sábado, 3 de octubre de 2026

Con pesada mochila

 

 

Diario de León concede una entrevista a Julio Llamazares (Vegamián, León, 1955)  por haber logrado el “Premio Nacional de Narrativa 2026” con su novela “El viaje de mi padre”, donde a lo largo de sus  páginas describe el recorrido que hizo su progenitor como soldado durante la Guerra Civil. Es autor entre otras novelas de “El entierro de Genarín” (1981, Alfaguara), gran protagonista de la procesión pagana más famosa de España, en torno a Genaro Blanco Cordero, criado en el hospicio y más tarde comerciante ambulante de pieles de conejo, que a pesar de haber estado casado y tener cinco hijos, tras enviudar y perder su empleo se volcó en la vida crapulosa de León de los años 20. Frecuentaba las tabernas del Barrio Húmedo y las casas de lenocinio, ganándose la simpatía de la gente por su carácter extrovertido, su afición por el orujo y su ingenio para contar chascarrillos. Tuvo la desgracia de que en la madrugada del Viernes Santo de 1929, mientras realizaba sus necesidades fisiológicas junto a la base del tercer cubo de la muralla de León (en la calle de Los Cubos), fue atropellado por el primer camión de la basura mecánico de la ciudad, un vehículo apodado popularmente como ‘La Bonifacia’. Falleció en el acto a los 68 años. Al año siguiente, un grupo de cuatro eruditos amigos de la bohemia leonesa (bautizados más tarde como los "cuatro evangelistas": Francisco Pérez Herrero, Luis Rico, Nicolás Pérez Porreto y Eulogio el de las gafas decidieron conmemorar el triste suceso. Salieron la noche de Jueves Santo a recorrer las tabernas que él frecuentaba, recitando versos satíricos y brindando con orujo en su honor. La devoción popular comenzó a crecer y a atribuirle ‘cinco milagros’, entre ellos la redención de La Moncha, prostituta que abandonó su oficio; la curación de un enfermo de piedras en el riñón; y un gol histórico de la Cultural Leonesa tras invocar su nombre. La “Cofradía de Nuestro Padre Genarín”  procesiona cada noche de Jueves Santo por las calles de León entre gran fervorín popular tres célebres pasos: ‘Genarín’, ‘la Muerte’ y ‘la Moncha’. El acto central consiste en que el "Hermano Colgador"  trepa la muralla para dejar en lo alto una ofrenda de queso, pan, una naranja y una botella de orujo, mientras la multitud recita sus versos populares. La procesión, pese a no estar considerada todavía como de ‘Interés Turístico en Babia y Villablino', ni falta que le hace, cuenta con un gran número de devotos. Algunos, como decía, hasta recitan versos satíricos que nada tienen que envidiar a las engoladas saetas andaluzas, con más angostura posturera y ayes exageradamente teatreros. Los versos satíricos dedicados a Genarín, en cambio, forman parte de un ardor popular donde hierve la melancolía como si fuese la luz de neón color chicle de un misterioso cabaré de barrio chino. Pues bien, por terminar, en el libro ahora  premiado de Llamazares, “El viaje de mi padre” (Alfaguara, 2025) se describen los avatares de su padre, Nemesio Alonso Díez, cuando con 18 años fue enviado a los frentes de Aragón y Levante durante la Guerra Civil, portando sobre sus hombros una de aquellas pesadas radios italianas que servían de intercomunicación entre las tropas sublevadas que le habían llamado a filas en La Mata de Bérbula, también conocido como ‘La Matica’, aldea situada en la cuenca del río Curueño, donde ejercía de maestro nacional sin meterse con nadie.

 

miércoles, 30 de septiembre de 2026

Las ruinas de un palacio

 

 

¿De qué sirve que un palacio señorial fuese declarado Bien de Interés Cultural en 1991, si sus vecinos observan cada día que pasa cómo se va derrumbando como un castillo de naipes ante la desidia de la Junta de Castilla y León? Pues eso es lo que está sucediendo en Almazán, provincia de Soria, con el Palacio de los Hurtado de Mendoza, también conocido como Palacio de los Condes de Altamira. Fue construido por mandato de Pedro González de Mendoza y Luna, señor de Almazán, primer conde de Monteagudo y guarda mayor de Enrique IV. Entre los restos que permanecen visibles aparecen fragmentos de columnas, arcos y piezas de cantería labrada que durante siglos formaron parte de su estructura, junto a otros elementos arquitectónicos que ahora han quedado expuestos o separados en pedazos. Su construcción es de finales del siglo XV y de estilo gótico. Allí se alojaron los Reyes Católicos en 1496. También allí estableció su corte como casa independiente el malogrado príncipe Juan. Tras la pérdida de su rol nobiliario directo, el edificio cumplió funciones muy variadas, tales como casino municipal o sede del servicio de telégrafos. A día de hoy va a resultar casi imposible la restauración de la parte dañada. Aunque dé pena decirlo, lo mejor sería derrumbarlo y en su solar construir viviendas sociales o un mirador al río Duero. Como dijo Rafael Guerra “Guerrita”: “Lo que no puede ser no puede ser, y además es imposible”, según contó el sevillano Giraldillo (seudónimo de Manuel Sánchez del Arco) crítico taurino del diario ABC. Todo tiende a la estratificación, a veces por mor de la incuria.

