martes, 21 de febrero de 2012

Martes de Carnaval


El gobernador del Banco de España, que no vio venir la tremenda crisis que ahora padecemos, en buena parte por culpa de una banca privada que él tenía obligación de controlar, se ha permitido señalar durante una jornada de homenaje a Luis Ángel Rojo (exgobernador del BdE, consejero del Banco Santander y académico de la RAE) que “hay que ajustar precios y salarios para incrementar la productividad, el único camino a corto plazo para impulsar y recuperar la competitividad de la economía española”. Es decir: como no se puede devaluar la moneda, hagamos que los españoles se vayan pareciendo al modelo chino, es decir, más trabajo con menos salario. Si piensa Mafo que la fórmula para reducir los elevados niveles de endeudamiento acumulados en España se corrigen sólo por la vía de las rebajas salariales, va listo. En España, como bien dice Isaac Rosa, “la olla empieza a soltar vapor”. Los sucesos de ayer en Valencia, donde las cargas policiales contra los estudiantes para “despejar las calles” fueron desproporcionadas y típicas del franquismo, exigen una explicación inmediata por parte de la delegada del Gobierno en la Comunidad Valenciana, Paula Sánchez de León. De la misma manera, el ministro del Interior, Jorge Fernández, debería cesar de inmediato al impresentable jefe de Policía, Antonio Moreno, cuya “excelente productividad” puede llegar a retrotraernos a una larga etapa de sufrimiento que todos los demócratas deseamos olvidar. Por aquello de la retroacción, me vienen a la cabeza los sucesos de Vitoria del 3 de marzo de 1976 (con 5 muertos y muchos heridos a manos de la Policía Armada) y me entran escalofríos sólo de pensarlo. Entonces era ministro de la Gobernación Manuel Fraga. Lo digo por si alguien no lo recuerda. Ese político recientemente fallecido al que la derecha le hace homenajes un día sí y otro también aunque no vengan a cuento. Declarar “la guerra” a los estudiantes, como se ha declarado en Valencia, o decir que los educandos “son el enemigo”, en palabras de Moreno, son el primer paso hacia el lapicero del censor, la enseñanza controlada por la Iglesia Católica, el trágala, el hisopazo, el “mandamás” bajo palio y el pensamiento único. Recomiendo a Rajoy que en sus ratos de asueto lea algo sobre el “bienio negro”. A veces conviene no volver a repetir la historia.

domingo, 19 de febrero de 2012

Domingo de Carnaval


Las calles de todas las grandes ciudades españolas están tomadas por las charangas carnavalescas y por la desesperación ante los recortes laborales. Este Domingo de Carnaval tiene las dos caras de una misma moneda: lo lúdico y lo patético. Arriamos las banderas de las protestas que hemos utilizado por la mañana contra la política de Rajoy y nos ponemos los ropajes pachangueros por la tarde para burlarnos de nosotros mismos. “El payaso que llevamos dentro –como escribía Gala- nos distrae con una inocencia disimulada que deja al descubierto los trucos de los demás artistas”. Mientras, Rajoy ha asegurado en el congreso del PP en Sevilla que “los ciudadanos saben que la reforma es buena y justa para España”. Pero las esperanzas de futuro para la clase trabajadora ya no alivian a casi nadie cuando salen de la boca de ciertos políticos que mienten por sistema desde el mismo día de su llegada al poder. Decía Benjamín Franklin que “el que vive de esperanzas, muere de sentimiento”. Este nuevo salvador patrio, votado mayoritariamente en las urnas el pasado 20 de noviembre, ya ha dejado claro que podrían venir nuevos sacrificios. Lo que ya no sabemos es dónde puede estar el listón cuando afirma rotundo: “haremos cuanto sea preciso para que España esté encarrilada”. También desconocemos hacia adónde conducen esas vías. De momento ya sabemos que la ciudadanía se ha echado a la calle para protestar contra las reformas laborales y que los sindicatos mayoritarios están utilizando el “muestreo” de esas protestas para calibrar “a pie de obra” si existe o no el caldo de cultivo suficiente para convocar una huelga general, considerando que ya ha habido media docena desde la Democracia y que la última resultó bastante chunga. El Gobierno de Rajoy se siente vigoroso y no está dispuesto a ceder ante unos sindicatos mayoritarios que pasan por su peor momento, porque está actuando al dictado de Merkel y de los mercados exteriores a los que debemos 1 billón de euros, o sea, el equivalente al 100% del PIB. Así de simple.

