domingo, 21 de diciembre de 2008

"Camino" de salvación

Lo de la crisis no es cierto. Las pequeñas empresas de este país cierran al goteo por ignorar el nuevo "Camino" de salvación. Ahora, cuando llega Navidad, con los precios por las nubes, las ventas de coches en punto muerto, las sociedades mercantiles sin banco que les preste, y los pequeños empresarios mirando a las nubes que pasan, aparece, como el espía que surgió del frío, un folleto editado por CEPYME Aragón, "Pequeños pensamientos", que pretende ser, más que un decálogo que proporcione dinamismo, un manual de anestesia general para épocas de turbulencias financieras. Algo que me recuerda a "El Arte de Enfermería", editado por Juan Nepomuceno en Madrid, en 1833, plagado de agüeros siniestros. Ignoro a qué mente privilegiada se le habrá encendido la bombilla de bajo consumo. ¿Ustedes recuerdan el librito "Camino", de Escrivá de Balaguer? Pues no es nada comparado con el "Decálogo de la Pyme aragonesa". Tiene su mismo tamaño aunque con menos páginas. Es como el catecismo del padre Astete para los pequeños empresarios. En cada uno de sus diez apartados propone una sugerencia distinta: (I) "Ten claridad de visión",(II) "Sé consciente del riesgo",(III) "Innova", etcétera. Está claro que si, pongamos por caso, don Antonio García, del Comercio, lee el catálogo, lo medita despacio y lo pone en práctica de inmediato, se le acabará el desasosiego que le devora. No importa que el banco de la esquina, ese de toda la vida, le niegue el crédito tantas veces solicitado. Como no podía ser de otra manera, ya se ha encargado el Gobierno socialista de inyectarle dinero a esa entidad, para que ella conceda el préstamos de inmediato, en absoluta reciprocidad.

En principio, la idea es razonable. Pero los resultados finales, al menos hasta el momento, son lo más parecido a una farsa piramidal al más genuino estilo americano. Quienes componen la Confederación de Empresarios de la Pequeña Mediana Empresa en Aragón no se manchan las manos en taller alguno, ni se arruinan en tiempos de tribulación, ni conceden préstamos a nadie. Saben, como decía Amado Nervo, que el miedo no es otra cosa que un deseo al revés, y su misión consiste en administrar buenas voluntades en forma de grageas, en poner sobre las cabezas de los pequeños empresarios las diez ideas más brillantes en forma de lenguas de fuego. Son como el Espíritu Santo, aunque en forma de gorrión de canalera. Pero su feliz decálogo para salir del pozo de este juego de la oca llega a mis manos el cuarto domingo de Adviento, en vez de Pentecostés, que sería lo deseable. Ya empezamos mal.

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