lunes, 14 de septiembre de 2026

No tenemos remedio

 

La organización Manos Limpias, que tomó el nombre del movimiento italiano promovido por el fiscal de Milán Di Pietro y fundado por el abogado Manuel Bernad, admirador de Blas Piñar y funcionario jubilado relacionado con la ultraderecha española, desea que el Ministerio de Defensa trate a los invasores de Ceuta que todavía permanecen en esa ciudad autónoma como si fuesen prisioneros de guerra. No cabe duda de que se les va el tarro a esos fascistas. ¿De qué guerra? Por si ello fuese poco, esa organización de ultra derecha ha denunciado en los juzgados por prevaricación a la secretaria de Estado de Migraciones por aplicarles la Ley de Extranjería.  Apañados estamos si Vox y el PP consiguen gobernar al alimón este país si ganan los próximos comicios con los apoyos necesarios. Las declaraciones incendiarias de Núñez Feijóo sobre la última entrada masiva de marroquíes estoy seguro que no las hubiese hecho públicas de estar al frente del Ejecutivo. La derechona ya está haciendo cálculos: con Vox por encima del 18% en intención de voto y por encima de los 60 escaños, la suma con el PP superaría los 200 escaños e incluso podría alcanzar a los 210 que son las tres quintas partes del Congreso. Es el ‘cuento e la lechera’. Bueno, y si eso sucediera, ¿qué pasaría? Podríamos retroceder muchas décadas en los avances democráticos conseguidos y sumirnos en un Estado represivo en el que ya estamos todos suficientemente entrenados. Volveríamos, en fin, al “¡vivan las cadenas!” de la época del rey felón Fernando VII. Ese fue el lema acuñado por los absolutistas españoles en 1814 al tiempo que rechazaban la Constitución de 1812. Se cuenta que hubo tal recibimiento popular que se desengancharon los caballos de la carroza real para sustituirlos por el populacho más servil, que tiró de ella. Pero no pasa nada. Si eso es lo que desean los votantes, ¡adelante con los faroles! En el“Cantar de Mío Cid” Rodrigo Díaz de Vivar entra desterrado en Burgos y los burgaleses se asoman con dolor a las ventanas y lloran al verle marchar, pero no se atreven a darle posada ni ayuda por miedo a las severas represalias de Alfonso VI de Castilla. Y es cuando en el poema aparece en el verso 20 la frase: “¡Dios, qué buen vasallo, si oviesse buen señore!”. Cierto. Se echa de menos lo importante cuando nos falta, como sucede con la salud. Aquel maldito Borbón no hizo nada de lo que deseaba el pueblo y suprimió todas las leyes que no se ajustaban a sus intereses absolutistas. Y cuando, después, las necesidades sociales amenazaron con la reimplantación y consolidación de la legalidad derogada, el pueblo empezó a salir a la calle cantándole al rey las coplas del "trágala, trágala". Pero aquel rey de barbilla zoqueta y aspecto de eunuco no dudó en llamar a la Europa reaccionaria, y Francia envió en 1823 a los Cien mil Hijos de San Luis al mando del duque de Angulema para acabar con el Trienio Liberal y dar paso a la Década Ominosa.  Según Manuel Pando,  marqués de Miraflores, los Cien Mil Hijos de San Luis fueron recibidos por el pueblo español como ‘libertadores’ al grito de “¡Viva el rey absoluto!” y “¡Viva la Religión y la Inquisición!”. Bien aleccionados, los franceses se limitaron a dar leña al mono y a todo lo que se movía desde los Pirineos hasta su llegada a Cádiz. No tenemos remedio.

 

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