miércoles, 5 de agosto de 2026

La cosa es darle leña al mono

 La Mareta, el regalo de lujo de un rey que disfruta Pedro Sánchez

 

Ahora nos viene Ramón Pérez-Maura a contar desde su hueco en El Debate que “Sánchez no puede usar el casoplón de La Mareta", en el municipio de Teguise (Lanzarote), regalo de Hussein de Jordania a Juan Carlos I y cedida por éste a Patrimonio Nacional para no pagar impuestos. Por lo tanto, forma parte del Patrimonio del Estado y puede utilizarse con fines públicos y con lo que al Ejecutivo le venga en gana. Recuerda ese periodista que ahí fue donde la Familia Real pasó las navidades de 1999 y donde  murió repentinamente su madre del entonces rey, María de las Mercedes, el 2 de enero de 2000. Nos aclara Pérez-Maura a los lectores que en esa casa (cuyo nombre se debe a que en el mismo lugar existía una mareta, es decir, un aljibe que servía para recoger el agua de lluvia y como bebedero de animales) los reyes y su familia “pasaron el final de siglo y recibieron el nuevo año” porque, según parece, para ese plumilla el siglo consta de 99 años; es decir, que a su criterio el año 2000 ya formaba parte del siglo XXI. Tampoco ha recordado al lector que Felipe González pasaba sus vacaciones en Doñana y hasta hizo uso del “Azor” sin  pedir permiso a nadie, y que por La Mareta pasaron, además de Sánchez, Aznar y Rodríguez Zapatero. Y también muchos invitados. Que yo recuerde, el canciller alemán Helmut Kohl, durante la Cumbre Hispano-Alemana celebrada en Lanzarote en el año 1991;  el expresidente de la URSS, Mijaíl Gorbachov y su esposa Raísa  durante tres semanas, en agosto de 1882; Gerhard Schröder; el  presidente checo Václav Havel; el delincuente Rodrigo Rato; y el presidente de Kazajistán, Nursultan Nazarbayev. Pese a ello, Pérez-Maura está empecinado en que “los bienes del Patrimonio Nacional están afectos al uso exclusivo de la Familia Real. La ley no deja lugar a dudas al respecto”, sin  entender que La Mareta forma parte del Patrimonio del Estado. Ello equivale a decir que el Museo del Parado o el Palacio de Aranjuez, o la Biblioteca Nacional solo pueden visitarlos en exclusividad el rey y su familia. A mayor abundamiento hace suyas las palabras de Isabel de los Mozos y Touya, profesora titular de Derecho Administrativo de la Universidad de Valladolid, quien dijo que “el mero hecho de usar un bien del Patrimonio Nacional como finca particular de descanso personal por parte del presidente del Gobierno constituye un delito de usurpación de ese bien público que, aunque sea un delito menor -si atendemos a la gravedad de la pena y a que esta no supone privación de libertad- va acompañado necesariamente de otros dos delitos, por lo menos, la malversación de caudales públicos y la correspondiente prevaricación del responsable del Organismo Público de Administración del Patrimonio Nacional”. Roma locuta est, causa finita. Creo que este hombre, Pérez-Maura, necesita unas vacaciones para poner en orden sus ideas. Cualquier persona con un mínimo de cultura general es conocedor de que los bienes del Patrimonio Nacional pertenecen al Estado, pero están afectados al uso y servicio del rey y la Familia Real para la alta representación institucional, algo muy propio de la Edad Media. Pero eso es sobre el papel. En la praxis las cosas cambian. Y que los bienes del Patrimonio del Estado pertenecen al conjunto de la Administración Pública (Ministerios, organismos autónomos) y se usan para el funcionamiento de los servicios públicos, el uso general o su explotación económica. La Mareta, a mi entender, corresponde a  Patrimonio del Estado desde el mismo momento en el que el rey anterior se desentendió de esa propiedad, como sucedió con el Palacio de la Magdalena, cuando Juan de Borbón, creyéndose heredero del bien donado a alguien que abandonó la Corona en 1931 y se marchó de España cobardemente, se lo vendió al Ayuntamiento de Santander por 150 millones de pesetas en 1977, sin tener en cuenta que su padre, Alfonso XIII, lo había tomado como regalo y recibió las llaves de forma oficial el 7 de septiembre de 1912. ¡Vaya papo!  A mi entender, el presidente del Gobierno tiene derecho a utilizar los bienes de Patrimonio del Estado sin tener que dar cuentas al rey, esa figura institucional que reina pero no gobierna. Es el rey, en una Monarquía Parlamentaria, el que tiene que dar cuenta al Ejecutivo de todos sus pasos y no a la inversa. En este caso no se aplica la propiedad conmutativa de la suma y la multiplicación en matemáticas; y, en consecuencia, 'el orden de los factores sí altera el producto'. Ya lo creo que sí lo altera... ¡y de qué manera, oiga!

