España es una democracia avanzada
sobre el papel. Sólo sobre el papel. En la praxis, este país sigue manteniendo
el ramalazo franquista en muchas posiciones de sus gobernantes en el poder. El
caso del vergonzoso aforamiento exprés del ciudadano Juan Carlos de Borbón,
donde el PP se ha quedado solo en el Congreso; los ataques al juez Castro desde
la derechona por la segunda imputación a la ciudadana Cristina de Borbón; la
petición del fiscal Horrach al Gobierno para “atar en corto a los jueces tipo
Castro para garantizar la objetividad judicial", ¡hay que ser lerdo!; el
triste papel que acaba de hacer Mariano Rajoy en Malabo ( en el entierro de
Suárez procuró esconderse de las cámaras para saludar a Obiang) recabando votos
en favor de la candidatura de España a ocupar uno de los sillones rotatorios
del Consejo
de Seguridad de la ONU
durante el periodo 2015-2016, y de corrido tratar de argumentar con palabras
huecas que "España quiere participar en el renacimiento de África", como si
Rajoy fuese el descubridor de la penicilina; y, lo peor, la clara falta de
cojones( esos que Alfonso XIII le pedía que le echase Silvestre en el Rif por
telegrama) para afrontar el problema catalán: “Invictos rusticanos, brava
tropa/ que en el gran tropel y raudo molinete/ habéis llegado aquí, sucia la
ropa/ y escaldado el ojete”, se me antoja, todo ello, como una carajicomedia
para asustar a sietemesinos. Y ahí siguen Gallardón, Torres-Dulce y su combo de
lameculos tratando de marear el águila de san Juan como si fuese una perdiz. Uf, que mareo. Me voy a tomar un anís para,
como decía Cela, disipar el espectro de la impotencia.
viernes, 27 de junio de 2014
lunes, 23 de junio de 2014
Un panorama desolador
Jaime Peñafiel, que no fue
invitado al besamanos en el Palacio Real tras la proclamación de Felipe VI,
cuenta en un artículo, al referirse a la nueva reina consorte, que “en todo
momento ella –o sea, la reina Letizia- aceptó que el Rey es él; que Jefe del
Estado sólo hay uno; que su papel es el de consorte; que la Constitución solo le
reconoce a él; que los reales decretos solo son sancionados por el nuevo
monarca; y que eso de ‘los reyes’ es un eufemismo, solo existe el Rey”. Y ya de
paso, por aquello de ir por atún y ver
al duque, aprovecha Peñafiel para recordar a los lectores que en la tribuna de
invitados del Congreso se encontraban presentes el padre y la abuela de
Letizia, ambos imputados por alzamiento de bienes. Y lo cuenta hoy, lunes,
víspera de san Juan, cuando faltan sólo dos días para que el juez Castro
determine una posible imputación de Cristina de Borbón. En el ambiente, pese al
calor, se mueve en el aire de un raro ventolín capaz de doblar los cadáveres.
Hoy todas las miradas estaban puestas en el Ritz, para escuchar a Pablo
Iglesias. Estaba ausente casi todo el staff del Ibex, del PP y del PSOE, pero
ello no ha evitado que Iglesias dijera sin ningún tipo de complejos que “el
terrorismo etarra causó dolor pero tiene base política”. Ahora hay mucha prisa,
casi demasiada, por lanzar a Juan Carlos de Borbón, el rey que ya no reina, un
salvavidas en forma de aforamiento “sui géneris”. Se hace tarde y mal. Y el
ciudadano del común no entiende tanta prisa, ni acaba de entender ese “quita y
pon” casi de tapadillo y sin muchas aclamaciones populares en las calles de
Madrid. ¿Qué se pretende solucionar? Las malas lenguas, que las hay, comentan
que los duques de Palma no han hecho nada nuevo que no hubiesen visto hacer
antes en La Zarzuela. Lagarto,
lagarto… “Los Templarios del Santo Grial del Régimen de la Transición -como
escribe el perrillo Marcello- pretenden reconducir la situación del país, en
medio de una asombrosa crisis económica e institucional”. Está bien cambiar el decorado de Felipe I de Parma por
el de Carlos III, el mejor alcalde de Madrid, en el despacho de Felipe VI. Es
necesario que su despacho no huela a alcanfor ni a caries de porteras, pero los
cambios deben ser más profundos si lo que se pretende desde la Corona es disipar el actual
panorama desolador. En esas estamos y ahí te quiero ver, moreno.
