in púribus
jueves, 15 de octubre de 2026
"Ocurrencias"
miércoles, 14 de octubre de 2026
Echar un capote

¿Ustedes se imaginan una
visita del jefe del Estado a Zaragoza y que desde un balcón del Ayuntamiento éste dijera al
público congregado en la explanada que Zaragoza es España? Pues eso mismo es lo
que ha hecho Felipe VI a su llegada
a Ceuta, o sea, decir que es España. Y lo ha repetido refiriéndose a Melilla. Eso ya lo sabemos y parece algo tan
evidente que no necesita demostración. Cosa distinta sería que el jefe del Estado
hiciese una visita a alguno de los 7 municipios y 10 aldeas que conforman el
Rincón de Ademuz, pongamos por caso la aldea de Mas de los Mudos (perteneciente
a Castielfabib), y dijese a los vecinos que son conquenses o turolenses por su
vecindad. Eso sería no saber dónde se pisa. Como se supone que los pocos habitantes que quedan en Mas de los
Mudos son alalos (por la falta de costumbre de comunicarse entre ellos al vivir
dispersos), se mirarían unos vecinos a otros llenos de estupor y sin salir de
su asombro. Ceuta es España, claro que sí, desde 1640, cuando Portugal recuperó
su independencia de la Monarquía Hispánica y los ceutíes decidieron
voluntariamente mantenerse leales a Felipe
IV. En lo que respecta a Melilla, en 1497 fue
incorporada a la Corona de Castilla por una expedición militar liderada por Pedro de Estopiñán, al servicio del duque de Medina Sidonia, y pasó
a depender directamente de la monarquía española en tiempos del rey Felipe II, en 1556. En el lenguaje
coloquial español, la expresión "quedarse
calvo detrás de las orejas" significa no haber aportado nada útil en una
conversación. Por esa razón, decir que “Ceuta
es España” y que "Melilla es España" no añade nada nuevo a lo que ya se conoce y se da por hecho.
Los ceutíes lo
que verdaderamente necesitan en estos momentos es que les ‘echen un capote’ ante una
situación incómoda para sacarlos de un apuro y que no que les vengan a ratificar lo
que ya saben, como si acabasen de descubrir el Mediterráneo. Eso es tautología
pura y dura, esa figura retórica donde se repite el mismo pensamiento de forma
redundante, sin aportar información nueva y que nada tiene que ver con el pleonasmo,
donde se añaden palabras
redundantes para dar énfasis a lo que se dice. Por eso tautología y pleonasmo tienen distintos
matices aunque sean poco perceptibles. No cabe duda que
la vista de los reyes ha insuflado alegría a ceutíes y melillenses, pero en este ruedo ibérico, tanto en
política como en Tauromaquia, de nada sirven los “¡olés!” ni recibir a portagayola al morlaco corniveleto con el capote por quedar bonito ante la afición si no se acierta con el estoque y la muleta caída en la suerte suprema al entrar a volapié.
lunes, 12 de octubre de 2026
No hay derecho

Hoy, por ser la Fiesta Nacional de España, se ha celebrado la parada militar en Madrid presidida por el jefe del Estado, acompañado en la tribuna de su mujer y de sus dos hijas. A su llegada a los actos, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, se ha desayunado escuchando gritos a coro de “Pedro Sánchez, hijo de puta” y aplausos al rey. No hay derecho. Los patriotas de pacotilla que tenían gradas preferentes y que lucían pulseras con la bandera española han dado a entender que “les gusta la fruta”. Sí, a mí también me gusta la fruta, pero la que dan los árboles y tomamos de postre. La “gente de bien” (según el subjetivo baremo de los reaccionarios que ya están preguntando a Feijóo “¿que hay de lo mío?”) ,está en su derecho de vitorear al que le venga en gana, ¡faltaría más! Pero insultar al jefe del Ejecutivo de la manera en que lo hacen ya es harina de otro costal. Aunque no sea el caso de Sánchez, ningún ciudadano porta en su frente el marchamo indeleble de quedar proscrito de por vida, o a ser considerado un inicuo sin redención posible por la circunstancia de ser hijo de una meretriz, que también merece absoluto respeto. Ayuso, que tiene menos neuronas cerebrales que una vicuña del Paraguay, llamó de esa guisa a Sánchez en la tribuna de invitados del Congreso en noviembre de 2023, cuando éste estaba en su turno de réplica al líder del Partido Popular, Núñez Feijóo, e hizo referencia a la polémica que rodeó a Tomás Díaz Ayuso, hermano de la presidenta de la Comunidad de Madrid, al conocerse que cobró una comisión de una empresa, que a su vez había firmado un contrato con el Gobierno de Madrid para traer mascarillas desde China a la capital en lo peor de la pandemia. Pero lo peor fue la abyecta sonrisa de Irene Montero (que antes de ser nombrada ministra de Igualdad trabajó como cajera de una gran superficie de electrodomésticos) y de la sicóloga Ione Belarra, ambas militantes de Podemos y que más tarde demostraron ser dos ministras impresentables que mantuvieron una actitud de confrontación constante hacia sus socios en el Gobierno de coalición, incluido el presidente. Como bien señaló Carmen P. Flores en un artículo publicado en Galicia@Press (19/05/23): “Las personas que se dedican a la política no deberían olvidar nunca una palabra que se llama ética, vocablo casi olvidado en el quehacer diario de los que tienen responsabilidades públicas. Ambas señoras, durante sus respectivos cargos ministeriales, no dejaron ni un momento de criticar a los compañeros socialistas de Gobierno como si fueran la oposición”. Está claro que se habían equivocado de bando.
