Miguel Ángel Aguilar en “El País”
y Marcello, el perrillo de Aurora Pavón, en “República.com”, ya buscan en sus respectivos catálogos custodiados con siete
llaves en el interior del hipotálamo al Mario Monti español, o sea, al nuevo
“Leopoldo” con cara de palo y hechuras de juez de la horca; a ese “Mesías” de
la cosa pública que levante alfombras y abra ventanas; al adalid que nos sirva
de guía y nos dé promesa de un cielo que nos tiene preparados… La esperanza es
lo último que se pierde. A Marcello le
vienen a la cabeza tres nombres: Ignacio Sánchez Galán, de Iberdrola; Pablo
Isla, de Inditex; y Manuel Pizarro, de Teruel. Y a Aguilar, Leopoldo Calvo-Sotelo y Bustelo, sobrino del
“protomártir” y marqués de la Ría
de Ribadeo, que está por encima de conde de Ribadeo, título nobiliario que
ostenta la duquesa de Alba. Leopoldo, autor de “Pláticas de familia”, “Papeles
de un cesante” y “Memoria viva de la Transición”, iba de segundo junto a Landelino
Lavilla cuando se produjo el desastre de UCD, la mayor calamidad histórica
desde la batalla de Cavite. Pero Miguel Ángel Aguilar es consciente de que
Leopoldo fue un político que tocaba muy bien el piano, pero el piano de 88
teclas, no el otro. A mi entender, ni Ignacio Sánchez ni Pablo Isla estarían por la labor de
meterse en ese jardín. Son inteligentes, conocen la “Ley de Murphy” y son conscientes de que si
algo puede salir mal, saldrá mal. El caso de Pizarro es distinto. Fue
presidente de la
Confederación Española de Cajas de Ahorro entre 1998 y 2002.
Lagarto, lagarto. Nada. No sirven. Hay que seguir buscando.
martes, 31 de julio de 2012
lunes, 30 de julio de 2012
La foto
La foto ofrecida por Efe a los
medios sobre la reunión de los barones del PP junto al “padrino” es lo más
parecido a la foto de una boda de provincias, pero sin los novios. Todos están
de acuerdo con las reformas de Rajoy y están muy contentos de haberse conocido. La mayoría van de traje oscuro. Otros, como
Arenas, de traje claro y sin corbata. Parece el pariente indiano que se hará
cargo del coste del banquete; y Alberto Núñez Feijóo lleva unos pantalones
aptos para rodar películas del Far West en los decorados almerienses. Tres de
las mujeres, las de la primera fila, están intercaladas entre los hombres como
los espárragos que se añaden a la ensalada ilustrada. A las otras dos mujeres
sólo se las intuye en la parte trasera. González Pons, con unos papeles en la
mano, se aproxima a un funcionario puesto por el ayuntamiento y Pedro Sanz
semeja a un representante de zapatos “El Gorila” que pasaba por allí. Al fondo,
a la izquierda aparece Mayor Oreja, que podría confundirse con el busto en
bronce de don Paco Gutiérrez que hay en el rincón de una plazoleta de
Lanestosa. En realidad, barones, lo que se dice barones, hay cinco o seis. El
resto más bien son figurantes. Todo muy bueno y muy abundante, pero “en círculos próximos a la cúpula ‘popular’
-según comenta Pablo Sebastián- ya empieza a sonar con insistencia el nombre de
José María Aznar, (…) de manera que, mientras todo va a peor, Rajoy busca el
calor de los suyos a la espera de lo que le venga de Europa (del BCE, UE y
Berlín), donde España ha perdido la iniciativa”. Ya veremos en qué álbum se
coloca esta foto dentro de medio año. Tiempo le pido al tiempo…
domingo, 29 de julio de 2012
Respirar de caridad
Que se hayan detectado por parte
del Estado 14.376 contratos de trabajo falsos y 4.379 trabajadores que cobraban
prestaciones indebidas en el primer semestre del año es la mejor medalla que
podemos conseguir en esta olimpiada del fraude, que no cesa. La picaresca
española agudiza el ingenio en época de vacas flacas hasta límites
insospechados. Los timadores más ingeniosos y el gorroneo más acendrado afloran
a la superficie carpetovetónica como las algas en el Ebro a su paso por Zaragoza.
