domingo, 15 de septiembre de 2019

Rotondas zaragozanas



Me entero de que en España existen más de 24.000 rotondas. Lo malo llega cuando muchos conductores no saben utilizarlas de forma correcta. Todavía existen conductores que no entienden que siempre hay que ceder el paso cuando se pretende entrar en ellas, que hay que utilizar los intermitentes,  que siempre hay que salir de ellas desde el carril exterior, el derecho,  que no hay que olvidar que siempre tiene prioridad los que circulan por ellas, y que se debe facilitar el paso a los camiones de gran tonelaje por razones obvias. Siempre que voy a Collado-Villalba me admiro al contemplar cómo en esa ciudad cuidan las rotondas. Son como pequeños oasis dentro del ruidoso tráfago. Frente al cuartel de la Guardia Civil existe una rotonda muy bien cuidada donde han colocado sobre el césped la fotografía de un agente muerto en acto de servicio. Pero también debo decir que muchas rotondas de ciudades están presididas por enormes adefesios en su parte central. Yo no sé qué pinta, por ejemplo, la prensa de husillo sobre unas losetas de la rotonda de la Plaza de Mozart, en Zaragoza, inaugurada durante la nefasta alcaldía de Luisa Fernanda Rudi. En su día la justificaron los munícipes de turno como una remembranza del pasado industrial del barrio de Arrabal. Rara redundancia, cuando se conservan en su proximidad las dos chimeneas que tuvo la vieja azucarera. En Zaragoza me consta que existen 10 rotondas con esculturas incluidas y de dudoso gusto. Además de la señalada, contamos con la llamada Rotonda de la villa de  Toulousse, donde se eleva una escultura en acero que representa al Ángel Custodio de la ciudad, inaugurada en 1978. Ese ángel recurrente se halla en otra escultura de Pablo Serrano, en la fachada del Ayuntamiento de Zaragoza, junto a la del patrón san Valero. (Recomiendo la lectura de “Ordinaciones de la Cofradía del Ángel Custodio de Zaragoza de cantores y músicos 1506”.  Juan Ramón Royo García.- Nasarre.- Revista aragonesa de musicología. Vol.23, nº 1, 2007, páginas 129 a 140). Otras rotondas:  En la Plaza de la Ciudadanía. Escultura de Pablo Serrano en acero, dedicada a Pablo Picasso. Representa una guitarra; Ronda de Vía Universitas, hierro y hormigón, en fibra de vidrio. Representa una pica en alusión al cuadro “La rendición de Breda”, aunque semeja la llama de una vela. Es de  1987;  Ronda Hispanidad. Tubos de acero quebrado pintado en rojo, amarillo, verde y azul. Hace referencia al Moncayo. Es de 1988; Plaza de Europa. Obelisco al que rodean doce farolas en forma de estrella, que representan las estrellas de la bandera europea. Es de mármol y hormigón; Avenida del Séptimo Arte. Dos torres de acero y hormigos inspiradas en el arte mudéjar aragonés. Es de 2005; Avenida José Atarés. En bronce. Parece un árbol, pero dicen que representa a la familia. Se hizo en 2008, con motivo de la Expo; Rotonda de la MAZ. En acero inoxidable. Se trata de dos arcos cruzados que simboliza la unión de las culturas. Es de 2008: Rotonda de Juslibol. En chapa de acero y hormigón. Representa a una pareja bailando la jota. También es de 2008.

