Cuando hago referencia a la Muralla, me refiero a la Muralla de Lugo, por antonomasia. Al final del este escrito diré por qué. Me ha producido consternación conocer que una mujer de nacionalidad húngara, de 42 años de edad, se ha caído desde el adarve de la Muralla de Lugo frente a la Rúa do Moucho en torno a las 6 de la madrugada del pasado domingo, según he leído en El Progreso. Existe una leyenda sobre esa Muralla de granito y pizarra de 2.266 metros de longitud y 85 torres, de las que hoy solo quedan 16, y cuatro puertas: Porta Falsa, Porta do Bispo, Porta de Santiago y Porta Miñá. Cuenta la leyenda que los romanos construyeron en el siglo III la Muralla para proteger un bosque, el "Bosque Sagrado de Augusto". Pero las necesidades urbanísticas de Lugo durante el siglo XIX obligaron a abrir otras puertas en su Muralla romana: Puerta de san Fernando, que se abrió en el lugar por el que había entrado el acueducto romano que llevaba agua a la ciudad; Puerta del Obispo Odoario, que se hizo para comunicar la ciudad con el Hospital de Santa María; Puerta de Campo Castelo, para comunicar la ciudad con la cárcel; Puerta del Obispo Aguirre, para comunicar la ciudad con el nuevo seminario; y Puerta de la Estación, para poder llevar a la estación de ferrocarril. El 16 de abril de 1921 fue declarada ‘monumento nacional’ por el Gobierno presidido por Manuel Allendesalazar con el fin de evitar más derribos del entonces alcalde Ángel López Pérez. Aquella declaración de ‘monumento nacional’ precipitada estuvo motivada, debido a que el 24 de enero anterior se había volado con dinamita un cubo de la Muralla para abrir la que sería la última puerta, la del Obispo Odoario que, como señalaba, comunicaba con el Hospital de Santa María. Pero no era la única acción prevista. El para mí nefasto alcalde López había consentido tirar otro cubo, el de la Puerta de la Estación, para construir un garaje. La denuncia de cinco vecinos de Lugo, que se presentó ante el Consejo de Ministros, fue crucial para que se acelerase todo el proceso para declarar ‘monumento nacional’ a la Muralla, aunque no llegó a tiempo para impedir la citada voladura del 24 de enero en la actual Puerta del Obispo Odoario, Ya antes, en 1912, se presentó en el Senado una proposición de ley para proteger la Muralla. Un año más tarde, en 1913, se aprobaron por decreto dos órdenes ministeriales en las que se prohibía de manera expresa la construcción de edificios adosados. El 8 de julio de 1971 el Gobierno aprobó el decreto de expropiaciones forzosas de las casas pegadas a la Muralla con el objetivo de derribarlas. Se oficializó la demolición de 130 viviendas y 1.429 cobertizos, cuyas obras finalizaron con la visita de los Reyes en julio de 1976. La Muralla se unía a la Catedral de Mondoñedo como únicos ‘monumentos nacionales’ y no sería hasta el 11 de octubre de 1994 cuando los gobiernos central y autonómico acordaron el traspaso a la Xunta. La Muralla de Lugo es para mí entrañable, como decía al inicio. Caminé por ella muchas veces durante mi niñez junto a mis abuelos maternos en mis largas estancias estivales. Hay recuerdos que resultan imborrables. La Muralla es uno de ellos.
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