Cuando yo hice la mili obligatoria, hace ya tropecientos años, en aquel acuartelamiento en el que hice la instrucción previa a la jura de bandera, es decir, siendo todavía recluta, no existía el “plogging”, consistente en hacer algún acto deportivo a la vez que se va recogiendo toda la basura que aparece en la campa, o en camino. El “plogging” nació en Suecia años más tarde. En la mili lo que si tocaba era el “servicio de policía”, es decir, llevar en una mano una caja de cartón y con la otra había que ir recogiendo papeles, colillas, pañuelos de papel y todo aquello que aparecía al paso. Se terminaba la tarea encomendada con lumbago y agujetas en todo el cuerpo. Los suecos son gente muy lista que venden muebles de madera que debes montar en casa, procurando meter en su sitio cada uno de los tronillos contados que van en la caja de embalaje. Los suecos son tipos tan avispados que se dedicaron a fabricar y vender acero a los países en contienda durante la Segunda Guerra Mundial. Mientras unos morían en los frentes de batalla, ellos ganaban coronas con la venta de material de combate. Y el término “hacerse el sueco” es un dicho muy popular en España que hace referencia a la persona que se hace la despistada para desentenderse de algo. Un día, a alguien se le ocurrió juntar dos palabras: jogging, que significa correr, y plocka upp, que equivale a recoger, y le salió esa mixtura dialéctica. Existe un antecedente en “La Colmena”, donde aparecía por el café “La Delicia” Matías Martí, inventor de palabras. Recuerdo que en la película del mismo título, dirigida por Mario Camus, Matías Martí (C.J.Cela) se sienta en una de las mesas del café, la de los poetas. Ricardo Sorbedo (Francisco Rabal), que vive de dar sablazos, presenta a Matías Martí a don Ibrahim de Ostolaza (Luis Escobar), un jurista que tiene ya preparado su discurso de ingreso en la Academia de Jurisprudencia. “Encantado de conocer a otro poeta", le dice don Ibrahim a Matías Martí. Y éste le responde: "¿Poeta yo...? ¡Por favor! Nunca he escrito tres palabras juntas. Yo invento palabras, pero una a una. Y se las entrego a los demás. Jamás las uso yo. Me limito a enriquecer el léxico patrio. ¡Es mi misión!". Entra en escena Maello (Francisco Algora), para añadir: “Ya lleva inventadas más de mil”. Y otro contertulio, Rubio Antofagasta (Mario Pardo), le pide a Matías que le dé la última invención a don Abrahim. Matías se la da: “bizcotur”, que en su acepción hace referencia a “aquel que, amén de bizco, es atravesado, ruin y turbulento. Usase, también como sustantivo. Se la regalo”. ¿Qué hubiese dicho el marqués de Iria Flavia de la expresión “plogging”? Es algo que nunca sabremos. Posiblemente la hubiese tachado de cursi, pretenciosa, afectada y de poco recorrido en el lenguaje coloquial. Es como pretender saber cómo hubiese quedado el templo barcelonés de la Sagrada Familia de haber terminado los planos Gaudí antes de que le arrollase en 1926 el tranvía de la línea 30 en la calle Bailén. Insisto, hay cosas que nunca las sabremos y bien que lo siento.
jueves, 6 de octubre de 2022
miércoles, 5 de octubre de 2022
Entre el fervorín y el tabú
Ya empiezo a ver estanterías con turrones en las grandes superficies, y en Zaragoza huele a unas fiestas patronales donde el circo se montará en la plaza del Pilar con la ofrenda floral, como todos los años, y la “oktoberfest” en Valdespartera, por no mezclar lo divino con lo humano. Aquí, de la misma manera, pasaremos de la ofenda de gladiolos y claveles a la Pilarica a los crisantemos a los difuntos con solo quince días de diferencia; y del cachirulo, los calzones y el mantón de Manila del traje regional femenino a los disfraces negros con esqueletos blancos y las máscaradas del Halloveen, terroríficamente divertido, en ese mismo tiempo. Es decir, que pasaremos en medio mes de una fiesta religiosa en honor de una pequeña imagen izada sobre una columna con manto trapezoidal a otra fiesta profana basada en un festival gaélico con raíces paganas donde se hacen hogueras, se practica el “truco o trato” y se tallan calabazas en honor a Pomona, diosa de los árboles frutales, o a la fiesta de los muertos llamada Parentalia, que ya no sé con qué carta quedarme. Los fastos siempre mueven dinero, atraen foráneos, producen euforia y calman ansiedades. Del mismo modo, el 12 de octubre es la Fiesta Nacional, que coincide con la fecha del descubrimiento de América y con una parada militar presidida por el jefe del Estado donde desfilan hasta la Legión y la cabra. Pues bien, aquella madrugada, en 1492, un marinero de la Pinta, Juan Rodríguez Bermejo, más conocido como Rodrigo de Triana, divisó Guanahaní, una isla de las Bahamas, mucho antes de que se convirtiera en paraíso fiscal y en parte de uno de los países que se niegan a firmar el acuerdo multilateral de intercambio automático de información, donde algunos contribuyentes españoles ocultan tres veces más dinero que en la colonia inglesa de Gibraltar. Los carpetovetónicos nos movemos entre el fervorín, el tabú y la picaresca; entre la superstición, la sal derramada, la mala sombra de la higuera, los remedios caseros para ahuyentar la mala suerte y el miedo al abismo. Todo ello forma parte de nuestra cultura colectiva.
