin ánimo de lucro, fundada en 1975, cuyo objetivo es defender los derechos de los consumidores y promover una sociedad de consumo justa. Sus advertencias son como aviso de navegantes. Lo mismo desaconseja no invertir en bitcoin a través de entidades bancarias que adquirir una lata de conservas que ha falseado su etiquetado. El caso de “Nívea”, demuestra a las claras que existen productos clásicos que siguen siendo líderes en el mercado gracias a su calidad, nostalgia y tradición, como el “Cola-cao”, el “anís de El mono”, el agua de colonia concentrada “Álvarez Gómez”, los lápices de colores “Alpino”, los bolígrafos “BIC”, las latas de sardinas “Miau”, o los caramelos “La pajarita”, etcétera. Por cierto, la tienda de la Puerta del Sol que fabrica esos productos, más tarde trasladada a la calle Villanueva y posteriormente a la Galería Canalejas, todas ellas en el centro de Madrid, fue testigo mudo del asesinato de José Canalejas, presidente del Consejo de Ministros en 1912. Había realizado aquel 12 de noviembre  un pedido de caramelos con sabor a violetas y tras cruzar unas palabras de saludo con su propietario, Vicente Hijós, fue asaltado mientras miraba el escaparate de la ‘Librería San Martin’, en la esquina con Carretas, por Manuel Pardiñas. Ese mismo año, Enrique Blanco y Adelardo Fernández Arias realizaron un cortometraje mudo de 5 minutos de duración sobre aquel atentado con resultado de muerte, titulado “Asesinato y entierro de don José Canalejas”, donde interpretaba la figura del asesino,  siendo el primer trabajo cinematográfico del gran actor Pepe Isbert.

 

viernes, 1 de mayo de 2026

A moro muerto...

 Como neutralizar un jefe tóxico con inteligencia emocional

 

A la Fiesta del Trabajo, que hoy se celebra, en el Santoral católico se la denomina como memorial de san José Obrero, según  estableció Pio XII en 1955, dando por hecho que trabajar dignifica cuando el trabajo está al servicio de la persona, y no cuando la persona se convierte en instrumento del trabajo, poniendo como modelo a un  humilde carpintero de Nazaret. Yo, sin embargo, soy de los que preferiría vivir de las rentas si estar sometido al despotismo de un  tirano que solo piensa en aumentar la productividad ajena en su propio beneficio. Uno de  esos líderes déspotas que no valoran a sus equipos, no empatizan y generan un pésimo ambiente laboral, que evitan pagar horas extras, mantienen salarios injustos o recurren al empleo en negro y a la doble contabilidad. Ya lo dice el refrán: “Ni pidas a quien pidió, ni sirvas a quien sirvió”. Suelen ser tipos que lo pararon muy mal en su infancia, y de adultos jefes muy exigentes, resentidos, tiranos o rencorosos, ya que conocen bien las humillaciones pasadas en sus propias carnes. Y lo que es peor: dada su baja estima, dirigen la pequeña empresa basándose en el miedo, la presión, las amenazas y el maltrato, en lugar de la motivación. Ignoro cómo habría sido san José de haberlo tenido como jefe en un  taller de carpintería. Prefiero no saberlo. Pio XII, a mi entender, no fue un papa con empatía. Jamás se atrevió a denunciar las practicas que el nazismo llevo a cabo en el Holocausto. Cartas encontradas en archivos del Vaticano de 1942 revelan que Eugenio Pacelli tenía conocimiento detallado del exterminio de judíos y de los crematorios, pero no lanzó una condena pública. No hay que olvidar que siendo cardenal, Pacelli fue nuncio apostólico en Alemania y secretario de Estado de la Santa Sede bajo el mandato de Pío XI. Digo más, mantuvo vínculos con la resistencia alemana y compartió información con los Aliados, mientras que al mismo tiempo desarrollaba alianzas con la Alemania nazi y la Italia fascista, e incluso llevó a cabo negociaciones secretas con emisarios de Hitler. La historiadora Susan Zuccotti sostuvo que Pío XII, el jefe de la Iglesia Católica Romana durante la Segunda Guerra Mundial, no se pronunció públicamente contra la destrucción de los judíos. Y Frank Coppa escribió: “El enfoque diplomático del papa Pacelli a menudo restringió su misión moral, negándose a condenar abiertamente las acciones malvadas del nazismo, incluyendo su genocidio, cuando parecía que podría triunfar, pero denunciándolo como satánico cuando fue derrotado". Queda claro, a moro muerto, gran lanzada.

