domingo, 4 de octubre de 2026

Un castillo de miel y manteca

 

 

El Prieto Picudo no es ese chulo barriobajero que tiene atemorizado a los vecinos del pueblo si no responden como él desea a sus cacicadas. Tampoco se trata de un baratero rijoso que maneja la navaja con acierto a la hora de ‘echar un viaje’ y al que Manuel Bretón de los Herreros le dedicó una composición poética: “Al que me gruña lo mato, / que yo compré la baraja: / ¿está osté?/ Ya desnudé mi navaja: / largue el coscón y el novato  / su parné, / porque yo cobro el barato / en las chapas y el cané”. (Mariano de Rementería y Fica.- ‘Manual del baratero’.-Imprenta de Alberto Goya.- Madrid.- 1849). Pues no. Reconozco estar totalmente equivocado. El Prieto Picudo es una de las principales uvas tintas de los vinos de la D.O. ‘León’ (‘Tierra de León’ hasta 2019) y de la D.O.P. ‘Valles de Benavente’ en la zona noreste de la provincia de Zamora. Prieto se debe lo compacto de sus racimos y picudo por la forma ovalada de esa uva, que remata en pico. Es de características muy similares a la variedad de ‘Tempranillo’ (que en Zamora llaman ‘Tinta’), ambas variedades con mucha acidez y tanino. El “Vitis International Variety Catalogue” la tiene identificada con el número 9694 bajo el nombre 'prieto picudo tinto'. Considera a España como su país de origen y le reconoce cinco sinónimos verificados; entre ellos, dos que despistan: ‘verdejo negro’ y ‘verdejo tinto’. Posiblemente ese vino raspón, tanto el leonés como el zamorano, estuvo presente en las bodegas de las carabelas del primer viaje de Cristóbal Colón con rumbo a las Indias Occidentales. En la segunda mitad del siglo X (según consta en los archivos de la catedral de León), los monjes benedictinos del convento de Santa María y Santiago de Valdevimbre ya compraban tierras de viña e impulsaron la viticultura en esa zona. En esos archivos, como digo, se reconocen tanto al abad  Vellito como al abad Balderedo como verdaderos artífices en la compra y trueque de tierras de cultivo y viñedos. Sobre el segundo de ellos se sabe que compró el día  de Todos los Santos del año 915 una tierra destinada a la viticultura a un personaje de nombre Assur, casado con Speciosa. También figura entre estos antiguos pergaminos de la catedral la venta en favor de don Diego, obispo de León, de los viñedos situados en los pagos de Coreses, Farballes, Benazolve y el monte que se extiende hasta el valle de Fontecha por parte de Urraca, hija de Alfonso VI. También consta que recibió el abad Balderedo numerosos donativos procedentes de miembros de la nobleza de aquellos tiempos, no solo de la monarquía leonesa, destacando la donación hecha por el rey Ordoño II el 18 de enero del 918 sobre Bustillo del Páramo, estableciéndose que “todos los que allí fuesen a poblar quedaran bajo la obediencia del abad y del monasterio y les paguen el correspondiente tributo”. Lo cierto es que en la Catedral de León, tanto en sus archivos como en sus relieves, vidrieras y pinturas, se han encontrado muchas referencias gastronómicas interesantes. De entre todas esas referencias, destaca el que es considerado como primer documento escrito en lengua romance diferente del latín, datado en el s. X. Con él nace el leonés, anterior en el tiempo a las glosas silenses y emilianeses que darían lugar al castellano. La “Nodicia de kesos” fue un inventario que realizó el monje Jimeno, despensero del monasterio de los Santos Justo y Pastor, en Rozuela, para contabilizar el consumo de quesos del templo. El inventario está escrito en el dorso de un pergamino sin fecha que hace referencia a la visita que el rey Ramiro III hizo al cenobio en el año 974.También se hace mención elogiosa al lúpulo para fabricar cerveza; a la manera en la que había de cocerse el pan; y a la ofrenda que la Real Colegiata de San Isidoro debía realizar a la Catedral como reconocimiento a su sometimiento a la sede episcopal de esa diócesis, ya que en siglos pasados hubo un enfrentamiento de poder entre ambos cabildos, que se solucionó con una Concordia firmada entre esas dos instituciones en el año 1159 (en vigor hasta 1596). En virtud de aquel pacto, San Isidoro estaba obligado a ofrecer al cabildo metropolitano cada tarde del 25 de diciembre, tras solemne procesión desde esa basílica hasta la Catedral, un castillo de miel y manteca de grandes dimensiones. Existen dos relieves, uno en el claustro y otro en el Museo, que aluden a aquella tradición.

