A Nadia
Calviño le ha sucedido algo parecido a lo que le ocurrió a Álvaro Figueroa y Torres, cuando pretendió
tener segura su investidura para ser miembro de la Real Academia Española.
Siendo todavía presidente del Consejo de Ministros, acudió casa por casa de todos
académicos en un vano intento de conseguir de cada uno de ellos su compromiso de voto favorable. Todos ellos le prometieron su ayuda.
La votación tuvo lugar una tarde mientras Figueroa se encontraba presente en un
debate en el Congreso de los Diputados. Se le acercó a la bancada de la
oposición un ujier que le comunicó que en la Real Academia no había conseguido
ni un solo voto favorable a su ingreso. Hay que recordar que unos días antes
había caído su Gobierno y que Figueroa, por tanto, ya no ocupaba el sillón
azul. Fue entonces cuando Figueroa dijo aquello de ¡“joder, qué tropa…! Como digo,
a Calviño le ha sucedido algo parecido cuando abrigaba la poderosa idea de
poder presidir el Eurogrupo. La ministra de Asuntos Económicos aseguraba a una emisora de radio
que tenía “apalabrados” 10 votos, pero que a última hora algún representante
europeo cambió de idea”. Lo cierto es que Calviño perdió la votación en favor del
irlandés Paschal Donohoe. Se cuenta que en cierta ocasión Dámaso Alonso le ofreció a Julio Camba un sillón en la RAE. Y el
irónico Camba, sin mucho entusiasmo, le contestó: “Me ofrece usted un sillón y
yo lo que necesito es un piso”. Por entonces, Camba ocupaba desde hacía tiempo
la habitación 383 del madrileño Hotel Palace, donde se alojaba por cuenta de Juan March, y donde murió.
viernes, 10 de julio de 2020
jueves, 9 de julio de 2020
La sombra de la higuera
El presidente de Aragón, Lambán, después de haber acompañado al rey por Jaca y el Valle de Ordesa
ha declarado que “el mejor antídoto a los problemas de la Casa Real es Felipe VI”; y ha añadido que la Casa
Real sale ganando enteros con la visita a Aragón y a otras Comunidades Autónomas”.
A mi entender, el mejor antídoto para la Corona es que su padre, Juan Carlos de Borbón, devuelva y
entregue al Fisco las presuntas comisiones recibidas, pida perdón a todos los
españoles, tome el primer vuelo y se autoexilie para siempre fuera de España.
Parece necesario, a mi entender, tomar esa postura ante las “informaciones inquietantes que
perturban a todos”, en palabras de Sánchez,
y revisar la inviolabilidad del rey en la Constitución. Nadie puede estar por
encima de la Ley, ni siquiera el jefe del Estado. La gira prevista de Felipe VI
por las 17 Comunidades Autónomas no creo
que resuelva el problema de fondo. Mañana toca ir a La Rioja. ¿Irá el rey a las
dos Ciudades Autónomas? Doy por hecho que no. No se debe “molestar” al vecino
incómodo. Ya veremos cómo termina lo que ahora empieza. Cuentan los nigromantes
que la sombra de Alfonso XIII planea
el horizonte durante las giras de su bisnieto en forma de nube tormentosa que
produce lobreguez, como la sombra de la
higuera. Hace ahora 90 años del Pacto de San Sebastián, producto de una
enorme ola de antimonarquismo. También al nieto de Isabel II le vitoreaban los santanderinos durante aquel último
verano regio en La Magdalena. Si alguien lo pone en duda, le invito a que lea a
Fermín Sánchez González, más conocido como Pepe Montaña: “La Familia Real no faltó a ninguna de las corridas
de Márquez, Marcial, Barrera, Villalta, Bienvenida, Cagancho, Gitanillo, Bejarano, Fortuna y Félix Rodríguez. Por aquellos días, todos preparaban el
recibimiento que se hizo a don Alfonso XIII el día que entró en nuestro puerto,
al retorno de un viaje que había hecho a Inglaterra. Venía como un pasajero más
del vapor trasatlántico Arlanza. La
víspera de su arribada entraron en la
bahía, en esa niña bonita que cada día se adorna con un traje distinto, los
buques de guerra españoles Blas de Lezo,
Miguel de Cervantes, Almirante Cervera, Príncipe Alfonso, Méndez
Núñez… La estampa no podía ser más bella y atrayente”. Ocho meses más tarde, el rey partía al exilio
ante la indiferencia de todos.
martes, 7 de julio de 2020
Carmen Calvo se comió el marrón
Lo de ayer en la catedral de la Almudena no fue un funeral de
Estado ni estuvo presidido por Felipe VI.
