jueves, 30 de abril de 2026

Mirando por el caleidoscopio

Se ha extendido como la peste": cómo el caleidoscopio produjo las mismas  reacciones anti-tecnología que los smartphones

 

Las parroquias de los pueblos son los mejores archivos de consulta. También los ayuntamientos.  De hecho, Pascual Madoz se aprovechó de la información que le fue proporcionada  por  alcaldes y párrocos de todas las ciudades, pueblos y villorrios  para confeccionar los 17 volúmenes de su“Diccionario geográfico-estadístico-histórico de España y sus posesiones de Ultramar”, realizado entre los años 1845 y 1850, tras 15 años de esfuerzo y 11.600 páginas escritas, que mejoró mucho el anterior Diccionario geográfico-estadístico de España y Portugal “, de Sebastián Miñao. (Madrid: Pierart-Peralta, 1826-1828, 11 vols.) Miñao, como digo, con anterioridad había ejercido de ayo del nieto de Felipe V, el infante Luis María de Borbón y Vallabriga (hijo del infante Luis Antonio de Borbón y Farnesio, hermano de Carlos III y de María Teresa de Vallabriga y Rozas, dama de la baja nobleza aragonesa),  que llegó a ejercer de arzobispo de Sevilla y de Toledo y más tarde al cardenalato. Fue nombrado en 1814 presidente de la Junta Central de la Regencia (Guerra de la Independencia). De ese ilustre personaje existe un óleo sobre lienzo en el Museo del Prado pintado en 1802 por Francisco de Goya. Una de sus hermanas, Maria Teresa, condesa de Chinchón, fue la primera esposa de Manuel Godoy y también fue plasmada en un lienzo por el mismo autor dos años antes. Otra de las obras de Miñao, “Lamentos políticos de un pobrecito holgazán” (Madrid. Imprenta que fue de García. Librería de Paz, 1820)  llegó a vender 60.000 ejemplares y está considerada como una de las obras más influyentes del anticlericalismo español de la primera mitad del siglo XIX. Pero lo que sí parece cierto es que las cifras de población ofrecidas por el ‘Diccionario’ de Madoz están basadas en el censo de la matrícula catastral de 1842, casi todas inexactas y con tendencia a la baja. Por aquellos años parece ser que los ayuntamientos ocultaban riqueza y población para esquivar impuestos y disminuir el reclutamiento militar obligatorio.  En España siempre anidó la picaresca en todos los órdenes desde tiempos de Maricastaña (o María Castiñeira, confesa de haber hecho muchas injurias a la Iglesia de Lugo, y haber matado a Francisco Fernández, mayordomo del obispo, nacida en Cereza, aldea del municipio de Puebla de Brollón, en el del siglo XIV y de la que se sabe en realidad muy poco, más allá de lo que se recoge en un documento del Archivo Episcopal lucense). Puede imaginarse el lector los entresijos y embrollos que supuso, pongamos por ejemplo el fogaje de 1495, en su deseo de recaudar fondos para la guerra por parte de Fernando II de Aragón “en un momento económico complicado con las cosechas agostadas por la langosta y Zaragoza diezmada por la peste”, según refiere Antonio Serrano Montalvo en sus dos tomos de aquellas sobrecullidas. (“La población de Aragón según el fogaje de 1495”. Antonio Serrano Montalvo. Institución ‘Fernando el Católico’, ed., e Instituto Aragonés de Estadística. La Editorial y Gráficas Navarro, Zaragoza, 1995). Donde nunca no hubo mucho, poco se pudo rascar.