sábado, 21 de junio de 2014
Dar hilo a la cometa
En “La Restauración
Borbónica II”, J. de Mendizábal, al referirse al reinado
incipiente de Felipe VI, señala que “lo
más gracioso es que los que claman por la regeneración, un aire nuevo,
juventud, un nuevo impulso...son exactamente los mismos que no han hecho nada
por regenerar nada, por la transparencia, por acabar con la corrupción, por
separar de verdad la justicia del poder ejecutivo y partitocrático, por
finiquitar un estado autonómico insostenible...los mismos”. A la derechona le
interesa el bipartidismo, ora PP, ora PSOE, para que nada cambie. Sólo había
que ver el besamanos en el Salón del Trono del Palacio Real el pasado día 19 de
junio, donde Emilio Botín hizo inclinaciones esperpénticas en su saludo ante
los nuevos reyes, donde las damas, incluida la vicepresidenta del Gobierno,
doblaban la rodilla como si estuviesen el la corte del rey de barbilla zoqueta
que usaba paletó y, también, donde los nuevos reyes agacharon el lomo ante los
purpurados de la Iglesia Católica
de forma vergonzosa. Y ahora comienza la fiesta real, los paseos por Europa y
por las provincias españolas para inyectarse clamor en vena. Primer destino: El
Vaticano. Segundo: Portugal. Esperemos que el tercero no sea Andorra. Esto no
parece serio. Ya sabemos que el Rey nada puede hacer en beneficio de los más
desfavorecidos, que ya son legión, por impedírselo la Constitución. Como
recuerda Mendizábal, “al margen de dar una imagen ejemplar (que no es poco, si
lo logra), discursos bonitos, buenistas al más no poder asesorado por la
singular esposa que eligió, poco más podrá hacer. Lo saben todos. Mientras, le
dan hilo a la cometa”.
lunes, 16 de junio de 2014
Lo que nos pasa
Lo que nos pasa a los españoles
puede resumirse en un retal del último artículo de Jesús Cacho, "¿Quién teme al
soldado Madina?", publicado en Vozpópuli. Digo en un retal, porque su artículo
es mucho más denso, como una manta zamorana, y de nada sirve ahora contar lo
que sucede en un descompuesto PSOE y en un inmovilita PP, que nos recuerda
aquello que cantaba Emilio José: “Ni contigo ni sin ti tienen mis males
remedio…”. Pues bien, a punto ya de que den comienzo los actos de abdicación de
un rey con más sombras que luces y de aceptación por las Cortes de otro rey
sobre el que se cuenta que está muy bien preparado (eso ya se dijo en 1975
respecto a Juan Carlos), los españoles continúan en la inopia, que es un lugar
parecido al limbo de los justos, aquel lugar que no está en las cartas de
marear pero al que iban, parece ser, los niños que no habían sido bautizados.
Pero a lo que iba, moreno. Dice Cacho en su escrito del que extraigo un retal, para que,
como hacían los horteras con la tela de los trajes, nos lo enseñen a la luz del
día y sepamos su verdadera tonalidad: “Ni PSOE ni PP lograrán evitar el
naufragio si no acometen cambios en profundidad. La gente está harta de
aguantar golferías. La gente normal quiere vivir en un país normal donde el
tipo de roba prevaliéndose de su cargo vaya a dar con sus huesos en la cárcel.
El español de a pie está cansado de oír que las Cajas rescatadas, a las que
habría que haber dejado quebrar, van a seguir dando pérdidas sine die.
