Los datos referentes a multas de tráfico en Zaragoza se señalan en la prensa como si fuesen los beneficios obtenidos por una empresa del Ibex 35 pero sin accionistas. Se habla de las previsiones de esos “beneficios municipales” del mismo modo que una entidad bancaria comunica cada año las previsiones de beneficios para el siguiente. Así, la redactora Carlota Gomar, hoy, en El Periódico de Aragón, cuenta lo siguiente: “El Ayuntamiento de Zaragoza recaudó el año pasado 14,1 millones de euros correspondientes a multas de tráfico. Se trata de una de las cifras más altas de los últimos años, por encima de las previsiones iniciales que hizo la consejería de Hacienda, que estimó que se ingresarían alrededor de 12 millones, por lo que las arcas han recibido un 17% más de lo esperado. El presupuesto para este 2026, aprobado la semana pasada tras un acuerdo de última hora entre Natalia Chueca y Vox, prevé recaudar otros 12 millones”. Queda claro que tales previsiones indican que los conductores se han convertido en los “pagafantas” de un equipo municipal derrochador e inmisericorde que confía en que aumenten los malos conductores a mayor gloria de una alcaldesa del PP que, de niña, se acercaba los domingos y fiestas de guardar con sus padres a tomar el aperitivo a‘Casa Agustín’. No voy a poner en discusión el hecho de que los ayuntamientos españoles tengan la potestad de imponer multas administrativas a los ciudadanos por infracciones de las ordenanzas municipales por diferentes razones: falta de convivencia, destrozos en espacios públicos, ruido excesivo, más mesas en terrazas de bares que las declaradas, falta de recogida de excrementos de mascotas, botellones, grafitis, publicidad no autorizada, obras sin licencia, invasión de espacios públicos, etcétera. Pero de eso no se dice nada en este Ayuntamiento. Las previsiones del grueso de las multas, curiosamente, solo van enfocadas al tráfico rodado o, como digo, a los “pagafantas”. Pero lo más curioso es que la alcaldesa Chueca se ha automultado por no llevar puesto el cinturón de seguridad mientras grababa un vídeo de autopromoción y a raíz de una moción del PSOE que pedía reprobar a la regidora por este hecho. Y en un arranque de valor, Chueca sorprendió a los presentes con una revolera al mostrar públicamente en una sesión ordinaria municipal la papeleta de multa autoimpuesta, señalando a los ediles de la Oposición que ya había pagado 100 euros como pronto pago por una multa de 200. Fue, sin exagerar, como la hazaña de Guzmán el Bueno en el sitio de Tarifa, asediada en 1294 por los benimerines que habían amenazado con matar a su hijo secuestrado si éste no rendía la plaza. Guzmán (nombrado alcalde a dedo por Sancho IV de Castilla) lanzó su propia daga desde la muralla y el niño fue ejecutado, pero la plaza resistió (sin la ayuda de Vox). Natalia Chueca, como digo, enseñó a los “ediles rojos”, esos infames benimerines sanchistas que tanto la critican, la papeleta de multa que se autoimpuso en un arresto de intrepidez solo comparable a la del alcalde Guzmán; y que, seguramente, figurará en los Anales de la Corona de Aragón como muestra inequívoca de ese sacrificio que le honra, y por el que la Inmortal Ciudad le está eternamente agradecida.