 

martes, 28 de abril de 2026

La visita de digestión

Historia de los banquetes y de las «buenas maneras» – Blog oficial del  Museo Lázaro Galdiano

 

Tengo en casa un librito  facsímil curioso: “El hombre fino”, en su tercera edición, traducido del francés al castellano por Mariano de Rementería y Fica, publicado en Madrid (imprenta del Colegio de sordo-mudos), en 1837. En el capítulo XXII, referido a la comida, se hace referencia al dueño de la casa, cómo debe ser su comportamiento cuando tiene invitados y ejerce de anfitrión,  y cuáles son las obligaciones de los invitados una vez transcurrido el banquete. Me choca algo que Rementería mantiene y que yo desconocía. Según afirma en ese convenio protocolario  sobre las reglas del trato fino y del buen tono donde existen leyes no escritas, también se hace referencia, como digo, a la obligación del convidado con respecto al anfitrión, la  de volver a la casa en la que fue bien atendido ocho días más tarde en señal de gratitud. Es lo que se llama la “visita de digestión” en prueba de que se ha apreciado lo que vale una buena comida: “que las vajillas del que convida estaban bien acondicionadas, sus guisados excelentes y que sus vinos no estaban adulterados, es decir, que la visita se va  a hacer con el objeto de decir que lo pasa uno bien, que ha digerido perfectamente, y que uno está pronto a digerir de nuevo”. Claro, si esa segunda  comilona también resultaba excelente al ahora auto-invitado, ocho días más tarde podía repetirse la ceremonia con otra‘visita de digestión’ para corroborar de nuevo las excelencias de la cocina del anfitrión, con lo que solía entrarse en una espiral de muy difícil manejo. Menos mal que aquellas viejas costumbre de los tiempos de Larra y de la ‘sociedad de buen tono’ se fueron disipando. Quizás, el anfitrión, abrumado con el banquete semanal protocolario al que estaba obligado con respecto del auto-invitado, (digamos oruga, ya transformado en mariposa mediante una metamorfosis completa) se vería forzado a poner la excusa de tener que hacer un largo viaje de negocios en un intento de poder quitarse de encima al desenfrenado tragón sobrevenido al que le solía dar igual echar a la oficina de las tripas ganso que pato, codorniz que zorzal. congrio que  trucha..., ¡y yo qué sé!

 

lunes, 27 de abril de 2026

El error de ir a medias

 

Hay dos cosas que detesto: una, pagar a medias; y dos,  esa moda de los platos para compartir en restaurantes. Lo normal es que cada uno pague lo que consume y que cada comida esté en su correspondiente plato. Con el tiempo uno se da cuenta de que el tipo  más gorrón siempre sale ganando. Otra cosa que detesto es el jeta que echa humo a cuenta de otro justificándose con la coletilla “es que estoy dejando de fumar”. No, lo que esta es dejando de comprar. Por ahí no paso. Que cada uno se pague sus vicios. Y no digamos nada del que te pide que le dejes ‘algo suelto’, que mañana te lo devuelve. Nunca te lo devolverá, de la misma manera que nadie devuelve un libro prestado, y en el raro caso de ser devuelto lo recibes tras muchos requerimientos subrayado o desencuadernado.  Por eso digo que no debe compartirse nada ni ayudar a aquel que no los merece, como cuentan que hacía la Dolores de la copla, tan amiga de hacer favores. No debe confundirse ser solidario con ser gilipollas. Comprendo que no hay cosa que fastidie más a un camarero que tener que separar la cuenta de cada comensal, pero cada día que pasa va siendo parte del guión eso de pagar a escote. Cosa distinta es pagar por rondas pero siempre que se aplique el “equilibrio de Nash”,  donde si todos cooperan, todos ganan, aunque si alguien se aprovecha, ¡qué le vamos a hacer!, también sale ganando. Siempre termina perdiendo el que ‘suelta la gallina’. El que no está dispuesto a correr con los gastos sabe en qué momento debe ir al baño y cuánto tiempo debe permanecer en su interior atrincherado. También existen falsos amigos que se acercan a la puerta de una taberna y solo entran en el caso de que en su interior esté apoyado en la barra un conocido “pagafantas” al que ya te tienen tomado el pulso;  los que se arriman a fiestas sin estar invitados dispuestos a agotar la bandeja de canapés, los que invitas un fin de semana a tu apartamento de Peñíscola y se quedan quince días; los que van a mesa puesta y pretenden ser los anfitriones; los que paran el coche en una carretera secundaria para tomar la fruta de un árbol y aprovechar para llenar un cesto, etcétera. La lista de ‘frescos’ es inagotable. En fin, sobre todo ello recomiendo la lectura del libro, “Tacaños, generosos y gorrones”,  de Pancracio Celdrán Gomariz (La Esfera de los Libros, 2014).

