viernes, 20 de octubre de 2017

La ruleta, la bola y el imán





Leo en El Español que el dueño del licor de orujo Hijoputa, el asturiano Rubén Lavandera Morís, ha puesto a la venta la crema catalana Artículo 155. Es también el fabricante de las galletas Dulces orgías , el licor de hierbas Cojonudo, licor de ron escarchado, licor de hierbas escarchado, licor de crema de arroz con leche, licor de sidra, licor de crema, licor de miel, pacharán, licor de café, licor de naranja, licor de crema de chocolate blanco, licor de miel y licor de caramelo. De la misma manera, me consta que los españoles buscan afanosamente el número 00155 de la Lotería de Navidad. Lo mejor será que se lo pidan directamente al dueño de La Buixa d’Or, Xavier Gabriel, de Sort (Lérida), que ya ha afirmado que sus ventas de lotería han crecido el 275% tras salir de Cataluña. La razón social de todos sus negocios se ha ido a  Navarra y su sede fiscal a Madrid. Manuel Jabois, en El País, entiende que “o se hace la revolución, o se hace el ridículo. Cuando esto termine -sea con victoria o derrota, signifique eso ya lo que quiera que signifique-, y lleguen las consecuencias del destrozo, unos se quedarán pagando la factura y otros se irán corriendo a refugiarse en su desconsideración y su fortuna. Gente que está ahí por razones aventureras, para vivir emociones fuertes y jugar con las de los demás; un ay you can eat ideológico con el que sentirse protagonistas de la historia mientras levantan con una mano la bandera y con la otra se llevan la sede de su empresa. Tienen la mitad del dinero en el rojo y la otra mitad en el negro, y cuando vean que la bola va a caer se llevan la ruleta, me dice un empresario en Barcelona, un gallego que lleva poniendo toda la vida la ruleta, la bola y el imán. No va a ser diferente ahora. Nunca han pagado nada y siempre ha sido mejor así; cuando se les ocurre pagar algo es porque piensan cobrar el doble. A quien sea y como sea, en concepto de lo que sea”.

A propósito de los golpes de Estado





Estos días escucho y leo con demasiada frecuencia en los medios que el Gobierno catalán ha dado un golpe de Estado a la democracia. Algunos periodistas lerdos hasta lo comparan con el 23-F. En este sentido, Vicenç Navarro, catedrático de Ciencias Políticas y Políticas Públicas de la  Universidad Pompeu Fabra, ha dejado escrito (Público, octubre 18, 2017) algo que deberíamos considerar: “Una persona, no sospechosa de simpatías secesionistas, como Josep Borrell, que fue presidente del Parlamento Europeo y Ministro en el gobierno PSOE presidido por Felipe González, ha hecho una breve lista de los agravios y ofensas a Catalunya. En 2005, el gobierno de izquierdas del tripartito, liderado por el socialista Pasqual Maragall, propuso un Estatut que redefiniera la relación del gobierno de la Generalitat con el Estado español, proponiendo, entre otros elementos, el reconocimiento de Cataluña como una nación dentro de un Estado plurinacional. Tal Estatut fue aprobado por el Parlament de Catalunya, más tarde (modificado) aprobado por las Cortes Españolas, y por último, aprobado por el pueblo catalán en un referéndum. Ahora bien, todo este proceso acumulativo de decisiones tomadas por distintas soberanías fue completamente ignorado. Borrell señala que elementos importantes de tal Estatut fueron vetados por el Tribunal Constitucional, controlado por el PP, en un hecho que el catedrático Javier Pérez Royo ha definido como un golpe de Estado, saltándose todo tipo de soberanías debido a intereses partidistas. Y para mayor ofensa, se eliminaron elementos, como señala también Borrell, que ya habían sido aprobados en otras Comunidades Autonómicas, como es Andalucía”. Este es un país donde el artículo 155 que ahora se desea aplicar en Cataluña forma parte de la Constitución Española aprobada en 1978 por los ciudadanos, donde también se incluyó la Monarquía Parlamentaria como forma de Estado sin haberse hecho una consulta previa sobre la forma de Estado que deseaban los españoles. Se “incrustó” la Monarquía en el texto general como un trozo de salami dentro del bocadillo. Existen unas declaraciones de Adolfo Suárez donde ese político afirmaba que, de haberse hecho una consulta popular previa sobre la forma de Estado, la elección de Juan Carlos de Borbón se hubiese desechado de forma mayoritaria por la ciudadanía y que, por esa razón, se incluyó la Monarquía  dentro del conjunto del texto constitucional motivo de la consulta aquel 6 de diciembre de 1978. En ese sentido, Vicenç Navarro también detalla lo siguiente: “En cuanto al argumento de que la aprobación de la Constitución por parte de la población española legitimó que se considerara como el punto de referencia de todos los demócratas hay que señalar que tal argumento ignora que las dos alternativas posibles que se presentaron a la población fueron o bien inaugurar la democracia (reflejada en la Constitución) o continuar en la dictadura. Entre tales opciones era claro que la población eligiera la primera alternativa sobre la segunda. En realidad, el hecho de que Cataluña fuera la Comunidad donde la aprobación de la Constitución fue mayor se debió, no tanto al entusiasmo por la Constitución, sino por el gran rechazo a la dictadura. Aprobar tal referéndum fue la única salida a tal situación intolerable”. Lo primero que debería hacer el actual Gobierno sustentado por el PP serían dos cosas: una, dotar la Ley de la Memoria Histórica con dinero público, cosa que no sucede. Y dos, que el PP y el Gobierno que preside Rajoy hiciesen un rechazo solemne al golpe de Estado que provocó la Guerra Civil y al franquismo, que tampoco se lo plantean.

