viernes, 14 de agosto de 2026

Hoy, hace 90 años

Mundo Obrero - El general Yagüe en Logroño: memoria histórica y derechos  humanos

 

Decir gitano no es peyorativo desde el momento de que éstos se enorgullecen de serlo. Viene a cuento con una noticia aparecida en Diario de León donde dice textualmente: “Una pareja de etnia minoritaria mata de tres tiros a un vecino de Santa Lucía de Gordón por un tema de drogas”. De hecho es el término oficial y el etnónimo en España. Pero si se dice gitano con ánimo de molestar la cosa cambia, como es el caso de la RAE, que incluye ese término para equipararlo con “trapacero”, de la misma manera que resulta peyorativo equiparar a judío con “tacaño”.  Las cosas son de una manera o de otra en función del cristal con que se miran. Durante el franquismo se hicieron muchos chistes, la mayoría de mal gusto, relacionados con tipos de etnia gitana y la Guardia Civil (“plastañí” en calo, que deriva de voces romaníes vinculadas al verbo perseguir o “plastarel”) de correría, que sustituyó a la Santa Hermandad  y que iba provista de capa, tricornio verde con visera y  cogotera, barboquejo caído hasta el mentón, zurrón y fusil 'mauser', donde se manchaba la dignidad de un pueblo entero. Durante mucho tiempo, esos relatos constituyeron una mezcla entre la picaresca, el tropiezo cultural y la tensión constante entre ese colectivo marginado y la principal autoridad rural de la época que ejercía un control férreo en páramos y caminos. El choque entre la vida nómada y las estrictas normativas del Estado generaba situaciones cómicas que la tradición oral utilizaba para invertir los roles de poder. En estos chistes, el gitano solía representar la astucia y la supervivencia, mientras que el guardia civil representaba una autoridad rígida que era burlada a través de malentendidos deliberados o respuestas absurdas. También se hicieron muchos chistes sobre Franco que hasta los ministros se contaban sotto voce. Yo creo que aquellos guardias civiles ejercían de autoridad hasta en pijama. Por aquellos tiempos, algunos miembros de la Guardia Civil al servicio de la Dictadura cometíeron muchas tropelías. En los tristes años de la España en blanco y negro, como digo, se contaba que cuando un gitano se ponía un tricornio, automáticamente le entraban ganas de ponerse a repartir hostias. Hoy, en democracia, la Guardia Civil es un cuerpo muy respetable y respetado que ayuda al necesitado en situaciones infaustas, vigila las carreteras, salva a alpinistas en situaciones delicadas, controla las armas en circulación, persigue la droga, hace guardia en centros oficiales  e impone la ley cuando es necesario. Como dice su lema:“El honor es mi divisa”. Pero debo hacer una matización: durante el golpe de Estado de 1936 hubo guardias civiles en los dos bandos y al estar considerado como cuerpo militar tuvo que acatar órdenes en el lado que les tocó servir. El Cuerpo contaba con unos 33.500 efectivos. Su lealtad inicial dependió de la postura de sus mandos locales y regionales, siendo decisivo el bando al que se sumaban para inclinar la balanza en cada ciudad o pueblo. Poco después, por decreto de 30 de agosto de 1936, el Cuerpo fue disuelto y renombrado como Guardia Nacional Republicana en la zona republicana. Pero no puede olvidarse el pasado, ni los sucesos de Castilblanco del 31 de diciembre de 1931 o los de Casas Viejas en 1933, que le costó el cargo a Manuel Azaña. Fue una época dura, en la que exceptuando la recogida de la aceituna poco trabajo había en el campo y la gente pasaba hambruna. Tampoco pueden olvidarse los fusilamientos masivos el 14 de agosto de 1936 (tal día como hoy) llevados a cabo por guardias civiles en la plaza de toros de Badajoz y en las tapias del cementerio por orden de  Juan Yagüe. En una entrevista con el periodista estadounidense John T. Whitaker, Yagüe defendió los fusilamientos masivos de miles de prisioneros afirmando: “Naturalmente que los hemos matado. ¿Qué suponía usted? ¿Iba a llevar 4.000 prisioneros rojos con mi columna, teniendo que avanzar contra reloj hacia Talavera de la Reina? ¿O iba a dejarlos en mi retaguardia para que Badajoz fuera rojo otra vez?”. En honor a la verdad, bueno será reconocer que un  día después, el 15 de agosto, también el comandante de la Guardia Civil de Badajoz, José Vega Cornejo, y su hijo, el teniente José Vega Rodríguez, fueron fusilados por los rebeldes tras permanecer leales a la República. Hoy hace 90 años de aquella masacre. El 22 de octubre de 1952, al día siguiente de su fallecimiento, Franco le concedió a aquel asesino soriano el Marquesado de San Leonardo de Yagüe a título póstumo. Menos mal que ese título, como sucedió con otros muchos, fue derogado por la Ley de Memoria Democrática, esa ley en vigor que tanto molesta al Partido Popular y que desea derogarla cuando llegue al poder en su vano intento de tapar con el negro manto del olvido crímenes de lesa humanidad que vergonzosamente permanecieron impunes. Muchos descendientes de aquellos miserables asesinos van hoy de demócratas y hasta escriben engolados artículos en la prensa.  Que tengan un buen fin de semana.

