Cualquier noticia aparecida en periódicos de provincias –los más sesudos andan ocupados con cosas muy aburridas- puede servir de hilaza a una buena trama de novela corta, como las que escribía Zamacois, a una comedia ligera como ideada por Eduardo Mendoza, o a la barbarie ancestral donde anidó el odio en el ‘Pascual Duarte’ de Cela. Así, hoy leo en El Correo de Zamora que los integrantes de una familia de Benavente llegaron a las manos por la herencia de una casa de pueblo y terminaron pagando 25.700 euros tras ser condenados por lesiones mutuas el 13 de noviembre de 2022. Aquella jornada, sobre la hora nona (como dicen los cursis), dos mujeres y uno de los cónyuges se encontraron con el hermano de una de ellas acompañado por su mujer y su hijo. Lo que comenzó con reproches cruzados terminó llegando a las manos, al exigir una de las implicadas, posteriormente imputada por lesiones, que uno de sus hermanos acudiera a este encuentro, quien llegó unos minutos después e instantes antes de que lo hiciera otro hermano en coche. Señalaba el diario zamorano: “El último en hacer acto de presencia se bajó del coche y, ni corto ni perezoso, se dirigió hacia su sobrino, hijo de la imputada, lo agarró del cuello y le tiró al suelo. Cuando ambos estaban forcejeando, la mujer acudió en su defensa de su hijo y quien forcejeaba con él en el suelo, sin llegar a alcanzarles porque avistó cómo su hermano cuando se dirigía a intervenir en esa pelea no sin antes empujar a la mujer que perdió el equilibrio y se fracturó el peroné al desplomarse. La llamada de una de estas personas a la Guardia Civil para solicitar ayuda antes de iniciar la grabación de la reyerta con el mismo teléfono móvil, caldeó aún más los ánimos de sus parientes y complicó la situación. La madre de uno de los hombres que protagonizaban la reyerta pegó un tortazo en la cara a otra pariente que tomaba las imágenes y le causó una herida en la oreja izquierda, además de agarrarla fuertemente por el pelo para llevarla hacia una pared, a golpearla en un costado y arrancarle varios mechones de pelo. Fue precisa la intervención de varias personas ajenas a las familias enzarzadas para poner fin a esta agresión que no terminó aquí: cuando la procesada que golpeada logró zafarse de la primogénita de uno de los varones que se estaban en el suelo, el hijo de la acusada se dirigió hacia la que estaba grabando la escena móvil en mano la pegó un puñetazo en la nariz y se la fracturó. Antes le espetó: "El puñetazo que le daría a tu madre, te lo doy a ti, y no será el último". La mujer fue atendida en Hospital Río Hortega de Valladolid. Estos enfrentamientos físicos terminaron con otros implicados en urgencias por lesiones, que fueron desde la rotura del peroné de la madre de uno de los implicados a la fractura de la falange de un dedo de otro lesionado que precisó cirugía, amén de contusiones leves y hematomas”. En este país, nunca se sabe y donde menos se espera salta la liebre. Los gaditanos aún recuerdan con estupor haber escuchado de boca de alguna anciana el conocido incidente del buey en Espera (Cádiz) el 23 de marzo de 1845. Durante la procesión del Rosario de la Aurora el astado se escapó de una cuadra asustado por las luces y los gorigiris, atropellando al cura que dirigía el rezo y causándole la muerte. Por eso digo que nunca se sabe en qué puede derivar un acontecimiento dentro de un clan. Ya lo dejó claro al referirse a la familia el famoso abogado matrimonialista español, ya fallecido, Luis Zarraluqui:“Importante institución de muy difícil manejo”.