martes, 27 de junio de 2017

El hábito no hace al monje





Hace unos días leía un reportaje breve donde una joven periodista hacía una entrevista para Aragóndigital.es al actual propietario de un bar de Zaragoza “de los de toda la vida” con ocasión de haber cumplido ese establecimiento setenta y cinco años de antigüedad. Se trata del bar Belanche, en la calle de don Jaime I, un local donde, recuerdo,  me llevaban ya de niño los domingos después de haber oído misa en San Gil. Era un  sitio oscuro con luces de tubos fluorescentes y mostrador de mármol, donde se podían tomar unas aceptables gambas a la plancha y poco más. Con el tiempo hicieron varias reformas en ese negocio, a mi entender para peor. Pues bien, el actual propietario, César Osans, al que no conozco, le contaba a la reportera que desde sus inicios servían, además de las típicas gildas, gambas, bígaros, langostinos, pulpo a la gallega, almejas de Carril, gulas, etcétera. Hubo dos cosas que me dejaron pensativo. 1) Las almejas de Carril estaban escritas “de carril” (posteriormente fue corregido el error en el diario digital, y así consta) como si se tratase de unos bivalvos que brotasen de forma espontánea junto al balasto de la vía férrea; y 2) las gulas referidas están el mercado desde principios de los 80, cuando Angulas Aguinaga vio caer drásticamente las capturas de alevines de anguilas y decidieron buscar una alternativa a su negocio. Y en 1991 lanzaron al mercado la gula del Norte, que es un sucedáneo a base de surimi, al que también se le llama kamaboko. Como aseguraba Vicente Arratíbel, propietario de Mariscos Orio, “para conseguir las gulas no hace falta más que encender la máquina y hacerlas como si fueran chorizos”. Esos “churritos de extrusión” ya llevan hasta ojos incorporados. Naturalmente, por mucho que se guisen al ajillo, no saben a nada excepto a ajo. Comprendo que la joven periodista no esté al corriente de lo que sucedía en la hostelería de posguerra, donde no había de casi nada que ofrecer en las barras de los bares salvo vinagrillos y un vino de garnacha infame. Pero lo que no se conoce, se pregunta antes de hacer una entrevista. Ni las gulas tiene nada que ver con las angulas, ni el super-torrefacto Columba era café, ni los palitos teñidos con pimentón tienen nada que ver con el cangrejo, ni el txangurro (centollo) se parece a ese falso txangurro elaborado por Andrés Madrigal, el niño de Vallecas.

lunes, 26 de junio de 2017

A propósito de san Pelayo




Leo hoy en Infovaticana que “por una de esas casualidades desafortunadas, la semana del ‘Orgullo gay’ coincide año tras año con la fiesta de san Pelayo (26 de junio). Un niño cordobés de 12 años que prefirió morir antes de ser sodomizado  por Abderramán III”, el octavo soberano Omeya. Y como hoy, san Pelayo coincide en el santoral con san Josemaría Escrivá, son muchas las cartas que escriben los lectores de Infovaticana haciendo referencia al librito Camino y poniendo al califa de Córdoba como un presunto pedófilo de chupa de dómine. Más les valdría callarse a esos meapilas que se la cogen con papel de fumar, que si aventamos la ropa sucia aquí saldrían chispas. Pues bien,  para el que no lo sepa, la chupa (sotana, como la de los curas) fue una prenda introducida por los árabes a modo de guardapolvos. Según Quevedo, la chupa se ensuciaba a fuer de no lavarla y llegaba un momento dado en el que no se sabía de qué color era: de cerca parecía negra, de lejos azul. Dómine, por otro lado, es en la declinación latina el vocativo de dóminus, que significa señor. Era un tratamiento de respeto con que los estudiantes de Gramática latina se dirigían a su maestro. Las hagiografías de los santos suelen tener más carácter literario que otra cosa. Y la hagiografía de Pelayo no fue una excepción a la regla. Por asociación de ideas me viene a la cabeza pelayos, que fue el nombre que recibió la organización juvenil del Requeté, cuya sección femenina se conocía como las margaritas. En 1938,  tras el Decreto de Unificación, se denominó Flechas y Pelayos a la fusión de los boletines juveniles de estas organizaciones con las similares de Falange Española Tradicionalista y de las JONS, cuyos integrantes se denominaban flechas. La publicación infantil Flechas y pelayos fue un cómic durante la posguerra. Primero se editó en San Sebastián y más tarde en Madrid. Desapareció de los quioscos en 1949. Un año antes de su desaparición, en 1948, apareció Trampolín, editado por Acción Católica. Desapareció en 1959. Estuvo dirigida por Alberto de Macua y en principio estuvo editada en papel de periódico, de gran tamaño. Tuvo cuatro épocas. Con el tiempo (en 1950, en su “tercera época”) se fue reduciendo su tamaño y se le añadió colorido. Sus viñetas estaban firmadas por los mejores dibujantes del momento. Como ejemplo, señalaré que las viñetas de Don Ataúlfo Clorato y su sobrino Renato estaban firmadas por Gabi; La familia Sulfamida, por Ramón Sabatés; Ciriaco Majareto, por Enrich; Mateo Pí; El Conde Pepe, por Palop; Listón y Tarugo, por Juan García Iranzo; Matías, el espía atómico, por Ardel; etcétera. Hoy es difícil encontrarlos y bien que lo siento.

