Cagalentejas

Los
que no sean zamoranos desconocen la figura del conquero, uno de los principales
símbolos de la Semana Santa toresana, perteneciente a la Cofradía de Jesús Nazareno
y Ánimas de la Campanilla y que cada Jueves Santo, en el atrio de la sede de la cofradía, la iglesia de
Santa María de Roncesvalles y Santa Catalina, tiene lugar su bendición. Una vez
finalizado el ritual, los cuatro conqueros recorren
las calles de Toro con el rostro tapado con un capirote, en riguroso silencio y golpeando sus varas
contra el suelo para llamar la atención, exigiendo más que implorando donativos para la cofradía. Conquero viene de conca, un
recipiente manual que se utilizaba antiguamente para catar el recio vino tinto de esa tierra. A los
conqueros también se les denominaba de forma despectiva como ‘cagalentejas’. El trabajo de esos cofrades
comienza al mediodía del Jueves Santo,
cuando tañen las campanas del Arco de
reloj. Desde 2018, tras el cabildo del Domingo
de Lázaro, se ha implementado un cambio significativo en la composición de
la hermandad. Ese cambio se debe a la promulgación de un estatuto marco por
parte del Obispado, el cual establece que las cofradías deben estar integradas
por fieles bautizados, tanto hombres como mujeres. Parece evidente que haber
sido bautizado sea la premisa necesaria para ser cofrade, de la misma manera
que a los soldados (en tiempos de paz) el valor se les supone. Pues bien, los
cuatro conqueros representan a las cuatro parroquias que había hasta hace unos
años en Toro: San Julián de los Caballeros, la Santísima Trinidad, Santa María
la Mayor y Santo Tomás Cantuariense. Se cuenta que los fondos recaudados
sirvieron antaño para el enterramiento de los hermanos que no podían hacer frente
al funeral y las correspondientes misas. Esos nazarenos de Ánimas visten túnica negra, se
conjuran ante los abades (de túnica morada) y juran guardar silencio.
Seguidamente les es entregada la conca y una insignia tipo chuzo. La
explicación más aceptada del estrambótico nombre de ‘cagalentejas’ alude a esas legumbres a las que los abades solían
invitar a a cenar el Jueves Santo a los postulantes para que
cobraran fuerzas. En tiempos pasados, cualquier niño que anduviera por las calles
durante el ocaso solar temía encontrar a un siniestro hombre que tañía una esquila
mientras decía "ánimas
benditas" con voz quejumbrosa. No era para menos. Sigue siendo
costumbre que pasadas las dos de la madrugada, se busque al cura, que dará el Sermón del Mandato a las seis de la
mañana en Santa Catalina; a los celadores y a los integrantes de la Corporación
municipal, y que desde el Ayuntamiento, todos en unión se acerquen hasta la Colegiata (sobre las 10 horas). Allí descansan hora y media, momento en el
que cofrades y abades aprovechan para degustar bacalao al ajo arriero. Más
tarde continúa la procesión, que suele concluir sobre las dos de la tarde en la
iglesia de Santa Catalina, donde se lleva a cabo el tradicional baile de los pasos alrededor de
la imagen de la Soledad, ante Nuestro Padre Jesús, titular de la Cofradía, con
el acompañamiento musical de la canción legionaria 'El novio de la muerte'. Por cierto, acabo de leer que el próximo sábado
24 de enero se bendecirá una obra en bronce dedicada al 'cagalentejas' en la plazuela
de Jesús Nazareno y la Soledad, creada por el artista local José Antonio Samaniego de Tiedra.
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