Roja, colorada, escarlata, carmesí, encarnada, bermellón… ¡Qué más da! Existe una adaptación de Elena Fortín y sus compañeras de “La hora del cuento” y publicada en su libro “El arte de contar cuentos a los niños “ (Ediciones Espuelas de Plata, 2008). Al hacer referencia Caperucita Roja la llama Caperucita Encarnada. Existen tres versiones del mismo cuento: la tradicional de Charles Perrault, la clásica de los Hermanos Grimm y la versión en verso de Ludwig Tieck.En la primera de ellas, de 1697, Caperucita va a ver a su enferma abuela, encuentra al o y este llega antes a la casa para devorar a la anciana. Cuando llega la niña, el lobo la invita a meterse a la cama y también se la come. El final termina con la muerte de ambas. En la segunda versión, de1812, al final del cuento aparece un cazador que abre la tripa del lobo mientras duerme, rescata a la niña y a su abuela, y llena al lobo de piedras pesadas para que muera al despertar al tener sed, ir a calmarla al río, caerse y ahogarse. En la tercera, de 1800 y en verso, se muestra a una Caperucita menos inocente y más consciente de su entorno, en una trama compleja donde el lobo y el cazador adquieren matices más siniestros. la tituló “Vida y muerte de la joven Caperucita Roja” y la convirtió en una tragedia en verso dividida en cinco escenas. En “Gente menuda”, la revista infantil que aparecía cada domingo como suplemento en la revista “Blanco y negro” asoma el cuento “Caperucita encarnada” ya en tiempos de la República, concretamente en 1936, como comedia en verso en un acto y tres cuadros en tres entregas (del domingo 3 al domingo 17 de mayo) donde no aparece el nombre del autor. Algo más tarde, en el suplemento correspondiente al 31 de mayo, en el ‘’Almanaque de Gente Menuda’, entre los dibujos infantiles enviados a la revista aparece trazada una carabela, y debajo pone "Ramón Sainz de Varanda, 11 años". Supongo que por entonces viviría en Taracena (Guadalajara). Y el 28 de junio vería la luz el último fascículo, al menos que yo conservo, donde está el relato de Elena Fortún “La invitación”, con dibujo de Serny, que comienza: “A la finca grande de la carretera ha venido a vivir una niña…”. Veinte días más tarde, hace ya 90 años, se desencadenó el desastre.