martes, 11 de agosto de 2026

Contar la Historia con rigor

 

 

La historia nos cuenta que en el año 711 Tarik no hubiese podido ganar en la batalla de Guadalete sin la ayuda del general Jaime Milán del Bosch, tío del articulista fallecido Alfonso Ussía, que envió los tanques de Valencia a Jerez de la Frontera para incorporarse a las tropas del general bereber y ocupó Gibraltar, cuyo nombre deriva del monte Yebel Tarik (el ‘monte de Tarik’). Lo que sucedió con los posteriores historiadores es que a Milán del Bosch le llamaron Tarif ibn Malik (más tarde borrado por los historiadores para no dar pistas), nacido en Tripolitania,  ciudad a la que ahora llaman Madrid. Pero el Gobierno no tuvo en cuenta su valor (que se le suponía) y fue procesado por su ayuda a Tarik sin habérselo consultado antes a Adolfo Suárez. No se tuvo en cuenta, como digo, su estirpe militar, ni hecho de poseer la Laureada de San Fernando colectiva ni la Cruz de Hierro nazi de segunda clase, o haberse integrado en VII Bandera de la Legión, donde combatió al servicio de los golpistas hasta el final de la guerra civil. Tampoco se le tuvo en cuenta su patriotismo demostrado y confirmado por un brigada de la escala de Reserva  (que con la picha abría latas de conserva) cuando  el 23 de febrero de 1981, poco después de la ocupación del Congreso de los Diputados por el teniente coronel de la Guardia Civil Antonio Tejero Molina, cuando Milans sacó los tanques a las calles de Valencia y sin tan siquiera beberse una horchata ordenó redactar un Bando por el que decretaba el Estado de Excepción. Los carros de combate eran de cartón-piedra, pero daban el pego, circularon por las principales arterias de esa ciudad y se mantuvieron apuntando simbólicamente (con balas de goma blanda y pistolas de agua de chorrito corto) a edificios claves como el Ayuntamiento, la Delegación del Gobierno, el Gobierno Militar y la Jefatura Superior de Policía. Todo era simbólico. No hubo intención alguna de amedrentar a nadie y el Bando lanzado por ese general no fue por imponer el orden militar tras la toma del Congreso, sino un performance de lo que hizo el alcalde de Torrejón de Ardoz, Andrés Torrejón García 173 años antes. Nunca se habla del otro alcalde, Simón Hernández, pese a que ambos alcaldes encendieron la conciencia nacional ante las tropas francesas. Hay que ser riguroso con la Historia, como procuro serlo yo, que no miento ni en el confesionario. En realidad, en Móstoles no había dos alcaldes sino cuatro: dos ordinarios y dos de la Santa Hermandad. Es necesario aclarar que el término ‘alcalde’ deriva del árabe hispánico ‘alqáḍi’  con el añadido de la contracción de un artículo, y significa juez. Por ello, en algunas ciudades grandes, como Sevilla o Madrid, había incluso hasta 24 alcaldes. Bueno, en realidad, España está llena de alcaldes. Solo falta que le pongas una gorra de visera a un peatón despistado para que éste comience a dar órdenes a troche y moche. Es algo que los españoles llevamos en nuestra naturaleza.

 

lunes, 10 de agosto de 2026

El sosiego perdido

 Fiestas tradicionales - PressReader

 

Ignacio Soria Aldavero escribe en un diario de Edigrup un artículo, “Señoritingos”, donde señala que“no hay cosa peor que esos personajes que salieron un día de su pueblo con la maleta medio vacía, y que después volvieron con ínfulas de saber más que nadie, y con el firme propósito -antes de marcharse de nuevo-, de querer demostrárselo a medio pueblo con el tacto y las formas del mismo burro que a buen seguro montaron de niños. El otro día -sigue diciendo el autor- me encontré a un alcalde de un pueblo de nuestra provincia y me relató el calvario que arrastra con uno de esos tocapelotas de los que les hablo. Me dijo que, a pesar de su paciencia, tuvo que ponerlo en su sitio porque la situación era ya insostenible: que si necesito un documento y lo necesito para ayer; que qué hay de lo mío; que qué cara es el agua si yo no la gasto; que si ese trozo de tierra era de mi tatarabuelo y me lo habéis robado; que si huele a caca de vaca; que si me molesta el tañer de las campanas…”. Son tipos en la diáspora desde los tiempos de López Rodó y sus planes de desarrollo, que tienen casa cerrada en el pueblo y que solo acuden a ella unos días en verano por no tener mejor sitio adonde poder  ir, y que, cuando llegan, parece que  perdonan la vida a los pocos vecinos que van quedando. Son personajillos, digo, que presumen de coche con turbo, que ocupan la primera fila de asientos en misa mayor, que se santiguan con muchos aspavientos, que piden en el bar cosas rarísimas y que se cabrean cuando uno de sus hijos se cae corriendo, se hace una rozadura en la rodilla y preguntan histéricos a los vecinos con los que se encuentran que dónde hay un médico, aún sabedores de que el galeno solo acude una vez por semana y ese día no le toca pasar consulta. Entonces despotrican contra la Sanidad pública y sostienen que con Franco no pasaban esas cosas. El día que se marchan esos energúmenos, el pueblo volverá a recobrar el sosiego perdido.

