Wallace Hartley, director de la orquesta del “Titanic”, jamás
hubiese imaginado que su violín, regalo de su novia, pudiese ser subastado un
siglo después de la tragedia. La muerte dejó fuera de combate al músico,
después de que siguiese tocando su violín mientras el vapor se hundía en las
frías aguas del Océano Atlántico. Pero todavía le quedó tiempo de atárselo a la
cintura para no desprenderse ni después de muerto del regalo de María Robinson.
Se iban a casar muy pronto. No pudo ser. Ahora, aquel violín rescatado de las aguas se ha subastado
en la sala Henry Aldridge and Son. Alguien ha pujado por un millón de euros y
se lo ha llevado a casa. Hay cosas que merecen ser conservadas, otras no. Ayer
comentaba que la familia de Antonio Tejero había retirado el tricornio del
exteniente coronel de la subasta en la sala Durán, al reconocer que no era el
auténtico, o sea, el que llevó sobre su cabeza el guardia civil golpista aquel
malhadado 23 de febrero. Poseer el violín de Wallace Hartley equivale a conservar
su acta de defunción. De haber adquirido el tricornio de Tejero, en cambio, se
hubiese retrotraído el adquiridor a la época de las tremendas fotografías
de Robert Capa, a la quema de los
espejos rotos de muchas infancias frustradas y a aquel frío que subía de los
pies hacia arriba sin saber la causa exacta. Defender las reliquias de los militares golpistas (cuando esos raros adalides,
esos tigres de papel, se dedican en la actualidad a cultivar aguacates, como
hace Tejero en la Costa
del Sol, o camelias, como cultiva el exgeneral Armada en su pazo de Rivadulla,
o limones, como cultivaba el ya fallecido excoronel Miguel Manchado García) produce
náuseas. La hortofloricultura parece ser el camino preferido para aquellos
tipos que tiempo antes habían tirado por el camino de enmedio sin calcular sus
consecuencias. Más vale así.
domingo, 20 de octubre de 2013
sábado, 19 de octubre de 2013
El tricornio de Tejero
El tricornio de Tejero se iba a
subastar y al fin su familia ha retirado esa especie de “maquina de escribir”,
o de montera según los nórdicos, de la sala de subastas Durán, por no
considerar tal pieza como la utilizada por ese teniente coronel en el intento
de golpe de Estado de 1981. El tricornio original, que hubiese tenido un precio
de salida de 6.000 euros, se conserva en el domicilio familiar de los Tejero como
oro en paño. No cabe duda de que, con el tiempo, esa prenda militar aumentará
de valor, no por lo que vale sino por lo que representa en la historia reciente
de España. A mi entender, romanticismos aparte, el tricornio de Tejero debería
estar depositado en el Museo del Ejército, de la misma manera que se conserva
el sillón que Franco utilizó en Burgos o una falsa espada del Cid. Lo falso,
cuando el tiempo transcurre, ya no importa que sea simulado. El visitante al
museo, que ha pagado su entrada, tiene derecho a creerse que es auténtico todo
lo que está dentro de las vitrinas y jamás pone en duda su autenticidad, aunque
ésta sea postiza. Es lo mismo que sucede en el teatro o en el cine. Los
espectadores son conscientes de la farsa, pero se excitan, suspiran, hipan y
sollozan en las butacas en función del argumento proyectado. También en el
circo. Dejó escrito Antonio Gala que “el payaso nos distrae con una inocencia
simulada: una inocencia demasiado grande para ser verdadera, que deja al
descubierto, por torpeza, los trucos de los demás artistas, y acaba por
burlarse del maestro de ceremonias que gobierna la escena”. Este país es como
un circo de tres pistas. En la primera de ellas aparece Emilio Botín, en Nueva
York, trasladando a los medios
informativos que este es un momento fantástico para España, que todo el mundo quiere invertir aquí y que
entra dinero de todas partes. En la segunda pista nos topamos de frente con los
informes de Cáritas y con los últimos datos sobre el empleo de la Encuesta de Población
Activa. Y en la tercera pista asoman los rebuscadores en los cubos de basura,
que ya son legión. El tricornio de Tejero está bien donde está, es decir, en la
valija de las remembranzas de la casa de los Tejero, junto a la posterior teresiana
que impuso Luis Roldán y una pequeña réplica en cartón-piedra del caballo de Pavía.
