jueves, 12 de marzo de 2026

Lo cabreirés

 

 

Antonio Bret publica hoy un suelto en Diario de León fascinante sobre una aldea que desconocía, pese a encontrarse solo a 32 kilómetros de distancia al suroeste de León. Se trata de La Cabrera, que conserva el dialecto cabreirés que se está perdiendo.  Se encuentra en uno de los lugares más despoblados de España. La Cabrera es una comarca montañosa que se divide en dos: Cabrera Alta y Cabrera Baja, e incluye aldeas como Puente de Domingo Flórez, Encinedo, Truchas, Castrillo de Cabrera, Benuza, Odollo (con minas de pizarra), y La Baña. Su relieve orográfico es una cubeta delimitada por la Sierra de Teleno y los  Montes Aquilanos, al norte, y las Sierras de La Cabrera y el Eje al sur y oeste, respectivamente. El dialecto cabreirés es, en realidad, una variante del leonés, clasificado como asturleonés. De esa zona leonesa, de Iruela (pedanía de Truchas), fue natural José Rodríguez Losada, donde tiene un monumento que levantaron los vecinos. A decir verdad, su segundo apellido era Conejero, pero era costumbre a principios del siglo XIX que las personas, al emigrar, adoptaran el segundo apellido de la jurisdicción donde habían nacido. Y como Iruela pertenecía a Losada, utilizó de mayor ese apellido. Ese prohombre  regaló el actual reloj del edificio de la Casa de Correos, sede de la Comunidad  Autónoma de Madrid, en 1866.  En Isuela, como digo, el día de su patrón, había costumbre de sacrificar una vaca y se repartía la carne entre los vecinos. El banco de madera donde se hacía el sacrificio aún se encuentra a la entrada de la vieja ermita, aunque en un estado lamentable. Iruela se encuentra en medio de la Cordillera Central, en la estribación oriental de la Sierra de Gredos, en la vertiente derecha del río Alberche, entre pinos negrales, robles y castaños entre enormes piedras de granito, en la actualidad calificado como Reserva Natural. Rodríguez Losada conoció a  José Zorrilla en Londres en 1855, y es en ese año cuando ese relojero prestigioso instaló en España el primer reloj de cuatro esferas en Jerez de la Frontera, con la firma: “J. R. Losada 105 Regent St. London”.  Tres años más tarde Losada entregó dos docenas de cronómetros suyos a la Marina Española y algunos cronómetros de péndulo fueron cedidos al Real Instituto y Observatorio de la Armada. El agradecimiento que recibió de los españoles fue la causa de que en 1859  viajara a España y visitara su pueblo natal un año más tarde. En Madrid, por aquellos días, se estaba produciendo el ensanche de la Puerta del Sol, donde en la torreta del edificio de la Casa de Correos ya habían colocado su segundo reloj. Pero no funcionaron satisfactoriamente el primero ni el segundo y Losada decidió regalar un tercero, el existente en la actualidad. Fue inaugurado el día 19 de noviembre de 1866 por Isabel II. Al principio funcionaba mal, y los madrileños idearon una jota que decían así:Un maño con desparpajo/ le cantaba a un madrileño: / este reloj es espejo/ del Gobierno que hay debajo” (dado que por aquel  entonces el edificio era el Ministerio de Gobernación).  Por acabar, en Corporales, pedanía de Truchas (diócesis de Astorga) se practica desde tiempo inmemorial la “Danza de Nabucodonosor”, donde se combina la música de gaita con lazos de palos y castañuelas. En Corporales podemos ver la “Danza de Nabucodonosor”,  vinculado al Corpus Christi, donde combina la música de gaita, bailes con  lazos de palos y castañuelas, representando la historia del rey de Babilonia, que viene a ser como un rifirrafe entre dos monarcas, el moro y el cristiano, donde Intervienen diez danzantes, la dama -que es la mujer del rey moro- y el gaitero. Primero se mandan embajadas a hablar los unos con los otros. En medio de la discusión se baila en corro, donde se practican  los diez lazos: "el Corren", "la Raposa", "la Chacona", "los Oficios", "la Carilla", "la Zarza", "el Sayo Miguel", "la Muñeira apaleada", "el Tiratón" y "la Tremillina" en un simulacro de lucha. Hay que se cabreirés para vivirlo y para entenderlo.

