lunes, 2 de marzo de 2026

Los 'pagafantas'

 

 Los datos referentes a multas de tráfico en Zaragoza se señalan en la prensa como si fuesen los beneficios obtenidos por una empresa del Ibex 35 pero sin accionistas. Se habla de las previsiones de esos “beneficios municipales” del mismo modo que una entidad bancaria comunica cada año las previsiones de beneficios para el siguiente. Así, la redactora Carlota Gomar, hoy, en El Periódico de Aragón, cuenta lo siguiente: “El Ayuntamiento de Zaragoza recaudó el año pasado 14,1 millones de euros correspondientes a multas de tráfico. Se trata de una de las cifras más altas de los últimos años, por encima de las previsiones iniciales que hizo la consejería de Hacienda, que estimó que se ingresarían alrededor de 12 millones, por lo que las arcas han recibido un 17% más de lo esperado. El presupuesto para este 2026, aprobado la semana pasada tras un acuerdo de última hora entre Natalia Chueca y Vox, prevé recaudar otros 12 millones”. Queda claro que tales previsiones indican que los conductores se han convertido en los “pagafantas” de un equipo municipal derrochador e inmisericorde que confía en que aumenten los malos conductores a mayor gloria de una alcaldesa del PP que, de niña, se acercaba los domingos y fiestas de guardar con sus padres a tomar el aperitivo  a‘Casa Agustín’. No voy a poner en discusión el hecho de que los ayuntamientos españoles tengan la potestad de imponer multas administrativas a los ciudadanos por infracciones de las ordenanzas municipales por diferentes razones: falta de convivencia, destrozos en espacios públicos, ruido excesivo, más mesas en terrazas de bares que las declaradas, falta de recogida de excrementos de mascotas, botellones, grafitis, publicidad no autorizada, obras sin licencia, invasión de espacios públicos, etcétera. Pero de eso no se dice nada en este Ayuntamiento.  Las previsiones del grueso de las multas, curiosamente, solo van enfocadas al tráfico rodado o, como digo, a los “pagafantas”. Pero lo más curioso es que la alcaldesa Chueca se ha automultado por no llevar puesto el cinturón de seguridad mientras grababa un vídeo de autopromoción y a raíz de una moción del PSOE que pedía reprobar a la regidora por este hecho. Y en un  arranque de valor, Chueca  sorprendió a los presentes con una revolera al mostrar públicamente en una sesión ordinaria municipal la papeleta de multa autoimpuesta,  señalando a los ediles de la Oposición que ya había pagado 100 euros como pronto pago por una multa de 200. Fue, sin exagerar, como la hazaña de Guzmán el Bueno en el sitio de Tarifa, asediada en 1294  por los benimerines que habían amenazado con matar a su hijo secuestrado si éste no rendía la plaza. Guzmán (nombrado alcalde a dedo por Sancho IV de Castilla) lanzó su propia daga desde la muralla y el niño fue ejecutado, pero la plaza resistió (sin la ayuda de Vox). Natalia Chueca, como digo, enseñó a los “ediles rojos”,  esos infames benimerines sanchistas que tanto la critican,  la papeleta de multa que se autoimpuso en un arresto de intrepidez solo comparable a la del alcalde Guzmán;  y que, seguramente, figurará en los Anales de la Corona de Aragón como muestra inequívoca de ese sacrificio que le honra, y por el que la Inmortal Ciudad  le está eternamente agradecida.

 

viernes, 27 de febrero de 2026

¡Qué preocupación!

Alquilar un piso de 22 metros en Barcelona cuesta de media 1.450 euros al  mes, según la OCU

 

