Ayer hubo mucha indignación durante el sepelio y entierro de Fernando Esteso por parte del empresario de revistas Luis Pardo, por Lita Claver y por el hijo del finado. Hacían referencia a la paradoja de haber concedido la Medalla de la Cultura a ese cómico por parte del Gobierno de Aragón concedida a título póstumo, al tiempo que se notaba la ausencia de políticos aragoneses a los actos funerarios. Pero esas ausencias de políticos podrían tener la contrapartida de rechazar el galardón por parte de su familia, cosa que hasta el momento no ha sucedido. No entiendo la rabieta. Los galardones habría que otorgarlos en vida. También las medallas, habida cuenta de que solo sirven para ser colocadas en el frac. Da igual que se trate de la Medalla de la Cultura de Aragón creada por no sé quién, no se sabe cuándo, que de “la berenjena” instituida por José Bonaparte el 20 de octubre de 1808, o el colgajo del vellón o zalea del carnero alado, que queda como un guante enganchado de la bragueta en los saraos palaciegos. Al referirse a las pompas y vanidades, decía Eugenio d’Ors que “pasa la nombradía como la oscuridad. Nada quedará en fin de cuentas de lo que hoy es dulzura o dolor”. La ausencia de políticos en el entierro de Fernando Esteso quizás esté justificada por la cercanía de los comicios del próximo domingo de san Pirindingo, donde cada uno sueña con hacerse dueño del palenque. Mientras el vórtice polar amenaza con devorarnos, me entero de que Francisco de Borbón von Hardenberg, hijo de Francisco de Borbón Escasany, primo de Juan Carlos I, ha sido detenido en relación con la causa que la Audiencia Nacional investiga desde 2024, cuando al inspector jefe de la Unidad de Delincuencia Económica y Fiscal le descubrieron más de 20 millones de euros emparedados en su casa. ¡Joder, qué tropa! Esperemos que los ríos vuelvan a su madre y los delincuentes a las rejas para evitar que les roben los que quedan fuera, los que para la derechona son 'gente de bien'. Lo de las medallas, como el Cielo, puede esperar.