jueves, 8 de octubre de 2009

MEMORIA HISTÉRICA

De ninguna de las maneras se falta al respeto de la Memoria Histórica por el hecho de pretender hacer un homenaje a un escritor, menos aún si tal deferencia se celebra con motivo del quincuagésimo aniversario de su muerte. No lo ha entendido así la concejala del IU en el Ayuntamiento de Sevilla, que días pasados denegó una sala de actos donde un grupo de amigos pretendía rendir una sentida remembranza de Agustín de Foxá Torroba. Ignoro qué hubiese sucedido si el homenaje hubiera sido en memoria de José María Pemán, o de Manuel Machado, o de Camilo J. Cela, o de Dionisio Ridruejo, o de Torcuato Luca de Tena, o de Pedro Muñoz-Seca. ¿También se les habría negado, a cualquiera de ellos, ese espacio de uso municipal? Ignoro qué nivel de conocimientos detenta la edil hispalense cuyo nombre desconozco, pero siempre me quedará la duda sobre qué entiende esa munícipe por Memoria Histórica. También, desconozco si hubiese obrado de igual manera en un homenaje semejante al pretendido en recuerdo de Foxá, de haberse tratado de Rafael Alberti, de Antonio Machado, o de Miguel Hernández. El alcalde Monteseirín debería dar una explicación, aunque sólo fuese por dejar las cosas en su sitio. Agustín de Foxá, conde de Foxá y marqués de Armendáriz fue, además de falangista, diplomático de carrera, con obra literaria diversa. Entre otras cosas, teatro en verso (“Cui-Ping-Sing”, 1940); teatro en prosa, (“Baile en Capitanía”, 1944); cultivó el verso, (El toro, la muerte y el agua”, con prólogo de Manuel Machado, “La niña del caracol”, dedicado a Ramón Gómez de la Serna, María Zambrano y Marichalar); y la novela, (“Madrid, de Corte a cheka”). Obtuvo el Premio “Mariano de Cavia”, en 1948, y el sillón Z de la RAE, en 1959, que no llegaría a ocupar. Pero, a mi entender, una cosa son las ideas políticas de cada uno; otra, la militancia; una tercera, la capacidad intelectual; y una cuarta, la Memoria Histérica. Aquel acto, de haberse celebrado, dudo que hubiese devenido en una “apología al franquismo” por parte de sus organizadores. Pero, en el supuesto de que hubiese sido así, tampoco tenía derecho la concejala a denegarlo. Posiblemente a mí no me gusten las ideas de la edil, ni me interesa saber en qué bando luchó su padre, ni tengo interés en saber cómo se peina. Pero la respeto.

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