Al caminar por la calle estoy harto de ver en la puerta de algunas tiendas “casa fundada en…”, como dando a entender que el hecho de haber sido creada hace mucho tiempo fuese sinónimo de prestigio o distinción. A veces sucede que sí, otras, no. Si el establecimiento en cuestión hubiese formado parte de la misma saga familiar y llevase un siglo de funcionamiento ininterrumpido no cabría duda de que ello constituiría un signo claro de confianza por parte de los clientes. Por ejemplo, "Lhardy", "Casa Labra" o “La Pajarita”, la bombonería con despacho de caramelos más antigua de Madrid, fundada en 1852 en la Puerta del Sol, con el obrador bajo la tienda, por Vicente Hijós Palacio y Lorenza Aznárez, bisabuelos del actual propietario. En la actualidad solo queda la sucursal abierta en 1969 en el número 14 de la calle Villanueva, frente al Museo Arqueológico. Y en esa sucursal, que ya ha dejado de serlo, se puede colocar el año de fundación de la primitiva, aunque estuviese en otro lugar y con diferente propietario. Parece ser que aquel negocio tomó su nombre de la popular figura de papiroflexia que los clientes solían crear con servilletas de papel, entre ellos Miguel de Unamuno, amigo de Vicente Hijós. Tienen fama, entre los doce sabores continúan fabricando, unos caramelos con sabor a violeta o a rosa, así como sus famosos ‘marrons glacés’ que sólo se venden en temporada de castañas, o sea, de octubre a marzo. Hay que señalar que aquel matrimonio de lamineros no tuvo descendencia, decidiendo el 4 de agosto de 1927 ceder el establecimiento a su sobrino nieto Lorenzo Aznárez Gil. En la actualidad solo queda la tienda abierta en 1969 en la calle Villanueva, 14, frente al Museo Arqueológico. Curiosamente, en 1900 la ‘Casa Dotesio’ (Pez, 40.- Madrid), actual Unión Musical Española, publicó la zarzuela “La Pajarita”, cómica y en un acto, con libreto de Francisco Flores García y música del maestro Ángel Rubio, estrenada en el Teatro Romea de Madrid el 19 de mayo de aquel año, donde se combinaban enredos cotidianos y el humor característico de los entremeses de finales del siglo XX. En alguna de esas vetustas tiendas, como digo, choca que al poner el año de su fundación lo colocan con un punto, rompiendo las reglas de la RAE, donde se indica que “los años se escriben siempre sin punto, coma ni espacio entre sus cifras. La misma norma se aplica a páginas, códigos postales y números de leyes o artículos. Si el número no indica un año en el calendario sino una cantidad de tiempo (ej. hace 40 000 años), sí se permite dejar un espacio de separación, pero nunca un punto”. Lo raro es que nadie se dé cuenta y lo rectifique.