viernes, 10 de julio de 2026
No volvió por 'La Venencia'
Por todos es sabido
que Maríe Curie recibió dos Premios Nobel, el de Física y el de
Química. Recuerdo cuando en España, Franco
decidió devaluar la peseta en varias ocasiones. La primera tuvo lugar en octubre de 1949, cuando se devaluó una media del 30%
para los cambios especiales de importación y exportación. La segunda ocurrió en
julio de 1959 con
el Plan de Estabilización, donde
se unificaron los tipos de cambio y la peseta pasó de 42 a 60 pesetas por dólar. Posteriormente
hubo otras siete devaluaciones más. Pero antes, en diciembre de 1938, un decreto del gobierno franquista consolidó la
destrucción del dinero republicano hasta convertirlo en papel mojado, concretamente
13.251 millones en circulación más 10.536 millones en cuentas bancarias. Solo valían en la zona rebelde los billetes firmados por Ramón Artigas. Pero un año antes, el gobierno de Burgos ya había comenzado a emitir su
propia moneda con nuevas series de billetes. El dinero
republicano, el firmado por Luis Nicolau d'Olwer, comenzó a perder su valor a medida que los rebeldes avanzaban en sus victorias. No
pudieron evitar, sin embargo, que el dinero
republicano se pudiese vender en el mercado de divisas extranjero. Las consecuencias
fueron que un exceso de liquidez que llevaron a la hiperinflación. Aquel dinero no se restituyó nunca hasta
la elaboración de la ley de desbloqueo
de capitales, en diciembre de 1939, para evitar que los tribunales
internacionales reconocieran el dinero republicano. Llegó un momento en el que
España estaba arruinada. Y entonces, allá por los años 40, un gracioso, porque
en este país nunca se perdió el buen humor, se acordó de Maríe Curíe y en el doblete con sus dos Premios Nobel (en 1903 de Física y en 1911 de Química).
Entró en
la taberna ‘La Venencia’ de Madrid un tal Trecu y
levantando el brazo con un catavino jerezano dijo a los presentes: “Señores, nuestro
glorioso Caudillo también merece el Premio Nobel de Física y el de Química. El
primero, por haber conseguido la inmovilidad del Movimiento; el segundo, por haber convertido la peseta en mierda”. En aquel local del número 7 de la calle Echegaray, donde estaba prohibido cantar y escupir en el suelo, todavía hoy se escriben las consumiciones con tiza sobre el mostrador y se borran cuando se pagan. Pues bien, a los pocos días, detenido por la Brigada
Político-Social, Trecu fue a dar con sus huesos
a la Real Casa de Correos, en la
Puerta del Sol, por entonces epicentro del terror y ahora sede de la Comunidad. Nunca más apareció aquel tipo por ‘La Venencia’ y jamás se supo nada del consumidor de vino oloroso que solo pretendió hacer una gracia por ver de cambiar la cara de acelga de los parroquianos indolentes. Me contaron que un soplón, de apellido Carramiñana, que solo bebía pajaritas de ojén 'Morales' y vendía relojes de contrabando, fue el responsable de su detención. Años más tarde le vieron de camarero de mesas en el 'café Comercial'. Trecu desapareció para siempre, como don Beltrán en los campos de Alventosa.
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