 

jueves, 13 de agosto de 2026

¿Quién va a por el rey?

 Desvelan el encuentro que mantuvo el rey Juan Carlos I en Londres mientras  los reyes Felipe y Letizia visitaban Paiporta

 

Son ya varios los columnistas de la prensa de la derecha que están convencidos de que “van a por el rey”. ¿Quiénes? Según ellos consideran, el gobierno de Sánchez y el resto de las fuerzas de izquierda. A mi entender, Felipe VI se equivocó cuando afirmó que iba a ir a Ceuta tras la tromba de migrantes que invadieron esa ciudad autónoma española ante la pasividad cínica del rey marroquí. Pero el rey español no tuvo presente al hacer tales afirmaciones, sabedor de que necesita el permiso del Ejecutivo para poder dar ese paso. Y no lo tiene. Hoy un periodista de El Debate señala en ese diario digital que “desde Paiporta cada vez es más evidente que el rey es recibido con los brazos abiertos allá donde va mientras que Sánchez no puede ir a ninguna parte sin una escolta que haga muros humanos de separación con la ciudadanía”. Pero hay un motivo que no cuenta. A Sánchez, un  energúmeno le dio con un palo en la espalda. Al rey, no. A mi entender, en ese mismo instante, al marcharse Sánchez también lo debería haber hecho el rey, y no lo hizo. Prefirió hacerse fotos con barro en la camisa y ser vitoreado por la calle. Hoy, al leer el artículo de ese periodista pariente de Antonio Maura, también he leído los posteriores comentarios. Uno de ellos recuerda que  la monarquía de Alfonso XIII cayó por el empuje de los partidos del Pacto de San Sebastián, pero también, y fundamentalmente, por la deserción de los monárquicos”. Este es un país donde los franquistas  pasaron a ser juancarlistas, de dar culto de latría a un sátrapa a simpatizar con un “campechano” que había perdido todos los derechos históricos antes de su nacimiento en Roma, o sea, en abril de 1931, cuando se marchó cobardemente su abuelo. La historia nos dice que dar la cara por los Borbones (los ‘mejor preparados’ no sabemos para qué) no trae cuenta. Y lo que afirmo no son bravuconadas de taberna. Dice ese periodista que “van a por él”. A mi entender, el monarca va solo, sin necesidad de ayuda. En 1808, los españoles se batieron el cobre con una lealtad extrema en defensa de Fernando VII, el peor rey en la historia de España. Pero antes de ello, lo estuvieron a favor de Felipe V, que llevó al país a la Guerra de Sucesión frente a las tropas del otro aspirante al Trono, el archiduque Carlos de Austria. En ambos casos, un soberano de origen galo pasaría a reinar sin que España dependiera formalmente de Francia. Sin embargo, para las clases acomodadas madrileñas, la insurrección del populacho en 1808 fue una pesadilla que amenazaba el orden social y que les traía malos recuerdos, como el motín de Esquilache en 1766  o las sublevaciones de la Revolución Francesa que habían acabado con el Antiguo Régimen en Francia. Para el pueblo llano, en cambio, lo importante en aquel momento era evitar el traslado de los hijos de Carlos IV a Bayona para forzar su renuncia a la corona española tras su invasión sigilosa por el Tratado de Fontainebleau.  Finalmente, los españoles consiguieron lo que querían. El regreso del rey felón a España, tras el descalabro de la Guerra de la Independencia  ocurrió en la primavera de 1814. Conocido como "El Deseado",  Fernando VII regresó desde su cautiverio en Francia con la intención de restaurar el absolutismo, lo que logró mediante el Real Decreto del 4 de mayo de 1814, derogando la Constitución de 1812 y disolviendo las Cortes de Cádiz. Con el “¡vivan las cadenas!” llegó nuestro calvario. Dicen que sarna con gusto no pica. Ya lo creo que sí.