 

martes, 10 de marzo de 2026

Luto en las letras

 

Hoy han fallecidos dos grandes figuras de la Literatura: Raúl del Pozo a los 89 años y el peruano Alfredo Bryce Echenique a los 87. Las letras están de luto. No cometeré la osadía de alabar la figura de cada uno de ellos. Ambos eran suficientemente conocidos. Pero sí deseo aprovechar para resaltar el elogio funeral (obituario) que de Del Pozo hace hoy en El Mundo el periodista Antonio Lucas. Me parece que es lo mejor que he leído en los últimos años. Se da la casualidad de que estos días estoy leyendo “Noche de tahúres” (Plaza & Janés, 1994), donde su autor nos presenta la figura de un joven policía inexperto que tiene como misión resolver su primer caso (homicidio de Muza) en el sórdido mundo del juego y donde se describe toda la jerga de germanía (derivada de la palabra en valenciano ‘germà’) de ese mundillo de ludópatas que solo ellos conocen. Se le notaba que escribía de aquel mundillo cutre con suela gastada. Conocía el percal. Respecto a la ruleta, Del Pozo cuenta (páginas 35 y 36) lo siguiente: “Ese artilugio tan simple, embellecido con la madera dorada, el tapete verde y la magia de los números y las fichas a enloquecido y arruinado a miles de personas. No hay nadie tan necio que es imposible ganar porque la casa, antes de tirar la bola, se ha asegurado con el cero, que no entra en la multiplicación, el dos sesenta por ciento de la cantidad que se ha apostado”. Ocupó en ese diario el hueco dejado por Francisco Umbral en la contraportada a su muerte en 2007. Su última columna apareció el pasado 1 de enero. Había nacido en 24 de diciembre de 1936 en La Torre (Cuenca). Presumía que su nacimiento había coincidido en la fecha con el de Cristo y el de Ava Gadner. Quienes le conocieron dijeron de él que le gustaba la noche, el juego, las mujeres, el whisky, el ‘chesterfield’ y la calle. Estuvo  presente en Cabo Cañaveral en el despegue del Apolo XI impulsado por el cohete‘Saturno V’ con rumbo a la Luna y consideraba a Camilo José Cela como un genio. En eso último coincidíamos.

 

El sexo de las pajaritas

 

