miércoles, 18 de febrero de 2026

Manantial sereno

 

 Ya hemos enterrado la sardina. Y hoy es Miércoles de Ceniza, día de ayuno y abstinencia y comienzo de la Cuaresma según  se puso de manifiesto en el Primer Concilio de Nicea, hace más de 1.700 años. Fue en 1939 cuando en otro día cenizoso, coincidiendo con el 22 de febrero, moría pasadas las tres de la tarde y a cuarenta kilómetros de su país natal, Antonio Machado. Le enterraron al día siguiente junto a una cajita de tierra que había llevado de España. Tres días más tarde, en la misma pensión fallecía su madre, doña Ana Ruiz. Hasta el sesudo diario The Times publicó una sencilla necrológica que decía: "A diferencia de muchos intelectuales, quienes, habiendo abrazado al principio la República, transfirieron poco a poco sus simpatías a los nacionalistas, Machado siguió fiel a la causa republicana hasta el final". Para el franquismo hubo dos poetas hermanos, a los que consideraba como el bueno, Manuel, (al que a su muerte en 1947 su cadáver fue transportado hasta el vestíbulo de la RAE y al día siguiente trasladado al cementerio de la Almudena con honores de Estado),  y el otro, Antonio, el considerado “rojo” y al que le encontraron en el bolsillo de su raída chaqueta unos versos que empezaban: “Estos días azules y este sol de la infancia…”, que quedó inconcluso. Pero de todo eso ha pasado mucho tiempo. La gente casi no va a misa para que le impongan las cenizas sobre la cabeza, y como ya no dejan fumar en ningún sitio, casi no se ven ni ceniceros en las mesas de los bares ni en las casas. Si acaso solo quedan las cenizas del abuelo, que fue sargento de Intendencia,  en un cenizario discreto que se colocó como un florero en el cuarto de estar sobre una estantería donde dormía el sueño de los justos, además de una horrenda figurilla de “Lladró”, los 12 volúmenes con tapas de color marfil de nombre “Monitor”  (de “Salvat”), y que se adquirió por fascículos semanales de 25 pesetas cada uno  a mediados de los años 60 para más tarde ser encuadernados con tapas de cartoné. Como escribe hoy Miquel Giménez en  Vozpópuli: “Como estamos hechos a las cosas pequeñas, a lo cotidiano, lo doméstico, las grandes magnitudes se nos escapan”.

 

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