Como bien señala hoy un editorial
de El País, “la EPA
del primer trimestre del año ha confirmado que el mercado laboral no reacciona
como debería, que la economía sigue destruyendo empleo (concretamente 184.000
puestos de trabajo entre enero y marzo) y que el leve descenso del paro (2.300
personas) es atribuible no a la mejora de la oferta, sino a la caída de la
población activa en 187.000 personas. Hay menos paro, pero también menos
trabajo”. Ante estos datos escalofriantes, uno se pregunta qué demonios está
haciendo el Gobierno presidido por Mariano Rajoy para cambiar esta situación
desesperante. No dudo que los datos macroeconómicos vayan bien, pero ni el
crédito llega a las pymes ni los desempleados encuentran un atisbo de esperanza.
Mañana es 1º de Mayo, Fiesta del Trabajo, y los sindicatos mayoritarios
movilizará a la ciudadanía para que acuda en masa, como todos los años, a las
manifestaciones callejeras por ellos convocadas detrás de las pancartas con sus
líderes y de unos altavoces altisonantes. Pero esos mismos sindicatos, que
reciben inmensas cantidades de dinero del Estado que nunca justifican; que han
estado formando parte de los consejos de cajas de ahorro quebradas o rescatadas; que están sumergidos en el merengue resbaladizo
de cursos que cobraban por cuenta de los fondos europeos y que, en demasiadas
ocasiones, no se realizaban; que están pringados en los chanchullos en los ERE,
en las vergonzosas mariscadas andaluzas, etc.; esos mismos sindicatos, digo,
intentarán “convencer” mañana a ese grupúsculo de manifestantes, con pegatinas
hasta en la frente y portadores de trasnochadas banderas republicanas (de la Segunda República
que no de la Primera),
de que ellos son quiénes defienden la causa obrera. No sé si reírme o echarme a
llorar. Como dijo Ortega, “no es esto, no es esto…”.
miércoles, 30 de abril de 2014
lunes, 28 de abril de 2014
Insensatez de un colectivo ciclista
Una reciente sentencia del
Tribunal Supremo ha desestimado el recurso de casación que presentó en su día
el Ayuntamiento de Zaragoza frente a otra sentencia del TSJA, que anulaba gran
parte de los artículos de la
Ordenanza de Circulación de Peatones y Ciclistas auspiciada
por Belloch en el año 2009. Es decir, que como las bicicletas son vehículos,
deben circular por las calzadas o por los carriles-bici existentes. Pues bien, en vista de esa
sentencia, el Colectivo Pedalea propone ahora que las bicicletas puedan
circular por la plataforma del tranvía. Esto es de locos. La línea 1 del
tranvía, la única existente en estos momentos, ya se ha llevado por delante
muchos turismos y a algún peatón despistado. El último, el pasado sábado en Vía
Ibérica. Permitir la circulación de bicicletas por la vía del tranvía, como
pretende ese colectivo, equivaldría a una insensatez de alcance imprevisible
donde, además, la Alcaldía
sería responsable civil subsidiaria. Esa absurda pretensión, me recuerda el
chascarrillo del baturro zopenco sobre el burro y el “chufla, chufla, que como
no te apartes tú…”; y, también, la conocida frase de Rafael Guerra Bejarano ante el triunfo de Juan Belmonte con su
toreo arriesgado. Cuando un aficionado
le comentó a Guerra que Belmonte había roto las reglas del toreo con sus seis
verónicas y una media, Guerra le espetó:
“¡Tú estás bebido. Eso no puede ser!”. Unas semanas después fue Guerra a La Maestranza para ver a Belmonte torear en su salsa. Y
Belmonte repitió la faena que le había contado a Guerra el aficionado. Al poco,
Guerra haría el célebre comentario: “Pues sí puede ser, ¡pero no puede ser, porque lo que no puede ser, no puede ser y además es imposible!".
domingo, 27 de abril de 2014
Dentaduras y sopicaldos
Los medios comentan hoy domingo
una noticia insólita que pudo haber terminado en tragedia. En Madrid, en la vía
de circunvalación de la M-30
a la altura de Ventas, se topó una patrulla de policía con un motorista de
origen sudamericano que había parado su moto, una “scooter marrón” dice la
prensa, en el arcén lateral, y daba vueltas por el asfalto buscando su
dentadura, que acababa de perder por culpa de un estornudo. Comprendo el
desasosiego del motorista. Se puede perder la fe, el trabajo por cierre del taller, el piso por
no poder hacer frente a la hipoteca, a la esposa por sentencia firme de
divorcio…, pero perder la dentadura son palabras mayores. Parece ser que el
hombre hizo caso a las órdenes de los guardias y continuó circulando, pero al
poco se lo pensó mejor y regresó al lugar sin darse por vencido. Alertado otro
coche patrulla, salió en su busca pero éste ya se alejaba en su moto. Lo que no
dice la prensa es si por fin el motorista pudo encontrar el adminículo perdido.
