Ya han pasado 20 años desde que la Iglesia de Inglaterra se
decidiera a ordenar para el ejercicio del sacerdocio a mujeres. Y se consiguió.
Y ahora de lo que se trata es que se dé un paso más, es decir, que esas mujeres
ordenadas para el sacerdocio puedan
llegar a ser responsables de una sede episcopal. La Iglesia Católica, por el
contrario, no permite que las mujeres puedan recibir el sacramento del Orden
aunque sí puedan llegar a ser, curiosamente siempre a título póstumo, doctoras
de la Iglesia,
como es el caso de Teresa de Cepeda, Hildegard von Bingen, Catalina de Siena, y
Francisca Martín Guérin, más conocida por su “nombre de guerra”, o sea, Teresita de Lisieux. Cuatro mujeres que
pertenecen en la actualidad al selecto “club de doctoras” que sabrían dar
respuesta segura, se les supone, a las preguntas que el catecismo de Gaspar
Astete de no darle la circunstancia de que todas ellas están muertas. Así, en
el citado catecismo, cuando el sacerdote adoctrinador hace preguntes difíciles
de poder ser contestadas, tales como: “Además del Credo y los
Artículos, ¿creéis otras cosas?”, la
respuesta del adoctrinando ha de ser contundente: “Sí, padre, todo lo que está
en la Sagrada
Escritura y cuanto Dios tiene revelado a su Iglesia”. Y es entonces cuando el
adoctrinador insiste: “¿Qué cosas son éstas?”, y el adoctrinando, muy seguro y
como si se hubiese quedado calvo detrás de las orejas, responde lo único que
cabe ante esa tesitura: “Eso no me lo pregunte a mí que soy ignorante; doctores tiene la Santa
Madre Iglesia que lo sabrán responder”. ¿Ustedes imaginan qué podrían haber
respondido tales doctoras de haber estado vivas? Es probable que, por el hecho
de ser mujeres y, por tanto, estar sometidas al “aparato del poder” hubiesen trasladado
la respuesta a tales preguntas a más altas instancias, en cualquier caso
dominadas por hombres, eso sí, altos “ejecutivos” del Cielo. Pues bien, el
arzobispo de Canterbury, un tal Justin
Welby, mucho más pragmático, está esperanzado en que tal decisión, la de
ordenar mujeres obispos, prospere, como debe ser. No hagamos como aquel
ignorante alcalde de una aldea de Castilla la Vieja donde acudió el obispo de su diócesis en
visita pastoral. El alcalde, tras los actos de culto, les ofreció al obispo y a
su séquito un refrigerio en el Ayuntamiento. Y entre vaso de vino y croqueta de
jamón, el bueno del alcalde, intentando ser cortés con su invitado le hizo la
siguiente pregunta: “¿Qué tal se encuentra la señora obispa?”, y a
continuación, “¿y los obispines?”. Sin dar tiempo a la respuesta, prosiguió:
“Ya estarán hechos unos mozos…”.lunes, 14 de julio de 2014
Obispos, obispas y obispines
Ya han pasado 20 años desde que la Iglesia de Inglaterra se
decidiera a ordenar para el ejercicio del sacerdocio a mujeres. Y se consiguió.
Y ahora de lo que se trata es que se dé un paso más, es decir, que esas mujeres
ordenadas para el sacerdocio puedan
llegar a ser responsables de una sede episcopal. La Iglesia Católica, por el
contrario, no permite que las mujeres puedan recibir el sacramento del Orden
aunque sí puedan llegar a ser, curiosamente siempre a título póstumo, doctoras
de la Iglesia,
como es el caso de Teresa de Cepeda, Hildegard von Bingen, Catalina de Siena, y
Francisca Martín Guérin, más conocida por su “nombre de guerra”, o sea, Teresita de Lisieux. Cuatro mujeres que
pertenecen en la actualidad al selecto “club de doctoras” que sabrían dar
respuesta segura, se les supone, a las preguntas que el catecismo de Gaspar
Astete de no darle la circunstancia de que todas ellas están muertas. Así, en
el citado catecismo, cuando el sacerdote adoctrinador hace preguntes difíciles
de poder ser contestadas, tales como: “Además del Credo y los
Artículos, ¿creéis otras cosas?”, la
respuesta del adoctrinando ha de ser contundente: “Sí, padre, todo lo que está
en la Sagrada
Escritura y cuanto Dios tiene revelado a su Iglesia”. Y es entonces cuando el
adoctrinador insiste: “¿Qué cosas son éstas?”, y el adoctrinando, muy seguro y
como si se hubiese quedado calvo detrás de las orejas, responde lo único que
cabe ante esa tesitura: “Eso no me lo pregunte a mí que soy ignorante; doctores tiene la Santa
Madre Iglesia que lo sabrán responder”. ¿Ustedes imaginan qué podrían haber
respondido tales doctoras de haber estado vivas? Es probable que, por el hecho
de ser mujeres y, por tanto, estar sometidas al “aparato del poder” hubiesen trasladado
