miércoles, 30 de abril de 2014

Mañana, ¿fiesta de qué?




Como bien señala hoy un editorial de El País, “la EPA del primer trimestre del año ha confirmado que el mercado laboral no reacciona como debería, que la economía sigue destruyendo empleo (concretamente 184.000 puestos de trabajo entre enero y marzo) y que el leve descenso del paro (2.300 personas) es atribuible no a la mejora de la oferta, sino a la caída de la población activa en 187.000 personas. Hay menos paro, pero también menos trabajo”. Ante estos datos escalofriantes, uno se pregunta qué demonios está haciendo el Gobierno presidido por Mariano Rajoy para cambiar esta situación desesperante. No dudo que los datos macroeconómicos vayan bien, pero ni el crédito llega a las pymes ni los desempleados encuentran un atisbo de esperanza. Mañana es 1º de Mayo, Fiesta del Trabajo, y los sindicatos mayoritarios movilizará a la ciudadanía para que acuda en masa, como todos los años, a las manifestaciones callejeras por ellos convocadas detrás de las pancartas con sus líderes y de unos altavoces altisonantes. Pero esos mismos sindicatos, que reciben inmensas cantidades de dinero del Estado que nunca justifican; que han estado formando parte de los consejos de cajas de ahorro quebradas o rescatadas;  que están sumergidos en el merengue resbaladizo de cursos que cobraban por cuenta de los fondos europeos y que, en demasiadas ocasiones, no se realizaban; que están pringados en los chanchullos en los ERE, en las vergonzosas mariscadas andaluzas, etc.; esos mismos sindicatos, digo, intentarán “convencer” mañana a ese grupúsculo de manifestantes, con pegatinas hasta en la frente y portadores de trasnochadas banderas republicanas (de la Segunda República que no de la Primera), de que ellos son quiénes defienden la causa obrera. No sé si reírme o echarme a llorar. Como dijo Ortega, “no es esto, no es esto…”.

lunes, 28 de abril de 2014

Insensatez de un colectivo ciclista





Una reciente sentencia del Tribunal Supremo ha desestimado el recurso de casación que presentó en su día el Ayuntamiento de Zaragoza frente a otra sentencia del TSJA, que anulaba gran parte de los artículos de la Ordenanza de Circulación de Peatones y Ciclistas auspiciada por Belloch en el año 2009. Es decir, que como las bicicletas son vehículos, deben circular por las calzadas o por los carriles-bici  existentes. Pues bien, en vista de esa sentencia, el Colectivo Pedalea propone ahora que las bicicletas puedan circular por la plataforma del tranvía. Esto es de locos. La línea 1 del tranvía, la única existente en estos momentos, ya se ha llevado por delante muchos turismos y a algún peatón despistado. El último, el pasado sábado en Vía Ibérica. Permitir la circulación de bicicletas por la vía del tranvía, como pretende ese colectivo, equivaldría a una insensatez de alcance imprevisible donde, además, la Alcaldía sería responsable civil subsidiaria. Esa absurda pretensión, me recuerda el chascarrillo del baturro zopenco sobre el burro y el “chufla, chufla, que como no te apartes tú…”; y, también, la conocida frase de Rafael Guerra Bejarano ante el triunfo de Juan Belmonte con su toreo arriesgado. Cuando un  aficionado le comentó a Guerra que Belmonte había roto las reglas del toreo con sus seis verónicas y una media, Guerra le espetó: “¡Tú estás bebido. Eso no puede ser!”. Unas semanas después fue Guerra a La Maestranza para ver a Belmonte torear en su salsa. Y Belmonte repitió la faena que le había contado a Guerra el aficionado. Al poco, Guerra haría el célebre comentario: “Pues sí puede ser,  ¡pero no puede ser, porque lo que no puede ser, no puede ser y además es imposible!".

