Todavía recuerdo cuando un turista preguntó a una funcionaria municipal de Zaragoza que ocupaba un chiscón de Turismo que dónde se encontraba el cisterciense monasterio de Rueda, por tener gran deseo en visitarlo. Y la incompetente funcionaria, sin cortarse un pelo, le indicó: "¡Dónde va a estar, en Rueda de Jalón!", y se quedó tan fresca. El turista, agradeciendo la información, se acercó a ese pueblo de la comarca de Valdejalón, y los ruedenses, a los que motejan como anieblados, le indicaron al turista que allí no había tal monasterio, que para visitarlo debía dirigirse a Sástago, que en Rueda de Jalón solo podía visitar los restos de un castillo medieval, del castillo de Dos Hermanas y los Ojos de Pontil, un manantial de agua termal con un gran valor hidrológico. El origen del monasterio de Rueda tiene su núcleo en el año en 1152 con la fundación de la abadía de Nuestra Señora de Saltz, creada por los monjes de Gimont, que a su vez procedían de la casa madre Morimond. En 1162, a partir de la cesión de tierras en Burjazud (Villanueva de Gállego), se fundó la abadía de Juncería, precedente inmediato de Rueda. Treinta años más tarde, en 1182, Alfonso II de Aragón, hijo de Ramón Berenguer IV, cedió a los monjes el castillo y villa de Escatrón, y los cistercienses llegaron en 1202 para fundar otro monasterio en Sástago. Con la Desamortización de Mendizábal, entre 1836 y 1837, los bienes de aquel monasterio fueron utilizados para labores agrícolas, el patrimonio artístico se dispersó y buena parte del mismo desapareció o fue destruido. Algo similar a lo acontecido en el monasterio de Veruela, en el monasterio de Piedra y en otros lugares, donde hubo expertos compradores de gangas y amigos de la rapiña. Su último propietario fue la Diputación General de Aragón en 1990 por cesión del Estado, con el compromiso de impulsar su restauración, cuyas obras culminaron en 2003, abriéndose posteriormente al público un recorrido con visitas guiadas. Pero no es del monasterio de Rueda sobre lo que yo quería hacer un comentario, sino de algo encontrado en el término de Rueda de Jalón, donde un vecino acaba de encontrar en los restos del castillo de Dos Hermanas un amuleto sexual andalusí del siglo XI. Se trata de un talismán de plomo que representa a un hombre y una mujer con los órganos sexuales muy destacados. La pieza mide 4,43 centímetros de longitud por 2,23 de anchura y tiene un grosor de entre dos y tres milímetros. En la parte superior de las cabezas de las figuras queda la marca de lo que fue la argolla que sirvió seguramente para colgar el talismán al cuello. Varios arqueólogos, tras analizarlo, han descartado que tal amuleto pueda ser ibérico, pese a que en la zona superior del cerro donde fue descubierto hay vestigios de aquella primitiva cultura. Un talismán, en fin, que de haber aparecido años antes bien podría haberse incluido en el “Diccionario del Erotismo” de Cela.