Irene González, en Vozpópuli, señala que “en el caso del derecho de voto, ha de acabar en la persona que salió de España, jamás puede transmitirse a los descendientes que no volvieron. Quienes se largaron no contribuyeron a que España saliese adelante, quienes se mantuvieron durante generaciones fuera no han aportado nada, somos lo que somos sin que ellos hayan participado. ¿Derecho de resarcimiento de qué?”. Cosa diferente sería, si acaso, considerar a los saharauis españoles, desde que España salió tarifando a medida que avanzaba imparable la “Marcha Verde” y el franquismo comenzaba a descomponerse envuelto en un merengue de hedor insoportable, o los hijo vivos -que cada día quedan menos- de padres que perdieron la guerra civil, marcharon a la diáspora y el sátrapa Franco los consideró apátridas a todos los efectos. Pero ahí hay que parar el carro, beber del botijo y pensar un poco. Los nietos de aquellos hoy viven donde les parece; es decir, donde tienen su vida resuelta y pagan impuestos. Con ellos ya no va la Ley de Memoria Democrática. Como también señala esa periodista, y señala bien, “los hijos y nietos de quienes se tuvieron que marchar y se mantuvieron durante generaciones fuera no han aportado nada, somos lo que somos sin que ellos hayan participado”. Algo parecido sucede con Juan Carlos de Borbón, el rey sin corona ni Corina que no paga un celemín en España y procura estar en Galicia menos de 143 días al año para no tener la obligación de contribuir. Al menos yo así lo entiendo. Si el anterior jefe del Estado no aporta nada al Fisco, nada le debemos los españoles. O sea, quede lo comido por lo servido. Pero la “Ley de nietos”, que pretende impulsar el Gobierno, no debe derivar en la “Ley de los canelos” y quedemos todos como panolis, no sea que Sánchez haga bueno el viejo refrán de “éramos pocos y parió la abuela”, que ya se decía con sorna entre los plebeyos en el siglo XIII, cuando Leonor Plantagenet, esposa de Alfonso VIII de Castilla y madre de Berenguela, parió a los 44 años (casi ya entrada en la vejez en aquella época) a Enrique I de Castilla.
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