El pasado sábado, 23 de mayo, bajo
el título “A propósito de una reedición”, hacía referencia a un artículo de Ramón Pérez-Maura en El Debate
donde, bajo el epígrafe “Sí, todavía hay
mártires por declarar”, señalaba que “el papa León XIV ha
firmado este viernes el decreto de martirio del sacerdote Francisco González de
Córdova y 79 compañeros mártires, que dieron su vida por la
fe en la diócesis de Santander entre 1936 y 1937”, en
referencia a los sacerdotes que murieron asesinados en el cabo de Faro Mayor.
En ese sentido, yo aclaraba que muchos de aquellos cadáveres fueron
posteriormente rescatados del Cantábrico, de noche y a hurtadillas, y sus
restos fueron sepultados bajo el altar mayor de la cripta de la Catedral,
llamada “El Cristo”, siendo
obispo de esa diócesis José Eguino Trecu.
Pues bien, hoy, 26 de mayo, tres días más tarde, vuelvo a leer en se mismo
diario digital un artículo de Pablo Sánchez Garrido donde se hace referencia al mismo tema en su trabajo “Otro miembro de la Asociación Católica de
Propagandistas, camino de los altares” en referencia a Francisco Sánchez Trallero, dentro del proceso de
martirio de Francisco González de Córdova y 79
compañeros, asesinados en la diócesis de Santander, después de que León XIV firmase
el decreto de martirio el pasado 22 de mayo. Sánchez Trallero tenía 23 años en
el verano de 1936 y era entonces presidente de la Unión
Diocesana de la Juventud de Acción Católica, y fue asesinado en 27 de diciembre
de 1936 en el barco-prisión “Alfonso
Pérez”. La lista completa de fallecidos aquel día en aquel barco fue de 171
hombres. Pero hubo otros 3 los que fueron fusilados aquella tarde en el Sollado
y otros 3 en el cementerio de Ciriego, de acuerdo con los datos recogidos por Fernando de la Lama Ruiz-Escajadillo en su
libro “Mártires de la Montaña” (según
datos de El Diario Montañés de fecha
28 de diciembre de 1936) donde se narran los sucesos desde la perspectiva
del bando sublevado, rindiendo homenaje a los miembros del clero y seglares que
fueron ejecutados durante la guerra. Publicado como edición de autor
en 1994 cuenta con 271 páginas e incluye diversas ilustraciones en blanco y
negro. El último acto público de Sánchez Trallero tuvo lugar el 1 de julio de
1936, cuando inauguró los Cursos de
Verano católicos de Santander junto al marqués de Lozoya y Alberto Martín-Artajo,
defendiendo que dichos cursos debían seguir la estela intelectual del gran
polígrafo cántabro Marcelino Menéndez Pelayo. El 18 de noviembre de 1936 fue llamado a filas. En
el propio cuartel militar, un tribunal improvisado presidido por un secretario
del dirigente socialista Bruno Alonso lo catalogó como ‘sospechoso’ de no sabemos qué. Esa misma noche, las milicias lo
arrestaron en su domicilio familiar de la calle Isabel la Católica, número 1. En el interrogatorio
posterior fue acusado de pertenecer a Acción Católica. Tras un
breve paso por la checa de Neila y la
Prisión Provincial, el 20 de noviembre fue conducido al buque ‘Alfonso Pérez’
y se le requisó el dinero que llevaba encima, 196’55 pesetas. Tas la toma de
Santander por los rebeldes, su cuerpo fue encontrado en el ataúd 98 del
cementerio de Ciriego. Tras su exhumación fue llevado a la cripta de “El Cristo” de la catedral de Santander
para unirse a los cadáveres de otros asesinados que pudieron ser rescatados de
los acantilados de Cabo Mayor. En el Cielo el aforo parece estar casi completo. Fuera del Paraíso solo quedaremos los inicuos, los que no tenemos redención posible..., y por exceso de cupo, claro.