Yo siempre tenía entendido que
los mejores langostinos había que ir a comerlos a Vinaroz, por su calidad y
textura. El secreto parece ser que era debido a las aguas de la costa
mediterránea comprendidas entre el Delta del Ebro y Peñíscola, con poca
salinidad y un clima suave durante todo el año. Pues bien, según leo en Abc, al langostino de Vinaroz le ha salido un serio
competidor: el langostino de Valladolid. No es que en el Pisuerga se críen
crustáceos, que por quedar, ya no quedan ni cangrejos de río. Lo que sucede es
que hace siete años, el noruego Bjorn Aspheim abrió en Medina del Campo una
“granja” de langostinos en 24 piscinas de agua de río con una capacidad de
cinco millones de litros a una
temperatura constante de 28 grados centígrados, todo ello controlado por un
ordenador, a los que añadió una determinada cantidad de sal traída del Mar
Muerto. Ya se han conseguido unidades de color azul metálico de entre 20 y 30 gramos, según sea
pequeño o jumbo (en su factoría maduran ahora mismo un millón y medio de
ejemplares de langostinos blancos del Pacífico, importados de América) que se
sirven a domicilio de martes a viernes con sólo ponerse en contacto con José
Villarrubia, director de marketing, o con su página web (www.gambanatural.es).
Lo que ya desconozco es si las aguas las tomará el noruego Bjorn del río
Zapardiel, que casi siempre está seco. No sé, puede que se aprovechen las
avenidas en tiempos de lluvia o simplemente se procesione a san Antolín junto
al pendón de Castilla depositado en la Colegiata para que las lluvias se produzcan cada
vez que sea menester cambiar el agua estancada.
viernes, 4 de julio de 2014
La culpa, del maquinista
Juan Laborda cuenta algo
preocupante a propósito de la tremenda burbuja financiera que está a punto de
estallar. Tras un serio análisis sobre el empeoramiento de las condiciones económicas globales y el
posible detonante, que según él vendrá por “el aumento de la aversión al riesgo
en los mercados financieros”, Laborda señala, casi al final de su exposición,
que “la economía
de Occidente desde 1998 no ha hecho otra cosa que huir hacia delante”.
Pero lo que preocupa al ciudadano corriente es, y a eso iba, es que se ha sometido a las familias a
profundos recortes de gastos sociales, “a la vez que aumentaba la deuda pública
financiando a terceros, empresas y bancos, para que aliviaran su carga financiera
y sus problemas de solvencia. Se estaba transformando deuda privada en
pública”. (…) “El abaratamiento generalizado de los salarios y
del despido, la tan cacareada devaluación interna, ha acabado hundiendo la
demanda efectiva y elevando los índices de miseria y pobreza a tasas récord. ¡Y
luego nos dicen que por qué nos quejamos!”. A España la ha mirado el tuerto.
¿Cómo puede ser que a nada que llueva se hunda la vía del AVE? Lo sucedido ayer
en el tramo Madrid- Alicante a la altura de Albacete, de reciente construcción,
pone de manifiesto la inseguridad en la que se mueve el ciudadano. ¿Qué tiene
que decir Adif al respecto? ¿Y la ministra Ana Pastor? Para su trazado (adaptación de
trazado internacional sobre otro trazado antiguo con ancho de vía ibérico) se
eligió en su día a una filial de ACS, que había practicado un descuento del 25%
sobre la cantidad presupuestada en la licitación. Toco madera. Ahora, el
próximo día 24 de julio, hará un año del accidente del tren Alvia con dos
cabezas tractoras en la curva “A Grandeira”, en Angrois, cuando descarriló con
218 pasajeros a bordo. El resultado final fue de 79 personas muertas y muchos
viajeros heridos de diversa consideración. Se había colocado un obsoleto
sistema de balizas de frenado ASFA, que sólo proporciona información al
maquinista, en vez de un sistema ERTMS, instalado en vía y tren y con frenado
automático en caso de despiste. El primero de los sistemas era más barato.