 

martes, 29 de septiembre de 2026

Traición o lealtad


 

Me alegra que se estén reconstruyendo tramos de la anciana muralla de Zamora, que a partir de 1868 perdió su condición de muralla defensiva de la ciudad y cuya construcción se inició en el año 893 durante el reinado de Alfonso III de Asturias. Con ese rey se inició, como digo, la repoblación del valle del Duero con gente procedente de León, con mozárabes de Toledo y foramontanos que desde Unquera y Santander partieron hacia Astorga y Toro, respectivamente, como bien señaló Víctor de la Serna en su libro “Nuevo viaje de España. La ruta de los foramontanos” (Ed. Prensa Española.- 1959).  De entonces a acá los avatares se sucedieron de forma casi ininterrumpida. Se sabe, por ejemplo, que en el año 980 las tropas de Almanzor lograron entrar Zamora invadiendo la ciudad hasta el año 1002 tras la batalla de Calatañazor (Soria), donde ‘Almanzor perdió el tambor’, según dejó plasmado el cronista Lucas de Tuy.  En esa histórica muralla todavía se encuentra la ‘Puerta de la traición’, que el Ayuntamiento de Zamora denomina ahora como el ‘Portillo de la Lealtad’. En 1072 Sancho II de Castilla sitió la ciudad para arrebatársela a su hermana Urraca. Mientras permanecía su ejército en la campa extramuros Bellido Dolfos pilló desprevenido al rey (mientras éste exoneraba el vientre) y le apuñaló con su propia daga. En su rápida huida fue perseguido por el Cid Campeador, provisto de lanza. Pero el regicida (ya no sé si traidor o leal) logró escabullirse como un galgo y penetrar por aquel portillo ileso. Al no poder alcanzar el Cid con su caballo a Dolfos por la falta de velocidad al ir sin espuelas, le arrojó su lanza alcanzando solo al caballo y fue cuando dicen que pronunció con rabia la famosa maldición: “¡Malhaya sea el caballero que sin espuelas cabalga!”. Sobre aquel episodio se construyó el anónimo “Romance del rey don Sancho”: “Guarte, guarte, rey don Sancho/ no digas que no te aviso/ que de dentro de Zamora/ un alevoso ha salido: / Llámase Bellido Dolfos/ hijo de Dolfos Bellido…”. Aclaro que “guarte” es una voz en desuso que funciona como interjección para avisar a alguien que se aparte de un peligro.Es una contracción popular de la expresión "guárdate". Paradójicamente Bellido Dolfos pasó de ser un traidor a ser un héroe, de pacotilla, pero un héroe. En 2009 hasta hubo una propuesta para que el Ayuntamiento de León denominase a una de sus calles como "Héroe Bellido Dolfos". No sé si prosperó aquella iniciativa. Ya lo dijo Ramón de Campoamor en "Las dos linternas" (1846): "En este mundo traidor, nada es verdad o mentira: todo es según el color del cristal con qué se mira".

 

 

lunes, 28 de septiembre de 2026

Que lo compre quien lo entienda

 

 

