viernes, 27 de junio de 2014

Carajicomedia




España es una democracia avanzada sobre el papel. Sólo sobre el papel. En la praxis, este país sigue manteniendo el ramalazo franquista en muchas posiciones de sus gobernantes en el poder. El caso del vergonzoso aforamiento exprés del ciudadano Juan Carlos de Borbón, donde el PP se ha quedado solo en el Congreso; los ataques al juez Castro desde la derechona por la segunda imputación a la ciudadana Cristina de Borbón; la petición del fiscal Horrach al Gobierno para “atar en corto a los jueces tipo Castro para garantizar la objetividad judicial", ¡hay que ser lerdo!; el triste papel que acaba de hacer Mariano Rajoy en Malabo ( en el entierro de Suárez procuró esconderse de las cámaras para saludar a Obiang) recabando votos en favor de la candidatura de España a ocupar uno de los sillones rotatorios del Consejo de Seguridad de la ONU durante el periodo 2015-2016, y de corrido tratar de argumentar con palabras huecas que "España quiere participar en el renacimiento de África", como si Rajoy fuese el descubridor de la penicilina; y, lo peor, la clara falta de cojones( esos que Alfonso XIII le pedía que le echase Silvestre en el Rif por telegrama) para afrontar el problema catalán: “Invictos rusticanos, brava tropa/ que en el gran tropel y raudo molinete/ habéis llegado aquí, sucia la ropa/ y escaldado el ojete”, se me antoja, todo ello, como una carajicomedia para asustar a sietemesinos. Y ahí siguen Gallardón, Torres-Dulce y su combo de lameculos tratando de marear el águila de san Juan como si fuese una perdiz.  Uf, que mareo. Me voy a tomar un anís para, como decía Cela, disipar el espectro de la impotencia.

lunes, 23 de junio de 2014

Un panorama desolador




Jaime Peñafiel, que no fue invitado al besamanos en el Palacio Real tras la proclamación de Felipe VI, cuenta en un artículo, al referirse a la nueva reina consorte, que “en todo momento ella –o sea, la reina Letizia- aceptó que el Rey es él; que Jefe del Estado sólo hay uno; que su papel es el de consorte; que la Constitución solo le reconoce a él; que los reales decretos solo son sancionados por el nuevo monarca; y que eso de ‘los reyes’ es un eufemismo, solo existe el Rey”. Y ya de paso, por aquello de ir por atún  y ver al duque, aprovecha Peñafiel para recordar a los lectores que en la tribuna de invitados del Congreso se encontraban presentes el padre y la abuela de Letizia, ambos imputados por alzamiento de bienes. Y lo cuenta hoy, lunes, víspera de san Juan, cuando faltan sólo dos días para que el juez Castro determine una posible imputación de Cristina de Borbón. En el ambiente, pese al calor, se mueve en el aire de un raro ventolín capaz de doblar los cadáveres. Hoy todas las miradas estaban puestas en el Ritz, para escuchar a Pablo Iglesias. Estaba ausente casi todo el staff del Ibex, del PP y del PSOE, pero ello no ha evitado que Iglesias dijera sin ningún tipo de complejos que “el terrorismo etarra causó dolor pero tiene base política”. Ahora hay mucha prisa, casi demasiada, por lanzar a Juan Carlos de Borbón, el rey que ya no reina, un salvavidas en forma de aforamiento “sui géneris”. Se hace tarde y mal. Y el ciudadano del común no entiende tanta prisa, ni acaba de entender ese “quita y pon” casi de tapadillo y sin muchas aclamaciones populares en las calles de Madrid. ¿Qué se pretende solucionar? Las malas lenguas, que las hay, comentan que los duques de Palma no han hecho nada nuevo que no hubiesen visto hacer antes en La Zarzuela. Lagarto, lagarto… “Los Templarios del Santo Grial del Régimen de la Transición -como escribe el perrillo Marcello- pretenden reconducir la situación del país, en medio de una asombrosa crisis económica e institucional”. Está bien  cambiar el decorado de Felipe I de Parma por el de Carlos III, el mejor alcalde de Madrid, en el despacho de Felipe VI. Es necesario que su despacho no huela a alcanfor ni a caries de porteras, pero los cambios deben ser más profundos si lo que se pretende desde la Corona es disipar el actual panorama desolador. En esas estamos y ahí te quiero ver, moreno.

