Para mí la papiroflexia
es tan difícil como aprender idiomas. Reconozco que nunca tuve un profesor que
me enseñase a hacer pajaritas de papel y creo que, de haberlo tenido, tampoco
me habrían salido muy bien. A otros les sucede lo mismo con el nudo de la
corbata con tres vueltas (como los vuelcos necesarios de un buen cocido madrileño). Nunca lo aprenden. Dicen que Miguel
de Unamuno era un experto en el arte de doblar papeles con 64 cicatrices de triángulos
rectángulos isósceles exactos, que él llamaba ‘cocotología’,
derivado del francés cocotte
(pajarita) y logía (estudio), e incluyó un epílogo ficticio titulado "Apuntes para un tratado de cocotología" en su segunda
novela, “Amor y Pedagogía” (1902).
Aquella novela la envió a la editorial barcelonesa ‘Henrich y Cía’, regentada por Santiago Valentí Camp, formado en la Universidad de Oviedo y
discípulo de Leopoldo Alas. Pero el editor, Manuel Henrich, le encontró un defecto,
que quedaba corta para incluirla
en su colección Biblioteca de Novelistas del Siglo XX. Tal fue así que
escribió a Unamuno pidiéndole que ampliara el texto con unas 80 cuartillas.
Pero la respuesta de Unamuno a Henrich fue que la novela por él enviada no se
podía alterar. De paso, escribió otra
carta a Valentí en la que, después de decirle que se iba a Ledesma huyendo de
los carnavales de Salamanca, le anunciaba el envió de un anexo de 89 de páginas
que en nada tenían que ver con la novela y que titulaba ‘Apuntes para un
Tratado de Cocotología’, añadiendo: “Me siento de buen humor”. En aquellos
‘Apuntes’ exponía que la creación de la ‘cocotte’ se iniciaba con el ‘protoplasma
papiráceo’, que era la cuartilla, donde se generaba el ‘blastotetrágomo’,
que
estaba formado por dos capas, el ‘endopapairo’ y el ‘ectopapiro’,
y que
la ‘cocotte’ terminaba naciendo de la ‘gástrula
papirácea’. En realidad lo que estaba haciendo Unamuno era una crítica burlesca.
Pero Unamuno fue más lejos pasado el tiempo. Tanto fue así que, en 1932,
descubrió que las pajaritas tenían sexo, que podía ser neutro, hermafrodita,
macho y hembra, y señalaba que las masculinas mostraban nuez y cabeza enhiesta, y las
femeninas, cabeza hundida y bocio. En fin, hay personas que por más que le enseñes a hacer el nudo de la
corbata nunca lo aprenden. Unamuno
aprendió a hacer pajaritas de papel a los 10 años. A esa misma edad yo aprendí
a hacer el nudo de corbata, que vestía con jersey oscuro de pico. Desde entonces casi siempre la uso y solo la desato por la noche, cuando voy a dormir. A estas alturas de mi vida resulta complicado modificar las viejas costumbres.
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