 La prensa de la derecha se está poniendo cargante con la insistencia de que el rey Juan Carlos I debe volver a España. ¿Alguien se lo impide? Según señala Marhuenda en La Razón, “es necesario que regrese a España. Este país tiene una deuda con él y sería una catástrofe que pasara el resto de su vida lejos del país que tanto ha querido. Nació en el exilio y no puede seguir en él”. Precisemos: uno nace donde viven sus padres. Y el 5 de enero de 1938 ellos se encontraban en Roma. Su padre, Juan de Borbón, estaba en el exilio tras la marcha exprés de su padre, Alfonso XIII, en 1931. Y su padre, heredero de los derechos dinásticos, no pudo regresar a España mientras estuviese Franco en el poder. Parece evidente que no podían convivir dos gallos en el mismo gallinero. Cosa distinta es que “los españoles tengamos una deuda -como entiende Marhuenda- con el rey emérito”. ¿Qué le debemos? Yo, nada. Ese periodista recuerda al lector que el rey emérito renunció a los poderes que le otorgaba el ordenamiento jurídico del franquismo. Sí, sí, claro. De no haberlo hecho, habría  tenido que tomar la carretera de Cartagena, como hizo su abuelo el día que huyó cobardemente como un galgo con el rabo entre las piernas. A mi entender, el rey emérito perdió su dignidad como persona cuando, al ser elegido sucesor a título de rey por el dictador, se vio obligado a tener que jurar las Leyes Fundamentales y los Principios del Movimiento. Y puede que hasta se hubiese arrancado por bulerías o hubiese bailado una muñeira si el dictador se lo hubiese solicitado. Con aquel indigno juramento, el entonces príncipe de España saltó a la torera por encima de los lomos de su padre, rompiendo la cadena de sucesión al trono. Repito, Juan Carlos I puede residir en España si le viene en gana; pero, como bien le recuerda la Casa Real, es necesario que recupere su residencia fiscal, porque todos los españoles pagamos impuestos en España. ¡Que dónde podría vivir? Hombre, no creo que ese señor tenga problemas para alquilar un piso pese a la escasez de oferta. Me han contado que en Entrevías debe quedar alguno disponible, aunque necesita reformas. ¡Qué preocupación!

 

jueves, 26 de febrero de 2026

Astracanada

Deus Ex Machina”: What Is it and How to Avoid it? | Literautas

 

En el París del siglo XIX, ‘bouffes’ eran tanto los locales donde se representaba un subgénero teatral como sus intérpretes. Y por estos andurriales, los ‘bouffes’ siguieron el ejemplo parisino en 1866  la compañía de "Bufos Madrileños", creada por Francisco Arderíus. El diario Los Sucesos  (domingo, 23 de diciembre de 1866) señalaba sobre su figura: “Casi todas las tardes entraba en el café Suizo un hombre muy alto, delgado, completamente afeitada la cara, asomándole bajo el ala del sombrero los mechones castaños de una peluca, embozado en una gran capa, no sólo en invierno, sino hasta en verano”. Aquel empresario del espectáculo reventaba cada noche los palcos del Teatro Variedades.  El púbico se desternillaba de risa. Más tarde, en 1852, arrendó el Teatro Circo, con el objeto de fomentar el ‘género chico’, es decir la zarzuela, donde también actuaba. Para ello se constituyó una sociedad por los maestros Gaztambide, Barbieri, Olona, Hernando, Inzenga, Oudrid y el actor y empresario Francisco Salas. Pero para algunos diarios conservadores el modo de entender su trabajo en los escenarios fue considerado como “el más vulgar rellano del arte”. Esto viene a cuento con la opereta burda protagonizada por unos miembros de la Guardia Civil en el Congreso de los Diputados  la tarde/noche del 23 de febrero de 1981. El protagonista de esa ‘astracanada’ fue Antonio Tejero. Pero en escena aparecieron otros actores: dos generales, Milans del Bosch y Armada, un marino que puso la nota de color, Camilo Menéndez, y un civil, García Carrés, cuya misión consistía en alentar por teléfono a Tejero. No hace falta que relate el final del cuento. Todos sabemos lo que nos contaron Oneto y algún otro periodista. Pero nunca supimos, y posiblemente nunca sabremos, quiénes formaron parte de la trama civil, como sucede en todas las asonadas. Los papeles de aquel intento de golpe de Estado se clasificaron como ‘secreto de Estado’. Pero cuarenta y cinco años más tarde se decidió desclasificarlos y sacarlos a la luz. Los españoles pensábamos que aquello rompería el arcano, pero no fue así. Muchas cosas quizás no se sepan nunca. Casualmente, ese mismo día, o sea, ayer, coincidió la ‘desclasificación’ de papeles con la muerte de Tejero sobre las seis y media de la tarde,  la misma hora en la que los guardiaciviles penetraron en el Congreso 45 años antes gritando: “¡Quieto todo el mundo!”. Y los diputados echaron cuerpo a tierra, salvo tres de ellos: Adolfo Suárez, Gutiérrez Mellado y Santiago Carrillo. Lo más significante fue que los españoles supimos lo que ya sabíamos: que el rey paró el golpe al ordenar a Milans que regresase con los tanques sus cuarteles y pusiese fin al sainete tragicómico. Aquella noche, Juan Carlos I se convirtió en el ‘deus ex machina’, que no deja de ser un recurso narrativo en el que un conflicto aparentemente irresoluble se soluciona de forma abrupta, por la intervención de un elemento externo inesperado, es decir, con la aparición del monarca en las pantallas de los televisores vestido de militar y detrás de una mesa. En el teatro griego, todo sea dicho, el ‘deus ex machina’ siempre aparecía descendiendo lentamente en una grúa. Pero los tiempos cambian y los gustos también. En Televisión Española, por lo que se desprende, Fernando Castedo estaba offside; los tramoyistas encargados de la escenografía disponían de libranza por asuntos propios; a sor Patrocinio, la monja de las llagas, una vez resucitada, le estaba cambiando los apósitos un enfermero en el botiquín de la planta noble; y Pavía, montado sobre el espadón de Narváez a modo de escoba y más galán que Mingo, volaba sobre la cúpula del Hemiciclo con hechuras de moscardón.