jueves, 19 de octubre de 2017

Al alba y con tiempo duro de levante...





Ante la penosa situación creada, cuenta hoy El País en un editorial: “La desconcertada y desconcertante reacción del Gobierno de Mariano Rajoy, mal asesorado en su alianza con el igualmente desconcertado y desconcertante Pedro Sánchez, ha acabado de redondear el entuerto. La sociedad española en su conjunto, no solo la catalana, antes irritada, está cayendo ahora en el abatimiento y la frustración. La larga crisis política en Cataluña, que está ya minando seriamente la reputación de nuestra democracia y todas las instituciones de nuestro sistema, amenaza con prolongarse aún más”. A mi entender, si Mariano Rajoy no sabe cómo solucionar este entuerto debería dimitir y dejar paso a unos nuevos comicios que cambiasen los culos de las bancadas de las dos Cámaras. A los españoles, que en su conjunto formamos el Estado, les perdieron hace mucho tiempo el respeto determinados políticos corruptos que, pese a todo, se permiten la osadía de dar lecciones de democracia. En España ningún político enfrascado en el merengue putrefacto dimite por vergüenza torera, por decencia y por respeto al paisanaje. Pero lo peor de todo, como bien señala El País, es que “la inseguridad jurídica campa a sus anchas en el vértice de la jerarquía normativa, aunque de facto rija el ordenamiento constitucional. El sistema democrático cojea”. Hay que evitar males mayores. La encarcelación de Jordi Sánchez y Jordi Cuixart ha sido el estopín que ha vuelto a encender los ánimos de muchos catalanes separatistas. Joseph Ramoneda entiende que “parece llegada la hora de la aplicación del artículo 155. Una auténtica caja de Pandora que hasta ahora nadie había abierto. Una vez se ponga en marcha, es imprevisible cómo se ejecuta y cómo y cuándo acaba. Sin duda puede servir para bloquear el proceso independentista. El Estado tiene fuerza y recursos sobrados para ello. Pero no es una salida. Cuando se restablezca la normalidad autonómica el soberanismo seguirá allí y el desapego y el resentimiento serán mucho mayores todavía”. La aplicación del 155, de producirse el próximo sábado, no será, a mi entender, como la recuperación del islote Perejil. No veo a Rajoy pasado mañana diciendo aquello de “Al alba y con tiempo duro de levante...”, como dijo Trillo el 17 de julio de 2002 en su particular y españolísimo "desembarco de Normandía".

