El “Arde Lucus”, que estos días se celebra en Lugo, o las "Alfonsadas”, que se llevan a cabo en Calatayud, dan buena cuenta de los actos lúdicos que se celebran en España cuando las calores arrecian y la gente tiene ganas de disfrazarse con ropajes de la Edad Media que pesan un quintal. Por estos pagos, entre romerías y performances estamos que lo tiramos. No existe pueblo o aldea donde se aproveche la época estival para atraer turistas de paso y vecinos en la diáspora. El “Arde Lucus” revive el pasado romano de la ciudad amurallada Lucus Augusti del siglo II. Se instalan campamentos militares en el Carril das Estantigas, se celebran bodas celtas, se colocan mercados artesanales, se instala un circo romano en el parque ‘Rosalía de Castro’, se practica el conato de una ‘quema de la muralla’, se ponen centinelas romanos en las puertas de la muralla, hay cabalgatas, teatralizaciones de esclavos, etcétera. Como dicen los de mi pueblo: “Todo bueno y muy abundante”. En “Las Alfonsadas” bilbilitanas se escenifica la reconquista de la ciudad por Alfonso I El Batallador en 1120, tras la batalla de Cutanda. La victoria fue tan prodigiosa que se atribuyó al socorro de san Jorge, que como el ajo está en todas las salsas. Y como acontece en Lugo, también en Calatayud (Bílbilis Augusta) colocan el correspondiente mercado medieval, exhiben el arte de cetrería, se pueden visitar talleres artesanos, ni falta el teatro nocturno en el Castillo de Ayub, o la instalación de haimas, concursos de tiro con arco, entre otros actos que para qué te voy a contar. Entre todos los señalados, también se contempla un desfile triunfante por la calles de la comitiva real acompañada por todos los participantes ataviados con sus ropones medievales hasta la iglesia de San Pedro de los Francos, donde se realiza la entrega de llaves por parte del gobernador almorávide a Alfonso I y el nombramiento del ‘Caballero de Honor’ a un lugareño distinguido con un acto solemne. Ambas fiestas populares están declaradas “de Interés Turístico”. Calatayud fue la capital de un reino de taifa independiente desde el año 1046 hasta 1051, cuando el hermano mayor, Ahmad ibn Sulayman, que había heredado Zaragoza, se apoderó de esa ciudad utilizando una serie de tretas y engaños. Y por Calatayud pasó el Cid Campeador con sus mesnadas en el año 1081, cumpliendo el primer exilio al que lo condenó Alfonso VI de León y Castilla. Díaz de Vivar iba camino de Zaragoza y se estableció algunas semanas en el cerro de Torrecid, entre Ateca y Terrer, donde construyó una fortificación de la que todavía quedan restos, así como el poblado de Alcocer. Por aquellos días de principios de 1120 regresaba el rey de tierras de Segovia, donde concedió fuero a Belchite, y se dirigía por Soria hacia Calatayud. En el mes de marzo de 1120 Alfonso I concedió fuero a la recién fundada ciudad de Soria, dejando así organizadas todas las tierras conquistadas entre 1118 y 1119. En el fuero de Soria se delimitan los términos, que incluyen por el este y el sur hasta Tarazona, Molina y Calatayud, estas dos últimas todavía en manos musulmanas. En los fueros de Belchite y de Soria, Alfonso I el Batallador delimitó sus dominios: Aragón, Pamplona, Álava, Sobrarbe, Ribagorza, Castilla la Vieja y toda Extremadura hasta Toledo. Los musulmanes bilbilitanos acataron la sumisión de Alfonso I sin ofrecer resistencia. Tras la capitulación, el rey aragonés nombró como ‘señor de Calatayud’ a Jimeno Sanz.