
Estos días se ha
escrito mucho en la prensa sobre la ausencia de Pedro Sánchez en los actos de la Pascua Militar. El motivo es que estaba en París asistiendo a la
cumbre de la Coalición de Voluntarios por
Ucrania convocada por Emmanuel
Macron. La representación del Gobierno a los actos celebrados en el Palacio
Real estuvo encarnada en la persona de Margarita Robles, ministra de
Defensa. El “plantón” a Felipe VI de Sánchez, al
que hace referencia la prensa, no fue tal. La razón de esa ausencia estuvo justificada
por el hecho de carecer el presidente del Gobierno del don de la ubicuidad. Nunca supe muy
bien qué era eso de la Pascua Militar
y tuve que informarme sobre su origen. Con el Tratado de Utrecht (1713) quedó Menorca en manos de los ingleses y 65
años más tarde de esa cesión, Carlos III
firmó con Francia la ampliación del Tercer
Pacto de Familia con el Tratado de Aranjuez, donde España se
comprometía a ayudar los franceses en la Guerra de la Independencia
de Estados Unidos, apoyando a las tropas francesas y secesionistas. En
contrapartida, los franceses ayudarían a España con la ‘reconquista’ de Gibraltar y Menorca.
Y lo cierto es que cumplieron su promesa, aunque los resultados no fueron los
esperados. España, finalmente, consiguió recuperar la isla de Menorca pero no el
Peñón de Gibraltar. Pese a ese revés,
Carlos III instauró la Pascua Militar
en el 6 de
enero 1782, fecha en
la se liberó la isla de la ocupación británica. Unos antecedentes que se
remontan a 1704 con la Guerra de Sucesión y el establecimiento de la dinastía borbónica
en el trono español que inició un período de declive político y económico
considerable. La Pascual Militar, hoy, cuando tres tipos duros se reparten el mundo
a su antojo, no ayuda. Carece de sentido en España llorar por la leche derramada o por lo que pudo haber sido y no fue. No queda tiempo para hacer fastos por
lo que recuperamos ni sirve para nada lamentarnos por lo que perdimos. El que quiera distraerse que se meta en un karaoke, que saque del armario la caja de zapatos con los soldaditos de plomo, o que vaya a su cine de barrio a ver "Lo que el viento se llevó". Lo que sea, menos
hacer el chorras.