domingo, 6 de septiembre de 2026

Democracia cojitranca

 

 

En este país pasamos directamente del utárquico‘régimen del 18 de julio’ al ‘régimen del 78’, que no fue más que el reparto del poder político entre unas élites regionales y la creación de 17 virreinatos con más ínfulas (entendidas como tiras de tela, distintivo de alta jerarquía) que la mitra del cardenal Richelieu. A la muerte de Franco no se produjo, como digo, un periodo constituyente sino una democracia cojitranca donde los parlamentarios no fueron capaces de evitar mediante la correspondiente ley la apología del franquismo como hizo Alemania con el nazismo. Como diría Antonio García-Trevijano, todo el proceso constituyente quedó transformado en una “charlotada” de oligarquía de partidos. El hecho de hacer listas electorales bloqueadas y cerradas, las evidentes dificultades para renovar el Consejo General del Poder Judicial, el excesivo aforamiento injustificado, la opacidad en las cuentas de la Casa Real, la falta total de transparencia pública en la gestión de los recursos, la corrupción y la fuerte polarización política que dificulta los grandes consensos nacionales y bloquea las reformas institucionales, son algunas de las razones que confirman que no se cosió el traje democrático de la mejor forma sino que se hilvanó por un aprendiz de sastre, dejando al aire nuestras miserias. Platón fue el filósofo más destacado en oponerse a la democracia en su obra “La República”, a la que consideraba una de las peores formas de gobierno. Argumentaba que las masas no tiene preparación ni sabiduría para gobernar, con lo que daba a entender que ese sistema político conducía al caos y, finalmente, a la tiranía. Y Sócrates la comparaba en términos náuticos con  un barco donde el capitán es elegido por votación de los marineros inexpertos en lugar de por alguien que sepa navegar; Aristóteles la veía como una forma desviada del gobierno de muchos; y Nietzsche también rechazó firmemente la democracia, al considerarla como un sistema mediocre que frenaba el desarrollo de los individuos superiores y promovía la igualdad de rebaño. Pero a la pregunta ¿existen formas de gobierno peores? la respuesta es  afirmativa. Guillermo Cortázar, en su libro “Romanones” (Espasa, 2021) señala que  la historia de España entre 1923 y 1936 es la de una transición fallida a la democracia”. Personalmente entiendo que no lo fue así todo ese tiempo. No se puede mezclar la dictadura de Primo de Rivera (con el vergonzoso consentimiento de Alfonso XIII, que provocó el  posterior “Pacto de San Sebastián” y que le abrió al rey la puerta para invitarle a marcharse) con  la intachable Constitución de 1931, truncada por un golpe de Estado y una posterior guerra civil, que no fue el eje de la crisis política del siglo pasado sino la consecuencia, por el deseo de la burguesía y el clero de recuperar lo que ellos entendían como privilegios lacerados. Los militares -en su mayoría africanistas, poco cultos, asilvestrados en sus modales y mal pagados-  solo fueron la herramienta utilizada por ese grupúsculo de indeseables para el logro de sus malvados fines, es decir, la eliminación de las libertades civiles, de la libertad de expresión y de los derechos humanos mediante la fuerza o la censura. Eso que  los que lo griegos llamaron tiranía.

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