Ayer por la noche
estuve viendo una entrevista a Rafael
Ansón en “Plano general”, un programa de Televisión Española que dirige y
presenta Genaro Castro. Ansón es un
hombre que lo tuvo casi todo durante el franquismo y la Transición, y que,
ahora, en plena lucidez y a sus 90 años manifestó que solo sentía de este
mundo no haber sido más alto, como si tal cosa hubiera influido negativamente en su currículum vitae; como si ser
alto en esta vida sirviese para algo útil fuera del baloncesto o de poder
ejercer de ‘gastador’ en los desfiles
militares. Yo, que también soy bajito, no tengo en mi haber complejo de
inferioridad alguno ni trato de compensarlo con un comportamiento agresivo o de
peor genio, tratando de superar lo que algunos perciben como una desventaja,
una disfunción, y no estoy pensando en Napoleón.
Tampoco en los reyes tiene importancia la altura. En España siempre hubo personajes variopintos de diversos tamaños. En
los de la Dinastía de Trastámara (1366-1555)
hubo de todo. Se sabe, por ejemplo, que los de la Casa
de Austria fueron mayormente bajitos (como puede comprobarse en las
armaduras que se conservan en los museos) y casi todos ellos heredaron el
prognatismo mandibular. Y en los de la Casa
de Borbón no digamos: Felipe VI
mide dos metros y Alfonso XII no
llegaba a 1,60. Lo cierto es que, por regla general las cosas casi nunca fueron
como las cuentan, como señaló Gregorio Marañón
en el prólogo de la segunda edición se su “Ensayo
biológico sobre Enrique IV y su tiempo” (1934), donde aclaraba: “Cada día me parece más claro que Don Enrique IV fue menos impotente de
lo que dicen; que su mujer Doña Juana
fue mucho más buena de lo que nos cuentan los libros; que la Beltraneja no fue hija del necio Don
Beltrán, sino, quizá, del Rey,
que, como todos los cojos, no dejaba de andar, cuando podía, aunque tropezando…”.
En resumidas cuentas, entiendo que a Rafael Ansón no debería preocuparle no
haber sido más alto. Lo que sí queda claro es que su estatura no es
consecuencia de una mala alimentación, si tenemos en cuenta que es en la
actualidad presidente
de honor de la ‘Academia Internacional de Gastronomía’. Con eso lo digo todo. Para gigante ya tuvo la Historia a Goliat, y todos sabemos como quedó el filisteo de perjudicado después de la pedrada que le lanzó por David con una honda.
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