viernes, 17 de febrero de 2012

Congrio bilbilitano


Mi amigo Roberto Pérez recordaba en un suelto en el diario ABC que ya sólo queda un secadero de congrios en Mugía (los gallegos dicen Muxía) y que toda su producción se vende en Calatayud. Hombre, servidor que es casi bilbilitano de nación, sabía de sus afamados bizcochos de “Casa Micheto”, que son como pequeñas suelas de zapato y que se ablandan bastante cuando se untan en el café con leche al modo de cómo lo hacía el monarca Alfonso XIII cuando se saltaba el protocolo. También, servidor conocía los adoquines de Calatayud, que había que trocearlos con un martillo y que en el interior de su envoltorio había un ramillete de letrillas joteras machistas. Y, cómo no, el despacho de vinos de “Casa Alcalde”, que expendía al detall un vino clarete magnífico. Que nadie piense que con esta última afirmación pretendo dorar la píldora al nuevo delegado del Gobierno en Aragón, Gustavo Alcalde, hijo del que fuera tan dilecto bodeguero. Gustavo Alcalde, médico de profesión y político por mor de la afición, se bebe ahora los vientos del poder, que también producen cierta borrachera difícil de controlar. Calatayud a secas, o Calatayud-Jalón, que tal era la leyenda atornillada en la Estación de f.c.en los tiempos del inolvidable, al menos para mí, don César Delgado, el hombre bueno, amigo de mi familia, que mejor supo llevar sobre la cabeza el quepis ferroviario azul, que le daba aspecto de general de Artillería del Ejército francés; Calatayud a secas, o Calatayud-Jalón, digo, fue, también, la “catedral” de los fardeles a la plancha en tiempos de “Magritas”, que los hacía como hay que hacerlos, o sea, de la misma manera a como cuenta el Martirologio en lo referente al suplicio de san Lorenzo, pero sobre una plancha en vez de parrilla. “Magritas”, dibujado por Melendo de cuerpo entero para el bar “La Unión”, se llevó a la tumba el secreto de su éxito con los fardeles a la plancha que, aunque parezca algo simple, tenía su toque inconfundible. Pero, a lo que iba. Resulta curioso que cada tienda de ultramarinos, tanto de Calatayud como de su comarca, tenga colgado todavía hoy algún congrio seco en las paredes de su establecimiento. Es como una gran raqueta llena de agujeros que produce un olor característico. Según los entendidos, el congrio seco es un manjar que hay que saberlo cocinar con paciencia. En “El Practicón”, Ángel Muro hace referencia únicamente al “congrio fiambre”, al que sólo dedica cinco líneas. Por otro lado, en la segunda edición de “El Amparo” (Bilbao, 1930), Úrsula, Sira y Vicente de Azcaray dan cuenta del congrio en salsa verde y del congrio en salsa de vigilia, importantes aportaciones al mundo culinario. Y, finalmente, en mis archivos de andar por casa, encuentro la ficha de congrio a la arandina, según una vieja receta de Aranda de Duero. El congrio, como todo en esta vida, tiene dos partes diferenciadas: la abierta y la cerrada. La primera de ellas es la que rodea al vientre; la segunda contiene muchísimas espinas. También hay dos variedades: una con piel negra, que es la mejor, y otra gris blancuzca, que tiene la carne más blanda y grasienta. Pero esa antipática “bicha” para los andaluces, con cierto parecido a la anguila, una vez secada hace furor entre los bilbilitanos. Está aceptada por el paladar desde los tiempos del trueque, cuando se intercambiaba el cáñamo aragonés para hacer amarras de buque por el pago en especie de ese pescado, que podía almacenarse sin deterioro para ser aprovechado en épocas de hambruna. Y como consecuencia de ello apareció la receta del congrio a la bilbilitana, insuperable según los expertos. Según la norma, se necesita disponer de los siguientes ingredientes para cuatro personas: aceite, 500 g. de congrio curado, 50 g. de harina, 300 g. de tomates maduros, 5 g. de piñones tostados y pelados, 1 diente de ajo, hierbabuena, perejil, sal y 4 huevos. En su preparación, se corta el congrio y se remoja durante 24 horas, se escurre con un paño, se pasan los trozos por harina y se fríe en aceite en una tartera de barro. Se machacan el ajo, los piñones y la sal en un mortero hasta hacer una pasta fina que se ha de desleír en agua y verter sobre el congrio. En la misma sartén se fríe el tomate pelado y picado, y una vez sazonado se añade la hierbabuena y el perejil picados. Todo ello se añade al congrio y se deja cocer 30 minutos. Justo antes de servir, se abren los huevos en la misma cazuela y se tapa para que cuajen. Deberán quedar las claras bien cuajadas y las yemas blandas, para poder untar pan, con olvido expreso de toda formalidad, como cuentan que hacía el penúltimo rey de España con los bizcochos de suela.