 

sábado, 3 de octubre de 2026

Con pesada mochila

 

 

Diario de León concede una entrevista a Julio Llamazares (Vegamián, León, 1955)  por haber logrado el “Premio Nacional de Narrativa 2026” con su novela “El viaje de mi padre”, donde a lo largo de sus  páginas describe el recorrido que hizo su progenitor como soldado durante la Guerra Civil. Es autor entre otras novelas de “El entierro de Genarín” (1981, Alfaguara), gran protagonista de la procesión pagana más famosa de España, en torno a Genaro Blanco Cordero, criado en el hospicio y más tarde comerciante ambulante de pieles de conejo, que a pesar de haber estado casado y tener cinco hijos, tras enviudar y perder su empleo se volcó en la vida crapulosa de León de los años 20. Frecuentaba las tabernas del Barrio Húmedo y las casas de lenocinio, ganándose la simpatía de la gente por su carácter extrovertido, su afición por el orujo y su ingenio para contar chascarrillos. Tuvo la desgracia de que en la madrugada del Viernes Santo de 1929, mientras realizaba sus necesidades fisiológicas junto a la base del tercer cubo de la muralla de León (en la calle de Los Cubos), fue atropellado por el primer camión de la basura mecánico de la ciudad, un vehículo apodado popularmente como ‘La Bonifacia’. Falleció en el acto a los 68 años. Al año siguiente, un grupo de cuatro eruditos amigos de la bohemia leonesa (bautizados más tarde como los "cuatro evangelistas": Francisco Pérez Herrero, Luis Rico, Nicolás Pérez Porreto y Eulogio el de las gafas decidieron conmemorar el triste suceso. Salieron la noche de Jueves Santo a recorrer las tabernas que él frecuentaba, recitando versos satíricos y brindando con orujo en su honor. La devoción popular comenzó a crecer y a atribuirle ‘cinco milagros’, entre ellos la redención de La Moncha, prostituta que abandonó su oficio; la curación de un enfermo de piedras en el riñón; y un gol histórico de la Cultural Leonesa tras invocar su nombre. La “Cofradía de Nuestro Padre Genarín”  procesiona cada noche de Jueves Santo por las calles de León entre gran fervorín popular tres célebres pasos: ‘Genarín’, ‘la Muerte’ y ‘la Moncha’. El acto central consiste en que el "Hermano Colgador"  trepa la muralla para dejar en lo alto una ofrenda de queso, pan, una naranja y una botella de orujo, mientras la multitud recita sus versos populares. La procesión, pese a no estar considerada todavía como de ‘Interés Turístico en Babia y Villablino', ni falta que le hace, cuenta con un gran número de devotos. Algunos, como decía, hasta recitan versos satíricos que nada tienen que envidiar a las engoladas saetas andaluzas, con más angostura posturera y ayes exageradamente teatreros. Los versos satíricos dedicados a Genarín, en cambio, forman parte de un ardor popular donde hierve la melancolía como si fuese la luz de neón color chicle de un misterioso cabaré de barrio chino. Pues bien, por terminar, en el libro ahora  premiado de Llamazares, “El viaje de mi padre” (Alfaguara, 2025) se describen los avatares de su padre, Nemesio Alonso Díez, cuando con 18 años fue enviado a los frentes de Aragón y Levante durante la Guerra Civil, portando sobre sus hombros una de aquellas pesadas radios italianas que servían de intercomunicación entre las tropas sublevadas que le habían llamado a filas en La Mata de Bérbula, también conocido como ‘La Matica’, aldea situada en la cuenca del río Curueño, donde ejercía de maestro nacional sin meterse con nadie.