martes, 3 de febrero de 2026

Sostiene un tal Fernández

 

Hoy, cuando la Iglesia Católica celebra la festividad de san Blas (sobre el que se cuenta que salvó la vida de un niño que se ahogaba al clavársele en la garganta una espina de besugo del tamaño del sable de Narváez)  Jorge Fernández Díaz sermonea a los lectores de La Razón con la fuerza con la que adoctrinaba el padre Peyton. A propósito de la “regulación masiva de irregulares para barrer España de fascistas y fachas”, el que fue ministro del Interior  con Rajoy sostiene que el interés de Pedro Sánchez no es otro que el colectivo sobrevenido acabe votando a “progresistas benefactores”. Hombre, parece evidente que tal colectivo, en el supuesto de que algún día pueda ejercer su derecho a voto en municipales, autonómicas y generales, no estará por la labor de beneficiar a aquellos que les pusieron palos en la rueda a la hora de intentar vivir en paz y armonía cuando tuvieron que huir de su desgracia sin ahogarse en el intento. Todavía recuerdo aquellos programas de tarde en la Cope  cuando Cristina López Schlichting elogiaba la puerta abierta de Aznar a los sudamericanos que llegaban a miles para trabajar en el ladrillo. Decía aquella locutora que  “los españoles también tuvimos que hacer la maleta para marchar a Europa a ganar el coscurro y fuimos bien acogidos”. Omitía decir que aquellos españoles eran necesarios para realizar los trabajos que los otros europeos no querían  hacer, que muchos tuvieron que malvivir en barracones y que procuraban ser ahorrativos  por poder  mandar dinero a sus parientes españoles, que también necesitaban ese refuerzo como el maná. Fernández teme el “efecto llamada que transmite a las mafias criminales, que hacen su negocio traficando con las necesidades de una población, en especial a la procedente del West Sahel africano”. Esa regularización, que será para aquellos que no tengan antecedentes penales tampoco le convence a Fernández. Dice que, según ha señalado la Policía, supongo que se referirá a la Policía del espionaje durante su mandato, “no son lo mismo antecedentes penales que antecedentes policiales”. Y habla de cifras. Según él, los extranjeros representan el 14% de la población residente, pero de éstos, el 33% de la población reclusa, y se estima (no señala la fuente de sus estimaciones) que cometen el 40% de las violaciones y más del 50% de los asesinatos de mujeres, homicidios y robos. Y hace referencia dos prelados, Sanz, de Oviedo, y Munilla, de Alicante, “que se han pronunciado con sensatez y prudencia cristiana al respecto”, que traducido al román paladino esa “prudencia cristiana” significa que son hipócritas  que destilan xenofobia por  todos los poros de sus respectivos  pellejos. Esos inmigrantes, tan necesarios, suponen un interés económico al añadir riqueza en España, donde existe una población envejecida y baja tasa de natalidad.  Jorge Fernández Díaz, que además de numerario del Opus parece que fuese el nuncio del Vaticano en España y sus posesiones de Ultramar, o sea, el islote de Perejil, entiende que los males patrios se deben a “iniciativas tan progresistas como anticristianas como son  la promoción del aborto y a la falta ideología de género”. Nada que objetar: Roma locuta est, causa finita.

 

lunes, 2 de febrero de 2026

Retratos al minuto

 