jueves, 16 de febrero de 2012

Brotes negros


Mariano Rajoy, que se pasa el día mirando por un raro retrovisor ideado por el doctor Franz de Copenhague para saber lo que pasa en los paises vecinos, y en demasiadas ocasiones para hacer estúpidas comparaciones, me recuerda a aquel aldeano que siempre decía que lo mejor era lo de su pueblo. Mariano Rajoy, que se ha puesto genuflexo ante Juan Rosell como si estuviese frente a la gran custodia que preside el altar mayor de la Catedral de Lugo; que agacha el morrillo ante algunos banqueros aún a sabiendas de que esos avaros de traje gris y corbata roja han hecho las cosas mal; que decía tener la fórmula sobre cómo arreglar el problema de España mientras estaba en la oposición; que parece el “pelota” de la “Oficina siniestra” de Pablos cuando está cerca de Merkel; que ha hecho más homenajes póstumos a Manuel Fraga que el conjunto de los que en su día se le hicieran a Francisco Franco por todo el territorio que años atrás devastó; Mariano Rajoy, digo, podría tomar nota de lo que ve por ese retrovisor monclovita y que observa con manifiesto desenfoque. Me estoy refiriendo a determinadas medidas que ya tiene tomadas Mario Monti para ayudar a sacar a Italia de su particular agujero financiero. Tanto es así que ya ha comunicado a Joaquín Almunia, vicepresidente de la Comisión Europea, su intención de hacer pagar a la Iglesia Católica los correspondientes impuestos (ICI, equivalente a nuestro IBI) sobre los bienes inmuebles que posee, con la excepción de aquellos edificios dedicados al culto. Mariano Rajoy podría hacer algo parecido si, antes de nada, derogase los acuerdos Iglesia-Estado firmados por Marcelino Oreja y Giovanni Villot en 1979 para, según se dijo entonces, “regular las relaciones entre ambos Estados en materia de mutuo interés”. Mucho interés, ¿para quién? La respuesta es obvia. Pero este Gobierno, que no sabe todavía de dónde sacar los 40.000 millones de euros necesarios para reducir el déficit impuesto por Alemania, carece de los arrestos necesarios para derogar un Concordato obsoleto e incomprensible por los ciudadanos en un Estado no confesional, como es el Reino de España. Mi particular retrovisor, menos desenfocado que el de Rajoy, me retrotrae sin siquiera pretenderlo a aquel Bienio Negro presidido por Lerroux y mangoneado por la CEDA que probó a liquidar los logros alcanzados en los dos años anteriores. El peor activo de Mariano Rajoy es, a mi entender, su pusilanimidad manifiesta. Debería leer “El principio de Peter” y sacar conclusiones.

