Por todos es sabido que, tradicionalmente, se han utilizado cohetes y cañones antigranizo en muchos pueblos de España en un intento de proteger las cosechas. Sin embargo, la realidad detrás de estos "petardos voladores" es que carecen de rigor científico. Lo de las disputas vecinales tiene su por qué. Para algunos, estos cohetes "espantaban la lluvia" o desvíaban las tormentas, de tal manera que cuando en una finca de frutales se activaba un cañón para salvar su fruto del granizo, los agricultores de los terrenos de secano se quejaban de que les estaban robando el agua de lluvia que tanto necesitaban sus campos en épocas de sequía. Por esa razón se dice que nunca llueve para todos. Los que tenían terrenos de regadío, que generalmente eran los más pudientes, preferían hacer rogativas y procesionar al santo de su devoción porque ese método solía fallar como una escopeta de feria. Bueno será recordar que de los veinte millones de hectáreas que, en números redondos, se labraban en España, muy cerca de dieciocho millones eran tierras de secano. De ahí la costumbre de procesionar los santos, como digo, especialmente a san Isidro. Los ancianos de los pueblos solían decir que sí para san Isidro (15 de mayo) llovía, aún podría salvarse la cosecha de cereales, rehacerse el viñedo y cuajar el olivar. También era algo común que los niños cantaran aquello de “Que llueva, que llueva, la Virgen de la cueva…”. Incluso la capa pluvial que todavía utilizan los religiosos en las ceremonias tiene su significado. Ese manto de majestad y la dignidad del ministerio sacerdotal que evoca la protección divina, durante la Edad Media los clérigos la usaban para protegerse de las inclemencias del tiempo durante las procesiones al aire libre. De hecho es una prenda larga que llega hasta los pies, abierta por delante y sujeta en el pecho con un broche. Conserva en la parte posterior un capillo o escudo ornamental, que recuerda a la capucha original de la prenda medieval. Su uso se generalizó en el siglo XI. Otras teorías señalan que la capa pluvial se deriva de la antigua lacerna o birrus (que usaban los romanos bajo la túnica) consistente en un vasto semicírculo de lana blanca, bastante pesado pero buen protector. Se conserva la capa pluvial de Carlos V, que la que llevó puesta en su coronación en Aquisgrán el 23 de octubre de 1520. Fue donada a la Orden de Santiago tras su boda con Isabel de Portugal en los Reales Alcázares en 1526 y se guardó durante mucho tiempo en un armario de la Iglesia de Santiago de Sevilla. Actualmente se conserva restaurada en la Catedral de la ciudad hispalense y se expone de forma permanente en una vitrina especial dentro del templo. No quiero terminar sin decir que la expresión “pertinaz sequía” fue acuñada por Franco en los años 40 para culpar a la falta de lluvias de la grave miseria y escasez de alimentos en la posguerra española, cuando sabía ese sátrapa que la gran hambruna era provocada por decisiones políticas, más que por el clima, hasta el punto que utilízó las obras hidráulicas (casi todas con planos de la Segunda República, diseñados por Lorenzo Pardo durante el breve periodo de Indalecio Prieto en la cartera de Fomento) como propaganda del progreso económico.