Cada vez que abre o se reforma un restaurante o bar céntrico en Zaragoza, suele aparecer resaltado en la prensa local. Sin ir más lejos, leo en uno de esos diarios un titular referido a una cafetería reformada de Grupo Boulevardier en la plaza de los Sitios, de nombre muy parisino: “Le Cocó Café” Y se señala (como un gancho que anime a entrar y consumir) que “te puedes tomar un vino, una gilda o un montadito”. Hombre, ¡qué menos! Lo raro sería, si acaso, que te ofreciesen un latiguillo, un frasco de colonia o unos calzoncillos de la marca ‘Cañamares’. Hubiese sido preferible que el plumilla del diario que ha dado la noticia hubiese hecho hincapié en sus paredes forradas de flores, su precioso caballito de tiovivo y su decoración en terciopelo rosa y tonos pastel, sin olvidar sus tartas, bizcochos, zumos y tostadas. Quizás el reportero se ha querido referir a otro establecimiento, la “Taberna Castiza”, que ese grupo hostelero tiene abierto en la calle doctor Horno Alcorta. Dejémoslo ahí. Queda claro que el plumilla Alejandro Toquero escribe detalles culinarios sobre sitios que nunca ha visitado, o que confunde una cafetería decorada con muy buen gusto, como es el caso de Le Cocó Café, con la cantina ferroviaria de la estación de Venta de Baños. Aprovecho mi particular crítica para contarle al señor Toquero, al que supongo amigo de los fogones, dos recetas de doña Palla, Pelaya Ordóñez, condesa de Pravia, mujer que fundó la torre de Villademar, en Cudillero, que daba posada al peregrino y que sus dominios abarcaban nueve feligresías. Fue hija del infante Ordoño Ramírez el Ciego y la infanta Cristina Bermúdez. Una de esas recetas es la de las“aceitunas fritas”. Se toman unas aceitunas deshuesadas, se atraviesan con palillo y se bañan en una bechamel espesa, procurando que las aceitunas queden en forma de pera y del tamaño de una nuez. Se rebozan en harina, huevo batido y pan rallado. Se fríen en aceite bien caliente hasta que estén doradas. Se sirven calientes acompañadas con vino de Montilla. El otro manjar gastronómico es la “rulada de bonito a la doña Palla. Para ello se pasa por la picadora un cuarto de kilo de tocino, un kilo de bonito y una cebolla de regular tamaño. El picadillo resultante se mezcla con tres huevos, una cucharada de pan rallado y otra de harina. Se forma un rollo como de unos ocho centímetros de diámetro ayudándose con harina fina, y se pone al horno a punto, y se cuida de rociarlo con aceite o mantequilla. La gula, señor Toquero, se me antoja como uno de los siete capitales pecados que, como la lujuria (considerando que el celibato y la virginidad constituyen el ideal cristiano), siempre quedan en la raya roja entre el desliz y la virtud. Qué le vamos a hacer…
