lunes, 23 de marzo de 2026

Baladriar y baladrar

 

Hoy,  Pedro García Trapiello, en su artículo “Un coche así”, en Diario de León, hace referencia a un señorito andaluz, Luis Andrés Marcial de Torres, que  fue a visitar a su amigo, compañero de estudios, que se encontraba trabajando con un pariente en un  páramo leonés. Le preguntó por él a un campesino, mientras  esperaba a su amigo en un prado que estaba en la encimera de un pueblo, y si el prado era suyo. El campesino le contestó que no, que lo tenía arrendado, que los prados suyos estaban en la vega baja, más un trozo de monte con mucha escoba que vale poco. “Pues mi papá --le dijo Luis Andrés al campesino--tiene una finca en Jerez que tardamos lo menos tres día en recorrerla en coche...”. Y el campesino, sin apenas inmutarse, le contestó: “Pues nosotros también teníamos un coche así y tuvimos que venderlo”. Los fanfarrones son, por regla general, presuntuosos, jactanciosos, petulantes, bravucones, fantasmas y vanidosos. Me viene a la cabeza aquella vieja canción que se  escuchaba durante la Guerra de la Independencia: "Con las bombas que tiran los fanfarrones, se hacen las gaditanas tirabuzones", o la letrilla que se escucha en los sanfermines pamploneses: “Ellos eran cuatro y nosotros ocho, que palo les dimos ellos a nosotros”. Las últimas fanfarronadas sonadas son la amenazas arancelarias de Trump, que un  día dice una cosa y al día siguiente la contraria. En aragonés tenemos la palabra “baladriar”, equivalente a “fablar con arroganzia chitando fanfarronadas”. Cosa diferente es “baladrar”, que equivale a gritar, a dar alaridos para comunicarse en la lejanía. Eso me recuerda algo leído en no sé dónde referido a dos pastores que estaba a cierta distancia controlando sendos ganados de pécoras. A la hora de comer, uno de ellos le baladra al otro: “¿Qué, comemos?”. El otro le contesta: “Como quieras..., ¿pero de tu comida o de la mía?”. El otro colega, que era un puñetero somarda, le contesta:“Mejor de la tuya, que no te oigo”. Somarda, por si alguien lo desconoce, es el término aplicado en Aragón a la persona socarrona y sarcástica. El caso de Luis Andrés Marcial de Torres, que describía García Trapiello, es distinto. Aquel andaluz no era sarcástico ni socarrón, sino un auténtico gilipollas.

 

domingo, 22 de marzo de 2026

Ya huele a incienso

 

Los desfiles procesionales de Castilla y León se distinguen por su silencio atronador, y perdonen el pleonasmo. Entre su acendrada austeridad aparecen cuatro personajes singulares que solo se dan en esa parte de España. Me refiero, por ejemplo, al Lambrión Chupacandiles, que anuncia las procesiones de Ponferrada; a Barandales, que aparecen en cabecera de las procesiones en Zamora equipado con dos cencerros; o al Pardal, todo un símbolo en Medina de Rioseco (Valladolid), que se encarga de recoger las cofradías y dirigir posteriormente las procesiones anunciando la marcha mediante toques lúgubres de corneta. El nombre (pardal) se cree que le viene dado por el gorrión, también llamado de esa guisa, que anuncia con su canto la primavera. Tararú, en Palencia, no es un personaje sino el sonido de una corneta muy larga que se utiliza para llamar a los cofrades para participar en la Procesión de Los Pasos. Es equivalente al Merlú zamorano y a la Ronda leonesa.  El Merlú es una figura  emblemática de la Semana Santa zamorana, consistente en que seis parejas de congregantes de la Cofradía de Jesús Nazareno salen en la madrugada del Viernes Santo con cornetas y tambores para despertar y reunir a los mayordomos  antes de esa larga, silente y tétrica procesión. De la misma manera, la Ronda se desarrolla en la ciudad de León en la madrugada del Viernes Santo. Es un acto singular y único organizado por la Cofradía del Dulce Nombre de Jesús Nazareno. Como puede comprobarse, la Semana Santa española tiene unas peculiaridades típicas, tanto religiosas como gastronómicas, que siempre sorprenden a los visitantes. Es cultura y tradición a partes iguales. Cada región tiene sus rarezas ancestrales que las distinguen del resto, aunque en ninguna de ellas falta el fervor popular, da igual que sea con el retumbar de tambores en Zaragoza, con el profundo silencio de Zamora, o escuchando el sonido  negro de una saeta salida de un balcón de Sevilla. Pero una de las cosas más importantes es que haga buen tiempo, que anime a la gente a salir de sus casas para  poder respirar humo de incienso en callejuelas tortuosas, o ir a una casa de comidas a saborear con la familia a mesa y mantel un contundente bacalao confitado a baja temperatura con ajo y aceite, asado al horno, cocinado "al pil-pil" (emulsionando su gelatina) o rebozado, regado con un vino‘tempranillo’ de Valdepeñas de precio muy asequible, por ejemplo un ‘Señorío de los Llanos’, crianza (2020), o un tinto‘Colegiata’  (D.O Toro) de Bodegas Fariña. Lo bueno, me refiero a los vinos, no tiene por qué ser caro. El buen bacalao, en cambio, hace tiempo que dejó de ser comida de pobres.