martes, 4 de octubre de 2022
Un retablillo de hojalata
Desde hace ya tiempo observo que los botes de conservas llevan en el nervio inferior un rebaje para que puedan ponerse unas latas sobre otras sin temor a que se caigan. Es un gran invento que no sé cómo no se les ocurrió antes a los fabricantes. En la ciudad de Toro, en Zamora, hubo un señor que visitaba basureros con el único fin de rescatar botes vacíos de conserva. El señor Benito Herrera era un sevillano de Los Rosales (pedanía de Tocina) entrado en años que vivía en casa de su hijo. Cuando mi suegro levanto su casa tuve la opción de recuperar un retablillo hecho con nervios de latas afiligranados donde en el centro y tras un cristal podía contemplarse la estampa de un Corazón de Jesús. Aquello, que no quería llevarse a su casa ningún pariente político, fue un regalo impagable (por lo que tenía de meritorio) del señor Benito a mis suegros bastantes años atrás. Sufrió varios traslados y se despegaron algunos nervios con los triquitraques de los capitonés. Cuando lo llevé a mi casa, lo limpié, soldé con estaño algún nervio desprendido, lo repinté con cuidado en un tono que imitaba al oro viejo y lo colgué en la pared de mi dormitorio sobre un chifonier de madera de castaño. Y ahí sigue desde entonces. Aquel retablillo de nervios de hojalata incluía dos farolillos, uno a cada lado, a los que les faltaban los correspondientes cristales de forma trapezoidal. Pedí en una cristalería que me los cortasen a la medida necesaria, los coloqué sobre unas guías interiores que venían dispuestas y quedaron sujetos con unas gotas de silicona. El señor Benito cortaba las hojalatas con una tijera, como aquellas que llevaban en un cajoncillo los hojalateros ambulantes de mi infancia, y se quedaba solo con los nervios. Los limaba y enderezaba, los medía y con un alicate de puntas retorcía sus extremos hasta darles forma de caracolillo imitando la forja. Más tarde los unía con estaño. El señor Benito era un artista con las manualidades de hojalata. A aquel retablillo pensé cambiarle la estampa del Corazón de Jesús por otra de la Esperanza de Triana, de Jesús del Gran Poder o de algo más representativo del Sur. Al final, lo dejé como estaba. Así lo había recibido y así seguiría conservándolo. Cada vez que a alguien le cuento cómo se puede hacer arte con nervios de botes de conservas cunde el asombro. Nadie lo entiende, ni falta que hace. Una cosa tengo clara: hasta lo más insignificante y devaluado puede tener varias vidas.