Porque, a ver, pierdes un ojo de cristal y no pasa nada porque sólo sirve de
adorno; pierdes una pata de palo y siempre te queda la posibilidad del uso de
muletas hasta conseguir que te adapten una nueva; etc, pero perder la dentadura
es una cosa muy seria: no puedes pasarte la vida tomando sopicaldos. La
dentadura tiene su importancia en las personas y en el resto de los mamíferos,
pero también en la filatelia. Recuerdo haber leído de José María Sempere en “El
eco filatélico y Numismático” algo que ignoraba: “Que un sello conserve todos
sus dientes y los tenga equilibrados, es decir que el sello esté centrado es
algo importante que redunda en su valor. Cuanto mejor centrado esté y mayor
perfección ofrezcan sus dientes, mejor cotización, al menos en los ejemplares
antiguos cuyas perforaciones se realizaban con máquinas rudimentarias de escasa
precisión”. También existió la moda de dentar aquellos retratos que un
fotógrafo ambulante nos hacía durante nuestra más tierna infancia y que ahora
conservamos en una caja de membrillo, de aquellas de hojalata litografiada. La
mía es de dulce de membrillo El Quijote, fabricada por Miguel Chacón Rivas en
Puente-Genil. En fin, al señor de la moto, sobre el que no sabemos de qué
manera perdió su dentadura natural, si de un sopapo bien dado o de una
gingivitis aguda, le recomendaría moderar la fuerza de sus estornudos y,
también, adquirir un buen adhesivo pegajoso para su prótesis dental si no
quiere ser atropellado en una vía rápida o pasarse la vida lanzando pestes
sobre Julius Maggi y toda su parentela. Pero no quiero terminar hoy sin
recordar a mis lectores que, durante la Guerra
Civil, sólo consiguió contrato con la firma Maggi el bando
fascista, que motivó el nacimiento de Gallina Blanca y, más tarde, de su
rival Starlux. A comienzos de este siglo, ambas firmas se fusionaron.
sábado, 26 de abril de 2014
Oriol rectifica
Mónica Oriol, presidenta del
Círculo de Empresarios, se ha visto obligada a retractarse en RNE de parte de
las gansadas que dijo el pasado jueves ante un grupo de periodistas. Y en su
ponderada rectificación, cuenta ahora que “todas las personas tienen dignidad y
valía”. Esto es como lo de san Pablo cuando se cayó del caballo. Mónica Oriol
haría bien, de ahora en adelante, en medir sus palabras antes de expresarlas a
los medios, en vez de largar a la rosa de los vientos lo primero que se le ocurre
y luego tener que desdecirse ante la presión social. ¿Por qué no dice algo
parecido a lo que dijo sobre los “nini” sobre determinados parlamentarios
españoles, muchos de ellos diría yo, cuya única misión durante toda la legislatura
consiste en votar aquello que ordena su jefe de filas? Fueron votados por los
ciudadanos, podría decir Oriol. Sí, sí, claro, pero en lista cerrada
confeccionada en los senos de los partidos y aceptando “a priori” la
disciplina, como pudo comprobarse, por ejemplo, a la hora de votar sobre la
modificación de la ley del aborto, cuando hicieron piña en torno a Gallardón
pese a existir un gran disenso entre los miembros del mismo grupo
parlamentario. Pues bien, el salario
mínimo interprofesional en España, publicado anualmente en el BOE, se rige en
función de varios parámetros, como el IPC, la productividad media, el incremento
de la participación del trabajo en la renta y la situación económica Una cosa
es congelar el SMI, como hizo Rajoy en diciembre en 2011, y otra muy distinta
pretender pagar a trabajadores sin cualificación salarios por debajo de ese
SMI. Oriol se refería a los “ni-ni”, a aquellos jóvenes que ni estudian ni
trabajan, pero cuando un joven comienza a trabajar, éste debe de tener los
mismos derechos y obligaciones que el resto de sus compañeros de trabajo y, en
consecuencia, ganar igual que ellos. Si Mónica Oriol pretende volver a la
esclavitud en las empresas, como en las novelas de Zola, que lo diga alto y
claro, pero que no diga sandeces antes de ayer y se vea en la necesidad de
rectificar pasado mañana, como en el juego del yo-yó. Si está en su deseo
modificar el Estatuto de los Trabajadores, sabe cómo hacerlo: que el PP la
“incruste” en lista electoral, que salga elegida por los ciudadanos y que en sede parlamentaria proponga una
modificación de ley. Decir en España Círculo de Empresarios, con todos los
respetos para su presidenta Oriol, es como decir Círculo de Jugadores de
Garrafina, Círculo La Amistad
o Círculo La Unión,
etc., que era el eufemismo con el que se denominaba a los casinos de los
pueblos a partir de 1935 y durante los casi cincuenta años posteriores. Yo
también puedo proponer por los cauces adecuados, es decir, mediante carta a
doña Ana Pastor, para que a Mónica Oriol le conceda el Estado la Medalla de Plata, de la
que cagó la gata, con colgajo lila de los Grandes Expresos Europeos, por el
hecho de ser biznieta del cofundador del Talgo, pero no serviría de nada. La
ministra de Fomento no me haría el menor caso. Aún en el supuesto improbable de
que se la concediesen, ¿quién se encargaría de colgarle el medallón sobre su
hermoso pecho? No se sabe si la ministra, el presidente de Adif, el presidente
de Renfe Operadora, el sobrestante de la Estación de Venta de Baños, o la limpiadora de
los retretes de Valladolid-Campo Grande…¡Menudo lío!