 

martes, 4 de agosto de 2026

De Torquemada al Sacamantecas

13- Ciegos Juglares en el Camino de Santiago | Tradición Jacobea

 

La palabra “moro” no es despectiva, aunque algunos la tomen como tal. Proviene del latín "maurus" (oscuro) y fue el término con el que se designó a los musulmanes que invadieron la península en el año 711, por el color de su piel, cuando Tariq ibn Ziyad cruzó el Estrecho de Gibraltar y derrotó al rey Rodrigo en la batalla de Guadalete  con  soldados bereberes, sirios y árabes, instaurando, primero en Sevilla  y más tarde en Córdoba, durante casi ocho siglos el valiato de Al-Ándalus, dependiente del califato Omeya. Hasta que el año 756 el príncipe omeya Abd Al-Rahman, único superviviente de la masacre de toda su familia por parte de los Abbasíes de Damasco, llegó a Al-Andalus, derrotó al emir Yusuf, representante del poder de Damasco, y se hizo proclamar emir con el nombre de Abd al-Rahman I. Más tarde, en el año 773, rompió sus relaciones con los Abbasíes y se proclamó emir independiente. Pero lo que aquí señalo no aclara nada nuevo, está presente en todos los libros de Historia. Todo ello lo explicó con rigor Américo Castro en su ensayo “España en su historia”, publicado en 1948  durante su exilio americano. No hay que olvidar que, mientras Castilla dirigía sus acciones sobre el sur de la Península, la Corona de Aragón ponía sus miras en el Mediterráneo.  La expulsión definitiva de judíos y árabes por los Reyes Católicos se produjo en 1492, pero antes de ello, en 1478, esos reyes crearon  el Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición tras la  aprobación del papa Sixto IV de la bulaExigit sinceras devotionis affectus’, con miras a mantener la unidad religiosa y controlar el poder político en sus reinos. Ese Tribunal, en principio, solo tenía competencia sobre cristianos bautizados, pero más tarde se extendió a toda la población para la represión de la herejía. Dio  lugar a los ‘autos de fe’, que conllevaron suplicios y la quema de personas vivas. Hasta que las diferencias entre Fernando II de Aragón y el papa hicieron que el papa promulgase una nueva bula en la que prohibía categóricamente que la Inquisición se extendiese a Aragón. Sin embargo, las presiones del monarca aragonés hicieron que el papa terminara suspendiendo la bula y que promulgara otra, nombrando a Torquemada inquisidor general de Aragón, Valencia y Cataluña. Pero en Aragón la ciudadanía se resistió a las drásticas medidas de Tribunal del Santo Oficio, hasta el día en que en La Seo fue asesinado el presbítero agustino Pedro Arbués, en 1485, por aquel entonces inquisidor del Reino de Aragón, perpetrado por judeo-conversos, pese a que no quedó demostrado. Aquel agustino fue beatificado, pese a ser un reaccionario irredento de la peor calaña, en 1662 por el papa Alejandro VII, santificado en 1867 por Pío IX e incluso se le dedicó una capilla en la catedral. Y para que los aragoneses conociesen la supuesta verdadera maldad de los judíos conversos, y para aumentar el odio contra ellos, se puso en boca de la gente la truculenta historia de Dominguito de Val, un niño de siete años (que quizás nunca existió) crucificado en una pared en el Arrabal zaragozano en el año 1250. Más tarde, para hacer desaparecer su cuerpo, le cortaron la cabeza y los pies, que lanzaron al pozo que tenían en la casa, mientras que el resto del cuerpo lo enterraron en la orilla del Ebro, muy cerca del actual pozo de San Lázaro.  Historias parecidas eran utilizadas para imponer mayores medidas represoras contra los judíos y un mayor control sobre ellos, llegando incluso a amurallar las juderías’ donde habitaban. Pese a no estar clara la existencia de ese niño, como digo, fue canonizado el 9 de Julio de 1808 por el Pío VII. La leyenda del martirio de Dominguito de Val se enmarca en el antisemitismo europeo de la época, aunque existen antecedentes de ese relato un siglo antes, en 1144, cuando desapareció de la ciudad inglesa de Norwich un niño llamado Ricardo que, según el testimonio de un converso, había sido asesinado para cumplir con el ritual de sangre de la Pascua hebrea. De esas leyendas se dio paso en el siglo XIX a la figura del“Sacamantecas”, que se utilizaba como estampa mítica del folclore para asustar a los niños traviesos. Las hazañas de tan siniestro personaje las cantaban los ciegos y las vendían en pliegos de cuerda los buhoneros en las ferias rurales.

