domingo, 1 de noviembre de 2026

Setas


Leyendo esta mañana en El País  la sección de ‘El Comidista’, me ha hecho reflexionar  algo relacionado con la temporada de setas, el dicho italiano: “Tutti i funghi sono commestibili, ma alcuni solo una volta”. En efecto, todas las setas pueden comerse, pero algunas solo una vez. Yo nunca me he fiado y solo me llevo a la boca, si acaso,  champiñones, rebollones y los primaverales perrechicos. Lo cierto es que existen setas mortales o muy tóxicas que mimetizan casi a la perfección a excelentes comestibles, como el champiñón silvestre o el falso níscalo. Pueden ocurrir dos cosas para un inexperto: una, entender como venenosa una seta comestible y la prevista cena se quedará en el bosque; y dos, marcar como comestible una seta venenosa. El coste de ese error puede ser un trasplante hepático o un funeral. Ante tal tesitura, es mejor no coger ninguna. El micetismo ha sido la causa de muerte de familias enteras. Hay otras setas, por ejemplo las colmenillas, que son tóxicas si se comen en crudo por contener unas proteínas, (hemosilinas termolábiles) que producen la ruptura celular de los glóbulos rojos, pero que se descomponen por acción del calor. Tampoco las colmenillas deben mezclarse con alcohol. Existe un caso en el que consta que seis personas  bebieron vino tras tomar unas colmenillas rellenas de calabacín y gratinadas con queso rallado en un restaurante de Cataluña (con estrella Michelín) y que, más tarde, presentaron un signo de eritema cutáneo, sensación de inflamación de labios, palpitaciones, vómitos e hipotensión. Digo más, la ingesta de setas silvestres a veces pueden contener altas concentraciones de metales pesados y pesticidas y producir gastroenteritis aguda. Pero hay, como decía al principio, setas fiables, como el pincho de champiñón del ‘bar Soriano’, en la logroñesa calle Laurel, sobre rebanada de pan coronada por tres champiñones a la plancha bañados en ajo, aceite de oliva y perejil, rematados con una pequeña gamba en la parte superior, o el ‘revuelto de perrechicos’ al estilo de ‘El Amparo’ bilbaíno regentado por las hermanas Azcaray, que representó hasta principios del siglo XX  la esencia de la cocina tradicional vasca fusionada con la sutileza culinaria francesa, donde se utilizó para su confección aceite de oliva, mantequilla de vaca pasiega y frescos huevos de corral. Existen otras setas aunque no comestibles, y me refiero a los grandes parasoles de madera de la sevillana plaza de la Encarnación, desde donde se puede contemplar la Giralda, el Guadalquivir, el barrio de Triana y la iglesia de la Anunciación, en la calle Laraña, donde descansan desde 1913 los restos de los hermanos Bécquer. En el momento de su construcción era alcalde de la Ciudad hispalense el socialista y médico Alfredo Sánchez Monteseirín, fallecido el pasado 26 de octubre. Descanse en paz.

 

sábado, 31 de octubre de 2026

A la dudosa luz del tenebrario

 

Leo con atención un artículo de María Jesús Muñiz Prieto, “Lo que da miedo”, donde señala que “se anuncia un Halloween de mucho miedo” y lo relaciona con esos jóvenes encapuchados y vestidos de negro que aprovechan las revueltas para romper escaparates y ejercer la rapiña de la forma más miserable. Y añade: “Lo terrible del vandalismo que reluce en tiempos electorales no es tanto quién alienta la violencia como la rapiña política que la utiliza con más saña para sacar rédito del despropósito. En todos esos extremismos que se tocan escuece, pero no sorprende”. Termina escribiendo que “da miedo la manada de saqueadores con pasamontañas. Da mucho más miedo el rebaño político chupando rueda de cuanta desgracia acontece. Pero no es noche de muertos, porque aquí, mañana, muchos seguimos muy, muy vivos”. En algunos diarios de la derecha más rancia he leído que en el desastre ferroviario de de Urdas solo el Jefe del Estado acompañado de su consorte estuvo a la altura de las circunstancias, cerca de la gente que sufría y dándoles consuelo, y que Sánchez careció de la empatía necesaria. Esa última afirmación me parece que está fuera de lugar. No es cierta. Y GarcíaTrapiello, en otra columna adosada a la de Muñiz Prieto en el mismo diario, “La maldición”, no se corta un  pelo  cuando escribe: “Lo único que le faltaba a la insufrible bronca política ya planteada es la artillería que proporciona ese accidente en el que sobran víctimas y culpables y siempre faltan explicaciones. Esperan que pase pronto el duelo y el ‘condolor’ (a menudo melindre) para empezar abiertamente una batalla cruel lanzándose raíles retorcidos al pecho y metralla de vagones ensangrentados a los ojos. ¿Quién de ellos se preocupará de atender y confortar de verdad a los deudos de las víctimas aliviándoles de la tragedia que se les anuda en la garganta y les atormentará de por vida?... Pero aquel cuya fe no titubea tiene la certeza de que al menos Dios ha tenido que portarse y sentar a su vera a todos los que ahí murieron porque la improvisada absolución colectiva que impartió el párroco de Los Yébenes a ello le obliga”. Yo no lo tengo tan claro. Lo que ya se conoce es que la Archidiócesis de Toledo ha indicado en un comunicado que la iglesia parroquial de san Juan Bautista, de Urda, acogerá este sábado, 31 de octubre, a las 12 de la mañana, una misa de funeral por los fallecidos en el accidente ferroviario presidida por el arzobispo de Toledo,  Francisco Cerro Chaves, acompañado por el obispo auxiliar, Francisco-César García Magán. A esos gorigoris entre parpadeos de velas de tenebrario y tétricos soplidos de órgano al estilo de maese Pérez no está previsto que acudan ni el presidente del Gobierno ni ninguno de sus ministros.