 

jueves, 30 de abril de 2026

Mirando por el caleidoscopio

Se ha extendido como la peste": cómo el caleidoscopio produjo las mismas  reacciones anti-tecnología que los smartphones

 

Las parroquias de los pueblos son los mejores archivos de consulta. También los ayuntamientos.  De hecho, Pascual Madoz se aprovechó de la información que le fue proporcionada  por  alcaldes y párrocos de todas las ciudades, pueblos y villorrios  para confeccionar los 17 volúmenes de su“Diccionario geográfico-estadístico-histórico de España y sus posesiones de Ultramar”, realizado entre los años 1845 y 1850, tras 15 años de esfuerzo y 11.600 páginas escritas, que mejoró mucho el anterior Diccionario geográfico-estadístico de España y Portugal “, de Sebastián Miñao. (Madrid: Pierart-Peralta, 1826-1828, 11 vols.) Miñao, como digo, con anterioridad había ejercido de ayo del nieto de Felipe V, el infante Luis María de Borbón y Vallabriga (hijo del infante Luis Antonio de Borbón y Farnesio, hermano de Carlos III y de María Teresa de Vallabriga y Rozas, dama de la baja nobleza aragonesa),  que llegó a ejercer de arzobispo de Sevilla y de Toledo y más tarde al cardenalato. Fue nombrado en 1814 presidente de la Junta Central de la Regencia (Guerra de la Independencia). De ese ilustre personaje existe un óleo sobre lienzo en el Museo del Prado pintado en 1802 por Francisco de Goya. Una de sus hermanas, Maria Teresa, condesa de Chinchón, fue la primera esposa de Manuel Godoy y también fue plasmada en un lienzo por el mismo autor dos años antes. Otra de las obras de Miñao, “Lamentos políticos de un pobrecito holgazán” (Madrid. Imprenta que fue de García. Librería de Paz, 1820)  llegó a vender 60.000 ejemplares y está considerada como una de las obras más influyentes del anticlericalismo español de la primera mitad del siglo XIX. Pero lo que sí parece cierto es que las cifras de población ofrecidas por el ‘Diccionario’ de Madoz están basadas en el censo de la matrícula catastral de 1842, casi todas inexactas y con tendencia a la baja. Por aquellos años parece ser que los ayuntamientos ocultaban riqueza y población para esquivar impuestos y disminuir el reclutamiento militar obligatorio.  En España siempre anidó la picaresca en todos los órdenes desde tiempos de Maricastaña (o María Castiñeira, confesa de haber hecho muchas injurias a la Iglesia de Lugo, y haber matado a Francisco Fernández, mayordomo del obispo, nacida en Cereza, aldea del municipio de Puebla de Brollón, en el del siglo XIV y de la que se sabe en realidad muy poco, más allá de lo que se recoge en un documento del Archivo Episcopal lucense). Puede imaginarse el lector los entresijos y embrollos que supuso, pongamos por ejemplo el fogaje de 1495, en su deseo de recaudar fondos para la guerra por parte de Fernando II de Aragón “en un momento económico complicado con las cosechas agostadas por la langosta y Zaragoza diezmada por la peste”, según refiere Antonio Serrano Montalvo en sus dos tomos de aquellas sobrecullidas. (“La población de Aragón según el fogaje de 1495”. Antonio Serrano Montalvo. Institución ‘Fernando el Católico’, ed., e Instituto Aragonés de Estadística. La Editorial y Gráficas Navarro, Zaragoza, 1995). Donde nunca no hubo mucho, poco se pudo rascar.