sábado, 21 de junio de 2014

Dar hilo a la cometa





En “La Restauración Borbónica II”, J. de Mendizábal, al referirse al reinado incipiente de Felipe VI,  señala que “lo más gracioso es que los que claman por la regeneración, un aire nuevo, juventud, un nuevo impulso...son exactamente los mismos que no han hecho nada por regenerar nada, por la transparencia, por acabar con la corrupción, por separar de verdad la justicia del poder ejecutivo y partitocrático, por finiquitar un estado autonómico insostenible...los mismos”. A la derechona le interesa el bipartidismo, ora PP, ora PSOE, para que nada cambie. Sólo había que ver el besamanos en el Salón del Trono del Palacio Real el pasado día 19 de junio, donde Emilio Botín hizo inclinaciones esperpénticas en su saludo ante los nuevos reyes, donde las damas, incluida la vicepresidenta del Gobierno, doblaban la rodilla como si estuviesen el la corte del rey de barbilla zoqueta que usaba paletó y, también, donde los nuevos reyes agacharon el lomo ante los purpurados de la Iglesia Católica de forma vergonzosa. Y ahora comienza la fiesta real, los paseos por Europa y por las provincias españolas para inyectarse clamor en vena. Primer destino: El Vaticano. Segundo: Portugal. Esperemos que el tercero no sea Andorra. Esto no parece serio. Ya sabemos que el Rey nada puede hacer en beneficio de los más desfavorecidos, que ya son legión, por impedírselo la Constitución. Como recuerda Mendizábal, “al margen de dar una imagen ejemplar (que no es poco, si lo logra), discursos bonitos, buenistas al más no poder asesorado por la singular esposa que eligió, poco más podrá hacer. Lo saben todos. Mientras, le dan hilo a la cometa”.

lunes, 16 de junio de 2014

Lo que nos pasa





Lo que nos pasa a los españoles puede resumirse en un retal del último artículo de Jesús Cacho, "¿Quién teme al soldado Madina?", publicado en Vozpópuli. Digo en un retal, porque su artículo es mucho más denso, como una manta zamorana, y de nada sirve ahora contar lo que sucede en un descompuesto PSOE y en un inmovilita PP, que nos recuerda aquello que cantaba Emilio José: “Ni contigo ni sin ti tienen mis males remedio…”. Pues bien, a punto ya de que den comienzo los actos de abdicación de un rey con más sombras que luces y de aceptación por las Cortes de otro rey sobre el que se cuenta que está muy bien preparado (eso ya se dijo en 1975 respecto a Juan Carlos), los españoles continúan en la inopia, que es un lugar parecido al limbo de los justos, aquel lugar que no está en las cartas de marear pero al que iban, parece ser, los niños que no habían sido bautizados. Pero a lo que iba, moreno. Dice Cacho en su  escrito del que extraigo un retal, para que, como hacían los horteras con la tela de los trajes, nos lo enseñen a la luz del día y sepamos su verdadera tonalidad: “Ni PSOE ni PP lograrán evitar el naufragio si no acometen cambios en profundidad. La gente está harta de aguantar golferías. La gente normal quiere vivir en un país normal donde el tipo de roba prevaliéndose de su cargo vaya a dar con sus huesos en la cárcel. El español de a pie está cansado de oír que las Cajas rescatadas, a las que habría que haber dejado quebrar, van a seguir dando pérdidas sine die. La gente está harta de sobresueldos, corruptelas, enchufes, harta del mamoneo entre políticos y financieros, de confusión entre lo público y lo privado, de sometimiento de la Justicia a los amos del sistema, de ‘blindajes totales’ como el que ahora se busca para el dimisionario Rey, un saco en el que también se quiere meter a la Reina para disimular. Un hartazgo que es imposible camuflar con mil campañas de lavado de imagen como el que estos días soportan los españoles. Hartos de inmovilismo, el gran pecado del PP de Mariano Rajoy. La gente no quiere discursos; quiere hechos, demanda cambios, pide reformas. ‘Si los reformistas no hacen las reformas, vendrán a hacerlas los populistas’, dice Renzi. La cosa es sencilla: los españoles no se han vuelto locos, no se han convertido al leninismo de la noche a la mañana. Simplemente quieren vivir en un país decente. Que no es poco”. Y mientras todas esas cosas acontecen, el hijo de Ruiz-Gallardón se esconde en el garaje de la casa de su padre, en la calle de Alonso Martínez, para evitar ser detenido por la Policía Local tras un  accidente. Y lo más triste, que los escoltas  negaran a la P.L. que el coche de Ruiz-Gallardón Utrera estuviese dentro del garaje de ese edificio. ¡Qué vergüenza, Dios mío, qué vergüenza!

