miércoles, 6 de mayo de 2026

Ya casi no se bebe anís

 EL ANÍS PEDRO SAPUTO Y SU IMPULSOR, DON MANUEL LALANA | Javier Barreiro

 

Sobre el anís se han escrito muchas páginas aunque no las suficientes. De Camilo José Cela tengo recogidos dos elogios. Majestuosos. Ambos en su ventana “El color de la mañana”, en ABC, y con menos de un mes de diferencia entre ellos. En el primero, “Iniciación al arte de beber anís” (Madrid, domingo, 15/01/1995) señalaba que “beber anís no es fácil, se requiere un paladar, si de ida, virgen y, si de vuelta, culto; una lengua chascadora; una mirada enternecida por la nostalgia o el rijo, y un dedo meñique siempre dispuesto a dispararse al tacto de la copa...”.  En su otro artículo, “Vida y muerte del ojén” (Madrid, sábado, 11/02/1995) hacía referencia a “aquel anís benemérito que no debiera haber muerto nunca”. También Xavier Domingo, y bajo el lacónico título “El anís” (Cambio 16, 15/02/1982) señalaba: “Cada anís tiene su secreto, acentúa un sabor particular, insiste en el aroma de una hierba distinta y sólo el gran iniciado sabe distinguir si entra más hinojo que ajenjo o más regaliz que anís estrellado. Plantas virtuosas, vegetales con potencia medicinal, hierbas de camino, que un sabio tiraba y otro recogía”. Todavía recuerdo cuando en algunos tranvías de Zaragoza, sobre el altillo y de forma alargada aparecía un cartel anunciador del "anís del Mono", cuando ese destilado (en la etiqueta ponía y sigue poniendo“destillado”) creado en 1870 en Badalona todavía era de Vicente Bosch. Sabido es que más tarde pasó a ser propiedad de Osborne. Pero había muchas marcas de anís, yo diría que una en cada pueblón que dispusiese de un alambique de cobre. Todavía recuerdo el “anís La Dolores” que se hacía en Calatayud, Esteve Dalmases, aunque Rute (Córdoba) y Cazalla de la Sierra (Sevilla) fuesen las cunas históricas de esa bebida. Me viene  a la cabeza “Machaquito” seco y dulce; “Chinchón de la Alcoholera”; “anís la Castellana”; “La Violetera” (Constantina); y en Cazalla de la Sierra (donde llegaron a existir 67 fábricas: "anís Kruger”, “Torre del Oro”, “Triunfante”, “Giralda”, “Clavel” y “Miura”; en Asturias: “anís La Asturiana” y “anís  la Praviana”; en Navarra, “anís Las Cadenas”, etcétera. Pero, como digo, en Andalucía hubo otras muchas marcas: “anís Padre Benito”, “anís El Zorro Azul”,  “anís León Blanco”…Curiosamente, en Aragón, el “anís Pedro Saputo” fue fabricado por Manuel Lalana Vallés (alias El Cojo Lalana) en la primera década del siglo XX, primero en Almudévar y, después en Tardienta, ya que el ayuntamiento almudevano, pese a ser la cuna del héroe de novela, ante las quejas de los vecinos, prohibió la fabricación de licores en el interior del casco urbano, en norma del 14 de abril de 1912. Llegó a fabricar hasta  ocho tipos de anisado, tres de coñac, tres de ron, dos de ginebra y un vino rancio para el oficio de misa. Fue depurado por el franquismo. Yo suelo seguir bebiendo "anís las Cadenas", de finísimo paladar,  como reconstituyente. Les aseguro que tomado en pequeñas dosis (y siempre levantando el dedo meñique para escuchar mejor la SER, claro), disipa el espectro de la impotencia, ayuda a hacer la digestión de los garbanzos en la oficina de las tripas y me inspira cuando veo las nubes que pasan y a la hora de escribir cosas que casi nadie lee.

 

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