Todos los suspiros de la España
cañí caben dentro de un baúl, del baúl de la Piquer.
viernes, 18 de octubre de 2013
El tobogán de la decadencia
En Zaragoza toda la vida de Dios
existieron las castañeras. Así, cuando empezaban los primeros relentes y el
cierzo cortaba la cara como un cuchillo de Albacete, pasabas por Don Jaime I, o
San Gil, como yo le llamo a esa calle, que vomita gente hacia la Plaza de España como si el
personal que atraviesa el Puente de Piedra se hubiera subido a una cinta
transportadora, y a mitad de camino te topabas con un garito de mínimas
dimensiones, casi un cajón, donde una señora mayor, sentada en un taburete,
asaba castañas con carbón vegetal atizado con un fuelle y las volteaba con una
badila sobre una plancha llena de agujeros. Hoy los requisitos municipales son
tan exigentes que el oficio de castañera está montado sobre el tobogán de la decadencia.
Recordaba hace tiempo Rufo Gamazo Rico en un espléndido artículo, “Magostos y
castañeras”, que el arroz cocido con castañas pilongas tiene un gusto especial;
y, también, que Benito Pérez Galdós dejó escrito que todas las castañas del
mundo tienen el mismo sabor y que sólo en Madrid se les da el punto exacto del
asado. La aparición de las castañeras y sus humeantes estufillas era señal inequívoca de que se acercaba el inclemente
invierno y de que había que sacar de la percha del armario el “loden” verde
picoleto, aquel que llevaban los gobernadores civiles a principios de la Transición. Un
gobernador civil de finales de los 70, o de comienzos de los 80, si no se
embuchaba en aquel abrigo tirolés cuando salía a la calle al estilo de
Trillo-Figueroa, que era como un pariente lejano del emperador Francisco José, ni era gobernador civil ni era nada. El “loden”
era largo y ancho, llevaba un fuelle en los hombros, botones de balón,
bolsillos verticales y en la parte trasera un triángulo a la altura de la
espaldilla del que partía un plisado hasta los bajos, eso que en los capotes de
toreo se conoce como bamba, y que era de
hechuras parecidas al barranco de la Bartolina. Media
docena de castañas calentitas repartidas en los
bolsillos del “loden” daban calor a las manos el tiempo que duraba rezar un
rosario o leer una “tercera” del ABC. Todo cabe en lo breve.
jueves, 17 de octubre de 2013
Las filas de la suerte
Hay filas en Doña Manolita para
adquirir lotería de Navidad. Estamos fritos a impuestos pero los ciudadanos se
empeñan en pagar impuestos indirectos. Todos quieren ser millonarios para poder
desclasarse. Lo que pasa es que un pobre con dinero puede ser una caja de
sorpresas. Igual que llega, lo gasta y sigue siendo infeliz. Seguirá sin saber
utilizar la pala de pescado y sin que la alta sociedad le acepte aunque cambie
de coche, de piso y de marca de vino. Se cuenta que, un día, un periodista se
dirigió a Emilio Botín durante una rueda de prensa. Y el periodista comenzó la
pregunta espetándole a Botín: “Ustedes los ricos…”. Botín le interrumpió de
inmediato: “Mire joven, ricos-ricos en España sólo hay siete. Los demás son
acomodados”. Pero los ciudadanos que se ponen a la cola de Doña Manolita no se
conforman con soñar con ser acomodados, sino en ser acaudalados, que es
distinto. Eso de ser acomodado, en la praxis, equivale a poder llegar a fin de
mes sin pasar angustias. Parece poca cosa. “Y en el filo de la aurora, / desde
Sol a Chamberí, / nadie sabe por qué llora / pregonando un quince mil. /
¡Cuatro series!, ¡Qué bonitas! / ¡Voy tirando los caudales! / ¡Son de doña
Manolita! / ¿Quién me compra esta penita? / ¡Mañana, mañana sale!”. Esa fue la
última copla de Quintero, León y Quiroga cantada en 1958 por Concha Piquer en Isla Cristina.
