lunes, 6 de octubre de 2008

Banderas y soflamas

La Plaza de Aragón lucirá despues de las fiestas pilaristas la bandera de 18 metros cuadrados de forma permanente. De acuerdo, que se instale y ondee al cierzo. Pero recuerdo al alcalde Belloch que el "folklore", (al que hacía referencia sobre quiénes han estado en contra) lo ha montado él, indiscutiblemente. Ha aprovechado el motivo para hacer toda una parafernalia propia de aldeanos. Supongo que, como en Zaragoza ya no se estila tener reina de las fiestas, ha aprovechado el asunto de la bandera más grande del mundo mundial para organizar la entrega de medallas a lo que en su saber y entender son las modernas cuatro defensoras; es decir, las nuevas heroínas de la Ciudad y de los grandes expresos europeos del siglo XXI: a una escritora, que reside en Madrid desde que hizo la primera comunión; a una bioquímica, que debe saber más que Briján sobre acoplamiento sexual del mejillón cebra; a la directora del Seminario de Investigación para la Paz,¿de qué paz?; a una paralímpica militante del PAR; y a la editora de uno de los dos periódicos diarios que se hacen en Zaragoza, precisamente del más conservador. A mi entender, después de tanta medalla concedida el día del Pregón, más las entregadas sólo un día más tarde, por estos andurriales sólo quedan por recibirla, no sé si por merecerlas, el guardián de la puerta del Cementerio y el secretario de la titular de la Concejalía de Amejoramiento de Grandes Eventos, que ignoro si consta en el baremo de ediles por la causa, pero que, en el supuesto de que no existiera tal cargo, es de ley que habría que crearlo de inmediato. Esta es la Ciudad de los eventos, de los pasados y de los que están por llegar, que presumo incontables si el cuerpo de Belloch aguanta en la Alcaldía, sea en la de Zaragoza o en la de Móstoles, que todo se andará a su debido tiempo. Recuerdo que, cuando era ministro, no se conformó con serlo de Justicia. Quiso, y lo consiguió, serlo de Justicia e Interior. Fue, para entendernos, como si hubiese pegado con loctite y por la espalda a Rubalcaba con Bermejo, pretendido que los dos caminasen al unísono. No cayó en la cuenta que ambos tropezaron con Garzón, que era como un marmolillo de granito que también quería ser ministro de la Cosa. El resultado final fue que hubo que separar los ministerios con el bisturí de la lógica y darle a Garzón un caballo para que persiguiese al cuatrero Pinochet antes de que éste pasase a la otra orilla de Río Bravo.

Pero el acto del pasado domingo no quedó ahí. No cuento, por no cansar al lector, que hubo desfile de tropas, que se ensalzaron las virtudes de las heroínas del siglo XIX, y discursos varios. Entre los destacados, el del general Fernando Torres, que se refirió a la "convivencia necesaria" entre Ejército y paisanos, recordando que ambos "lucharon juntos por la libertad". Fernando Torres sabrá mucho sobre cómo inspeccionar al Ejercito, pero no recuerda, por lo que se desprende, del grito de "¡viva las cadenas!" del populacho implorando la venida del felón Fernando VII. Los reaccionarios del XIX tuvieron más miedo a que las ideas enciclopedistas francesas pudiesen calar en el pueblo español que a un ciclón. De hecho, Palafox siguió siempre los mandatos de los representantes en Zaragoza de la Iglesia Católica. ¿A qué libertad se refirió el general Torres? En fín, cuando un general mete en la misma coctelera las palabras libertad, convivencia y patria hay que echarse a temblar. Lo de Belloch es distinto. Simplemente no se había tomado la pastilla. Vamos a ver: nos sube las tasas de vertidos y basuras, manifiesta un afan recaudatorio rayano en la perversidad en el tema de las multas de tráfico, sube el IBI, y un montón de cosas más y, en vista de que no tienen suficiente dinero las arcas municipales, decide cobrar 150 euros a los contrayentes de las bodas civiles. Aquí todo por lo grande. Ya está pensando, y así lo ha declarado, en otra Expo dedicada a la Flora. ¡Chupa del frasco! Lo de la bandera, si les digo la verdad, es lo de menos. Cuanto más grande, mejor. Eso me recuerda cuando, de críos, nos mirábamos la pilila cuando orinábamos por ver quién de nosotros era el más machote. En Aragón deberíamos madurar y dejar de ser unos chulapos de zarzuela, como estamos demostrando día tras día. ¡Qué desastre!

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