 

sábado, 21 de marzo de 2026

Sobre libros y libreros

 

 

Leo que en la visita de Felipe VI y su consorte al Vaticano, ayer viernes, los reyes regalaron a León XIV una manta de lana merina para colocar sobre asiento de butaca y una edición facsímil del manuscrito del siglo XVI “Libro de Horas de Felipe II”, cuyo original se encuentra depositado en el Real Monasterio de El Escorial (vitrina 2), que consta de 320 páginas de pergamino escritas en latín,  y que incluye 45 miniaturas iluminadas con oro. Fue escrito y miniado por los frailes Andrés de León, Julián de la Fuente el Saz y Martín de Palencia, que se inspiraron en el estilo del manierista croata Giulio Clovio (1498-1578) personaje que llegó a ser protector de El Greco. La edición limitada de ese facsímil consta de 979 ejemplares numerados y autentificados ante notario. Esa edición facsímil la he visto puesta a la venta en segunda mano a precios que oscilan entre 600 y 5.000 euros. Concretamente, en la Librería Anticuaria El Camino de Santiago, en León, (Patrimonio Ediciones, Valencia. 1996, facsímil del manuscrito “Liber Missarum et Officiorum”)  y se ofrece a 1.000 euros el ejemplar de 320 páginas, con encuadernación en piel sobre tabla en estuche de terciopelo. Pero en ese establecimiento se ofrecen obras mucho más caras, como la edición facsímil del “Il Libro D´Ore Durazzo, Horae Beatae Mariae Virginis cum Kalendario”, cuyo original se conserva en la Biblioteca Cívica Berio, de Génova, por 3.400 euros; o el facsímil del “Libro de Horas de Rohan”, cuyo original se encuentra depositado en la Bibliothèque Nationale de France, escrito entre los años 1430  y 1435, con encuadernación en piel holandesa repujada en oro y tapas de madera. Se trata de 478 páginas adornadas con 532 miniaturas realzadas con oro y texto en latín. Se ofrecen otras obras de gran interés bibliográfico, pero no está en mi deseo extenderme. Apostaría doble contra sencillo a que el papa no perderá mucho tiempo en hojear el libro facsímil, pero a que sí pondrá sus santas posaderas sobre la manta de lana de merino por una razón sencilla: los palacios suelen ser fríos y lo cursi abriga. A veces pienso en el interés que hubiese puesto en esos facsímiles el librero de lance y amigo muerto Inocencio Ruiz, o el bibliófilo José Luis Melero, que en el diario Heraldo de Aragón publicó el 23 de abril de 2013 un  interesante artículo bajo el epígrafe “Librerías zaragozanas. Un  inventario y tres recuerdos imborrables”, que recorté y guardé en una carpeta. Víctor Amela señaló en La Vanguardia que “Melero ama a sus libros casi con dolor”. Con eso me quedo.

