Hoy, Martes de Carnaval, han aprovechado los Reyes para visitar el Congreso por celebrar que la Constitución del 78 es la que ha permanecido durante más tiempo entre los españoles. Si, pero se ha hecho viejuna y necesita reformas profundas por no cumplir con las expectativas del derecho a la vivienda. Pocos días antes, visitaban al Emérito en Abu Dabi Carlos Herrera y José María Aznar para que ambos por separado pudiesen hacerse con una foto de recuerdo y contasen a su regreso que se encontraba muy bien aunque se movía en silla de ruedas. De alguna manera, tanto el locutor como el político andan buscando el desexilio voluntario del monarca anterior, y suavizar lo que Mario Benedetti definiría como “el trauma del regreso”, que Valle Inclán personificó en la persona de Juanito Ventolera; aquel pobre hombre que, vuelto ya de Cuba a Galicia con pocas medallas sin valor, se dio cuenta de haberlo perdido todo, incluso su identidad. Faltan pocas horas, también, para que los ciudadanos acudamos en masa silentes, con bombín y bastón, que es como mandan los cánones de las pompas fúnebres de ringorrango, a la escena más triste de los Carnavales: el entierro de una sardina de cartón-piedra seguida de músicos volanderos, viudas desconsoladas y plañideras alquiladas para el evento. Según la tradición, Carlos III ordenó la 'borbonada' de traer sardinas frescas desde la costa para agasajar al pueblo madrileño durante las fiestas de Carnaval. Pero debido a las largas distancias y los medios de transporte de la época, las sardinas llegaron en avanzado estado de descomposición, provocando un hedor insoportable. Ante la imposibilidad de consumirlas y para evitar problemas de salubridad pública, se decidió enterrar el cargamento de pescado podrido cerca del río Manzanares. Personalmente me gusta más el entierro de Genarín que se lleva a cabo en León cada noche de Jueves Santo, donde se rinde homenaje a Genaro Blanco, bohemio y borrachín fallecido en 1929 al ser atropellado por el primer camión de basura mientras meaba en la muralla y más tarde convertido en un "santo" popular, al que se le dedican versos jocosos, entre chupitos de orujo y diversas ofrendas cerca del lugar de los hechos. Los santos populares, entre ellos Genarín, no están aupados en los altares de las iglesias pero siguen presentes en el recuerdo de la gente.
No hay comentarios:
Publicar un comentario