domingo, 15 de junio de 2014

Respeto a la Ley de Memoria Histórica




Resulta que en 2014 todavía permanece una escultura en Granada de José Antonio Primo de Rivera, obra de Francisco López Burgos de los años 60. Pero será por poco tiempo. Resulta curioso que haya tardado tanto el Ayuntamiento en retirar del paisaje urbano una escultura en memoria de un fascista de tomo y lomo, primogénito de un militar golpista “bendecido” por Alfonso XIII y fundador de Falange Española en 1933. La Ley 52/2007 de Memoria Histórica debe ser cumplida, como el resto de las leyes en vigor, sin excusa ni pretexto, por más que la Abogacía del Estado en 2009 presentase un recurso al considerar que tal adefesio monolítico constituía a su criterio un bien de interés cultural. Ya el Tribunal de Justicia de Andalucía estimó por resolución el pasado 7 de abril que la pretensión de la Abogacía “no es conforme a derecho”. Es necesario, si queremos modernizar España de una maldita vez, que desaparezca para siempre cualquier nombre de calle, escultura, etc., relacionados con el franquismo o con la Guerra Civil de todos nuestros pueblos y ciudades. Observo estupefacto cómo a día de hoy  todavía permanece en el frontis del viejo edificio de la Academia General Militar de Zaragoza el escudo preconstitucional. Va siendo hora de que desaparezca para siempre.

viernes, 13 de junio de 2014

El lazo de Lambán




Acertó Felipe González cuando dijo poco después de abandonar La Moncloa que se sentía como un jarrón chino en un apartamento pequeño: “Se supone que tienen valor y nadie se atreve –dijo- a tirarlos a la basura, pero en realidad estorban en todas partes”. Por un R. D. de 1992 gozan de tratamiento de presidente, se adscriben a su servicios dos puestos de trabajo de libre designación, disponen de una dotación para gastos de oficina, secretaria, alquileres de inmuebles; un automóvil de representación de alta gama con conductores dependientes del Estado,  los servicios de seguridad que les asigna el Ministerio del Interior,  el derecho de  libre pase en las compañías de transportes terrestres, marítimos y aéreos regulares del Estado, una pensión vitalicia que ronda los 75.000 euros anuales y el derecho a formar parte de forma permanente en el Consejo de Estado con otro sueldo no menos importante. A partir del día 19, el rey Juan Carlos y su consorte seguirán usando el privilegio de ser llamados reyes con tratamiento de majestad (rey don Juan Carlos y reina doña Sofía), en el orden protocolario irán detrás de la hija menor de Felipe VI, continuarán viviendo en la Zarzuela, serán aforados de por vida y dispondrán de un sueldo y de unas guindaleras (ahí cabe todo) todavía sin especificar. El rey cesante ya no será un jarrón chino, como parece el caso de los expresidentes de Gobierno, sino un lastre del tamaño de King Kong que deberemos asumir todos los españoles con nuestros impuestos. Y todo ello en una España arruinada, con seis millones de parados, una deuda pública que casi alcanza el 100% del PIB y unos datos aportados por Cáritas capaces de hacernos estremecer. Un país, digo, donde este verano deberán seguir abiertos muchos comedores de colegios públicos para que gran parte del alumnado procedente de familias con pocos posibles pueda comer caliente, aunque sólo sea una vez al día. Yo no sé si los expresidentes serán jarrones chinos y si los reyes cesantes serán vitrinas de trofeos, pero esa es la España que deja el  largo reinado de Juan Carlos I, con más sombras que luces, impuesto por un dictador que quería dejarlo todo “atado y bien atado”. Sí, atado, pero con el lazo de Lambán.

