Suele acontecer que, en los pueblos, cuando alguien lega una hacienda de sus antepasados, a la vez hereda también el mote que ellos tuvieron, el apodo por el que se les conocía. Y los herederos de tierras y remoquetes lo llevan con mucha honra, como si se tratase de un título de hijodalgo, que no es en realidad un título sino una condición de nobleza de sangre, y que solo conservaban antaño la exención de pagar alcabalas. Hijodalgo solo significa “hijo de algo”. La figura del hidalgo es especialmente famosa en la novela "Don Quijote de la Mancha", donde el protagonista, Alonso Quijano, se convierte en el caballero andante. Hasta el siglo XIX, cuando se extinguieron los hidalgos, los había de las siguientes clases: hidalgo solariego, hidalgo de teja, hidalgo de nombramiento, hidalgo de pleito e hidalgo de bragueta. Pero en los pueblos, donde prima el sector agrícola, lo que se mide es la cantidad de anegadas que posee el heredero y nuevo titular de las fincas. De esa manera consigue que muchos convecinos trabajen para él en la atención a sus hectáreas. Pero la herencia recibida no evita que el nuevo dueño continúe siendo conocido por el remoquete también heredado de su familia. El mote, en ese caso, no es despectivo sino que hace referencia todo el clan familiar de donde proviene. Es decir, cuando alguien pregunta “¿de quién son esas tierras?”, cualquiera del pueblo responde del modo más natural: “de los Pepones”, o “de los Marianicos”, y todos lo entienden. El dueño de las tierras de labor jamás se sentirá zaherido, por no ser dicho en sentido peyorativo. A la gente del medio rural, humilde aunque resabiada, solo les molesta cuando a los lugareños les llaman de una u otra manera los vecinos de otros pueblos colindantes con los que no se llevan muy bien, verbigracia: a los de Ainzón, soperos; a los de Caspe, cagones; a los de Calatayud, cazuelos; a los de Saviñán, caracoleros; a los de Barrachina, modorros; etcétera. Eso sí les molesta sobremanera, aunque no sabría decir por qué. Tanto es así que, si te descuidas, te tiran de cabeza al pilón o te sueltan un soplamocos.
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