miércoles, 12 de agosto de 2026

Sobre una ermita abandonada

MORALEJA DE SAYAGO DEHESA DE SANTARÉN DE LOS PECES Iglesia de San Sebastián  o de San Miguel

 

Me entero de que existe riesgo de colapso estructural por deterioro en la ermita románica del Cristo de la Vega en la Dehesa de Santarén de los Peces, adscrito al municipio de Moralina de Sayago, ubicado en el corazón del Parque Natural de Arribes del Duero. Los primeros intentos de asentamiento de población en esa zona son del siglo XII, según demuestran las noticias referentes a la cercana villa de Peñausende. No parece, sin embargo, que hubiera una repoblación efectiva más que a partir de mediados de ese siglo, según carta otorgada en 1147 por Alfonso VII, su mujer Berenguela y su hijo Sancho, que dieron al obispo zamorano Bernardo con la intención de que la poblase. No está clara su advocación, pues mientras el patrono del lugar es san Sebastián (titularidad que Madoz concede a la ermita), la guía diocesana la denomina de san Miguel. Lo cierto es que esa ermita está a punto de derruirse por falta del mantenimiento necesario. Fue construida en sillería y mampostería de granito, con cabecera cuadrada, una nave con espadaña sobre el hastial y portada al sur, cubierta ésta por un porche cerrado. Al sur, ocupando parte de la cabecera y parte de la nave, se adosó también la sacristía, mientras que en el norte se ven los restos de un abandonado cementerio. Es casi idéntica a la ermita de la dehesa salmantina de Gavilanes, muy próxima a Ledesma, en la provincia de Ávila, lo que corrobora una vez más la vinculación de Santarén con ese pueblo. Llama la atención la  postura codiciosa de la Iglesia católica sobre esa ermita románica del siglo XII, inmatriculada, como digo, como parte de su extenso patrimonio  (al amparo de una antigua reforma de la Ley Hipotecaria durante el gobierno de Aznar), a la hora de exigir una intervención urgente para que no se derrumbe, que sus supuestos“dueños” acudan a Patrimonio de la Junta de Castilla y León para que lleven a cabo una intervención urgente. ¿Por qué no la arreglan ellos? ¡Hace falta ser desahogados! Solo faltaría que, en el supuesto de ser arreglada, la diócesis de Zamora, dentro de la provincia eclesiástica de Mérida-Badajoz (que muchos meapilas no lo saben), cobrasen entrada por visitarla como es su costumbre. A mí no me extrañaría. De los depredadores funcionarios del Cielo me creo todo, menos lo que predican.