lunes, 7 de septiembre de 2026

Ojo al Tarik de Rabat

 

 

En  este país se está dando una extraña paradoja. El principal partido de la oposición, el Partido Popular, pretende, por un lado devolver a Marruecos a los ocupantes que quedan en Ceuta y que no tienen intención de marcharse; por otro, que sigan donde están hasta el final de la legislatura para desgastar al Gobierno más, si cabe. Y el Gobierno, por el contrario,  está colocando a los invasores en barracones de armadillos de  plástico y tubos en playas, naves industriales y el puerto para que esos ocupantes se encuentren mejor acomodo. Pero, ojo, en el puerto hay depósitos de gasolina capaces de volar una ciudad como Barcelona. Por otro lado, el  presidente de la Ciudad Autónoma, Juan Jesús Vivas, va mañana a Bruselas a contar a los eurodiputados lo que está sucediendo. ¡Pero si ya lo saben! Según leo en El País, “el líder del PP, Alberto Núñez Feijóo, y el mandatario ceutí, del mismo partido político,  han acusado a Marruecos de haber intentado una maniobra con la “invasión” de Ceuta, que según el líder del PP estaba destinada a arrancar a España concesiones; y Vivas se ha opuesto a trasladar a esos invasores, incluidos los menores, a la Península para descongestionar Ceuta, con todo el respaldo del PP y de Vox”. Mientras, el ministro Víctor Torres, responsables desde el 25 de agosto del mando único para gestionar esa crisis, defiende la colaboración con Marruecos, y confía en recuperar la normalidad. Para mí que la cosa no ha hecho más que empezar. Veremos qué sucede si a Felipe VI se le ocurre poner un pie en ese territorio español, como le prometió a Vivas sin haberlo consultado, según parece, antes con el Gobierno. Para Mohamed VI, o Mojamé como le dice la gente del Sur, las represalias contra España podrían ser de libro por parte de ese sátrapa y jefe espiritual de un Estado formalmente creado en 1956 tras el fin del protectorado de Francia, el 2 de marzo, y de España el 7 de abril de aquel año. Hasta esa fecha en Marruecos hubo un mosaico de sultanatos, jefaturas tribales y territorios de soberanía difusa. Durante siglos, las tribus rifeñas vivieron en régimen de autoorganización, fuera del control efectivo del sultán, formando parte del llamado Bled es-Siba: no pagaban tributos regulares, no reconocían la autoridad administrativa del Majzén y se regían por sus propias asambleas y el derecho consuetudinario. El vínculo con el sultán, cuando existió, fue solo religioso y simbólico, no político ni fiscal. Aquella autonomía se expresó de forma radical durante la República del Rif (1921‑1926), cuando Abd el‑Krim organizó un proyecto político independiente tanto de España y Francia como del propio sultán de Fez. Y cuando España ocupó el Sáhara Occidental en el siglo XIX  lo consolidó como territorio e instaló su dominio sobre sociedades nómadas y semi‑nómadas que habían conservado un fuerte margen de autonomía política. La “Marcha Verde” del 6 noviembre de 1975, con Franco agonizando y España desbaratada por el miedo al futuro político, fue la causa de que este país abandonase el Sahara Occidental (hasta entonces provincia española) y a los saharauis a su suerte en beneficio de Hassan II, que también afrontaba un panorama complicado: dos golpes de Estado, uno seguido de otro, que  habían hecho tambalear su corona. Ahora, ha bastado una visita de Sánchez a Argelia para  que, a los pocos días, se haya activado la hostilidad contra lesas ciudades autónomas. Rabat tienen razones de peso para saber que la respuesta de España siempre será tibia, por no decir que inexistente. No se puede olvidar que los teléfonos del presidente del Gobierno y de los ministros de Defensa e Interior, Margarita Robles y Fernando Grande-Marlaska, respectivamente, fueron intervenidos por Marruecos; el mismo país del que nos cansamos de decir que es hermano, amigo y aliado. Sánchez, sabe que no estamos en el año 711,  no quiere otra“batalla de Guadalete”, y el Tarik de Rabat tienen razones de peso para saber que la respuesta de ese nuevo don Rodrigo que habita en la Moncloa siempre será inexistente.  Ese país del que nos cansamos de decir que es hermano, amigo y aliado, es un vengativo vecino de mucho cuidado. Ya lo dice el refrán: “Si alguien te ha de joder, de la familia ha de ser”.

