Ayer, Domingo de Pascua, hubo corrida de toros en el sevillano coso del Baratillo que hoy se llama Real Maestranza de Caballería, donde en el palco de los Maestrantes estuvo presente Juan Carlos de Borbón acompañado de su hija mayor. Los tres toreros, Morante de la Puebla (de azul noche, bordado con cristales y medias blancas), Roca Rey (de berenjena y oro) y David de Miranda (de purísma y oro) lidiaron toros de Garcigrande, y todos ellos brindaron su primer toro al anterior jefe del Estado. La corrida fue televisada por Canal Sur. Hoy he podido leer la crónica de la corrida, donde Andrés Amorós muestra unos capotazos periodísticos con temple y trapío en una tarde de sol donde, como señala en su crónica “la ciudad entera huele a lilas, a naranjos, a jazmines, a albahacas”. La Plaza estaba abarrotada, como en las mejores tardes de Curro Romero. Fue devuelto a los corrales el sexto y el sobrero resultó ser otro manso. Señala Amorós: “David de Miranda lo llama desde lejos, en el centro del ruedo, y recibe un fuerte porrazo. Citando de cerca, se la juega, impávido. Metido entre los pitones, se ha justificado con valor, al borde de un nuevo percance. Acierta con la espada: oreja”. Amorós, que sabe de toros más que Antonio Díaz Cabañete, que ya es decir, cuenta la siguiente anécdota: “En el séptimo aniversario de la muerte de Joselito, Ignacio Sánchez Mejías, esa figura tan admirada por el ministro Urtasun, hizo ir a Sevilla a su amigo Alberti y le encerró en un hotel, hasta que escribiera un poema. Esa misma noche, Rafael leyó su poema ‘Joselito en su gloria’, que incluye los famosos versos: ‘Mira cómo sube al cielo / la gracia toreadora…”. Amorós hace referencia a finales de 2025, cuando surgieron críticas por parte de sectores culturales, académicos y políticos (PP, Vox), que acusaron al ministro de Cultura de excluir deliberadamente a Ignacio Sánchez Mejías de las celebraciones oficiales del centenario de la Generación del 27. No quisiera terminar sin aclarar lo de “coso del Baratillo”. Viene su nombre del monte del Baratillo o Malbaratillo, en el barrio del Arenal. En la zona, hubo un cementerio donde enterraban a mediados del siglo XVII a las víctimas de la epidemia de la peste y donde más tarde hubo una capilla. En sus alrededores se instalaban los mercadillos de feria o baratillos. De ahí tomó el nombre la capilla y una cofradía con ese nombre. Y cerca de allí se construyó una plaza de toros de madera, donde los toreros iban a rezar antes de entrar a la plaza. La actual ‘cofradía de El Baratillo’ tiene, en realidad un nombre muy largo: “Antigua y Fervorosa de la Santa Cruz y Cofradía de Nazarenos del Santísimo Cristo de la Misericordia y Nuestra Señora de La Piedad, Patriarca Bendito San José y María Santísima de la Caridad en su Soledad”. El torero que más relación tuvo con esa cofradía fue José Delgado Guerra, en los carteles conocido como ‘Pepe-Hillo’, que donó una imagen de san José, incorporando el nombre de ese patriarca a la denominación oficial de esa hermandad. Aquel torero, nacido en Sevilla en 1754, fue a rezar a esa capilla por última vez antes de su último viaje a Madrid, donde el 11 de mayo de 1801 le ganó la partida el toro “Barbudo”. Aquella tarde murió de trágica manera el discípulo de Costillares y que rivalizó con Pedro Romero. Fue el propio torero el que eligió el toro que habría de matarle, ya que la víspera de la corrida fue a caballo al Arroyo Abroñigal y pidió que le reservaran ese toro negro zaino de la ganadería de José Gabriel Rodríguez, de Peñaranda de Bracamonte, que sería lidiado en séptimo lugar.