Comienza el mes de septiembre con Ceuta ocupada por marroquíes y con el obispo de Barbastro-Monzón, Ángel Javier Pérez Pueyo, a la greña con el Opus Dei por la posesión de una talla de una virgen negra, la Virgen de los Reyes, del siglo XI, que los miembros de esa organización ultraconservadora se niegan a devolver a la Diócesis. Entre los siglos XI y XIII, este tipo de imágenes se multiplicó notablemente en Europa, impulsadas por órdenes religiosas como el Císter y los Caballeros Templarios. No tiene consistencia, empero, la peregrina explicación de que muchas tallas están oscurecidas por las velas y lámparas de aceite encendidas o el uso de albayalde con plomo (que causaba envenenamientos graves) en las pinturas originales. Quizás esa negritud esté relacionada con la Sulamita, mujer que prefirió casarse con su compañero pastor en lugar de aceptar la oferta del rey Salomón de convertirse en una de sus esposas, originaria de Sunem (territorio de la tribu de Isacar, donde acamparon los filisteos cuando lucharon contra Saúl) y mujer protagonista del poema bíblico de autor anónimo “Cantar de los Cantares”, que algunos atribuyen a Salomón y la reina de Saba y se inspiraron en el versículo bíblico (1.5): "Morena soy, pero hermosa”. Curiosamente, en la catedral de Chartres había dos vírgenes negras: Notre Dame de Pilar (una copia de nogal oscuro de 1508 de una virgen de plata del siglo XIII, situada en lo alto de un pilar elevado y rodeada de velas); y Notre Dame de Sous-Terre, una réplica de una original destruida durante la Revolución Francesa. Las obras de restauración de la catedral dieron como resultado la pintura en 2014 de Notre Dame de Pilar, que ya no es bruna. Curiosamente cada virgen negra en su día encontrada casualmente en cualquier paraje tiene su posterior leyenda, que para algunos es casi dogma de fe, como sucede en Aragón con la Pilarica, también de piel oscura y pequeño tamaño. Pongo un ejemplo: la Virgen de la Peña (no confundir con la Virgen de la Peña de Francia, patrona de Ciudad Rodrigo, o con la Virgen del Canto, patrona de Toro) que se venera en Calatayud y a la que se le rinde culto cada 8 de septiembre desde su aparición en el siglo XII, cuando unos bilbilitanos descubrieron una estrella que se situaba cada noches en el mismo punto de un cerro y creían escuchar débilmente un sonar de campana. Allí, un curioso excavó y descubrió una campana y debajo de ella la imagen sedente (de origen románico) de la Virgen con el Niño en su regazo, una talla del siglo X que había sido escondida durante la invasión musulmana, permaneciendo oculta hasta su descubrimiento. Sobre ese montículo se decidió edificar un santuario utilizando en parte sillares de la muralla islámica. Cada “moreneta”, y son muchas las que se veneran en España, dispone de su particular leyenda. En contraposición está el culto de hiperdulía a la Virgen Blanca, o Virgen de las Nieves, o Virgen de la Paloma, o Virgen del Rocío, con gran impacto religiosos en distintas ciudades y pueblos, donde también les dedican romerías y fiestas populares. Son muchas las vírgenes escondidas o perdidas durante la Edad Media y halladas por un pastor o un animal tirando del arado. A partir del hallazgo se creaba la leyenda. La mayoría de esas festividades están comprendidas entre finales de agosto y comienzos de septiembre, cuando ya se han recogido las frutas, se han segado los trigales y todavía no ha comenzado la vendimia.