sábado, 9 de mayo de 2026

Milongas

 

 

Jorge Fernández Díaz, supernumerario del Opus Dei y de misa diaria, ministro del Interior en el primer gobierno de Marian Rajoy y que antes de ello había ocupado diversas secretarías de Estado con Aznar; que presuntamente conspiró para fabricar casos de corrupción contra partidos independentistas; que creó la “Ley Mordaza” y una “policía política” liderada por el exdirector adjunto de la Policía Nacional Eugenio Pino y la ayuda del excomisario José Villarejo, para sustraer documentos sensibles a Luis Bárcenas que comprometían al PP con la contabilidad ‘b’ mientras éste estaba ingresado en prisión; que está investigado por el “caso Kitchen”; que dice tener un ángel de la guarda llamado Marcelo; que mantiene que el papa Benedicto XVI le dijo que el Diablo quería destruir España con el independentismo de Cataluña; y que concedió la Medalla al Mérito Policial a María Santísima del Amor y la Cruz de Plata de la Guardia Civil a la Santísima Virgen de los Dolores de Archidona; este personaje como sacado de una opereta bufa,  se pasa el día arremetiendo contra Pedro Sánchez y culpándole de todo lo que acontece, ora de no haber manejado bien la pandemia de coronavirus, ora de que una granizada haya podido estropear las cosechas en el valle del Jalón, ora de que en el puerto tinerfeño de Granadilla haya fondeado el barco “MV Hondius” con enfermos de hantavirus unas semanas antes de la visita de León XIV y la prevista concentración de gente, algo “sólo comparable -como señala en La Razón hoy- a la insensata celebración del 8 de marzo de 2020 durante el Covid 19 con la celebración del ‘Día Internacional de la Mujer’, pese a que el 31 de enero se había detectado el primer caso de contagio en un turista alemán en La Gomera, otro en Mallorca el 9 de febrero y posteriormente otro en Sevilla, el 26 de febrero”. Añade que “la consecuencia, como es sabido, fue que el 14 de marzo el Gobierno declaró el estado de alarma mediante un Real Decreto y confinó a toda la población hasta el 21 de junio, durante un total de 100 días. Lo hizo además al margen del Congreso, y siendo declarado con posterioridad ‘anticonstitucional’ por el Tribunal Constitucional. ¿Qué hubiese ocurrido en España de no haber sido confinada toda la población? ¿Cómo supone Fernández que habría actuado un Gobierno del PP en esas circunstancias? El “gafe Sánchez” (como así le denomina hoy este estrambótico personajillo) hizo lo que debía hacer en una situación de alarma. Según la OMS, en España se produjeron alrededor de 168.000 defunciones y a día de hoy todavía muchos ciudadanos siguen sufriendo diversas consecuencias patológicas derivadas  de aquella desventura. ¿Qué hizo en su comunidad Díaz Ayuso con los triajes en las residencias de ancianos?  Solo recibieron asistencia los mayores de 75 años que tenían concertados seguros privados, un derecho que se negó al resto. Quedó claro que la derivación de las residencias de la comunidad de Madrid no se basó en criterios clínicos. Tampoco hubo investigaciones posteriores porque la extrema derecha lo impidió y Díaz Ayuso se fue de rositas. Señor Fernández, déjese de milongas, sosiéguese, tome la pastilla de la tensión y dialogue con Marcelo, su ángel custodio, o con  Escribá y Albás, que habita en el Más Allá, para que le describa sus delirios nobiliarios, su cambio de apellido y su deseo frustrado de pertenecer a la Orden de Malta sin presentar pruebas de nobleza necesarias. Por si no lo sabía, podría contarle que el Marquesado de Peralta no le correspondía a ese 'santo exprés' ni siquiera por un lejano parentesco, que tal título había sido rehabilitado el 16 de octubre de 1883 por Alfonso XII (que entró en vigor tras la bula de 29 de noviembre de aquel año, emitida por el papa León XIII por tratarse de un título pontificio) en favor de Manuel María de Peralta y Alfaro, ministro plenipotenciario de Costa Rica en España, con única sucesión en ese país.


viernes, 8 de mayo de 2026

Tortilla sí, pero de Betanzos

Fachada: fotografía de Restaurante La Casilla, Betanzos - Tripadvisor

 

