Sobre el
anís se han escrito muchas páginas aunque no las suficientes. De Camilo José Cela tengo recogidos dos elogios.
Majestuosos. Ambos en su ventana “El
color de la mañana”, en ABC, y
con menos de un mes de diferencia entre ellos. En el primero, “Iniciación al arte de beber anís” (Madrid,
domingo, 15/01/1995) señalaba que “beber
anís no es fácil, se requiere un paladar, si de ida, virgen y, si de vuelta,
culto; una lengua chascadora; una mirada enternecida por la nostalgia o el
rijo, y un dedo meñique siempre dispuesto a dispararse al tacto de la copa...”.
En su otro artículo, “Vida y muerte del ojén” (Madrid, sábado,
11/02/1995) hacía referencia a “aquel
anís benemérito que no debiera haber muerto nunca”. También Xavier Domingo, y bajo el lacónico
título “El anís” (Cambio 16, 15/02/1982) señalaba:
“Cada anís tiene su secreto, acentúa un
sabor particular, insiste en el aroma de una hierba distinta y sólo el gran
iniciado sabe distinguir si entra más hinojo que ajenjo o más regaliz que anís
estrellado. Plantas virtuosas, vegetales con potencia medicinal, hierbas de
camino, que un sabio tiraba y otro recogía”. Todavía recuerdo cuando en
algunos tranvías de Zaragoza, sobre el altillo y de forma alargada aparecía un
cartel anunciador del "anís del Mono", cuando ese destilado (en la etiqueta ponía y sigue poniendo“destillado”) creado en 1870 en Badalona
todavía era de Vicente Bosch. Sabido
es que más tarde pasó a ser propiedad de Osborne.
Pero había muchas marcas de anís, yo diría que una en cada pueblón que
dispusiese de un alambique de cobre. Todavía recuerdo el “anís La Dolores” que se hacía en Calatayud, Esteve Dalmases, aunque Rute (Córdoba) y Cazalla de la Sierra
(Sevilla) fuesen las cunas históricas de esa bebida. Me viene a la cabeza “Machaquito” seco y dulce; “Chinchón
de la Alcoholera”; “anís la
Castellana”; “La Violetera” (Constantina);
y en Cazalla de la Sierra (donde llegaron a existir 67 fábricas: "anís Kruger”, “Torre del Oro”, “Triunfante”,
“Giralda”, “Clavel” y “Miura”; en Asturias: “anís La Asturiana” y “anís la Praviana”; en Navarra, “anís Las Cadenas”, etcétera. Pero, como
digo, en Andalucía hubo otras muchas marcas: “anís Padre Benito”, “anís El Zorro Azul”, “anís
León Blanco”…Curiosamente, en Aragón, el “anís Pedro
Saputo” fue fabricado por Manuel Lalana Vallés (alias El Cojo
Lalana) en la primera década del siglo XX, primero en Almudévar y, después en
Tardienta, ya que el ayuntamiento almudevano, pese a ser la cuna del héroe de
novela, ante las quejas de los vecinos, prohibió la fabricación de licores en
el interior del casco urbano, en norma del 14 de abril de 1912. Llegó a
fabricar hasta ocho
tipos de anisado, tres de coñac, tres de ron, dos de ginebra y un vino rancio
para el oficio de misa. Fue depurado por el franquismo. Yo suelo seguir bebiendo "anís las Cadenas", de finísimo paladar, como reconstituyente. Les aseguro que tomado en pequeñas dosis (y siempre levantando el dedo meñique para escuchar mejor la SER, claro), disipa el espectro de la impotencia, ayuda a hacer la digestión de los garbanzos en la oficina de las tripas y me inspira cuando veo las nubes que pasan y a la hora de escribir cosas que casi nadie lee.
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