lunes, 6 de abril de 2026

Entre jazmines y albahacas

 

Ayer, Domingo de Pascua, hubo corrida de toros en el sevillano coso del Baratillo que hoy se llama Real Maestranza de Caballería, donde en el palco de los Maestrantes estuvo presente Juan Carlos de Borbón acompañado de su hija mayor. Los tres toreros, Morante de la Puebla (de azul noche, bordado con cristales y medias blancas), Roca Rey (de berenjena y oro) y David de Miranda (de purísma y oro) lidiaron toros de Garcigrande, y todos ellos brindaron su primer toro al anterior jefe del Estado. La corrida fue televisada por Canal Sur. Hoy he podido leer la crónica de la corrida, donde Andrés Amorós muestra unos capotazos periodísticos con temple y trapío en una tarde de sol donde, como señala en su crónica “la ciudad entera huele a lilas, a naranjos, a jazmines, a albahacas”. La Plaza estaba abarrotada, como en las mejores tardes de Curro Romero. Fue devuelto a los corrales el sexto y el sobrero resultó ser otro manso. Señala Amorós: “David de Miranda lo llama desde lejos, en el centro del ruedo, y recibe un fuerte porrazo. Citando de cerca, se la juega, impávido. Metido entre los pitones, se ha justificado con valor, al borde de un nuevo percance. Acierta con la espada: oreja”. Amorós, que sabe de toros más que Antonio Díaz Cabañete, que ya es decir, cuenta la siguiente anécdota: “En el séptimo aniversario de la muerte de Joselito, Ignacio Sánchez Mejías, esa figura tan admirada por el ministro Urtasun, hizo ir a Sevilla a su amigo Alberti y le encerró en un hotel, hasta que escribiera un poema. Esa misma noche, Rafael leyó su poema Joselito en su gloria’, que incluye los famosos versos: ‘Mira cómo sube al cielo / la gracia toreadora…”.  Amorós hace referencia a finales de 2025, cuando surgieron críticas por parte de sectores culturales, académicos y políticos (PP, Vox), que acusaron al ministro de Cultura de excluir deliberadamente a Ignacio Sánchez Mejías de las celebraciones oficiales del centenario de la Generación del 27. No quisiera terminar sin aclarar lo de “coso del Baratillo”. Viene su nombre del monte del Baratillo o Malbaratillo, en el barrio del Arenal. En la zona, hubo un cementerio donde enterraban a mediados del siglo XVII a las víctimas de la epidemia de la peste y donde más tarde hubo una capilla. En sus alrededores se instalaban los mercadillos de feria o baratillos. De ahí tomó el nombre la capilla y una cofradía con ese nombre. Y cerca de allí se construyó una plaza de toros de madera, donde los toreros iban a rezar antes de entrar a la plaza. La actual ‘cofradía de El Baratillo’ tiene, en realidad un nombre muy largo: “Antigua y Fervorosa de la Santa Cruz y Cofradía de Nazarenos del Santísimo Cristo de la Misericordia y Nuestra Señora de La Piedad, Patriarca Bendito San José y María Santísima de la Caridad en su Soledad”. El torero que más relación tuvo con esa cofradía fue José Delgado Guerra, en los carteles conocido como ‘Pepe-Hillo’, que donó una imagen de san José, incorporando el nombre de ese patriarca a la denominación oficial de esa hermandad. Aquel torero, nacido en Sevilla en 1754, fue a rezar a esa capilla por última vez antes de su último viaje a Madrid, donde el 11 de mayo de 1801 le ganó la partida el toro “Barbudo”. Aquella tarde murió de  trágica manera el discípulo de Costillares y que rivalizó con Pedro Romero. Fue el propio torero el que eligió el toro que habría de matarle, ya que la víspera de la corrida fue a caballo al Arroyo Abroñigal y pidió que le reservaran ese toro negro zaino de la ganadería de José Gabriel Rodríguez, de Peñaranda de Bracamonte, que sería lidiado en séptimo lugar.

 

sábado, 4 de abril de 2026

Ruido y devoción

 Conoces el origen de los capirotes de los nazarenos?

