viernes, 6 de marzo de 2026

Tauromaquia y sacerdicio

 

Creo recordar que fue en octubre de 2024 cuando se celebró un encuentro de trabajo en Zamora donde se propuso la creación de un reglamento para el nombramiento de capellanes taurinos y cátedras de Tauromaquia en las Universidades. Se trataba de que se reconociera la labor de los ungidos en lo referente a la fe y la fiesta. Se comentó entonces la necesidad de tener en consideración  la labor sacerdotal en función del tipo de festejo y de poder disponer de capilla por la misma razón que existen las enfermerías. Y se proponía también la existencia de capillas en entornos cercanos a las plazas, incluso en las portátiles, considerando que el capellán debe estar presente tanto en corridas de postín como en encierros, festivales, becerradas y demás espectáculos populares. Lo primero que me viene a la cabeza es el conocido dicho de “¡fíate de la virgen y no corras!”. Entre las conclusiones de aquel encuentro se entendió como primordial que  el capellán  que se alzase con ese cargo de responsabilidad, no sé si vitalicio, fuese aficionado a la fiesta de los toros y mostrase interés en su labor pastoral encomendada, dejando claro que no debería en ningún caso confundirse la labor del mayoral de la torada con el pastoreo de las almas de los aficionados. En aquel primer encuentro de la Asociación Internacional de Tauromaquia  y la Delegación de Patrimonio del Obispado de Zamora, como digo, se puso de manifiesto la "fusión" entre la tauromaquia y el sacerdocio en un ritual artístico de alto grado emocional, en el que la muerte está presente desde el inicio del arte del toreo con los primeros capotazos, para el que se necesitan las correspondientes atenciones espirituales". Sobre los toreros de salón no se dice nada, pese a que para ello necesite quien lo ejerce ser un gran actor dramático. Los espectáculos taurinos, en la arena o de salón, siempre son una metáfora de la vida, donde hay que ‘templar y mandar’, como supo hacer Solana con su pincel sobre el lienzo, o Poncio Trullenque, más conocido como Niño de Gibalbín,  jugándose el tipo en infames plazas sin enfermería; y que hoy, retirado de los ruedos, con el cuerpo lleno de costurones y con un palo de avellano que hace de pierna, dirige un salón de limpiabotas en la calle Matahacas, en Sevilla.

 

martes, 3 de marzo de 2026

Los ladridos de las tripas

 

Leo hoy en un suelto en un diario ultraconservador el siguiente epígrafe: “¿Tengo que dar limosna al pobre que está en la iglesia?”. En ese sentido, informa ese diario que muchos creyentes católicos se cuestionan con frecuencia entre si es bueno dar un donativo a un pobre que pide a la puerta del templo o canalizarlo a través de obras caritativas de la Iglesia. Yo, desconfiado por naturaleza (como todos los que hemos nacido en un pequeño pueblo donde los trenes siempre pasaban de largo) me inclinaría por lo primero.  Como dice el refrán:“Más vale pájaro en mano que ciento volando”. Me ha venido a la cabeza la novela de Pérez Galdós, “Misericordia”, publicada en1897 y centrada en el Madrid cochambroso de la última década de aquel siglo. La novela se estructura en cuatro partes, gira toda ella en torno a Nina, la principal protagonista. Como señala Luciano García Lorenzo en su magnífico prólogo a la novela galdosiana (Cátedra, 1982) el escenario de esa novela es Mesón de Paredes, la plaza del Ángel, la callejuela del Beso, la calle de Toledo, el puente de Segovia, la calle de la Cabeza, el Campo Nuevo, las Cambroneras…”. Alguna calle o plaza ha desaparecido,  otras han cambiado de nombre, si hacemos las pertinentes consultas en“Origen de las calles de Madrid”, publicado en 1863 por Antonio Capmany Montpalau; leemos con interés “Escenas matritenses” de  Ramón de Mesonero Romanos; o vamos directamente a “Las calles de Madrid”, de Pedro de Répide (Afrodisio Aguado, 1981), donde se explica de forma clara el entorno por donde se movían pidiendo limosnas aquellos tristes personajes de fin de siglo: calle Huertas, iglesia de San Sebastián, plaza de Santa Ana… Galdós había llegado a Madrid en 1862 dispuesto a vivir de dramaturgo y vio crecer la ciudad, elegante y burguesa al norte y oeste y miserable al sur. Aquellos pobres de solemnidad, también carreteros, fulleros y tramposos sin domicilio fijo, solían tomar algo caliente dado en caridad en algunas porterías de conventos, lo que se conocía como el“bodrio”,  que era un caldo con restos de sopa, mendrugos, sobras de comida, verduras y legumbres. Un sopicaldo caliente, aunque parezca poca cosa, siempre disipa los rugientes borborigmos en la oficina de las tripas. Resulta harto dificultoso mantener la dignidad intacta cuando alguien pierde toda esperanza, duerme entre cartones, vive de milagro y no dispone de un mísero rincón donde poder caerse muerto.