El Plan de Lucha contra el Empleo Irregular y el Fraude a la Seguridad Social
impulsado desde el Gobierno y aprobado el pasado viernes en Consejo de
Ministros va a poner a prueba la capacidad de acción, hasta ahora durmiente, de
los inspectores de Trabajo. Este es un país donde los planes de lucha contra
algo sólo han funcionado cuando se trataba de la Fiesta de la Banderita, con señoras
fondonas y enjoyadas presidiendo mesas petitorias de campanillas a la puerta de
centros oficiales (Capitanía General,
Banco de España, Catedral, etcétera), con el adorno de ramos de flores,
fotógrafos de las revistas de la bragueta y los acordes serenos de una banda de
música, civil o militar, interpretando “Suspiros de España”, “Amparito Roca”,
“Soldadito español” o “Churumbelerías”. Unas mesas petitorias, digo,
comprometidas en la lucha contra la tuberculosis o el hambre de los niños del
Congo. A mi me da la sensación de que ese Plan de lucha contra el Empleo
Irregular auspiciado por la ministra Báñez tiene los días contados. En
cualquier cabeza cabe que el empleo sumergido forma parte consustancial de
nuestra forma de vida. Se ejerce con devoción en todos los estratos sociales,
desde ese magistrado que, aprovechando
sus horas libres, adiestra a opositores a la judicatura, hasta el tipo que
arregla persianas a domicilio a precios muy competitivos. De no existir, como
existe, la economía sumergida, ya me contarán ustedes cómo se explica que más
de millón y medio de familias consigan vivir sin tener ningún ingreso. Báñez,
esa ministra de prontos peligrosos y a la que le hierve el cerebro con el sol
de verano, debería saber que el ciudadano corriente, que ya respira de caridad,
debe esforzarse en comer al menos una vez al día aunque sea carne de perro,
dicho sea sin mala intención.
sábado, 28 de julio de 2012
La sangre, la canilla y el factor Draghi
Ya estoy mucho más tranquilo,
después de haber leído a Rufo Gamazo en
“La opinión de Zamora”. Cuenta Gamazo que ayer, como todos los días 27
de julio desde el siglo XVII, se volvió a licuar la sangre de san Pantaleón
contenida en una ampolla y que se conserva, junto a una de sus canillas, en
madrileño Monasterio de la Encarnación. Y
digo que estoy mucho más tranquilo porque dicha sangre no se licuó mientras
duraron las dos guerras mundiales ni durante la guerra civil española. A san
Pantaleón le martirizaron, como ahora hace Merkel con Rajoy en ese juego
“sado-maso” (según Millás) y, también, como hace Rajoy con los españoles cada
viernes desde que llegó a La Moncloa. Según
la Iglesia Católica,
los viernes son días de abstinencia. En tiempos de Franco y hasta bien entrados
los años 60 esa abstinencia obligatoria se indultaba, a excepción del miércoles de Ceniza y del
Viernes Santo, mediante el pago de unos derechos parroquiales y la entrega del
correspondiente papel timbrado que libraba a los poseedores de tal documento
apostólico del terrible pecado mortal.
Había, que yo recuerde, varias bulas: las “consistoriales”, subscritas
por el Papa; las “intermedias”, expedidas por el Pontífice electo y no
consagrado aún; y las “no consistoriales” (las bulas de Carne), que podían ir
firmadas por el párroco de la localidad, con autorización tácita del obispo de
cada diócesis. Curiosamente, pese a disponer de bula, los viernes era costumbre
entre las clases populares comer las tradicionales patatas con bacalao. La
gente mas pudiente comía marisco, nunca prohibido por la Iglesia Católica, posiblemente por marcar las debidas
distancias con los preceptos bíblicos
del Levítico y la Torá,
que permiten el consumo de animales que tienen pezuñas hendidas y rumian y
animales acuáticos con escamas y aletas. El cerdo no cumple esa regla. Los
mariscos, tampoco. ¿Debemos este año los españoles el milagro de la licuación
de san Pantaleón al beato Mario Draghi? Seguro que sí.