 

domingo, 9 de agosto de 2026

¡Qué mes, señá Remedios, qué mes...!

MANDILES

 

García Trapiello, ese genio de la pluma de jilguero leonés, da en el chiste. Le gustaría, a mí también, que se suprimiese agosto, ese mes irritante donde las calores, los pitos y las flautas no dan tregua durante la noche. Antes las ancianas de los pueblos salía con la silla de anea a la puerta de casa para tomar la fresca, y charlaban de lo divino y de lo humano hasta que el sueño las descalifiaba. A partir de ahí, el silencio en la noche bruna, con cada mochuelo en su olivo y con cada estrella guiñando el ojo junto a una luna insomne con facciones de pavo y forma de pandereta. “Porque es mes -dice G.T.- que si antes agrupaba sus fiestas patronales en la Virgen de agosto o san Roque en los pueblos de siempre, hoy esparrama vagones de fiestorros, festivalillos y fiestambres con los motivos más diversos: que si la feria de la sidra, que si el jolgorio de la cerveza, que si los quesos de cabra bizca, las rosquillas de hierro, los bordados artesanales, las peras limoneras, los mercadillos medievales en honor del conde Olinos...”. ¡Un no parar, oiga! “Porque es mes -sigue escribiendo G.T. - de concejitos por la cara y filandorrios por el culo, de veraneantes oriundos con voz y trueno en toda obra pública y proyecto vecinal, de concursos de tute cabrón en la cantina que ahora regenta una colombiana (algo de agradecer o su cierre remataría la ruina del pueblo). ¡Qué mes, señá Remedios, qué mes!..., y por si fuera poco, han contratado un eclipse para que el listillo del 'hostal Reina Urraca' o la 'pensión Marisa' pongan la dormida de esos días a trescientos euros porque hay quien los paga”. Ya ni la Virgen de agosto ni san Roque con el perro pueden remediar este sinvivir. Porque ya me dirá usted cómo se puede arreglar este desasosiego cultureta. Sostiene G.T. (y yo sujeto la vara de la peana de su sabiduría) que “agosto es mes en el que no hay día sin su recital de poesía, sin su exaltación de valores tradicionales y su consagración de ombligos identitarios, sin sus libros de sufragio municipal, sin su concierto de corno inglés y viola de gamba a cargo de dos alumnos del pueblo que estudian en el Real Conservatorio de Madrid, sin su exposición en la casa de cultura de cobres esmaltados y vidrios encobrecidos de una artista segoviana que es amiga de la prima de una concejala, sin su presentación de la revista comarcal en edición extraordinaria…”. Uf, que disloque. Los pueblos vaciados se llenan de actos a mayor gloria de los oriundos en la diáspora que comen a mandíbula batiente los embutidos y lomos adobados sobrantes de la última matacía; y que, al marcharse, cargan el utilitario con huevos de gallina, tomates, pimientos y patatas de la huerta de los pobres ancianos heridos de silencio. Sí, debería desaparecer agosto, el tinto de verano, las gorras de visera puestas al revés, las chancletas playeras, las copas de balón con gin-tonic infame y las riñoneras como de asiduo cliente del desaparecido cabaré 'Barcelona de Noche'. ¡Qué mes, señá Remedios, qué mes…!

 

Si no saben, que se informen

 Cita con la historia y otras narraciones: La historia del barco-prisión  Alfonso Pérez

 