domingo, 27 de abril de 2014

Dentaduras y sopicaldos




Los medios comentan hoy domingo una noticia insólita que pudo haber terminado en tragedia. En Madrid, en la vía de circunvalación de la M-30 a la altura de Ventas, se topó una patrulla de policía con un motorista de origen sudamericano que había parado su moto, una “scooter marrón” dice la prensa, en el arcén lateral, y daba vueltas por el asfalto buscando su dentadura, que acababa de perder por culpa de un estornudo. Comprendo el desasosiego del motorista. Se puede perder la fe,  el trabajo por cierre del taller, el piso por no poder hacer frente a la hipoteca, a la esposa por sentencia firme de divorcio…, pero perder la dentadura son palabras mayores. Parece ser que el hombre hizo caso a las órdenes de los guardias y continuó circulando, pero al poco se lo pensó mejor y regresó al lugar sin darse por vencido. Alertado otro coche patrulla, salió en su busca pero éste ya se alejaba en su moto. Lo que no dice la prensa es si por fin el motorista pudo encontrar el adminículo perdido. Porque, a ver, pierdes un ojo de cristal y no pasa nada porque sólo sirve de adorno; pierdes una pata de palo y siempre te queda la posibilidad del uso de muletas hasta conseguir que te adapten una nueva; etc, pero perder la dentadura es una cosa muy seria: no puedes pasarte la vida tomando sopicaldos. La dentadura tiene su importancia en las personas y en el resto de los mamíferos, pero también en la filatelia. Recuerdo haber leído de José María Sempere en “El eco filatélico y Numismático” algo que ignoraba: “Que un sello conserve todos sus dientes y los tenga equilibrados, es decir que el sello esté centrado es algo importante que redunda en su valor. Cuanto mejor centrado esté y mayor perfección ofrezcan sus dientes, mejor cotización, al menos en los ejemplares antiguos cuyas perforaciones se realizaban con máquinas rudimentarias de escasa precisión”. También existió la moda de dentar aquellos retratos que un fotógrafo ambulante nos hacía durante nuestra más tierna infancia y que ahora conservamos en una caja de membrillo, de aquellas de hojalata litografiada. La mía es de dulce de membrillo El Quijote, fabricada por Miguel Chacón Rivas en Puente-Genil. En fin, al señor de la moto, sobre el que no sabemos de qué manera perdió su dentadura natural, si de un sopapo bien dado o de una gingivitis aguda, le recomendaría moderar la fuerza de sus estornudos y, también, adquirir un buen adhesivo pegajoso para su prótesis dental si no quiere ser atropellado en una vía rápida o pasarse la vida lanzando pestes sobre Julius Maggi y toda su parentela. Pero no quiero terminar hoy sin recordar a mis lectores que, durante la Guerra Civil, sólo consiguió contrato con la firma Maggi el bando fascista, que motivó el nacimiento de Gallina Blanca y, más tarde, de su rival Starlux. A comienzos de este siglo, ambas firmas se fusionaron.

sábado, 26 de abril de 2014

Oriol rectifica




Mónica Oriol, presidenta del Círculo de Empresarios, se ha visto obligada a retractarse en RNE de parte de las gansadas que dijo el pasado jueves ante un grupo de periodistas. Y en su ponderada rectificación, cuenta ahora que “todas las personas tienen dignidad y valía”. Esto es como lo de san Pablo cuando se cayó del caballo. Mónica Oriol haría bien, de ahora en adelante, en medir sus palabras antes de expresarlas a los medios, en vez de largar a la rosa de los vientos lo primero que se le ocurre y luego tener que desdecirse ante la presión social. ¿Por qué no dice algo parecido a lo que dijo sobre los “nini” sobre determinados parlamentarios españoles, muchos de ellos diría yo,  cuya única misión durante toda la legislatura consiste en votar aquello que ordena su jefe de filas? Fueron votados por los ciudadanos, podría decir Oriol. Sí, sí, claro, pero en lista cerrada confeccionada en los senos de los partidos y aceptando “a priori” la disciplina, como pudo comprobarse, por ejemplo, a la hora de votar sobre la modificación de la ley del aborto, cuando hicieron piña en torno a Gallardón pese a existir un gran disenso entre los miembros del mismo grupo parlamentario. Pues bien,  el salario mínimo interprofesional en España, publicado anualmente en el BOE, se rige en función de varios parámetros, como el IPC, la productividad media, el incremento de la participación del trabajo en la renta y la situación económica Una cosa es congelar el SMI, como hizo Rajoy en diciembre en 2011, y otra muy distinta pretender pagar a trabajadores sin cualificación salarios por debajo de ese SMI. Oriol se refería a los “ni-ni”, a aquellos jóvenes que ni estudian ni trabajan, pero cuando un joven comienza a trabajar, éste debe de tener los mismos derechos y obligaciones que el resto de sus compañeros de trabajo y, en consecuencia, ganar igual que ellos. Si Mónica Oriol pretende volver a la esclavitud en las empresas, como en las novelas de Zola, que lo diga alto y claro, pero que no diga sandeces antes de ayer y se vea en la necesidad de rectificar pasado mañana, como en el juego del yo-yó. Si está en su deseo modificar el Estatuto de los Trabajadores, sabe cómo hacerlo: que el PP la “incruste” en lista electoral, que salga elegida por los ciudadanos y que  en sede parlamentaria proponga una modificación de ley. Decir en España Círculo de Empresarios, con todos los respetos para su presidenta Oriol, es como decir Círculo de Jugadores de Garrafina, Círculo La Amistad o Círculo La Unión, etc., que era el eufemismo con el que se denominaba a los casinos de los pueblos a partir de 1935 y durante los casi cincuenta años posteriores. Yo también puedo proponer por los cauces adecuados, es decir, mediante carta a doña Ana Pastor, para que a Mónica Oriol le conceda el Estado la Medalla de Plata, de la que cagó la gata, con colgajo lila de los Grandes Expresos Europeos, por el hecho de ser biznieta del cofundador del Talgo, pero no serviría de nada. La ministra de Fomento no me haría el menor caso. Aún en el supuesto improbable de que se la concediesen, ¿quién se encargaría de colgarle el medallón sobre su hermoso pecho? No se sabe si la ministra, el presidente de Adif, el presidente de Renfe Operadora, el sobrestante de la Estación de Venta de Baños, o la limpiadora de los retretes de Valladolid-Campo Grande…¡Menudo lío!