Pedro Subijana, cocinero de prestigio, propietario y jefe de cocina del restaurante ‘Akelarre’ en San Sebastián galardonado con tres estrellas ‘Michelin, se ha quedado calvo detrás de las orejas al señalar que para hacer una buena tortilla de patata (a mí no me gusta decir “de patatas”),  cuajada por fuera y jugosa por dentro es necesario, según cuenta, “disponer como ingredientes una buena materia prima, con buen aceite, buenos huevos y una buena patata, a ser posible agria”. Sí, claro, y para hacer un buen automóvil se necesita disponer de un potente motor, una buena chapa y unos excelentes neumáticos. No cabe duda de que la calidad de la materia prima ayuda lo suyo a la hora de elaborar lo que sea. Pero eso no es suficiente. Un cocinero debe equilibrar las cantidades, templar los fuegos y no perder de vista la sartén y la rasera. Personalmente me quedo con las tortillas de patata al estilo de Betanzos, sin  cebolla, con huevos camperos gallegos, patatas de la variedad Kennebec, aceite puro de oliva y sal, dejando reposar la mezcla de huevo (casi sin batir) y la patata entre 15 y 30 minutos para que se hidrate. De eso sabía mucho Angelita Rivera Valiño, propietaria del restaurante ‘ La Casilla’, que empezó a servirla en 1910, según receta que venía de su abuela María Valiño y de su madre, al poco de casarse con Pedro Vázquez. ‘La Casilla’ tuvo su comienzo sin muchas pretensiones, como casa de comidas en una casilla de peones camineros en la carretera Nacional-VI. En 2024,  o sea, 114 años más tarde, dejaron el establecimiento Ángela Fernández Gómez que, junto a su marido, Amador Amor Edreira, antiguos dueños del ‘Bar Edreira’,  que en los años 90 del pasado siglo tomaron el relevo de Ángela Fraga Rivera, sobrina de Angelita. Hace algo menos de 20 años, el Ayuntamiento de Betanzos, con ocasión de las fiestas de san Roque creó un concurso sobre la “exaltación de la tortilla de patata”. Y dio sus frutos. Angelita Rivera Valiño falleció en Betanzos el 24 de junio de 1984, a los 95 años de edad. Eran cuatro hermanas Rivera Valiño las que habían continuado en su día la actividad de su madre: Angelita, Elvira, María y Amparo. Angelita abrió ‘La Casilla’,  Elvira regentó una taberna en Os Chas haciendo igualmente insigne la “tortilla dos Chas” (como recuerdan Manuel Fiaño y Manuel Gayoso en su investigación “A Tortilla de Betanzos naceu en Coirós”, publicada en la revista de la ‘Sociedade Fillos de Ois As Catro Aldeas’).  Elvira fue la abuela de José Manuel Crespo Fraga, conocido como Crispi, del restaurante ‘El Manjar’ de La Coruña. La tía de este, también de  nombre Elvira, fue la autora de una tortilla para la primera exaltación de aquel día de san Roque, que se impuso sobre la de todos los demás participantes. Las otras dos hermanas, María y Amparo, regentaron sendos negocios de restauración, una en Ois y otra en Betanzos, donde abrió la casa de comidas ‘La Flor’. Por cierto, la tortilla de Betanzos se sirve entera en los restaurantes de prestigio, nunca como pincho. Cada maestrillo tiene su librillo. Por cierto, si yo visitase ‘Akelarre’, en San Sebastián, algo que resulta prohibitivo para mi bolsillo, no se me ocurriría  pedir tortilla de patata, o ‘huevos estrellados’ si visitase ‘Lucio’, en el Madrid de los Austrias. Intentaría comer, si acaso, algo que me sorprendiese. La tortilla de patata ya la hago en casa, con o sin cebolla, y la encuentro tolerable. Los ‘huevos estrellados’ son cosa distinta. Quedan bien cuando se lanzan en los mítines a los políticos de pantalón gris, que casa bien con todas las chaquetas.

 

jueves, 7 de mayo de 2026

Cosas de aquí

 NARRATIVA | santiago-maestro

 

En Aragón hay palabras y frases graciosas, muy expresivas, que no recuerdo haber escuchado en otras partes de España, por ejemplo “¡ahivadai!”, cuando le piden a alguien que se aparte; “andurriales”, que equivale a lugares poco frecuentados; “esgarramantas”, equivalente a ser un don nadie; “gatuperio”,  a intriga o a mezcla confusa; “a la gingorria”, de cualquier manera; “malachandra”, mujer perezosa; “terretiemblo”, niño muy movido; “tozuelo”,  cogote; “tontolaba”, idiota, etcétera. Y no digamos nada sobre frases hechas. Veamos algunas: “A medida del santo van las cortinas”,  que equivale a decir tal para cual, sobre todo si comparten comportamientos cuestionables; “pintar menos que Pichorras en Pastríz”,  para descalificar a alguien; “hacer algo por el alma de la abuela”, sin  beneficio alguno; “qué mierda llevas, Calatayud, si la has cogido, pa'tú pa'tú”, se le dice a alguien que va borracho y haciendo eses; “ponerse como Felipón”, comer demasiado; etcétera. A propósito de Pichorras y el pueblo de Pastríz me consta que existe una novela de 168 páginas escrita por Santiago Maestro Terraza y publicada por Mira Editores en 2001. Por casualidad la encontré un domingo en el rastrillo de la plaza de san Bruno, que leí y no terminó de gustarme. Puede encuadrarse en el tipo de relatos españoles picarescos del siglo XVI, aunque cinco siglos después, donde aparecían en escena antihéroes que intentaban sobrevivir como podían en el entorno desfavorable en una época sembrada de descontento, pobreza de solemnidad y falsas apariencias de una hidalguía (exenta de impuestos) que cabalgaba a mitad de camino entre el honor de gentilhombre valleinclanesco de humor cáustico y la realidad del hambre por la carencia de fortuna. Unos hidalgos, como digo, con chisteras de alas planas, melenas que les caían a media espalda, cuellos de enormes puntas, barbas y narices largas y extrema palidez por falta de sol y carencia de alimentos. Cervantes señala al principio de su excelsa novela que Don Quijote comía “algún palomino de añadidura  los domingos”,  lo que indica tenía el privilegio de poseer palomar, propio de los hidalgos y  de órdenes religiosas. En fin, Aragón es tierra de somardas, personas socarronas, irónicas y taimadas. Un ejemplo es ese agricultor que tiene que firmar un documento y pregunta: “¿Con mi nombre?”. El somarda siempre termina descolocando a su interlocutor. Recuerdo haber leído en el libro “Notario de guardia” (Javier Ronda y Marián Campra. Campra Comunicación. Sevilla, 2020) cuando una pareja de ancianos va al notario y éste le indica al matrimonio que deben volver a su despacho al día siguiente a primera hora para firmar unos papeles. Y la señora le pregunta al notario: “¿Debemos venir en ayunas?”. Si el notario hubiese sido un somarda redomado debería haberle respondido como el "Ripalda", con una abyecta sonrisa: "Si, señora, desde las doce de la noche antecedente".