Hoy leo el artículo de Pérez-Maura en El Debate “Contra la memoria histórica: Concha Espina” donde explica que la familia de esa autora cántabra ha querido sacar a la luz una reedición de“Diario de una prisionera” (Ediciones 98, Madrid diciembre 2025) publicado en 1938.  Como recuerda Pérez-Maura, una tragedia recorre las páginas del libro: “Es la del buque prisión ‘Alfonso Pérez’, fondeado en el puerto de Santander con ciudadanos no afectos a la República. En diciembre de 1936 fueron asesinados a tiros en las bodegas del barco 167 prisioneros. No hubo familia en Santander que no tuviera un asesinado entre los suyos. Sobre esta tragedia solo puedo recomendar la obra magistral ‘A bordo del Alfonso Pérez’ de Ramón Bustamante Quijano”. Pero hubo antecedentes. Los ataques aéreos empezaron a formar parte de la vida cotidiana de la provincia de Santander en el otoño-invierno de 1936. Los aparatos alemanes e italianos de la aviación sublevada llegaron a bombardear hasta en 34 ocasiones Santander y el ataque del domingo 27 de diciembre de 1936 ocasionó 74 muertos en el Barrio Obrero, todos civiles, entre ellos numerosas mujeres y niños. Ello fue motivo de una dolorosa contrapartida. El asalto al “Alfonso Pérez” se llevó a cabo en dos secuencias: la primera, promovida de una manera exaltada por unos 30 milicianos que irrumpieron en la cubierta y desarmaron a sus vigilantes; la segunda se produjo avanzada la tarde, fue más sistemática y estuvo liderada por Teodoro Quijano Arbizu, director general de Justicia, y el comisario de Policía, Manuel Neila.  El comisario general de Guerra de la provincia, Bruno Alonso, horrorizado por las noticias y ante la ausencia de Juan Ruiz Olazarán, que aquel día se encontraba en Gijón con los responsables del Ejército del Norte, pronunció por la noche una alocución en los micrófonos de Radio Santander solicitando el cese de la venganza por el ataque aéreo. Ya he contado alguna ocasión que en aquellas bodegas se encontraba mi abuelo materno y uno de sus hermanos. Por razones que desconozco, o que no me han explicado bien, ambos hermanos pudieron salvar la vida poco antes de la matanza. El 22 de enero de 1932, procedente de Bilbao, el “Alfonso Pérez” atraca en el Pozo de los Mártires en Santander para una larga estancia y en octubre de 1934 comenzó su primera etapa como barco-prisión. La huelga general en Cantabria y la Revolución de Asturias hicieron que fuera necesario habilitarlo para ello, dado el alto número de personas detenidas. El 28 de julio de 1936, a raíz de la sublevación militar que daría lugar a la Guerra Civil, las autoridades santanderinas requisaron el barco volviéndolo a habilitar como barco-prisión con  el nombre de “Alfonso Pérez Prisión”. El barco  permaneció durante un tiempo con una guardia de milicianos socialistas, que fueron después relevados por milicianos anarquistas de la FAI y en octubre de 1936 fue trasladado con sus prisioneros al muelle de Maliaño. El 25 de febrero de 1937 el “Alfonso Pérez” partió de Santander, después de cambiar de nombre por el de “Cantabria”. En Castro Urdiales  cargó mineral. En 1938 el buque fue fletado por la compañía británica 'Mid-Atlantic Shipping Company', con sede en Londres. El “Cantabria” no se dedicaba al comercio español en el momento de su hundimiento, y se encontraba en ruta entre el  Támesis e Immingham con destino a Leningrado al mando del capitán Manuel Argüelles. A bordo se encontraban 45 personas que componían la tripulación y los pasajeros, de los cuales cinco eran niños y tres mujeres. Entre los pasajeros se encontraban la esposa del capitán, Trinidad, y sus hijos Ramón y Begoña. Por otro lado, el “Nadir” era un crucero auxiliar de 1.132 toneladas perteneciente a la Armada sublevada, armado con un cañón principal de 120 mm, dos secundarios de 105 mm y otros dos cañones antiaéreos de 47 mm. Se trataba del antiguo “Ciudad de Valencia”, antiguo crucero auxiliar que había estado muy activo durante el bloqueo de Vizcaya de 1937. Los franquistas lo habían renombrado como “Nadir” para confundir a la Armada republicana de buques incursores en la zona. Sus objetivos eran los cargueros republicanos que operaban desde los puertos del Norte de Europa.  El buque había sido botado en octubre de 1930  en los astilleros 'Unión Naval de Levante' como “Infante Don Gonzalo”, propiedad de la 'Compañía Transmediterránea' y requisado por los sublevados el 30 de octubre de 1936. Hacia las 11.30 de la mañana del 2 de noviembre de 1938, el capitán del “Cantabria” estaba preocupado al notar que su carguero estaba siendo seguido por un barco más pequeño. Era el “Nadir” que abrió fuego contra el “Cantabria” en esa tarde. Uno de los cañonazos destruyó el puente. El “Nadir” rodeó al “Cantabria” disparando sus cañones sin parar y rociando la cubierta con fuego de metralla. Otro cañonazo destruyó la maquinaria del “Cantabria”, dejándole a la deriva. Poco después, el “Cantabria” se hundió completamente. Solo un tripulante, Juan Gil, se hundió junto con el barco. Por cierto, Juan Cañada me sorprendió en  Diario de Teruel el pasado 20 de enero con su artículo “El regalo de Reyes”, donde su autor se alegraba de haber leído el libro de Bustamante que le habían regalado por la Epifanía de la última edición.  Lo que describe en su trabajo son tópicos y pequeñas generalidades en las que no añade nada. Pero sí me choca la foto que aporta el diario turolense que dirige desde 2024 José Ramón Vicente Cansino, que no se corresponde con el “Alfonso Pérez” sino con otro barco más moderno de pasajeros al que le han añadido de modo artificial un burdo letrero con el nombre del auténtico barco mercante hundido en 1938. Quiero pensar que esas cosas solo se le pueden ocurrir a un sansirolé que no sabe por dónde le sopla el aire. Eso no es un lapsus sino falta de conocimientos a la hora de redactar. Podría plasmarlo en mi modesto chat por producir una sonora carcajada, pero no me viene en gana hacerlo. El que quiera verlo plasmado en papel, que consulte las hemerotecas. Y si el redactor que tuvo ese 'antojo' es necio por naturaleza, que se informe debidamente o que se dedique a otra cosa.