miércoles, 15 de febrero de 2012

Ójala me equivoque


Hace muchos días que no escribo. Todavía no he reaccionado sobre las últimas medidas adoptadas por el último Consejo de Ministros en temas laborales. Me pinchan y no sangro. No acabo de comprender cómo hemos podido llegar a esta situación. Los sindicatos mayoritarios, mientras, deshojan la margarita sobre qué medidas deben adoptar. Si les digo la verdad, sólo intentarán reaccionar si ven minados sus particulares intereses de forma alarmante. España galopa hacia el empobreciendo ciudadano y cualquiera puede entender que, si disminuye el consumo y no se invierte en I+D+i, mal se podrán crear nuevos puestos de trabajo. Los españoles retrocedemos vertiginosamente hacia aquel rancio “nacional-catolicismo” de ordeno y mando en la época más oscura de nuestro pasado reciente. Ya sólo queda pendiente por parte del nuevo Gobierno obligar a los trabajadores a guardar fiesta en determinadas fechas religiosas establecidas en el Concordato de 1979, con la obligación de tener que recuperarlas con posteriores aumentos de la jornada laboral. Lo que ya no sé es si también nos obligarán a oír misa entera. Nunca, que yo sepa, la Conferencia Episcopal permaneció tan muda ante tanta injusticia social como sucede ahora. También, que yo recuerde, jamás se arruinó tanto a un pueblo a costa de un Estado con un déficit difícil de contener por culpa de los excesos autonómicos y municipales. Los amantes de la Historia saben qué ya nos vamos pareciendo a los alemanes, pero a los alemanes tras el humillante Tratado de Versalles de 1919. Aquel Tratado estipulaba que Alemania y sus aliados aceptaban toda la responsabilidad moral y material de haber causado la guerra, a realizar importantes concesiones territoriales a los vencedores y a pagar enormes indemnizaciones económicas a los Estados victoriosos. Ahora, la Europa de Merkel, esa Europa desenfocada que aplica la ley del embudo, pretende que los españoles, los griegos, los portugueses y los italianos, costeemos los excesos de habernos creído ricos durante las décadas pasadas. Alemania liquidó el pago de las reparaciones de guerra en 1983, pero todavía quedaba pendiente el abono de los intereses generados desde la aprobación del Tratado, que ascendían a 125 millones de euros. Los países “pigs” no sabemos cuando saldremos del agujero y, desgraciadamente, cuando eso ocurra algún día, ya no volverán a recuperarse de ninguna de las maneras las conquistas sociales conseguidas por los trabajadores a fuerza de movilizaciones ciudadanas, palos a tutiplén por las fuerzas del orden y mucha amargura sobre las espaldas. Conviene señalar que las duras condiciones impuestas a Alemania al término de la contienda fueron utilizadas por el nazismo para alcanzar el poder. La xenofobia ya se palpa hoy en Grecia y en algún otro país europeo. Es el primer paso de la ultraderecha más retrógrada. Ójala me equivoque.