 

Los españoles somos ruidosos. Nos encanta gritar en las tabernas, hacer espectáculos con cohetes voladores atronando, mascletás rompiendo tímpanos e inundados de fervorín en las procesiones con mucho tambor y mucha murga, donde vengo observando que las vírgenes roban escena a los redentores, los verdaderos protagonistas de la Semana Santa. No existe una jerarquía litúrgica lógica desde la Contrarreforma. En eso nos diferenciamos de los protestantes. Las vírgenes dolorosas  permiten a los católicos identificarse con el sufrimiento, la angustia y la pérdida, ofreciendo una figura más cercana y reconfortante que la figura divina de Cristo en la cruz. De hecho, las vírgenes suelen procesionar bajo palio, los cristos, no. Se confunde la liturgia, como digo, con la piedad popular. Y en medio de la tragedia aparecen los nazarenos con capirotes, aquel artefacto medieval que servía para avergonzar a los reos por mandato de la Santa Inquisición. El capirote era una hopalanda amarilla que formaba parte del atuendo de aquellos reos destinados a morir aspados o en la hoguera, que, además, estaban obligados vestir el sambito con tela de saco. Fue a partir del siglo XVII cuando las cofradías sevillanas decidieron usar esos atuendos en los actos procesionales, donde algunos se flagelaban, iban descalzos o arrastraban cadenas, dejando regueros de sangre en las calles hasta el punto que Carlos III se vio en la necesidad de suprimir ese tipo de espectáculos cruentos.. Las procesiones comenzaron en Sevilla  en el siglo XVI, cuando Fadrique Enríquez de Ribera, marqués de Tarifa, instauró la costumbre al poco de regresar de Jerusalén, donde había quedado impresionado con el Vía Crucis de ‘las doce estaciones’ que allí se celebraban. Desde entonces, en Sevilla siempre se ha procesionado con gran devoción, excepto en el Jueves Santo de 1932, cuando procesionaban a la Virgen de la Estrella y fue apedreada y tiroteada. Ya en el puente de Triana un grupo de jóvenes comenzó a empujar el paso y a generar intranquilidad, lo que dio lugar a que muchos de los presentes echaran a correr. Algo más tarde, en la calle Sierpes, alguien tiró una piedra al cristo, pero sería en la puerta de la catedral cuando la virgen recibiría el ataque de dos cohetes y se empezarían a escuchar varios disparos. Esto desató el caos y dio lugar a que todo el mundo huyera en todas las direcciones. Al capirote también se la llamaba capuz o coroza. Según el Diccionario de Autoridades (Tomo II, 1729) “coroza es un cucurucho que se hace de papel engrudado, y se pone en la cabeza por castígo, y sube en disminución, poco más o menos de una vara, pintadas en ella diferentes figuras conforme el delito del delincuente; que ordinariamente son judíos, herejes, hechiceros, embusteros y casados dos veces, consentidores y alcahuetes”. Por otro lado, el uso de cadenas a los pies viene de los liberados esclavos cristianos del norte de África cautivos de los turcos, Las órdenes mendicantes recogían dinero para comprar la libertad de aquellos sometidos en el tiempo que iba desde la Edad Media hasta el siglo XIX. Los cristianos libertos acompañaban a los monjes explicando sus penalidades sufridas. Por ir resumiendo, a los españoles les ocurre que están repartidos en dos bandos. Uno prefiere la Navidad; otros, la Semana Santa; es decir, cuando nace el Redentor o cuando le crucifican, de la misma manera que entre los sevillanos unos son forofos del Betis y otros del Sevilla; o unos, devotos de la Macarena, y otros, de la Esperanza de Triana. En medio quedan los que ya no creen ni en los que creen en ellos. Andalucía es una tierra muy peculiar, extensa casi como Portugal aunque puesta en horizontal, como echando la siesta.

