El hecho de pretender cambiar el nombre del “Club Deportivo de La Coruña” y oficializarlo como “Deportivo da Coruña” parece que moleta a un sector de los aficionados y al exalcalde de La Coruña Francisco Vázquez (coruñés de nación), que considera ese proyecto como “un error histórico, una deslealtad hacia las señas de identidad de la institución y una maniobra dictada por intereses políticos”. A mí me da que eso es hablar por no callar. No recuerdo esas polémicas con el cambio de nombre del Girona F.C., (fundado en 1930 en el modernista ‘Café Norat’ de la Rambla de la Libertad, muy cerca del Puente de Piedra); ni con el cambio de nombre del “Club Deportivo Español”, fundado en 1900, por el de “Reial Club Deportiu Espanyol de Barcelona, S.A.D”, adoptado en febrero de 1995. Lo del añadido de “real” fue tras una concesión de Alfonso XIII en 1912. Por cierto, Casa Norat fue diseñada por el arquitecto Joan Roca i Pinet en 1912. La planta baja de ese edificio fue donde estuvo instalado el ‘Café Norat’. Ese café es el escenario de la novela “La nena del Café Norat”, de Carmina Roura Dalmau, ambientada en la vida en Gerona durante la primera mitad del siglo XX. Pero a aquellos que solo conciben el castellano como manejo del idioma en nuestro país no les recomiendo la compra del libro si solo conocen el castellano, al estar escrito en lengua catalana. Todavía recuerdo cuando durante el franquismo las lenguas cooficiales (catalán, gallego, euskera) fueron prohibidas en actos públicos, rótulos comerciales, prensa y libros, y se obligó a traducir los nombres de lugares o personas al castellano. Por una Orden del Ministerio de Justicia de 18 de mayo de 1938 se prohibían los nombres que no figurasen en el santoral y no estuviesen en español, con la excepción de los extranjeros y los no bautizados, que podrían usar su propio santoral o nombres castellanizados de personajes históricos reconocidos. Se llegó al absurdo, prohibiendo al Instituto de Estudios Gallegos realizar publicaciones en gallego. Fue necesario esperar hasta el 30 de mayo de 1975, cuando el Ministerio de Educación y Ciencia publicó el Decreto 1433/1975 que regulaba la incorporación de las lenguas nativas en los programas de los Centros de Educación Preescolar y General Básica. Pues bien, como decía al principio, Francisco Vázquez, que además de ser socio del club ostenta la insignia de oro y brillantes del “Depor” desde hace algo más de 41 años, se ha dirigido ahora por carta a Juan Carlos Escotet, presidente del club, para expresar su opinión sobre el posible cambio que, según Vázquez, “afectaría no sólo al nombre del club sino al escudo”, e incide en lo que considera que supondría esa variación. En fin, con la que está cayendo, que todas las preocupaciones vengan por ahí. Dando por hecho que Francisco Vázquez, doctor en Derecho, es conocedor de la Ley 3/1983, de 15 de junio sobre normalización lingüística, no acierto a comprender qué pretende. En gallego se expresaban Rosalía de Castro, Álvaro Cunqueiro, Castelao y otros muchos autores que han contribuido a la riqueza cultural de Galicia, también cuna de afiladores, todos ellos provistos de tarazanas y chiflos, que hasta crearon una jerga propia: el barallete. De esa manera de comunicarse podían mantener largas conversaciones entre ellos sin que nadie los entendiese. En la orensana Nogueira de Ramuín, en la Ribeira Sacra, todavía pueden encontrarse vecinos que conocen esa jerigonza de afiladores, paragüeros y estañadores que hasta hace poco tiempo también acudían a León, Castilla y Extremadura a segar en los veranos.