Diario de León concede una entrevista a Julio Llamazares (Vegamián, León, 1955) por haber logrado el “Premio Nacional de Narrativa 2026” con su novela “El viaje de mi padre”, donde a lo largo de sus páginas describe el recorrido que hizo su progenitor como soldado durante la Guerra Civil. Es autor entre otras novelas de “El entierro de Genarín” (1981, Alfaguara), gran protagonista de la procesión pagana más famosa de España, en torno a Genaro Blanco Cordero, criado en el hospicio y más tarde comerciante ambulante de pieles de conejo, que a pesar de haber estado casado y tener cinco hijos, tras enviudar y perder su empleo se volcó en la vida crapulosa de León de los años 20. Frecuentaba las tabernas del Barrio Húmedo y las casas de lenocinio, ganándose la simpatía de la gente por su carácter extrovertido, su afición por el orujo y su ingenio para contar chascarrillos. Tuvo la desgracia de que en la madrugada del Viernes Santo de 1929, mientras realizaba sus necesidades fisiológicas junto a la base del tercer cubo de la muralla de León (en la calle de Los Cubos), fue atropellado por el primer camión de la basura mecánico de la ciudad, un vehículo apodado popularmente como ‘La Bonifacia’. Falleció en el acto a los 68 años. Al año siguiente, un grupo de cuatro eruditos amigos de la bohemia leonesa (bautizados más tarde como los "cuatro evangelistas": Francisco Pérez Herrero, Luis Rico, Nicolás Pérez Porreto y Eulogio el de las gafas decidieron conmemorar el triste suceso. Salieron la noche de Jueves Santo a recorrer las tabernas que él frecuentaba, recitando versos satíricos y brindando con orujo en su honor. La devoción popular comenzó a crecer y a atribuirle ‘cinco milagros’, entre ellos la redención de La Moncha, prostituta que abandonó su oficio; la curación de un enfermo de piedras en el riñón; y un gol histórico de la Cultural Leonesa tras invocar su nombre. La “Cofradía de Nuestro Padre Genarín” procesiona cada noche de Jueves Santo por las calles de León entre gran fervorín popular tres célebres pasos: ‘Genarín’, ‘la Muerte’ y ‘la Moncha’. El acto central consiste en que el "Hermano Colgador" trepa la muralla para dejar en lo alto una ofrenda de queso, pan, una naranja y una botella de orujo, mientras la multitud recita sus versos populares. La procesión, pese a no estar considerada todavía como de ‘Interés Turístico en Babia y Villablino', ni falta que le hace, cuenta con un gran número de devotos. Algunos, como decía, hasta recitan versos satíricos que nada tienen que envidiar a las engoladas saetas andaluzas, con más angostura posturera y ayes exageradamente teatreros. Los versos satíricos dedicados a Genarín, en cambio, forman parte de un ardor popular donde hierve la melancolía como si fuese la luz de neón color chicle de un misterioso cabaré de barrio chino. Pues bien, por terminar, en el libro ahora premiado de Llamazares, “El viaje de mi padre” (Alfaguara, 2025) se describen los avatares de su padre, Nemesio Alonso Díez, cuando con 18 años fue enviado a los frentes de Aragón y Levante durante la Guerra Civil, portando sobre sus hombros una de aquellas pesadas radios italianas que servían de intercomunicación entre las tropas sublevadas que le habían llamado a filas en La Mata de Bérbula, también conocido como ‘La Matica’, aldea situada en la cuenca del río Curueño, donde ejercía de maestro nacional sin meterse con nadie.