Todavía resuena en mis oídos aquella letanía lauretana de Aznar pidiendo de forma monocorde
aquello de “váyase, señor González” mientras
la derechona dormía con un rosario bajo la almohada y la Bolsa, a la
expectativa, contenía la respiración. El Partido Popular e Izquierda Unida le
hicieron la pinza a González en la
prensa y hasta Marcelino Camacho tenía
hueco en ABC cuando Anson acababa de sacar a ese diario de
los Luca de Tena de la muerte
anunciada de ese rotativo de tendencia conservadora y monárquica fundado en
1905 (más tarde dirían que en 1903, aunque como semanario) por don Torcuato, con presencia en Madrid y
Sevilla y que solo interrumpió su tirada,
aunque temporalmente, durante el fallido golpe de Estado de Sanjurjo en 1932. Pero a lo que iba. A
la caída de Casado, el PP nombró un
nuevo adalid, al gallego Núñez Feijóo,
que llegó a la Villa y Corte dispuesto matar varios pájaros de un tiro: tomar
la dirección del PP, librar a Isabel
Díaz Ayuso de un berenjenal espinoso
y sacar a Sánchez de la Moncloa por el procedimiento de apremio. Y para
conseguir los propósitos de alzarse con
el santo y con la peana, Feijóo trató de imitar, en modo opereta bufa, lo
acontecido en la batalla de Guadalete,
cuando las tropas del Califato Omeya comandadas
por el bereber Táriq ibn Ziyad
derrotaron al ejército del rey visigodo don
Rodrigo. Feijóo lleva tiempo clamando a la rosa de los vientos que Sánchez
debe convocar elecciones ya. Pero ese clamor choca contra una pared y su eco le
rebota y le desespera. Le queda una solución: la moción de censura, pero no le
salen las cuentas. Los intentos de camelar a Junts y al PNV para conseguir sus
apoyos tampoco le han funcionado, y los lazos de fidelidad con Abascal (Witiza) son casi inexistentes. De momento el PP lleva ganadas las
batallas en Extremadura, Castilla y León, Aragón y Andalucía, pero la batalla
decisiva es harina de otro costal; vendrá al término de la legislatura, o en el
supuesto de que Sánchez decida convocar elecciones generales anticipadas. De
momento se afilan las navajas cabriteras. Paciencia y a barajar.