Un fallo en la voz y el retiro definitivo hacia una vida conformada. Por ahí
quedaron los baúles con olor a caracolas marinas y a bodega de barco. Uno de
ellos baúles, el de la película dirigida por Florián Rey, se quedó en
Calatayud, en el Mesón de La Dolores. Quedó varado para
siempre en la Vega
del Jalón de la misma manera que las conchas de molusco asoman huecas en las
arenas de las playas. Comprar un décimo de lotería es algo parecido a abrir el
periódico por las ofertas de trabajo. Al final encuentras una, llamas por
teléfono y te dan cita para una entrevista. Terminas en manos del psicólogo de
la empresa. "Ya le avisaremos en caso de ser admitido", dice el psicólogo al
aspirante al tiempo que le estrecha una fría y sudorosa mano. Pasan los días y
el aspirante, como en la novela de Gabriel García Márquez, no tiene quien le
escriba. Y decide acercarse a la cola de Doña Manolita en busca de un quince mil
con la parsimonia de esas conchas bivalvas arrastradas a la arena en la
atardecida, con la esperanza de poder pillar un pellizco, o una pedrea, que
permita vivir con el acomodo de Emilio Botín un modesto fin de semana.
miércoles, 16 de octubre de 2013
La segunda aparición de Aznar
Pues no sé, tal vez tenga razón
Xavier Horcajo, al referirse a las últimas apariciones de Aznar. Dice: “Llega
Aznar, como el macho alfa de la manada con las tablas de la ley bajo el brazo.
Suelta unas letanías cada vez más sincréticas, como si fueran de San Lucas o de
San Mateo, que sólo por el tono severo y grave nos gustan y vuelve a
desaparecer sin desenfundar la tizona. No se extrañen de que, al final, el
personal diga aquello de 'Pues vaya mierda de Cid”. Por estos pagos dinero no
habrá, pero hay más libertadores patrios que cañamones daban por un duro en los
lejanos tiempos de mi niñez. Ahora me entero de que un puñado de cañamones al
día basta para cubrir las necesidades básicas de proteínas y ácidos grasos
esenciales de una persona adulta. Creo que ya es la segunda vez que Aznar asoma
la punta de tarjeta amarilla a Rajoy del bolsillo superior de su americana. Amaga
pero no da. La roja está todavía por llegar, pero seguro que Aznar la enseñará
como si se tratara de las Tablas de la
Ley el día que Cataluña reciba, si es que los recibe, que no
creo, los casi 10.000 millones que dice Mas que le debe Madrid. De ser así, no
cabe duda de que seguiría dándole cuerda al manubrio de la gramola con el erre
que erre de la consulta soberanista. En soltar la mosca a grifo abierto para
amansar a la fiera de la barretina debe
consistir el meollo de la cuestión, es decir, la “financiación singular” y ese
“hecho diferencial” que propugna Alicia Sánchez-Camacho; o dicho en román
paladino, en la limitación de la solidaridad interregional; en la sujeción del
modelo al principio de ordinalidad; y al hecho de que los fondos implicados en
el trasiego de recursos entre las comunidades sean finalistas. A los alumnos de
Primaria deberían enseñarles en las escuelas en qué consiste eso del “hecho
diferencial”, para que más tarde esos niños lo explicasen en casa a la hora del
postre y pudiesen enterarse sus progenitores de que hay vida después del
fútbol. A los niños hay que adoctrinarles desde pequeños, para evitar que más
tarde viren a la herejía y a la perdición. La vida te da sorpresas, ¡ay, Dios!
Jamás pensé que alguna vez el actor y trigésimo octavo exgobernador de
California, Arnold Schwarzenegger,
pudiese ir de visita al Valle de los Caídos y ver la losa bajo la que reposan
los restos de otro Cid, aprovechando su breve estancia en España.
martes, 15 de octubre de 2013
El Tío de la Mariscada y el gato de los Bohórquez
Antonio Burgos tiene mucha gracia
cuando hace referencia al Tío de la Mariscada.