Fue un acto promovido por la Conferencia Episcopal y presidido por Juan José Omella, arzobispo de Barcelona.
El rey, su consorte y sus dos hijas (todos
de luto riguroso) fueron meros asistentes al acto religioso. Se ha criticado mucho
en la prensa conservadora las ausencias de Sánchez
y de Iglesias. A mi entender, la
Constitución Española, en su artículo 16.3, establece el principio de la
aconfesionalidad del Estado. En consecuencia, la asistencia o no a cualquier
acto religioso pertenece a la discreción del ciudadano. Lo que procedería, a mi criterio, serían dos
cosas: la primera, modificar la Constitución; y, la segunda, terminar con los
acuerdos con la Santa Sede de 1979. Ningún gobierno se ha “atrevido” a hacerlo
hasta el momento. La Iglesia Católica debería pagar impuestos como lo hace todo
ciudadano y no debería gozar de privilegio alguno ante el Fisco. Pedro
Sánchez se excusó por su viaje a Lisboa.
Iglesias prefirió asistir a un mitin en el País Vasco. Pero el Gobierno sí
estuvo presente en el acto, con la representación de Carmen
Calvo. Lo que no hay derecho es a los insultos, como gritar “Gobierno asesino” y “¿dónde están los
muertos?”, por unos energúmenos “adiestrados” desde la
ultraderecha con el único fin de desgastar al Gobierno legítimo. Hicieron bien
tanto el presidente Sánchez como el vicepresidente Iglesias en no asistir a ese
funeral. Nadie asiste a un acto, sea civil o religioso, para que le vilipendien.
Los muertos de la pandemia -que se
entere ese vocerío de impresentables- están enterrados con respeto. Como debe ser.
Los que no sabemos dónde están son los ciudadanos que todavía permanecen en
cunetas y en barrancos, y que la rancia derechona, que orina agua bendita, no
quiere que se les localice y se les dé un entierro decoroso. Y en lo que a
ello respecta, la Conferencia Episcopal siempre mantuvo un vergonzoso silencio.
¡Ya vale, hombre, ya vale!
domingo, 5 de julio de 2020
La cosa pinta mal
Muy bueno el chiste de Álvaro en El Correo de Zamora.
Un campo, no sé si entre el leño lusitano, y una roulotte aparcada. De dentro sale una voz: “¡…Jo…Manolo, tres meses confinados en casa y ahora nos metemos aquí…!
Para mí que vamos de Guatemala a Guatepeor. Parece que no pasa nada pero sí
están pasando cosas, o pasarán. Llegarán los nuevos impuestos anunciados por Sánchez y todos seremos más pobres. Ya
se vislumbra el nubarrón de la gran tormenta y no nos quedan ganas ni de cantar
el “Resistiré” en los balcones. De la
bulla hemos pasado al acoquinamiento. Está el país como para andar exigiendo la
“tasa turística” a los pocos europeos
que llegan a nuestros aeropuertos. Está
el país como para andarse con coñas. La mascarillas nos ha vuelto a todos más
silentes y meditabundos. Sólo en las terrazas se percibe ese bullicio
extemporáneo y cervecero donde las risotadas de los descerebrados, que dan por
hecho de que “lo malo ya pasó”, son como arias huecas y melancólicas de impúber
que coquetea en el crepúsculo con la parca. Felipe VI y su consorte hacen turismo con ropa de Zara: ora Sevilla, ora Córdoba, ora
Cuenca, ora Benidorm, ora…, mientras la prensa comenta el testimonio de la
examiga del Emérito, Corinna Larsen, ante un fiscal suizo y
relacionado con los 65 millones recibidos
“por gratitud”; que chocan de frente contra otras declaraciones, las de los
temporeros de Lérida: “No nos da miedo morir de la covid-19, nos asusta la
miseria”. (…) “No se pueden mantener las distancias de seguridad cuando en la calle se vive amontonado”. Este julio no pinta bien. El calor del
escándalo del exjefe del Estado se troca insoportable. Lo conocían todos los
anteriores presidentes del Gobierno, los
políticos, los periodistas cobardes que aparecen en todas las tertulias, los
directores de los periódicos de postín y, digámoslo todo, también la Zarzuela. La
mejor analítica clínica para conocer la situación española es la que señala
Marruecos en cada momento, nuestro incómodo vecino. Pasó con la “Marcha Verde”, cuando agonizaba Franco, y pasa ahora, cuando la
economía hace aguas. Del Sahara nos marchamos con las orejas gachas y de Ceuta
y Melilla no sabemos todavía cómo. Las guerras ya no se hacen en las trincheras
sino en los despachos. La base de Rota es un generador de riqueza para España y
Mohamed VI lo sabe. Y aprovechando
el mal momento español, se ofrece para
facilitar a los norteamericanos la llave de su enclave naval de Alcazarseguir a
menos de un año para que termine el acuerdo España-USA de 1988. ¿La
contrapartida a ese aleatorio acuerdo? Posiblemente que Ceuta, Melilla y los
islotes adyacentes pasen a dominio marroquí. ¿De qué forma podría evitarlo España?