 

domingo, 6 de septiembre de 2026

Democracia cojitranca

 

 

En este país pasamos directamente del utárquico‘régimen del 18 de julio’ al ‘régimen del 78’, que no fue más que el reparto del poder político entre unas élites regionales y la creación de 17 virreinatos con más ínfulas (entendidas como tiras de tela, distintivo de alta jerarquía) que la mitra del cardenal Richelieu. A la muerte de Franco no se produjo, como digo, un periodo constituyente sino una democracia cojitranca donde los parlamentarios no fueron capaces de evitar mediante la correspondiente ley la apología del franquismo como hizo Alemania con el nazismo. Como diría Antonio García-Trevijano, todo el proceso constituyente quedó transformado en una “charlotada” de oligarquía de partidos. El hecho de hacer listas electorales bloqueadas y cerradas, las evidentes dificultades para renovar el Consejo General del Poder Judicial, el excesivo aforamiento injustificado, la opacidad en las cuentas de la Casa Real, la falta total de transparencia pública en la gestión de los recursos, la corrupción y la fuerte polarización política que dificulta los grandes consensos nacionales y bloquea las reformas institucionales, son algunas de las razones que confirman que no se cosió el traje democrático de la mejor forma sino que se hilvanó por un aprendiz de sastre, dejando al aire nuestras miserias. Platón fue el filósofo más destacado en oponerse a la democracia en su obra “La República”, a la que consideraba una de las peores formas de gobierno. Argumentaba que las masas no tiene preparación ni sabiduría para gobernar, con lo que daba a entender que ese sistema político conducía al caos y, finalmente, a la tiranía. Y Sócrates la comparaba en términos náuticos con  un barco donde el capitán es elegido por votación de los marineros inexpertos en lugar de por alguien que sepa navegar; Aristóteles la veía como una forma desviada del gobierno de muchos; y Nietzsche también rechazó firmemente la democracia, al considerarla como un sistema mediocre que frenaba el desarrollo de los individuos superiores y promovía la igualdad de rebaño. Pero a la pregunta ¿existen formas de gobierno peores? la respuesta es  afirmativa. Guillermo Cortázar, en su libro “Romanones” (Espasa, 2021) señala que  la historia de España entre 1923 y 1936 es la de una transición fallida a la democracia”. Personalmente entiendo que no lo fue así todo ese tiempo. No se puede mezclar la dictadura de Primo de Rivera (con el vergonzoso consentimiento de Alfonso XIII, que provocó el  posterior “Pacto de San Sebastián” y que le abrió al rey la puerta para invitarle a marcharse) con  la intachable Constitución de 1931, truncada por un golpe de Estado y una posterior guerra civil, que no fue el eje de la crisis política del siglo pasado sino la consecuencia, por el deseo de la burguesía y el clero de recuperar lo que ellos entendían como privilegios lacerados. Los militares -en su mayoría africanistas, poco cultos, asilvestrados en sus modales y mal pagados-  solo fueron la herramienta utilizada por ese grupúsculo de indeseables para el logro de sus malvados fines, es decir, la eliminación de las libertades civiles, de la libertad de expresión y de los derechos humanos mediante la fuerza o la censura. Eso que  los que lo griegos llamaron tiranía.

sábado, 5 de septiembre de 2026

La ultraperiferia

 

 