Un diez para el alumno





De niños, recuerdo, nos preguntaba el maestro si considerábamos los educandos  igual, o no, medio metro cuadrado que la mitad de un metro cuadrado; o cuál era la cima más alta de España; o cuál era el río más largo de la Península; o a cuánto equivalía la mitad de medio duro (moneda de 5 pesetas), etcétera. Eran preguntas con trampa. No era igual responder Teide que Mulhacén, ni Ebro que Tajo, etcétera. Pues bien, leo en Heraldo de Aragón la acertada respuesta que un alumno de 7 años que no entendió a su profesor. El trabajo consistía en dar respuesta por escrito a la pregunta siguiente: “Escribe con cifra los siguientes números: diez, noventa y ocho, ochenta y uno, sesenta y seis; treinta”. Respuesta del alumno: 11, 99, 82, 67 y 31. El profesor entendió que el alumno no había dado una en el clavo y le puso dos rayas rojas cruzadas sobre su trabajo. Su padre, Ignacio Bárcena, lo puso en Twitter señalando: “Yo creo que quien no lo ha entendido bien es el profe”. Y, a mi entender, el padre tenía razón. El niño había seguido literalmente las instrucciones de su maestro. Y escribió “los siguientes números”. No conozco al muchacho, pero entiendo que merece la máxima nota en ese examen. Cosa diferente es que el maestro hubiese dicho: “Escribe con cifras estos cardinales...”. Y aquí aprovecho para decir, y así lo he comprobado en demasiadas ocasiones, que  muchos redactores de prensa no saben escribir determinados ordinales. Y que otros confunden los ordinales con los partitivos; no mantienen bien la concordancia de “un”, “una” en los cardinales compuestos, verbigracia: veintiún países, veintiuna naciones; ni manejan acertadamente el numeral distributivo “sendos”; etcétera. Ello se soluciona consultando el léxico cuando se desee conocer la grafía. Para eso se crearon los “manuales de estilo”.

miércoles, 18 de octubre de 2017

Estado y Derecho





Mañana jueves termina el segundo ultimátum de Rajoy a Puigdemont. Pero no pasa nada. Ahora resulta que el presidente del Gobierno le da otra semana de prórroga a condición de que el presidente de Cataluña  “vuelva a la legalidad” y convoque elecciones. ¿Alguien entiende algo? Juan Carlos Bermejo, en Vozpópuli, hace referencia a la tesis de García Trevijano: “Rajoy todo lo fía a la aplicación del Artículo 155, que es una tomadura de pelo, porque lo único que permite es ordenar a Puigdemont que acabe con la sedición. La política defensiva de cualquier Estado de derecho no está encomendada al código penal, puesto que la jurisdicción penal no tiene la fuerza, los conocimientos, ni la determinación de acabar con un problema tan grave como la sedición, la rebelión e incluso la traición. Por eso en todos los Estados de derecho existen medidas excepcionales para ello, y en el caso de España es el Artículo 116 de la Constitución en su apartado cuatro: el estado de sitio, que no dura mucho tiempo pero que permite que la jurisdicción militar procese a los traidores y se restituya de inmediato la normalidad, como exigió el rey Felipe VI a Rajoy, y éste último ha ignorado la Ley y el orden constitucional en Cataluña”. (Me viene a la cabeza el pobre Domingo Batet). El Estado de derecho está formado por dos componentes: el Estado (como forma de organización política) y el Derecho  (como conjunto de las normas que rigen el funcionamiento de una sociedad). En consecuencia, el poder del Estado se encuentra limitado por el Derecho. Partiendo de esa premisa, entiende Bermejo que “pase lo que pase es inútil esperar que Rajoy arregle una situación de la que es principal responsable. Le invade el vértigo ante la posibilidad de acción, no es solo un inútil, es claramente un impotente político, ha arrastrado por el fango la dignidad, la Constitución y la Ley mirando para otro lado cuando tenía que actuar, algo que en la historia política es siempre preludio de la destrucción de una nación”. (...) “Rajoy es el responsable principal del desastre que ha enfrentado para generaciones a las familias y ciudadanos de Cataluña. Desde 2012, este cobarde patológico ha mirado para otro lado cuando los sediciosos incumplían sistemáticamente la Constitución y la Ley y tampoco ha movido un solo dedo ante la implantación obligatoria en la enseñanza pública del adoctrinamiento sistemático en el odio a España y la más grosera y delirante falsificación de la historia, algo inimaginable en un Estado soberano”. Ahora lo que hace falta saber es cómo se arreglará ese desaguisado.

