Hoy tomo el título de Francisco de Rojas Zorrilla, de su famosa comedia de figurón (subgénero de la comedia de capa y espada). Decía Camilo J. Cela que ‘la pasión de los españoles siempre consistió en meterse con los curas’. Pero ahora, no sé por qué razón, convertidos a no sé se sabe cuál doctrina, los españoles prefieren meterse con Sánchez, que, como los inicuos, parece que no tiene posible redención. Ser seguidor de Sánchez es como ser seguidor de Satán y cuando te conviertes en defensor del sanchismo, los seguidores de Trump, Vox o Ayuso optan por tocar madera para atraer la buena suerte, protegerse de la mala fortuna o evitar que un mal presagio se cumpla. La derechona en la trepa imparable y el PSOE en caída libre se llevan peor que san Elipando y Beato de Liébana, que se maltrataron de palabra en el Concilio de Toledo, en el ámbito de la España visigoda, uno adoptando la herejía del Adopcionismo, y el otro defendiendo la ortodoxia católica. Ahora, para enderezar esta situación, o sea, la muerte de la nación como entidad histórica y poder salir de la calle de la amargura, parece necesario disolver las Cortes y acudir a las urnas para que el pueblo decida su destino. No se puede seguir con esta larga agonía, que ya se parece a la de Franco. Vox ha dejado de ser el hijo descarrilado del PP que algún día volverá a casa de su padre lleno de harapos e implorando clemencia. Nada de eso. Vox lleva trazas de seguir creciendo; y el PP, de disolverse como un azucarillo en taza de café, como le sucedió en 1983 a UCD el día que Landelino Lavilla, presidente, y el secretario general en funciones, Juan Antonio Ortega, dimitieron. Y el proceso de descomposición (desde arriba) llegó con Calvo Sotelo. Ahora, la ‘Operación Rufián’ en su intento de aunar fuerzas a la izquierda del PSOE acabará siendo una torre de Babel de difícil entendimiento. Ya lo intentó en 1986 el derechista Miquel Roca (de CiU) animado por Florentino Pérez, cuando lanzó una operación (en plena fiebre felipista) para gobernar España. Creó el Partido Reformista Liberal, que resultó no ser partido, ni reformista ni liberal. El resultado fue que no obtuvo ni un solo escaño. Y lo de Sumar, con Yolanda Díaz al frente, ya sabemos en qué ha quedado. Como dijo Eugenio d’Ors al camarero que le tiró el champán por su chaqueta: "Joven, los experimentos hágalos usted con gaseosa".
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