lunes, 3 de octubre de 2022
La Historia en pliegos de cordel
Un día entró Luis María Anson en el despacho de Juan de Borbón en Estoril; y éste, muy enfadado, le dio a leer la carta que había recibido de Franco, donde le comunicaba de que él no iba a ser su sucesor en la Jefatura del Estado sino su hijo Juan Carlos, moldeado en la doctrina del Movimiento. Para Juan de Borbón, Franco se había saltado los derechos sucesorios de Alfonso XIII en su persona. Fue para el aspirante al trono de España como una patada en los cataplines. Pero, un rey que había tomado las de Villadiego en 1931, en rigor no estaba autorizado para nombrar sucesor de una Casa reinante desde 1700 con Felipe V (en dos periodos) que había desaparecido en la polvareda revolucionaria rumbo a Cartagena con la llegada de la Segunda República. Juan de Borbón, indignado con la decisión de Franco, se limitó a decir “¡qué cabrón!”. Y empecinado, continuó considerándose titular de los derechos históricos hasta mayo de 1977, cuando renunció ante su hijo con un sonoro y esperpéntico taconazo: "Por España, todo por España". Pero dicho así, como salido de boca de un austrohúngaro en las trincheras de Tannenberg, resultaba patético y trasnochado. Y yo me pregunto, ¿qué había hecho Juan de Borbón por España? Nada, salvo mirar por sus intereses. Lo cierto es que desde los 18 años estuvo el resto de su vida en Gran Bretaña, Francia, Italia, Suiza y Portugal, hasta su definitivo regreso a España en 1982. Era el tercer hijo de un rey exiliado que intentó sin éxito luchar a favor del bando rebelde durante la Guerra Civil. Pero el Manifiesto de Lausana, en 1945, rupturista con el régimen de Franco, cambió las cosas para mal al pretendiente. En su reunión con Franco a bordo del “Azor” en 1948 se acordó que su hijo (entonces tenía 10 años) fuese educado en España. Veinte años más tarde, Franco (una vez que fue aprobada la Ley de Sucesión en las Cortes) nombraba a Juan Carlos sucesor a título de rey. Y Juan de Borbón, conde de Barcelona, se quedó como el Gallo de Morón, sin plumas y cacareando. Pongo “Gallo” con mayúsculas por ser el apodo que le pusieron a un recaudador de contribuciones en el siglo XVI que llegó a Morón de la Frontera procedente de Granada y que no fue bien acogido en el pueblo, no ya por lo que significaba su presencia para el bolsillo ciudadano, sino por su aire de “chulo de bolera” y sus modos pocos correctos. Cuando los moronenses no pudieron soportar más sus desplantes y altanerías, le propinaron una somanta de palos como despedida que salió de esa ciudad sevillana tarifando y con el culo pajarero, según consta en los romances de ciego y en los pliegos de cordel.
domingo, 2 de octubre de 2022
AL César lo que es del César
Hoy Lérida celebra la advocación de la Virgen María bajo el nombre de Virgen Blanca de la Academia, protectora de pandemias. Todo parte de unas rogativas que se hicieron en Lérida el siglo XIX con la esperanza de que desapareciese la epidemia de cólera, causante por las aguas contaminadas y cuyo bacilo (Vibrio cholerae) fue descubierto por Robert Koch en 1885 en las heces de los enfermos. Gracia a aquel descubrimiento del israelita que fuese Premio Nobel de Medicina en 1905, se pudo hacer frente a una pandemia que ya se había llevado por delante desde 1833 a 565.000 ciudadanos. La Virgen Blanca de la Academia fue declarada patrona de Lérida en 1946 y comparte celebración con san Anastasio. Recuerdo cuando en el verano de 1971 hubo siete casos de cólera en pueblos de la ribera del Jalón, concretamente en Épila y Rueda, y una veintena de casos sospechosos. Se vacunó a toda la ciudadanía de Zaragoza y provincia, se ordenó clorar las aguas y ahí se disipó en problema. Aún recuerdo cuando a un pobre hombre le sacaron de su casa envuelto en plásticos y rodeado de unos tipos practicando aerosoles con un sulfatador como los que se utilizan en los frutales contra la pulguilla. Aquel hombre, como digo, resultó que estaba afectado de unas simples diarreas estivales. Por aquellos días, decía la prensa aragonesa que “las farmacias no descansan, están llenas de gente. Lo hemos podido comprobar en todas las localidades de la ribera (...) el negocio ahora es para el agua mineral y las gaseosas". Pero la prensa todavía fue más lejos en sus apreciaciones xenofóbas: “Aunque no se ha podido determinar el origen directo de esta infección, importante es significar que los dos pueblos en cuestión están situados en una de las rutas que cruzan España y que es utilizada por los trabajadores emigrantes procedentes de países del norte de África…”. Y el alcalde de Grisén, saliendo al paso de unas declaraciones del director general en Televisión Española [Adolfo Suárez], aclaró: "Aquí en todos los pueblos del Jalón somos humildes pero limpios (....). Pero, ¿qué se han creído en Madrid? Quien más, quien menos dispone de cuarto de baño y se lava a diario, como ordenan las buenas costumbres". Las rogativas a la Virgen de la Academia son respetables. La fe es una virtud teologal que debe estar informada por la caridad, fundamento de todas las virtudes. Pero es a Koch a quien debemos con sus esfuerzos en laboratorio que se zanjase aquella pandemia indeseable causante de un proceso diarreico agudo contagioso que provoca la muerte por deshidratación y que requiere atención médica inmediata. Al César lo que es del César (la contribución mediante denarios de plata equivalentes a diez ases) y a Koch lo que es de Koch (la investigación y el esfuerzo impagables).