Ahora resulta que como los seminarios están más vacíos que un pub de tardeo en  Illán de Vacas, provincia de Toledo, que cuenta con tres personas censadas, la falta de curas se intenta suplir en las diócesis con diáconos permanentes que, excepto misas, pueden servir a la Iglesia católica a través de la palabra, algunos sacramentos y la caridad. Puede ser conferido tanto a hombres célibes como casados. En el caso de que quiénes reciben la ordenación sean solteros, implica el compromiso de vivir el celibato de manera permanente. Entre las condiciones necesarias, deben ser varones con vocación y con las cualidades humanas y espirituales necesarias para recibir el tercer grado del Orden sacerdotal. Entre los requisitos, se exige una edad mínima de 25 años para los candidatos célibes. En el caso de los hombres casados, la edad mínima debe ser de 35 años, con al menos cinco años de matrimonio y contando con el consentimiento y apoyo de su mujer, que hayan ejercido o estén ejerciendo una profesión civil retribuida (para que el obispado se ahorre costes) y que tengan una edad máxima situada alrededor de los 60 años. Los otros grados jerárquicos son el de presbiteriado (sacerdotes, con poder de consagración y el perdón de los pecados) y el episcopado (obispos, que dirigen una diócesis y con poder bastante para ordenar sacerdotes). Las mujeres, según se desprende, no pueden ser diaconisas. Los defensores de la expansión del diaconado para incluir a las mujeres dicen que hacerlo les proporcionaría una mayor función en el ministerio y la gobernanza de la iglesia, al tiempo que ayudarían a abordar los efectos de la escasez de sacerdotes católicos en distintas partes del mundo, al permitir que las mujeres realicen algunas funciones sacerdotales. Los detractores entienden que ordenar diaconisas sería el comienzo de una pendiente resbaladiza. Conviene recordar que, en 2023, durante una conferencia de prensa, el agustino Robert Prevost (actual papa León XIV) reconoció que su antecesor en el cargo, Francisco I, creó dos comisiones de estudio sobre el diaconado permanente, pero advirtió que convertir a las mujeres en clérigos “no necesariamente resolvería un problema de la falta de sacerdotes, sino que podría crear uno nuevo”, pero no dice por qué. Resulta chocante que las mujeres puedan ser consideradas doctoras de la Iglesia (caso de Teresa de Ávila, Teresa de Lisieux, Catalina de Siena o Hildegarda de Bingen) sin que nunca hubiesen podido tener acceso al sacramento del Orden sacerdotal (canon 1024) reservado solo para hombres, algo que parece chocante en una Iglesia católica donde se da culto de hiperdulía a María, debido a su maternidad divina. Si alguien lo entiende, le agradeceré que me lo explique.

 

domingo, 27 de septiembre de 2026

Por romper el silencio mudo

 

 

La Junta de Castilla y León destina cada año una determinada cantidad de dinero para sostenimiento del único bar existente en muchas aldeas de ese extenso y poco poblado territorio. No cabe duda de que para muchos pueblos pequeños el bar constituye el único centro de reunión, donde unos y otros pueden contarse sus cuitas. Es, por decirlo de alguna manera, el cuarto de estar común o el living-comedor donde se pueden echar partidas de cartas o tomar un café expreso decente para hacer más llevadera una soledad senil y fosilizada que, de otro modo, resultaría casi insoportable. Un conocido andaluz me contaba que “existen tres clases de cafés: el café, el café-café y el café por la gloria de mi madre”. Las aldeas envejecen lentamente, la carencia de servicios esenciales es manifiesta y, salvo los centros de recreo, en este caso los bares o los viejos teleclubes, son los únicos lugares de encuentro, además de la parroquia, si es que llega el cura, las esperas callejeras a la furgoneta de reparto de pan, o la sala de espera los días que señalados para la consulta médica, si es que llega el médico. Leo en el diario que dirige Joaquín Sánchez Torné con maestría que “León es la provincia de esa comunidad que más ayudas ha recibido de la Junta para los bares y centros de ocio. En concreto, la provincia suma 232 ayudas, por un importe total de 696.000 euros. De esta cantidad, 117.000 han sido para núcleos principales, mientras que los 579.000 restantes han recaído en pedanías, según datos en los que se detalla que son 102 municipios los beneficiados con esta iniciativa”. En todos los casos, con esas ayudas se pretende garantizar la continuidad de esos lugares de encuentro sin interferir en la libre competencia. Como sostiene Miguel Ángel González Gago, consejero de Presidencia de la Junta, “en una aldea sin bar la vida se hace muy difícil. Son espacios comunes en los que se conversa, se mantienen relaciones sociales y se comparte buena parte de la vida cotidiana, pero también donde tienen lugar actividades culturales, celebraciones y otras iniciativas que contribuyen a mantener vivos los pueblos”. Por desgracia, existen aldeas donde ya no quedan escuelas ni niños ni gorriones ni luz al final del túnel, y en las tortuosas callejuelas silentes solo se percibe el ladrido de los perros y el silbante sonido del viento que corta como un templado cuchillo de Albacete. Como le contestó Manolete a su mozo de espadas, Guillermo González Luque (que hasta el último día de su vida vistió luto por él) una mañana recién regresados de América, cuando éste le preguntó al maestro sobre por qué estaba tan callado, y Manolete le respondió con un lacónico: “Mejor se está sin decir ná”. Ese es el verdadero silencio mudo que carece de alma y encierra con siete llaves en sus adentros la melancolía, distinto al 'sonío negro', sobre el que decía el jerezano Manuel Torre que 'tenía duende' y que con sus seguriyas "hería" el aire en la tasca trianera donde cantaba.