domingo, 25 de junio de 2017

Una mujer valiente





En “La Comarca de Calatayud” leo una entrevista que Óscar F. Civieta de eldiario.es le hizo a Purificación Lapeña el pasado 23 de junio. Esa señora le cuenta al periodista que su abuelo y su tío fueron fusilados en los días posteriores al golpe de Estado de 1936 con 44 y 39 años respectivamente. Sospecha que pueden estar enterrados en Cuelgamuros desde 1959, ya que -según comenta-  “aquel año en Calatayud desenterraron 80 restos mortales en 9 cajas sin permiso expreso ni tácito de sus familiares”. Y ahora, pese a mil impedimentos oficiales, desea que los huesos de su abuelo y los de su tío regresen. En un momento de aquella entrevista cuenta Purificación Lapeña que “cuando llegó el golpe de Estado del 36, el cura del pueblo [Villarroya de la Sierra] elaboró una lista de personas con ideas distintas”. Distintas a las de los golpistas, se entiende. Y ahí es donde deseo hacer una precisión. Me contaba un anciano de uno pueblo cercano a Villarroya de la Sierra que por entonces todos los párrocos  de la Diócesis de Tarazona confeccionaban listas. Tanto es así que hebdomadariamente hacía un “recorrido” por aquellos lugares una camioneta con falangistas de la peor calaña dispuestos a ir casa por casa para llevarse a “dar un paseo” a aquellos  paisanos que constaban en las macabras nóminas de los ecónomos. A algunos de ellos no los encontraban, por haberse escondido temiendo lo peor. Sobre ese particular sabe mucho Julián Casanova, catedrático de Historia Contemporánea en la Universidad de Zaragoza. Y según me contó aquel anciano, el párroco de aquel pueblo cercano a Calatayud calmaba a los vecinos alineados con el golpismo con las siguientes palabras: “No importa, a esos los dejamos para la próxima vuelta”. Quería decir para la siguiente semana, si es que aparecían por el pueblo. Aquel cura, que  curiosamente nunca permitió que su ropa recién lavada fuese tendida al sol en la misma cuerda que la de su casera, murió el 22 de julio de 1955 a los 74 años de edad. Recibió, a mi entender, más honores de los merecidos, ya que su hermano, además de arzobispo,  fue procurador en Cortes en las ocho primeras legislaturas del franquismo y Comisario General Apostólico de la Bula de la Santa Cruzada. En 1937 había firmado la denominada Pastoral de la Cruzada con el fin de dar autoridad moral a los sublevados, y en 1952 presidió en Barcelona el XXXV Congreso Eucarístico Internacional. No pronunciaré su nombre, pero ya saben: blanco y en botella.