viernes, 30 de octubre de 2026

A pie de farallón

 

La viñeta de Eneko de las Heras difundida en varios diarios plasma de la mejor manera los sucesos ferroviarios. Eneko ha sabido decir con una imagen, la de “El Grito” de Edvard Munch lo que no se  acierta a señalar con mil palabras, la desesperación humana ante la última catástrofe ferroviaria acontecida en España. “¡Papá, ven en tren!”, aquel eslogan de 1973 ya no sirve. Feijóo acusa al ministro de Transportes de echar la culpa al controlador de Atocha. Pronto se le ha olvidado lo que dijo tras el accidente del ‘Alvia’ en Anglois en 2013, siendo Rajoy presidente del Gobierno y él presidente de Galicia: “Ha sido un fallo humano”, sabiendo que vetó en varias ocasiones la creación de una comisión de investigación en la Xunta de Galicia y del PP en el Congreso de los Diputados; o con el drama de Valencia por las inundaciones, cuando Feijóo tapó la negligencia irresponsable de Mazón culpando del desastre a la Confederación Hidrográfica del Júcar y a AEMET. Miedo me da que ese chisgarabís de bolera pueda alzarse con el santo y la peana con la ayuda de Vox en las próximas elecciones el próximo 29 de noviembre. Pero uno ya no sabe por dónde le sopla el aire después de conocer que en la subasta de los 689 objetos procedentes del Pazo de Meirás se han pagado 19.000 euros por un maletín marrón de Franco y otros 8.000 por una fotografía dedicada al dictador por el entonces Príncipe de España y que en su día ocupó la portada de un ejemplar de la revista Cambio 16. Ya no sé si el Gobierno pensaba que tanto el tren de alta velocidad como las vías por las que se desplaza no necesitaban gastar mucho dinero en su mantenimiento por la juventud de su trazado, o estaban a otra cosa, sin que sepamos muy bien qué es otra cosa. Como bien señala Pablo Batalla en el diario Público, algo parecido debieron pensar los fabricantes del ‘Titanic’, cuando dice: “Las normas que fijaban cuántos botes salvavidas debía llevar un barco databan de 1894 y se calculaban según el tonelaje, con un tope pensado para buques de algo más de diez mil toneladas. El ‘Titanic’ superaba las 46 000 y llevaba veinte botes —más de los exigidos—, con plazas para menos de 1200 personas de las más de 2200 que iban a bordo. Pero la ley la cumplía. El problema era que la ley era de otra época; que legislaba sobre barcos que nunca se imaginó que pudieran ser tan grandes”. Con los trenes pasó algo parecido. Acostumbrados, como estábamos en España, a convoyes cochambrosos, el salto a la alta velocidad nos vino grande. Y del ‘Shanghái’ (rápido Barcelona-Galicia, que duraba 36 horas) pasamos al ‘Ave’ que volaba más alto y en poco tiempo ha pasado de ser orgullo nacional a fuente de ansiedad. Según datos de Adif, en la línea de AVE Madrid-Sevilla se produjeron quince rebases de señal con riesgo de colisión desde 2023. En el tramo de Urda, ha habido nueve fallos desde esa fecha, cuatro de ellos en 2026, y algunos de ellos producidos por robos de cable. Lo cierto es que en Urda se produjo un ‘fallo en cascada’ de tres sistemas de seguridad de la línea (LZB, ERTMS -en pruebas- y ASFA) por causas desconocidas. Por eso, ante la inseguridad, la viñeta de Ereko de las Heras vale más que mil palabras. Antes de terminar, bueno será refrescar la memoria. El pasado 26/02/26 el Congreso de los Diputados no pudo dar luz verde a la medida que promovió el Ministerio de Consumo para topar los precios de bienes y servicios en situaciones de emergencia por estar en contra PP, Vox y Junts. Tal es así que todas las compañías de aviación han subido los precios de sus billetes de forma exagerada tras la catástrofe ferroviaria de Urda excepto Iberia, que los ha topado. ¿Cabe mayor desvergüenza?