 

lunes, 2 de marzo de 2026

Los 'pagafantas'

 

 Los datos referentes a multas de tráfico en Zaragoza se señalan en la prensa como si fuesen los beneficios obtenidos por una empresa del Ibex 35 pero sin accionistas. Se habla de las previsiones de esos “beneficios municipales” del mismo modo que una entidad bancaria comunica cada año las previsiones de beneficios para el siguiente. Así, la redactora Carlota Gomar, hoy, en El Periódico de Aragón, cuenta lo siguiente: “El Ayuntamiento de Zaragoza recaudó el año pasado 14,1 millones de euros correspondientes a multas de tráfico. Se trata de una de las cifras más altas de los últimos años, por encima de las previsiones iniciales que hizo la consejería de Hacienda, que estimó que se ingresarían alrededor de 12 millones, por lo que las arcas han recibido un 17% más de lo esperado. El presupuesto para este 2026, aprobado la semana pasada tras un acuerdo de última hora entre Natalia Chueca y Vox, prevé recaudar otros 12 millones”. Queda claro que tales previsiones indican que los conductores se han convertido en los “pagafantas” de un equipo municipal derrochador e inmisericorde que confía en que aumenten los malos conductores a mayor gloria de una alcaldesa del PP que, de niña, se acercaba los domingos y fiestas de guardar con sus padres a tomar el aperitivo  a‘Casa Agustín’. No voy a poner en discusión el hecho de que los ayuntamientos españoles tengan la potestad de imponer multas administrativas a los ciudadanos por infracciones de las ordenanzas municipales por diferentes razones: falta de convivencia, destrozos en espacios públicos, ruido excesivo, más mesas en terrazas de bares que las declaradas, falta de recogida de excrementos de mascotas, botellones, grafitis, publicidad no autorizada, obras sin licencia, invasión de espacios públicos, etcétera. Pero de eso no se dice nada en este Ayuntamiento.  Las previsiones del grueso de las multas, curiosamente, solo van enfocadas al tráfico rodado o, como digo, a los “pagafantas”. Pero lo más curioso es que la alcaldesa Chueca se ha automultado por no llevar puesto el cinturón de seguridad mientras grababa un vídeo de autopromoción y a raíz de una moción del PSOE que pedía reprobar a la regidora por este hecho. Y en un  arranque de valor, Chueca  sorprendió a los presentes con una revolera al mostrar públicamente en una sesión ordinaria municipal la papeleta de multa autoimpuesta,  señalando a los ediles de la Oposición que ya había pagado 100 euros como pronto pago por una multa de 200. Fue, sin exagerar, como la hazaña de Guzmán el Bueno en el sitio de Tarifa, asediada en 1294  por los benimerines que habían amenazado con matar a su hijo secuestrado si éste no rendía la plaza. Guzmán (nombrado alcalde a dedo por Sancho IV de Castilla) lanzó su propia daga desde la muralla y el niño fue ejecutado, pero la plaza resistió (sin la ayuda de Vox). Natalia Chueca, como digo, enseñó a los “ediles rojos”,  esos infames benimerines sanchistas que tanto la critican,  la papeleta de multa que se autoimpuso en un arresto de intrepidez solo comparable a la del alcalde Guzmán;  y que, seguramente, figurará en los Anales de la Corona de Aragón como muestra inequívoca de ese sacrificio que le honra, y por el que la Inmortal Ciudad  le está eternamente agradecida.

 

viernes, 27 de febrero de 2026

¡Qué preocupación!

Alquilar un piso de 22 metros en Barcelona cuesta de media 1.450 euros al  mes, según la OCU

 

 La prensa de la derecha se está poniendo cargante con la insistencia de que el rey Juan Carlos I debe volver a España. ¿Alguien se lo impide? Según señala Marhuenda en La Razón, “es necesario que regrese a España. Este país tiene una deuda con él y sería una catástrofe que pasara el resto de su vida lejos del país que tanto ha querido. Nació en el exilio y no puede seguir en él”. Precisemos: uno nace donde viven sus padres. Y el 5 de enero de 1938 ellos se encontraban en Roma. Su padre, Juan de Borbón, estaba en el exilio tras la marcha exprés de su padre, Alfonso XIII, en 1931. Y su padre, heredero de los derechos dinásticos, no pudo regresar a España mientras estuviese Franco en el poder. Parece evidente que no podían convivir dos gallos en el mismo gallinero. Cosa distinta es que “los españoles tengamos una deuda -como entiende Marhuenda- con el rey emérito”. ¿Qué le debemos? Yo, nada. Ese periodista recuerda al lector que el rey emérito renunció a los poderes que le otorgaba el ordenamiento jurídico del franquismo. Sí, sí, claro. De no haberlo hecho, habría  tenido que tomar la carretera de Cartagena, como hizo su abuelo el día que huyó cobardemente como un galgo con el rabo entre las piernas. A mi entender, el rey emérito perdió su dignidad como persona cuando, al ser elegido sucesor a título de rey por el dictador, se vio obligado a tener que jurar las Leyes Fundamentales y los Principios del Movimiento. Y puede que hasta se hubiese arrancado por bulerías o hubiese bailado una muñeira si el dictador se lo hubiese solicitado. Con aquel indigno juramento, el entonces príncipe de España saltó a la torera por encima de los lomos de su padre, rompiendo la cadena de sucesión al trono. Repito, Juan Carlos I puede residir en España si le viene en gana; pero, como bien le recuerda la Casa Real, es necesario que recupere su residencia fiscal, porque todos los españoles pagamos impuestos en España. ¡Que dónde podría vivir? Hombre, no creo que ese señor tenga problemas para alquilar un piso pese a la escasez de oferta. Me han contado que en Entrevías debe quedar alguno disponible, aunque necesita reformas. ¡Qué preocupación!