la respuesta a tales preguntas a más altas instancias, en cualquier caso
dominadas por hombres, eso sí, altos “ejecutivos” del Cielo. Pues bien, el
arzobispo de Canterbury, un tal Justin
Welby, mucho más pragmático, está esperanzado en que tal decisión, la de
ordenar mujeres obispos, prospere, como debe ser. No hagamos como aquel
ignorante alcalde de una aldea de Castilla la Vieja donde acudió el obispo de su diócesis en
visita pastoral. El alcalde, tras los actos de culto, les ofreció al obispo y a
su séquito un refrigerio en el Ayuntamiento. Y entre vaso de vino y croqueta de
jamón, el bueno del alcalde, intentando ser cortés con su invitado le hizo la
siguiente pregunta: “¿Qué tal se encuentra la señora obispa?”, y a
continuación, “¿y los obispines?”. Sin dar tiempo a la respuesta, prosiguió:
“Ya estarán hechos unos mozos…”.domingo, 13 de julio de 2014
Camareros de velador
Me ponen bastante nerviosos
ciertos camareros de velador de un tiempo a esta parte. No sé por qué razón
todos visten de oscuro, como si llevasen el clériman puesto pero sin el
alzacuello, y son de origen sudamericano. No dicen “señor, ¿qué le sirvo?” sino
“hola chico, ¿qué te pongo?", como si el cliente fuese educando de una escuela
pública donde los alumnos tutean al maestro como la cosa más normal del mundo,
o como si el cliente, en este caso yo, estuviese
apoyado en la barra del ambigú de la agrupación local de ese sindicato, ¿cómo
se llama?, al que pertenece el conocido Tío de la Mariscada, que tiene
hasta himno y que dejó pequeño a Rodríguez de la Borbolla, siendo
presidente de la Junta
de Andalucía, a bordo del bateau-mouche en su aventura equinoccial por el río
Sena. El Tío de la Mariscada,
que ya tiene hasta himno, es como aquel tipo del Oeste americano que liaba los
cigarrillos a lomos de su caballo y con una sola mano, mientras con la otra
encendía la cerilla en la espuela de la bota. El Tío de la Mariscada aquel, que ya
se ha convertido en leyenda sureña, pelaba los langostinos de Sanlúcar con una
sola mano, o sea, uno en cada mano y sin ningún tipo de rubor. ¿Qué cómo
empieza el himno?: “¡Cuidado! ¡Que ya viene a trabajar!/ ¡Alerta, despistados
chipirones!/ ¡Alerta, bogavantes, mejillones!/ ¡Alarma, frutería de la mar!”. Más
o menos, oiga, que tampoco hay que hilar tan fino. Ya sé que estamos en otros
tiempos y que no se estila aquel camarero que siempre iba de rigor, a lo Lucio,
de chaquetilla blanca y corbata negra, que manejaba la bandeja de chapa con
maestría y que cuando le pedías un vermú jamás se olvidaba de preguntar al
cliente si deseaba soda. La verdad es que tampoco veo ya sifones en los bares y
que, cuanto más corriente es el vermú, más caro lo cobran por tratarse, según
afirma el camarero, de un “vermú casero”. Y estos confianzudos tipos, que
todavía creen que me la dan con queso, acostumbran a llaman vermú casero a un vermú infame, muy cabezón,
comercializado a granel (en ocasiones hasta en botella de plástico) y cuyo
coste en el mercado no alcanza los dos euros el litro. Si por lo menos te
incluyeran en el precio un platillo con dos gildas o unas aceitunas sin hueso,
bueno, aún sería perdonable. Pero no, aquí, y cuando digo aquí me refiero a
Zaragoza, sólo te entrega ese mozo de camisa oscura, un platillo con una nota
de caja y la petición de que lo abones de inmediato por si las moscas.
viernes, 11 de julio de 2014
Mayorales y conocedores
Por el plumilla Burgos me entero,
que así se lo contó Carlos Urquijo Herráiz (el de los morubes), que “en los
toros se emplea incorrectamente el vocablo ‘mayoral’, cuado toda la vida fue
‘conocedor’ el responsable de la ganadería de lidia”. En política no hay “mayorales”
que conduzcan las ideas de los aspirantes a secretarios generales, como sucede
ahora con Pedro Sánchez, Eduardo Madina y José Antonio Pérez Tapias en su
tránsito hacia la renovación, pero sí parece que hay “conocedores”, como es el
caso de Alfonso Guerra, que lleva a
Madina enganchado al capote de brega y haciendo hilo con él, como pudimos ver
ayer en televisión, ambos paseando por las Cortes y sentados en un sofá forrado
de tela carmesí, cual es el fondo del nuevo escudo de Felipe VI. Aquí asistimos
ya casi al final de todo: de los sanfermines, del Mundial de Fútbol y de las
campañas electorales de ese trío de la bencina que más parece que sus miembros
tocaran la viola de gamba en la orquesta del “Titánic” que otra cosa, mariposa.