jueves, 29 de octubre de 2026

Papá, ojo al tren

 

Siempre tuve muy claro que adquirir un coche significaba tener que asumir su mantenimiento, o que disponer dos casas, la de residencia habitual y otra en el pueblo o en la playa llevaba aparejado tener que asumir importantes dos gastos, de IBI, luz, agua, vertidos y las ocurrencias de los alcaldes que se repercuten a los vecinos en lo que en Aragón se llaman zofras (del árabe súxra). Quiero pensar que el Gobierno de Felipe González, cuando decidió crear la vía con trazado europeo del Ave en el tramo Madrid- Sevilla y lo puso en funcionamiento, echó cuentas del costo de un mantenimiento que sería seis veces superior al del ferrocarril convencional.  La primera línea, por Brazatortas, se inauguró el 14 de abril de 1992 y comenzó su servicio comercial el 21 de abril de aquel año con motivo de la Exposición Universal de Sevilla. Para esa “aventura” se edificó la Estación de Santa Justa.  La Exposición estuvo abierta durante seis meses en la isla de La Cartuja y recibió a más de 40 millones de visitantes. Aquello funcionó bien aunque, a mi entender, debería haberse dado prioridad al trazado entre Madrid-Barcelona, que uníría las dos grandes capitales de España en un tiempo de dos horas y media. Treinta y cuatro años más tarde España cuenta con casi 4.000 kilómetros de red de alta velocidad y el sistema afronta un debate sobre el desgaste de vías, la falta de inversión por kilómetro y el aumento de la circulación tras la liberación con la llegada de otras compañías europeas, tales como Ouigo (filial de bajo coste de la francesa SNCF), Iryo (italiano) y Avlo, este último low cost de Renfe Viajeros. Lo cierto es que la inversión por kilómetro se encuentra por debajo de la de países como Francia o Italia. La consecuencia directa ha sido que la red está atravesando momentos de máxima alerta tras graves accidentes e incidentes en tramos como el de Adamuz (Córdoba) en enero pasado por rotura de una soldadura de la vía, o el reciente de Urda (Toledo) donde un Ave colisionó por alcance a gran velocidad contra la parte trasera de un tren Iryo. Dos graves accidentes, como digo, en un mismo año y que ha reabierto la discusión técnica y política sobre si el incremento de trenes en circulación han superado la capacidad de conservación de la infraestructura ferroviaria. No cabe duda de que más trenes por las mismas vías producen más desgaste. Es un hecho que en 2009 se invertían en los caminos de hierro 38 céntimos por cada kilómetro que recorría el viajero y en 2024 fueron 13 céntimos. Por decirlo de una manera más clara, España invierte por kilómetro algo más de la mitad que Francia. Aquel eslogan lanzado en las navidades de 1973 que decía “Papá, ven en tren” ha cambiado en la percepción del servicio ferroviario. Ahora el “ven en tren” debería cambiarse por “ojo al tren”, como ponía en los pasos a nivel sin barreras. En aquellos años parecía normal fomentar el uso de los convoyes, aunque lentos e incómodos, frente a unas carreteras infames, peligrosas y saturadas, en las que cada fin de semana se producían 60 accidentes mortales. Hasta hace poco, Renfe Operadora se comprometía a devolver al viajero el dinero del billete si se retrasaba media hora. Se suspendió el compromiso porque hoy se arruinaría esa empresa estatal.  El viajero, pese a lo caro que resulta el precio del billete de tren y siempre tan conformista, ya no pide que llegue a su hora, sino que llegue. Todo muy triste.