sábado, 24 de junio de 2017

Sobre ríos y gentilicios






Flechas es en la actualidad una pedanía de Figueruela de Arriba,  en la sierra de la Culebra, comarca de Aliste, dentro de la provincia de Zamora, que cuenta con 14 habitantes, según censo de 2016.  En su término nace el río Cabrón, que hace frontera con Portugal, donde se une al río Manzanas cerca de Villarino. Ese río, también el Pontepedra, son afluentes por la izquierda del río Lengüelle, que a su vez es afluente por la derecha del río Tambre que sólo cuenta con 27 kilómetros de recorrido. A propósito del río Cabrón, por asociación de ideas, me ha venido a la cabeza un gentilicio con anécdota. Pero lo cuenta mejor que lo podría hacer yo Francisco García (La Nueva España, 20.02.14): “Los que estudiamos latín y griego en el bachillerato lo hicimos a mucha honra. Contaba un viejo profesor mientras nos ayudaba a traducir ‘De senectute’ que José Solís, ministro de Franco y natural de Cabra (Córdoba), pronunció un discurso en las Cortes sobre la reforma educativa en el que abogaba por menos latín y más gimnasia. Desde la grada escuchaba Adolfo Muñoz Alonso, rector de la Universidad Complutense, que al hilo del parlamento del contrario se iba encendiendo. Cuando Solís se preguntó: ‘¿para qué sirve hoy el latín?’, Muñoz Alonso replicó desde su asiento, apelando al gentilicio: ‘Por ejemplo, ministro, para que a su señoría, que es de Cabra, le llamen egabrense y no otra cosa más fea’.

jueves, 22 de junio de 2017

¿El prestigio de España, dice usted?




No llego a entender cómo Mariano Rajoy puede acusar a Pedro Sánchez de jugar con el prestigio de España por algo en lo que no están de acuerdo, o sea, la posición del secretario general del PSOE con respecto al tratado de libre comercio entre la UE y Canadá.  Martínez-Maillo va más lejos todavía y señala que “ahora hay dos Podemos: uno rojo y otro morado”. Bueno, menos mal. Ya sólo falta el color amarillo para que dibujemos  bandera legal de la Segunda República, eliminada de cuajo por un puñado de golpistas que hace ochenta y un años provocaron una guerra civil por la que  se alzaron con el santo y con la peana, donde se apropiaron de lo propio y de lo ajeno y donde crearon un régimen fascista posterior que duró cuatro décadas. ¿El prestigio de España, dice usted?  Se lo han cargado los políticos corruptos que afloran del charco de la indecencia un día sí y otro también. El prestigio de España se perdió el día que  Adolfo Suárez no quiso hacer un referéndum sobre la forma de Estado por temor a que los españoles nos inclinásemos por la República, prefiriendo que los españoles votásemos una Constitución, la del 68, donde quedase incluida dentro del “lote” la Monarquía Parlamentaria y que, en consecuencia, en España fuese rey el Borbón propuesto con anterioridad por Franco. El prestigio de España se perdió el día que Rajoy dejó de dotar con el dinero necesario para que se desenterrasen los esqueletos de ciudadanos que lucharon por la libertad y que continúan en las cunetas y barrancos. España, que se entere Rajoy, es el país con mayor número de desapariciones después de Camboya; es decir, más de 140.000 ciudadanos, según estimó Baltasar Garzón, entre la Guerra Civil y la posterior dictadura. Un grupo de trabajo de la ONU constató que la Ley de Memoria Histórica de 2007 tuvo un efecto muy escaso. Salvo algunas excepciones, como el Ayuntamiento de Málaga, que financió la exhumación de la fosa común de su cementerio, recuperando los restos de 2.800 personas, en el resto del país prácticamente ningún municipio dio permiso siquiera a las familias para hacerlo y ningún juzgado ordenó la apertura de fosas. Habría mucho que decir sobre el prestigio de España. Lo que está sucediendo en España es de vergüenza. Y la culpa no es de Pedro Sánchez, sino de los que se lo han llevado crudo y pretenden dar lecciones de dignidad.