 

martes, 24 de febrero de 2026

Las cosas claras

 Todo lo que sabemos sobre 'Anatomía de un instante' y qué otras ficciones  ver sobre el 23F | Público

 

Que  las necesarias alianzas de Aragón y Extremadura para un posible gobierno de coalición de PP y Vox tengan que ser tuteladas desde Madrid es algo insólito e impropio de un país democrático. Es como si Jorge Azcón y María Guardiola fuesen menores de edad e incapaces de saber con quién deben jugarse los cuartos a la hora de negociar su única alternativa (porque no hay otra) para no repetir elecciones. Solo les faltaría a ambos presidentes en funciones que Feijóo tuviese que asignarles un director espiritual como hacían los padres con los niños internos en colegios de curas. Hoy se desclasifica y se abre el baúl de los recuerdos en lo que respecta al 23F para saber más cosas, si es que queda algo nuevo por saber sobre aquel “torero”, como decía un  periodista sueco, que entró en el Congreso pistola en mano dispuesto a acabar con una democracia que por aquellos días estaba en pañales, en referencia a Tejero, cuando el periodista en cuestión confundió un ridículo tricornio acharolado de la Guardia Civil con una montera de astracán y seda de torero. Fue como confundir  el culo con las témporas. El tricornio, que el marqués de Esquilache quiso poner de moda, fue el gorro adoptado por el II duque de Ahumada en 1844;  y la montera, con piezas salientes en los laterales, fue introducida en la indumentaria taurina en 1835 por el torero Francisco Montes, conocido en los ruedos como “Paquiro”. En sus memoras, Juan Carlos I culpa a Armada del intento de golpe de Estado. Pero, como ya se decía en la Edad Media: “Excusa no pedida, culpa manifiesta”. Quién no tiene nada que justificar, no debe disculparse. Eso lo sabe hasta el que asó la manteca. Aquí, que a mí me conste, en rigor, nadie con autoridad suficiente está acusando de un modo formal al entonces jefe del Estado (no olvidemos que puesto a dedo por Franco) como partícipe o promotor de aquella triste asonada. Eso, con la desclasificación de documentos,  hay que dejarlo claro de una vez y para siempre. Aquel monarca ayudó a la llegada de la democracia durante la Transición en la misma medida que el resto de los ciudadanos. Fue un español más en un empeño necesario que fue conquista de todos. No creo que le debamos nada. Al menos, yo no.

 

lunes, 23 de febrero de 2026

Paradoja

 Mercadona, comida lista para llevar - Enrique Ortega Burgos

 