Dice un viejo refrán castellano que “aunque la mona se vista de seda, mona se queda”. Cambiar el nombre a las cosas  o a las profesiones, no modifica su esencia. Los aparejadores se llaman arquitectos técnicos; los secretarios judiciales, letrados de la Administración de Justicia; lo barberos, estilistas; los cocineros, chefs; etcétera. Otros oficios ya han desaparecido: alpargatero, azacán, sereno, almadiero, barquillero, colchonero, fogonero, rabadán… Y ahora llega un nuevo nombre para Ceuta y Melilla. Sánchez está interesado en que ambas ciudades autónomas españolas dejen de llamarse así para transformarse en regiones ultraperiféricas de la Unión Europea, lo que obligaría a reformar los Tratados europeos con un nuevo encaje. Ello conllevaría ventajas fiscales para esas dos ciudades, como sucede en la actualidad con Canarias, Azores, Madeira y los territorios franceses de ultramar: la Guayana Francesa, Guadalupe, Martinica, Mayotte y Reunión, y permitiría aplicar condiciones específicas en ámbitos como la fiscalidad, el comercio exterior, la unión aduanera y el acceso preferente a fondos europeos. Pero esa reforma  requeriría también, como digo, el acuerdo unánime de los 27 Estados miembros. Personalmente tengo mis dudas de que estén por la labor. Ello necesitaría contar con voluntad política.  En la reciente invasión de marroquíes a Ceuta se ha puesto de manifiesto que los socios europeos han mirado para otro lado, como dando a entender que ese“problema” debe arreglarse entre vecinos, como si se tratase de ruidos molestos, fugas y humedades, impagos de morosos, o el mal uso de los espacios compartidos. Lo que sucede entre España y Marruecos  -y así lo deberían entender los socios europeos-  no es cosa diferente a un fiel reflejo de Patio de Monipodio, parecido a aquel famoso centro de operaciones del hampa sevillana en la novela de Cervantes “Rinconete y Cortadillo”.  Lo primero que debería hacer Sánchez es reconocer sin fisuras que aquella invasión de marroquíes llevaba el visto bueno del millonario sátrapa Mohamed VI, ese Monipodio africano tan temido por sus súbditos que pretende anexionarse Ceuta y Melilla y asfixiar Canarias del modo más infame, o sea, por aburrimiento del contrario. Las avalanchas migratorias no nacen al azar como las setas en los pinares. Detrás de las llegadas masivas e incontroladas siempre hay una operación de Estado. Pese a las supuestas advertencias del CNI (donde también hubo divergencias entre el ministro del Interior y la ministra de Defensa)   no se reforzaron las fronteras ni se movió la diplomacia. Para el Gobierno aquellos barruntos de invasión solo eran el consabido ‘cuento del lobo’. Sí, claro, claro…, se estaba mejor en La Mareta a gastos pagados.

 

viernes, 4 de septiembre de 2026

Noruega, un espejo donde poder mirarnos

 

 

Leo una sorprendente noticia de agencias donde se cuenta que “uno de cada cuatro noruegos  cree que Mette-Marit (esposa de Haakon VIII de Noruega) no está capacitada para ser reina”. ¿Desde cuándo a las consortes reales se les exigen altas capacidades para desempeñar un papel a todas luces decorativo? El que debe estar  capacitado para ejercer su función es su marido una vez convertido en jefe del Estado. El verdadero papel de la consorte de un monarca es concebir hijos para garantizar el futuro de la Corona, algo que en el caso del rey noruego ya está garantizado con la heredera, Ingrid Alexandra, y su hermano  Sverre Magnus, que en  la actualidad estudia Dirección y Administración de Empresas en el  Forward College de Lisboa, el mismo centro donde lo hace Sofía de Borbón para llegar a ser ‘la mejor preparada’, como su padre. Marius Borg Hoiby, hijo de Mette-Marit, no forma parte de la línea sucesoria. Se encuentra bajo  arresto domiciliario después de haber sido condenado a cuatro años de prisión por dos casos de violación y otros delitos.  La Justicia, haciendo una excepción, le ha  permitió asistir  a los funerales de Harald V. De cualquier manera, la función de un rey en una Monarquía parlamentaria (como es el caso de Noruega o de España) es puramente ceremonial, los nombramientos realizados por el monarca son una simple formalidad, así como la función de la Jefatura de las Fuerzas Armadas, ya que la verdadera responsabilidad  recae sobre el titular de la cartera de Defensa. Noruega, con sus casi seis millones de habitantes, es un  país rico gracias al petróleo de su subsuelo, muy culto, cristiano y luterano, recalco lo de luterano; y, en consecuencia, los noruegos  no necesitan el culto de dulía o hiperdulía, o sea, la intermediación de santos o vírgenes a la hora de ejercer el culto de Latría, el culto genuino para el creyente cristiano. Los noruegos son conscientes de que, cuando hay intermediarios (funcionarios del Cielo) aparece de inmediato falta de transparencia y una desconexión entre el creador y el consumidor final. Digo más, se añade burocracia (dogmas de fe y falsos milagros) y se encarece el producto sin aportar un valor real. No digamos nada  si encima el obispo o el cura de aldea abusan de su posición de poder, como ocurre en España desde el Concilio de Trento. Entonces mueres en la folla y sin redención posible, como los inicuos. Noruega, como digo, fue el primer país en aplicar una legislación antidiscriminatoria protegiendo los derechos de gais y lesbianas; el primer país en reconocer el Convenio 169 de la OIT sobre pueblos indígenas recomendada por las Naciones Unidas; y el segundo país en legalizar la unión civil para las parejas del mismo sexo. Tiene una gran riqueza gastronómica y es cuna de grandes artistas, que le añaden valor a ese país, donde podríamos mirarnos. Un espejo (salvo que sea del callejón del gato) es como un profundo fiordo que siempre nos devuelve la imagen sin retoques.

