Señala hoy Jesús Cacho en Vozpópuli que en este país “todo el mundo parece acatar los desastres con mansedumbre. España es un país de ciudadanos resignados”. Mientras unos salen a las calles para hacer sonar las bocinas de los coches por el triunfo futbolístico contra Argentina, otros esperan llenos de desazón en polideportivos de pueblos a que los bomberos y la UME sofoquen incendios devastadores que amenazan sus ganados y sus casas. Zaragoza se encuentra patas arriba. Todo está en obras y muchas calles sufren el trabajo de asfaltado con cuarenta grados a la sombra. Conviene recordar que al año que viene hay elecciones municipales y la folclórica alcaldesa Chueca se pasa el día afilando la tijera de cortar cintas, donde se incluirán las obras de la nueva Romareda para un equipo de fútbol que se encuentra en la tercera categoría del balompié nacional, y cuyo coste final es un misterio como el de la Santísima Trinidad. Ya ha dicho esa señora, y así lo han señalado los medios, que desea presentarse de nuevo, que cuenta con el plácet de Núñez Feijóo para encabezar la próxima lista del PP. También es un misterio saber cuándo decidirá Sánchez convocar elecciones generales. En ese sentido, Marhuenda, el gurú de la derechona y del Grupo Planeta, dice en La Razón que “como es normal, el sanchismo y sus lobistas quieren que aguante el mayor tiempo posible, unos para seguir con los sueldos oficiales y los otros para beneficiarse de pelotazos. Los directivos colocados a dedo en el sector empresarial, algunos con nula o escasa experiencia y poca formación, saben que serán desalojados de sus cargos. En los medios de comunicación públicos sucede lo mismo”. Y un editorial de El País entiende que “al final ni Donald Trump, que contaminó la competición al intervenir para retirar una tarjeta roja a un jugador de su país, ni su adulador Gianni Infantino, presidente de la FIFA, pudieron con el fútbol”. Yo diría, mejor, que no pudieron beneficiar al excéntrico y 'carajudo' Javier Gerardo Milei, el amigo de la motosierra. Estoy convencido de que si Luis de la Fuente crease hoy un partido político, defendiendo sin exagerada teatralidad el sombrero de tres picos como parte integrante del uniforme de la Policía Local de Zalamea de la Serena, podría conseguir sin demasiado esfuerzo cincuenta diputados sin necesidad de ayudarse con plataformas de autopromoción, como fue el caso de Jesús Gil o de Ruiz-Mareos, en su día dos héroes mediáticos, como también lo fueron Mario Conde o Dionisio Rodríguez, alias 'El Dioni'. Todos ellos tuvieron algo en común: su histrionismo volandero, su paso por la cárcel y su efímera fama.