La gente está harta de sobresueldos, corruptelas, enchufes, harta del mamoneo
entre políticos y financieros, de confusión entre lo público y lo privado, de
sometimiento de la Justicia
a los amos del sistema, de ‘blindajes totales’ como el que ahora se busca para
el dimisionario Rey, un saco en el que también se quiere meter a la Reina para disimular. Un
hartazgo que es imposible camuflar con mil campañas de lavado de imagen como el
que estos días soportan los españoles. Hartos de inmovilismo, el gran pecado
del PP de Mariano Rajoy. La gente no quiere discursos; quiere hechos, demanda
cambios, pide reformas. ‘Si los reformistas no hacen las reformas, vendrán a
hacerlas los populistas’, dice Renzi. La cosa es sencilla: los españoles no se
han vuelto locos, no se han convertido al leninismo de la noche a la mañana.
Simplemente quieren vivir en un país decente. Que no es poco”. Y mientras
todas esas cosas acontecen, el hijo de Ruiz-Gallardón se esconde en el garaje
de la casa de su padre, en la calle de Alonso Martínez, para evitar ser detenido por la Policía Local tras un accidente. Y lo más triste, que los
escoltas negaran a la P.L. que el coche de
Ruiz-Gallardón Utrera estuviese dentro del garaje de ese edificio. ¡Qué
vergüenza, Dios mío, qué vergüenza!
domingo, 15 de junio de 2014
Respeto a la Ley de Memoria Histórica
Resulta que en 2014 todavía
permanece una escultura en Granada de José Antonio Primo de Rivera, obra de
Francisco López Burgos de los años 60. Pero será por poco tiempo. Resulta
curioso que haya tardado tanto el Ayuntamiento en retirar del paisaje urbano
una escultura en memoria de un fascista de tomo y lomo, primogénito de un
militar golpista “bendecido” por Alfonso XIII y fundador de Falange Española en
1933. La Ley
52/2007 de Memoria Histórica debe ser cumplida, como el resto de las leyes en
vigor, sin excusa ni pretexto, por más que la Abogacía del Estado en
2009 presentase un recurso al considerar que tal adefesio monolítico constituía
a su criterio un bien de interés cultural. Ya el Tribunal de Justicia de
Andalucía estimó por resolución el pasado 7 de abril que la pretensión de la Abogacía “no es conforme
a derecho”. Es necesario, si queremos modernizar España de una maldita vez, que
desaparezca para siempre cualquier nombre de calle, escultura, etc.,
relacionados con el franquismo o con la Guerra
Civil de todos nuestros pueblos y ciudades. Observo
estupefacto cómo a día de hoy todavía
permanece en el frontis del viejo edificio de la Academia General
Militar de Zaragoza el escudo preconstitucional. Va siendo hora de que
desaparezca para siempre.
viernes, 13 de junio de 2014
El lazo de Lambán
Acertó Felipe González cuando
dijo poco después de abandonar La
Moncloa que se sentía como un jarrón chino en un apartamento
pequeño: “Se supone que tienen valor y nadie se atreve –dijo- a tirarlos a la
basura, pero en realidad estorban en todas partes”. Por un R. D. de 1992 gozan
de tratamiento de presidente, se adscriben a su servicios dos puestos de
trabajo de libre designación, disponen de una dotación para gastos de oficina,
secretaria, alquileres de inmuebles; un automóvil de representación de alta
gama con conductores dependientes del Estado, los servicios de seguridad que les asigna el
Ministerio del Interior, el derecho de libre pase en las compañías de transportes
terrestres, marítimos y aéreos regulares del Estado, una pensión vitalicia que
ronda los 75.000 euros anuales y el derecho a formar parte de forma permanente
en el Consejo de Estado con otro sueldo no menos importante. A partir del día
19, el rey Juan Carlos y su consorte seguirán usando el privilegio de ser
llamados reyes con tratamiento de majestad (rey don Juan Carlos y reina doña
Sofía), en el orden protocolario irán detrás de la hija menor de Felipe VI,
continuarán viviendo en la
Zarzuela, serán aforados de por vida y dispondrán de un
sueldo y de unas guindaleras (ahí cabe todo) todavía sin especificar. El rey
cesante ya no será un jarrón chino, como parece el caso de los expresidentes de
Gobierno, sino un lastre del tamaño de King Kong que deberemos asumir todos los
españoles con nuestros impuestos. Y todo ello en una España arruinada, con seis
millones de parados, una deuda pública que casi alcanza el 100% del PIB y unos
datos aportados por Cáritas capaces de hacernos estremecer. Un país, digo,
donde este verano deberán seguir abiertos muchos comedores de colegios públicos
para que gran parte del alumnado procedente de familias con pocos posibles
pueda comer caliente, aunque sólo sea una vez al día. Yo no sé si los
expresidentes serán jarrones chinos y si los reyes cesantes serán vitrinas de
trofeos, pero esa es la España
que deja el largo reinado de Juan Carlos
I, con más sombras que luces, impuesto por un dictador que quería dejarlo todo
“atado y bien atado”. Sí, atado, pero con el lazo de Lambán.