martes, 20 de junio de 2017

Socorrista necio





Me entero de que a la joven madre Belén Gimeno le prohibió un socorrista del zaragozano Club Natación Helios dar el pecho a su bebé fuera del agua, junto a una de las piscinas. Las peregrinas razones que esgrimió el  necio socorrista fueron que “la leche podía contaminar el agua y que no se podía comer en esa zona”. Ignoro el nombre del socorrista, pero me gustaría conocerle para decirle a la cara que necesita reciclarse. Cualquiera puede entender que no es equivalente dar de mamar a un bebé que comerse un bocadillo de salchichón, y que la leche materna no es contaminante en modo alguno sino lo más sano del mundo. Ese socorrista, a mi entender, debería dedicarse a otra profesión en beneficio de la sociedad. Sólo le hubiese faltado a ese indocumentado decirle a la joven madre que no estaba autorizado sacar la teta en público por constituir un atentado contra la moral y las buenas costumbres. Me avergüenza conocer situaciones con esas. Tal vez por no ver a tipos como ese que dicen llamarse socorristas no voy nunca a las piscinas públicas. Doy por hecho de que en cualquier club deben existir unas normas de convivencia de obligado cumplimiento para los socios. Pero no es de ninguna manera tolerable que se atente contra los derechos del niño y de la madre. El socorrista en cuestión, al que nunca le invitaría a tomar un café con leche (para que no se contaminase), es un  necio; y créanme que llamarle necio no es un insulto. La palabra necio proviene del latín “nescius”, derivado del negativo “scire” que significa “saber”. O sea, necio es el que no sabe.

domingo, 18 de junio de 2017

El mareo del incienso





Hoy, domingo 18 de junio, la Iglesia Católica celebra la trasladada festividad del Corpus (salvo, que yo sepa, en Toledo, Granada y Daroca). En su artículo de ABC, “El Rey en los toros”,  Antonio Burgos eleva su incensario a las nubes que pasan. El incensario de ese plumilla ante la presencia de Felipe VI en Las Ventas con ocasión de la Corrida de Beneficencia raya en lo patológico. ¿Existirá algún fármaco contra esa paranoia? Burgos hace una rara comparación entre esa lidia y la anterior presencia del monarca en el Vicente Calderón con motivo de la final de la Copa del Rey. Señala Burgos con una chicuelina: “Había hasta gente en la puerta esperando que llegara Su Majestad el Rey Don Felipe VI, que Dios guarde, porque falta le hace a España que nos lo cuide. Y cuando llegó el Rey, con el ministro de Cultura y la presidenta de la Comunidad de Madrid a la cabeza, estaba esperándolo un respetuoso comité de recepción que no he visto más cabezadas, más taconazos y más genuflexiones laicas pero monárquicas, como la perfecta de la marquesa de la Vega de Anzo, que es tela de aficionada a ambas cosas, a los toros y a la Corona”. Más tarde comenta que El Julí, Manzanares y Talavante le hicieron al rey sus respectivos brindis protocolarios. Esas cosas pasan siempre. Y si el rey fuese a un pueblo, el alcalde le entregaría su vara de mando. Pero Burgos continúa con una revolera alrededor de su cintura: “En esta España "sin", sin valores y sin vergüenza, y sin sentido de Patria, y sin defensa de su Unidad, y sin exigencia por el Gobierno del cumplimiento de su Constitución, era una gloria ver al Rey en el palco de Las Ventas también en plan "sin": sin silbidos al himno, sin abucheos a Su Majestad. ¡Y eso que en Las Ventas se silba tela!”. Y en el mismo diario leía hoy la trágica muerte de de Iván Fandiño al ser corneado por  Provechito, de Baltasar Ibán, cerca de Mont de Marsan, en el sur de Francia. Un toro que ni siquiera pertenecía a su lote. En España tenemos hoy, como hemos tenido siempre, dos tipos de diestros: los que se juegan el tipo en la arena y los de salón, los que sólo con asomar su presencia por el albero producen “genuflexiones laicas”, como sucede con Curro Romero en La Maestranza de Sevilla, o como con el rey en el palco de Las Ventas. No es necesario que el maestro Romero haga faena al morlaco, que la cornada, si acaso, que se la lleve el sobresaliente. Lo de ellos, los toreros y los reyes, consiste en permanecer expuestos, como la custodia el día del Corpus por las calles de Toledo, o en el altar mayor de la catedral de Lugo. La genuflexión “perfecta” de Pilar González del Valle,  IV marquesa de la Vega de Anzo, añade colorín al espectáculo para que la fiesta no decaiga.