sábado, 14 de febrero de 2026

Conviene leer a Ortega

 

Ahora va a resultar que Javier Lambán gana batallas después de muerto. Todo llegó cuando el ministro para la Transformación Digital, Óscar López, señaló en una entrevista televisiva que el político difunto fue uno de los factores que podían explicar la debacle de Pilar Alegría en Aragón en los últimos comicios regionales. El ministro sostuvo que Lambán “se dedicó a hacer otra cosa en vez de ejercer una oposición clara al Gobierno de Jorge Azcón y que muchos de sus argumentos eran de la derecha”. Bueno, a mi entender, todas las opiniones son respetables vengan de donde vengan, por mucho que la derechona señale esas declaraciones como “ajuste de cuentas en diferido”. Enseguida García-Page exigió disculpas de esa discrepancia política y la derechona en pleno se unió a esa exigencia, señalando que el legado de Lambán no debe discutirse, menos aún después de muerto. ¿Cómo que no? Aquí puede discutirse todo. Cosa distinta sería hablar mal de un difunto porque no puede defenderse. Pero criticar su gestión política es distinto. Lambán fue él y sus circunstancias y su legado puede discutirse, de la misma manera que Leguina, Guerra o González despotrican en los medios contra la forma de gobernar de Sánchez. Aquí no hay líneas que no deban cruzarse. Plutarco, en “Vidas paralelas”, cuenta que cuando el Senado y Pompeyo quisieron frenar a Julio César para que no cruzase el río, éste no se arredró, cruzó el Rubicón,  el límite entre la Galia Cisalpina y el Imperio romano, y conquistó el poder por la fuerza  al amanecer del día 11 de enero del año 49. Lambán pudo ser un buen alcalde de Ejea de los Caballeros y un mediocre presidente de Aragón. Hay tipos que con menores méritos están en los altares.  En “El Principio de Peter” (1969) Laurence J. Peter señala en su corolario que “la competencia empuja a alcanzar el máximo nivel de incompetencia”; algo parecido a lo que sostuvo 50 años antes Ortega: “Todos los empleados públicos deberían descender a su grado inmediato inferior, porque han sido ascendidos hasta volverse incompetentes”. Ello significa que en ocasiones se produce un ascenso político sin habilidades de liderazgo, puede ser que la persona sea carismático o con contactos y estos le puede permitir ascender sin tener las habilidades necesarias. Hay personas que pueden ser un buen secretario de organización y un mal gestor político, o la inversa. Estas cosas, en España, se dan con harta frecuencia. De hecho, no conozco empresa que carezca de la figura del “tonto útil”. A algunos hasta se les recompensa con medallas.

 

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