jueves, 24 de abril de 2014

Mónica Oriol



Si resulta una vergüenza que las mujeres trabajadoras ganen en España una media del 18 por ciento menos que los hombres, según el último estudio comparativo de la Unión Europea, ahora aparecen unas declaraciones en los medios de Mónica Oriol, presidenta del Círculo de Empresarios, donde plantea rebajar el salario mínimo interprofesional a las personas sin formación. Su justificación: “hay que dar trato desigual a formación desigual”. Según leo en El País, “se trata de sacar a los ‘nini’ del limbo en el que viven”. De paso, Oriol ha apostado por una segunda reforma laboral “que aproxime el coste de despido a la media europea, que está en 18 días por año trabajado”. Lo que no cuenta esta dama de baja cama es que, por ejemplo, el salario mínimo en Francia es de 1.400 euros mensuales y en España de 650.  No se puede ni se debe sacar a los ‘nini’ del limbo para buscarles acomodo en el infierno. Pretender, como pretende Oriol, “que se permita a las empresas contratar a muchachos sin cualificación con un salario inferior al marcado en convenio colectivo, hasta que ‘produzcan’ lo que cobran”, es un disparate. ¿Cuándo para ese supuesto empresario el muchacho en cuestión tendría un rendimiento suficiente? ¿Qué significaría para el contratador  la palabra ‘suficiente’? No descubro nada nuevo si afirmo que el contratador lo que desea es mucho rendimiento del contratado a cambio de un salario de limosna. Para su regulación, también para evitar abusos, ya existen los convenios colectivos, establecidos por grupos funcionales, donde a cada grupo funcional corresponde un estipendio. Es evidente que a menor salario también se debe exigir menor responsabilidad. Pero aquí lo que habría que determinar es cuánto pretende Oriol que pudiese recibir alguien que estuviese por debajo del SMI. ¿Cuatrocientos euros? ¿Trescientos cincuenta? ¿Trescientos?... Hombre, cualquier cifra siempre les parecerá excesiva. Mejor nada, que trabajen para el inglés y que así vayan haciendo méritos. Que es como decirle al miniasalariado que “así escarmentará”. Pero, ¿de qué tiene que escarmentar la criatura? Esta espiral neoliberal  nos puede conducir en el convoy más rápido hasta un espejo en el que nos veamos reflejados en el escenario más sórdido de las novelas de Van der Meersch. Por algo Mónica Oriol es biznieta del fundador del Talgo.