Y cuando señala que UGT es mucho más aficionada a las
mariscadas que Comisiones Obreras. La culpa, que siempre hay que echársela a
alguien por su mal ejemplo, la tuvo Borbolla a bordo del bateau-mouche sobre el
Sena en la década de los 80. Pero José Ginel, secretario de Comunicación de UGT
Andalucía, negó la existencia de irregularidades. Según éste, se trató de “una
comida acciones difusión VII acuerdo”, como así constaba el concepto que
puso en la factura el sevillano restaurante
Puerto Delicia el 21 de diciembre de 2009, por la comida navideña de UGT:
“Treinta raciones de langostinos,
1.080 euros; seis pargos al horno,
126 euros; seis cilindros de
foie, 90 euros; seis botellas de riojas de reserva Marqués de Arienzo, 114 euros, entre otras muchas viandas
que llevaría tiempo detallar. Total 2.047’90 euros y que se endosó a la Junta de Andalucía presidida
por Griñán, justificando tan abultada cifra como “procesos de negociación
colectiva en el VII Acuerdo de Concertación Social. Total, nada. A 100 euros
por cubierto a cuenta del trinque de la subvención. Todo eso viene a cuento con
un artículo que acabo de leer en “El Correo de Andalucía”. En su “Gazapera”,
Manuel Bohórquez, crítico de flamenco de ese diario, contaba el pasado 10 de
octubre en su artículo “Objetos nadadores no identificados” lo siguiente: “La
primera vez que vi un langostino no me atreví a comérmelo. A Palomares del Río
iba todos los años un hombre que montaba una atracción de feria en la Plazoleta, y me hice
amigo suyo. Le ayudaba un poco y me daba algunas pesetas. Un día me dijo con
mucho misterio que tenía un regalo para mí y era una cajita de madera con una
docena de langostinos grandes metidos en nieve. Jamás había visto uno de cerca.
Ni sabía lo que era. (…) Llevé a mi casa los langostinos y mi abuelo los puso
en un lebrillo con un poco de agua a ver si se movían. No se movían porque
estaban cocidos, claro, pero eso lo supimos años después. (…) “Los vamos a
dejar ahí hasta mañana y si nadan entonces nos lo comemos, que no me fío ni un
pelo de estos bichos tan raros”, dijo Popá Manué. (…) Por la mañana no había ni un langostino en el
lebrillo y una gata que teníamos, Ramona, estaba durmiendo al sol con una
barriga impresionante”. Una barriga, supongo, parecida a la del Tío de la Mariscada.
lunes, 14 de octubre de 2013
Al tercer aviso, al corral
Rajoy se ha sometido a una
entrevista del diario austríaco Kurier y ha vuelto a mentir como es habitual en
él. A estas alturas de la película debería saber que lo que tiene que contar
debe hacerlo en sede parlamentaria. Ha dicho al diario austríaco que los
sacrificios exigidos a los ciudadanos por las medidas de su gabinete contra la
crisis se han distribuido de forma justa. Falso como un duro de madera. Se ha
recortado en Educación, en Servicios Sociales, en becas y en Sanidad y se ha
aumentado considerablemente la abultada cantidad que reciben los partidos
políticos. Hace hincapié en que su Gobierno “heredó deudas inaceptables y que
los altos intereses hacían imposible para el país buscar financiación. Falso.
Nunca la prima de riesgo estuvo a los niveles de este Gobierno y la deuda que
se pide en el exterior es para pagar los intereses de la deuda generada por
ellos y el “regalo” que se hizo a cajas y bancos por medio del FROB y que
deberá devolver el maestro armero. También ha declarado que “la flexibilización
del mercado laboral ha hecho que la economía española sea más competitiva y que
crezcan las exportaciones fuera de la Eurozona”. Es decir, como no se puede devaluar la
moneda, se reducen salarios y se empobrece al país de forma alarmante en
beneficio de los empresarios. Dijo, asimismo, que “se pudieron recapitalizar
bancos arruinados”. Cierto, pero no dijo que los bancos no van a devolver ni un
celemín del recibido ni van a dar créditos a los ciudadanos ni a las pymes,
porque prefieren comprar dinero en Europa al 1 % o menos y ponerlo en deuda del
Estado a casi el 5%. Por cierto, y eso tampoco lo dice, la deuda pública de las
Administraciones Públicas, es decir, la Deuda Soberana, rozará el 100% del PIB en 2014. Y ha redondeado la
entrevista con una rebolera, diciendo que “para mí la prioridad máxima es
conducir al país fuera de la crisis, combatir la inaceptable tasa de paro y
mejorar la calidad de vida de las personas”. En España aumenta el número de
millonarios pero también progresa el número de excluidos sociales. A mi entender,
Rajoy lleva camino de hacer todo lo contrario de lo que dice. Hasta sus barones
le miran con recelo. Pero tiene suerte de que en España no se votan personas
sino siglas de partidos. De hecho ya ha recibido “dos toques” de atención por
parte de Aznar, el padrino que surgió del frío, y que se está convirtiendo en
un “golondrino” en el sobaco del gallego. Ya sabe, al tercer aviso, al corral. Y cómo
no, la andaluza emergente Susana Díaz le está echando un pulso a Pérez
Rubalcaba, una vez que Chacón y Madina se están convirtiendo en meros
figurantes de este esperpento de Arniches.
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