Un artículo en La Razón, hoy, de Jorge Fernández Díaz me ha dejado turulato. Bajo el epígrafe “España alineada con los ayatolás,
Hamás y Hizbulá”, ese meapilas que
llegó a ser ministro del Interior en el gobierno de Rajoy señala lo siguiente: “El Frente Popular en el Gobierno de España
se ha alineado claramente con el bando de la dictadura teocrática de los
ayatolás, con ostensibles gestos diplomáticos de creciente hostilidad hacia EE
UU e Israel. En relación a Donald Trump, la enemistad es manifiesta desde hace
tiempo, y hacia Israel ha alcanzado un punto de práctica ruptura de las
relaciones diplomáticas bilaterales. La retirada de nuestro embajador en Tel
Aviv, mientras regresa a Teherán el de Irán, hasta ahora ausente por la guerra,
ha sido considerada como un acto de agresión diplomática por Netanyahu, que ha
advertido a Sánchez que es un gesto que ‘no le resultará gratis’. Desde la
persecución nazi contra los judíos protagonizada por Hitler, no se había
conocido una acusación de tal magnitud hacia ningún país occidental”. El autor
de la presunta trama de espionaje al tesorero del Partido Popular, Luis
Bárcenas, que cree tener un ángel de la guarda de nombre Marcelo, que es supernumerario del Opus Dei, que condecoró a la Virgen de los Dolores de Archidona con
la Cruz de Plata de la Guardia Civil
y a María Santísima del Amor la Medalla al Mérito Policial, y que ahora
está imputado de lleno en el caso de la ‘Operación
Kitchen’, este tipo, como digo, se permite llamar ‘Frente Popular’ al Ejecutivo que preside Pedro Sánchez por no
estar en línea de apoyo con los crímenes de guerra que están llevando a cabo Trump y Netanyahu; el primero por el
deseo de enriquecerse él y un ramillete de amigos con el negocio de las armas y
el petróleo; y el segundo, por tratar de aumentar el actual territorio de
Israel mediante la fuerza, sin importarle el número de muertos. Un territorio
que, tras la declaración de independencia (14 de mayo de 1948), Israel ocupó y
que abarcaba el 78% de la Palestina histórica (tras la guerra árabe-israelí de
aquel año), incluyendo el sector occidental de Jerusalén. No hay que
olvidar la partición de Palestina, en 1947, en dos Estados, uno árabe y otro
judío, quedando Jerusalén bajo la administración de las Naciones Unidas. Al año
siguiente, el último de los soldados
británicos abandonó Palestina y los judíos, liderados por David Ben-Gurión, declararon en Tel Aviv la creación del Estado de Israel.
Pero tras la declaración del Estado de Israel, Egipto, Siria, Transjordania, Irak y el Líbano
invadieron al nuevo país. En una cruenta guerra con armamento improvisado, los
judíos pudieron repeler el ataque árabe e inclusive avanzaron ocupando nuevos
territorios. Un alto al fuego fue firmado por ambos bandos, estableciéndose que
los territorios ocupados permanecerían en poder de Israel. Como resultado de
esta guerra, Israel ocupó el territorio que le había asignado las Naciones
Unidas, más una buena parte del territorio asignado a los árabes y la parte
occidental de Jerusalén (Israel aumentó su territorio en casi un 50%). Quedaron
en manos de los árabes la zona occidental del Jordán (conocida como Cisjordania
tras la anexión jordana), ocupada por Transjordania y la Franja de Gaza,
ocupada por Egipto. Con la Ley de Retorno (5 de julio de 1950) se otorgaba a
los judíos residentes en cualquier parte del mundo el derecho de emigrar a
Israel y más de 250.000 judíos supervivientes del Holocausto emigraron a ese nuevo país. Más tarde llegaría el
conflicto de Suez, la guerra de los Seis Días, la de Yom Kipur, etcétera. España
de ninguna de las maneras está alineada con grupos terroristas, como afirma
Jorge Fernández Díaz sin empacho y sin que se le caiga la cara de vergüenza. Es
él quien utilizó, supuestamente, a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del
Estado para labores de espionaje de ciudadanos españoles. Se convirtió
presuntamente en el máximo exponente de una organización político-policial con
el único fin de favorecer al PP de Mariano
Rajoy en 2011 en un intento de
utilizar a la “policía patriótica” (como aquella brigada político-social del franquismo) pagada con fondos reservados, y hasta a un falso cura, para intentar
tapar el escándalo de financiación ilegal del PP y arrebatar a su extesorero
documentos comprometedores para el partido y sus líderes entre 2013 y 2014. Ya veremos en qué queda esa astracanada.