domingo, 20 de septiembre de 2026

Agitando el turibulo

 

En la Shahada, que es la declaración de fe fundamental y el primer pilar del islam, se afirma que Dios es Alá y Mahoma su profeta. Y en el catecismo del jesuita Gaspar Astete (siglo XVI) utilizado durante siglos en España e Hispanoamérica para la doctrina cristiana se decía textualmente que la religión católica era “la única religión verdadera y que fuera de ella no había salvación posible”. Hoy, Francisco Marhuenda, en La Razón, intenta salvar a Ayuso de las críticas de muchos ciudadanos en lo que respecta al ático comprado por la Comunidad de Madrid para no sabemos qué (cada día que pasa da la presidenta madrileña una versión diferente) con un coste que superó los 6,3 millones de euros. En el artículo “Ayuso, honrada y honorable” Marhuenda, en un intento fallido de salvar los frágiles cimientos de la honorabilidad de esa descerebrada señora, utiliza argumentos de ataque que no asustan ni a los sietemesinos contra el Gobierno: “A estas alturas de la peor legislatura desde la Transición -señala -, no podemos esperar ningún atisbo de coherencia entre las huestes de Sánchez y sus aliados. No son más que una horda sin principios que ha asaltado la Administración del Estado y tiene como única prioridad mantenerse en el poder a cualquier precio”. Y sigue señalando que  “la Asamblea se ha convertido en un espectáculo lamentable donde el monotema es lo mala que es Ayuso, aunque la gran mayoría de los madrileños le apoya”. Marhuenda se ha convertido, entre otros directores de diarios de papel y digitales que reciben vergonzosas subvenciones para que agiten el avispero, en el principal profeta que mantiene viva la llama de una presunta corrupción de libro, donde la diosa es una señora que se explica con incoherencias y a la que le gusta la incensación constante y la fruta tomada del Árbol del Bien y del Mal de un ‘paraíso terrenal’ que solo beneficia a la gente de dinero, a la enseñanza y la sanidad privadas y aun grupúsculo de adoradores que la consideran 'portadora de los valores eternos', como se decía de España durante el franquismo. Para Ayuso, los madrileños que critican su nefasta gestión pública son inicuos sin redención posible, entre ellos Óscar López, que piensa presentar batalla. Marhuenda, como digo, convertido en el arcángel san Gabriel encargado de mandar a las tinieblas a los detractores de la diosa Ayuso, sigue diciendo en su soflama que “es una lástima que las televisiones, radios y periódicos del régimen [¿de qué régimen?] no tengan ningún atisbo de coherencia, porque un análisis de esta legislatura pone de manifiesto las mentiras, manipulaciones, propaganda e incoherencia de Sánchez y sus colaboradores. Es cierto que les cortaría el grifo de las millonarias subvenciones, patrocinios y publicidad que reciben”. Y lo dice como un acólito al que le capó una rama de cerezo, con un atiplado "ora pro nobis", sin despeinarse ni perder la compostura. Creo que el grifo por el que sale dinero público, el de todos los madrileños, se lo deberían cerrar a Marhuenda y a todos los plumillas que, como él, rumian vomitivos comistrajos en la misma pocilga.

 

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