 

lunes, 3 de agosto de 2026

"No miro a nadie...y si miro, no veo"

La balsa de la Medusa: una mirada desde la neurociencia - Revista Mercurio

 

Lo que está sucediendo en España no es el acabose sino la continuación del empezose. La debilidad de Sánchez ante el rey de Marruecos es evidente. El jefe del Ejecutivo español nos ha intentado hacer creer, como si fuésemos tontos, que  la masiva llegada de migrantes, cerca de 60.000 (por dar una cifra aproximada) ha sido por culpa de la mafia. Hoy, en Vozpópuli, Jesús Cacho en su artículo  “La balsa de La Medusa” saca las miserias de Sánchez al aire y señala a España como la reproducción en vivo del lienzo de Géricault, cito textual: “con un barco a la deriva con un incompetente en el puente de mando en 1816. Junto a la fragata navegaba el buque-bodega Loire, el bergantín Argus y la corbeta Écho. El mando de La Medusa había sido confiado, gracias a amigos influyentes, al vizconde Hugues Duroy de Chaumareys, un oficial naval que se había exiliado en Inglaterra durante la Revolución. Chaumareys presumía de una hoja de servicios intachable, aureolada con actos de heroísmo protagonizados durante la Guerra de Independencia de Estados Unidos, pero cuando se hizo cargo de La Medusa llevaba más de 20 años de apacible retiro sin haber vuelto a poner sus pies sobre la cubierta de un barco. Ningún peligro rondaba a La Medusa salvo la incompetencia, entreverada de soberbia, de su capitán. El l 2 de julio de 1816, Chaumareys cometió su primer error. Frente a la costa de la actual Mauritania, la fragata se adelantó al resto del convoy hasta perderlo de vista y su capitán confundió dos puntos geográficos antes de encallar, a las tres de la tarde y a pleno sol, en un fondo arenoso mal cartografiado. La tripulación intentó por todos los medios reflotar la nave, sin éxito. Finalmente, La Medusa se partió en dos. Chaumareys, que además de necio resultó ser un cobarde, se subió al primer bote salvavidas y puso rumbo a Saint-Louis, distante apenas 30 millas náuticas. Los pasajeros que pudieron se apiñaron en los restantes botes, pero 150 personas, en su mayoría civiles, no tuvieron más remedio que lanzarse a una balsa improvisada, hecha con tablas y estachas, que se convertiría en su tumba. Cuando 13 días después apareció el Argus, a bordo solo quedaban diez hombres con vida, que se habían alimentado con los cadáveres de los muertos”. Pues bien, según Nicolás Redondo (así lo afirma Cacho) “España es hoy una reproducción en vivo de ‘La balsa de La Medusa’, un país perdido en el océano de la nada, un barco a la deriva con un incompetente en el puente de mando que responde al nombre de Pedro Sánchez, un Chaumareys resultado de "una extraña mezcla de soberbia y de banalidad, de atrevimiento y cobardía, de pusilanimidad y resistencia, de irresponsabilidad y de fanfarronería, que recordaremos como una pesadilla." Sigue escribiendo Cacho: “En la noche del miércoles 29, el monarca alauita dirigió un discurso televisado a su país con motivo del 27 aniversario de su acceso al trono. Un Mohamed VI avejentado y de aspecto enfermizo, que necesitó la ayuda de su hijo, el príncipe heredero Mulay Hasán, para