lunes, 5 de febrero de 2024

"Zorra"

 


La canción “Zorra”, seleccionada para que España se presente en Malmö está dando mucho que hablar en la prensa de la ultraderechona más rancia y trasnochada de este país. No lo entiendo. Antonio Naranjo, en El Debate, comenta que “está inspirada por Irene Montero, Pam Rodríguez y las jinetas del apocalipsis igualitario”. Luis Ventoso, en el mismo diario digital dice que “la canción de Nebulossa que se ha elegido para representar a España en Eurovisión es una porquería, porque musicalmente es flojísima, un chunda-chunda de tecno de verbena; con una letra que da vergüenza ajena en su cutrez supuestamente provocadora y una puesta en escena que se diría salida de la carroza más chabacana de los fastos arcoíris de Chueca”. Pero añade más: “Es una forma de ver la vida, promovida por el pegajoso ejercicio de ingeniería social de la izquierda, que al darse cuenta de su incapacidad en el frente económico y al anular toda apelación a lo trascendente ha abrazado otras causas para encubrir sus carencias, como un feminismo pasado de rosca, el catastrofismo climático o una inexplicable fascinación por la homosexualidad”. No pasa nada. El que desee conocer la letra completa de esa canción la puede encontrar hoy en La Razón, donde también aparece un artículo de Jorge Fernández Díaz, “Zorra”, a Eurovisión”. El que fuese ministro del Interior durante los gobiernos de Rajoy, concediese medallas a imágenes de vírgenes y organizase el espionaje contra  Bárcenas para tapar la corrupción del PP, cuenta: “¿Acaso tiene derecho RTVE a que ‘eso’ represente a España? En todo caso, podrá decir que representa a la actual dirección de la cadena y al Gobierno que la ha designado, pero no a nuestro país. Y por si la canción con su letra no fuera suficiente, el dúo que la interpreta no se queda atrás, con una coreografía de bailarines (que aparentan ser varones), con gestos y exhibición de su cuerpo y traseros dignos de mejor causa”.  Eso de que “aparentan ser varones” lo precisa en un párrafo anterior, donde ese político y miembro del Opus Dei descifra algo que casi nadie sabíamos: “La diferencia física entre un hombre y una mujer salta a la vista para quien tenga ojos para ver y suficiente sensatez para entender lo que conlleva esa complementariedad entre el género masculino y el femenino”. ¡Jo, qué tío más listo! Y yo que no había caído en eso…

 

domingo, 4 de febrero de 2024

Como espectros fantasmagóricos

 


Llega la noticia de la muerte de Víctor Manuel de Saboya, hijo del último rey de Italia hasta 1946, Humberto II, que fue rey desde el 9 de mayo hasta el 12 de junio de ese año (33 días) tras la abdicación de Víctor Manuel III. Fue pariente del que fuese rey de España entre 18 71 y 1873,  Amadeo I, segundo hijo de Víctor Manuel II, primer rey de Italia, y de la archiduquesa Adelaida de Habsburgo Lorena, bisnieta de Carlos III. Lo cierto es que fue rey de España por casualidad y su reinado se disipó como el humo de una hoguera. El 11 de febrero de 1873 le comunicaron su “cese” mientras  esperaba su comida en el Café de Fornos. Murió en 1890 de neumonía. Curiosamente, uno de sus nietos, Aimón, reinó en Croacia entre 1941 y 1943 como Tomislav II siendo un auténtico títere de los nazis. Murió en Buenos Aires en 1948. Pero volviendo al tema, España, por la Constitución de 1869, era una monarquía donde no había rey sino una regencia, la de Serrano; y un gobierno, presidido por Prim, que no deseaba el regreso de los Borbones tras la salida forzosa de Isabel II. Hubo otros dos candidatos al trono tras el rechazo de Espartero: Antonio de Orleans y Leopoldo Hohenzollern.  Al primero se le descartó tras su duelo a pistola con Enrique de Borbón en una explanada de Carabanchel con resultado de muerte de Enrique. Al segundo también, por la oposición de Napoleón III, ya que se presentaba como una opción perfecta para el canciller Bismarck pero como un peligro para Francia. Y como la Ley de Murphy señala que “lo que puede salir mal, saldrá mal”, Napoleón III exigió a Guillermo I que se opusiese a esta candidatura, y tras su negativa se desencadenó la guerra franco-prusiana el 2 de agosto de 1870 que terminó  con la derrota de los franceses de Sedán,  la prisión para Napoleón III, las pérdidas de Alsacia y Lorena (no vueltas a recuperar por Francia hasta el Tratado de Versalles) y el advenimiento de la Tercera República. Ahora, la muerte de Víctor Manuel de Saboya, hijo del último rey de Italia, ha pasado casi desapercibida en la prensa española. Dentro de un siglo, ¿qué jóvenes de entonces se acordarán de las pocas Monarquías que hoy van quedando? Ya lo dijo Azaña: “Dentro de cien años nadie se acordará de Franco ni de mi persona”. Todo tiende a la estratificación y lo que ayer fueron mares hoy son páramos montañosos de yeso de origen lacustre desérticos que por los efectos erosivos del agua y el viento producen espectros fantasmagóricos, como el “El gorrico del cura”, “Las palomicas” o  “La lámpara de Aladino”, en la sierra de Armantes.

