Me entero de que Juan Carlos de Borbón recibirá un segundo premio en Francia, el ‘Saint- Simon’, por su libro “Reconciliación”, cinco meses después de haber recibido el ‘Premio Especial del Jurado del Libro Político’ en la Asamblea Nacional. A mi entender, de merecer ese premio alguien debería ser para Laurence Debray, su verdadera autora. El rey emérito se limitó a facilitare a esa escritora los datos que estimó oportunos para su confección. Ese premio que ahora le van a conceder al rey emérito, como digo, fue creado en 1975 con motivo del tricentenario del nacimiento de Louis de Rouvroy (París, 1675-1755) y se le entregará en la granja Richardière, finca agrícola situada en La Ferté-Vidame, una aldea de 500 habitantes situada en el departamento de Eure-et-Loir, al suroeste de París. En 1739, Rouvroy se volcó en la redacción de sus “Memorias”, que cubrían los años de 1691-1723, referidos al reinado de Luis XIV desde su punto particular de vista, ya que era enemigo declarado de ese monarca francés y de su reinado, si bien es cierto que su espíritu novelesco, preocupado siempre en escudriñar detrás de los bastidores de la escena histórica y dispuesto a creer el menor chisme ligado casi siempre a los testimonios orales le llevó a aceptar como verdad, a lo largo de sus treinta volúmenes sobre la Corte de Versalles, una cantidad de noticias y de rumores que la historia ha reconocido como infundados. La obra, publicada en 1830, permaneció inédita durante todo el siglo XVIII y está considerada como carente de rigor y de muy poco interés literario. En resumidas cuentas, el premio que ahora se le concede al anterior jefe del Estado español tiene menos valor literario que un euro de madera. Es, por decirlo de alguna manera, un evento ideado por un grupúsculo de ‘culturetas’ locales para promocionar turísticamente esa bella zona de Francia. El premio, dotado con 5.000 euros, le fue concedido por primera vez a Pierre de Cossé Brissac (1900-1993) por su libro de memorias “En d'autres temps”. Esas memorias, publicadas en 1970 por la editorial Grasset, abarcan el periodo comprendido entre 1900 y1939, y contiene anécdotas, descripciones de costumbres y retratos grotescos de la alta sociedad de aquel tiempo. Continuó aquellas memorias, aquel tostón diría yo, con libros posteriores del mismo tenor. Vamos, un ‘ladrillo’ de tomo y lomo que solo interesa, si acaso, a Josemi Rodríguez-Sieiro y a un escaso ramillete de burguesas de poco jamón y mucho visón. Pues con las memorias del rey emérito, ídem del lienzo. El premio ‘Duque de Saint-Simon’ se me antoja de pacotilla, fútil y de escaso valor. Hoy a cualquier trapillo con flecos y flores estampadas le llaman mantón de Manila.
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