 

jueves, 3 de septiembre de 2026

Lúgubres callejones

 

Antonio R. Naranjo escribe en El Debate que algunos miembros del Ejecutivo van a por el rey “por la espalda, desde la esquina de un lúgubre callejón”. Vamos, como fueron a por Juan Prim en la calle del Turco. Lo que todavía desconocemos los lectores de ese diario digital es el método que utilizarán los supuestos criminales para llevar a cabo el magnicidio: si hacerle beber al rey cicuta o usar un bisturí oxidado. Tiemblo solo de pensarlo. El jefe del Estado merece respeto por lo que representa. Cosa distinta es que muchos políticos pongan en solfa la Transición y la forma de Estado que brotó de ella sin haber consultado a los españoles previamente. A nadie se le escapa que Juan Carlos fue puesto a dedo como sucesor de Franco a título de rey por el capricho de ese sátrapa, y que fue condición sine qua non que el sucesor jurase los Principios del Movimiento. Y así lo hizo el nieto de Alfonso XIII si quería reinstaurar la monarquía borbónica fenecida. Tampoco le importó al entonces aspirante al Trono saltarse a la torera a su padre, Juan de Borbón, en el orden de sucesión, que entendía “ser poseedor” de los derechos históricos, algo que personalmente siempre me pareció absurdo. Si el padre de don Juan perdió la Corona por abandonar España de la forma más miserable (dejando en palacio a su esposa y a parte de sus hijos, uno de ellos muy enfermo de hemofilia) ya no quedaban derechos históricos que ventilar. Recuerde el lector que, si vergonzosa fue la huida de España de aquel monarca, acompañado de Alfonso de Orleans, más cabizbaja fue  la partida de su familia al día siguiente desde la estación de El Escorial camino del exilio, con dirección a Hendaya, a la que solo les acompañó en el andén en aquel amargo  trance el cojitranco Álvaro Figueroa, el 15 de abril de 1931. Cuando partió el convoy, éste se quedó solo, abatido y pensativo sentado en un frío banco de aquella estación cuando silbó la locomotora.  La familia real no había podido partir desde la estación de Príncipe Pío porque a esa hora estaba prevista la llegada de Indalecio Prieto y de otros líderes republicanos. La reina, como digo, partió al exilio con el príncipe de Asturias, los infantes Jaime, Beatriz, Cristina y Gonzalo. Juan lo había hecho unas horas antes desde Gibraltar, siendo guardiamarina  de la Escuela Naval de Dartmouth.  Existe una foto (hecha durante una breve parada en Galapagar) en la puede verse a Victoria Eugenia sentada sobre un roca con cigarrillo en mano, donde aparece Pilar Primo de Rivera y un grupúsculo personas de riguroso luto, como si de un sepelio se tratase. Naranjo debería tranquilizarse. Me consta, como les consta a todos los españoles respetuosos con la Constitución del 78, que nadie “va ahora por la espalda, desde la esquina de un lúgubre callejón” para terminar con la Monarquía. Los que sí pusieron fin a la anterior carta magna, la Constitución del 31, fueron los responsables de un golpe de Estado y la posterior guerra civil. Una Constitución, aquella, que  nunca fue derogada en la Gaceta de Madrid. En esta vida hay que ser consciente de lo que se cuenta, más aún tratándose de un periodista, aunque preste sus servicios, como es su caso, en un diario digital reaccionario de ideología ultracatólica que tiene puestas todas sus complacencias en expulsar a Sánchez de la Moncloa mediante labor de zapa.