 

sábado, 3 de febrero de 2024

Cornudos, la Máscara y demás zarandajas

 


Leo en diario El Progreso algo sorprendente. Resulta que la plataforma Ashley Madison está especializada en citas extramatrimoniales y cada año publica su listado de lugares más calientes, un mapa con un total de 20 localidades ubicadas a lo largo y ancho de la península ibérica. Sitúa a Lugo como la capital gallega donde más infidelidades se cometen y una de las ciudades de España punteras en el asunto de los cuernos, al figurar en el número once de su ranking. Encabeza la lista del pasado año Manresa, seguida de Gerona. Por detrás de esas dos ciudades aparecen Barcelona, León, Toledo, Granada, Lérida, Marbella, Madrid, Sabadell, Lugo, Santiago de Compostela, Valencia, Málaga, Salamanca, Tarragona, Fuengirola, San Baudilio de Llobregat, Castellón de la Plana y San Sebastián, en ese orden. Esos datos estadísticos le hubiesen venido como anillo al dedo al gallego Camilo José Cela a la hora de confeccionar “con orden y buena voluntad”  su “Rol de cornudos”  (Noguer, Barcelona, 1976), in memoriam de Charles Fourier (1772-1835). Tratadista que clasificó los cornudos de su tiempo; y de el Ilmo. Sr. Don Estanislao de la Sagra y Mascarete (1918-1976), alias Pijo Péndulo”. Ese rol, clasificado por orden alfabético, comienza con “cornudo abanderado” y termina con “cornudo zurupeto”. Sobre el primero de esa lista, cuenta Cela que es “aquel a quien le brilla el cornaje con rutilante brillar…”; y sobre el último, señala que “es especie litigante que procede por filias y fobias. […] Su muerte suele salir en la página de sucesos”. Entre medio queda un ramillete de cornudos de diverso pelaje y dignos todos ellos de mi respeto y consideración. Recuerda su autor en su preámbulo que, “según se señala en el Lothus-Matra, libro sagrado de los sidonios, al hombre le florecen los cuernos cuando comete el pecado de pensar”. Cualquiera puede ser víctima de la infidelidad de su pareja. El primer cornudo, según la leyenda, fue el rey Minos, hijo de Zeus, cuando su mujer, Pasífae, se enamoró del Toro de Creta y engendró con él a Monotauro, que solo comía carne humana y que, por su peligro, tuvo que ser  guiado hasta un laberinto construido por Dédalo para quitarle de en medio. El final del cuento señala que Minos entró en el laberinto y mató a Minotauro, escapando de aquel galimatías de difícil salida siguiendo el hilo de Ariadna.  Vamos, un lío. Hoy, la Iglesia celebra a san Blas, patrón de Ateca. Y allí cada año, desde el día anterior, los vecinos sacan a la calle La Máscara, personaje grotesco vestido contraje a rayas rojas y amarillas con cascabeles, portando un sable y la tapadera de un puchero para zafarse de las pedradas. Los chavales le insultan cuesta arriba, en el trayecto que condice hasta la ermita del santo, tratando de arrancarle a la Máscara esos cascabillos cosidos a la ropa. Ya en lo alto, todos se reúnen para entonar la canción “El puente de Alcolea”, con la siguiente letra: “En el puente de Alcolea / había un puchero roto, / le pegaron un balazo / y cayó del puente abajo. / Al pasar el río, / al pasar el río, / a mi tío Antón / le llegaba el agua, / le llegaba el agua, / hasta el calzón”. Ya saben el dicho: "Por san Blas, hora y más". Les deseo un feliz fin de semana.

 

viernes, 2 de febrero de 2024

Flores, o el gallo de Morón

 