martes, 10 de junio de 2014
Bono como última solución
Lo que hoy más le interesa a la
derecha española representada por el Partido Popular, es que el PSOE no pierda
escaños en las Cortes. Hay ya quien opina que “un PSOE con 100 o 105 escaños
terminaría siendo manejado por la extrema izquierda”. Y esa derecha, que ha
temblado con la marcha de Pérez Rubalcaba, vuelve a preocuparse ahora, más si
cabe, por el retiro de Susana Díaz como aspirante a la Secretaría General
del partido del puño y la rosa. La derecha actual se sentía cómoda con el
método Cánovas-Sagasta, o sea, con lo más parecido a aquel Pacto de El Pardo
llevado a cabo entre el Partido Liberal-Conservador y el Partido Liberal-Fusionista
pocos días antes de la muerte de Alfonso XII. Suponían Cánovas y Sagasta en
1885 que la alternancia de ambos partidos políticos durante la regencia de
María Cristina de Habsburgo (1885-1902) daría a España una cierta estabilidad
política.Y el general Arsenio Martínez Campos, artífice de la Restauración
borbónica, ante la pasividad de Serrano, consiguió una reunión entre ambos
políticos para llevar a cabo tal alternancia de partidos como aparente fórmula
magistral que desembocaría en una tremenda corrupción política en un país de
18’5 millones de habitantes, donde el 65% de los ciudadanos eran analfabetos y
donde la Iglesia Católica
más reaccionaria imponía sus fueros con su tralla de arreo. Pues bien, ahora,
como decía al principio, la falta de aspiraciones de Susana Díaz a ocupar, no
sé si por merecimientos propios, la Secretaría General
del PSOE, pone nerviosa a esa derecha con rabo de paja. Teme la escalada
imparable de Podemos y de Pablo Iglesias, el nuevo sosias de aquel Romero
Robledo que formó parte de la
Junta revolucionaria de Madrid y que consiguió el propósito
de destronar de Isabel II, pese a que más tarde fuese ministro de Fomento con
Amadeo I, de Gobernación con Alfonso XII y de Ultramar, primero, y Gracia y
Justicia, después, con la regente María Cristina. Y la derecha, ahora, nerviosa
ante unos acontecimientos que le sobrepasan con la abdicación repentina de Juan
Carlos I, donde se sentían cómodos y con mayoría absoluta en las dos Cámaras,
insinúa que la Secretaría General
del PSOE podría ser ocupada por José Bono para que el bipartidismo no decaiga.
Lanzan la idea al viento, (en este caso la ha lanzado Anson, ese “juanista”
amortizado que, entre otras cosas, no cree en la profesionalidad de los jueces
y lanza gritos de sirena para aforar a Juan Carlos cuanto antes) como si fuese
una bengala desde la cubierta de Titánic. La derecha, y termino, siente pánico
ante la descomposición del PSOE, a una ciudadanía que pueda dejar de ser
juancarlista en breve (el español es olvidadizo cuando quiere) e intenta salir
airosa ante un futuro poco prometedor (mientras siga la espada de Damocles de
los seis millones de parados sobre sus cabezas), para aquellos que han hecho de
la política y de una vergonzosa corrupción su asqueroso modo de vida.
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