miércoles, 23 de abril de 2014

Cosas de brujas




Me entero de que han robado la estatua que Gustavo Adolfo Bécquer tenía junto a los restos del castillo de Trasmoz, una estatua de dos metros de altura y trescientos kilos de peso fundida en bronce, obra de Luigi Maráez y a la que se le atribuye un valor de 20.000 euros. Se colocó  en 2008 con motivo del VII Festival Internacional de Poesía Moncayo. Qué quieren que les diga. Sólo a un insensato se le ocurre colocar en un otero y junto a los restos de un castillo que no está custodiado por nadie semejante atractivo para los amigos de lo ajeno. Ya de paso, los ladrones arramplaron también con una placa de ese mismo material que habían colocado a la entrada del cementerio. En ese pueblo, para el que no lo recuerde, estuvo secuestrado durante un tiempo el padre de Julio Iglesias hasta su rescate. Dice la prensa local que precisamente este año se iba a conmemorar el sexquicentenario de la estancia de los hermanos Bécquer, acompañados de sus hijos, excepto Emilín, en el Monasterio de Veruela, adonde habían llegado en diciembre de 1863, tal vez por consejo de su médico en Madrid, el padre de Casta, que era de Pozalmuro. Es curioso: la zona está gafada. Un año antes de la colocación de la estatua, en agosto de 2007, la caída de un árbol provocó el derribo de parte de la Cruz Negra, realizada en mármol de Trasmoz durante el abaciado de Carlos Cerdán, en la segunda mitad del siglo XVI. Allí, en sus escalerillas de la Cruz, se partió el labio Julia Domínguez, hija de Valeriano, cuando sólo contaba cinco o seis años de edad. Se lo recordaba ella misma, ya viejecita, a un redactor de  Blanco y Negro el 16 de febrero de 1936, en el ejemplar que la revista de los Luca de Tena dedicó a Gustavo Adolfo con motivo del centenario de su nacimiento. Conservo como un tesoro ese ejemplar, en el que Julia, sentada en un sillón de mimbre, desgrana recuerdos de su tío en el modesto piso de un Madrid irrespirable manejado por las chekas y casi al borde de la Guerra Civil. Murió en Madrid dos años más tarde, a los setenta y ocho, entre una lluvia de bombardeos. Conservó esa cicatriz toda su vida. También guardo el suplemento de Gente Menuda de aquella semana de febrero de aquel maldito bisiesto (revista y suplemento se adquirían entonces en los quioscos los domingo), donde aparecía en portada una niña sujetando a dos perros mastines, uno a cada lado de ella. Y en la última página, en la “página de los lectores”, el entrañable dibujo de dos cabezas de cerditos, firmado por  María Luisa Iguelmo, once años, Teruel. No sé por qué he comenzado escribiendo sobre el robo de la estatua de Gustavo Adolfo en Trasmoz y he terminado derrumbándome en la melancolía. A veces pasa.

martes, 22 de abril de 2014

Topónimos de quita y pon




Desean ahora cambiarle el nombre a un pueblo de Burgos por el hecho de llamarse Castrillo-Matajudíos. Cuenta Lorenzo Rodríguez Pérez, el alcalde, que tuvo la culpa un escribano cuando confundió Motajudíos con Matajudíos. Y poniendo en marcha el ventilador, asegura que los asesinos, de haberlos, fueron los del pueblo de al lado, los de Castrojeriz, “que en 1035 –según cuenta el alcalde- destruyeron la judería, mataron a unos 60 judíos y desterraron a los demás a un montículo próximo a Castrillo. Poco después el pueblo empezó a llamarse Castrillo-Mota de Judíos porque los hebreos vivían en esa cercana colina”. Sea como fuere, parece ser que habrá una consulta popular, coincidiendo con las votaciones al Parlamento Europeo, para que los 56 adultos censados decidan qué nombre debe adoptar el pueblo. Algo parecido sucede con el apellido Matamoros, derivado del apodo del apóstol Santiago. En España existen alrededor de 3.700 ciudadanos con ese primer apellido, otro tanto como segundo y sobre 40 en ambos apellidos. La mayoría de ellos (750) proceden de Badajoz. Nadie reniega  de él. Pero existe un topónimo mucho más vergonzoso y cercano en el tiempo. Me refiero a un pueblo de Toledo que desde el 19 de octubre de 1936 se llama Numancia de la Sagra. Curiosamente, ni con la Ley de Memoria Histórica se ha podido conseguir que volviese a llamarse Azaña. Parece que existiese una cierta pereza a la hora de llevar a cabo los trámites necesarios para ese cambio. No lo entiendo. Lo cierto es que un día antes, en su avance hacia Madrid, el comandante Jesús Velasco convocó a ocho vecinos de Azaña para constituir una junta gestora de ese municipio tomado por las tropas rebeldes. Una vez constituida la junta, Velasco solicitó del general Franco permiso para cambiar de nombre al pueblo por el de Numancia de la Sagra, al haber sido tomado por los Escuadrones del Regimiento Numancia y encontrarse en la comarca de La Sagra, espacio comprendido entre los ríos Guadarrama y Tajo. De hecho, La Sagra procede del árabe “al-Sagra”, que significa campo cultivado. Pues bien, de alguna manera de había dado el paso para “borrar del mapa” el  primer apellido del hombre que desde el 11 de mayo de aquel año era Jefe del Estado. Jesús Velasco había demostrado con aquel histriónico “ramalazo patriotero” ser un  auténtico majadero, puesto que Azaña, que  procede del árabe al-sāniya y significa “ la noria”, ya aparecía en un documento de Sancho III, en 1158, donde cedía cinco yugadas de heredad en Azaña a cambio de la mitad de Ciruelos: “... do in illa aldeia de Azania...”, según consta en un documento custodiado en Archivo Histórico Nacional.