sábado, 14 de septiembre de 2019

Viejos periódicos



Como la prensa tiene poco que contar, si exceptuamos el desastre de la gota fría con un sexto fallecido en Orihuela, el rotundo “no” de Sánchez a Iglesias sobre un posible pacto de legislatura envenenado, y el descubrimiento de que “los amantes de Módena”, hace 1.600 años, eran dos hombres, opto por leer la prensa de hace 59 años. De hecho, tengo ante mis ojos un ejemplar de “La vanguardia” (entonces se llamaba “La vanguardia española”) correspondiente al sábado 2 de abril de 1960, donde a la derecha de la portada aparecen unos paisajes bucólicos y a la izquierda una foto de Gregorio Marañón pensativo, fallecido en la tarde del  27 de marzo anterior de una trombosis cerebral. El motivo de aparecer Marañón en aquella portada  era porque entre sus papeles inéditos habían aparecido unos versos suyos dedicados a Cataluña,  escritos por él en 1954. Llevaban el título de “Hoja de álbum”. Decían:
¡Qué cerca estoy de ti… sin saber cómo,
oh, tierra catalana!
La de las costas de las calas verdes,
la de los pueblos de las casas blancas,
la de los montes de olorosos pinos,
la de las vegas de las tierras grasas,
la que ha sabido hacer rumor bucólico
del trepidar fecundo de las fábricas,
la de los hombres graves y corteses,
que saben ser de ayer y de mañana.
¡Qué cerca estoy de ti…sin saber cómo,
oh tierra catalana!
 Aquel triste 27 de marzo, el ministro Castiella asistía a una misa solemne oficiada por el cardenal Spellman en la catedral de San Patricio de Nueva York.  Por la noche le fue ofrecida una cena en su honor por el representante de los Estados Unidos en las Naciones Unidas, Cabot Lodge, en el hotel Waldorf Astoria. Al tiempo, Kruschev se dirigía al Arco de Triunfo, en su visita a París. Qué lejos quedan ya aquellas noticias. El papel de prensa ha virado al color sepia. La oda de Marañón a Cataluña parece como el apacible canto de sirena varada en un arenal, bajo el cielo azulenco de Cadaqués. Aquel año (1960) dejaba la dirección de “La vanguardia española” el cartagenero Luis de Galinsoga, impuesto por Franco, por no entroncar con la realidad catalana. Antes había dirigido el ABC de Sevilla durante la Guerra Civil. Galinsoga fue destituido en un Consejo de Ministros celebrado en El Pardo el 21 de enero de 1960 y sustituido por el conservador  Manuel Aznar (abuelo de José María Aznar), fallecido en Madrid diez días antes que el generalísimo. Hay ocasiones en las que al muerto se le escapa el aire por los pliegues de la mortaja y hay que ponerle una pesada losa encima para que se le corte la respiración. Hasta es posible que leer prensa a la que se le ha aplicado censura previa sea poco recomendable. No están los tiempos como para templar gaitas.


viernes, 13 de septiembre de 2019

Españoles hartos



El hecho de que Pablo Iglesias pida al jefe del Estado que medie para convencer a Pedro Sánchez de las “ventajas” de una coalición de Unidas Podemos con el PSOE se me antoja como un intento malvado del partido morado tratando de involucrar al Rey en algo que sólo concierne a los partidos políticos. ¿Quién asegura que esa coalición de ambos partidos daría estabilidad al país? No es necesario sino más bien una osadía, a mi entender, que Iglesias le recuerde a Felipe VI en su próxima reunión con el monarca el papel que tiene encomendada la Corona en la Constitución. Iglesias sólo ha acertado en una cosa: que el jefe del Estado lo último que desea es que los españoles se vean obligados a volver a  las urnas. Pero eso mismo es lo que no desea la mayoría de los ciudadanos; es decir, la gente reflexiva y con sentido común. Pero parece claro que Sánchez hace más caso al gurú político Iván Redondo (que cree estar en poder de la cuerda de trenzado y que estima una ventaja importante del PSOE con respecto al resto de partidos en los próximos comicios) que a los españoles hartos, que somos legión, por tanto marear la perdiz. El papel de Iglesias en este cambalache es tóxico. Pretende, y así lo hizo en una de sus últimas ofertas, que gobiernen juntos PSOE y las confluencias moradas mediante una coalición temporal. Esa es, a mi entender, una insensatez. Como escuché a Iñaki Gabilondo hace una semana en la Sexta, “Sánchez se arrepintió de haber propuesto entregarles a los podemitas una vicepresidencia y varios ministerios a cambio de su apoyo, e Iglesias se arrepintió de no haberlos aceptado”. No hay vuelta atrás. Respecto a la última propuesta de Iglesias sobre una coalición temporal que pudiese durar un año, ¿qué pasaría? ¿Otra vez habría que ir a las urnas? Iglesias debería entender de una vez por todas que ni Sánchez desea otra investidura fallida si no consigue los apoyos necesarios para poder gobernar, ni desea un Gobierno dentro de otro Gobierno. O sea, verde y con asas. Pero a la Corona deben dejarla en paz ese político a la violeta. El rey no es un árbitro de fútbol que saque tarjetas rojas y amarillas, sino el símbolo de la permanencia del Estado. Al césar lo que es del césar. Lo que acontece ahora no es nuevo. España atravesó en el año 2016 una situación insólita, con un Gobierno en funciones que duró los diez primeros meses. Y Felipe VI supo estar a la altura de las circunstancias como se esperaba de él, y como no podía ser de otra manera.

