Aunque parezca simple, yo siempre tuve dudas sobre la palabra “jersey”. No supe si llevaba o no tilde hasta que tuve que consultarlo para salir de dudas. Y descubrí que se escribe sin tilde, ya que la ‘y’ final funciona como consonante a efectos de acentuación, y que el plural era “jerséis”, con tilde y cambiada la ‘y’ por ‘is’. Se llama se esa guisa por haber nacido en el siglo XV en la isla de Jersey, situada en el canal de la Mancha, como una prenda de lana merina resistente al agua y al viento que tejían las mujeres de los pescadores y campesinos para protegerlos del frío y de la humedad del mar. Cuando esa moda se trasladó a América al “jersey” se dio el nombre de “sweater”. En 1857, por recomendación de Horatio Nelson (héroe de la batalla de Trafalgar), al Ministerio de Marina pasó a formar parte del equipamiento invernal de los soldados de Nueva Escocia. Su cuello era redondo y ligeramente alzado para proteger del frío, e incorporaba detalles que recordaban a elementos cotidianos de la vida de los pescadores, como el canalé en los puños replicando la forma de las escaleras del barco. Más tarde, el“jersey” adoptó el cuello de pico. El posterior invento de las tricotosas hizo que fuese más sencilla y rápida su confección. Más tarde se puso de moda el chaleco, es decir, el “jersey” sin mangas para llevar debajo de la chaqueta. Hoy, leyendo en Diario de León un reportaje elaborado por Cristina Fanjul (“Mujeres y poder más allá de la Corona”) en referencia a que desde hoy el Palacio de Conde Luna acoge unas jornadas sobre el papel de las mujeres en la historia, hace referencia a una vieja información aparecida en ese diario, donde se daba cuenta de cómo las mujeres fueron utilizadas durante la Guerra Civil para confeccionar ropa de abrigo para los soldados del bando rebelde:
“Nuestros soldados, institutos armados y milicias que luchan por la liberación de España ya presienten el invierno, así que yo os invito valientes y abnegadas mujeres leonesas a que inauguréis seguidamente la quincena del jersey, bajo las siguientes condiciones: Cada mujer de la provincia de León, de catorce años en adelante, deberá hacer un jersey por sí misma, en color blanco, marrón claro o gris a ser posible, y sin mangas. Las que no tengan lana o no puedan comprarla, la recabarán entre sus amistades o la solicitarán del Alcalde respectivo, el cual, puesto de acuerdo con el de la cabeza de partido, verán la manera de solucionarlo y en último término manifestaran a este Gobierno Civil las dificultades que encuentren para procurar prestarles los auxilios que necesiten”.
Lo que más me choca de esa información
es el color indicado para las prendas (blanco, marrón claro o gris) que los soldados
deberían llevar, cuando se suponía que tales prendas serían invisibles por estar ocultas tras la
guerrera. ¿A quién se le pediría consejo? No lo sé. Supongo que a alguna de las
mujeres más influyentes de entonces en el bando sublevado, y estoy pensando en Mercedes Sanz Bachiller (viuda de Onésimo Redondo y fundadora del Auxilio de Invierno, más tarde llamado Auxilio Social); en Pilar Primo de Rivera, hermana del Ausente; en María Rosa Urraca Pastor (destacada política tradicionalista y una de
las principales organizadoras de las Margaritas
del movimiento carlista); o en Priscilla Scott-Ellis (aristócrata británica
que, impulsada por su simpatía hacia la causa de los rebeldes llegó a España
con enfermera voluntaria de la Cruz Roja
para servir en los hospitales de sangre del frente sublevado). Aunque tal vez
no se le pidiese consejo a ninguna de ellas y fuese Carmen Polo, o alguna monja-alférez (provisional, claro) de la Santa Cruzada de Liberación de rojos infernales, la“autora intelectual” de aquella obra de misericordia. Vaya usted a saber… Pero aquella sencilla prenda de abrigo no debió dar mucho resultado. Prueba de ello fue que, a partir de 1945, hubo que sembrar este país de sanatorios antituberculosos por falta de calor corporal y de algo que poder llevarse a la boca por matar el hambre. Quedó claro que dar un "jersey" en forma de chaleco a las tropas rebeldes destacadas, sobre todo en el frente de Teruel, fue a todas luces insuficiente. Fue más efectivo invitar a las tropas a tomar tragos de un coñac infame con sabor a aguarrás antes de entrar en singular combate. ¡Qué más daba! Eran carne de cañón.
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