jueves, 24 de abril de 2014
Mónica Oriol
Si resulta una vergüenza que las
mujeres trabajadoras ganen en España una media del 18 por ciento menos que los
hombres, según el último estudio comparativo de la Unión Europea, ahora aparecen
unas declaraciones en los medios de Mónica Oriol, presidenta del Círculo de
Empresarios, donde plantea rebajar el salario mínimo interprofesional a las
personas sin formación. Su justificación: “hay que dar trato desigual a
formación desigual”. Según leo en El País, “se trata de sacar a los ‘nini’ del
limbo en el que viven”. De paso, Oriol ha apostado por una segunda reforma
laboral “que aproxime el coste de despido a la media europea, que está en 18
días por año trabajado”. Lo que no cuenta esta dama de baja cama es que, por
ejemplo, el salario mínimo en Francia es de 1.400 euros mensuales y en España
de 650. No se puede ni se debe sacar a los ‘nini’ del limbo para
buscarles acomodo en el infierno. Pretender, como pretende Oriol, “que se
permita a las empresas contratar a muchachos sin cualificación con un salario
inferior al marcado en convenio colectivo, hasta que ‘produzcan’ lo que
cobran”, es un disparate. ¿Cuándo para ese supuesto empresario el muchacho en
cuestión tendría un rendimiento suficiente? ¿Qué significaría para el
contratador la palabra ‘suficiente’? No
descubro nada nuevo si afirmo que el contratador lo que desea es mucho
rendimiento del contratado a cambio de un salario de limosna. Para su
regulación, también para evitar abusos, ya existen los convenios colectivos,
establecidos por grupos funcionales, donde a cada grupo funcional corresponde
un estipendio. Es evidente que a menor salario también se debe exigir menor
responsabilidad. Pero aquí lo que habría que determinar es cuánto pretende
Oriol que pudiese recibir alguien que estuviese por debajo del SMI.
¿Cuatrocientos euros? ¿Trescientos cincuenta? ¿Trescientos?... Hombre, cualquier
cifra siempre les parecerá excesiva. Mejor nada, que trabajen para el inglés y
que así vayan haciendo méritos. Que es como decirle al miniasalariado que “así
escarmentará”. Pero, ¿de qué tiene que escarmentar la criatura? Esta espiral
neoliberal nos puede conducir en el
convoy más rápido hasta un espejo en el que nos veamos reflejados en el
escenario más sórdido de las novelas de Van der Meersch. Por algo Mónica Oriol
es biznieta del fundador del Talgo.