 

viernes, 3 de abril de 2026

Vivir mata

 

 

Hoy, Viernes Santo, me he pasado la mañana haciendo limpieza de papeles. Siempre encuentro algo curioso de lo que ya ni me acordaba. He podido rescatar del olvido un suelto de Heraldo de Aragón de 2004 donde Juan Domínguez Lasierra, en “El ‘limpia’ del Tubo” hacía referencia a Luis Pastor Cruz, el último limpiabotas  con salón propio que heredó de su abuelo, que lo había inaugurado en 1953. Domínguez Lasierra, al referirse a Luis Pastor, fallecido el 1 de julio de 2004, se deshace en elogios. Señala: “Fue un  personaje muy querido por todos. Muchos recuerdan su antiguo ‘Chévrolet’, de color blanco y capó granate. Era muy apuesto, en su juventud tuvo mucho éxito con las mujeres”. Y Domínguez Lasierra le enseña a su acompañante melillense, Vicente Moga, una foto “en la que  Luis Pastor aparece en su ‘salsa’ junto a ‘El Plata’ cantándole a una de las históricas tabaqueras del Tubo”. Aunque no he visto esa foto, presumo que se referirá a Serafina. Para quien lo desconozca, Vicente Moga Romero es historiador, fue director del Archivo General de Melilla y autor de libros muy interesantes, entre ellos, “Las heridas de la historia. Testimonios de la Guerra Civil española en Melilla” (Ed. Bellaterra, Barcelona, 2004) y “La cuestión marroquí en la escritura africanista” (Ed. Bellaterra, Barcelona, 2008). Serafina, por otro lado, fue una cigarrera de nombre Herminia Martínez Lines, que estuvo sentada junto a ‘El Plata’ durante más de 65 años ofreciendo a los peatones cajetillas de cigarrillos de estraperlo.  Falleció el 19 de febrero de 2011. Desde 2015 forma parte de la comparsa de Gigantes y Cabezudos después de haberle quitado el cigarrillo de la boca de cartón-piedra. Fue como haberle suprimido el cigarro habano a Churchill o la pipa a Popeye. A todas luces una censura lerda donde se enfrentó la salud pública con la libertad de expresión artística. Ya sabemos que vivir mata, como así lo entienden los galenos; y, también, que los siete sacerdotes que quitaron de la boca de cartón-piedra el pitillo de Serafina tocaron incesantemente los shofares hasta conseguir que cayesen las murallas de Jericó. Bueno, eso dice el libro de Josué. Creo que la expresión artística hubiese disminuido considerablemente de haber dejado de fumar Picasso y de beber ‘Pernod Fils’, o sea,  absenta.

 