A Pedro Sánchez ya le están echando en cara, con muy mala baba, que fue
consejero de la Asamblea
de Caja Madrid; Madina, que es el que más interesa al staff de la gaviota y a
los dueños del parné, asegura que “la campaña está a la altura del proceso
histórico que estamos viviendo”, como si se tratase de traer a España a Amadeo
de Saboya; y Pérez Tapias, a mi entender el más inteligente de los tres
socialistas en liza, asegura que “ha visto mucho entusiasmo a su alrededor”.
Luego están los militantes que llevan el agua a las cuadrillas de los tres
actores, es decir, “los chancas”, y “los paleros”, que son los encargados de
reparar los vallados después de los mítines, de colocar los carteles en las
paredes y de administrar al aspirante una gaseosa de sobre para calmar la
carraspera. Ay, mi niña, cómo está el país. Mas y Rajoy dicen que quieren
hablar. ¿A qué esperan? Y, mientras, el FMI estima ahora el crecimiento de
España en un 1’2%, el doble que hace seis meses. De paso, alerta sobre el
crecimiento de la desigualdad e insiste en la rebaja en los salarios de los
trabajadores. O sea, una cosa y la contraria. Todo muy raro.
martes, 8 de julio de 2014
Bichar el pobre sus bardos
Es difícil tratar de explicar a
los ciudadanos qué es la democracia y, menos aún, que éstos entiendan la
necesidad de que España sea un Reino, cuando venimos de cuarenta años de
franquismo, cuando la Segunda Restauración
monárquica la hizo Franco y cuando el país se encuentra manejado por una
aberrante y vergonzosa oligarquía de partidos que imponen unas listas cerradas
elaboradas por los amos del cotarro en todos los comicios. En España, ya lo
decía Manuel Martín Ferrand, las apariencias alcanzan jerarquía de realidad. El
Gobierno se empeña en decir que el paro disminuye y que las exportaciones van
mejor que nunca. Y los ciudadanos no entendemos qué es lo que se exporta con
tanto éxito comercial y en qué lugar se oferta trabajo digno. Rajoy, a mi
entender, es lo más parecido al tío Babú, aquel agricultor toresano que tenía
unas tierras en el pago de Bardales. Un
año en el que había una pertinaz sequía se perdió buena parte de la cosecha. EL
tío Babú se acercó hasta sus tierras y tras haber observado las desastrosas
consecuencias de la falta de lluvia regresó desolado a Toro. Pero antes, se
metió en el Duero, se bañó él y bañó también a las caballerías. Y al llegar a la Ciudad de doña Elvira
comenzó a decir a los ciudadanos que se cruzaban con él la manera en que
diluviaba en Bardales. Pero los toresanos no le creyeron por tener fama de
mentiroso, se rieron de él y hasta le compusieron una canción: “¡Cómo llueve
por Bardales, / tío Babú, tío Babú, tío Babú!/ También por Valdelespino.../ Los
albillos de Marialba, / tío Babú, tío Babú, tío Babú, / se los ha llevado el
río...”.
lunes, 7 de julio de 2014
La casa magnética
Decía Laín Entralgo, al hacer
referencia a sus paisanos, los aragoneses, que “su virtud esencial es el
sentido común, la sensatez, la cordura prudente de la gente discreta y que su
instrumento en la vida es la lógica”. Nada que objetar. Pero la estructura lógica
de los ediles zaragozanos y la estructura lógica en el cerebro del alcalde
Belloch son parecidas a la estructura lógica de un barbo del río Ebro a su paso
por el Puente de Piedra, por donde pasamos doblados por el cierzo los vecinos
de la margen izquierda cada vez que nos vemos obligados a acudir a la Alcaldía para hacer una
reclamación en la sección de Agua y Vertidos, o la de Cabezudos y Festejos
Populares, que no sé si se llamará así. Ello viene a cuento con unos asientos
sin respaldo colocados cerca de ese peirón de ladrillo que la Asociación de Vecinos
de Arrabal, que no representa casi a ningún vecino, colocó el año pasado con
motivo del bicentenario de la capitulación de los franceses en los Sitios de
Zaragoza. Algo parecido sucede con unos bancos en cuesta en el barrio de Torrero,
y así todo. Es el realismo buscado hasta en la incomodidad de algo, en este
caso unos bancos que tienen por misión permitir poder sentarse. En fin, o
cambiamos de munícipes en las próximas elecciones o muchos ciudadanos
terminaremos con desvío de columna en esta Zaragoza que más que la Inmortal Ciudad parece la casa
magnética. domingo, 6 de julio de 2014
Una entrevista a don Nadie
Leo una entrevista del que
fuera último rey de Grecia hasta 1974, Constantino, concedida al diario Abc.