Aquel tramo había sido inaugurado a toda prisa por el ministro socialista José
Blanco poco antes de ser enviado al dique seco por el triunfo abrumador del PP
en las elecciones generales de 2011. El juez instructor, Luis Aláez, responsabilizo
e imputó a varios exaltos cargos de Adif. ¿Y que ha pasado con ellos? Que yo
sepa, nada. ¿A quién se metió en la cárcel tras el descarrilamiento del metro
en Valencia el 30 de julio de 2006, donde murieron 43 personas y dejo a otras
47 secuelas imborrables? La comisión de investigación, que se celebró en las
Cortes Valencianas, duró cuatro días de verano y discurrió bajo el férreo control
de un Partido Popular necesitado de dar carpetazo a un accidente que corría el
riesgo de convertirse en su peor pesadilla a un año de las elecciones. En fin,
en cuestiones de trenes, la culpa para el maquinista, que es lo cómodo. Y en
cuestiones de derroches económicos del Gobierno, para los ciudadanos, que somos
manirrotos y tratamos de vivir por encima de nuestras posibilidades. Aquí la
actual burbuja, que ya barrunta en el horizonte como un cúmulo-nimbo lleno de
granizo como bolas de golf, además de económica, es política. Quizás se
resuelva, como espero y deseo, con el fin del bipartidismo de la Segunda Restauración,
que es semejante a esos virus hospitalarios difíciles de erradicar de los
quirófanos, donde determinados políticos a la violeta y por mor de las listas
cerradas de esa impresentable Oligarquía
de Partidos no hacen política sino que han hecho de la política su medio de
vida y la forma más rápida de enriquecerse al grito de ese “tora-tora” de que
“el dinero público no es de nadie”. ¡De qué nos quejamos! Al final la culpa
siempre será nuestra, por votarles; o
sea, del maquinista.
martes, 1 de julio de 2014
Rosell se despacha en FAES
Juan Rosell ha dicho en FAES, esa
fundación que preside José María Aznar, que “un millón de amas de casa se
apuntan al paro para cobrar ayudas” y se ha quedado tan fresco. Bueno, fresco
ya lo era, pero no sabía que lo fuese tanto. Y el presidente de la Patronal, como si pasase
lista a las 64 posturas del coito explicadas
en el Kámasutra (el cartero, la amazona, la adoración, la libélula, la
profunda, la hamaca, el sometido, la catapulta, etc.) ha recordado la manera
que tienen otros países para realizar ese cómputo: en Francia, de cinco maneras
distintas; en Estados Unidos, de seis…También duda de la Encuesta
de población Activa (la más fiable a mi criterio) a ha hora de confeccionar los
datos estadísticos sobre el empleo. Prefiere las encuestas del Servicio Público
de Empleo, que siempre señalan una diferencia a la baja considerable. Rosell ya
ha dicho que desea “darle la vuelta al calcetín” en los convenios colectivos,
ya que los jueces –según él- “no tienen muy claro lo que pone en la reforma
laboral y están haciendo interpretaciones de todo tipo”. Da la sensación, de
poco tiempo a esta parte, que los jueces y magistrados son unos lerdos
incapaces administrar justicia con rigor en un Estado de Derecho como es
España. Así, los vergonzosos ataques desde los medios al servicio de la
derechona a la figura del juez Castro y las estupideces pronunciadas por el
sucesor en la presidencia de la
Patronal de un presunto delincuente llamado Gerardo Díaz
Ferrán, que a día de hoy permanece entre rejas, confirman lo que ya se ha hecho
notorio. A Rosell, que parece un actor de reparto de película de Fellini, le
encantaría que las mujeres estuviesen en casa con la “pata” quebrada y dejaran
de intentar buscar trabajo, que la cuestión laboral, como el derecho de pernada
y el coñac “Soberano”, son cosas de hombres.
Sombrero, ¡ay mi sombrero!
Cuenta Antonio Burgos en su
artículo de Abc que en Sevilla se han puesto de moda los borsalinos, que no
tienen nada que ver -dice- con “los sombreros italianos de esta marca, de
fieltro y anchas alas, que usaban los gánsteres de Chicago”, y también “el
jipijapa de toda la vida, al que llaman panamá”, pero que los fetén, según
Burgos, no son de Panamá sino de
Ecuador. Todos los días aprendo algo. Y Burgos aprovecha que el Pisuerga pasa
por Valladolid para recordarnos aquel eslogan de una sombrerería de la madrileña
calle Montera que meses después de terminada la Guerra Civil anunciaba tanto en
su comercio como en el Abc aquello de que “los rojos no usaban sombrero”, con
lo que parece ser aumentaron considerablemente sus ventas. Pero los rojos sí
usaban sombrero: Manuel Azaña, Largo Caballero, Companys… Pasado el tiempo,
Fernando Vizcaíno Casas aprovecharía tal eslogan publicitario como título para
un libro de anécdotas. Pues bien, Burgos escribe que “ahora son los rojos los