ponerse en pie tras finalizar su alocución. Y a la mañana siguiente, este enfermo que dirige con mano de hierro un país en vías de desarrollo, que se está gastando mil millones de euros en la construcción de un gran estadio de fútbol en Casablanca, lanzó un órdago a España con el envío de un ejército de 60.000 hombres (entre ellos, los casi 2.000 delincuentes indultados por el monarca por tan gozosa efeméride), en su mayoría en edad militar, la flor y nata de una nación, contra un vecino como España”. (…) “Esta es la segunda ‘Marcha Verde’ después de aquella que, en plena agonía de Franco, protagonizó su padre para ocupar el antiguo Sahara Occidental español. Ahora, en plena agonía de Sánchez, en uno de los momentos más bajos de España como nación, una España rehén de un Gobierno convertido en una banda mafiosa dedicada al saqueo de lo público, el sultán marroquí insiste en una segunda marcha, esta vez 'Azul', que tiene todos los visos de ser una prueba antes del golpe definitivo sobre Ceuta y Melilla. Es la imagen de un mequetrefe a merced del monarca absoluto de un país subdesarrollado”. Y continúa señalando Cacho: “¿Pero qué demonios había en ese móvil infiltrado con Pegasus? Ni siquiera se ha atrevido a llamar a consultas al embajador de Rabat en España, que hubiera sido lo mínimo exigible con un país que ha demostrado ser un vecino hostil, un enemigo declarado de España y de su soberanía”. El artículo es largo. Aquí lo dejo. Invito a su lectura completa. Solo añadiré algo que no ha escrito Cacho: Felipe VI, como jefe del Estado, debería haber abandonado Mallorca, volver a su despacho en Madrid y llamar a su “pariente” Mohamed VI para ponerle las peras a cuarto. Soy consciente de que la "relación cuasi familiar" procede de la generación anterior.  Juan Carlos I y el difunto rey Hassan II de Marruecos forjaron una alianza y una amistad profunda, al punto de que ambos monarcas se llamaban cariñosamente "hermanos" y el monarca alauí llamaba "tío" al español. Lo que ignoraba el emérito es que hay amores que matan. Soy consciente de que se ha reducido el papel diplomático tradicional de la Corona, y que Felipe VI no tiene la potestad ejecutiva para ordenar el despliegue del Ejército ni dirigir la diplomacia internacional sin el refrendo del Gobierno. Pero, a mi entender, debería visitar (nunca lo ha hecho) Ceuta y Melilla por ser parte de España. El rey ha dicho “me siento indignado” ante los recientes sucesos. Pero no ha matizado contra quién. Vamos, como lo de Miguel Gila: "No miro a nadie... y si miro, no veo". A mí, como español que paga el sueldo del monarca y su estancia en un palacio del Estado, el de su mujer, el de sus hijas y el de su madre, me gustaría saberlo. Los españoles, a los que justo nos viene llegar a fin de mes con pagas de mierda, empezamos a estar hartos de ser "pagafantas". Es lo menos que un republicano, como es mi caso, le puede pedir al sucesor del Borbón elegido a dedo por Franco, que sigue conservando inexplicablemente el título de rey y que, para más inri, no paga impuestos en España.

domingo, 2 de agosto de 2026

Ver para creer

 Día Mundial de la Meteorología: por qué se celebra - Calendarr

 

