Hoy, 5 de
febrero, me ha venido a la cabeza Juan
Ramón y “Aguedilla, la pobre loca de
la calle del Sol que me mandaba moras y claveles”. Ha amanecido el día
llorón y triste en Zaragoza y los escaparates de las confiterías
lucen la “tetilla” de santa Águeda para gozo de los golosos.
En Diario de León, que dirige con
acierto el sensible y excelente
periodista Joaquín S. Torné, viene
la foto de un gatito blanco y negro por si alguien se decide a adoptarlo.
Nacieron tres: Arlequín, Trufa y Deysi, y el que aparece en la todo es uno de los hermanos que
perdieron a su madre bajo un coche. Confío en que pronto encuentren una buena casa
de acogida. Por otro lado, me ha sorprendido la noticia de que varios cuadros
de gran valor y de titularidad pública se encuentran ‘depositados’, por decirlo de una forma suave, en el Palacio de Liria. Cuando se extinguió la
Sociedad Española de Amigos del Arte,
a comienzos de los años 80, aquellos cuadros deberían haber pasado a formar
parte de Patrimonio del Estado inmediatamente. No fue así. Entre los miembros
de aquella Sociedad estaba Luis Martínez
de Irujo, primer marido de la duquesa
de Alba, que en vez de cumplir con el deber inexcusable de entregarlos al
Estado, se los guardó en 1973 por el papo esperando que se olvidasen de ellos, y se quedo
tan fresco. Con la dictadura franquista valía todo solo para algunos, por lo
que se desprende. Como muestra, Franco no
tuvo empacho en expoliar y llevar al Pazo de Meirás, su residencia de verano, las esculturas de Abraham e Isaac, atribuidas al maestro Mateo,
procedentes del Pórtico de la Gloria de
la catedral de Santiago de Compostela,
por fortuna devueltas después de que el Tribunal
Supremo decidiese el junio de 2025 esa restitución de esos bienes expoliados. En caso de los cuadros“depositados” en el Palacio de Liria se trata de dos retratos, uno de Alfonso XIII y otro de Eduardo Dato,
obras de José Moreno Carbonero, y de
un oleo de Isabel de Borbón, “La Chata”, de Joaquín Sorolla, pintado en 1908. A mi entender, ya de paso y por
aquello de que el Pisuerga pasa por Valladolid con más caudal, el titular del
Ministerio de Cultura, Ernest Urtasun Domènech,
debería investigar a fondo el destino actual de multitud de obras de arte
robadas y apropiadas vergonzosamente por
los rebeldes durante la Guerra Civil y nunca devueltas a sus legítimos
herederos. Es una tarea pendiente que no admite más demoras. A cada uno lo suyo.
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