Muy moderado en sus declaraciones. Ante el proceso de su sobrina Cristina por
el juez Castro, Constantino dice: “Creo que el juez actuó de manera muy poco
democrática al mantener durante tanto tiempo en vilo el procesamiento de una
joven madre”. Puntualicemos: uno, Cristina de Borbón tiene 49 años, es decir,
que ya no es tan joven madre como entiende su tío materno; dos, el juez Castro,
para este segundo procesamiento de la hija menor de Juan Carlos ha tenido en
cuenta un presunto blanqueo de dinero y un presunto delito fiscal en
colaboración con su marido; y, tercero, no comprendo cómo se atreve Constantino
a decir que el juez instructor “actuó de manera muy poco democrática” en su
procesamiento contra la infanta. Ya me dirán los lectores si tiene autoridad
bastante para juzgar la actuación de un magistrado español un tipo,
Constantino, que perdió la
Corona de Grecia y la nacionalidad griega por el juramento de
fidelidad que, en 1967, tomó a la junta militar que poco antes había propiciado
un golpe de Estado. En fin, con la que está cayendo ahora en Grecia, hacer
referencia hoy a la Casa
de Schleswig-Holstein-Sonderburg-Glücksburg, a la que pertenece Constantino,
ese exmonarca sin apellidos, es como hacer referencia a la casa de aquel rey,
cuyo nombre desconozco, en el famoso cuento de “El enano saltarín”. ¿Recuerdan
el cuento de los Hermanos Grimm? “¿Decís que tenéis una hija?”, “Sí, majestad,
tengo una hija que, además de ser muy bella, es tan habilidosa que sería capaz
de hilar paja y convertirla en oro…”. Es domingo y acabo de escuchar por la
radio el chupinazo de Pamplona. Me
entero por la prensa de que 50.000 españoles han perdido sus ahorros en la
estafa piramidal de TelexFree; y, también, de que Mario Pascual Vives dice
estar solo ante el peligro. Urdangarín afirma que logró hacer negocios por
haber sido deportista de alto nivel y no por su condición de yerno de Juan
Carlos. Hombre, no sé, también Di Stéfano, que ahora se encuentra en sus horas
de salud más bajas, fue un deportista de élite y jamás, que se sepa, estafó al
Fisco.
sábado, 5 de julio de 2014
La Venta de los Gatos
El periódico madrileño “El
Contemporáneo” sacaba a la luz los días 28 y 29 de noviembre de 1862 “La venta
de los Gatos”: “El carrito de los muertos/ pasó por aquí,/ como llevaba la
manita fuera/ yo la conocí”. El pasado mes de junio, Pascual González, en “El
Correo de Andalucía”, me traía la triste noticia de que La Venta de los Gatos está en
venta: “Allí, en la avenida de Sánchez
Pizjuan, chiquitita, insignificante, como un trompo que baila en una olla de
bloques de pisos que la empequeñecen, pintada con mal gusto y con intensidad
porque hasta la placa que la vinculaba, como único vestigio, con el gran poeta
no se puede leer porque taparon la dedicatoria con el color albero de la
fachada”. Contaba Bécquer a un amigo que le acompañaba: “A cien pasos han hecho
el nuevo cementerio”. “Me dijeron –cuenta Pascual González, miembro de Cantores
de Híspalis- que el Ayuntamiento de Sevilla quiere arreglar este asunto y
brindar a la ciudad con un regalo histórico y romántico”. No sé. Las promesas,
como las hojas secas, se las suele llevar el viento. Más aún, las promesas de
unos políticos que han apostado más por la Torre Pelli del rico Epulón que
por la olvidada Venta de los Gatos del pobre Lázaro. Una vez estuve allí,
durante mis veranos en Sevilla. Por los tejados de la venta revoloteaban
aviones, esas golondrinas acharoladas y limpias que anunciaban con su trino el
final del camino de los vivos y el comienzo del camino de los muertos. Ya no
quedan huertas de naranjos ni jaramagos ni matas de reseda. Sólo sonido de
chicharras de los cipreses vecinos y el libreto de una ópera en dos actos de
los hermanos Álvarez Quintero con música de José Serrano que duerme en el lugar
donde se recogen los sueños cada amanecida.
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