que lo usan. O al menos la chavalería votante de Podemos”. Burgos, además de su
obsesión por Podemos y por Pablo Iglesias, al que considera el diablo según la
descripción de Gaspar Astete, añora, según se desprende de su pluma, la antiguas
fábricas de sombreros sevillanas de
Carmelo López Palalea y la de Fernández
Roche de la calle Heliotropo de Sevilla, o de la calle Castelar, que no sé muy
bién, y que con el “sinsombrerismo” logró sobrevivir durante algún tiempo
fabricando sombreros para los judíos ortodoxos y los nobles ingleses. Ya
veremos qué será el día que en el que a Burgos le dé por meterse con los
“ninis” de pantalón pirata, gorra con la visera en la nuca y gafas sobre la frente que se nutren a base de
hamburguesas del Mc’Donalds con la calderilla que rascan de los agujereados
bolsillos de sus sufridos progenitores y de las víctimas del sablazo. No te
quiero ni contar…
lunes, 30 de junio de 2014
Primera estación: el Vaticano
Los reyes viajan al Vaticano, a
esa corte de los milagros, para que el papa Francisco le bendiga el camino a
tomar a Felipe VI, hoy en la encrucijada, y que no parece fácil en un país
donde Diego Torres, exsocio de Urdangarín,
en un escrito de 87 folios al juez Castro viene a decirle al magistrado que “la Casa del Rey estaba al tanto
de todo, que se informaba con periodicidad semanal y que se revisaba toda la
información de Aizoon para su control y validación”. La Casa del Rey, del anterior
rey, debía ser –según se desprende de lo escrito por Torres- como una agencia
tributaria para asuntos internos. De hecho, José Alejandro Vara cuenta en
Vozpópuli que “hay miedo en La Zarzuela por los síntomas de depresión de don Juan Carlos”. Los
pronósticos del doctor Cabanela respecto a su pronta recuperación no se están
cumpliendo; los 5 viajes a los países árabes en corto espacio de tiempo todavía
no se entiende para qué han servido; no ha recuperado la Corona el prestigio perdido
y ahora le salen asuntos de paternidades que están por demostrar. Juan Carlos
sigue teniendo tratamiento de rey y de majestad, continúa viviendo en Palacio y
ostentando el empleo de capitán general en la reserva. No se entiende. El
Gobierno, por otro lado, se da la mayor prisa posible para que sea aforado y
sólo pueda ser juzgado, si fuese menester, por el Tribunal Supremo. Todavía no
se sabe en qué quedará el feo asunto de su hija menor, pero todo apunta que la Audiencia de Palma
volverá a cometer el “error” de desimputarla por segunda vez, conocida la
postura del fiscal Pedro Horrach, que más parece el abogado defensor de la
infanta que otra cosa y que, para consternación de los ciudadanos, se permite
el lujo de “insultar” al juez instructor frente la pasividad inexplicable del
Consejo General del Poder Judicial, salvo las honrosas excepciones los vocales
progresistas Roser Bach, Victoria Cinto, Clara Martínez de Careaga, Rafael
Mozo, Concepción Sáenz y Pilar Sepúlveda. No se debe decir, como dice el
frívolo fiscal Horrach, que el juez Castro basó su decisión de mantener la
imputación de Cristina de Borbón en “meras conjeturas” y que la infanta “sufría
contaminación judicial por influencia de los medios de comunicación”. Tales
afirmaciones no se sostienen. El papa Francisco tiene influencias terrenales y
cae bien allá por donde pasa, pero de él todavía no se esperan milagros.
El eunuco Daoíz
Carolina Godayol se dio cuenta un
día de que uno de los dos leones del Congreso de los Diputados, el eunuco
Daoíz, carecía de bolsa escrotal y de sus correspondientes testículos. Lo puso
en conocimiento de la autoridad competente y ésta decidió, conocida su
manifiesta pusilanimidad, que traía más cuenta dejarlo como está, por no
modificar la obra de Ponciano Ponzano, autor también del frontispicio. A
Carolina Godayol le gusta que las obras estén completas, como debe ser, y el
hecho de contar con un león capado en el Congreso, por mucho que se éste se
llame Daoíz, le produce una cierta sensación de frustración e incomodo. Luego
llegan los turistas, le hacen fotos por delante y por detrás y al regresar a
sus países de origen las analizan. ¡No digamos nada si esos turistas son
japoneses! Con razón podrán pensar, que el pensamiento es libre, que si la
estatua leonina de las escalinatas carece de cojones ni que decir tiene lo que
se supone que habrá dentro, en el hemiciclo. En la inauguración del Congreso,
en 1850 por Isabel II, donde ahora están los leones Daoíz y Velarde mirando a
los transeúntes de la Carrera
de San Jerónimo, se pusieron en su día dos grandes farolas que no fueron del agrado
de los parlamentarios y tuvieron que ser retiradas ante sus protestas, pese al
enfado del arquitecto Narciso Pascual Colomer. Se buscó otra solución, en
