Por lo que se desprende del juicio con jurado popular que se está celebrando en la Audiencia Provincial de Burgos, el 24 de febrero de 2024 el ciudadano de Valladolid s de 32 años, Sergio Delgado, diseñador gráfico de profesión marchó a Burgos para celebrar una despedida de soltero. Sobre las 4’30 de la madrugada, tras el cierre de un bar en Las Llanas (barrio de copas), cerca de la Catedral, un tipo de 25 años le preguntó a Sergio si era de ‘Pucela’. Al responder afirmativamente, ese energúmeno le soltó un puñetazo en la cara con la mala fortuna de que se golpeó la cabeza contra el suelo y falleció. El defensor del acusado intentó justificar el hecho alegando que la muerte de Sergio fue accidental, no por el golpe contra el suelo, ya que padecía una enfermedad cardíaca no diagnosticada y había consumido mucho alcohol aquella noche. Según algunos testimonios recogidos de testigos, Sergio dijo que era de Valladolid y el agresor se declaró como hincha del Burgos C.F. Quizás ese fuese el detonante. No salgo de mi asombro. No sabía que ser de Valladolid fuese una cosa muy seria. Todavía recuerdo que durante mis estancias en Sevilla, hace ya un montón de años, solía visitar un bar en la calle de San Eloy en compañía de de una vallisoletano, compañero de trabajo, de apellido Gómez. Lo que más le enfadaba a Gómez era que los sevillanos hablasen con ese deje característico que a mí tanto me gustaba. Uno, en su tierra puede hablar como le venga en gana. ¡Faltaría más! Pero Gómez seguía empecinado en que los sevillanos deberían hablar como lo hacen los de Valladolid si querían triunfar en la vida. No cabía duda de que a Gómez le salía a flote el orgullo castellano, el pendón de Castilla y todas esas zarandajas trasnochadas. No era consciente, sin embargo, de que el castellano que se habla en Valladolid (a mí me gusta más decir ‘Valladoliz’) también tiene sus peculiaridades, como sucede en el resto de las regiones. Los vallisoletanos, entre sus defectos, acostumbran a caer en el leísmo cuando tendrían que utilizar el 'lo' en referencia al complemento directo de la oración. Ello se nota leyendo a Miguel Delibes, escritor magistral al que admiro. Por otro lado, los de Pucela han creado un diccionario peculiar formado por infinidad de expresiones que no entienden no ya el resto de los españoles sino tampoco sus vecinos del antiguo Reino de León (León, Zamora o Salamanca). Por ejemplo, pedir una barra de ‘riche’ (al referirse al pan), ’no me amueles’, ‘a mayores’, ‘la has mangado’ o ‘no chanas’ son algunas expresiones locales. Pero hay muchas más. La primera significa ‘no me fastidies’; la segunda sustituye a la palabra ‘más’ cuando esta supone un añadido; ‘mangarla’ significa liarla; y ‘chanar’ quiere decir controlar. Y cuando alguien se atraganta, dicen que se ‘añusga’, un bordillo es un ‘banzo’, las pinzas de la ropa son ‘pitos’ y a un egoísta le dicen ‘usmia’. Por otro lado, no cabe duda de que abusan del pretérito perfecto y de que no distinguen en su pronunciación la “Y” con el dígrafo “LL”. Eso sí, se agradece que no utilicen nunca el tonillo cantarín de los zamoranos. En resumidas cuentas, el buen español se escucha en Colombia, según escuché decir a García de la Concha, y no me estoy refiriendo precisamente al ‘criollo palanquero’. A decir verdad, nuestro país (“la casa matriz”) solo representa la décima parte de los hispanohablantes, conque no somos el ombligo del mundo.