A mi entender, de ninguna manera si están los intereses americanos de por
medio, como lo estuvieron en Cuba a finales del siglo XIX. La explosión del
acorazado Maine en La Habana sólo fue
una excusa. Las derrotas en Cuba y Filipinas forzaron a España a firmar un
humillante tratado de paz en París, quedando sumido el país en una crisis
política, económica y social que marcaron el devenir histórico durante todo el
siglo XX.
viernes, 3 de julio de 2020
Bomba de relojería
Julio, agosto y septiembre constituyen el epicentro de casi todas las ferias, fiestas
y romerías de nuestro suelo patrio. Son meses de movilidad y es ahora cuando la
gente se relaja, ocupa las terrazas, trasnocha y no guarda, en muchos casos, esas medidas de
seguridad tan necesarias contra la pandemia. Da miedo sólo pensar que podría
llegar una segunda crisis, un nuevo confinamiento y otro parón brusco de la
economía. De ser así, no terminaremos de vislumbrar el final del inquietante
túnel, negro como la sotana de un cura.
La relajación, en consecuencia, puede ser fatal. Según los científicos, entre
ellos Margarita del Val, señalan que el virus Covid 19 (causante de la neumonía de Wuhan) está hoy
mucho más presente que cuando se decretó el estado de alarma, y que existen 15
veces más casos activos y personas asintomáticas capaces de contagiar. La
prometida vacuna parece aún lejana, en el supuesto de que algún día se consiga.
Siempre se puede luchar contra los elementos, pese a lo que un día dijera Casto
Méndez Núñez. Pero el ciudadano debe tener fuerza de voluntad, ponerse la
mascarilla cuando sale de casa, guardar las distancias de seguridad que
recomienda la OMS y evitar reuniones masivas en ágoras y odeones. El epidemiólogo
norteamericano que vaticinó la mutación
del coronavirus, Michael T. Osterholm,
afirmó en su libro “La amenaza letal”
que “habrá brotes de virus peores” e incluso una gran pandemia de gripe como la
de 1918, mal llamada gripe española,
que mató cerca de 100 millones de individuos. Pero de la mayor tragedia que actualmente
padecemos en el mundo no aprendamos nada. Dejar este feo asunto en manos del
filósofo Illa, aupado al Ministerio
de Sanidad por obra y gracia de Sánchez,
ha sido como escuchar una conferencia sobre Kant de boca de un palafrenero. La Sexta Extinción masiva ya está en marcha. La mitad de los animales
que vivieron en la Tierra ya ha desaparecido. Para que nos hagamos una idea,
desde el Descubrimiento de América han desaparecido más de 320 vertebrados
terrestres; y de las especies que sobreviven, la población ha disminuido una
cuarta parte. Algo parecido ha sucedido con los invertebrados. Dos ejemplos
claros son el de los gorriones y el de las abejas, por diversas causas: el
control de plagas, la alteración del clima por la contaminación y la pérdida de
su hábitat. La economía es un factor importante en el engranaje nacional, pero
por encima de esos necesarios recursos está la salud de los ciudadanos que, en
su conjunto, conformamos el Estado. No hay que olvidar que el Estado de bienestar social hizo crisis
mucho tiempo antes de la pandemia (por su alto coste, elevada presión fiscal,
desmotivación del ciudadano e ineficacia en el gasto). Y la que nos ha caído
encima ahora con el coronavirus no ha hecho más que agudizar un problema endémico
ya de por sí preocupante. Antes, no se supo controlar el desastre de las cajas
de ahorro por parte del Banco de España (banco de banqueros); y, ahora, no se
han sabido controlar a las residencias de ancianos (principal foco de
propagación del virus). ¿Qué será mañana? Arar con estos bueyes resulta harto
dificultoso.
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