Antonio
Bret
publica hoy un suelto en Diario de León
fascinante sobre una aldea que desconocía, pese a encontrarse solo a 32
kilómetros de distancia al suroeste de León. Se trata de La Cabrera, que
conserva el dialecto cabreirés que se está perdiendo. Se encuentra en uno de los lugares más
despoblados de España. La Cabrera es una comarca montañosa que se divide en
dos: Cabrera Alta y Cabrera Baja, e incluye
aldeas como Puente de Domingo Flórez, Encinedo, Truchas, Castrillo de Cabrera,
Benuza, Odollo (con minas de pizarra), y La Baña. Su relieve orográfico es una
cubeta delimitada por la Sierra de Teleno y los
Montes Aquilanos, al norte, y las Sierras de La Cabrera y el Eje al sur
y oeste, respectivamente. El dialecto cabreirés es, en realidad, una variante
del leonés, clasificado como asturleonés. De esa zona leonesa, de Iruela
(pedanía de Truchas), fue natural José Rodríguez
Losada, donde tiene un monumento que levantaron los vecinos. A decir verdad,
su segundo apellido era Conejero,
pero era costumbre a principios del siglo XIX que las personas, al emigrar,
adoptaran el segundo apellido de la jurisdicción donde habían nacido. Y como
Iruela pertenecía a Losada, utilizó de mayor ese apellido. Ese prohombre regaló el
actual
reloj del edificio de la Casa de Correos, sede de la Comunidad Autónoma de Madrid, en 1866. En Isuela, como digo, el día de su patrón,
había costumbre de sacrificar una vaca y se repartía la carne entre los
vecinos. El banco de madera donde se hacía el sacrificio aún
se encuentra a la entrada de la vieja ermita, aunque en un estado lamentable. Iruela
se encuentra en medio de la Cordillera Central, en la estribación oriental de
la Sierra de Gredos, en la vertiente derecha del río Alberche, entre pinos
negrales, robles y castaños entre enormes piedras de granito, en la actualidad
calificado como Reserva Natural. Rodríguez Losada conoció a José
Zorrilla en Londres en 1855, y es en ese año cuando ese
relojero prestigioso instaló en España el primer reloj de cuatro esferas en Jerez
de la Frontera, con la firma: “J. R. Losada 105 Regent St. London”. Tres años más tarde Losada entregó dos docenas
de cronómetros suyos a la Marina Española
y algunos cronómetros de péndulo fueron cedidos al Real Instituto y Observatorio de la Armada. El agradecimiento que
recibió de los españoles fue la causa de que en 1859 viajara a España y visitara su pueblo natal un
año más tarde. En Madrid, por aquellos días, se estaba produciendo el ensanche
de la Puerta del Sol, donde en la torreta del edificio de la Casa de Correos ya
habían colocado su segundo reloj. Pero no funcionaron satisfactoriamente el
primero ni el segundo y Losada decidió regalar un tercero, el existente en la
actualidad. Fue inaugurado el día 19 de noviembre de 1866 por Isabel II. Al principio funcionaba mal, y los madrileños idearon
una jota que decían así: “Un maño con desparpajo/ le cantaba a un
madrileño: / este reloj es espejo/ del Gobierno que hay debajo” (dado que por aquel entonces el edificio era el Ministerio de
Gobernación). Por acabar, en Corporales,
pedanía de Truchas (diócesis de Astorga) se practica desde tiempo inmemorial la
“Danza de Nabucodonosor”, donde se combina
la música de gaita con lazos de palos y castañuelas. En Corporales podemos ver
la “Danza de Nabucodonosor”, vinculado al Corpus Christi, donde combina la música de gaita, bailes con lazos de palos y castañuelas, representando la
historia del rey de Babilonia, que viene a ser como un rifirrafe entre dos monarcas, el moro y el cristiano, donde
Intervienen diez danzantes, la dama -que es la mujer del rey moro- y el
gaitero. Primero se mandan embajadas a hablar los unos con los otros. En medio
de la discusión se baila en corro, donde se practican los diez lazos: "el Corren", "la Raposa", "la Chacona",
"los Oficios", "la Carilla", "la Zarza", "el
Sayo Miguel", "la Muñeira apaleada", "el Tiratón" y
"la Tremillina" en un simulacro de lucha. Hay que se cabreirés
para vivirlo y para entenderlo.
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