 

sábado, 8 de agosto de 2026

Fiestas patronales

 La danza de las varas marca el día de la Virgen de las Nieves en Lanestosa  | Dantzanet

 

Leo una columna de Félix Villalba, “Las puertas de la España vaciada”, en Heraldo-Diario de Soria,  donde su autor cuenta que hace un par de años el humorista Leo Harlem, que había recalado en Soria con su espectáculo, dijo en una entrevista que “la España vaciada la vais a echar de menos como se os llene”, algo que acontece estos días en pueblos y aldeas que se llenan de parientes de los pocos que van quedando  para pasar las fiestas patronales. Lo que no sabernos es si ello constituye una alegría o un incordio para los ancianos que allí rompen una cotidiana rutina impuesta por las circunstancias. En el ensayo “Los santos patronos y la identidad de las comunidades locales en la España de los siglos XVI y XVII”, José Ignacio Gómez Zorraquino, al referirse a “la nueva España” dice que los cambios religiosos de la Reforma y Contrarreforma, contribuyeron a avivar las identidades distintivas, y las comunidades locales de pequeño vecindario, como parte de unas comunidades mayores, también se vieron inmersas en la búsqueda de sus propias identidades. Señala su autor que “en este complejo universo debemos situar todo lo que acontece con relación al patronazgo, la reivindicación de las reliquias, la publicación de hagiografías, aunque sin olvidar que antes de Trento las hagiografías y el culto a las reliquias tenían plena vigencia. Los  santos fueron convertidos en héroes dominantes, admirados y propuestos como el ideal humano, o interesadamente invocados como protectores o terapeutas. A la vez, funcionó a la perfección una poderosa publicidad y una extensa propaganda -sustentadas en el sermón panegírico y en la imprenta- que afianzaban y reproducían lo que acabamos de señalar. Puntualmente, las élites lectoras podían recurrir a los escritos y libros impresos y, por otra parte, los sermones panegíricos cumplían una función divulgadora en amplios ámbitos de la cultura y de la devoción popular”. (…) Habitualmente, las hagiografías de tantos santos se solían adecuar más al modelo general que a la verdadera personalidad del hagiografiado. Ante esta circunstancia, no es raro encontrar que todos o casi todos los santos nacen igual, tienen una niñez semejante, viven lo mismo, mueren conforme a la muerte de los demás santos y hacen milagros de idéntica tipología en vida y, en mayor número, atendiendo a las beatificaciones, después de la muerte”. (…) “Tampoco debemos olvidar que tras el Concilio de Trento las órdenes religiosas adquirieron un nuevo protagonismo. A los viejos enfrentamientos entre órdenes religiosas se unieron otros nuevos choques con las órdenes que iban naciendo”. (…) “En este contexto, resulta significativo que el cronista real padre bernardo fray Atanasio de Lobera, autor de una destacada hagiografía de los santos Froilán y Atilano, llegase a afirmar que la regla de san Benito de Nursia contó con 476 papas, 2.000 cardenales, 7.000 obispos, 15.000 arzobispos, 34.000 santos y 15.000 doctores”. La verdad es que a día de hoy, el santo patrono o patrona no es más que una excusa para celebrar unos días de asueto en los que se entremezcla lo religioso y lo profano a partes iguales y que dejan algo de dinero en el pueblo. Cada año lo mismo: misa, procesión, subida a la ermita, comida de hermandad para la ‘tercera edad’ a cargo del ayuntamiento, bailes populares, charangas, panderetas, toros ensogados, cohetes voladores, pitos, flautas… Ya lo dice el refrán: “No hay olla sin tocino ni sermón sin agustino”. Pasados los festejos locales regresa cada mochuelo a su olivo y el silencio vuelve a reinar en unas calles estrechas y umbrías donde solo rompe esa taciturnidad inquietante el ladrido de los perros.