viernes, 13 de marzo de 2026

No te asomes, nene


 Recuerdo que en mi infancia y juventud, cada vez que entraba en el compartimento de un vagón de pasajeros podía leer algunas recomendaciones de Renfe; entre ellas, una que decía “Es peligroso asomarse al exterior”, debido al  posible riesgo de impacto con obstáculos, túneles o proyecciones indefinidas. Aquella frase dio origen en 1942 al título de una obra de teatro de Jardiel Poncela. También Franco intentó por todos los medios a su alcance que los españoles no nos asomásemos al exterior, que estaba plagado de contubernios judeo-masónicos de la peor calaña. Los “valores eternos” de la Civilización Occidental eran el pilar de la “verdadera España”, vinculados al nacionalcatolicismo, la tradición, el orden y a la autoridad frente al liberalismo, el marxismo o el fascismo extranjero. Eso último, lo de fascismo, se señaló a toro pasado, tras la derrota de los nazis en 1945,  a los que el franquismo había ayudado con el envío de la 250 División y el posterior afincamiento de muchos nazis en nuestro territorio.  Aquellos Principios, como digo, fueron recogidos en las Leyes Fundamentales del Reino (sin rey) especialmente en la Ley de Principios del Movimiento Nacional de 17 de mayo de 1958, que consolidaron aquella ideología. Lo que acabo e contar viene a cuento con una noticia que he leído en la prensa, donde se señala que “los gatos domésticos que salen al exterior corren más riesgos y viven 2 0 3 años menos que aquellos que no salen de casa, según un estudio de la australiana Universidad de Murdoch.  Dicho de otra manera: la creencia de que los gatos tienen siete vidas está relacionada con la agilidad para caer siempre de pie es falsa. Si salen de casa suelen ser atropellados en carreteras, sufrir enfermedades por contagio, o pasar hambre y llenarse de parásitos. Pese a todo ello,  me gustaría señalar que la frase lapidaria“es peligroso asomarse al exterior” recomendada por la Renfe en los viejos vagones de viajeros tiene una innecesaria redundancia como todo pleonasmo. Parece normal que un viajero solo podía asomarse por la ventanilla hacia afuera. Nadie se asoma hacia adentro cuando está dentro. Aquel que no respetaba el aviso era por deseos de airearse, llenarse de carbonilla, oler el paisaje, o ver correr los postes telegráficos en sentido contrario. Aunque día llegará que los ciudadanos más seguros serán aquellos que no se asomen al exterior,  que estén sujetos tras los barrotes de la trena. Los verdaderos chorizos nunca entran en la cárcel.

 

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