solicitar del escultor zaragozano Ponciano Ponzano, entonces amigo de Francisco
Javier de Quinto, entonces jefe de la
Casa Real, y que le ayudaría a convertirse
en el escultor oficial del Congreso. Comenzó los trabajos en bronce
aprovechando cañones tomados al enemigo en la guerra de África (decía que el
mármol traía mala suerte, tal vez por su estatua de la Libertad del madrileño
Panteón de Hombres Ilustres; o por el panteón del general Manuel de Ena,
existente en la capilla de Santa Ana, en El Pilar; o por el busto de su amigo
Juan Bruil en el Cementerio de Torrero, que no sé) pero murió sin haberlos
terminado. Pues bien, una vez retiradas aquellas farolas de mal gusto fue
cuando Ponzano pensó inicialmente colocar dos leones. Pero la mala situación
económica de España, donde los presupuestos del Estado no daban para mucho,
obligó a que Ponzano utilizase para su obra materiales de ínfima calidad; es
decir, yeso pintado para que pareciesen leones de bronce y diese el pego. Y la
intemperie se encargó de que tales materiales no aguantasen un año de vida. Se
proyectó otra pareja de leones y se recurrió al escultor José Bellver, que los
esculpió de granito y de unas ridículas dimensiones. Tampoco gustaron y fueron
retiradas. Y aprovechando que se habían requisado varios cañones al enemigo en
Marruecos, se optó por fundirlos para unas nuevas esculturas que fuesen más
duraderas. Entonces el Gobierno, que, como sucede ahora, sólo acertaba cuando
rectificaba, volvió a pensar en Ponzano. La fundición se llevó a cabo en
Sevilla en 1866 y se colocaron los leones Daoíz y Velarde en su actual
emplazamiento en 1872. Al teniente Ruiz lo dejaron para más adelante, como a
Cascorro. Y aquellos leones de piedra esculpida fueron depositados en unos
almacenes del Estado en la confianza de que los madrileños se olvidasen de
ellos. Pero, miren ustedes por dónde, terminaron en el Jardín de Monforte
(Plaza de la Legión Española),
en Valencia, para dar escolta de Rita Barberá, que es la fondona Isabel II de
la tierra de las flores. En fin, a Carolina Godayol le invito a que se acerque hasta el zaragozano Puente de
Piedra sobre el Ebro para que pueda admirar in situ los cuatro leones del escultor
Rallo. Están muy bien dotados, más aún que el caballo de Espartero existente en
el Espolón de Logroño, que ya es decir. Sería como un desagravio hacia el
eunuco Daoíz, que lo echa todo en melenas.
sábado, 28 de junio de 2014
Obispos en pie de guerra
El secretario de la Conferencia Episcopal,
José María Gil Tamayo, entiende que la
LOMCE “no respeta el derecho de de los padres a educar a sus
hijos desde sus convicciones (de los padres, no de los hijos, obligados casi
siempre a sufrir los desvaríos místicos de sus progenitores) ni los acuerdos
del Concordato” y desea que haya unos horarios mínimos de adoctrinamiento en
las escuelas. De hecho, ya están en la Conferencia Episcopal
pensando en solicitar del Gobierno un Decreto-Ley regulatorio. A mi entender,
ya va siendo hora de que el Gobierno denuncie aquellos acuerdos Iglesia-Estado
firmados por el entonces ministro Marcelino Oreja a finales de enero de 1979 y
que no tienen sentido en un Estado aconfesional. Adoctrinar, nada que oponer,
pero en las parroquias. En la Constitución
Española de 1978, Título 1, artículo 16-3, se dice que
“ninguna confesión tendrá carácter estatal. Los poderes públicos tendrán en
cuenta las creencias religiosas de la sociedad española y mantendrán las consiguientes
relaciones de cooperación con la
I.C. y demás confesiones”. Bueno, pues muy bien. Ya se
coopera con la I.C.
manteniendo el sueldo del clero y dejándo sus fincas rústicas y urbanas libres
de impuestos. Pero ni los enseñantes de Religión sufren concurso-oposoción como
el resto de los docentes ni “las consiguientes relaciones de cooperación” deben
estar a nivel del resto de las materias de estudio en los educandos. El
Concordato está obsoleto, las creencias religiosas son una cuestión de
costumbres más que de fe y el país no está para milongas de unos funcionarios
de la Iglesia
que todavía creen estar en la dictadura de Franco. Empecemos a ser serios si
queremos equipararnos al resto de la
Europa civilizada. El latín es sagrado, el trigo es sagrado,
y la educación de nuestros muchachos debe ser un asunto de Estado. Si el
excolaborador de “La Linterna”
desea solicitar decretos-leyes regulatorios, que se haga parlamentario y desde
su escaño lance sus propuestas al Gobierno en las sesiones parlamentarias de
control, o sea, los martes por la tarde en el Senado y los miércoles por la
mañana en el Congreso. ¡Ya está bien de decir gansadas!
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