viernes, 27 de julio de 2012
El beato Mario Draghi
Nada, aquí lo que hay que hacer
es proponer a Rouco Varela la canonización inmediata de Mario Draghi y dejarnos
de pamplinas con el apóstol Santiago, que tiene fama de matamoros y que tantos
problemas nos ha traido con los vecinos del sur durante siglos; más ahora,
cuando se han cumplido 800 años de la batalla de Las Navas de Tolosa y el ABC
ya haya dado buena cuenta de ello en el interior de sus páginas. Aquí de lo que se
trata es que la prima esté cómoda. Mario Draghi ha conseguido disminuir la
presión sobre la deuda española con una especie de laxante eficaz al estilo de
la purga de Benito, al decir que el Banco Central Europeo “podría tener un
argumento para volver a actuar en el mercado de la deuda”. Ya respira Rajoy. Ya
puede marcharse tranquilo a las Rías Gallegas a sentarse sobre un cantil, mirar
las nubes que pasan y canturrear
pensando en la Merkel,
en el Dax y en el Bundesbank, que son tres personas distintas y un solo dios
verdadero, aquello tan bello de “non che vayas rianxeira / que che vas a marear”. Lo
de Miramamolín, las cadenas sarracenas incrustadas en el escudo de Navarra y el
pendón de Castilla que se conserva en el
Monasterio de las Huelgas mejor no airearlo. Fue un desquite de la batalla de
Alarcos y salió bien. Menos mal. De ahora en adelante, el que tenga alguna
queja, que escriba a Soledad Becerril, marquesa de Salvatierra y nueva Defensora del Pueblo. Siendo ministra
de Cultura con el Gobierno de Calvo Sotelo, Alfonso Guerra la comparó con Carlos
II El Hechizado por su barbilla zoqueta. De momento ya ha señalado Becerril que
la institución se va a desprender de tres coches oficiales, de los seis de que
dispone. “Aquí tenemos que venir todos ya viajados”, ha dicho. Pero insisto en
que Rouco debe proponer a Benedicto XVI la canonización de Draghi, que además
es romano de nación. Lo malo es que fue vicepresidente de Goldman Sachs international, es
decir, la compañía que asesoró a Kostas
Karamanlis sobre cómo ocultar la verdadera magnitud del déficit griego. ¡Lástima
que no fuese amigo íntimo de Rodrigo Rato! Otro Bankia nos cantaría.
jueves, 26 de julio de 2012
"Rigoletto"
El verano es tiempo de descanso,
aunque este año un hartazgo político y económico encharca toda la prensa y
produce un aburrimiento espantoso al sufrido lector. No se puede estar sentado
en el sillón de mimbre de un balneario leyendo lo que Rato cuenta en el Congreso
sobre su gestión en Bankia, o si se desploman las acciones de Telefónica por no
pagar dividendos. Ya se sabe que España está laminada. En verano lo que pide el
cuerpo es leer novelillas, tomar un fresco blanco “verdejo” de Rueda y charlar
con alguien que tenga conversación, cosa difícil de encontrar en estos tiempos.
Hoy, miren ustedes por dónde, haré referencia al librito “Santander fin de
siglo” que J.M. Gutiérrez-Calderón publicó en 1935. Dentro de ese librito, de
poco más de doscientas páginas, se hace referencia a un personaje muy popular
en Santander durante el último tercio del siglo XIX. Me refiero a Clemente Luis
García Mazariegos, más conocido como “Rigoletto”, nacido en octubre de 1878 en
la calle Cervantes. Era hijo de un ordenanza de Telégrafos. Cuando tenía sobre
13 ó 14 años, aprovechado unas vacaciones escolares solía colarse en el Circo
Ferroni, que durante las fiestas de Santiago estaba asentado en la Segunda Alameda.