martes, 10 de junio de 2014

Bono como última solución




Lo que hoy más le interesa a la derecha española representada por el Partido Popular, es que el PSOE no pierda escaños en las Cortes. Hay ya quien opina que “un PSOE con 100 o 105 escaños terminaría siendo manejado por la extrema izquierda”. Y esa derecha, que ha temblado con la marcha de Pérez Rubalcaba, vuelve a preocuparse ahora, más si cabe, por el retiro de Susana Díaz como aspirante a la Secretaría General del partido del puño y la rosa. La derecha actual se sentía cómoda con el método Cánovas-Sagasta, o sea, con lo más parecido a aquel Pacto de El Pardo llevado a cabo entre el Partido Liberal-Conservador y el Partido Liberal-Fusionista pocos días antes de la muerte de Alfonso XII. Suponían Cánovas y Sagasta en 1885 que la alternancia de ambos partidos políticos durante la regencia de María Cristina de Habsburgo (1885-1902) daría a España una cierta estabilidad política.Y el general Arsenio Martínez Campos, artífice de la Restauración borbónica, ante la pasividad de Serrano, consiguió una reunión entre ambos políticos para llevar a cabo tal alternancia de partidos como aparente fórmula magistral que desembocaría en una tremenda corrupción política en un país de 18’5 millones de habitantes, donde el 65% de los ciudadanos eran analfabetos y donde la Iglesia Católica más reaccionaria imponía sus fueros con su tralla de arreo. Pues bien, ahora, como decía al principio, la falta de aspiraciones de Susana Díaz a ocupar, no sé si por merecimientos propios, la Secretaría General del PSOE, pone nerviosa a esa derecha con rabo de paja. Teme la escalada imparable de Podemos y de Pablo Iglesias, el nuevo sosias de aquel Romero Robledo que formó parte de la Junta revolucionaria de Madrid y que consiguió el propósito de destronar de Isabel II, pese a que más tarde fuese ministro de Fomento con Amadeo I, de Gobernación con Alfonso XII y de Ultramar, primero, y Gracia y Justicia, después, con la regente María Cristina. Y la derecha, ahora, nerviosa ante unos acontecimientos que le sobrepasan con la abdicación repentina de Juan Carlos I, donde se sentían cómodos y con mayoría absoluta en las dos Cámaras, insinúa  que la Secretaría General del PSOE podría ser ocupada por José Bono para que el bipartidismo no decaiga. Lanzan la idea al viento, (en este caso la ha lanzado Anson, ese “juanista” amortizado que, entre otras cosas, no cree en la profesionalidad de los jueces y lanza gritos de sirena para aforar a Juan Carlos cuanto antes) como si fuese una bengala desde la cubierta de Titánic. La derecha, y termino, siente pánico ante la descomposición del PSOE, a una ciudadanía que pueda dejar de ser juancarlista en breve (el español es olvidadizo cuando quiere) e intenta salir airosa ante un futuro poco prometedor (mientras siga la espada de Damocles de los seis millones de parados sobre sus cabezas), para aquellos que han hecho de la política y de una vergonzosa corrupción su asqueroso modo de vida.