jueves, 12 de septiembre de 2019

El bar de Fresneda



Fresneda de la Sierra, en la provincia de Cuenca (no confundir con Fresneda de la Sierra Tirón, en la provincia de Burgos, que cuenta con dos bares: Bar Ramón y Casa Jorge), está viviendo en sus propias carnes eso de la “España vaciada” por el cierre del único bar donde poder reunirse los vecinos para tomar café, charlar, o echar la partida de cartas. Jesús González se jubila y, en consecuencia, ha pinchado con una chincheta un aviso dentro de su local: "Se ofrece bar en funcionamiento. Ochenta metros cuadrados, con almacén, cocina y salida de humos. Se traspasa por jubilación". Las condiciones no parecen malas. Para aquel que desee hacerse con el traspaso se le exigirá su empadronamiento en el pueblo y el pago de un  alquiler de 100 euros mensuales. A cambio, tendrá derecho a disfrutas de vivienda aneja al bar y a disponer de leña procedente de monte público. Recuerdo haber contado en muchas ocasiones que un bar de barrio en España es, además de un establecimiento donde se sirven bebidas, el cuarto de estar de muchos vecinos. No digamos nada si ese bar está en un municipio, como es el caso de Fresneda de la Sierra, de sólo 48 habitantes,  a 44 kilómetros de Cuenca,  29 de Tarancón, y a casi 1000 metros de altura. En tiempos de Franco la cosa era distinta. En todos los pueblos españoles se crearon los “tele-clubes” para que los vecinos pudieran ver en blanco y negro la televisión estatal; es decir, poder “informarse” con los telediarios leídos por un señor de aspecto circunspecto, escuchar las canciones de Rita Pavone o de Los Sabandeños, ver alguna corrida de toros o algún partido de futbol, la sabatina fiesta nocturna de “Gran Parada” con Torrebruno o con Los Vieneses,  películas de “Ironside”, “La mansión de los Plaf”…,  para y terminar la jornada al filo de la medianoche con la aparición de un cura en “El alma se serena” y la posterior  interpretación de la marcha real entre banderas al viento y fotos del dictador para arriba y para abajo. Y en el bar del pueblo, como digo, se podía tomar café o una copa de “Terry” mientras se hojeaba sin demasiada devoción el “7 fechas”, “El caso”, o un diario de la llamada “prensa del Movimiento”, cuyas páginas eran tan grandes que ocupaban toda la mesa de velador. Es normal, por tanto, que los vecinos de Fresneda de la Sierra se encuentren alarmados ante el aviso del cierre del bar. El único cartel que se ponía hasta entonces en los bares era el que decía: “Prohibido cantar, escupir en el suelo y hablar de política”; salvo en una ocasión, cuando un párroco, que acabó largándose con la mujer de un sobrestante de la Renfe, ordenó al monaguillo que pusiera un cartel en el café-bar del pueblo, que decía: “Todo vecino que esta tarde decida ir al Cine Ideal pecará mortalmente. La película  que se proyecta está clasificada por la censura como de 3R. No es recomendable que la vea un cristiano”. Aquella película era “Las noches de Cabiria”, de Federico Fellini, ganadora de un Oscar a la mejor película extranjera en 1957.  Ahora  esperemos que Jesús González no termine con sus huesos en el abrevadero por el hecho de pretender retirarse del oficio. Un pueblo puede quedarse sin boticario, sin casa-cuartel de la Guardia Civil, sin practicante, sin biblioteca pública, sin cartero y hasta sin sala de cine. Pero nunca debe faltar el cura que cante el “Libera Me” en el lecho de muerte ni el bar, por mucho que a los achaques de la edad no los perdone ni el “gerovital”.

martes, 10 de septiembre de 2019

Por mor de la afición


Jorge Azcón, el nuevo alcalde de Zaragoza integrado en las filas del PP, llevó en su programa electoral el impulso de la reforma del campo de fútbol de La Romareda, para conseguir mayor capacidad de aficionados y dar mayor refulgencia tanto a ese recinto de titularidad pública  como a un equipo  mediocre que lo utiliza, integrado en Segunda División, cuyo  principal accionariado (49%) está en manos de César Alierta Izuel. Azcón era conocedor de que ello daba votos. Y una vez aupado a la Alcaldía, con la necesaria ayuda de Ciudadanos y de Vox, sigue en sus trece. Para ello, desea implicar en esa “rara necesidad” ciudadana a la Diputación General de Aragón, que preside el socialista Javier Lambán. La mejora de la seguridad en los barrios, de las escuelas, de la limpieza pública, de las asistencias sociales, de la ampliación de los carriles-bici, etcétera, etcétera, no parece que sean asuntos prioritarios durante su mandato. Señala cierta prensa aragonesa que “el encuentro entre Lambán y Azcón ha servido para escenificar un cambio en las formas y en el fondo”. No cabe duda de que existe una clara empatía entre ambos políticos. Azcón, alardeando con una pirueta insensata, ha señalado que en esta etapa se centrará más en las soluciones que en los problemas. Pero, claro, mal se pueden dar soluciones a ignorados problemas. Azcón, más galán que Mingo, se cree capacitado para resolver hasta la conjetura de Goldbach, con su pretensión de buscar soluciones a problemas sin conocer previamente sus enunciados.  Queda claro que los ciudadanos, dueños de nuestro destino, tenemos lo que nos merecemos. Ya lo dice el viejo refrán: “Sarna con gusto no pica”.