martes, 17 de octubre de 2017

Un falso sentido patrio





Se comenta lo grotesco del bolso de  Cristina Cifuentes el día de la Fiesta Nacional. Alejandro Inurrieta, en Vozpópuli, señala en este sentido lo siguiente: “Un país [refiriéndose a España] que desprecia su lengua, se escribe y se habla cada vez peor, y apenas se dotan recursos para su defensa fuera de nuestras fronteras. Un país que vomita bilis contra su cine, sus cineastas y sus productores, achacándoles sus veleidades izquierdistas. Un país que ha abandonado a su suerte a millones de investigadores, a la ciencia en general, y que prefiere primar a folclóricas o futbolistas como ídolos nacionales. Un país que ha dejado desamparados a maestros y profesores que tienen que luchar día a día contra la desidia de familias y poderes públicos a la hora de dignificar la educación. Y por supuesto un país que no cuida a sus mayores, ni a los sufridos inmigrantes que vienen a trabajar y a aportar su ilusión por levantar la nación que les ha acogido, en general, con indiferencia, cuando no con desprecio”. (...) “A España solo le sale la vena patriota cuando saca la bandera para confrontar un falso sentido patrio contra un supuesto enemigo exterior, se llame Cataluña o cualquier selección de futbol en un mundial o Eurocopa.  Qué triste y qué lejos de nuestros vecinos franceses”. Jesús Cacho, en el mismo diario, señalaba que “es el espíritu que sobrevoló la recepción ofrecida por los Reyes en el Palacio Real tras el desfile del jueves 12 de octubre, día de la Hispanidad, un copetín que, por cierto, y con el cadáver del piloto del Eurofighter siniestrado aún caliente, tenía que haberse suspendido de forma automática, señores, todos a tomar el canapé a casa que aquí estamos de luto, un piloto de nuestro Ejército ha fallecido en acto de servicio en momentos tan dramáticos como los actuales, y es obligado el luto”. Rajoy y Cospedal abandonaron la recepción en el Palacio Real y se fueron a la Base Aérea de Albacete para salir en la foto y, de paso, dar el pésame a la viuda del capitán Borja Aybar García.  Pero hoy, 5 días más tarde, la tragedia aérea se ha vuelto a cebar en Torrejón de Ardoz. Un teniente de sólo 26 años, Fernando Pérez Serrano, se ha dejado la vida al tratar de despegar un F-18. ¿Rajoy y Cospedal volverán a repetir el paripé político del pasado día 12? No lo sé, permitan que lo dude.

Tragedia shakesperiana






Yo entendía que las novelas epistolares en España eran cosa de otros tiempos. Y estoy pensando en “Pepita Jiménez”, de Juan Valera, y en otras más recientes, como “Cartas de amor de un sexagenario voluptuoso”, de Miguel Delibes, o “Nubosidad variable”, de Carmen Martín Gaite. Pero me equivocaba. Aunque todavía no constituye una novela por entregas al uso, las cartas entre Mariano Rajoy y Carles Puigdemont llevan camino de convertirse en una obra literaria digna de merecer tesis doctorales. Ambos, Rajoy y Puigdemont  se mueven entre el “sí” y el “no”, como si deshojasen la margarita en un prado de ababoles. Rajoy exige a Puigdemont que éste le haga ciertas aclaraciones y le da un breve plazo de días para contestarle y poder cambiar su actual angustia por un  plácido sosiego. Y encima de sus cabezas aparece no la espada de Damocles, sino el Deus ex machina del 155, esa cifra que ya se está haciendo esotérica. Puigdemont, atentamente contesta en tiempo y forma a las exigencias de Rajoy. Pero esa contestación de Puigdemont, en este caso de pretender dialogar, no convence a Rajoy, que entiende que no da respuesta a su pregunta. Y Rajoy le da otro plazo a Puigdemont, ahora hasta el próximo jueves, para que se defina con un “sí” o un “no” que le saque de dudas. Llegados a este punto, parece como si los ciudadanos de Carpetovetonia estuviésemos en la sala de butacas de un teatro viendo una representación shakespeariana de Hamlet, o la eterna duda. Yo estaba convencido, al menos hasta ahora, de que “ser o no ser” era la duda metafísica más repetida en la cultura occidental. Ya sólo falta que el próximo jueves nos deje Puigdemont boquiabiertos a los espectadores de este espectáculo lleno de bucles, donde la tragedia se trastoca en género ínfimo y le conteste Puigdemont a Rajoy algo que nadie espera: “Mi reino por un caballo” (de Ricardo III). Pero uno y otro, Rajoy y Puigdemont, deben entender de una puñetera vez que este país no es Dinamarca. En las tragedias de Shakespeare muere hasta el apuntador, es decir, Hamlet, Claudio, el Rey, Gertrudis, la Reina, Laertes, Polonio, Ofelia, Rosencrantz, Guildenstern... Pero por estos pagos carpetovetónicos donde sólo nos supera en número de asesinados en las cunetas Camboya, sólo podemos, si acaso, morirnos de un hartazón de risa.