domingo, 11 de octubre de 2026
Escuchando un madrigal

Pérez-Maura hoy en El Debate dice, en referencia a los socialistas que, según él, “quieren otra guerra civil”. “La toma de las calles -escribe- que hemos visto desde que se desahució 24 horas a la okupa ilegal del piso de Sáinz de Baranda, la izquierda ha perdido el pudor y busca la confrontación directa”. Sorprende lo que afirma porque Maricarmen -la persona a la que se refiere ese faltón- nunca fue una ‘okupa ilegal’. Durante setenta años siempre pagó el alquiler de su vivienda. En ese mismo diario que dirige Bieito Rubido aparece, también, un rancio artículo del desaparecido Alfonso Ussía referido a la batalla de Lepanto, donde ese articulista indicaba que aquella batalla sirvió para “cortar en seco el avance del imperio turco y del islam por Europa”, algo que “molesta mucho a este grupete de sanchistas y comunistas que gobiernan en España”. Y por aquello de que el Pisuerga pasa por Valladolid, Ussía movió el manubrio del tiempo marcha atrás hasta el año 711, cuando “hallándose el rey visigodo don Rodrigo tocándose el violón, la Península Ibérica fue sangrientamente invadida por los árabes, a los que hubo que echar ocho siglos más tarde". Y la guinda de ese periódico digital viene líneas más abajo, cuando se informa a los lectores: “Ayuso, investida dama de honor del Capítulo de la Reina Isabel la Católica en Madrigal de las Altas Torres (Ávila)”. El acto se llevó a cabo ayer en el Real Monasterio de Santa María de Gracia de las Madres Agustinas, sede estatutaria y domicilio espiritual y simbólico del Capítulo de Nobles Caballeros y Damas de la Reina Isabel la Católica en Madrigal de las Altas Torres. Ayuso, ese ajo de todas las salsas, señaló que “la figura de Isabel la Católica ha estado presente en su trayectoria política desde sus primeras declaraciones tras llegar a la Comunidad de Madrid”. Qué risa. En el acto de Madrigal de las Altas Torres estuvo presente el obispo emérito de Ávila, Jesús García Burillo, el prelado que en 2006 aprobó sus estatutos, que tienen como fin promover la canonización de Isabel I de Castilla. Los miembros del Capítulo, 270 integrantes, visten capa blanca con cuello y forro rojo, decorada con el emblema asociativo: una cruz patada (con los brazos estrechos en el centro y anchos en los extremos) de gules (rojo vivo), con una inicial coronada de plata en el centro, todo ello dentro de un círculo de sable (negro). Ayuso recibió la Llave de Honor de ese pueblo y una estatuilla de la reina que usurpó el trono de Castilla a su sobrina Juana, hija de Enrique IV en la batalla de Toro, que no se desarrolló en Toro sino en Peleagonzalo, el 1 de marzo de 1476. Invitaría a Ayuso a que enviase una foto suya a Claudia Sheinbaum vestida de dama de honor de ese Capítulo madrigaleño, hecha junto a la estatua que Hernán Cortés tiene en el Senado, esculpida en mármol por Agapito Vallmitjana Abarca. La presidenta de Méjico se pondría muy contenta al recibirla. Quién sabe si, en reciprocidad, la señora Sheinbaum le invitaría a Ayuso a pasar quince días de vacaciones en un balneario de lujo en el acantilado de La Quebrada, en Acapulco, a gastos pagados, donde hay magníficos áticos dominando el Océano Pacífico. Ya puestos, hasta podría recibir de manos de la presidenta mejicana una copia del bastón de oro de Cuitláhuac, hermano de Moctezuma, que lideró la victoria contra los españoles durante la Noche Triste en 1520. Ayuso ya tiene en su poder la llave de Madrigal de las Altas Torres, algo que debería hacerle reflexionar. A los acordes de tiernos madrigales inspirados en la naturaleza y acompañados de un violón torres más altas se han caído.
jueves, 8 de octubre de 2026
Sí, pero...
