Las borrascas ya son como esas fondas cercanas a las estaciones de ferrocarril, donde unos van y otros vienen, pero ninguno permanece más de cuatro días. Ahora llega a pupilaje la borrasca ‘Nils’, con su carrusel de atrocidades: fuertes lluvias, vientos y temporal marítimo. Esto es un no parar. Pero los españoles ya nos vamos acostumbrando. Jorge Rey, el joven pronosticador del tiempo con la cabañuela va a convertirse a este paso en un consultor al estilo de Elena Francis al que le escribamos para preguntarle sobre qué tiempo hará durante la semana de vacaciones en la que hemos previsto visitar Burgos, Sevilla o un pueblo del Maestrazgo, en vista de que el ‘Calendario Zaragozano’ inventado por Mariano Castillo falla como las soldaduras de los raíles de Adif. El consultorio de Jorge Rey, como digo, ayudaría mucho a los viajeros en sus desplazamientos turísticos, verbigracia: si conviene llevar chubasquero, paraguas y botas de lluvia con forro polar; o debemos optar por ropa ligera de ‘Coronel Tapiocca’, sandalias rústicas y gorra estilo béisbol con visera curva de ‘Decathlon’. Pero hay que tener en cuenta que hay otras cabañuelas, las estacionales, también llamadas témporas. Tanto los dos métodos de tradición popular como el “Calendario Zaragozano” vienen a coincidir en una cosa: que en invierno hará frío y en verano, calor. No dejan de ser “un pregón de lo obvio”. Ya lo decía don Hilarión en “La verbena de la Paloma”: “Hoy los tiempos adelantan que es una barbaridad”, como nos recordaba el arriácense Jesús Orea (en su blog “Misión al pueblo desierto” iniciado en 2013), periodista por la -según él-“tercera vía”, la de colaborar con aseo en diversos medios, además de ser autor de una quincena de libros, todos ellos de gran interés. Tiene razón Orea cuando afirma que “si los hombres del campo de antaño hubieran dispuesto de la veraz y puntual información meteorológica de que se dispone hoy, se habrían evitado muchos disgustos y muchos fiascos que sumar al sudor y las lágrimas que, antes de que llegara la mecanización al ámbito agropecuario, eran la verdadera gasolina en los labrantíos”. Por cierto, ayer abrió sus puertas la XLIV edición de FIMA en Zaragoza inaugurada por Felipe VI y marcada por el malestar con el acuerdo comercial entre la UE y Mercosur. Hubo de todo: vítores al rey y muchas patadas en el trasero de Sánchez en la persona del ministro Luis Planas, al que unos energúmenos le vocearon ‘traidor’, ‘borrego’ y otras lindezas. Creo que los agricultores deberían sosegarse y dejar de escuchar los cantos de sirena que les envía Feijóo en su constante labor de zapa. Han desviado el punto de mira con los destemplados insultos al ministro de Agricultura. Deberían ser sabedores de que la principal incertidumbre con el que se enfrenta el Sector Primario no vendrá de Iberoamérica ni de India sino de Marruecos, por su competencia desleal, con menores costes de producción (laborales y medioambientales) y un plan masivo de inversión hídrica (383.000 millones de dírhams, equivalentes a 36.000 millones de euros) que amenaza la cuota de mercado española, especialmente en tomates, pimientos, frutas y hortalizas. No quiero terminar sin recordar que mañana es Jueves Lardero, antesala de la Cuaresma. Conque ya saben: “Jueves Lardero, longaniza en el puchero”.