miércoles, 23 de abril de 2014
Cosas de brujas
Me entero de que han robado la
estatua que Gustavo Adolfo Bécquer tenía junto a los restos del castillo de
Trasmoz, una estatua de dos metros de altura y trescientos kilos de peso
fundida en bronce, obra de Luigi Maráez y a la que se le atribuye un valor de
20.000 euros. Se colocó en 2008 con
motivo del VII Festival Internacional de Poesía Moncayo. Qué quieren que les
diga. Sólo a un insensato se le ocurre colocar en un otero y junto a los restos
de un castillo que no está custodiado por nadie semejante atractivo para los
amigos de lo ajeno. Ya de paso, los ladrones arramplaron también con una placa
de ese mismo material que habían colocado a la entrada del cementerio. En ese
pueblo, para el que no lo recuerde, estuvo secuestrado durante un tiempo el
padre de Julio Iglesias hasta su rescate. Dice la prensa local que precisamente
este año se iba a conmemorar el sexquicentenario de la estancia de los hermanos
Bécquer, acompañados de sus hijos, excepto Emilín, en el Monasterio de Veruela,
adonde habían llegado en diciembre de 1863, tal vez por consejo de su médico en
Madrid, el padre de Casta, que era de Pozalmuro. Es curioso: la zona está
gafada. Un año antes de la colocación de la estatua, en agosto de 2007, la
caída de un árbol provocó el derribo de parte de la
Cruz Negra, realizada en mármol de Trasmoz
durante el abaciado de Carlos Cerdán, en la segunda mitad del siglo XVI. Allí,
en sus escalerillas de la Cruz,
se partió el labio Julia Domínguez, hija de Valeriano, cuando sólo contaba
cinco o seis años de edad. Se lo recordaba ella misma, ya viejecita, a un
redactor de Blanco y Negro el 16 de
febrero de 1936, en el ejemplar que la revista de los Luca de Tena dedicó a
Gustavo Adolfo con motivo del centenario de su nacimiento. Conservo como un tesoro
ese ejemplar, en el que Julia, sentada en un sillón de mimbre, desgrana
recuerdos de su tío en el modesto piso de un Madrid irrespirable manejado por
las chekas y casi al borde de la Guerra
Civil. Murió en Madrid dos años más tarde, a los setenta y ocho, entre una lluvia de bombardeos. Conservó esa cicatriz toda su vida. También
guardo el suplemento de Gente Menuda de aquella semana de febrero de aquel
maldito bisiesto (revista y suplemento se adquirían entonces en los quioscos
los domingo), donde aparecía en portada una niña sujetando a dos perros
mastines, uno a cada lado de ella. Y en la última página, en la “página de los
lectores”, el entrañable dibujo de dos cabezas de cerditos, firmado por María Luisa Iguelmo, once años, Teruel. No sé
por qué he comenzado escribiendo sobre el robo de la estatua de Gustavo Adolfo
en Trasmoz y he terminado derrumbándome en la melancolía. A veces pasa.
martes, 22 de abril de 2014
Topónimos de quita y pon
Desean ahora cambiarle el nombre
a un pueblo de Burgos por el hecho de llamarse Castrillo-Matajudíos. Cuenta
Lorenzo Rodríguez Pérez, el alcalde, que tuvo la culpa un escribano cuando
confundió Motajudíos con Matajudíos. Y poniendo en marcha el ventilador,
asegura que los asesinos, de haberlos, fueron los del pueblo de al lado, los de
Castrojeriz, “que en 1035 –según cuenta el alcalde- destruyeron la judería,
mataron a unos 60 judíos y desterraron a los demás a un montículo próximo a
Castrillo. Poco después el pueblo empezó a llamarse Castrillo-Mota de Judíos
porque los hebreos vivían en esa cercana colina”. Sea como fuere, parece ser
que habrá una consulta popular, coincidiendo con las votaciones al Parlamento
Europeo, para que los 56 adultos censados decidan qué nombre debe adoptar el
pueblo. Algo parecido sucede con el apellido Matamoros, derivado del apodo del
apóstol Santiago. En España existen alrededor de 3.700 ciudadanos con ese
primer apellido, otro tanto como segundo y sobre 40 en ambos apellidos. La
mayoría de ellos (750) proceden de Badajoz. Nadie reniega de él. Pero existe un topónimo mucho más
vergonzoso y cercano en el tiempo. Me refiero a un pueblo de Toledo que desde
el 19 de octubre de 1936 se llama Numancia de la Sagra. Curiosamente,
ni con la Ley de
Memoria Histórica se ha podido conseguir que volviese a llamarse Azaña. Parece
que existiese una cierta pereza a la hora de llevar a cabo los trámites
necesarios para ese cambio. No lo entiendo. Lo cierto es que un día antes, en
su avance hacia Madrid, el comandante Jesús Velasco convocó a ocho vecinos de
Azaña para constituir una junta gestora de ese municipio tomado por las tropas
rebeldes. Una vez constituida la junta, Velasco solicitó del general Franco
permiso para cambiar de nombre al pueblo por el de Numancia de la Sagra, al haber sido tomado
por los Escuadrones del Regimiento Numancia y encontrarse en la comarca de La Sagra, espacio comprendido
entre los ríos Guadarrama y Tajo. De hecho, La Sagra procede del árabe “al-Sagra”, que significa
campo cultivado. Pues bien, de alguna manera de había dado el paso para “borrar
del mapa” el primer apellido del hombre
que desde el 11 de mayo de aquel año era Jefe del Estado. Jesús Velasco había
demostrado con aquel histriónico “ramalazo patriotero” ser un auténtico majadero, puesto que Azaña,
que procede del árabe al-sāniya y significa “ la noria”, ya
aparecía en un documento de Sancho III, en 1158, donde cedía cinco yugadas de
heredad en Azaña a cambio de la mitad de Ciruelos: “... do in illa aldeia de Azania...”, según consta en un
documento custodiado en Archivo Histórico Nacional.
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