
La viñeta de Eneko de las
Heras difundida en varios diarios plasma de la mejor manera los sucesos
ferroviarios. Eneko ha sabido decir con una imagen, la de “El Grito” de Edvard Munch
lo que no se acierta a señalar con mil
palabras, la desesperación humana ante la última catástrofe ferroviaria
acontecida en España. “¡Papá, ven en tren!”, aquel eslogan de 1973 ya no sirve.
Feijóo acusa al ministro de
Transportes de echar la culpa al controlador de Atocha. Pronto se le ha
olvidado lo que dijo tras el accidente del ‘Alvia’
en Anglois en 2013, siendo Rajoy presidente
del Gobierno y él presidente de Galicia: “Ha sido un fallo humano”, sabiendo
que vetó en varias ocasiones la creación de una comisión de investigación en la
Xunta de Galicia y del PP en el Congreso de los Diputados; o con el drama de
Valencia por las inundaciones, cuando Feijóo tapó la negligencia irresponsable
de Mazón culpando del desastre a la
Confederación Hidrográfica del Júcar y a AEMET. Miedo me da que ese chisgarabís
de bolera pueda alzarse con el santo y la peana con la ayuda de Vox en las
próximas elecciones el próximo 29 de noviembre. Pero uno ya no sabe por dónde le
sopla el aire después de conocer que en la subasta de los 689 objetos
procedentes del Pazo de Meirás se han pagado 19.000 euros por un maletín marrón
de Franco y otros 8.000 por una
fotografía dedicada al dictador por el entonces Príncipe de España y que en su día ocupó la portada de un ejemplar
de la revista Cambio 16. Ya no sé si
el Gobierno pensaba que tanto el tren de alta velocidad como las vías por las
que se desplaza no necesitaban gastar mucho dinero en su mantenimiento por la
juventud de su trazado, o estaban a otra cosa, sin que sepamos muy bien qué es
otra cosa. Como bien señala Pablo
Batalla en el diario Público,
algo parecido debieron pensar los fabricantes del ‘Titanic’, cuando dice: “Las normas que fijaban cuántos botes
salvavidas debía llevar un barco databan de 1894 y se calculaban según el
tonelaje, con un tope pensado para buques de algo más de diez mil toneladas. El
‘Titanic’ superaba las 46 000 y llevaba veinte botes —más de los
exigidos—, con plazas para menos de 1200 personas de las más de 2200 que iban a
bordo. Pero la ley la cumplía. El problema era que la ley era de otra época;
que legislaba sobre barcos que nunca se imaginó que pudieran ser tan grandes”. Con
los trenes pasó algo parecido. Acostumbrados, como estábamos en España, a
convoyes cochambrosos, el salto a la alta velocidad nos vino grande. Y del ‘Shanghái’ (rápido Barcelona-Galicia, que duraba 36 horas) pasamos al ‘Ave’
que volaba más alto y en poco tiempo ha pasado de ser orgullo nacional a fuente
de ansiedad. Según datos de Adif,
en la línea de AVE Madrid-Sevilla se produjeron quince rebases de señal con riesgo de colisión desde 2023. En el tramo de Urda, ha habido nueve
fallos desde esa fecha, cuatro de ellos en 2026, y algunos de ellos producidos
por robos de cable. Lo cierto es que en Urda se produjo un ‘fallo en cascada’
de tres sistemas de seguridad de la línea (LZB, ERTMS -en pruebas- y ASFA) por
causas desconocidas. Por eso, ante la inseguridad, la viñeta de Ereko de las
Heras vale más que mil palabras. Antes de terminar, bueno será refrescar la memoria. El pasado 26/02/26 el Congreso de los Diputados no pudo dar luz verde a la medida que promovió el Ministerio de Consumo para topar los precios de bienes y servicios en situaciones de emergencia por estar en contra PP, Vox y Junts. Tal es así que todas las compañías de aviación han subido los precios de sus billetes de forma exagerada tras la catástrofe ferroviaria de Urda excepto Iberia, que los ha topado. ¿Cabe mayor desvergüenza?