Para mí la papiroflexia es tan difícil como aprender idiomas. Reconozco que nunca tuve un profesor que me enseñase a hacer pajaritas de papel y creo que, de haberlo tenido, tampoco me habrían salido muy bien. A otros les sucede lo mismo con el nudo de la corbata con tres vueltas (como los vuelcos necesarios de un buen cocido madrileño). Nunca lo aprenden. Dicen que Miguel de Unamuno era un experto en el arte de doblar papeles con 64 cicatrices de triángulos rectángulos isósceles exactos, que él llamaba ‘cocotología’, derivado del francés cocotte (pajarita) y logía (estudio), e incluyó un epílogo ficticio titulado "Apuntes para un tratado de cocotología" en su segunda novela, “Amor y Pedagogía” (1902). Aquella novela la envió a la editorial barcelonesa ‘Henrich y Cía’,  regentada por Santiago Valentí Camp,  formado en la Universidad de Oviedo y discípulo de Leopoldo Alas. Pero el editor, Manuel Henrich, le encontró un defecto, que quedaba corta para incluirla en su colección Biblioteca de Novelistas del Siglo XX. Tal fue así que escribió a Unamuno pidiéndole que ampliara el texto con unas 80 cuartillas. Pero la respuesta de Unamuno a Henrich fue que la novela por él enviada no se podía alterar.  De paso, escribió otra carta a Valentí en la que, después de decirle que se iba a Ledesma huyendo de los carnavales de Salamanca, le anunciaba el envió de un anexo de 89 de páginas que en nada tenían que ver con la novela y que titulaba ‘Apuntes para un Tratado de Cocotología’, añadiendo: “Me siento de buen humor”. En aquellos ‘Apuntes’ exponía que la creación de la cocotte’ se iniciaba con el protoplasma papiráceo’, que era la cuartilla, donde se generaba el blastotetrágomo’, que estaba formado por dos capas, el endopapairo’ y el ectopapiro’, y que la cocotte’ terminaba naciendo de la gástrula papirácea’. En realidad lo que estaba haciendo Unamuno era una crítica burlesca. Pero Unamuno fue más lejos pasado el tiempo. Tanto fue así que, en 1932, descubrió que las pajaritas tenían sexo, que podía ser neutro, hermafrodita, macho y hembra, y señalaba que las masculinas mostraban nuez y cabeza enhiesta, y las femeninas, cabeza hundida y bocio. En fin, hay personas que por más que le enseñes a hacer el nudo de la corbata nunca lo aprenden.  Unamuno aprendió a hacer pajaritas de papel a los 10 años. A esa misma edad yo aprendí a hacer el nudo de corbata, que vestía con jersey oscuro de pico. Desde entonces casi siempre la uso y solo la desato por la noche, cuando voy a dormir. A estas alturas de mi vida resulta complicado modificar las viejas costumbres.

 

lunes, 9 de marzo de 2026

Los 'soníos negros'

 

 

Me entero por los medios de que el rey  Juan Carlos  quería venir a Sangenjo para participar en unas  regatas y no ha podido ser, no porque se lo impida el Gobierno sino por el fregado de  Oriente Próximo, donde los misiles vuelan bajos, como el grajo cuando hace un frío del carajo, produciendo estragos a trote y moche entre una mascletá valenciana de luces de colores y lentejuelas de ascuas en los lugares de ‘Las mil y una noches’ en el antiguo Imperio Sasánida y su alfoz  entre sirenas de terror y ‘soníos negros’, como le dijo Manuel Torre a García Lorca a propósito de la‘Teoría del duende’. Pero ahora  Sherezade, hija de un visir, ya no cuenta relatos al sultán Shahriar en su serrallo en Khiva donde daba muerte a diferentes mujeres cada noche de bodas. El rey emérito, como digo, permanece en Abu Dhabi acompañado de su nieto Froilán; que, aunque no porta las alforjas de su augusto abuelo, posee un nombre muy de Lugo relacionado con el santo ermitaño fundador de cenobios que llegó a ser obispo de León y sobre el que se cuenta que consiguió quitarle el miedo al lobo, que hasta entonces temía al hombre y al fuego. A san Froilán se le atribuyen muchos milagros de enjundia. El último ha ocurrido en Lalín, la única ciudad que tiene una escultura dedicada al cerdo, obra del escultor gallego Manolo Rial, donde desde hacía horas se buscaba a una octogenaria desaparecida desde la tarde del sábado. Por fin, tras muchas rogativas al santo y vuelos de drones de la autoridad, militar por supuesto,  fue localizada en perfecto estado de salud pasadas la nueve de la noche de ayer domingo. La anciana, por confusión, había accedido a una casa próxima a la suya donde, según se pudo comprobar, se encontraba como pez en el agua; es decir,  sin sentir preocupación alguna por la escalada del Euribor, despreocupada del pelo que les puede a correr a las exmonjas de Belorado tras su inminente desahucio, o por el eterno debate sobre la tortilla de patata ante el dilema de tomarla con cebolla o sin  cebolla. Los gallegos son gente sencilla y de fácil conformar.