Se estima que en Europa existen alrededor de 200 griales. El número es tan alto debido a las peregrinaciones medievales, a las cruzadas y a que muchas iglesias afirmaban tener la reliquia auténtica de la Última Cena. Lo cierto es que no existen pruebas de que alguno sea el auténtico. Entre ellos se encuentra el Santo Cáliz de Valencia custodiado en la Catedral y que, según la arquidiócesis, data del siglo I y coincide con la tipología de copas hebreas de la época. También, el Cáliz de doña Urraca, formado por dos cuerpos de ágata y que se conserva en la basílica de San Isidoro, en León. Pero hay otro en Italia el Sacro Catino de Génova, un cuenco de vidrio verde oscuro que fue llevado durante las cruzadas. Otros mantienen que san Lorenzo hizo llegar la reliquia a Huesca, donde vivían sus padres, que el cáliz acabó escondido en el monasterio de San Juan de la Peña, y que, en 1399, fue entregado por los monjes de ese cenobio al rey Martín I de Aragón; y algunos están convencidos que el cáliz utilizado en la Ultima Cena se encuentra oculto, escondido por los templarios en el macizo de Montserrat, o en la campiña polaca, o vaya usted a saber. dónde.También existe una leyenda que se vincula en la época medieval, relacionada con la mitología del rey Arturo y los caballeros de la Mesa Redonda, donde se daba por hecho que uno de esos caballeros, Galahad, hijo ilegítimo del caballero Lanzarote del Lago y de Elaine de Corbenic, lo había encontrado. Algo parecido sucede con el número de fragmentos de ‘Lignum Crucis’ diseminados por mundo. Se estima que hay miles de astillas que vaya usted a saber de dónde provienen. Juan Calvino, el reformador protestante francés, llegó a ironizar en el siglo XVI diciendo que, si se juntaran todos los trozos repartidos por el orbe, se podría construir un barco de carga. Lo más sorprendente es que el Vaticano mantiene un registro estricto de autenticidad mediante certificados. ¿Y falsas espadas del Cid? Históricamente, Rodrigo Díaz de Vivar tuvo dos espadas principales (Colada y Tizona), pero ambas son consideradas hoy por los expertos como "falsos históricos". Curiosamente, en cierta ocasión visité el Museo del Ejército, cuando todavía estaba en Madrid, y pude contemplar una espada sobre la que sea firmaba que era la auténtica ‘Tizona’ del Cid Campeador, depositada y expuesta al púbico desde 1944. Su propietario, José Ramón Suárez de Otero, marqués de Falces, la ofertó (no recuerdo ahora si fue en 2007) al Estado coincidiendo con el final del contrato de depósito, tasando su valor en 6 millones de euros, aunque posteriormente rebajaría esta cifra a 1,5 millones. Antes de decidirse por su adquisición, el Ministerio de Cultura, a instancias del de Defensa (propietario del museo), llevó a cabo cuatro informes técnicos: de Patrimonio Nacional, el Museo Arqueológico, la Real Academia de la Historia y el experto historiador medievalista José Godoy. Patrimonio Nacional consideró en su informe que "no existen datos fiables para identificar esta espada como la auténtica del Cid", el Museo Arqueológico la calificó de "falsa reliquia" y José Godoy consideró que “la espada es del siglo XV con añadiduras del XIX que no coinciden con la primera inscripción de la auténtica Tizona”. En vista de ello, el Ministerio de Cultura, al tener en cuenta la consideración de “falso histórico” tasó el valor de la espada entre 200.000 y 300.000 euros. Pero, sin tener en cuenta esos informes, la Junta de Castilla y León y ciertos empresarios burgaleses la adquirieron en 2007 por 1,6 millones de euros. La responsabilidad de esa engañifa fue del presidente de esa Comunidad, Juan Vicente Herrera y de la entonces consejera de Cultura, Silvia Clemente. Nadie les pidió responsabilidades por tamaño desatino.