Recuerdo que en
mi infancia y juventud, cada vez que entraba en el compartimento de un vagón de
pasajeros podía leer algunas recomendaciones de Renfe; entre ellas, una que decía “Es peligroso asomarse al exterior”, debido al posible riesgo de impacto con obstáculos, túneles o proyecciones
indefinidas. Aquella frase dio origen en 1942 al título de una obra de teatro
de Jardiel Poncela. También Franco intentó por todos los medios a
su alcance que los españoles no nos asomásemos al exterior, que estaba plagado
de contubernios judeo-masónicos de la peor calaña. Los “valores eternos” de la Civilización Occidental eran el pilar de la
“verdadera España”, vinculados al nacionalcatolicismo,
la tradición, el orden y a la autoridad frente al liberalismo, el marxismo o el
fascismo extranjero. Eso último, lo de fascismo, se señaló a toro pasado, tras
la derrota de los nazis en 1945, a los
que el franquismo había ayudado con el envío de la 250 División y el posterior
afincamiento de muchos nazis en nuestro territorio. Aquellos Principios,
como digo, fueron recogidos en las Leyes
Fundamentales del Reino (sin rey) especialmente en la Ley de Principios del Movimiento Nacional de 17 de mayo de 1958,
que consolidaron aquella ideología. Lo que acabo e
contar viene a cuento con una noticia que he leído en la prensa, donde se
señala que “los gatos domésticos que salen al exterior corren más riesgos y
viven 2 0 3 años menos que aquellos que no salen de casa, según un estudio de
la australiana Universidad de Murdoch. Dicho de otra manera: la creencia de que los
gatos tienen siete vidas está relacionada con la agilidad para caer siempre de
pie es falsa. Si salen de casa suelen ser atropellados en carreteras, sufrir
enfermedades por contagio, o pasar hambre y llenarse de parásitos. Pese a todo
ello, me gustaría señalar que la frase
lapidaria“es peligroso asomarse al
exterior” recomendada por la Renfe
en los viejos vagones de viajeros tiene una innecesaria redundancia como todo
pleonasmo. Parece normal que un viajero solo podía asomarse por la ventanilla
hacia afuera. Nadie se asoma hacia adentro cuando está dentro. Aquel que no
respetaba el aviso era por deseos de airearse, llenarse de carbonilla, oler el
paisaje, o ver correr los postes telegráficos en sentido contrario. Aunque día
llegará que los ciudadanos más seguros serán aquellos que no se asomen al
exterior, que estén sujetos tras los
barrotes de la trena. Los verdaderos chorizos nunca entran en la cárcel.
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