Se cuenta que, en 1615, en Lima, una religiosa llamada Rosa, aunque su verdadero nombre era Isabel Flores de Oliva (1586-1617), encabezó una rogativa desde una iglesia, ante el posible desembarco de piratas holandeses que ya habían asaltado el puerto de Callao. Sin previo aviso, una gran tormenta impidió que las embarcaciones se acercaran a tierra y, así, el antiguo virreinato de Perú quedó a salvo. Los creyentes comenzaron a atribuir la presencia de la tormenta y la huida de los piratas al poder místico de Rosa, terciaria dominica canonizada por Clemente X en 1671. Era el cuarto hijo entre doce hermanos del español Gaspar Flores, de oficio arcabucero, natural de Baños de Montemayor (Cáceres) y de María de Oliva Herrera, hilandera y costurera, natural de Huánuco (Perú). Murió de tuberculosis a los 31 años de edad. En su entierro multitudinario estaba presente hasta el virrey, que entonces era Francisco de Borja y Aragón, también conocido como príncipe de Esquilache. La madre de éste, Francisca de Aragón Barreto, era descendiente de Fernando II de Aragón. A partir de entonces se popularizó la conocida “tormenta de santa Rosa”, debido a que en la región de Río de la Plata se dan tormentas fuertes con mucha frecuencia, principalmente en primavera y verano. La tradición popular sostiene, como también  lo señalan las cabañuelas, que  durante un período cercano a la celebración de Santa Rosa de Lima (30 de agosto) puede registrarse un fuerte cambio en las condiciones del tiempo, con lluvias, tormentas y aparato eléctrico. Las cabañuelas son de origen judío al coincidir con la Fiesta de los Tabernáculos (Sukot). En escritos del año 1020 descubiertos en Toledo se da cuenta de las cien cabañuelas que se colgaban en el barrio judío de esa ciudad en memoria de los años del éxodo, tiempo que el pueblo hebreo pasó malviviendo en toscas cabañas en el desierto del Sinaí. El Sukot coincidía con la época de la vendimia y el cambio de estación, y se realizaban ritos que incluían pronósticos sobre cómo sería el clima para las futuras cosechas, cosas todas ellas que hoy hubiese pronosticado aunque con dudoso acierto el negacionista primo de Rajoy, José Javier Brey Abalo, catedrático de Física en la Universidad de Sevilla, que mantuvo en 2007 (ahora no sé si seguirá en sus trece) la teoría de que “ni siquiera los mejores científicos del mundo pueden garantizar el tiempo que hará mañana”, según palabras de su primo. Vamos, que ese catedrático se cargó las teorías del astrologo español Mariano Castillo y Ocsiero de 1840, que afirmaba sin despeinarse que en invierno hará frío y en verano, calor; y las predicciones del joven burgalés Jorge Rey, que se adelantó a la Aemet y dio en el clavo con “Filomena” en enero de 2021,  colapsando Madrid. Ver para creer.

 

viernes, 31 de julio de 2026

Agarrado a la cachimba

 Miquel Giménez: «Las élites catalanas son despreciables, miserables y  carroñeras»

 