Ahora, cuando se acentúa la crisis climática, cuando en Cataluña estudian cómo poder administrar la escasez de agua de sus pantanos, cuando Doñana se está convirtiendo en un secarral, cuando los agricultores están que trinan contra los franceses por tirarles a las cunetas de las carreteras los productos de consumo que transportan en camiones y cuando los ganaderos ven casi insostenible seguir conservando la cabaña pecuaria, un concejal de Vox en el Ayuntamiento de Zaragoza, de nombre David Flores Serrano, veterinario de profesión y profesor de la Facultad de Ciencias de la Salud en la Universidad San Jorge, acaba de asegurar sin despeinarse (por su alopecia) en un pleno municipal que, "si se acepta que el CO2 es un gas de efecto invernadero, ir en bici contamina más que andar porque debido al esfuerzo físico se emite más dióxido de carbono”. Y ha añadido que "fomentar el uso de la bici supone imponer una forma de movilidad minoritaria, y eso es fascismo y es totalitarismo". Ese edil se une a las tesis de Juan García-Gallardo, también militante de Vox y vicepresidente del gobierno de Castilla y León, que mantiene que no existe relación entre las emisiones de CO2 a la atmósfera y el cambio climático, en contra del consenso científico. Y Flores, como digo, para no ser menos que el sansirolé García-Gallardo, sostiene sin despeinarse (por su alopecia) que “estrictamente hablando, un ciclista es más contaminante que un peatón”. Flores, por aquello de que es veterinario, podría haber argumentado que las vacas, cuando se tiran pedos en los prados, expulsa en sus ventosidades 200 gramos de metano al día, y eso supone que, según datos de la FAO, cada año todas las vacas del planeta liberan a la atmósfera 100 millones de toneladas de metano, que tienen el mismo efecto que 2.500 millones de toneladas de CO2. Son datos estadísticos sobre los que no tengo capacidad para discutir. Pero contar, como sostiene Flores, que un ciclista emite más dióxido de carbono que un peatón es como pensar que si hacemos aerobismo por el parque nos estamos cargando el planeta con cada zancada. Eso, de haberlo dicho una vieja tras el fuego (me vienen a la cabeza las paremias del refranero del Marqués de Santillana) hubiese tenido su pase. Verbigracia: “A mal abad, mal monaguillo”. Confío en que, cuando Flores se reintegre a la católica Universidad San Jorge tras su función como edil y el oreo de sus ideas no exponga en clase sus peregrinas teorías sobre la relación entre la movilidad en bici y el efecto invernadero, al menos mientras no sean dogma de fe. Podría terminar en la hoguera, o como el gallo de Morón, sin plumas y cacareando.

 

jueves, 1 de febrero de 2024

Espantapájaros

 

La pretensión de PP y Vox  en las Cortes de Aragón, presididas por la militante de Vox Marta Fernández Martín (nieta del apodado como “barón de Jausarás”, y negacionista de las vacunas, del cambio climático y fan de Triump y de Bolsonaro) de derogar la Ley de Memoria Democrática no evitará, de confirmarse, que sigan apareciendo huesos de fusilados en el bilbilitano barranco de la Bartolina, ni en las cunetas de las carreteras, ni en los descampados. En 1976, con la Ley de la Memoria, se pretendió hacer borrón y cuenta nueva en las entonces llamadas Cortes Españolas respecto a los crímenes del franquismo. Se reseteó la memoria con la Ley de Amnistía del año siguiente. Ya solo quedaba plasmar por escrito las nuevas leyes del juego. Pero lo que no consiguieron borrar de la memoria de los españoles aquellos procuradores en Cortes de chaquetilla blanca y estómago agradecido fue cicatrizar una herida que sigue a día de hoy supurando resentimiento. Las guerras civiles no se terminan nunca, como dijo De Gaulle. Cierto. Para más irni, se hizo una Constitución, la del 78, sin haber consultado previamente la forma de Estado que queríamos los españoles. Temían un resultado no deseado. En consecuencia, se impuso a Juan Carlos de Borbón, nombrado a dedo por Franco, como rey de una España que ya era “Reino” desde 1947. Y los españoles, que andábamos en otras cosas de más enjundia, como buscar trabajo o poder dar de comer todos los días a sus churumbeles, nos encogimos de hombros con un pasotismo de libro. Han pasado casi 46 años desde aquel referéndum que aceptamos la mayoría de los españoles con el miedo en el cuerpo y el deseo de cambiar. Pero todavía, en 1981, pudimos contemplar atónitos el sainete chusco de Tejero en el Congreso de los Diputados. El miedo es un arma de control que bien engrasado consigue  gran efecto para aquellos que lo producen: tanto desde el púlpito crucifijo en mano como desde la tribuna de oradores pistola en ristre. Quienes manejan el cortijo patrio saben que siempre funciona con saldo a su favor. En España se utilizó el miedo durante casi cuarenta años con resultados excelentes para el sátrapa. El miedo es paralizante y bien canalizado guarda el majuelo. El ladrón siempre teme que aparezca el guarda de detrás de un guindo y le dispare con su mosquete un cartucho de sal en el trasero para que escarmiente. Está demostrado que el espantapájaros, ese burdo maniquí, peca de ineficacia, como el gobierno regional que preside Azcón, rapavelas de Núñez Feijóo, con el apoyo de la ultraderecha más retrógrada desde el Espadón de Loja, es decir, desde el ciclotímico Narváez y su exagerado autoritarismo.