Nunca se vendieron tantos libros de cocina como ahora, cuando la gente está perdiendo el deseo de cocinar. Por otro lado, el “menú del día” tiene fecha de caducidad. La gente se ha vuelto comodona y es consciente de que meterse en la cocina, sobre todo, viviendo solo, produce gran pereza. Primero, porque no se suele ser experto en cuestiones culinarias; segundo, porque comprar platos ya cocinados en el súper evita el embarazo de tener que fregar cacharros; y tercero, por falta de tiempo. Por otro lado, los restaurantes, aunque sean modestos, comienzan a resultar caros y poco atractivos. Recuerdo haber leído no sé dónde una predicción del presidente ejecutivo de “Mercadona”, Juan Roig, respecto al cambio de hábitos de los españoles: “Para el año 2050 las cocinas desaparecerán de los hogares, ya que la sociedad tenderá a comprar toda la comida preparada en lugar de cocinar en casa”. Según ese empresario, “cocinar en casa consume tiempo y es poco práctico”. Por otro lado, eso de comer dos platos y postre “porque así se ha hecho siempre” dejará de formar parte de la ortodoxia casera, y servir tres platos en un evento se me antoja una exageración. A mi entender, con un  plato de fundamento y una pieza de fruta va uno más que servido. De hecho, a día de hoy solo el 28 % de los españoles cocina a partir de alimentos frescos. Pero vendrá la segunda parte, las quejas de pescaderías y carnicerías por la progresiva disminución de clientes. En una palabra, seguiremos comiendo en casa pero aquellos platos preparados que solo necesiten ser previamente calentados. Tengo comprobado que las cocinas de las viviendas cada vez son más pequeñas. Pasaron los años en los que en muchos hogares, sobre todo en el medio rural, la cocine era como el cuarto de estar, donde se hacía la vida. Las “cocinas económicas” de carbón conseguían que ese habitáculo fuese el más caliente de la casa, algo que se agradecía en invierno en casas sin calefacción. Y en Aragón, por ejemplo, existían las famosas cadieras, bancos de madera junto al fogón que solían contar con una tabla de madera abatible (a menudo unida por bisagras o simplemente reposando sobre los brazos), que se utilizaba para comer o jugar a las cartas. Algunas cadieras, hasta disponían de un espacio bajo el asiento para guardar utensilios. Pero todo eso pasó a la historia, como pasarán a otra vida las cocinas, el uso de manteles, las charlas de sobremesa y hasta la pequeña salita para tomar café. Terminaremos comiendo silentes sobre una bandeja, con servilletas de papel y con platos, cubiertos y vasos de plástico de usar y tirar. El número de personas montadas en patinete circulando con una enorme mochila a las espaldas da idea de ese cambio de costumbres.

 

domingo, 22 de febrero de 2026

Prefiero escuchar a Safree


 

Esta mañana he estado escuchando a Safree cantando "Melocotón". Me gusta la dulzura de su voz. Y por la tarde he visto el lamentable partido del Real Zaragoza contra el equipo andorrano en una cadena de Telefónica. A ésta, a Telefónica, alias Matilde, le está sucediendo como al equipo aragonés, que no termina de levantar cabeza en el Mercado de Valores. Se está convirtiendo en un ‘chicharro’ de los que hay que pasar si el posible comprador de acciones desea dormir tranquilo. Vamos, que no lo arregla ni la caridad. En Heraldo de Aragón dice el entrenador del equipo zaragozano, Rubén Sellés, que “no estamos muertos”, pero estar igualado por la cola con el Mirandés (24), Cultural Leonesa (27) y el Real Valladolid (29) no es como para lanzar cohetes voladores. Eso sí, lleva camino de ser el equipo de Segunda B con el campo de fútbol ‘más guay del Paraguay’ merced a la derrochona alcaldesa Chueca. Tras enterrar a la sardina, en Teruel ha terminado el cortejo fúnebre de Isabel de Segura y de Diego Marcilla entre lloros emocionados de los asistentes a ese performance, algo que se repite cada año con éxito de público. Pero el mundo, que sigue dando vueltas sobre su eje y alrededor del Sol, se prepara para un posible conflicto armado entre Estados Unidos e Irán. Estas cosas se sabe cómo empiezas pero no como terminan. La prensa solo comenta lo que  sucede en algunos lugares concretos: Israel y Ucrania.  Nadie habla de los otros 128 conflictos armados activos. La lista es larga: Sudán, Yemen, Siria, Myanmar, Somalia, Burkina Faso, la República Democrática del Congo, Sierra Leona…, y como dicen los cursis, “un largo etcétera”. Y la derechona más rancia, por meter miedo en el cuerpo a los ciudadanos, dice ahora que con el cambio climático las presas construidas por Franco, muchos de ellos con planos robados a la República, podrían reventar el día menos pensado, como sucedió en Ribadelago en 1959. Pero como decía Peret: “Que no estamos muertos, leré, leré, que estamos tomando cañas, leré, lerele…”.