miércoles, 22 de julio de 2009

ADEFESIOS

Leo en la contraportada de un periódico aragonés el artículo “Florencia cazurra”, de César Pérez Gracia., donde su autor señala que en Zaragoza “casi todo lo bueno está en un sitio equivocado”. A Pérez Gracia le parece increíble que la Plaza del Pilar no disponga de un edificio notable. Hombre, si quieres trasladamos allí el Palacio de Larrinaga, o la Casa Solans. A mi entender, las cosas están donde en su día se pusieron. Tampoco se pueden buscar los tres pies al gato. En Lugo, las murallas están donde las pusieron los romanos; en León, la Catedral no ha mudado de sitio; tampoco en Astorga el Palacio Episcopal, que es de Gaudí. Lo que sucede es que el Plan Larrodera hubiese sido interesante, aunque a costa de cargarse El Tubo. Zaragoza comenzó a languidecer el día que un alcalde decidió derribar la Torre Nueva. Los alcaldes posteriores, en vista de que no se les había echado el pueblo encima, sacaron la piqueta a la calle para liquidar los hotelitos modernistas del Paseo de Sagasta. Pero, por desgracia, los últimos años han sido catastróficos para la ciudad. Los adefesios de la etapa González Triviño fueron el broche de oro a una mala gestión urbanística. Ahora, al alcalde Belloch he ha dado por hacer un talud megalítico en la orilla izquierda del Puente de Piedra. A los ciudadanos nadie les pregunta qué desean. Los gestores del municipio hacen aquello que las parece oportuno y todos a sufrir sus consecuencias. Puede que sí, que se haya convertido Zaragoza en una Florencia cazurra con ventanas a la calle. Y aquí no pasa nada. Y si pasa, ¿qué importa? Y si importa, ¿qué pasa?

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