Si vas a Calatayud pregunta por la Dolores, dice una vieja coplilla. Yo preferiría decir que, si vas a Calatayud deberías visitar la Plaza de España, rodeada de casas de ‘balcón corrido’ de origen medieval y la Fuente de Ocho Caños de 1598, desmontada en 1969 y reubicada junto a la Puerta de Terrer, antiguamente llamada Plaza de los Matadores, en la vieja carretera N-2, de finales del siglo XVI y que formó parte del antiguo recinto amurallado de una ciudad que contaba con tres puertas, la señalada, la Puerta de Soria y la Puerta de Zaragoza. Las puertas de casi todas las ciudades amuralladas, cuando perdieron su función defensiva se reconvirtieron en puntos estratégicos de control fiscal y aduanero. Tras un proceso de restauración en 2001, la Puerta de Terrer pasó a ser el ‘Centro de Estudios Bilbilitanos’, dependiente de la Diputación Provincial. Se trata de dos torreones con arco y balcón que une ambas torres y que antaño albergaba una imagen del ángel custodio, desaparecida en la segunda mitad del siglo XX. Su lugar lo ocupa un nuevo ángel, grabado sobre cristal, A ambos lados existe un blasón con las armas de la ciudad, y otro con las armas de la Casa de Austria, incluyendo los cinco escudos azules que tomó como emblema el primer rey de Portugal, Alfonso Henríquez, tras la batalla de Ourique en 1139. Alrededor de esas ‘cinco quinas’ hay una bordura roja con siete castillos de oro, añadidos por el rey portugués Alfonso III (segundo hijo del rey Alfonso II el Gordo y de Urraca de Castilla, que sucedió en el trono a su hermano Sancho II, de la dinastía de Borgoña, en 1248) en conmemoración de la reconquista de fortalezas en el Algarve y que fijó los límites con Castilla mediante el Tratado de Badajoz en 1267, estableciendo el río Guadiana como la frontera sur. La plaza de España, como decía al principio, fue el núcleo comercial y social desde tiempos medievales. En una de sus esquinas se encuentra el antiguo Ayuntamiento, antigua lonja, (hoy trasladado al edificio que albergase la sucursal del Banco de España). Consta de una planta baja del siglo XVI (construida con columnas ‘robadas’ de las ruinas romanas de Bílbilis) y una primera planta del siglo XVIII modificada en 1842. Bajo un reloj de sol de madera destaca una pieza de cerámica de loza sobre cobre que representa a san Vicente Ferrer. El resto de las casas que constituyen la plaza cuadrada contemplan soportales y están bastante inclinadas, aunque sujetas casi de milagro por estar apoyadas unas contra otras por la inestabilidad de un suelo formado por yesos lacustres y la permeabilidad del río Jalón. La otra joya bilbilitana, como decía, es la fuente de ocho caños (que en tiempos pasados tuvo once) de estilo manierista construida con piedra sillar, que consta de un cuerpo alargado entre dos potentes apilastrados en sus extremos y bajo un arquitrabe sostenido por dos ménsulas. En el centro aparecen cobijados los ocho caños, que en tiempos fueron once. Tiene un cuerpo superior adintelado donde resalta entre pilastras un blasón con el escudo de la Ciudad, donde aparece un guerrero ecuestre portando en la mano diestra una lanza con banderola y con la siniestra empuñando las riendas del caballo. Me dejo en el tintero la obra cumbre bilbilitana: la Colegiata de Santa María la Mayor (o Santa María de Mediavilla) que por su gran belleza merece capítulo aparte. Edificada en 1129 sobre una antigua mezquita, cuyo ábside, claustro y torre son puro arte mudéjar, fueron testigos mudos de las primeras Cortes de Calatayud en tiempo del rey Pedro IV el Ceremonioso, hijo segundo de los condes de Urgel que ante el pueblo zaragozano rasgó con un puñal el “Privilegio de la Unión” de 1347 (posterior al firmado por Alfonso III de Aragón en 1287). La colegiata fue declarada Monumento Nacional en 1884. Pero como por desgracia sucede en este país con harta frecuencia, dado su lamentable estado de conservación necesitó ser restaurada en profundidad. Y así se hizo. Los trabajos concluyeron en 2022 tras casi doce años de haber permanecido cerrada por alto riesgo de derrumbe. El Ayuntamiento impulsó el proyecto, el Ministerio de Transportes financió casi el 80% de las obras y el Gobierno de Aragón puso el resto; y miembros del Obispado de Tarazona, (propietaria del edificio por una dudosa inmatriculación, dada la costumbre de utilizar un certificado firmado por el obispo de la diócesis sin necesidad de presentar escrituras previas), se limitó a inaugurar el templo con un rociado de hisopo y el rezo entre dientes de unos gorigoris ininteligibles. Vamos, lo de siempre, ir a mesa puesta, algo que ya forma parte de su “particular manera de entender el derecho consuetudinario”.