jueves, 9 de febrero de 2012

El segundo rey Rodrigo


Como bien señala Marco Schwartz en “Publico”, “el problema al que se enfrenta en estos momentos España no es el de la supuesta rigidez del mercado laboral, sino la combinación de un modelo productivo en declive y la falta de estímulos a una economía basada en la demanda”. Ello viene a cuento con la reforma que laboral que conoceremos el próximo sábado tras el Consejo de Ministros. Rajoy se ha hecho manso ante la política de Merkel; ante los empresarios españoles, incapaces de vender un botijo en los mercados; y ante la Iglesia Católica, que vuelve a pretender imponer en España el nacional-catolicismo. El pusilánime Rajoy, no sé sabe si por la proximidad de la Cuaresma, se ha aplicado el cuento de las Bienaventuranzas y está convencido de que, siendo manso, mantendrá su puesto en La Moncloa las legislaturas que sean necesarias. “Bienaventurados los mansos, porque ellos poseerán la tierra” (Mt 5,4). Este hombre, que ya empieza a confundir los decreto-ley con las témporas y el BOE con el catecismo Ripalda, dispone de unos ministros que dicen una cosa, de otros ministros que rectifican a los que han dicho esa cosa y de una vicepresidenta que debe interpretar lo que dijo tal ministro, la rectificación de otro, e intentar cómo poner orden en ese sindios. Varios ejemplos: De Guindos pretende que se haga un único modelo de contrato laboral y la ministra Báñez ha de salir al paso inmediatamente para indicar que ese modelo es inconstitucional. Otro: mientras España se pasa el día agradeciendo a Francia su ayuda prestada en la lucha antiterrorista, aparece en los medios un tal Wert, ministro de Educación y Descanso, para decir que “los franceses son xenófobos con los españoles”, basándose en unos “guiñoles” aparecidos en la televisión francesa donde se criticaba a determinados deportistas españoles. Y otro: La postura radical y rancia del ministro del Interior, Jorge Fernández, frente a otra postura mucho más sensata del ministro de Justicia, Alberto Ruiz-Gallardón, en lo que respecta a los matrimonios entre parejas de homosexuales, esos “gaytrimonios” en expresión de la cadena ultraderechista de Julio Ariza que tanto gusta a la caverna. Podría seguir, pero no quiero. Mientras, el manso y pusilánime Rajoy, que no suele decir nada a los periodistas para no “quemarse”, prefiere contarle a Merkel que está haciendo los deberes impuestos por Alemania con la pretendida reducción del déficit que pararse a pensar cuál será la contrapartida de esa drástica reducción, o sea, la ruina de los españoles. Rajoy, que decía en el Congreso ante Rodríguez Zapatero que tenía la fórmula para sacarnos del “desastre” en el que éste nos había metido, reconoce ahora que no es fácil contener la deuda, disminuir el paro, controlar los desmadres autonómicos y municipales, reducir el déficit sanitario y llevar a cabo un serio plan de educación. Si piensa que Wert será capaz de hacer esto último, se equivoca. La culpa, de momento al menos, la atribuye a la herencia recibida. En fin, esperemos a que pasen las elecciones de marzo en Andalucía y Asturias para saber qué sorpresa nos aguarda. Ben Bassam, poco sospechoso de tomar partido en sus relatos históricos, pone en boca del Cid Campeador frases como éstas: “Yo apremiaré a cuantos señores en la Andalucía hay, que todos habrán de ser míos, y pues que el rey Rodrigo reinó sin ser de linaje de reyes, también reinaré yo, y seré el segundo rey Rodrigo”; o la siguiente: “Un Rodrigo perdió esta península, pero otro Rodrigo la salvará”. ¡Alegría, ya se ven los brotes verdes! Al juez Garzón le ha caído un marrón de once años de inhabilitación por ordenar las escuchas en el caso Gürtel. Y Francisco Camps se ha marchado de rositas. Por el mar corren las liebres, por el campo las sardinas, tralará, tralará. Laus Deo.

miércoles, 8 de febrero de 2012

Pedir disculpas, ¿y qué más?


La prensa señala que la infanta Cristina ha llegado a Barcelona. Eso no debería ser una noticia de primera página si no fuera por la “preocupación” de alguien que, en mi opinión, tiene “rabo de paja”. Iñaki Urdangarín está citado a declarar como imputado el próximo 25 de febrero por el juez del caso Palma Arena, José Castro. Lo que no acierto a comprender es que la Justicia no cite a declarar a la hija menor del Rey en un Estado de Derecho. Porque si la Justicia sólo se concibe en España, en la praxis, para intervenir en casos de “robagallinas” y de quinquis barriobajeros, apaga y vámonos. Uno, en su escasa sabiduría, no concibe que la Corona pueda resentirse de modo alguno por el hecho de que en nuestro país se cumpla la ley, cuando la ley es para todos. Pero uno, a pesar de ser consciente de su exigua sabiduría, es conocedor de sólo la persona del Rey es inviolable. Cuenta el abogado de Urdangarín, Pascual Vives, que “si éste -su cliente Urdangarín- ha hecho cosas que no son correctas, las reconocerá y en su caso pedirá las disculpas que correspondan”. Sí, eso queda muy bien en el caso de que alguien reconozca que ha delinquido. Pero no es suficiente el hecho de pedir perdón. Además del perdón, que debe llevar aparejado el propósito de enmienda (algo correcto en un país, el nuestro, donde sobrepasamos los cinco millones de parados), se debe proceder a una plena satisfacción de obra, o sea, a la devolución inmediata de lo despojado con marrulleras añagazas. Y a todo ello, habrá que añadir un inexcusable acatamiento a lo que pudiese determinar la fuerza de la Ley para casos semejantes. Todo lo demás no es cosa diferente a marear la perdiz.