Ayer noche, en la “Sexta” de televisión, Iñaki Urdangarín dio a los espectadores, también a su interlocutor, Jordi Évole, toda una lección de elegancia y de saber estar. No solo supo aguantar el tipo con dignidad sino que en ningún momento de la entrevista  tuvo  un reproche hacia la Casa Real ni hacia su exmujer Cristina de Borbón, con la que le une cuatro hijos y muchos años de matrimonio.  Hubo una cara y una cruz de su biografía y a todo ello contestó sereno a tumba abierta. Y hoy mates, al punto de la mañana, leo con interés una entrevista que en el diario ABC  Bruno Pardos Porto le hace a Manuel Longares, galardonado con el “I Premio Sentir Madrid”. Longares, magro de carnes y de mirada penetrante, cuenta entre otras cosas que “la literatura de costumbres ya no funciona”. También afirma que le gustan las bocacalles: “Madrid  es de una belleza traidora porque no te la esperas. Tiene una calle para lucirse y otra para trabajar”. La lectura de esa entrevista me ha alegrado una mañana que ha amanecido gris en el día de la Candelaria. No sé si lloverá. Ahora dicen que llega otra borrasca atlántica, de nombre ‘Leonardo’, que entrará por Portugal.  Sería bueno que el deán catedralicio subiese al campanario del Pilar, como hace en Fresno de la Vega el campanero convertido en un trasunto chamánico del brujo que disipa los espantos, para tocar el ‘tentenublo’ y señalar al despistado aragonés la orientación de su colegio electoral el próximo domingo, tras una campaña aburrida, donde ya se barrunta el triunfo claro de Abascal ahora encarnado en la persona de Azcón. Un trampantojo inaudito con dos espantajos reflejados de cuerpo entero en los espejos deformes del madrileño Callejón del Gato.

 

domingo, 1 de febrero de 2026

Basiliscos, cuélebres y demás ralea

 

Febrero, el mes más corto, comienza con el mártir turco san Trifón, considerado como santo análgiro, o sea que, al contrario de lo que practica mi dentista, no cobraba por sus visitas curativas y en muchos casos milagrosas, como cuentan que sucedía con Cosme y Damián. A san Trifón se le atribuyen poderes para luchar contra las invasiones de roedores y langostas, y hasta cuentan que era capaz de amansar basiliscos, esos animales mitológicos en forma de cuélebre con cresta en forma de mitra cargados con veneno letal, capaces de matar con la mirada y que con su aliento marchitaba la flora del entorno y resquebrajaba las piedras. Según recoge Pierre de Beauvais en su ‘Bestiario’ de 1206, el basilisco nacía a partir de un huevo deforme, puesto por un gallo o una gallina e  incubado por un sapo durante 9 años. En la Edad Media, pasó a ser un gallo con cuatro patas, plumas amarillas, grandes alas espinosas y cabeza y cola de serpiente, que podía terminar en garfio o en otra cabeza de gallo. En otras versiones, el basilisco disponía de ocho patas y escamas en vez de plumas. También se contaba de él que vivía en los desiertos, exhalaba fuego, secaba plantas y envenenaba el agua. Plinio el Viejo afirmó en su libro ‘Naturalis Historia’ que tal animal era oriundo de Cirene y no medía  más de 20 dedos de longitud. También decía que los métodos seguros de matarlo eran con el canto del gallo, que aterrorizaba al basilisco, o con el  olor de la comadreja. Alejandro Neckam aseguraba que si el basilisco se reflejaba en un espejo, quedaba fulminado al instante. Nada tenía que ver aquel extraño animal mitológico con el verdadero basilisco, de color verde, que vive en América del Sur y que es el único lagartos que puede correr sobre el agua gracias a sus pies grandes, dedos extendidos y la capacidad de mover sus patas traseras como aspas de molino a tal velocidad que crea una bolsa de aire que impide que se hunda. El cuélebre, en cambio, es otra variedad de animal legendario en forma de serpiente con alas de murciélago de la mitología asturiana, leonesa (donde también se le conoce como culuebro, culebrón o sierpe) y cántabra. Entre sus funciones está la de vigilar tesoros ocultos. Emite sonidos terribles y se alimenta de seres humanos. Todavía se cuenta que al cuélebre que habitaba una cueva detrás del convento de Santo Domingo, en Oviedo, y que iba devorando uno tras otro a los frailes, logró darle muerte un fraile cocinero dándole a comer un pan relleno de alfileres. El último cuélebre fue avistado  en Felechosa, (Asturias) en 1965. Con ese motivo se llevó a cabo la última batida oficial de la Guardia Civil, esta vez en tono festivo, que terminó con una merendola que un empresario local, Luciano Tejón Muñiz, organizó a las autoridades y para motivar con ello a que los periodistas, con sus reportajes, atrajeran el turismo a esa pedanía de la parroquia del Pino, en el Concejo de Aller.