 

viernes, 20 de marzo de 2026

¿Quién fue Francisca Aparicio?

 

En el Museo del Prado se conserva un precioso retrato al oleo, pintado en 1892 por Francisco Masriera Manovens de Francisca Aparicio y Mérida (1858-1943) cuando esa dama contaba 34 años. Se casó con el entonces presidente de Guatemala, Justo Rufino Barrios y tras la muerte de éste en la batalla de Chalchuapa, se volvió a casar en Nueva York con José Martínez de Roda, primer marqués de Vistabella. En el cuadro al que hago referencia aparece Francisca de cuerpo entero, ataviada con un espléndido traje de soirée, apropiado para asistir a conciertos o a bailes de salón. Sobre el vestido de brocado y perlas, un sobrecuerpo de raso enmarca un talle encorsetado del que pende una larga cola que recoge y luce a su derecha. Francisca Aparicio nació en el seno de una familia adinerada de Quetzaltenando y siendo muy joven se casó con el general Rufino Barrios, de triste recuerdo por su tiranía para los guatemaltecos que lucharon con él en 1885 al frente del Ejército de la Unión Centroamericana en el intento frustrado de adhesión de Honduras y El Salvador. Fue fusilado y, según algunas crónicas, su corazón  fue metido dentro de un frasco de cristal y entregado a su viuda, que obligada por las circunstancias,  huyó a Estados Unidos. Pero, durante la travesía tiró el frasco con el corazón de su difunto marido al océano Pacífico. En 1888 se casó en segundas nupcias con el diplomático José Martínez de Roda, al que en 1898, siendo senador del Reino, le fue concedido por Alfonso XIII el Marquesado de Vistabella. Muerto el marqués al año siguiente, el título nobiliario pasó a su esposa y después a los hijos del primer matrimonio de ella, siendo la otorgante del legado María Barrios y Aparicio, cuarta marquesa de Vistabella y tercera hija del matrimonio guatemalteco. En el generoso legado se incluía también el retrato de idéntico formato del primer marqués de Vistabella realizado en 1895 por Salvador Martínez Cubells, y otro retrato de Francisca Aparicio realizado al pastel por el pintor Pablo Antonio Béjar, fechado en 1911. Existe en el Museo de Arte Moderno otro oleo sobre lienzo de Francisco Masriera hecho a Francisca Aparicio, fechado en 1889, y donado por María Josefa Barrios Aparicio, IV marquesa de Vistabella a ese Museo en 1953. El Museo del Prado, igualmente, conserva un busto en mármol de Francisca Aparicio. Francisco Masriera y Manovens​  (Barcelona, 21 de octubre de 1842- 15 de marzo de 1902) fue un pintor español, miembro de una importante saga de orfebres y artistas: hermano del pintor José Masriera y tío del pintor, orfebre y diseñador de joyas modernistas Luís Masriera. A Francisco Masriera se debe el retrato de la reina regente María Cristina de Habsburgo-Lorena con su hijo Alfonso XIII en 1892,  que preside el Salón de la Reina Regente del Ayuntamiento de Barcelona. Pero no terminaré sin decir que me consta la existencia otro oleo de Francisca Aparicio, pintado por Francisco Masriera en 1896,  en el que se representa a esa dama (Francisca Aparicio) sentada en un  palco (¿del Liceo?) y donde se perciben reflejos de luz de bambalinas. Porta con un elegante traje negro escotado, y sujeta una careta de disfraz con su mano izquierda. La  otra mano la tiene apoyada sobre un fino  bastón. Aquí lo dejo. Hoy comienza el equinoccio de primavera a las 15 h. 46’ bajo el signo de Aries. Les deseo que tengan un buen fin de semana.