 

sábado, 25 de abril de 2026

La rueda de afilar


AFILADOR Y PARAGÜERO! Su historia, su leyenda. Ya instalado en nuestra  barriada de Fuente Santa, los niños creamos pandas con los de la misma  edad. Hubo varias discusiones y se decidió respetarse

 

El hecho de pretender cambiar el nombre del “Club Deportivo de La Coruña” y oficializarlo como “Deportivo da Coruña” parece que moleta a un  sector de los aficionados y al exalcalde de La Coruña Francisco Vázquez (coruñés de nación), que considera ese proyecto como “un error histórico, una deslealtad hacia las señas de identidad de la institución y una maniobra dictada por intereses políticos”. A mí me da que eso es hablar por no callar. No recuerdo esas polémicas con el cambio de nombre del Girona F.C., (fundado en 1930 en el modernista ‘Café Norat’ de la Rambla de la Libertad, muy cerca del Puente de Piedra);  ni con el cambio de nombre  del “Club Deportivo Español”, fundado en 1900,  por el de “Reial Club Deportiu Espanyol de Barcelona, S.A.D”, adoptado  en febrero de 1995.  Lo del añadido de “real” fue tras una concesión de Alfonso XIII en 1912.  Por cierto, Casa Norat fue diseñada por el arquitecto Joan Roca i Pinet en 1912. La planta baja de ese edificio fue donde estuvo instalado el ‘Café Norat’.  Ese café es el escenario de la novela “La nena del Café Norat”, de Carmina Roura Dalmau, ambientada en la vida en Gerona durante la primera mitad del siglo XX. Pero a aquellos que solo conciben el castellano como manejo del idioma en nuestro país no les recomiendo la compra del libro si solo conocen el castellano, al estar escrito en lengua catalana. Todavía recuerdo cuando durante el franquismo las lenguas cooficiales (catalán, gallego, euskera) fueron prohibidas en actos públicos, rótulos comerciales, prensa y libros, y se obligó a traducir los nombres de lugares o personas al castellano. Por una Orden del Ministerio de Justicia de 18 de mayo de 1938 se prohibían los nombres que no figurasen en el santoral y no estuviesen en español, con la excepción de los extranjeros y los no bautizados, que podrían usar su propio santoral o nombres castellanizados de personajes históricos reconocidos. Se llegó al absurdo, prohibiendo al  Instituto de Estudios Gallegos realizar publicaciones en gallego. Fue necesario esperar hasta el 30 de mayo de 1975,  cuando el Ministerio de Educación y Ciencia publicó el Decreto 1433/1975 que regulaba la incorporación de las lenguas nativas en los programas de los Centros de Educación Preescolar y General Básica. Pues bien, como decía al principio,  Francisco Vázquez, que además de ser socio del club ostenta la insignia de oro y brillantes del “Depor” desde hace algo más de 41 años, se ha dirigido ahora por carta a Juan Carlos Escotet, presidente del club, para expresar su opinión sobre el posible cambio que, según Vázquez, “afectaría no sólo al nombre del club sino al escudo”, e incide en lo que considera que supondría esa variación. En fin, con la que está cayendo, que todas las preocupaciones vengan por ahí. Dando por hecho que Francisco Vázquez, doctor en Derecho, es conocedor de la Ley 3/1983, de 15 de junio sobre normalización lingüística, no acierto a comprender qué pretende. En gallego se expresaban Rosalía de Castro, Álvaro Cunqueiro, Castelao y otros muchos autores que han contribuido a la riqueza cultural de Galicia, también cuna de afiladores, todos ellos provistos de tarazanas y chiflos, que hasta crearon una jerga propia: el barallete. De esa manera de comunicarse  podían mantener largas conversaciones entre ellos sin que nadie los entendiese. En la orensana  Nogueira de Ramuín, en la Ribeira Sacra, todavía pueden encontrarse vecinos que conocen esa jerigonza de afiladores, paragüeros y estañadores que hasta hace poco tiempo también acudían a León, Castilla y Extremadura a segar en los veranos.