jueves, 2 de abril de 2026

Un santo a su manera


Esta noche de Jueves Santo se volverá a celebrar en León la procesión del“Entierro de Genarín” que, para mí, debería ser considerada de Interés Turístico Nacional. Congrega a más de 20.000 ciudadanos en torno a la figura de Genaro Blanco Blanco, que fue santo a su manera. Su procesión fue prohibida por el franquismo entre 1957  y 1978 por ser considerada escandalosa para los meapilas de aquel régimen autoritario. La figura de Genarín no cabe duda de que forma una parte importante de nuestra cultura popular. Nació en 1861 y fue abandonado en  la inclusa.  De mayor tuvo el oficio de pellejero de pieles de conejo y de liebre, se casó con María García Pérez (fallecida el 18 de abril de 1917) y tuvo seis hijos, de los que dos de ellos ya habían muerto antes del atropello de su progenitor, que  falleció el 29 de marzo de 1929 (Viernes Santo) después de haber sido arrollado mientras exoneraba el vientre por el primer camión de la limpieza pública en la leonesa carrera de los Cubos. El mito de san Genarín nació de la mano de un grupo de bohemios borrachines del Barrio Húmedo, los cuatro “evangelistas”, llamados Francisco Pérez Herrero, Luis Rico, Nicolás Pérez ‘Porreto’ y Eulogio ‘El Gafas’, que se dedicaron a elogiar su figura por las diversas tabernas leonesas hasta el punto que al año siguiente, en 1930, decidieron montar una procesión en su honor coincidiendo con la noche del Jueves Santo, donde se ensalzó la personalidad de aquel hombre amante de empinar el codo, el juego y los lupanares mediante una especie de ‘evangelio apócrifo’. Cualquier persona interesada en la vida de este ‘santo’ puede informarse con la lectura, que recomiendo,  de “El entierro de Genarín”, novela de Julio Llamazares (Alfaguara, 2015, 200 páginas). La procesión, como digo, está organizada cada año por la Cofradía de Nuestro Padre Genarín. Y antes de cada procesión, los hermanos cofrades celebran una ‘última cena’. Más tarde se da comienzo a la procesión, que se compone de tres pasos, y los fervorosos fieles entonan  el cántico “Genaro es cojonudo”. En el primero de ellos se representa a san Genarín como un pellejero abrazado a una farola con una botella de orujo en la mano.  El segundo, se corresponde  con La Mocha, la meretriz piadosa que acudió a socorrerle nada más suceder el atropello. El tercero, representa a la Dama de la Guadaña, fría y sin carnes. También forman parte de la comitiva cuatro cabezudos, uno por cada evangelista. La procesión arranca en la plaza del Grano y su final está situado en la carrera de los Cubos, donde Genarín perdió la vida de forma infame. Entre medias se realiza una serie de rituales. Entre ellos, la lectura de textos satíricos sobre su vida y milagros: "Y antes de ser declamadas para gloria de este mundo,/ siguiéndote  en tus costumbres,/ pues nunca ganasteis lujos./ Bebamos a tu memoria una copina de orujo,/ que fue lo que más chupaste antes de ser difunto...". Al llegar al tercer cubo de la muralla romana se procede a la ofrenda del orujo, una rosca de pan, queso y unas naranjas. He visto una fotocopia de su ‘acta de defunción’ y de otro documento donde el entonces juez municipal suplente, Francisco del Río Alonso, recoge en acta que se llama Jenaro, con 'jota', que no Genaro, y que se apellidaba Blanco, sin segundo apellido, ya que era hijo de “padres desconocidos”, Blanco (como Expósito) era el apellido común para identificar a los huérfanos. La reseña de su muerte apareció al día siguiente en Diario de León (que entonces era propiedad del Obispado) y en El Dia de Palencia el 1 de abril. En otro diario de la época, La Democracia (que se imprimía en la calle Gutierre, 1) se aclaraba que “a esa hora [sobre las doce de la noche] Genaro caminaba por la orilla de la carretera de los Cubos cuando enfilando desde la plaza del Espolón en dirección a la Catedral, a la altura del tercer cubo de la muralla, la camioneta de limpieza municipal (no de recogida de basura), bautizada como “La Bonifacia“ (en honor al concejal  Bonifacio Rodríguez) perdió el control a manos de su conductor, José María Sáez (Sáenz, según ese diario), vecino de Puerta Moneda y de 19 años, que ingresó en la cárcel”. Por otro lado, el cura párroco de Santa Marina, Anastasio Fernández, y el coadjutor, Ramiro Carniago, aparecieron  enseguida en el lugar de los hechos, “administrándole la extremaunción sub conditione” (sic). En su memoria se aplicaron diversas misas en la iglesia de Nuestra Señora del Mercado, ubicada en la plaza del Grano, junto a la calle El Barranco, también conocida como 'Apalpacoños', en cuyas burdeles dice una leyenda posterior que Genarín reinaba entre sorbo y sorbo de orujo, algunos de ellos en la tasca del tío 'Perrito', haciendo esquina junto a los soportales empedrados. La inscripción de sus sepultura señalaba: “Cuartel F, Fila 2, número 26”. Pero esa referencia no se corresponde con el actual cementerio, ubicado en la avenida de san Froilán, entre los ríos Bernesga y Torío e inaugurado en 1932,  sino con el anterior, el camposanto de la calle maestro Uriarte, en el barrio de san Esteban, ya desaparecido. Por cierto, las lápidas de aquel cementerio fueron troceadas y reutilizadas para formar marmolillos de aceras. En consecuencia, ¿dónde se encuentran los restos de Genarín? Nadie lo sabe.