Termina julio (entre tierra quemada y el performance marroquí de la "toma de la Bastilla", en Ceuta)  y leo el artículo de despedida en Vozpópuli (“Cuando uno se baja del tren”) de Miquel Jiménez, al que leía a diario. Él y yo diferíamos en la manera de pensar, pero eso no quita que Jiménez tuviera ingenio y manejase la pluma con la habilidad de un  espadachín con el florete. Señala en su último trabajo que “llega el momento de bajarse del tren, señores, colgar espada, vizcaína, pistolón y casaca, dejar colgado en el perchero el gastado chambergo y retirarse a la serena vida del veterano que tantas cosas ha visto y tantas quisiera olvidar”.  Se tiene ganado el descanso alguien como él, que comenzó a trabajar a los 14 años, llevado por necesidades económicas de su familia. Lo cuenta en otro artículo (“El señor Miguel, mi padre”), del que señaló: “Aun creo oler esa mezcla de picadura 'Genere', loción para el afeitado, agua de colonia y el apresto de sus camisas blancas inmaculadas”. Y en aquel artículo se confesaba a tumba abierta: “Yo soy hijo del señor Miguel y la señora Pepita, de La Unión él, ella de Hospitalet, ambos de clase humildísima y enamorados toda la vida como el primer día. Mi padre era camarero y trabajó cuarenta años en dos sitios, un merendero de la Barceloneta, de día,  el ‘Costa Azul’, y en un cabaré por la noche, ‘Barcelona de Noche’. Dormía solo cuatro horas diarias. Le llegué a ver dormirse de pie, apoyado en la pared”. (…) “Nunca se quejó, nunca faltó al trabajo, nunca perdió su elegancia natural ni esa alegría de quien sabe cumplir. Quiso a mi madre con locura hasta que Dios se lo llevó, momento en el que precisamente yo lo tenía entre mis brazos porque lo acababa de afeitar. El maldito cáncer”. (…) “Su entierro fue multitudinario y la gente que pasaba frente a la iglesia preguntaba quién era el difunto, dada la aglomeración de personas que habían ido a dar su último adiós al señor Miguel. Desde El Portugués, limpiabotas algo raterillo que circulaba por los cafés de la plaza de Cataluña y aledaños hasta uno de los máximos directivos de banca de Barcelona; falangistas, libreros anarquistas, artistas de revista, travestis, repartidores de refrescos, viejas prostitutas que habían encontrado en casa siempre un plato de sopa y alguien a quien explicar las penas; también  expresidiarios, carteristas jubilados, policías de la secreta, taxistas, camareros, dueños de restaurantes de postín, vendedores de diarios, conductores de autobús, médicos de fuste, serenos y vigilantes, todo un abigarrado mundo de tipos y personas se arremolinaba alrededor del féretro de aquel hombre con lágrimas los ojos…”. Para quien no lo sepa, el ‘Costa Azul’ fue un histórico y popular merendero (a los restaurantes de entonces les llamaban merenderos)  abierto en 1930 por la familia Ferrer-Espí en el barrio de la Barceloneta. Más tarde se llamó ‘La Gavina’. Tomaron el relevo su hija María Luisa Espí y su marido Agustín Ferrer hasta 1989, cuando todos los restaurantes de la zona fueron derribados por la Ley de Costas, causando una gran conmoción en el barrio y en todo Barcelona. Buscaron una nueva ubicación en el propio barrio, y la encontraron en los antiguos ‘Almacenes Generales de Comercio’, actualmente ‘Palau de Mar’, construidos en 1881. Y en 1992, Espí, Ferrer, su hija María Ferrer y el marido de ésta, Ramón Seoane, inauguraron el nuevo ‘Restaurante La Gavina’. Por otro lado, ‘Barcelona de noche’ fue un cabaré fundado en marzo de 1936 por José Márquez Soria (más conocido como "Pepe el de la Criolla" porque antes había sido encargado y vigilante en el cabaret ‘La Criolla’) y su amigo Saborit en el número 5 de la calle de las Tapias, en el corazón del Barrio Chino de Barcelona, y se mantuvo activo hasta 1990. Por su pista pasaron grandes figuras del transformismo y la música como Christa Leem, Pierrot, Bibi Andersen, Ángel Pavlovski y Mimí Pompón. Lo cierto es que la apertura del nuevo cabaret  ('Barcelona de noche') supuso la revitalización del entorno, de modo que una parte del ocio nocturno se trasladó desde la calle del Arco del Teatro hasta ese nuevo local. Sin embargo, el ‘Barcelona de Noche’, cuando todavía no hacía ni dos meses de su apertura, ya se hizo desgraciadamente famoso por el asesinato en extrañas circunstancias de su dueño y fundador, José Márquez Soria, el 29 de abril de 1936. A las 5 de la madrugada, tras efectuar la liquidación de los camareros, dirigiéndose a su domicilio situado en el número 6 de la calle de Santa Madrona, una vez había entrado dentro de la portería, le dispararon siete veces. La víctima llevaba encima unas joyas y 3.625 pesetas. Probablemente el crimen fue una venganza. Márquez tenía entonces 64 años de edad, dejando inacabado su ambicioso proyecto de transformar el barrio en un gran centro de ocio y diversión. Su mujer, Cayetana Hibraind, continuó como propietaria del negocio. En fin, se marcha Miquel Jiménez de ese diario digital de derechas aferrado a su cachimba como el que se agarra al trapecio circense, consciente de que la prensa escrita está condenada a la extinción.