Hizo simpatías con los empleados del circo y le encargaron que cuidase de un
burrito llamado “Rigoletto”. Aquel burrito salía todas las tardes a la pista
para lucir ciertas habilidades. Es caso es que a Luis terminaron los
santanderinos por apodarle con el nombre del animal. Terminadas las fiestas
patronales se levantó el circo y Luis decidió marcharse con domadores, payasos
y trapecistas. Pero su padre lo reclamó y, a los pocos días, Luis era detenido
y devuelto a la casa paterna. Trabajó como aprendiz en la hojalatería de Wünchs, situada en la Primera Alameda. En cierta
ocasión, él y otros muchachos levantaron
en un solar de la calle Burgos una especie de cobertizo, donde construyeron un
globo con trozos de sábanas que no consiguieron hacerle volar. Su padre, harto
de su haraganería, lo embarcó como mozo en el trasatlántico “María Cristina”,
llegando a La Habana
recién declarada la guerra de Cuba. Allí quedaría el barco anclado durante
siete meses. Finalmente pudo embarcar en el “Montserrat”, que había burlado el
bloqueo y pudo llegar a Santander con la
fiel compañía de “Rigoletto”. Con posterioridad trabajó de camarero en
la compañía Transatlántica y se casó por segunda vez. Puesto de acuerdo con
otro aficionado a la aerostática, Agustín Echevarría, ambos decidieron trabajar
en México. Embarcaron en La Coruña
en el vapor alemán “Ipiranga”, con “Rigoletto”
escondido de polizón en la caja del globo que llevaba Echevarría. Trabajaron
de “clowns” en Veracruz, en el teatro Olimpia. Además de ello, hicieron
ascensiones en globo. En una de aquellas ascensiones quedó Luis malherido. Lo
pasó mal, hasta que José de Oyalbide se apiadó de él y le permitió regresar a
España a bordo del “María Cristina”, barco que él gobernaba. Hizo la travesía
de camarero. Ya en Santander, ejerció de puntillero en novilladas, pintaba platos
que luego vendía, volvió a navegar de camarero, etcétera, hasta que embarcó en
el vapor alemán “Hammonia”, que naufragó a la salida de Vigo, siendo recogido
como náufrago por un vapor inglés que le llevó a Reino Unido. Años más tarde
decidió regresar a Santander. Y ahí aprovechaba las fiestas de los pueblos para
hacer ascensiones en globo. Hasta fue contratado por el Ayuntamiento para las
fiestas de Santander con suerte desigual. Como cuenta Gutiérrez-Calderón en su
libro, “No volví a verle. El 16 de agosto de 1932 -pronto hará ochenta años-
moría inesperadamente, efecto de una embolia, a los cincuenta y cuatro años de
edad”. Lo que nunca llegué a saber, porque no se cuenta en el libro, es cómo
terminó sus días el burrito “Rigoletto”.
miércoles, 25 de julio de 2012
Centinela, alerta
La situación actual en la que se
encuentra el Partido Popular es esperpéntica. De Guindos vuela por ahí, ora a
Alemania, ora a Francia, con la cartera negra de piel de Ubrique llena de aire.
Ahora resulta que lo de Bankia es cosa menor si se compara con los 42.000
millones que debe Cataluña, de los que necesita 5.000 millones ya para hacer
frente a los más diversos pagos. ¿Se acuerdan del pobre Ullastres, aquel
ministro de Comercio llamando a las puertas de Europa con la peregrina pretensión
de que Europa entrara en España? Pues bien, ahora Alfonso Alonso, portavoz del grupo popular en
el Congreso ha pedido a todos los diputados de su partido que “no se marchen
muy lejos” estas vacaciones. Lagarto, lagarto. La actual situación, rayana en
la astracanada, me recuerda un incidente entre el alcalde de El Ronquillo y el
concejal Javier Gordo Vázquez, en el Pleno Extraordinario del 11 de agosto de
1975. Resulta que el concejal Javier Gordo Vázquez se opuso a la aprobación del
acta por parecerle excesivos los gastos de representación y la declaración de
urgencia de determinadas obras que estaban terminadas desde hacía dos años,
presentados por Francisco Senín Fal, el alcalde. Consistían tales “bufandas” en
diversas y muy copiosas comidas celebradas en el Restaurante Curro, propiedad
de Senín. El concejal pidió al secretario que hiciera constar en acta lo que él
exponía. Entonces Senín, de muy malos modos contestó: “En el acta figura lo que
a mí me dé la gana, que para eso soy el alcalde”. Al insistir Gordo sobre ésta y otras irregularidades
económicas, Senín, sin poder contener la ira, añadió: “Tú eres un comunista y
ahora mismo te voy a meter en la cárcel”, sin que Gordo pudiese intervenir de
nuevo. Dicho eso, suspendió la sesión para avisar al sargento de la Guardia Civil, que se presentó
de inmediato en el Ayuntamiento. Senín, entonces, le invitó a sentarse con
estas palabras: “Siéntese usted aquí, por si tengo que meter a alguien entre
rejas”. Alfonso Alonso, que es lo más parecido al superior de un convento,
intenta mantener compacta dentro del redil la “mayoría absoluta”, esa “disciplina
de partido” hecha carne que habita entre nosotros y que actúa al servicio de un
ente volátil con pusilánime cabeza pensante sobre los hombros y los pies sobre
una nube. “No se marchen muy lejos -ha sugerido Alfonso Alonso a sus señorías-,
por si tengo que llamar al sargento de la Guardia Civil”, como hizo en su
día el alcalde de El Ronquillo.
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