
Me entero de que
ha muerto Ceferino Fernández, al que todos conocían como Ferino, el último campanero que
tocó el “tente nube” (o tentenublo) en
Villavante. Tenía 77 años. Dicen que tañía
con mucha
destreza, siempre de espaldas a la campana de la iglesia. Dominaba todos los
toques, también el de “niño muerto”. Sus restos mortales se encuentran depositados
en el tanatorio de Veguellina de Órbigo y hoy, domingo, recibirán sepultura en
Celadilla del Páramo, perteneciente al ayuntamiento de Villadangos del Páramo, punto
destacado en el Camino de Santiago
francés. Ese pueblo de 1268 habitantes fue escenario de un enfrentamiento armado entre
gallegos partidarios de Urraca y
aragoneses partidarios de su exmarido Alfonso
I El Batallador, que se disputaban la posesión del príncipe Alfonso, hijo de Urraca y futuro Alfonso VII. La contienda tuvo lugar en
el actual barrio de la Estación, en
septiembre de 1111, en el lugar conocido como La Matanza". El monte de Villadangos fue escenario de muchos fusilamientos
entre septiembre y noviembre de 1936. Se estima en unos 85 el número de republicanos
asesinados, la mayor parte de ellos procedente del campo de concentración
franquista de ‘San Marcos’, hoy Parador Nacional de León, de los que al
menos 71 terminaron arrojados a una fosa común del cementerio de ese pueblo y
otros 13 fueron enterrados en una fosa
común en Fojedo del Páramo, también pedanía de Villadangos. Pues, como decía, Ceferino,
Ferino para los amigos, fue un personaje pintoresco al que se recordará siempre.
El toque de ‘tente nube’ consiste en
un repique de campanas para disipar
tormentas, ahuyentar el granizo y proteger las cosechas. Era un conjuro popular para
asustar a "Reñubero",
espíritu maligno y siempre enfadado. En Babia y Laciana lo describen como “un ser pequeño” y en Rosales dicen que “entre las figuras estrepitosas que forman
las nubes, aparecen algunas con forma humana”. Todo ello forma parte de la
superstición popular, que siempre teme
aquello que desconoce. Y el “tente nube”
también se pudo escuchar en aldeas de las dos Castillas, Aragón y Navarra entre
mayo y septiembre, hasta bien entrados los años 70 del pasado siglo. En algunos
lugares, el párroco, revestido de alba y capa pluvial, acompañado del
sacristán, salía al pórtico de la iglesia con la cruz procesional y en el libro
de conjuros leía unas plegarias pidiendo que el pedrisco no estropeara las
cosechas. Los gorigoris y rociadas de hisopo terminaban casi siempre en mitad de la
función, cuando un tremendo trueno y el consiguiente aparato eléctrico cortaba
el aliento a los presentes y éstos decidían poner pies en Polvorosa atenazados
por un miedo insuperable. Ya saben aquello de ‘fíate de la Virgen, y no corras…”, donde se combina irreverencia
con pragmatismo a partes iguales. La más popular y extendida explicación
de esa expresión se sitúa durante la Primera Guerra Carlista, cuando Carlos
María Isidro de Borbón, aspirante al trono de España, nombró a la Virgen de los Dolores generalísima de sus ejércitos en un acto de
fervor religioso. Sin embargo, poco después de ese nombramiento, los carlistas tuvieron que huir en la batalla
de Mendigorría ante la supremacía táctica las tropas liberales. Por cierto, según informó en su día Diario de Burgos, el 'Libro de los Conjuros', de Pedro Ximénez, forma parte los bienes muebles del ‘Conjuradero’ de la localidad de Villegas. Era utilizado, como ya dije antes, por los sacerdotes para proteger los campos de cultivo frente a las amenazas de las tormentas, granizadas o las plagas de langosta. Se trata de un libro impreso en latín sobre papel verjurado y encuadernado con un fragmento de pergamino procedente de una hoja de cantoral.
La portada tipográfica del libro, en lengua castellana, consta además
del título y apellido del autor, la temática del contenido 'contra todas
tempestades De Truenos, Granizos, Rayos, y contra las Langostas.…' y como dato curioso indica donde se podía adquirir el impreso. "Se hallará en Burgos en la Librería de Felipe Zuazo, Plazuela del
Arzobispo". Sin embargo, a diferencia de otros ejemplares conocidos, no consta reseña del impresor o editor, bien con escudo o marca tipográfica
presentes en otras ediciones que aportan la información del origen del
impreso así como el año exacto de producción. El estado de conservación
que presentaba indicaba su uso, que muchas manos lo habían tocado
dejando sus huellas dactilares en las hojas y para leerlo, en ocasiones,
debieron ayudarse de velas, cuyas pequeñas gotas derramadas sobre el
papel, aún permanecían en estado sólido y oxidado. El 3 de agosto de 2021, el entonces director general de Patrimonio Cultural, Gumersindo Bueno, se desplazó hasta Villegas para hacer entrega a su alcalde, José Antonio
Ramos Corrajo (del PP) de un ejemplar en estuche del 'Libro de los Conjuros' del
siglo XVIII, cuya restauración se llevó a cabo por el Centro de
Conservación y Restauración de Bienes Culturales de la Consejería de
Cultura y Turismo de la Junta de Castilla y León.