
La noticia de que unos albañiles hayan encontrado durante las obras de un sótano de Flandes Oriental (Bélgica) 40 lingotes de oro y 4.000 monedas de diverso valor me ha dejado turulato. No cabe duda de que alguien los escondió por razones que desconozco. Quizás por la invasión de los nazis. Parece ser que el edificio a comienzos del siglo XX estuvo relacionado con la familia Van Assche, dedicada a la fabricación de cerveza. Nunca se sabe lo que esconde el subsuelo. Menos aún en esos países tan grises. El día menos pensado irá un aldeano con una azadilla a su huerto dispuesto a plantar cebollinos y arañando el terruño se encontrará el Arca de la Alianza con las tablas de Moisés, la vasija de maná y el bastón de almendro de Aarón, robada por los filisteos, y sobre la que nadie conoce su paradero. Lo más probable sería que el campesino creyese haber encontrado el genuino baúl de la Piquer, como aquel otro baúl depositado en Calatayud desde 2005 en el antiguo palacio del marqués de Ayerbe, más tarde convertido en ‘Posada de San Antón’, también conocida como ‘Mesón de la Gaspara’ (en servicio desde 1800), y posteriormente transformado en ‘Mesón de La Dolores’, que pasaría a ser para los desconfiados bilbilitanos una falsificación que terminaría con el tirón turístico. Aquel baúl, el de la Piquer, es uno de los muchos cofres de madera encontrados, en ese caso, en una propiedad de la familia de la coplista en Segovia. Llegó a Calatayud como donación de la hija de la coplista Concha Márquez, que el año siguiente, en 2006, fue pregonera de las fiestas de septiembre, y restaurado por una asociación de no sé qué. La copla de “La Dolores” dio pie a que José Feliú Codina hiciera un libreto que más tarde, con la ayuda de Tomás Bretón, se convertiría en zarzuela. Algunos aseguran que la copla referida a Dolores Peinador procede de un ciego que la tarareaba, al que motejaban como Pascualón, del que cuentan que tenía por costumbre apostarse en la estación de ferrocarril de La Zaida (Zaragoza) e improvisar tonadillas en el andén a la llegada y salida de viajeros. La copla de doble sentido que canturreaba Pascualón molestaba a los bilbilitanos y nombrar a la Dolores podía acarrear hasta algún soplamocos. Pero esos arrebatos iracundos no evitaron que durante mucho tiempo se fabricase un anís con ese nombre de mujer (“Anís la Dolores”, anteriormente llamado ‘Anís Ibérico’) en la destilería que Ramón Esteve Dalmases fundó en 1886 y que acumuló durante un siglo importantes galardones. Curiosamente, la frase que encerraba doble intención (“amiga de hacer favores”) de aquella letrilla fue causa de que se convocase un certamen en 1924 promovido por Darío Pérez, siendo alcalde Pedro Colás Cristóbal, para enaltecer en el Coliseo Imperial la honra de la mujer bilbilitana. Presidió el acto Concha Espina, que actuó como mantenedora de los juegos florales. También asistieron la actriz María Palou y la tiple Lucrecia Arana. Se recibieron un total de 11.000 trabajos compitiendo por el importante premio económico de 1.000 pesetas (en aquel tiempo un importe superior al que ganaba mensualmente un diputado a Cortes), en parte patrocinado por la familia Luca de Tena. Entre aquellas coplas había una de Sixto Celorrio: “Por el mundo caminaban / la belleza y la virtud / y el ángel que las guiaba / las dejó en Calatayud”. La copla ganadora incluía el conocido verso: “Si vas a Calatayud no pidas ciertos favores...”, y Pascual Marquina estrenó su pasodoble “¡Viva Calatayud!” al frente de la banda del arma de Ingenieros. El 12 de septiembre de aquel año se declararon desiertos tanto el primer premio como el accésit del concurso de coplas. Ante este desastroso resultado, el diario ABC convocó un nuevo certamen con las mismas características que se falló el 6 de enero de 1925, resultando ganador Vicente Ramírez, maestro nacional de Castalla (Alicante).